Hoy Viernes, 05 de diciembre de 2008 | 02:30

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TEMA 9
LA EUCARISTIA
COMO ACONTECIMIENTO
DE COMUNICACION

1. ENCUENTRO CON LA VIDA

La «comunicación» es una «categoría» y una realidad de gran importancia en la antropología actual. Se insiste en que la comunicación, no es sólo algo que pueda estudiarse como fenómeno social (v. gr. medios de comunicación), sino también y sobre todo como fenómeno humano, en cuanto que el comunicarse es algo fundamental para la existencia del hombre y para la convivencia de los hombres. En la comunicación, se afirma, entran tres elementos fundamentales:

- el emisor: obligado a emitir por unas determinadas señales de transmisión;

- el receptor: obligado a seleccionar la información para dar una respuesta;

- el medium: por el que se realiza el proceso comunicativo.

Por tanto, en la comunicación son importantes tanto el emisor y lo que emite, cuanto el receptor y lo que recibe, así como el medium y su capacidad transmisora. En la vida social la comunicación tiene múltiples facetas y abarca muy diversos elementos. Pero, fijándonos más en la comunicación interpersonal, hay dos medios privilegiados de comunicación: la palabra y los signos. Son como los símbolos privilegiados del hombre simbólico, a través de los cuales busca expresarse y comunicarse.

Expresión y comunicación van estrechamente unidas, si bien no se identifican sin más. No puede haber comunicación sin expresión, pero sí puede haber expresión sin comunicación. El hombre puede expresarse, sin pretender por ello comunicarse, ni dirigirse a los demás, v. gr. el que canta en solitario para expresar su alegría, sin pretender que nadie le oiga. En cambio no puede pretender comunicarse, es decir, «ponerse en común», si no es a través de una forma u otra de expresión.

La comunicación es para el hombre una necesidad vital y un misterio, una fuente de alegría y una causa de conflicto a la vez.

Desde el momento en que el hombre es un ser con los demás, es evidente que necesita convivir, relacionarse y comunicarse con los demás, para poder realizarse a sí mismo ayudando a realizarse a los demás, y para construir la historia. Pero esta interrelación y comunicación, base de la convivencia, resulta muchas veces conflictiva:

- Yo puedo comunicarme a los demás o sentirme incapaz de comunicación, puedo ser para ellos transparente u opaco.

- Los demás pueden ser mi posibilidad de ser o la negación de mí ser; pueden reconocerme o instrumentalizarme; pueden entenderme o malenten­derme.

- La comunicación plena supone la intermunicación, que conlleva la intercomunión. Pero esto no se da si no hay una mutua revelación del misterio, si no se encuentran puntos de comunicación y aún no es esto todo. El hombre en cuanto ser para Dios, en cuanto necesariamente referido al Ser Absoluto y trascendente, siente en su interior, sobre todo en las situaciones fundamentales de su existencia, la urgencia de una comunicación con el Tú divino, con el Otro incondicionado e infinito. Pero, ¿cómo entablar esta comunicación? ¿Con qué nombre llamar al Absoluto sin desfigurar su identidad? ¿Cómo decirle a Dios lo que siento sin mentirle? ¿De qué forma concretar mi lenguaje a Dios y descifrar el lenguaje de Dios? ¿Cómo interpretar sus signos? ¿Existe en verdad un símbolo o un medium para comunicarse con Dios?

El cristiano creyente sabe que el Dios a quien se dirige es el Dios de Jesucristo, que el lugar donde se comunica con Dios sin falsearlo es la comunidad eclesial, y que los principales símbolos por los que se comunica con Dios son los sacramentos, especial­mente la Eucaristía. De la misma forma que decíamos que la Eucaristía es «símbolo expresivo» o «expresión simbólica», así podemos decir también que es «símbolo comunicativo» o «comunicación simbólica».

2. PROFUNDIZACION EN EL SENTIDO

a) El símbolo y su carácter relaciona! o mediador

El símbolo tiene un carácter mediador, porque es «medium» de relación, porque hace de puente entre dos polos a los que se refiere, porque pone en comunicación a quienes ponen y perciben el símbolo. El símbolo es «medium» de comunicación entre los diversos sectores y ámbitos de la vida. Comunica el yo y la alteridad; lo inmanente y lo trascendente; la experiencia y el concepto; la realidad pasada, presente y futura; el sentido y la existencia...

De la misma manera, y sobre todo, el símbolo tiene un carácter relacional, porque interrelaciona al hombre, porque es vehículo de comunicación interpersonal. ¿Con quién comunica el símbolo?

- Conmigo mismo para mi propia comprensión y realización, sobre todo en la esfera del inconsciente y del propio misterio interior.

- Con los demás, para hacer posible la manifestación y el encuentro interpersonal.

- Con Dios, para desvelar y acercar su Misterio, desde la desvelación del misterio propio, y en vistas a una donación salvadora.

- Con la comunidad, para hacer posible la «puesta en común» de lo que nos une, y así apoyar la misma unión, en la fe, la esperanza y la caridad.

- Con el mundo, como realidad cósmica y material, para recordarnos nuestra propia creatureidad, y así hacer posible nuestra realización como seres en el mundo.

b) La Eucaristía y sus elementos originales de «comunicación»

La comunicación inter-humana existe a muchos niveles, y a través de diversidad de símbolos. Uno de estos niveles es el religioso-sacramental, y uno de estos símbolos de comunicación es la Eucaristía. La comunicación que se da en la Eucaristía, como en el resto de los sacramentos, es original por diversos conceptos: por la calidad del símbolo; por el carácter de comunidad; por las dimensiones de la comunicación; por la actitud de los sujetos que se comunican.

- El símbolo del banquete:

En la Eucaristía el símbolo tiene unas características y una estructura propia. No es agua ni aceite. Es pan y vino, que recuerdan el alimento y la comida humana, y nos remiten y hacen presente la última Cena de Cristo... El símbolo tiene en sí mismo una calidad comunicativa especial, ya que es un símbolo para compartir y celebrar, para poner en comunión y transformar. La fraternidad, la solidaridad, la común participación están puestas de relieve en el símbolo del pan y vino eucarísticos más que en cualquier otro símbolo sacramental.

- La comunidad: cristiana:

La comunicación que debe suceder en la Eucaristía es una comunicación, no entre cualquier grupo humano o social, sino entre quienes ya están en comunión y viven en comunidad en su vida. Comunidad y sociedad o grupo social no se identifican. Toda comunidad supone una «sociedad», pero no toda sociedad supone una vida comunitaria. Las diferencias son claras: mientras en la sociedad predomina el fin material o práctico, las relaciones externas, el derecho y la ley...; en la comunidad predomina la finalidad religiosa o espiritual, la relación fraterna de caridad, la vida y la fidelidad al Evangelio... Por todo ello el símbolo de la Eucaristía presupone una comunidad propia.

- Las dimensiones de la comunicación:

Otra de las peculiaridades de la «comunicación eucarística», la más importante, es que se trata de una comunicación, no sólo entre hombres, sino de los hombres con Dios; ni sólo en el plano humano, sino can el plano divino; ni sólo horizontal, sino también vertical-trascendente. En la Eucaristía, como en los demás sacramentos, nos ponemos en relación a través de la mediación simbólica, con el invisible y trascendente, con nuestros Dios y Salvador, Padre de nuestro Señor Jesucristo. En esta comunicación Dios entra como el personaje decisivo, como aquel que por su iniciativa suscita y posibilita la comunicación. Los sacramentos expresan sí el deseo del hombre de comunicarse con Dios, pero también la voluntad de Dios de comunicar­se con los hombres. Ahora bien, esta comunicación entre Dios y el hombre que expresan y realizan los sacramentos sucede a través de otra mediación necesaria y fundamental: la de la Iglesia. Los sacramentos son medios de comunicación con Dios porque son medios de comunicación de la Iglesia. No hay mediación sacramental que no sea al mismo tiempo mediación eclesial. Por tanto, al comunicarnos con Dios por los sacramentos, nos comunicamos necesariamente con la Iglesia. La comunicación de la Eucaristía no es, pues, ni simplemente horizontal, ni meramente vertical, sino triangular. El hombre se comunica con Dios, en la mediación de la Iglesia, representada en la comunidad concreta, y a través de un símbolo sacramental, que en nuestro caso es la Eucaristía.

- Comunicación total desde la fe:

La comunicación eucarística supone, no sólo una participación externa, ni sólo la aceptación de unos elementos internos, ni únicamente la sintonía de unos fines comunes, o en unos sentimientos íntimos. La comunicación eucarística supone una verdadera actitud de fe. No se hace ni se comprende sólo desde la simpatía o incluso amistad, sino desde la fe. La fe es la condición indispensable para que pueda aceptarse y tener pleno sentido para el sujeto tanto lo que el símbolo comunicante emite, cuanto el medio transmisor o signo por el que se emite, o la interrelación «triangular» que de ello resulta. La fe es la actitud condicionante y posibilitante de la intelección de los signos y el lenguaje, y de la aceptación del mismo mensaje que emiten. La interrelación que se establece entre los mismos miembros de la asamblea se especifica también porque se hace desde la actitud original y única de la fe, con todo lo que implica. Por otro lado, esta comunicación desde la fe, no abarca solamente un sector o vertiente del hombre, sino al hombre total: su cuerpo y su espíritu, su vida y sus actos, sus sentimientos y su libertad... Por esta comunicación se ve afectado y comprometido todo el hombre, en su vida privada y pública, en sus actos y actitudes.

c) Dimensiones de la acción comunicativa eucarística

Los elementos integrantes de la Eucaristía, en cuanto símbolo comunicativo, son los efectos resultantes de la comunicación eucarística. El que la Eucaristía sea en verdad un acontecimiento de comunicación inter-personal-triangular (hombre -Dios-comunidad Iglesia), a través de un «medium» simbólico concreto (pan-vino - estructura signal de banquete) implica y comporta unas consecuencias necesarias, que son los aspectos integrantes de la acción comunicativa.

- Revisión de la totalidad de relaciones:

El hombre es un ser con los demás en el mundo y para Dios. El hombre cristiano es esto mismo, pero vivido desde la fe, la esperanza y el amor que tienen su origen y su centro de sentido en Cristo. En su misma vida, el cristiano, debe sentirse como un hombre que vive originalmente su mundo interrelacional. Por el hecho de ser cristiano no prescinde ni mutila ningún campo de interrelación: consigo mismo, con los demás, con Dios, con las cosas creadas. Pero todos ellos los realiza desde una actitud y un sentido nuevo, que es el que le viene dado por el Dios de nuestro Señor Jesucristo. Ser cristiano no es una forma de prescindir del mundo, ni de los demás, es una forma de estar en el mundo y con los demás, desde la novedad de una fe en Cristo Salvador, como explicación última y sentido de todas las cosas.

La celebración de la Eucaristía no es otra cosa que la celebración del Misterio de Cristo en el misterio del ser cristiano. La acción comunicativa de la Eucaristía, supone que a través del símbolo eucarístico, se pone el cristiano de tal modo en comunicación con su mundo de referencias, es decir, consigo mismo, con los demás, con el mundo y con Dios, que no puede por menos de revisar y renovar la relación que con dichas «referencias» establece. ¿No es acaso verdad que, quien celebra sinceramente la Eucaristía, se ve llevado a encontrarse consigo mismo (Fe-Esperanza-Amor), con los demás (comunidad), con Dios (fidelidad) y con el mundo (valoración de la sinceridad) de forma renovada? ¿Y no es acaso la misma acción eucarística, con sus palabras y símbolos (= medios de comunicación), la que hace posible ese nuevo ser consigo mismo, con los demás, con Dios y con el mundo? Nuestro ser se estructura en su pluridimensionalidad referencial cristiana, sobre todo desde la celebración de la Eucaristía. Allí es donde aparece y se revela nuestra forma original de valorar, relacionamos y estar en el mundo y con los demás, desde Cristo.

- Nueva inserción en la historia:

La celebración de la Eucaristía supone una nueva relación con la historia salvífica y, por lo tanto, con la historia humana. La historia de la salvación no sucede al margen ni por encima de la historia humana, cual si se tratara de planos superpuestos e incomunicables. Sucede y se realiza, por el contrario, a partir y desde dentro de la misma historia humana. La historia de la salvación es Dios interviniendo en y desde los acontecimientos de la historia humana, para conducir dicha historia a su plenitud. Vivir el dinamismo de la historia salvífica no es, pues, alejarse de la historia de los hombres, sino injerirse más en ella, participando en plenitud de sus acontecimientos, para llenarlos de un nuevo sentido y horizonte, que es el de la presencia salvífica de Dios.

La Eucaristía, en cuanto acontecimiento comunicativo, realiza dos cosas importantes: nos relaciona de un modo original con el tiempo salvífico; y nos hace participar de un modo especial en el tiempo humano. La Eucaristía, como todo sacramento, recapitula el tiempo: pasado, presente y futuro, de un modo insuperable y único. Es memoria de un acontecimiento salvífico pasado; es presencia y actualización de ese mismo acontecimiento salvador; y es profecía o anuncio de un futuro escatológico, de un todavía no, que ya se hace presente con su fuerza y dinamismo de esperanza. La comunicación con el tiempo que se establece por la Eucaristía supera cualquier otro tipo de comunicación temporal humana, ya que en ningún caso el presente actualiza el pasado y anticipa el futuro como en la Eucaristía. Esta comunicación supone y lleva consigo la comunión con el mismo tiempo o historia salvífica, la participación en su dinamismo, la responsabilidad en su realización. Y es justamente aquí donde encaja el segundo aspecto que señalábamos: la participación especial en el tiempo presente. Si la Eucaristía nos comunica responsablemente con el tiempo de la historia de la salvación, no puede no comunicaremos con la salvación que sucede en este tiempo. Ello debe llevamos a comprometemos con nuestro tiempo y nuestra historia concretos, con los acontecimientos de la vida y las tragedias de los hombres, con sus alegrías y esperanzas. Este compromiso debe extender­se ciertamente al tiempo más cotidiano y anónimo, pero sobre todo al tiempo más decisivo y revolucionario, en el que se condensa, de modo especial el pasado y se proyecta el futuro.

- Configuración nueva en el plano de la publicidad:

La Eucaristía no es un símbolo de comunicación secreto, clandestino, individual. Es la manifestación pública del cristiano y de la Iglesia; es el «comunicado» de una forma de ser específica; es la aparición de la propia imagen ante los demás con su identidad propia. Las asociaciones, los grupos políticos o sindicales, tienen también sus celebraciones propias, desde las que se configura su imagen ante la publicidad, como sucede con el «congreso del partido» o el «día del sindicato», etc. Los cristianos tenemos una celebración específica por la que «publicamos» y damos a conocer nuestra propia imagen: la Eucaristía. Por esta reunión se les conoció a los primeros cristianos. En ella se expresaba su identidad, su forma de ser y vivir, su distancia y su diferencia con otras celebraciones sagradas o profanas. La Eucaristía supone no sólo una identificación de la comunidad frente a otras «fuerzas o poderes extraños», sino también la identificación de éstos ante la comunidad. Los sacramentos, pero sobre todo la Eucaristía, son la imagen que la Iglesia da de sí misma ante los hombres y el mundo; aunque no sean el único medio por el que se configura esta imagen. Por todo ello, podemos decir que la Eucaristía es un símbolo especial de comunicación y publicidad, por el que nos identificamos y somos identificados por el mundo y ante los demás. Nuestra forma pública (no la única, pero sí la más específica) de decir quién somos es principalmente la Eucaristía.

3. ACTITUDES PARA LA PARTICIPACION

a) Una comunicación plena:

El cristiano que participa en la Eucaristía debe tener con­ciencia de su responsabilidad comunicativa. La Eucaristía es, sí, símbolo de comunicación; pero un símbolo que cobra vida y se hace verdaderamente comunicativo cuando los participantes nos responsabilizamos de emitir y recibir un mensaje, de transmitir y aceptar una vida, de poner en común lo que nos une... La Eucaristía no es símbolo de comunicación en cuanto simple objeto material (pan y vino sobre la mesa del altar), sino en cuanto asamblea congregada en torno a la mesa del altar para celebrar el Misterio de Cristo y el misterio del ser cristiano. Es preciso que cada uno se comunique en la Eucaristía, para que la Eucaristía sea símbolo de comunicación. Esta comunicación será tanto más verdadera cuanto más plena, es decir, cuanto más abarque las diversas dimensiones de la comunicación: consigo mismo, con Dios, con los demás, con el tiempo y con la historia, con la sociedad y el mundo. Es difícil tener presente, en un acto reflejo, toda esta pluralidad de relaciones. Tampoco se trata de eso.

Para que la comunicación sea plena basta con que no queramos prescindir de ninguno de sus aspectos y estemos en disposición de desarrollar aquél hacia el que más propiamente nos orienta la liturgia del día, o el contenido de la celebración. Ciertamente, no será una plena actitud comunicativa la de quien participa en la Eucaristía sólo para rezar o comunicarse con Dios o sólo para encontrarse con los demás, o sólo para tratar problemas mundanos, o sólo para cumplir ritos de la Iglesia...

b) Instrumentos de comunicación:

Una de las preocupaciones fundamentales de quien celebra la Eucaristía debiera ser el ayudar y favorecer por todos los medios la comunicación de los hermanos entre sí y con Dios. Es decir, el ser verdaderos instrumentos de comunicación. Por desgracia, no predomina en nuestras asambleas un ambiente comunicativo. Nuestra actitud es con frecuencia individualista, de mutuo extrañamiento y desconocimiento, de despreocupación y pasividad ante lo que allí sucede. Por otro lado, nos encontramos con que, de hecho, toda comunicación está concentrada y paralizada por el presbítero que preside la celebración. Sólo él es factor activo de comunicación y con frecuencia toda comunicación en la asamblea pasa por él: ritos y palabras, gestos y movimientos. Esta situación tendría que cambiar con una actitud diferente de todos, según la cual el ideal fuera ser instrumentos de comunicación e intercomunicación para los demás, animando, sugiriendo, creando espacios, respetando los carismas de los demás, acogiéndonos mutuamente...

4. APLICACION A LA CELEBRACION y LA VIDA

a) Los agentes de la comunicación:

En una celebración litúrgica los agentes de la comunicación son Dios, la Iglesia y el hombre, que se concretan y entran en comunicación a través de una presencia inmediata variada:

- Dios se comunica por Cristo y en la fuerza del Espíritu.

- La Iglesia se comunica por sus ministros: obispo, sacerdote, diácono.

- El hombre se comunica por las personas concretas reunidas en comunidad, sobre todo por los que ejercen los diversos ministerios: lector, cantor, monitor, predicador...

Cada uno de estos agentes de comunicación debe ser situado ocupar en la celebración el nivel que le corresponde, la función que le es propia. Dios será el agente principal de comunicación, el «emisor originan te», gracias al cual podemos nosotros comunicamos con El y con los demás, desde su mensaje. El objetivo principal de la Eucaristía será hacer posible, transparente, actual, esta comunicación de Dios al hombre, ya que Dios se nos comunica, no de forma directa y visible, sino de forma invisible y mediada. Los otros agentes de comunicación: la Iglesia (= ministro), y los participantes (= asamblea y ministerios) tienen por función principal el establecer entre sí una comunicación de tal tipo, que acoja y haga eficaz la comunicación de todos con Dios y viceversa, de manera que haya un verdadero diálogo y encuentro. Esto supone que la comunicación sea, no sólo vertical (de la asamblea con Dios), sino también horizontal (entre los diversos miembros de la asamblea); y no sólo descendente (de Dios a la asamblea), sino también ascendente (de la asamblea a Dios) por la respuesta. Nada más opuesto a este objetivo que el acaparamiento, la sustitución o la supresión de las funciones comunicativas de cualquiera de los «agentes de comunicación».

b) Los actos de comunicación

Son aquellos medios o acciones que los diversos «partners» ponen en orden a expresarse y comunicarse. Pertenecen a dos órdenes fundamentales:

- El de la Palabra: actos de comunicación verbal o lingüística: lecturas, oraciones, aclamaciones, cantos, predicación...

- El del gesto o signo: actos de comunicación no lingüística, de diversa índole: ordenación del espacio, colocación de participantes, movimientos del cuerpo (procesiones...) signos que afectan al sentido (incienso, velas, flores), gestos mímicas o expresiones (mirada, sonrisa...), posturas corporales (arrodillados, sentados, de pie)...

En la comunicación litúrgica, como en todo tipo de comunicación, no todo consiste en poner el medio de comunicación. Es preciso llenado de sentido y de vida, ejecutándolo de tal forma que exprese y diga todo aquello a lo que está destinado. Una misma palabra puede decirse de forma personal o impersonal, con entusiasmo o con frialdad, con convencimiento o sin él. Y un mismo gesto puede realizarse fría o temporalmente, con participación o precisamente, viviendo su sentido u ocultándolo. Aquí se manifiesta la diferencia entre el que actúa como instrumento de comunicación y el que es obstáculo a la misma, entre el ritualista y el verdadero celebrante.

Por otro lado, es preciso que en toda celebración exista un equilibrio de los actos comunicativos (palabra y signos), de modo que se evite tanto la inflación verbalista, que racionaliza y reduce a discurso la liturgia, cuanto el ritualismo mágico, que conduce a una ejecución mecánica de los ritos.

Signo y palabra deben completarse y apoyarse, pero no deben sustituirse. Si antes corríamos el peligro del ritualismo en la Eucaristía, es claro que hoy nos sentimos tentados del verbalismo y la racionalización de la Eucaristía.

5. PUNTOS PARA LA REVISION

a) La celebración de la Eucaristía ¿nos comunica de verdad con la comunidad y con el mundo, o nos lleva a abstraemos del mundo y la comunidad?

b) Indica aquellos elementos que para tí son obstáculos de comunicación con Dios y los demás en la Eucaristía.

c) Señala que cabría revisar o hacer en tu comunidad para que la Eucaristía fuera verdadero acontecimiento celebrativo.

6. ORACION Y MEDITACION

«Nada hay como la concordia y consonancia de unos con otros. Porque así uno vale para muchos. Si están concordes dos o diez, ya cada uno no es uno, sino que se duplica, y hallarás en los diez uno solo, y en uno solo los diez... ¿Tiene uno de ellos necesidad? No se verá en la indigencia, pues abunda por la parte mayor, que son los nueve; y la parte necesitada queda cubierta, por ser la menor, con la abundancia de la mayor...».

S. JUAN CRISOSTOMO,
San Juan Hom. 78: Salmo 1, 587-588

 

«Bendito seas, Padre,

por el don del oído y la palabra

que nos permite comunicamos

con el mundo y con los hombres, nuestros hermanos;

y por todo lo que deleita nuestro oído:

el murmullo del arroyo, el susurro del viento,

el canto de los pájaros y la rica sinfonía del universo.

Bendito seas

por el ruido del motor y los cohetes,

símbolos de un universo

paulatinamente transformado

por la capacidad creadora del hombre.

Por la fina sinfonía

que el artista orquesta en tu alabanza

y por los gritos de risa de la gente.

Bendito seas

por el inmenso privilegio del lenguaje humano:

por el balbuceo del pequeño,

primer paso de contacto con el mundo;

por el diálogo de los esposos,

fuente de intercambio y alegría recíproca;

por los encuentros fraternos

que edifican poco a poco a tu imagen

un mundo mejor.

Recordando el don de tu Palabra al mundo,

y en unión con Jesús, muerto y resucitado,

te presentamos ahora nuestro esfuerzo

por estar atentos al acontecer de cada día;

la pobreza de nuestros diálogos

y las dificultades que tenemos

para comunicamos plenamente con nuestros hermanos.»

 

MAERTENS, Libro de oración, pp. 118-119