Hoy Viernes, 05 de diciembre de 2008 | 00:59

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Mensaje de nuestro obispo

Muy estimados jóvenes y adolescentes, muchachos y muchachas:

Les saludo con afecto de padre y amigo, pidiendo a Dios que la fuerza de su Espíritu los impulse y los guíe en su empeño por construir un mundo mejor.

¿Han visto ustedes que algunos, al calor de las copas, se atreven a hacer cosas que en sus cinco sentidos jamás harían? Alentados por el alcohol muchos se tornan efusivos y muy extrovertidos. Hoy quiero dirigirme a ustedes con el entusiasmo que me provoca una copa: el cáliz de la Nueva Alianza que ha sido sellada con la sangre de Cristo. Hoy quiero hablarles al calor de la Eucaristía: cuerpo que ha sido entregado y sangre que ha sido derramada por nosotros.

Acabamos de celebrar el 48º Congreso Eucarístico Internacional. Guadalajara ha sido el altar del mundo donde Cristo, nuestro cordero pascual, se ofrece al Padre para reconciliarnos con El.

Mi participación en el congreso me dio oportunidad de experimentar claramente la universalidad de la Iglesia: hombres y mujeres de toda raza, lengua, pueblo y nación se han postrado reverentes ante el Santísimo Sacramento de la Eucaristía.

Me ha impactado fuertemente la alegre y generosa participación de los jóvenes. Cientos de edecanes, en su mayoría adolescentes y jóvenes, portaban sobre su ropa ordinaria una casaca azul con dos letreros en color amarillo: al frente decía “Voluntario”; a la espalda decía “Al servicio de la Eucaristía”. Fueron personas que durante ocho días estuvieron prestando un servicio esmerado a los miles de participantes en el congreso, y no lo hicieron por interés de una recompensa material. ¡Qué hermoso ejemplo!

Hablando en confianza, hoy quiero preguntarte ¿Tú eres voluntario al servicio de alguien?... a lo mejor eres cumplidor forzado de tus obligaciones… o tal vez eres de los que se contentan con hacer sólo lo que les toca y no se pasan más allá ni un centímetro… En este mundo utilitarista de la compraventa y de la competencia en la prestación de servicios, en el que nada es gratuito ¿Te has atrevido a prestar un servicio, a hacer un favor o dar tu tiempo sin ponerle precio? ¿Has sabido dar tu persona a los demás sin exigir recompensa?

La Eucaristía consiste en que “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13, 1). Este extremo consiste en que voluntariamente Jesús se entregó a la muerte para darnos vida en abundancia.

Joven amigo (a), tú vales más que los trapos que te pones, que la moto en que te montas, que el carro que estás abonando, que la cadena o la pulsera que brilla en tu cuello o en tu muñeca; tú vales más que la casa donde vives, que la computadora que presumes, que los estudios que realizas, que el título académico que obtuviste… ¿Sabes por qué? Porque has sido hecho a imagen y semejanza de Dios y has sido rescatado del pecado y de la muerte al precio de la sangre de Cristo.

La semana diocesana de adolescentes y jóvenes en este año 2004 te orienta a reflexionar sobre los valores y pone a tu consideración algunos de éstos. En el Año de la Eucaristía, que se prolongará hasta octubre de 2005, te invito a seguir considerando y haciendo vida un valor de primera importancia: LA ENTREGA VOLUNTARIA Y GENEROSA AL SERVICIO DE TUS HERMANOS.

En espera de encontrarnos en el Cerro Gordo para celebrar en la Eucaristía la donación total de Cristo a su Iglesia, me despido pidiendo al Señor, por la intercesión de la bella niña Nuestra Señora de San Juan, te fortalezca en tus debilidades y te sostenga firme en tus proyectos.

Te bendigo de corazón.

 

 

 

Obispo de San Juan de los Lagos