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Hoy
Viernes, 05 de diciembre de 2008 | 02:42
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5. "Jóvenes y adolescentes
llenos de agradecimiento con Dios por los dones recibidos". Indicaciones: - Este día se sugiere
dedicarlo totalmente a la oración de acción de gracias ante el Santísimo, por lo tanto
si se cree conveniente introducir el tema con alguno de los cantos o representaciones
propuestos y dar una breve reflexión en torno al valor de la gratuidad. - Arreglar el salón con
letreros que digan ¡Gracias! Y con el subtítulo ¿De qué? Y ¿A quién? Con espacio en
blanco para que los participantes puedan escribir ahí sus aportaciones. - Al centro todo preparado para
la oración ante el Santísimo: Altar, mantel, velas, corporal, todo lo necesario y digno
para la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. - Presentar alguna de las
siguientes fonomímica: Gracias a la vida que me ha dado tanto o bien Gracias
de Hector Hermosillo. - Representar la historia
Manos orantes A principios del XX fue pintado
un cuadro con dos manos unidas en forma de oración. La imagen revelaba un profundo
misticismo que ha inspirado a miles de personas en el mundo. Dice la leyenda: dos hermanos
huérfanos deseaban ser pintores, pero no tenían dinero y la única fuente de ingresos en
el pueblo era una vieja mina. Ambos se echaron a la suerte
cual de ellos trabajaría como obrero y cual de ellos iría a la academia de pintura.
Perdió el mayor. Pasaron 5 años. Al fin el
menos se graduó como pintor. El día de la fiesta le entregó a su hermano y le dijo:
gracias por el sacrificio que hiciste por mí ahora es tu turno de estudiar pintura;
venderé mis cuadros y pagaré tus estudios de pintura. El hermano mayor renunció a la
mina y fue a la academia pero cuando tomo el pincel vio que su mano temblaba. El profesor
le dijo: los siento. Usted jamás podrá ser pintor ha trabajado demasiado tiempo en la
humedad y ha adquirido una enfermedad reumática. Se fue a su casa. Estaba alegre
de haber podido ayudar a su hermano, pero se sentía triste por que no iba a logra su
sueño jamás. Juntó sus manos y se puso ha dar gracias a Dios. El hermano menor llegó y
le dijo: ya me enteré de la mala noticia: jamás podrás ser pintor ¡como lo siento,
¿qué puedo hacer por ti. El hermano mayor contestó: pinta mis manos mientras estoy
orando
y, cuando veas el cuadro, recuerda que estas manos se deshicieron para que tu
te hicieras
Ubicación: A Dios le gusta que seamos
agradecidos, basta recordar al leproso curado que se devolvió a dar las gracias y que
recibió de Jesús unas palabras bonitas y alentadoras. Hoy nos vamos a dedicar a
reflexionar sobre el valor de la gratuidad y concretamente haremos oración de acción de
gracias a aquel que todo su amor nos ha dado. Para este momento presentamos los
siguientes textos que ayudarán a la reflexión del tema y que en este día debe ser más
breve ya que se dedicará más tiempo a la oración. La palabra de Dios nos dice
acerca de la gratuidad que... "El nos ha salvado
y nos ha llamado para una vocación santa, no como premio a nuestros méritos, sino
gratuitamente y por iniciativa propia, esta llamada, que nos concedió en Cristo Jesús
desde la eternidad" 2Tm 1,9 "Todos son
reformados y hechos justos gratuitamente y por pura bondad, mediante la redención
realizada en Cristo Jesús" Rom 3,24 + Algunos otros autores nos
dicen... Dicen que de todos los
sentimientos humanos la gratitud es el más efímero de todos. Y no deja de haber algo de
cierto en ello. El saber agradecer es un valor en el que pocas veces se piensa. Ya
nuestras abuelas nos lo decían «de gente bien nacida es ser agradecida». Para algunos es muy
fácil dar las «gracias» por los pequeños servicios cotidianos que recibimos, el
desayuno, ropa limpia, la oficina aseada... Pero no siempre es así. Ser agradecido es más
que saber pronunciar unas palabras de forma mecánica, la gratitud es aquella actitud que
nace del corazón en aprecio a lo que alguien más ha hecho por nosotros. La gratitud no significa
«devolver el favor»: si alguien me sirve una taza de café no significa que después
debo servir a la misma persona una taza y quedar iguales... El agradecimiento no es pagar
una deuda, es reconocer la generosidad ajena. La persona agradecida
busca tener otras atenciones con las personas, no pensando en «pagar» por el beneficio
recibido, sino en devolver la muestra de afecto o cuidado que tuvo. ¿Has notado como los
niños agradecen los obsequios de sus padres? Lo hacen con una sonrisa, un abrazo y un
beso. ¿De que otra manera podría agradecer y corresponder unos niños? Y con eso, a los
padres les basta. Las muestras de afecto
son una forma visible de agradecimiento; la gratitud nace por la actitud que tuvo la
persona, más que por el bien (o beneficio) recibido. Conocemos personas a
quienes tenemos especial estima, preferencia o cariño por «todo» lo que nos han dado:
padres, maestros, cónyuge, amigos, jefes... El motivo de nuestro agradecimiento se debe
al «desinterés» que tuvieron a pesar del cansancio y la rutina. Nos dieron su tiempo, o
su cuidado. Nuestro agradecimiento debe surgir de un corazón grande. El camino para vivir el
valor del agradecimiento tiene algunas notas características que implican: - Reconocer en los demás el
esfuerzo por servir - Acostumbrarnos a dar las
gracias - Tener pequeños detalles de
atención con todas las personas: acomodar la silla, abrir la puerta, servir un café,
colocar los cubiertos en la mesa, un saludo cordial... La persona que más
sirve es la que sabe ser más agradecida. GRATUIDAD Dar las gracias y la gratuidad «Desde pequeños se nos
enseño a dar las gracias». Cuando alguna tía, o la abuela, o alguien nos da algo y
todos sonreían. De este hecho, aparentemente tan trivial, podemos recoger dos mensajes.
Cuando con sinceridad se dice «Gracias», cuando es necesario el agradecer, se quiere
reconocer que en primer lugar que recibimos, que aceptamos, que hacemos nuestro lo que se
nos acaba de decir o de dar, o de ofrecer. Dar las gracia esta tan unido a un sentimiento
o deseo de aceptar lo que se nos acaba de ofrecer, que también decimos irónicamente (y
apretando los dientes) la misma palabra ¡Gracias! cuando alguien nos da algo o nos coloca
en situaciones que no quisiéramos. Y, en segundo lugar, decir
¡gracias! quiere expresar que no tenemos nada para corresponder al don que se nos ha
ofrecido y es como si dijéramos al mismo tiempo: «es gratis, no tengo como
responderte». En estas paginas queremos
reflexionar sobre algo muy relacionado con el dar las gracias, con el agradecimiento, con
esa actitud de reconocer la necesidad de los otros, y que lo llamamos gratitud. «Gratitud» es un termino que
se cruza con la circunstancia de recibir que expresa que nosotros no estamos en el origen
de nosotros mismos, sino que recibimos un don
primero. Don gratuito que no podemos justificar con nada. La gratitud la exponemos aquí
como un valor, como algo que merece estar ligado a nuestras acciones de personas humanas.
Quizá no la hayamos descubierto como valor, aunque de hecho ya la estamos viviendo en
nuestro trabajo de voluntarios o en los mas cotidiano de nuestra vida descubrirla o
hacerla consciente para disfrutarla como valor, se puede señalar como un buen objetivo
del presente trabajo. La gratitud como valor Los valores atraen a los hombre
hacia la acción. Es decir, los valores impulsan a nuestra libertad en los juicios o
determinaciones que deberemos tomar en cada momento de nuestra vida. Por ello, a menudo
nos da la sensación de que los valores están allí. Casi inalcanzables; están al final,
llamándonos a la acción, impulsándonos a correr hacia ello. Con
la gratitud pasa una cosa poco diferente. Este valor lo descubrimos junto a nosotros,
cuando las cosas que poseemos y la propia existencia las experimentamos como puro regalo,
como puro don. A veces, fue algún hecho que hizo mirar a más allá de nosotros mismos y
fijarnos en las cosas que tenemos, las que hemos recibido que no las podemos justificar
como nuestras porque nos llegaron como regalo y que tampoco, por más esfuerzo que
hagamos, podemos pagar por ellas ningún precio, quizá para tenerlas junto a nosotros. Ese vacío entre el don que
agradecemos (que recibimos) que no podemos pagar, lo llena la gratitud. De modo que la
gratitud nos permite pactar entre lo que somos y lo que hemos recibido, hace un pacto
entre lo que somos y lo que podemos dar. La gratitud nos puede poner a salvo de ese uso de
la sociedad consumista en la cual todo - incluso las personas- tienen un precio, y que hay
que pagarlo para poder ser feliz. Y, una vez que hemos
experimentado la gratitud de nuestra propia vida, la gratitud puede pasar a ser
comprendida, como un valor. Este valor nos lleva a querer encontrarla en nuestras
acciones, una vez encontrada o descubierta la gratitud, no la pudiéramos dejar. Por eso
se hace necesario ponernos en marcha para descubrirla. La gratitud es un valor
profundamente escondido en nuestro interior, y que al descubrirlo, imprime un sentido
nuevo a nuestra búsqueda. Es decir, la gratitud hay que experimentarla en la propia
existencia para reconocerla acompañándonos en las acciones y la igualdad a las cosas. A
si como, por ejemplo, se puede decir «construye la paz» o «busca la verdadera
alegría», habrá que decir «vive la gratitud en tu actuar» o «vive en gratitud». ¿Donde se esconde la gratitud
para ir a buscarla? Los avances de la ciencia y los
logros técnicos han elevado la calidad de vida de los hombre, han empequeñecido nuestro
mundo y cada vez nos desvelan más secretos de la naturaleza. En nuestro mundo de finales
de siglo XX hay pocas cosas que no tienen explicación desde la ciencia y mínimos
rincones donde este vendada la entrada a la ética. Para el logro de muchos avances se ha
ido reconociendo un especie de cadena o sucesión lógica de causa - efecto - causa,
pensando que «todo efecto tiene una causa». De modo que se buscará controlar las causas
para controlar determinados efectos. Pero al mismo tiempo, ese
desarrollo y dominio de la naturaleza lleva a muchos hombres a pesar cada ves más que la
naturaleza, incluso la misma vida del hombre,
depende del control que el hombre pueda ejercer sobre las causas. Con tal fundamento
resulta demasiado fácil vivir pensando que la vida de cada persona esta irremediablemente
sujeta a esa cadena de causa o efecto. Los padres que vivieron con
muchas carencias suelen inculcar a través de
la educación a sus hijos, un velado de desquite: «a mi me falto pero que a mi hijo no le
falte nunca lo que nosotros no pudimos disfrutar»; muchas técnicas de aprendizaje y
superación se fundan sobre la competitividad así se educa a niños y jóvenes para que
no tenga que depender de nadie. De esta forma se cierra la puerta de la gratitud y se abre
la del egoísmo. Quizá sea en la organización
del mercado y de las empresas dentro de nuestra sociedad (del liberalismo económico)
donde se evidencia mejor esta «cadena». Aquí el dinero obra como efecto y a su vez como
causa; en tales condiciones llegan a tener un «precio», por todo se puede pagar y todo
se tiene que pagar. Así también el trabajo llega a desvirtuarse, se convierte en un mero
medio para conseguir dinero y con el, «poder adquisitivo». Esos sacrificios por el
trabajo se «recompensan» con la ostentación. La ostentación es lo mas opuesto a la
gratitud. Se busca recompensar las
jornadas de trabajo extra laboral, se sacrifican horas de vida familiar, se busca un
sobresueldo con el fin de poder comprar más cosas para poder mostrarles o poner de
manifiesto que se compran. Se hacen gala de grandeza, se proponen cosas como dignas de
valerse o de hacerse. En la historia reciente de nuestra sociedad se admiraban a esos
hombres que, de la noche a la mañana, ascendía y se mostraban con ostentación, los
bienes que podían darse, los bienes que podían adquirir. En esta lógica de la
ostentación, a las cosas y a las personas se les traza un precio, en la lógica de la
gratitud, las personas y a la cosas tienen un valor mas allá de las cosas dignas de verse
o de hacer, es digna la persona que recibe todo como un don gratuito. Esa secuencia causa - efecto
impone un sistema de precios y pagos, en casi todos los ordenes de nuestra vida, que no
nos permite experimentar la gratitud, que no nos deja vivir la gratitud, pues por todo hay
que retribuir un precio. Precisamente, en esa serie de precios - pagos es donde se puede
dar a conocer la gratuidad. En efecto, cuando descubrimos que hay muchas cosas que tienen
tan alto valor que por ellas no podemos pagar ningún precio y, sin embargo las poseemos.
Se trata precisamente de aquellos bienes que más atribuyen a que seamos más personas. Un descubrimiento de esta
constatación despliega ante nosotros un camino «de gratitudes» en muchas cosas como en las personas y en las acciones
nuestras. Una obsesión de gratitud que llegan hasta nosotros y nos desborda. La complejidad y la
interdependencia de nuestra sociedad Desde las épocas más
primitivas de la historia de la humanidad los hombres se han organizado para vivir juntos.
Este hecho supone el origen de las culturas es decir, la organización de las personas
para satisfacer necesidades humanas. Las personas nos organizamos dentro de la cultura
formando una especie de cuerpo, el cual, a su ves, funciona a la manera del cuerpo humano
con diferentes organismos que se especializan en funciones específicas (nutriéndolo,
regando los tejidos muertos, oxigenándolo, expulsado los residuos y sustancias nocivas,
etc...). De manera similar a nuestro
cuerpo, la cultura designa dentro de la sociedad a diferentes grupos o estamentos que se
especializan y proporcionan los diferentes elementos y servicios para el desarrollo
armonioso de las personas.
Una sociedad desarrollada, como la nuestra, se
caracteriza por una mayor complejidad en las reacciones, lo que trae consigo una mayor
independencia de las personas. A partir de la vida humana en
independencia se desarrolla en continuo intercambio de bienes y planes que llevan al
reconocimiento. Son precisamente esos intercambios, cuando se hacen de manera grata, los
que mas nos permiten conocer los que nos revelan como personas, aquellos que nos permiten
ser sujetos de relación. En efecto, la personalidad se
desarrolla, entre otros factores, con base en intecambios personales como intercambiando
bienes y palabras. Por ejemplo, el primer bien que recibimos es la existencia cada uno
como persona. Y este primer bien, la existencia, nos viene de otros, nadie puede existir
como humano si no es como don. Evidentemente nadie puede «pagar» por nacer, ni siquiera
pide nacer, tampoco nadie rechaza nacer. La existencia es un regalo. También intercambiamos
palabras y en ese intercambio se revela quienes somos, quien es cada uno, cual es el puesto que tiene en sociedad. Mediante
el intercambio que se realiza por medio de la palabra conocemos y sobretodo, reconocemos.
Todos necesitamos un reconocimiento por parte de los
otros. Necesitamos de palabras para que nos reconozcan o para reconocer a otros. Las
palabras no son únicamente para transmitir información, antes que nada la palabra es
para el reconocimiento. Todo don obliga. Y es ese «dar
las gracias» del que hablamos antes. Un sincero «dar las gracias» equivale a reconocer
que aceptamos lo que recibimos y lo aceptamos como nos viene dado, pero al mismo tiempo
manifestamos que no tenemos nada para corresponder y por eso ese don lo colocamos en
posición de respuesta. La gratitud frente a lo que se recibe implica de alguna manera
«contra - don» como respuesta.
Ahora por medio de la oración
daremos gracias a Dios por todas las cosas buenas que ha hecho en nosotros. Jesucristo
Eucaristía estará entre nosotros y también con él, en él y por él le daremos gracias
a nuestro Padre Dios ayudados con el Espíritu Santo. Dispongámonos a este momento tan
especial y si nos ayudamos los unos a otros a crear el ambiente de oración, tendremos un
momento hermoso de encuentro con Jesucristo. 1. Recibimos a Jesucristo
Eucaristía Todos con alegría recibimos a
Jesucristo, con cantos, con porras, con aplausos y le dedicamos esta canción con mucho
amor por estar aquí entre nosotros. Sugerimos poner en el sonido el canto: ¡Vamos
cantad! de Martín Valverde. Dos jóvenes, él y ella con
palabras espontáneas le dan la bienvenida a Jesús y le dan las gracias por su presencia
entre nosotros... 2. Reconocemos lo que somos y
como somos y por todos te damos gracias, por lo bueno y por lo malo que hay en nuestra
vida. Una joven: Es maravilloso, Señor, tener mis brazos abiertos cuando hay tantos mutilados... Mis ojos que ven, cuando
hay tantos sin luz... Mi voz que canta, cuando hay tantos que enmudecen... Mis manos que trabajan, cuando hay tantas que mendigan... Es maravilloso volver a casa, cuando hay tantos que no tienen a
donde ir... Es maravilloso amar, vivir,
sonreír, soñar, cuando hay tantos que lloran y
odian y tantos que mueren antes de
nacer... Es maravilloso tener un Dios en
quien creer, cuando hay tantos que no sienten
consuelo, ni tienen fe... Es maravilloso, Señor, sobre todo, tener tan poco que pedir y tanto
que agradecer... Escuchamos con atención la
canción: Gracias
Padre de Martín Valverde. 3.
Con el salmo 135 alabamos y damos gracias al Señor, lo hacemos de manera
alternada, un solista y todos hacemos la segunda parte: porque es eterna su misericordia. Dad gracias al Señor porque es
bueno:
porque es eterna su misericordia. Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su misericordia. Dad gracias al Señor de los
señores:
porque es eterna su misericordia. Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su misericordia. Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su misericordia. El hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su misericordia. El sol que gobierna el día:
porque es eterna su misericordia. La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su misericordia. Él hirió a Egipto en sus
primogénitos:
porque es eterna su misericordia. Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su misericordia. Con mano poderosa, con brazo
extendido:
porque es eterna su misericordia. Él dividió en dos partes el mar
Rojo:
porque es eterna su misericordia. Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su misericordia. Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su misericordia. Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su misericordia. Él hirió a reyes famosos:
porque es eterna su misericordia. Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su misericordia. A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su misericordia. Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su misericordia. Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su misericordia. En heredad a Israel, su siervo:
porque es eterna su misericordia. En nuestra humillación se acordó
de nosotros:
porque es eterna su misericordia. Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su misericordia. Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su misericordia. 4. Escuchamos con atención la
Palabra de Dios, en la que descubrimos que a Jesús le gusta el que seamos agradecidos con
él. Se proclama Lc 17, 11-19 Joven ¿eres agradecido con
Dios?, ¿de que manera le manifiestas tu agradecimiento?, ¿cada cuando le agradeces? Se deja un momento de silencio... Escuchamos con atención la
canción: Gracias
Señor de Rabito. 5. También con el salmo 103 seguimos dando gracias a nuestro Creador por toda su creación. Lo vamos
hacer alternado, después de cada párrafo decimos: Te bendecimos, te alabamos, te damos
gracias. Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. Extiendes los cielos como una
tienda,
construyes tu morada sobre las aguas;
las nubes te sirven de carroza,
avanzas en las alas del viento;
los vientos te sirven de mensajeros;
el fuego llameante, de ministro. Asentaste la tierra sobre sus
cimientos,
y no vacilará jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas; pero a tu bramido huyeron,
al fragor de tu trueno se precipitaron,
mientras subían los montes
Trazaste una frontera que no traspasarán,
y no volverán a cubrir la tierra. De los manatiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
en ellos beben las fieras de los campos,
el asno salvaje apaga su sed,
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto. Desde su morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los que sirven al hombre. Él saca pan de los campos,
y vino que le alegra el corazón;
y aceite que da brillo a su rostro,
y alimento que le da fuerzas. Se llenan de savia los árboles del
Señor,
los cedros del Líbano que él plantó:
allí anidan los pájaros,
en su cima pone casa a la cigüeña.
Los riscos son para las cabras,
las peñas son madriguera de erizos. Hiciste la luna con sus fases,
el sol conoce su ocaso.
Pones las tinieblas y viene la noche
y rondan las fieras de la selva;
los cachorros rugen por la presa,
reclamando a Dios su comida. Cuando brilla el sol, se retiran,
y se tumban en sus guaridas;
el hombre sale a sus faenas,
a su labranza hasta el atardecer. ¡Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría!;
la tierra está llena de tus creaturas.
Ahí está el mar: ancho y dilatado,
en él bullen, sin número,
animales pequeños y grandes;
lo surcan las naves, y el Leviatán
que modelas para que retoce. Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes; escondes tu rostro, y se espantan;
les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras.
Cuando él mira la tierra, ella tiembla;
cuando toca los montes, humean. Cantaré al Señor mientras viva,
tocaré para mi Dios mientras exista:
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. Que se acaben los pecadores en la
tierra,
que los malvados no existan más.
¡Bendice, alma mía, al Señor!. 6. Se deja un momento en silencio
y se invita a varios jóvenes para que espontáneamente den gracias de lo que tengan que
darlo.... Escuchamos con atención la
canción: Ven
Señor Jesús de la Hna. Glenda, que nos motive no tan solo a dar gracias sino
también a comprometernos a meter en nuestra vida la Vida de Jesucristo. 7. Terminamos nuestra acción
de gracias, no sin antes comprometernos a que esto no quede en puras palabras, hacemos
nuestra también esta oración que nos dice que no basta tan solo con dar las gracias,
sino trabajar para que todo vaya mejor. Sentencia de Dios al hombre antes que el día comience o termine: "Que el pan no venga a tu mesa sin el sudor de tu frente. Ni el sol se te da de balde, ni el aire por ser quien eres: las cosas son herramientas y buscan quien las maneje. El mar les pone corazas de sal amarga a los peces; el hondo sol campesino madura a fuego las mieses. La piedra, con ser la piedra, guarda una chispa caliente; y en el rumor de la nube combaten el rayo y la nieve. A ti te inventé las manos y un corazón que duerme; puse en tu boca palabras y pensamiento en tu frente. No basta con dar las gracias sin dar lo que las merece: a fuerza de gratitudes se vuelve la tierra estéril". Amén 8. Bendición y despedida del
Santísimo - ¿Qué fue lo que más te
gustó de este quinto día? - ¿Qué sugieres para que todos los días de
tu vida sean mejores?
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