Hoy Viernes, 05 de diciembre de 2008 | 01:25

INDICE

Google
 
Para recibir información de las actualizaciones contáctanos.

Retiro de Adviento
para Catequistas

Palabra y Eucaristía,
un mismo alimento para el catequista

a) Objetivo:

Salir al encuentro de Jesús, Hijo de María que viene en este tiempo de Adviento y Navidad y se ha quedado en la Palabra y en la Eucaristía como Pan de Vida y Luz del Mundo, para que, alimentados con este banquete celestial, los catequistas podamos realizar mejor en nuestra vida la tarea evangelizadora en nuestras comunidades.

b) Ambientación del lugar:

Un letrero o cartel con la cita: “La Palabra se hizo carne”, (Jn. 1, 14), Biblia, Nacimiento, música ambiental y motivos eucarísticos.

c) Ambientemos el Encuentro:

Cantos:

§ Eucaristía, milagro de amor

§ Tu Palabra me da vida

d) Bienvenida:

Gracias por asistir muchachos (as), nos hemos reunido para meditar la Encarnación de Jesús Verbo de Dios hecho hombre que perpetúa su presencia en la Palabra y la Eucaristía en medio de nosotros.

1. Ubiquemos
del Encuentro:

Con el tiempo de Adviento y Navidad comienza el año litúrgico en la Iglesia. Un tiempo lleno de gratos recuerdos a través de los años de nuestra vida. Los Catequistas queremos aprovecharlo para adelantar más en la formación. “En el círculo del año la Liturgia desarrollo todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación y la Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la dichosa esperanza y venida del Señor” (S.C. 102).

El tema del retiro es la Venida próxima del Señor Jesús. Sabemos que Dios viene a nosotros y se hace presente en nuestra vida de distintos modos. En este retiro no solamente recordaremos y viviremos su primera venida, sino también seremos conscientes de esa venida constante y perenne que hace cada día en nosotros por medio de su Palabra y de su Eucaristía. Este año y el próximo serán principalmente años eucarís­ticos, por los acontecimientos del 48 Congreso Eucarístico Internacional y el Sínodo de los Obispos en octubre del 2005 en Roma.

2. Salgamos al Encuentro:

a) Narración

(Escuchemos. Música de fondo):

Un día Dios Padre pidió a su Hijo que viniera a nacer entre los hombres, que se hiciera uno como ellos para salvar a la humanidad. Dios Hijo estaba pequeño y muy feliz, contaba los días y las horas para nacer entre los hombres. Desesperado por venir, hizo un hoyo en el cielo y miró la tierra y cómo los hombres se preparaban para su llegada. Los hombres, por su parte, hacían grandes fiestas, compartían entre ellos grandes regalos, adornaban sus casas con hermosos árboles y preparaban grandes comidas.

Al mirar esto Dios Hijo, se puso muy triste y lloró profundamente, pues entendía que el centro de la fiesta no era él, así que decidió esconderse. Cuando llegó la hora, Dios Padre lo buscaba y no lo encontraba, pidió a sus ángeles que le ayudaran a buscarlo y le encontraron. Al verlo tan triste, le preguntaron el porqué de su tristeza, él por su parte contestó: ¡No quiero nacer entre la humanidad! porque se preparan con hermosos adornos, intercambia regalos, comen pavo, beben vino, pero, ¿de mi no se acuerdan? No me recordaron, ni prepararon sus corazones con un trozo de la Palabra de Dios, parece que no soy el centro de su fiesta.

b) Canto:

Os anunciamos un gozo inmenso

Os anunciamos, con gozo inmenso

hoy ha nacido, el Salvador.

En un pesebre, sobre las pajas

y entre pañales, lo encontraréis.

 

Duerme y no llores, Jesús del alma

duerme y no llores, mi dulce amor.

Duerme y no llores, que esas tus lágrimas

parten el alma, de compasión. (2)

c) Lectura bíblica:

(Lucas, 2,1-7)

Por aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, por el que se debía proceder a un censo en todo el Imperio. Este fue el primer censo, siendo Quirino gobernador de Siria.

Todos, pues, empezaron a moverse para ser registrados cada uno en su ciudad natal. José también que estaba en Galilea, en la ciudad de Nazaret, subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, porque era descendiente de David; allí se inscribió con María, su esposa, que estaba embarazada.

Mientras estaba en Belén, llegó para María el momento del parto y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la sala posada.

(Se deja un momento de silencio y pasa en procesión el nacimiento mientras se escucha música de fondo).

d) Reflexión:

§ Tu catequista, ¿cómo te preparas para la venida de Cristo?

§ ¿Vendrá a nacer en tu corazón?

3. Profundicemos el Encuentro:

Al celebrar un aniversario más el nacimiento de Jesús, es importante reflexionar en el prólogo del Evangelio de San Juan, sobre la persona de Cristo y su misión al venir a este mundo:

§ Es la palabra eterna que ha existido siempre y por quien fuera hechos todas las cosas: la Luz, los seres vivos, el hombre, etc.

§ Ha sido enviada por Dios esta Palabra para revelarle al mundo la Verdad.

§ El mundo sometido al poder de Satán se niega a creer en la misión de Cristo, persigue con su odio a Jesús y a sus discípulos, pero será vencido por Cristo.

§ A este mundo malo sucederá un día el mundo futuro. Por cuanto le quita su pecado, Cristo es el Salvador del mundo.

§ La Palabra es una semilla divina que cuando la recibimos nos hace hijos de Dios.

§ La Palabra se hizo hombre y con esto ha asumido todas sus debilidades, incluida la muerte.

§ La Palabra encarnada realiza en la nueva alianza la presencia divina que asegura la salvación del Pueblo de Dios.

§ En el Antiguo Testamento la gloria era la garantía de la presencia de Dios y se manifestaba por los prodigios realizados a favor de su pueblo. Lo mismo sucede con la Palabra encarnada, cuyos signos manifiestan la gloria, especialmente por el signo de su resurrección.

Y así como la gloria de Dios se reflejaba en el rostro de Moisés después de la teofanía del Sinaí, así el rostro de Cristo resplandecía en la transfiguración y los discípulos pudieron ver así el reflejo de su gloria: “En el principio existía la Palabra y la palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Y la palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria que recibe del Padre como unigénito, lleno de gracia y de verdad” (Jn. 1, 1.14)

Jesús, la Palabra encarnada, al regresar al Padre, después de cumplir con la misión de salvar al mundo, encomendó a la Iglesia la misión de continuar esa misma misión salvadora por medio del Evangelio y los sacramentos, especialmente la Eucaristía. “El ministerio de la Palabra, al interior de la evangelización, transmite la revelación por medio de la Iglesia valiéndose de palabras humanas. Pero estas siempre están referidas a las obras: a las que Dios realizó y sigue realizando, especialmente en la liturgia; al testimonio de vida de los cristianos; a la acción transformadora que estos, unidos a tantos hombres de buena voluntad, realizaron en el mundo.” (DGC 50).

Jesús, la Palabra encarnada y hecho hombre por nosotros, un día antes de morir nos dio una prueba de su amor al instituir el sacramento de la Eucaristía y así quedarse entre nosotros sacramentalmente. “Nuestro Salvador, en la Última Cena, la noche que le traicionaban, instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y Sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la Cruz y confiar así a su esposa, la Iglesia, el memorial de su muerte y su resurrección: Sacramento de piedad, signo de unidad, Vínculo de caridad y banquete pascual, en el que se recibe como alimento a cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera” (SC 47).

El tema del retiro ha sido precisamente: Palabra y Eucaristía un mismo alimento para los Catequistas, porque es el tema a seguir este año para la Iglesia. Esto nos dará la oportunidad a los catequistas de darle importancia no sólo al sacramento sino también a la Palabra que forma parte de ese mismo alimento que es Jesús. “En la comunidad cristiana, los discípulos de Jesucristo se alimentan en una doble mesa: la de la Palabra de Dios y la del Cuerpo de Cristo. El evangelio y la Eucaristía son su constante alimento en el peregrinar hacia la casa del Padre. La acción del Espíritu Santo hace que el don de la comunión y el compromiso de la misión se ahonden y se vivan de manera cada vez más profunda” (DGC 70).

Siempre ha existido en la historia de la salvación la unión y la unidad entre la Palabra y los sacramentos, especialmente la Eucaristía. En la palabra encontramos a quien vamos a recibir en la Eucaristía, ya que los sacramentos son signos eficaces de la gracia. Y sin la palabra no tendríamos las convicciones necesarias para recibir los sacramentos. El insistir solamente en alguna de estas dos realidades traería una deficiencia grande en el orden de nuestra santificación. “Con perseverancia escuchaban la enseñanza de los apóstoles, se reunían en la fracción del pan y en la oración ... alababan a Dios, gozando de la estima general del pueblo (Hechos 2,41-47). Desde entonces, la Iglesia nunca ha dejado de reunirse para celebrar el misterio pascual: leyendo cuanto a él se refiere en todo la Escritura (Lc. 24, 47), celebrando la Eucaristía, en la cual se hace de nuevo presente la Victoria y el triunfo de su muerte ...” (SC 6).

4. Proyectemos el Encuentro:

En nuestro caminar, Dios está presente de diversas maneras y se nos manifiesta con signos, a través de su Palabra y alimentándonos con su Cuerpo y Sangre en la Eucaristía. Dios nos habla, por medio de hombres y mujeres de buena voluntad, no confundamos los caminos, cuando esperamos y creemos Dios llega y se encarna en todos los creyentes. Dios va al lado de nuestra vida para los que quieran volver sus ojos hacia él y reconocerle.

Preguntémonos catequistas:

a) Tu como Catequista, ¿cómo has dejado que se encarne el Verbo de Dios en ti, para poder transmitirlo a los demás?

b) ¿Estás consciente que como catequista, debes de valorar primeramente la Eucaristía como principal alimento de tu fe?

c) ¿Qué importancia le das, como catequista, a tu formación en cuanto a la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia se refiere?

d) ¿Qué gestos de paz, bondad y sonrisas estás sembrando en tu comunidad, parroquia y familia?

e) ¿Qué importancia le das al testimonio cristiano en tu familia?

5. Celebremos el Encuentro:

1) Si se termina el retiro con la Celebración Eucarística, se recomienda que se resalte la Liturgia de la Palabra:

a) Entrar con Evangeliario

b) Entronización de la Biblia

c) Utilizar el Credo Eucarístico

d) Resaltar el signo eucarístico, comprando pan sin levadura (Panadería calificada) y varios cálices y se consagre con ellos (teniendo cuidado con las partículas).

2) En caso de que el retiro termine sin misa:

En torno al cirio pascual, la Biblia manifiesta, escuchar, entonar o rezar todos juntos el Himno Eucarístico y proclamar el Credo Eucarístico.

 

a) HIMNO
DEL 48º CONGRESO EUCARISTICO INTERNACIONAL:

GLORIA A TI, HOSTIA SANTA Y BENDITA,

SACRAMENTO, MISTERIO DE AMOR;

LUZ Y VIDA DEL NUEVO MILENIO,

ESPERANZA Y CAMINO HACIA DIOS. (2)

 

Es memoria Jesús y presencia,
es manjar y convite divino,

es la Pascua que aquí celebramos,
mientras llega el festín prometido.

 

¡Oh Jesús, alianza de amor,
que has querido quedarte escondido te adoramos,

Señor de la Gloria,
corazones y voces unidos!

 

Nos invita Jesús a su cena, a sentarnos con Él,
como hijos; Él bendice y da gracias al Padre,
y a nosotros nos junta consigo.

¡Acudamos, hermanos, sin miedo,
perdonados, humildes, contritos

a esta fiesta que a todos nos une,
disfrutemos el pan compartido.

 

Al banquete que Dios nos regala vengan pobres,
enfermos, tullidos,

que en la mesa que el Hijo preside
los humildes serán preferidos.

¡Oh Jesús, Evangelio del Padre,
del Espíritu Santo el Ungido,

al unirnos a ti que te entregas,
con los hombre queremos unirnos!

Cada vez que comemos del Pan y del Cáliz
bebemos el Vino,

anunciamos que un mundo más bello
se prepara y construye con Cristo.

¡Oh Jesús, sacramento viviente,

y semilla del Reino traído,

desde el Santo Misterio en que habitas
haznos fuertes y fieles testigos!

 

Mar adentro en el nuevo milenio,
naveguemos con Él sin peligro,

que en el cielo intercede y nos ama,
Sacerdote por todos los siglos.

¡Oh Jesús inmolado en la cruz,
mediador, oblación, sacrificio,

por tu Sangre eres paz de los hombres
y promesa de nuestro destino.

 

Una Madre escogida en la Tierra
engendró de su cuerpo a este Hijo,

y al Misterio pascual fue asociada
por la Gracia de Dios Uno y Trino,

¡Santa Virgen María, agraciada,
esperanza del hombre afligido,

tú nos llevas con mano amorosa al abrazo
y encuentro con Cristo!

b) Terminemos diciendo a dos coros:

CREDO EUCARISTICO DIOCESANO:

Coro 1: Creemos que la Iglesia nace de la comunión Trinitaria y que de ahí nacen los sacramentos para darnos gracia y santificación. Creemos que en nuestra Diócesis se vive el amor a la Eucaristía y nos motiva a vivir el amor en plenitud. Creemos que Jesucristo se hizo hombre para salvarnos, quedándose en la Eucaristía como alimento para nuestro peregrinar y como germen de vida eterna.

Coro 2: Creemos en la resurrección de Jesucristo como fuente de santidad. Creemos que María Santísima es el primer sagrario, es maestra de amor y adoración a la Eucaristía, siendo ella la estrella y promotora de la evangelización y la reconocemos como Madre.

Coro 1: Creemos en la Eucaristía como centro de luz y vida de nuestra Iglesia diocesana. Creemos que la Eucaristía es inmortalidad, antídoto contra la muerte y alimento para vivir siempre en Jesucristo. Creemos que la Eucaristía es el banquete y misterio donde Cristo se nos da en alimento, transformado el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre. Él la instituyó en la última cena.

Coro 2: Creemos que la Eucaristía sostiene la finalidad y el amor de los esposos uniendo a las familias. Creemos que la Eucaristía educa a los niños en la fe. Creemos que la Eucaristía es la fuente de agua viva, sacramento de unidad. Creemos que la Eucaristía y el Orden Sacerdotal son el regalo de Cristo a la humanidad. Creemos que la Eucaristía es fuente para el apostolado. Creemos que la Eucaristía es riqueza para los pobres y marginados.

Coro 1: Creemos en la Eucaristía porque nos une con Dios y con los hermanos y se convierte en fuente de unidad, alegría paz y amor. Creemos que la Eucaristía da confianza y esperanza a los moribundos. Creemos que la Eucaristía es una fiesta a la que todos estamos invitados. Creemos que la Eucaristía despierta en los adolescentes y jóvenes el deseo de servir.

Coro 2: Creemos en ti, Jesús Eucaristía, Luz y vida del nuevo milenio. Creemos que la eucaristía nos fortalece en nuestra fe, en nuestra esperanza y en nuestra caridad. Amén.