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TEMA
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PENTECOSTÉS:
NACE LA IGLESIA
(Hech. 2, 1-13)
"Todos quedaron llenos
del Espíritu Santo"
AMBIENTACIÓN
En el encuentro anterior vimos cómo los discípulos
fueron enviados para ser testigos de Jesús en Jerusalén,
en toda Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra. Junto
con aquel encargo recibieron la promesa del Espíritu Santo
que les llenaría de valentía y ahuyentaría
sus miedos. Hoy veremos cómo aquella promesa se cumplió
en la fiesta de Pentecostés. En aquella fiesta los judíos
recordaban y celebraban el don de la Ley en el Sinaí. Pero
desde entonces los cristianos recordamos en ella el don del Espíritu
Santo.
MIRAMOS NUESTRA VIDA
A veces experimentamos dificultades a la hora de vivir como cristianos.
A veces sentimos que no tenemos fuerzas para tirar hacia adelante,
para hacer aquello que Dios nos pide. Podemos profundizar un poco
más en esta experiencia comentando las siguientes preguntas.
- ¿Qué me paraliza?, ¿Qué miedos me
impide comprometerme con Jesús?
- ¿Qué miedos tiene la gente hoy?, ¿Qué
miedos tienen nuestras comunidades?
ESCUCHAMOS LA PALABRA DE DIOS
Nos situamos ante Dios para este encuentro a través de
su Palabra, y cuando Dios nos habla, de nuestra parte, lo mínimo
que debemos hacer es escucharle con atención y respeto.
Por eso, vamos a abrir nuestro texto bíblico: Hch. 2,1-13,
nos preparamos haciendo un silencio interior para acoger con disposición
y respeto la Palabra de Dios. Aprendamos de María, la Madre
del Señor, Mujer de silencio y de escucha, ella también
estaba allí en el Cenáculo reunida con aquella primitiva
comunidad, aprendamos de ella e invitémosla como acompañante
en esta Lectio Divina, rezando todos: ¡Dios te Salve María,
llena eres de gracia... etc. A continuación alguien que
lea en voz alta este pasaje de Hch. 2, 1-13.
- Nuevamente un miembro del grupo proclama en voz alta este texto.
- Una vez proclamado este pasaje bíblico, cada uno vuelve
a leerlo despacio, consultando las notas de su Biblia o los subsidios
aquí presentados
- Finalmente todos tratamos de responder las siguientes preguntas.
- ¿Cómo se manifiesta la presencia del Espíritu
Santo?, ¿Qué te sugieren las imágenes del
viento y de fuego?
- ¿Qué hacen los Apóstoles?, ¿De qué
hablan?, ¿Cómo hablan?
VOLVEMOS SOBRE NUESTRA VIDA
Después de haber escuchado la Palabra de Dios y haberla
escudriñado con inquietud, vamos ahora a tratar de descubrir
el mensaje que encierra el acontecimiento de Pentecostés
para nosotros aquí y ahora. Teniendo en cuenta los miedos
y dificultades de las que hablamos al comienzo y lo que hemos
descubierto en este pasaje bíblico, preguntémonos
qué podemos aprender de ellos:
-¿Sentimos al Espíritu como fuerza que nos libra
de nuestros miedos?
-¿Cómo lo acogemos cada uno de nosotros?, ¿A
qué nos impulsa?.
ORAMOS
Para orar volvemos a leer Hch. 2. 1-13. Una vez que se ha leído
permanecemos unos instantes en oración ante el Señor,
que sea un silencio cultivado, expresivo y vivencial. Pasemos
por el corazón los sentimientos que se han despertado en
nosotros al ponernos en contacto con la Palabra de Dios y al escuchar
a los compañeros de grupo:
- Cada uno expresa en voz alta su oración al Señor.
-Tratamos de unirnos como hermanos apoyando con nuestros ruegos
en ese ambiente de fe propio de aquellos primeros cristianos.
SUBSIDIOS PARA PROFUNDIZAR
El episodio de la venida del Espíritu santo descrito en
Hch. 2,1-13 tiene lugar en la fiesta de Pentecostés. Era
una fiesta de acción de gracias por el don de la cosecha
(Ex. 23,26). Se celebraba cincuenta días (siete semanas)
después de la fiesta de la Pascua. Se conmemoraba también
el pacto que Dios había hecho con su pueblo en el Sinaí
(Ex. 20,22). El autor del libro de Hechos describe la venida del
Espíritu Santo con los símbolos clásicos
de una teofanía (teofanía es una manifestación
especial de Dios). Elige el viento, porque en hebreo, "espíritu"
es la misma palabra que viento (Jn. 3,8), y el fuego que en A.T.
es una manifestación de Dios (Is. 30,27).
El fenómeno que se cuenta a continuación suele conocerse
con el nombre de glosolalia, palabra que significa literalmente
"hablar en lenguas". Los apóstoles se expresan
como lo hacían los antiguos profetas (Nm. 11), o como lo
harán los cristianos empujados por el Espíritu,
en los primeros tiempos de la Iglesia (Hch. 10,46). Hablar en
otras lenguas es hacerse entender a todos los pueblos. En el episodio
de Babel (Gn. 11,1-9) las diferentes lenguas dividen a todos los
hombres y mujeres. Pentecostés parece darnos a entender
que todas las personas pueden oír la Buena Nueva de Jesús.
La misión de los apóstoles, desde este momento será
hacer llegar a todos sin excepción la buena noticia de
la resurrección de Jesús. Es como si la confusión
de Babel, que provocó la dispersión de los pueblos,
desapareciera, y todos los hombres y mujeres pudieran reunirse
de nuevo en una misma familia.
La venida del Espíritu Santo hace que los discípulos
se conviertan en testigos del Resucitado ante todos los pueblos.
La salvación ya no tiene fronteras: no es sólo para
los judíos, sino que se dirige a todos. La llegada del
Espíritu Santo es una llamada a la universalidad. Todas
las personas entienden la Buena Noticia, cada uno en su lengua
y cultura.
Es importante observar que el Espíritu desciende sobre
toda la comunidad.
En comunidad reciben el Espíritu, en comunidad lo anuncian.
Y ese anuncio hace que aumente y se consolide dicha comunidad
con nuevos miembros. El nuevo Israel se hace misionero al recibir
el don del Espíritu Santo. Este acontecimiento de Pentecostés
nos enseña hoy a las comunidades cristianas a salir de
nuestros guetos, de nuestras sacristías, de nuestros "grupos-estufa",
de nuestro barrio o nuestro pueblo para anunciar fuera de nuestras
fronteras", que es posible la esperanza, porque el Señor
ha resucitado.
* El Espíritu Santo
Cuando Pablo fue a Efeso se encontró con algunos discípulos
que le dijeron: "Ni siquiera hemos oído hablar de
que exista un Espíritu Santo" (Hch. 19,2). Habían
sido bautizados, pero no habían recibido la fuerza del
Espíritu. Algo así ocurre con muchos cristianos
hoy. Sabemos por el catecismo que es una de las tres divinas personas...
pero no mucho más. En algunos ambientes se confunde con
el sentimentalismo, o con emociones descontroladas, o con misterios
de ultratumba. La mejor forma de conocer al Espíritu es
escucharlo, estar atentos a lo que va diciendo a través
de los acontecimientos.
* Una manifestación progresiva
La Palabra de Dios cuenta cómo se ha ido revelando el Espíritu
a través de la historia de la salvación. El A.T.
habla del "Espíritu de Dios", "aleteaba
sobre las aguas" (Gn. 1,2), a los profetas llevándoles
a cambiar la realidad según el corazón de Dios (Is.
61,1). Se confía en que, como fuerza divina ofrecerá
la paz universal (Is. 11,7-8). El Espíritu Santo sólo
se hizo presente de una manera plena a través de Jesús.
Tras la resurrección, Jesús, el Señor, nos
entrega su Espíritu, el Espíritu del Padre y del
Hijo.
El Espíritu fue, quien formó la comunidad. Él
fue quien hizo posible el entendimiento en Pentecostés
(Hch. 2,1), quien lanzó a los discípulos a crear
comunidades. Él es quien elige a los misioneros, los envía
y acompaña desde la comunidad.
* Una manifestación progresiva
El Espíritu Santo es el mismo amor de Dios que se nos entrega
(Rom. 5,5) y nos capacita a llamarle Abba, es decir "Padre"
(Rom. 8,15), el Espíritu Santo nos pone en sintonía
con el corazón de Dios, nos empuja a vivir de acuerdo con
los valores del evangelio, y no según nuestros caprichos.
Las Cartas a los Romanos y Gálatas, dice que la persona
conducida por el Espíritu Santo no necesita normas externas,
ni está sujeta a leyes que atan: a partir de Pentecostés
disfruta de la libertad del Espíritu, que no en libertinaje,
sino un nuevo modo de vivir al estilo de Jesús, una forma
de orientar la vida.
Boletin de pastoral
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