Hoy Viernes, 05 de diciembre de 2008 | 01:55

INDICE

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I.  Corona
y Rosario de Adviento

1.- PRESENTACIÓN

La corona de adviento se compone de una corona verde con 4 velas alrededor y una al centro. 3 son moradas, 1 es rosa y otra blanca. Cada día en la oración se encienden las velas correspondientes. Cada domingo de adviento se enciende una vela más hasta llegar a la navidad. La vela rosa corresponde al tercer domingo y representa el gozo. Mientras se encienden las velas se hace una oración, utilizando algún pasaje de la Biblia y se entonan cantos. Aunque se recomienda para las familias, puede hacerse también en el templo. El color de las velas, en todo caso, no es tan importante, sino el significado de la luz. La corona se puede llevar a la Iglesia para ser bendecida por el sacerdote.

2.- ORIGEN

La corona de adviento encuentra sus raíces en las costumbres germanas, antes del cristianismo. Durante el frío y la oscuridad de diciembre, colectaban coronas de ramas verdes y encendían fuegos como señal de esperanza en la venida de la primavera.

Esto no significa que, ahora, con la corona de adviento pretendamos volver al paganismo. Muy al contrario, es un ejemplo de la cristianización de la cultura. Lo viejo ahora toma un nuevo y pleno contenido en Cristo, quien vino para hacer todas las cosas nuevas.

En el siglo XVI, católicos y protestantes alemanes utilizaban este símbolo para celebrar el adviento. De ahí pasó a los pueblos europeos; y de éstos al continente americano.

3.- SIGNIFICADO CRISTIANO

El símbolo principal, de la corona cristiana, son las velas y no el follaje, porque la temática del Antiguo Testamento en torno a la espera del Mesías prometido, lo presenta como la gran Luz que viene a iluminar a todos los pueblos que yacen en las tinieblas. El mismo Israel, escogido para que de su seno salga el Mesías Anunciado, es entendido como el lugar donde brillará una gran luz para todas las naciones. Por eso, Israel se auto entiende como iluminado e iluminador.

Después de la venida de Cristo, los cristianos supieron apreciar, también, las enseñanzas de Jesús: Juan 8,12 afirma de Cristo: “Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida”. En otro pasaje, Mateo 5,14 nos enseña que, unidos a Jesús, también somos luz: “Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte.”

Sin duda, quien más concretamente compara la encarnación y nacimiento del Niño Dios con la luz, es San Juan evangelista. En efecto, en el prólogo de su evangelio, compara al Verbo encarnado con la Luz que viene de lo Alto. Influidos, sin duda, por este evangelio, en la cultura popular, se presenta el nacimiento del Niño Dios, como el de un ser humano, así se habla de: “darlo a luz”. Jesús, que es la Luz, es dado a luz por su madre, la Virgen María.

Por eso, el Concilio Vaticano II, para presentar a Cristo, prolongado en su Iglesia, escoge como título del documento que tratará de ella, como LA LUZ DE LAS GENTES.

En conclusión:

El significado, inició siendo pagano, y al cristianizarse, quiere expresar la verdad suprema: Jesús, Luz que ha venido de lo Alto; que está con nosotros; y que vendrá lleno de gloria y de esplendor.

Las cuatro velas de color morado y rosa, simbolizan esa espera del que es la Luz del Mundo. Su fuego y su luz, son expresión también de la actitud interna, de oración vigilante en la espera del prometido.

La Palabra de Dios, en el adviento, exhorta a la conversión como la primera y mejor manera de preparar el camino del Señor que llega.

El color morado no necesariamente, tiene como principal sentido la mortificación y mucho menos la tristeza. La Iglesia, más bien, lo propone como una invitación a la penitencia interior; al arrepentimiento y a la conversión.

El color rosa, es para subrayar la alegría que envuelve todo este misterio de adviento y navidad. Lucas al hablar de este acontecimiento desde la anunciación, utiliza con frecuencia la palabra alegría, así inicia el encuentro del ángel con María: “Alégrate”.

También es una invitación a la oración más intensa para disponer el corazón hacia Dios.

La vela blanca, representa al Niño Dios, Luz del mundo, como el cirio pascual, representa al mismo, en su condición de resucitado.

El 25 de diciembre puede colocarse al pie de la vela blanca que está en el centro, una imagen del Niño Dios para que exprese mejor el signo a Jesús Infante, Luz de lo Alto.

Son cuatro velas alrededor, para expresar el tiempo de espera, cada una de ellas, marca los cuatro domingos de espera, hasta el 25, día del nacimiento.

Cada domingo se va encendiendo una de ellas, para marcar en qué tiempo de espera estamos.

La corona tejida de ramas de un verde que parece no secarse, recuerdan a Jesús que es la Luz eterna. En los países fríos se escogen ramas de los árboles que no pierden sus hojas en el invierno, para simbolizar que Dios no cambia.

El círculo nos recuerda que Dios no tiene principio ni fin, es eterno.

Toda la corona en sí, nos recuerda la larga espera de la Humanidad que, cayendo en pecado, vivía en oscuridad. El pueblo de Israel recibió de Dios la promesa y los profetas la mantuvieron viva en los corazones. Nosotros, por el bautismo, estamos llamados a ser, ahora, los nuevos profetas que anuncien el reino de Dios y que mantengan viva la esperanza de la segunda venida del Señor Glorioso. Por eso, la corona de luz, es una invitación para que todos seamos luz..

4.- ORACION DEL ROSARIO
EN TORNO
A LA CORONA DE ADVIENTO

Indicaciones:

Se entroniza la corona de adviento en el lugar que mejor reúne a la familia en oración. Y se enciende la vela correspondiente mientras se reza. Primero, la oración de adviento que se propone; y luego el rosario en sus misterios gozosos, propios del adviento y navidad.

Sugerimos que un día a la semana, de las cuatro semanas de adviento, se reúna la familia con todos sus miembros para rezar el rosario, en torno al nacimiento o a la corona de adviento.

Después de rezar el rosario, conviene se ofrezca una sencilla convivencia que vaya disponiendo a todos para vivir el 24 de diciembre, la gran cena y convivencia de noche buena. Rezar juntos y convivir juntos para ser una mejor familia. El Padre y la Madre son quienes deben invitar a todos sus hijos, siendo los anfitriones de la oración y convivencia. A ellos toca señalar el mejor día de la semana y la mejor hora de reunirse.

Motivación:

Una de las prácticas más difundidas en nuestras familias, es el rezo de santo rosario. Y la figura más significativa del adviento y de la navidad, sin duda es la Virgen María. Junto con Juan el Bautista, la Iglesia nos los propone como modelos de espera y de preparación a la venida del Mesías.

El rosario será, pues, una excelente forma de prepararnos al nacimiento del Señor. Porque en cada ave maría se resume los misterios gozosos de adviento y navidad. Muy aconsejable es que meditemos, cuando nos reunamos como familia a rezar el rosario, los misterios gozosos que tratan precisamente de la encarnación, preparación, nacimiento y vida oculta de Jesús, mismos que la Liturgia de adviento y navidad propone.