Hoy Viernes, 05 de diciembre de 2008 | 01:39

INDICE

Google
 
Para recibir información de las actualizaciones contáctanos.

Novenario de posadas

En las posadas agradecemos
el gran regalo de
LA PALABRA DE DIOS

Introducción

Está aún fresca en nosotros, pueblo creyente de México, la experiencia del XLVIII Congreso Eucarístico Internacional: “La Eucaristía: Luz y vida del Nuevo Milenio”. Dios vive entre nosotros en la Palabra y en el Sacramento. En nuestra diócesis y en este tiempo de adviento queremos reflexionar sobre la importancia de la Palabra de Dios, que en el contexto de la Eucaristía se convierte en luz para nuestras vidas.

La Eucaristía es un doble banquete: Palabra y Eucaristía, y no podemos disociarlos. Sin embargo en vista de una mayor profundización del aspecto iluminativo de la Palabra de Dios, proclamado en la liturgia de la Palabra, hemos querido privilegiar en este tiempo de adviento, una viva catequesis sobre la importancia de la Palabra de Dios.

Una reflexión en torno a la teología de la Palabra, para cada día.

Una costumbre muy extendida en nuestro México es la celebración de las “posadas”, con la oración del santo rosario y el canto de las letanías.

Como en otros años, también queremos inyectar un fuerte contenido evangelizador a este tesoro de la religiosidad popular. Proponemos para cada día de las posadas iniciar, después del acto de contrición, con la meditación de un texto bíblico, y luego ir intercalando con la enunciación de cada uno de los misterios del rosario, estas breves meditaciones en torno a la espiritualidad de la Palabra de Dios.

Cada día de las posadas una actividad

Cada día se propone una actividad que se ha de realizar con creatividad; los catequistas y agentes de pastoral estarán muy atentos para preparar todo lo necesario. Esta actividad quiere reforzar de manera plástica el mensaje de cada día. Hemos pensado en diferentes destinatarios: los grupos de pastoral parroquial, grupos de barrio, etc., pero de manera especial los niños y adolescentes que abarrotan estas celebraciones.

Se puede invitar a todos a que traigan consigo su Biblia, y que lean directamente el texto Bíblico que se proclamará al inicio del Rosario todos los días.

Nuevos Cantos Con el deseo de renovar las melodías de los villancicos, hemos grabado un CD con doce cantos y una nueva tonada para la petición de las posadas. La letra de tales cantos aparecerá al final como apéndice de esta celebración de posadas. El CD se puede adquirir con el encargado decanal de Evangelización y catequesis.

Ánimo, ¡Viene el Señor!

ORACION FINAL
PARA TODOS LOS DIAS

ESCUCHA, PADRE, LAS PLEGARIAS Y ALABANZAS DE TU PUEBLO, QUE ESPERA LA VENIDA DE TU HIJO EN LA HUMILDAD DE LA CARNE. QUE NUESTRA ALEGRIA SEA PLENA CUANDO LO VEAMOS VENIR AL FINAL DE LOS TIEMPOS. POR CRISTO NUESTRO SEÑOR.

EL PODER DE LA PALABRA DE DIOS

Actividad a preparar:  Se preparan dos ángeles, ya sean niños o niñas, adolescentes, etc. Que acompañan a José y María, los dos portan espada y alas, y llevan delante un libro gigante abierto. Este gigantesco libro abierto con los ángeles estará presente todos los días de las posadas.

Texto Bíblico: Is 35,1-6. 8.10.

Viene nuestro Dios
a Salvarnos.

* Quien guía, va leyendo también las diferentes reflexiones después de la enunciación de cada misterio.

Primer misterio

La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo: ella penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón (Heb 4,12).

De acuerdo con este pasaje de la Escritura, la Palabra de Dios es viva y eficaz porque es la Palabra del Dios viviente. El poder de Dios está presente y operante en ella, y esa soberana eficacia se ilustra oportunamente con la imagen de la espada de doble filo, que corta en todas las direcciones. Como una espada afilada o una flecha punzante (Is 49,2), la Palabra de Dios, que juzga y que salva, penetra y discierne hasta los secretos más íntimos del corazón.

Segundo misterio

El corazón, en nuestro lenguaje corriente, aparece vinculado principalmente al mundo de las emociones y los sentimientos. De ahí la célebre frase de Pascal: “El corazón tiene sus razones que la razón no conoce”. Pero esta dicotomía entre “corazón” y “razón” es ajena a la Biblia. En el lenguaje bíblico, el corazón tiene un campo de acción y un simbolismo mucho más amplios: es la raíz profunda de toda la vida psíquica y moral, la fuente de donde brotan no sólo los sentimientos, sino también, y sobre todo, los pensamientos, los proyectos y las decisiones
(cf. Is 29,13; Mt 15,18-19).

En ese centro profundo de la personalidad humana, donde tienen lugar las elecciones de cada día y las opciones más fundamentales, el creyente es engendrado de nuevo “por la palabra de Dios viva y eterna” (1 Pe 1,23). Allí realiza su obra la palabra, como lo experimentaron los discípulos en el camino de Emaús: ¿No ardía nuestro corazón mientras Él nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? (Lc 24,32). Pero la Palabra de Dios no sólo se hace presente en el lenguaje hablado o escrito. Dios habla también a través de los acontecimientos, y esta “palabra” debe ser guardada en el corazón, como lo hizo María con los acontecimientos de la infancia de Jesús: María conservaba el recuerdo de estas cosas y las meditaba en su corazón (Lc 2,19; cf. 2,51).

Tercer misterio

La inagotable vitalidad y eficacia de la Palabra de Dios se expresa asimismo en Is 55, 10-11: Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.

Cuarto misterio

Al final del sermón de la montaña, Jesús contrapone dos maneras de responder a sus palabras: unos las escuchan y las practican; otros las oyen pero no las cumplen. Los primeros son como uno que edifica su casa sobre la roca; los otros, como quien la construye sobre la arena (Mt 7, 24-26 // Lc 6,47). Estas metáforas sugieren la idea del juicio.

Quinto misterio

La Palabra de Dios es una invitación a la que es imposible responder con el silencio o la indiferencia. Cada uno será juzgado según la actitud con que recibe la Palabra. Las palabras de Jesús son Espíritu y Vida (Jn 6,63); pero aquel que las rechaza ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día (Jn 12,48).

La Palabra de Dios en la creación
y en la historia de la salvación

Actividad a preparar.

Junto con José y María aparecen varios niños con el rostro pintado, unos con gotas de agua, simbolizando la creación del agua por la palabra creadora de Dios, otros, con hojas simbolizando los vegetales, etc, pueden incluso pedir a los niños que vayan disfrazados de animales etc. Todo con el fin de simbolizar la palabra creadora de Dios.

 

Texto Bíblico Nm 24,15-17
Una estrella saldrá de Jacob.

Primer misterio

Las palabras del habla cotidiana eran para los antiguos hebreos algo más que meros sonidos provistos de un significado. De algún modo se percibía en ellas la fuerza vital de la persona que las había pronunciado, y una vez puestas en acción continuaban ejerciendo su poder. Especialmente poderosas eran la maldición o la bendición que había dado por equivocación a su hijo Jacob, y las bendiciones de Jacob y de Moisés, ya a punto de morir, fueron factores determinantes en la historia de las tribus israelitas (Gn 49,1-27; Dt 33,1-29). A causa del poder que tenían las palabras de Balaam, Yahveh no permitió que él pronunciara una maldición contra Israel (Num 22,12; cf. Dt 23,5-6; Neh 13,2). En este punto, los israelitas compartían las ideas de sus vecinos. Sin embargo, algunos textos aclaran que las palabras reciben su eficacia, en última instancia, no de una fuerza casi mágica inherentes a ellas mismas, sino del poder de YHWH (cf. Num 23,8). La palabra del verdadero profeta es portadora del poder de Dios, y manifiesta su poder en la situación para la que ha sido pronunciada. En conformidad con esta concepción, el centurión dijo a Jesús: Basta que digas una palabra y mi servidor se sanará (Mt 8,8).

Segundo misterio

La palabra creadora de Dios se encuentra al comienzo de todo. En virtud de su poder ilimitado, ella es la fuente de la que brota todo lo que existe: “Porque Él dijo y el mundo existió, Él dio una orden y todo subsiste” (Sal 33,9). “Tu lo dijiste y fueron hechas las criaturas; enviaste tu espíritu y él las formó, y nadie puede resistir a tu voz” (Jdt 16,14).

El universo creado por la Palabra de Dios subsiste gracias a ella, y lleva también su impronta y sus huellas. Por eso el salmista ha podido decir: “El cielo proclama la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Sal 19.2).

Los salmistas se refieren con cierta frecuencia al poder de la Palabra de Dios sobre las fuerzas de la naturaleza:

Él envía su mensaje a la tierra,

su palabra corre velozmente;

reparte la nieve como lana

y esparce la escarcha como ceniza.

Él arroja su hielo como migas,

y las aguas se congelan por el frío;

envía su palabra y las derrite,

hace soplar su viento

y corren las aguas

(Sal 147,15-18).

Tercer misterio

Pero la palabra que ejerció su dominio sobre el abismo de las aguas (Gn 1,1-13; Job 38,8-11; Eclo 39,17) e impuso silencio al fragor del mar (Sal 65,8; 89,10; 107,29) también manifiesta su poder sobre la historia de la humanidad. Ella pone en marcha el designio de Dios sobre el mundo y asegura su triunfo aun en las peores crisis. Sin eliminar el ejercicio de la libertad humana, la Palabra de Dios revela las intenciones divinas sobre el pasado, el presente y el futuro. Ella expresa la voluntad y el propósito de Dios, establece las cláusulas de la alianza y anuncia el juicio de Dios contra los que son infieles. Sus efectos no son los mismos para todos lo que la escuchan, sino que dependen de las disposiciones interiores de cada uno (Mt 13,18-23). Pero la Palabra de Dios nunca es letra muerta, ni sonido que apenas pronunciado se pierde en el vacío.

Cuarto Misterio

Unas veces, la palabra se anticipa a las intervenciones de Dios en la historia y va delante del Señor a preparar sus caminos (Lc 1,76; cf. Is 40,3; Mt 3,2). Entonces preanuncia con mayor o menor claridad lo que el Señor va a realizar en el futuro, de manera que en el momento señalado la mano de Dios da cumplimiento a lo que había anticipado su Palabra. Otras veces la palabra viene después, para revelar el sentido profundo de lo acontecido en el pasado. En otros casos, la comunicación de Dios con su interlocutor humano toma la forma del dialogo. Dios habla con Moisés cara a cara, “claramente y no en enigmas” (Num 12,7-8), como se habla con un amigo (Éx 33,11). Al exponerse de ese modo, la Biblia emplea un audaz antropomorfismo, pero así pone bien de relieve, al mismo tiempo, el carácter personal del Dios de Israel.

Quinto misterio

Si de Israel se ha podido decir que fue puesto aparte entre los pueblos (cf. Num 23,9), ha sido precisamente porque Dios eligió para dirigirle su palabra: Él revela sus palabras a Jacob, sus preceptos y mandatos a Israel; a ningún otro pueblo trató así, ni le dio a conocer sus mandamientos (Sal 147,19-20; cf. Rom 9,4). Éste ha sido sin duda el gran privilegio de Israel, un privilegio que se funda en la gracia de Dios y no en sus propios méritos (Dt 7, 7-8) y que implica al mismo tiempo una grave responsabilidad (cf. Am 3,2). En virtud de esa condescendencia divina, la Palabra de Dios ya no se encuentra en una altura inaccesible o más allá del mar; sino muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que tú la practiques (Dt 30,14). Pablo aplica este pasaje al mensaje de los apóstoles, que engendra la fe en el corazón y pone en los labios la confesión de esa misma fe (Rom 10,8-10).

La Palabra de Dios
en lenguaje humano.

Se preparan varios niños y niñas disfrazados de profetas; con singular énfasis aparezca Moisés, el más grande de los profetas, con las tablas de la alianza.

Texto Bíblico Is 45,6-8
Lluevan, cielos, al Justo.

Primer misterio

Dios interpela a los seres humanos en un lenguaje humano, valiéndose de mensajeros que hablaron en su nombre. Los profetas fueron portavoces de YHWH (Lc 1,70). Un impulso irresistible los llevó a proclamar la palabra que habían escuchado cuando la “mano” del Señor se puso sobre ellos (cf. Ez 37,1), de manera que la recepción del mensaje y la misión de proclamarlo fueron parte de una misma experiencia. Por eso Amós compara la voz de Dios al rugido del león: Si el león ruge, ¿quién no temerá? Si el Señor ha hablado, ¿quién no profetizará? (Am 3,8).

Segundo misterio

Particularmente significativos en este contexto son los relatos de vocación profética. La Palabra de Dios brota siempre de una iniciativa gratuita: sorprendió a Moisés en la soledad del desierto (Ex 3,1-14) y a Samuel en su candor infantil (1Sm 3,1-18). En un gesto lleno de significado, Dios puso sus palabras en labios de Jeremías y le anunció: “Tú serás mi portavoz” (Jr 15,19; cf. 1,9).

Tercer misterio

A Ezequiel le ordenó que comiera el rollo donde estaba escrito el mensaje profético y él obedeció (Ez 2,8-3,3), aunque no dejó de confesar la amargura y el furor que le producía el ejercicio de su misión (3,14). Cada vez que proclama: Así habla el Señor, el mensajero certifica que no habla por propia iniciativa, sino en cumplimiento de una misión. Así, gracias al Espíritu del Señor, la palabra llenó a los profetas de poder, de justicia y de coraje para denunciar sus rebeldías a Jacob y su pecado a Israel (Miq 3,8).

Cuarto misterio

Los profetas dieron su testimonio y proclamaron su mensaje en la situación particular que le tocó vivir a cada uno. Con su palabra nueva y desafiante pusieron en crisis las prerrogativas de aquellos que ejercían el poder político, económico y religioso. No fue tarea fácil proclamar la Palabra de Dios en tales circunstancias, siempre difíciles y con frecuencia riesgosas (cf. Jr 26).

Quinto misterio

La audacia con que los profetas criticaron el orden establecido y sus insistentes llamados a la conversión pusieron en peligro muchas veces su fama y sus vidas. Pero más allá de los riesgos y de las diferencias personales, todos los profetas proclamaron el origen divino del mensaje que trasmitían: El Señor de los ejércitos se ha revelado a mi oído, dice Isaías (22,14); y cuando la Palabra de Dios tardaba en llegar; ellos se quedaban a la espera, como el centinela en su puesto de guardia (Hab 2,1-4).

La palabra de la fe

Preparar el cuadro plástico de los Apóstoles Pedro y Pablo, predicando la palabra junto a un grupo de creyentes.

Texto Bíblico Gn 49,8-19
No se apartará el cetro
de la casa de Judá.

Primer misterio

La Palabra de Dios lleva a la fe (Rom 10,8), porque la fe nace de la predicación y la predicación se realiza en virtud de la palabra de Cristo (Rom 10,17). Gracias a la fe, el creyente acepta el mensaje del evangelio no como palabra humana sino como lo que es en realidad, como Palabra de Dios (1 Tes 2,13), investida del poder de realizar lo que proclama: la palabra de la reconciliación reconcilia (2Cor 5,18-20), y el anuncio de la salvación salva (Rom 1,16; 1Cor 1,18).

Segundo Misterio

El mensaje de la gracia de Dios da la gracia (Hch 14,3; 20,32), y la palabra viviente o palabra de vida comunica vida (Heb 4,12). Cuando se abre el oído y el corazón a la Palabra de Dios, ella nos hace nacer a una vida nueva (1 Pe 1,23), y como nacidos por la Palabra de verdad, somos las primicias de la nueva creación (Sant 1,18).

Tercer Misterio

La palabra alimenta la fe de manera constante, en un proceso de maduración progresiva que sólo cesará cuando termine nuestra vida mortal. Por eso la Escritura se refiere concierta frecuencia al carácter “nutritivo” de la palabra. El Deuteronomio declara abiertamente que no sólo de pan vive el hombre sino de todo lo que sale de la boca de Dios (Dt 8,3; cf. Hch 7,38) –un texto que Jesús repitió cuando fue puesto a prueba en el desierto (Mt 4,4)-. El salmista exclama lleno de gozo: ¡Qué dulce es tu palabra para mi boca, es más dulce que la miel! (Sal 119,103; cf. 19,11), y por eso procura alimentarse de ella: Abro mi boca y aspiro hondamente, porque anhelo tus mandamientos (Sal 119, 131).

Cuarto misterio

En medio de las pruebas, el desprecio y la oposición, Jeremías le recuerda a Dios con qué avidez recibía sus palabras: Cuando se presentaban tus palabras, yo las devoraba, tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón (Jr 15,16). En una visión y en un gesto profundamente simbólico, Dios da a entender a Ezequiel que la palabra divina tiene que ser su alimento: Hijo de hombre, come lo que tienes delante, come este rollo y ve a hablar a los israelitas… Yo lo comí y era en mi boca dulce como la miel (Ez 3,1.3). Más tarde, el vidente de Patmos recibió del mensajero de Dios una orden semejante (Ap 10,8-11).

Quinto misterio

El libro de la Sabiduría, a su vez, considera que la Palabra de Dios es un alimento superior a cualquier manjar humano: Señor… no son las diversas clases de frutos las que alimentan a los seres humanos, sino que es tu palabra la que sustenta a los que creen en ti (Sab 16,26). Por eso mismo se considera un terrible castigo –un hambre tremenda, dice el profeta Amós- anhelar la Palabra de Dios y no poder encontrarla:

Vendrán días –oráculo del Señor-

en que enviaré hambre sobre el país,

no hambre de pan ni sed de agua,

sino de escuchar la palabra del Señor.

Se arrastrarán de un mar a otro

e irán errantes del norte al este,

buscando la palabra del Señor,

y no la encontrarán

(Am 8,11-12).

Al principio existía la Palabra

Se prepara ahora a los cuatro evangelistas, cada uno con el símbolo que lo caracteriza ya desde el siglo III con San Ireneo de Lyon : San Marcos con un león, San Juan con una águila, San Mateo puede llevar un niño Dios o ir acompañado de un ángel, San Lucas lleva un toro. Todo esto para simbolizar como Dios nos habla por medio de los escritores sagrados y en ellos está escrito el testimonio vivo de que la Palabra de Dios llega a su plenitud en Jesucristo.

Texto Bíblico Jer 23,5-8
Un retoño de justicia
surgirá de David.

Primer misterio

El AT pone de relieve el carácter dinámico, creador y revelador de la Palabra de Dios: Yo haré que mis palabras sean un fuego en tu boca, y ese pueblo será la leña que el fuego devorará, dice el Señor a Jeremías (5,14); y más adelante añade: ¿No es mi palabra como fuego, como martillo que pulveriza la roca? (23,29). Pero cuando nos volvemos al NT, lo que antes era prerrogativa exclusiva de Dios se atribuye ahora igualmente a Jesús. Con el poder de su palabra, Jesús sana a los enfermos (Mt 8,32); los vientos y el mar obedecen su voz (Mc 4,39), y la curación del paralítico muestra que Él podía decir con la misma autoridad: Tus pecados te son perdonados y Levántate y camina (Mt 9,6; Mc 2,10-11).

Segundo misterio

En los evangelios sinópticos se presta mucha atención a la predicación de Jesús. Ellos refieren el asombro de la gente, porque Jesús enseñaba con autoridad y no como los escribas (cf. Mt 7,28). Y como a Jesús se le ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra (Mt 28,18), su palabra tiene el poder de realizar lo que anuncia, y todo lo que Él ha dicho se cumplirá: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Mt 24,35).

Tercer misterio

El evangelio de Juan da un paso más e introduce una concepción enteramente nueva de la Palabra de Dios. Juan afirma la preexistencia, el carácter personal y la divinidad de la Palabra, y la identifica con Jesucristo, el Hijo de Dios. Así Dios completa en Jesucristo el largo proceso de la revelación, iniciado con los anuncios y promesas de los antiguos profetas (cf. Jn 5,39; 12,38-39;19,24.28.36.37).

En el prólogo de su evangelio, Juan se remonta hasta “el principio”, cuando nada existía fuera de Dios (1,1). En aquel misterioso principio, la Palabra estaba junto a Dios, unida a Dios como una persona a otra, y la Palabra era Dios. Nada llegó a la existencia sin la intervención creadora de la Palabra. Ella es el principio de todo ser, la fuente de toda vida y la luz que ilumina a todo ser humano. Pero no permaneció alejada, extraña al mundo que es obra de la Palabra: La Palabra se hizo carne (Jn 1,14), y su llegada a este mundo de muerte y pecado es la insuperable culminación de la revelación divina.

Cuarto misterio

Jesús vino al mundo para dar testimonio de la verdad (Jn 18,37), y en el cuarto evangelio no hay muchas verdades: Jesús mismo es la Verdad, y Él trae al mundo la única y definitiva. El “Yo” en labios de Jesús tiene la misma dignidad que el “Yo” de YHWH: A Dios nadie lo ha visto jamás; es el Hijo único, que es Dios y está al lado del Padre, quien lo ha explicado.

Quinto misterio

Una vez que el Verbo se hizo carne sólo puede haber; en sentido estricto, una Palabra de Dios. Es la Palabra dicha por el Padre desde toda la eternidad y que por el misterio de la encarnación se hace presente en el tiempo histórico. Pero está claro que Aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios (Jn 3,34) y anuncia lo que se ha de creer para tener Vida eterna: Porque yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar; y yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que yo digo, las digo como el Padre me ordenó (Jn 12,49-50).

Palabra, Promesa y Alianza

Preparar un Profeta que lee un rollo de la Escritura, y varios niños, disfrazados de judíos, escuchando con atención las promesas de Dios, dadas en la Sagrada Escritura.

Texto Bíblico Is 7,10-14
He aquí que la Virgen
concebirá un Hijo
.

Primer misterio

La palabra de Dios se revela en una economía de promesa y de alianza. En cuanto promesa, la palabra anuncia hoy lo que Dios va a realizar en el futuro. Prometer es empeñar la palabra dada, y la promesa, una vez pronunciada, ya no se retracta (cf. Sal 110,4). Dios no puede valerse de su poder divino para anular su promesa, porque eso sería faltar a la fidelidad. Israel celebra esta fidelidad de Dios al juramento que hizo a David, su elegido (Sal 89;132), y constantemente recuerda a Dios su promesa, que es fuente de valor y esperanza (Sal 119). La Palabra de Dios no falla ni hay falsedad en ella. La promesa de Dios es digna de confianza, porque Dios es fiel (cf. Sal 18,31; 119,140).

Segundo misterio

En la alianza, Dios establece libremente un lazo de unión con su pueblo, Israel no era una nación plenamente constituida antes de convertirse en pueblo de Dios, sino que se constituyó como nación para ser el pueblo consagrado al Señor (Dt 7,6). Éste es el sentido primordial de la alianza: fundar un vínculo permanente entre Dios y un interlocutor humano y hacerlo participe responsable de un diálogo que ya no puede eludir. Dios ha “conocido” a Israel (Am 3,2); por lo tanto, Israel debe “conocer” a Dios (Os 13,4; cf. 4,1). En los profetas, la alianza adquiere su sentido más pleno gracias a la imagen de la unión conyugal, que implica intimidad, amor y mutua participación en un proyecto común. Estar a tono con la alianza es responder a un llamado, consentir a una vocación, elevarse a la altura del diálogo.

Tercer misterio

La palabra es el acto de una persona que interpela a otra. Separadas de la relación personal, las palabras suelen volverse rutinarias y vacías. El término de la revelación de Dios es siempre un ser humano, llamado a responder libre y conscientemente al amor de Dios. Por eso Dios requiere y espera el “Sí” de sus criaturas en cada etapa del plan divino de salvación: el “Sí del pueblo cuando se instituyó la alianza (Éx 24,3), su “Amén” al renovarse la alianza en tiempos de Esdras (Neh 8,6), el “Hágase” de María en la aurora de la nueva dispensación (Lc 1,26-38), el “Amén” que la humanidad dice en Jesucristo para la gloria de Dios (2 Cor 1,20-21), y el “¡Ven!” con que la Esposa, animada por el Espíritu, llama a su Señor (Ap 22,17).

Cuarto Misterio

Dios y sus interlocutores humanos están involucrados en un mismo proceso. Al crear a los seres humanos a su imagen y semejanza, y al infundirles un alimento de vida (Gn 1,26; 2,7), Dios creó seres capaces de escuchar y responder (cf. Éx 4,11), de comprender la bendición que da fecundidad (Gn 2,16-17) y el mandamiento relativo al fruto prohibido (Gn 2,16-17). El poder creador de Dios es soberano. Pero el futuro del orden creado depende en aspectos significativos del uso de la libertad por parte de sus criaturas.

Quinto misterio

Dios está presente y activo en cada acontecimiento. Pero al hacer que el futuro de la creación dependa en no escasa medida del poder conferido a los seres humanos, Dios mismo decidió limitar hasta cierto punto su soberanía divina. Un texto relativo a la instalación d los israelitas en Palestina es bien significativo al respecto:

¡Maldecid a Meroz, dice el Ángel del Señor,

sí, maldecid a sus habitantes!

Porque no acudieron en auxilio del Señor,

en auxilio del Señor, junto a los héroes!

(Jue 5,23)

La acogida de la Palabra:
la Palabra y el Espíritu

Hemos supuesto que todos los días nos acompañan José y María, que son los peregrinos. Hoy, junto con ellos, sigue apareciendo la palabra de Dios, es decir, el libro con los dos ángeles. Y hoy aparece un buen número de niños, o niñas disfrazados de diferentes santos. San Francisco, Santa Clara, Santo Toribio Romo, San Pedro Esqueda como ejemplos de aquellos que han acogido la palabra en su corazón y la han llevado hasta sus últimas consecuencias.

Texto Bíblico Miq 5,1-4
De ti saldrá
el Príncipe de Israel.

Primer misterio

Según san Pablo, la eficacia del evangelio no depende de la persona del predicador ni del modo como es presentado el mensaje (1Cor 1,17). El evangelio es “poder de Dios para salvación de todo el que cree” (Rom 1,16), es decir, una realidad viva que comunica vida a todo el que la recibe con fe. Cristo se hace presente en el evangelio con el poder redentor de su muerte y resurrección (1 Cor 15; cf. Rom 1,4), y la “palabra de la cruz”, a la que el mundo considera locura, es “poder de Dios y sabiduría de Dios” para aquellos que se salvan (1 Cor 1, 18.24). Por medio de la fe y el bautismo, la Palabra de Dios habita en lo profundo del corazón (Col 3,16) y comunica en toda su riqueza la salvación que brota del misterio pascual de Cristo muerto y resucitado.

Segundo Misterio

Sin negar el dinamismo intrínseco de la Palabra de Dios y su fuerza salvadora, la tradición cristiana ha insistido siempre en las disposiciones espirituales de la persona que la recibe. Así como la belleza de un poema resulta inaccesible a las personas que carecen de sensibilidad poética, así la Biblia permanecerá cerrada a los lectores u oyentes que no la acogen con fe, bajo la guía del Espíritu Santo. La luz de la fe y la iluminación interior del Espíritu Santo son condiciones indispensables para penetrar en el sentido más profundo de los textos inspirados, porque, como dice san Pablo, nadie conoce los secretos de Dios sino el Espíritu de Dios (1 Cor 2,11).

Tercer misterio

La palabra se nos da a conocer, y se revela a nosotros como Palabra de Dios, por el testimonio interior del Espíritu Santo. El Espíritu y la palabra son correlativos. Dios actúa dentro de nosotros por el Espíritu y fuera de nosotros por la palabra. El Espíritu da vida a la letra, y así la palabra pronunciada en otro tiempo se hace Palabra de Dios aquí y ahora. Gracias a la vida siempre renovada que procede del Espíritu, la Biblia nunca envejece, sino que mantiene siempre viva la capacidad de hacerse contemporánea nuestra.

Cuarto misterio

Aunque la luz del espíritu Santo es necesaria para penetrar en el sentido más íntimo de las Escrituras, sería un error contraponer la iluminación personal del Espíritu Santo a la interpretación auténtica que propone la Iglesia. La palabra actúa con poder para constituir la comunidad de los creyentes (Hch 2, 41; 6,7; 12,24; 19,20) y el Espíritu de verdad conduce a la Iglesia para llevarla al pleno conocimiento de la verdad (Jn 16,13). Por lo tanto, el testimonio del Espíritu y la acción de la palabra deben ser aprehendidos por toda la comunidad creyente y por cada creyente individual en comunión con ella.

Quinto misterio

Ciertamente, la enseñanza de la Iglesia no sustituye la fe y el compromiso personal de cada uno de sus miembros; pero puede y debe ayudar a discernir lo que de veras procede del Espíritu de Dios y los que no es otra cosa que fruto de la imaginación humana.

El rechazo de la Palabra

Junto con la palabra de Dios que traen los ángeles aparecen algunos signos de muerte, algún borrachito, algún drogadicto, etc.. o algunos niños con pancartas que señalen la ausencia de Dios, por ejemplo que digan: Aborto, placeres, consumismo, dinero, fama etc.

Los orígenes de Jesús.
Mt 1,1-17

Primer misterio

Cuando leemos los textos bíblicos que afirman el poder de la Palabra de Dios, vivimos momentos de gozo y admiración. Sin embargo, cuando volvemos los ojos hacía el mundo que nos rodea surgen en nuestro espíritu serios interrogantes. Si la Palabra de Dios es tan poderosa, ¿por qué hay tanta tiniebla a nuestro alrededor? ¿Por qué es tan fácil ser infieles a la Palabra y tan difícil practicarla de manera consecuente?

Segundo misterio

Estas preguntas plantean un problema que en última instancia tiene que ver con el misterio de Dios y con el modo divino de comunicarse a los seres humanos. Aquí tocamos el centro mismo del problema del mal, y cualquier intento de dar una respuesta apropiada sobrepasa la capacidad del entendimiento humano. Dios sale siempre a nuestro encuentro envuelto en una cierta penumbra, e incluso cuando la “gloria” divina se manifiesta visiblemente, los fenómenos que se ven –la luz y el fuego- no son Dios mismo sino signos de su presencia (cf. Éx 13,21-22; 33,17-23). En el ámbito de la fe vemos oscuramente (cf. 1 Cor 13,12); nuestro conocimiento sólo abarca un área tenuemente iluminada en medio de la oscuridad, porque Dios es un “Dios escondido” (Is 45,15) y la revelación nunca elimina por completo el ocultamiento de Dios. A pesar de todo, la Palabra de Dios nos ilumina en cierta medida (cf. Sal 119, 105), y esta luz nos permite decir algo al respecto.

Tercer misterio

En la relación de Dios con los seres humanos, la iniciativa procede siempre de Dios. Según hemos visto, es una relación de alianza. Esta alianza implica la acción graciosa de Dios y la libre respuesta humana. Dios decide con libertad soberana establecer su alianza, y manifiesta su voluntad en pasajes como el Decálogo (Ex 20,1-17; Dt 5,6-21), la Regla de oro (Mt 7, 12), el Mandamiento principal (Mt 22,36-40) y las palabras proféticas: “Se te ha indicado, hombre, qué es lo bueno y qué exige de ti el Señor: nada más que practicar la justicia, amar la fidelidad y caminar humildemente con tu Dios” (Miq 6,8).

Cuarto misterio

Esto significa que Dios, en la ejecución de sus planes, no se vale únicamente de la fuerza. Más aún, la fuerza de Dios no se identifica con la coerción. Dios ha elegido llevar a cabo su designio salvífico en dependencia de los seres humanos. A la criatura se le dio el poder de rechazar a Dios y de hacer del mundo algo distinto de lo que había proyectado su Creador. Este poder de realizar el propio destino con plena independencia y autonomía total es la trágica grandeza que acompaña a los seres humanos a lo largo de su historia. La nieve y la escarcha, el cielo y las estrellas, el viento y la tempestad “cumplen ” las órdenes de Dios (Sal 148,8), pero los seres humanos son libres y pueden desobedecer. El cuarto evangelio da cuenta de esta misteriosa realidad en forma bella y concisa: “La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz” (Jn 3,19).

Quinto misterio

Para que haya comunicación hay que escuchar y no sólo hablar. Jesús lo sabía muy bien, y por eso dijo a sus oyentes una y otra vez: “El que tenga oídos para oír, que oiga” (Mt 13,9). También sabía que la palabra salvadora puede ser recibida de distintas maneras, y por eso añadió: “Prestad atención a cómo escucháis” (Lc 8, 18). Estas palabras son como un eco del Salmo:

Ojalá hoy escuchéis la voz del Señor: “No endurezcáis vuestro corazón como en Meribá, como en el día de Masá, en el desierto, cuando vuestros padres me tentaron y provocaron, aunque había visto mis obras”

(Sal 95,7-9; cf. Éx 17,1-7; Num 20,1-13)

Cuando Israel fue pertinazmente infiel a su vocación, no pudo ser forzado al arrepentimiento. El “no” de Israel a Dios no podía ser vencido por la fuerza sin violar la relación libre y personal entre Dios y su pueblo (cf. Sap 12,15-18). Es precisamente aquí donde radica esa “impotencia” divina de la que da testimonio la Biblia:

¿Qué te hice, pueblo mío, o en qué te molesté? Respóndeme

(Miq 6,3).

El triunfo de la Palabra

Como la palabra de Dios es Jesucristo mismo, en el cuadro de hoy aparecen José y María con el Niño, rodeado de más ángeles, sin faltar los ángeles de la Palabra. Todos en torno al niño Jesús celebran que la Palabra de Dios como promesa, ha triunfado con la aparición de Cristo sobre la tierra.

Texto Bíblico Mt 1,18-25
El anuncio del nacimiento,
al Señor San José.

Primer misterio

No hay que olvidar, sin embargo, que la Palabra de Dios tiene un carácter definitivo e irrevocable: La hierba se seca, la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre (Is 40,8; cf. Sal 119,89). Dios no retracta su palabra (cf. Sal 110, 4), y Jesús, por su parte, declara solemnemente: El cielo y la tierra pasarán, pero miss palabras no pasarán (Mt 24,35).

Segundo misterio

En la economía del NT se ha sellado la alianza escatológica entre Dios y el mundo redimido por la cruz y la resurrección de Cristo. Los individuos pueden ser infieles a esta alianza y negarse a aceptar la gracia de Dios; pero el amor de Dios manifestado en la alianza es indefectible y gratuito, y por eso la alianza de Dios con su pueblo ya no podrá romperse.

Tercer misterio

La venida de Cristo a nosotros es la última y definitiva expresión de lo que Dios ha querido revelarnos. La Palabra de Dios ha sido dicha en su plenitud, y la Iglesia, en su realidad más profunda, es la comunidad de los que han escuchado la Palabra de Dios y han creído en ella. En cuanto comunidad de fe siempre dispuesta a escuchar, la Iglesia tiene que experimentar en sí misma el poder de la palabra y dar testimonio de ese poder dentro y fuera de sus propias fronteras. Y en cuanto “columna y fundamento de la verdad” (1 Tim 3,15), debe anunciar y actualizar, bajo la guía del Espíritu Santo, todas las riquezas de la palabra que le ha sido confiada.

Cuarto Misterio

De un modo especial en la asamblea eucarísticas, cuando las Escrituras son proclamadas y explicadas. Hemos de experimentar que Dios habla a su pueblo como le habló antiguamente en el SINAI o por medio de los profetas. Es Cristo mismo el que por medio de sus ministros proclama la buena noticia de Dios a una comunidad particular y espera de ella la misma respuesta de fe que recibió de aquellos que escucharon y creyeron en su predicación por primera vez en Palestina.

Quinto Misterio

Dispensar el poder de la Palabra de Dios es la principal responsabilidad de los servidores de la Palabra. Su función es hacer que la voz de Cristo sea de nuevo escuchada, para que cada uno pueda renovar la respuesta de fe por la que el creyente se une al cuerpo de Cristo. A través de sus voces, la Palabra de Dios tiene que cortar como una espada de doble filo y discernir los pensamientos del corazón. Así la palabra abrirá caminos insospechados al pueblo de Dios y hará demandas siempre renovadas a su generosidad y a su espíritu de servicio.

Ayudar a la realización de esa tarea es la finalidad primordial de este Comentario.