![]() |
![]() |
![]() |
|
|
Hoy
Viernes, 05 de diciembre de 2008 | 02:58
|
|||
![]() |
![]() |
|
|
|
|
TEMA 10 1.
ENCUENTRO CON LA VIDA Parece
claro que estamos en una sociedad y en una cultura en las que apenas tiene lugar la
«fiesta verdadera». Varios son los datos que lo muestran: En nuestra sociedad han
desaparecido cantidad de fiestas de carácter cósmico, pastoril, agrícola... al darse
paso a la industria, la urbanización, la gran ciudad. Hoy parece
que la única posibilidad de fiesta es aquella en que entran en juego las relaciones
sociales: fiesta política, grupos de amigos, manifestaciones... La fiesta
desaparece por la misma estructura social y el nivel de relaciones: anónimas,
comerciales, intercambios materiales y periféricos... Siendo así que la fiesta requiere
un grupo, comunidad, donde todos están interesados en celebrar algo. En nuestra
sociedad predomina lo analítico-racional sobre lo espontáneo, creativo, íntimo. El
error está en que lo racional, técnico, sistemático, estadístico, intenta monopolizar
y regular todas las esferas de la vida humana, siendo así que son muchos los campos que
quedan fuera de esta perspectiva: amor, alegría, depresión, sentimientos interiores,
goce estético, paz, fantasía... Nuestra
sociedad parece mirar sospechosamente todo lo que supone «emoción», «romanticismo»...
en pro de una objetividad reducida prácticamente a lo experimental. Pero nunca es bueno
ni saludable, sino monstruoso, el reducir a la persona a un ser frío, desencantado,
aislado, sin imaginación. Es cierto
que en nuestra sociedad se organizan «fiestas». Pero las más de las veces estas fiestas
están dominadas por lo puramente convencional, lo técnico, lo sofisticado; sin contacto
con la naturaleza, con la comunidad verdadera. Tales son, por ejemplo: clubs, discotecas,
salas de fiesta, donde se amontonan miles de jóvenes los sábados y los domingos. Estas
formas de diversión son muchas veces, más que fiesta, «orgía»; más que expansión,
manipulación. El pueblo
hoy no tiene ya posibilidad de celebrar verdadera fiesta, porque la misma estructuración
de la sociedad no ofrece la posibilidad de celebraciones auténticamente festivas. Con
todo, a un nivel más de grupo o de familia suelen celebrarse «fiestas»: -
Acontecimientos de la vida: institucionalizados (nacimientos), de carácter repetitivo
(aniversario) o cíclico (estaciones, año nuevo)... -
Acontecimientos personales o familiares: aniversario, matrimonio, onomásticos... - Fiestas
profesionales, taxistas, comerciantes... - Fiestas
comerciales: antes, ferias; hoy, fiestas de consumo... - Fiestas
relacionadas con la naturaleza y las estaciones: carnaval, San Juan,
Año Nuevo... Esto son más orgías que otra cosa. De todos
modos, una cosa parece clara: que el pueblo, en el fondo, necesita y desea celebrar. De
ahí que, como reacción a esta desaparición o degeneración de las fiestas, se busque la
verdadera celebración festiva. Hartos de la técnica, del ritmo vertiginoso... se desea
el esponjamiento de algo más espontáneo y libre, más sincero. 2.
PROFUNDIZACION EN EL SENTIDO a) Algunos
aspectos fundamentales de la fiesta Entonces,
¿qué elementos promueve y expresa la fiesta, que el hombre busca por encima de los
condicionamientos de nuestra sociedad? ¿Qué es la fiesta? La fiesta
aparece como una exigencia estética y afectiva del hombre, como la búsqueda de
satisfacción de unos deseos de plenitud, de belleza, de dicha. Consiste esencialmente en
la afirmación exuberante de la vida, en contraste con la monotonía del ritmo diario. En
la expresión comunitaria y alegre, a través de unos ritos y gestos, de las experiencias
y anhelos comunes. Los rasgos fundamentales que caracteriza la fiesta humana son los
siguientes: - La fiesta
es un juego inútil: Porque no
sirve para nada útil, material, pragmático. No se hace
fiesta por ganar dinero. Pero esto no quiere decir que no tenga sentido. La fiesta es la
afirmación más grande de que la vida tiene sentido, de que merece la pena vivir y gozar.
Jugar, festejar, es de algún modo «perder el tiempo», pero ningún tiempo con tanto
sentido como la fiesta. - La fiesta
es la afirmación de la vida: Celebrar o
hacer fiesta es un acto de afirmación del mundo y de la vida, es un sí a la vida, un
juicio favorable sobre la existencia humana. Sí la vida no tiene sentido para mí, si es
absurda, difícilmente puedo celebrar fiesta. La fiesta no ignora los problemas y el mal,
pero supone la convicción de que el bien puede triunfar sobre el mal, el gozo sobre el
trabajo forzado y los problemas diarios. - La fiesta
es exuberancia: Es decir,
supone, de algún modo, el exceso, el despilfarro: vestido, comida, bromas, danzas, gasto
extraordinario... Esto supone sentirse libre sobre la norma diaria, sobre la monotonía de
lo cotidiano, sobre las convenciones impuestas. - La fiesta
es yuxtaposición y contraste: Por eso en
la fiesta cabe el exceso, la burla, la risa, la crítica... En la fiesta se yuxtaponen el
trabajo y el juego, la normativa y lo extraordinario, la ley y la libertad frente a la
ley, la apariencia de lo normal y lo ridículo de lo normal... - La
fiesta es liberación y expresión de la libertad: En la
fiesta el hombre busca sacudirse las esclavitudes de cada día: monotonías, normas,
escasez, ritmo impuesto, protocolo, barreras... En la fiesta tienden a caer las caretas y
uno se manifiesta como es, con espontaneidad, libertad, creatividad, generosidad... Por
eso la fiesta tiene un carácter de impugnación, de protesta contra todo lo que nos
oprime en la vida diaria. - La
fiesta es expresión de nuestros anhelos más profundos: En el
hombre hay muchos anhelos y esperanzas ocultas que no puede expresar en su vida cotidiana:
felicidad, plenitud, paz, proyectos que desearía realizar... Todo esto constituye el
«plus de significación» de su vida. Pues bien, la fiesta permite que el hombre exprese
estos anhelos por medio de la fantasía, la imaginación, la poesía y el juego. - La fiesta
es la superación de la soledad. Nadie
celebra fiesta en solitario. Celebrar es compartir, poner en común, encuentro y
comunicación espontánea con los demás, no a un nivel utilitario o mercantil, sino a un
nivel de sinceridad, amistad, espontaneidad y generosidad. b) La
celebración litúrgica de la Eucaristía como fiesta Ni la
fiesta humana, ni la fiesta religiosa, se confunden con la simple «diversión evasiva»,
ni con la «orgía exultante». No son
evasión, porque lejos de olvidarse de la realidad, la asumen en una dimensión más
profunda. Mientras la «diversión» es con frecuencia huir de la realidad, la fiesta es
meterse más de lleno en la realidad. No son
«orgía», porque no degeneran en exaltación, violencia, simple transgresión, extremo
deformante. La orgía no es afirmación de la vida, sino evasión; no crea unión, sino,
vacío y soledad. En la fiesta sucede lo contrario. Aclarando
este punto, veamos cómo se realizan las características de la fiesta en la celebración
eucarística: - La
gratuidad La
celebración litúrgica es algo gratuito, indebido, inútil. No se
celebra la liturgia para ganar dinero, ni conquistar méritos, ni ganar los favores de
Dios, ni adquirir fama o prestigio... En la
liturgia hay que saber «perder el tiempo por Dios», pues se va para afirmar el sentido
desde Dios. Se va a contemplar y gozar a Dios. A admirar a Dios. A dejarse maravillar de
Dios, a dejarse entusiasmar... La fiesta
litúrgica es un «juego gratuito». Es, diríamos, un juego con Dios a través del juego
ritual simbólico. No es que
la liturgia se confunda con el juego, pero sí tiene algo que ver con él, por el
movimiento, ritmo, acción... Nada más
gratuito que la fiesta litúrgica, porque en ella se celebra verdaderamente lo inmerecido,
la bondad y la misericordia y salvación de Dios, que supera toda medida. - La
afirmación de un sentido de la vida: Hemos
dicho que la fiesta es una afirmación de la vida y de su sentido, su positividad... Pues bien,
la fiesta litúrgica es la afirmación del sentido de la vida, pero desde una perspectiva
original: la FE. En la liturgia se afirma la vida, la existencia desde el sentido nuevo
que le ha dado Cristo. La vida es
afirmada, no sólo en su presente, sino también en su pasado y en su futuro. Es la
posibilidad, la seguridad de que lo negativo nunca tendrá la última palabra para
nosotros. En la
fiesta litúrgica se afirma el fundamento de todo, el origen y el final en Cristo, Señor
de todo. - La
expresión de un exceso de significación: En la
liturgia, el exceso, la exuberancia externa, se manifiesta en la misma acción ritual, en
la solemnidad, en los cantos, en la participación del número y la calidad de la gente. A ello
contribuye también la exuberancia del vestido, de los atuendos de los participantes
(velo...). Pero sobre
todo la exuberancia se manifiesta en que el hombre en la fiesta litúrgica expresa ese
plus de significación trascendente de la vida, esa referibilidad que no se palpa
externamente en los acontecimientos de la vida, pero que se intuye, se siente. Más aún,
la exuberancia está en la superabundancia de la salvación, en el gozo de algo que se nos
ofrece sin medida. Es exuberancia de la vida que llevamos y de la vida que recibimos. - La
libertad y la liberación: El hombre,
hemos dicho busca liberarse de las mil ataduras de los sistemas sociales, de los
convencionalismos... del trabajo. Pues bien, ninguna liberación festiva es como la de la
liturgia; la liberación de la liturgia es la definitiva, total, incondicionada,
insuperable. Toda
liberación humana conlleva una cierta esclavitud o ambivalencia. La liberación
litúrgica en su significado es la liberación más plena: porque en ella se supera, desde
un punto de vista humano, la esclavitud de todo lo cotidiano, en un nivel distinto y
original, que se supone aceptado libremente por cada uno...; porque la liberación que se
ofrece desde Cristo no es una realidad sólo esperada, sino una realidad actual:
actualización del misterio liberador pascua! - La
protesta contra la esclavitud: La fiesta
litúrgica es verdaderamente una «protesta», una contestación original, en cuanto nada
de lo humano se adecua al ideal cristiano que celebramos y que se nos propone, ni al ideal
humano tal como nos lo presenta el Evangelio. Basta
pensar en lo que significa el «memorial», como actualización del misterio salvífico y
del proto-tipo o anti-tipo Cristo, para darse cuenta de que este memorial cuestiona toda
nuestra vida, relativiza todas nuestras pretensiones absolutistas. Y basta
que recordemos el espíritu de las bienaventuranzas, como proposición original de un
nuevo sistema de valores que da vuelta completa a nuestras categorías, valores y
pretensiones... para darse cuenta que la liturgia es la confrontación más radical, la
crítica más tremenda que podemos recibir de todos los valores sobre los que se apoya
nuestra vida. ¿Qué es,
en concreto, lo que se protesta y critica? Todo en realidad, ya que nada es la respuesta
plena al ideal propuesto. Se critican las actividades y comportamientos, la vida y la fe,
el mismo rito y celebración... «El
lenguaje cristiano constituye un negativo de todo orden político u otro, que afirme la
pretensión de hacer de su coherencia una expresión del sentido universal del ser
humano». Es una
«distancia con relación al orden establecido, que más que pertenecer al orden de la
crítica pertenece al orden del exceso, de la apertura». - El gozo
de la fe Evidentemente,
la fiesta litúrgica, aunque implica la celebración de la vida, no se queda en la
celebración simplemente humana de la vida del hombre. Es celebración de la vida, sí,
pero en cuanto es vida en Cristo; en cuanto se acepta y asume su sentido desde la fe. Por eso la
fiesta litúrgica es la celebración de la fe, es la expresión, profesión pública,
proclamación de un sentido de vida que sólo es accesible a los que creen. Más aún,
es la celebración del gozo de la fe, de la alegría de la resurrección, del entusiasmo
por esa persona misteriosa, que nos atrae, fascina y envuelve en el misterio a la vez, y
que es Cristo. Es ese gozo íntimo y profundo que se siente e invade todas las fibras del
ser, y del que dice el Evangelio que nadie podrá arrebatárnoslo. La
liturgia es la fiesta de la fe. Y la fe de la fiesta propone un ideal que no es la
conclusión lógica de un razonamiento; es la convicción profunda de que la vida, con sus
secuelas de alegría, salud, libertad, puede más que la disgregación y la muerte. El
ideal no es pura imaginación, se apoya en experiencias íntimas, pero reales, pertenece
al terreno de la esperanza. Por todo
ello la fiesta litúrgica no quiere decir chiste, risa, carcajada o burla... Quiere decir,
sin embargo, que el gozo debe encontrar sus elementos propios de expresividad: movimiento,
danza canto, música, palabra... - La
interrelación nueva Otro
elemento fundamental de la fiesta litúrgica es su aspecto interrelacional, su capacidad
para crear, potenciar la relación entre los hombres. Es el
aspecto que se llama «comunicativo» o «comunal» (técnicamente, el «potlach»), ya
que la fiesta supone un intercambio, puede ser de dones entre grupos, personas... o de
cortesía, ritos, ceremonias, danzas... En la fiesta existen tres obligaciones: dar -
recibir - devolver; la fiesta supone un intercambio, un va y ven, una comunicación; y
esto de un modo generoso, a veces con grandes dispendios exceso. (Cf. boda, bautizos...).
Si no existe este intercambio, esta comunicación, no hay fiesta, no hay fruición
participada. Debido a
esta interrelación, a esta comunicación en la fiesta, surgen nuevos conocimientos,
nuevas formas de estar con los demás, de relacionarse. Surge, en definitiva, y se hace la
comunidad. La fiesta litúrgica supone tener algo en común, crear nuevos lazos de vida
comunitaria. Por tanto, la fiesta si es algo es también expresar, crear, alimentar nuevas
relaciones por medio de la comunicación. 3.
ACTITUDES PARA LA PARTICIPACION Si
quisiéramos concretar en una las actitudes que permiten celebrar la Eucaristía como un
verdadero acontecimiento festivo, tendríamos que referimos al gozo y la alegría. No es
posible hacer fiesta cuando han desaparecido los motivos para alegrarse. Cierto, uno puede
tener uno u otro carácter, este o aquel talante; y puede vivir diferentes situaciones y
pasar por diversos estados de ánimo. No siempre se tiene la misma disposición para
alegrarse. Sin embargo, quien conserve los motivos de la alegría, quien cree que merece
la pena vivir, quien sabe que merece la pena creer, quien descubre el sentido del amor,
quien tiene razones para esperar... Ese, que es el verdadero cristiano, puede siempre
celebrar la fiesta de la Eucaristía, aun en medio de lágrimas y tristeza, porque sabe
que nunca le faltará Dios, y Dios es la raíz última de la definitiva alegría. Para
participar en la fiesta eucarística hay que sentir por dentro el gozo de la fe, el
arrebato de Dios. Hay que estar convencidos de la grandeza de lo que poseemos, de la
riqueza de lo que celebramos, de la plenitud de lo que esperamos. Hay que tener
experiencia del Dios cercano y vivo, que nos posee y nos transforma... Pero
también, para celebrar la fiesta de la Eucaristía, hay que querer expresar hacia fuera
el gozo que sentimos dentro. No basta con alegrarse con Dios, es preciso alegrarse con los
demás, sentirse contento de compartir con ellos lo más grande de nuestra vida. Sólo
cuando el gozo se hace explosión y comunicación, podemos decir que comienza la fiesta. Finalmente,
para que la Eucaristía sea una fiesta, es preciso estar dispuestos, no sólo a expresar a
los demás nuestra alegría, sino también a aceptar la expresión de alegría de los
demás, acogiéndoles como son, alegrándonos desde su mismo ser. La actitud del que
participa en la fiesta no puede quedarse, ni sólo en dar, ni sólo en recibir la
alegría. Tiene que ir hasta hacer posible que todos se alegren, que todos compartan el
gozo de la fiesta. 4.
APLICACION A LA CELEBRACION y LA VIDA ¿Puede
ser la Eucaristía dominical una verdadera celebración festiva? Esta es, quizás, la
pregunta en la que más puede concretarse todo lo dicho anteriormente. Reconocemos, en
principio, que las dificultades son muchas, tanto por parte de la misma estructura
litúrgica, cuanto por parte de los que presiden las Eucaristías, y debido a la actitud
de los participantes. Pero, sin ponemos a examinar estos aspectos, veamos si la Misa del
domingo puede ser siempre una celebración festiva, y cuáles son los medios que habría
que poner para que lo fuera. - Digamos
ya de entrada que para nosotros la Misa de cada domingo no puede pretenderse que sea una
fiesta con todas las de la ley, aunque sí debe serlo la Misa de ciertos domingos. Parece
imposible celebrar una fiesta por semana. Es cierto que no por eso dejará de ser una
fiesta. Pero diríamos que la Misa del domingo se define más como «celebración» que
como «celebración festiva», ordinariamente. Siempre hace falta un motivo especial»
para la fiesta, y no todo domingo tiene ese motivo «especial», desde un punto de vista
humano. - Estos
motivos especiales nos vienen indicados por el mismo calendario litúrgico, que reserva el
nombre de fiesta para días especiales del año: Navidad, Pascua, Pentecostés,
Ascensión... Estos días debe hacerse verdadera fiesta: responden a la psicología del
pueblo y al sentido de la fiesta o celebración. - Los
tiempos fuertes también son ocasiones «especiales» para verdadera fiesta: comienzo de
Adviento, de Cuaresma... - Lo mismo
puede decirse de la «fiesta del pueblo», del barrio... - y lo
mismo de algunas celebraciones de los sacramentos: primera Eucaristía, Confirmación,
Exequias, Aniversarios... La
cuestión es ésta de nuevo: ¿Qué se hace para que la una fiesta? Creemos que estas son
las acciones Eucaristía resulte más importantes: Comprometer
al mismo pueblo o comunidad en su preparación. Educar y
preparar psicológicamente al pueblo, a la comunidad concreta. Suscitar
su creatividad: en ritos, procesiones, símbolos, gestos... Cuidar el
elemento musical: cantos, música, coros... Integrar
el elemento humano y cristiano de la fiesta... Potenciar al máximo la
participación-comunicación... 5.
PUNTOS PARA LA REVISION a)
Personalmente, ¿es tu actitud en la Eucaristía una actitud que favorece la celebración
festiva, alegrándose de alabar a Dios con los demás? b) Compara
las fiestas populares con la fiesta de la Eucaristía, y piensa qué lecciones podrían
sacarse respecto al ambiente, la participación, la expresión... c) En
concreto, ¿qué medios habría que poner o proporcionar, y en qué momentos, para hacer
posible una Eucaristía festiva en tu comunidad? 6.
ORACION y MEDITACION «Y ahora,
después que el enemigo, tirano del mundo, fue muerto, de ninguna manera, amados míos,
participamos de una fiesta temporal, sino de aquella eterna y celestial; la cual nosotros
no la mostramos en figuras, sino que verdaderamente la realizamos. Entonces celebraban la
fiesta con la comida de la carne de un cordero irracional, y ahuyentaban al exterminador
con ramos mojados en la sangre del Cordero (d. Ex 12,22). Pero ahora, cuando comemos al
Verbo del Padre, y signamos los labios de nuestros corazones con la sangre del Nuevo
Testamento, conocemos que nos ha sido dada la gracia por el Salvador... ...Ahora,
pues, todas las cosas sobreabundan y saltan de alegría, como ya fue escrito; «El Señor
reinó, alégrese la tierra» (Ps 96,1). Entonces reinaba la muerte cuando llorábamos
sentados en las orillas de los ríos de Babilonia (d. Ps. 136,1), y nos entristecíamos en
la amargura de la cautividad. Ahora, destruida la muerte y el reino del adversario, todo
se ha llenado de copiosa alegría y gozo. Y no solamente en Judea es conocido Dios (d. Ps.
75,2), sino que por toda la tierra salió su voz (d. Ps. 28,5), y el universo está lleno
de la sabiduría del Señor (d. Is. 11,9). Por lo demás, es claro, amados míos, que es
necesario para nosotros, que participamos en tal festividad, vistamos nuestras conciencias
no con sórdidos vestidos, sino que las adornemos con atavíos del todo puros en este día
de nuestro Señor Jesús, para que realmente podamos celebrar con El esta festividad.
Ciertamente nos vestimos así cuando amamos la virtud y odiamos el vicio; cuando guardamos
la castidad y rechazamos la lascivia; cuando preferimos la justicia a la iniquidad; cuando
satisfechos con lo necesario, más bien fortalecemos nuestro espíritu; cuando no nos
olvidamos de los pobres, sino que todos queremos estén abiertas nuestras puertas; cuando
deseamos humillar nuestro espíritu y detestamos la soberbia...» S. ATANASIO,
Caria 4, n. 3ss: «Realmente es justo y necesario, nuestro deber y salvación bendecirte, Señor, Padre Santo, por medio de Jesucristo, tu Hijo, por quien has creado el universo y
el tiempo: has señalado en el universo
estaciones, los días, los meses y las semanas; has llamado al hombre para un
trabajo creador, jalonado de fiestas y de descansos. Tú has sembrado en el corazón del
hombre el deseo de dominar el mundo y de llegar a una fiesta sin
límites. Al señalar las fiestas, nos proporcionas descanso de
fatigas, oportunidad de amistades y de
diálogos, mesa común de fraternidad con los
amigos, canto y diversión, sosiego y
paz... ...Por tanto, Señor, siguiendo el precepto de tu Hijo, conmemoramos el memorial de la
fiesta cristiana, que es la resurrección, ascensión
y expectación gloriosas de un domingo definitivo. Día de descanso del trabajo
fatigoso, primer día de una nueva creación. Envíanos tu Espíritu, para que sepamos descansar de nuestras fatigas, para que encontremos en el domingo
la alegría y la libertad, la comunión y la plenitud...» Plegarias
de la Comunidad, pp. 208-209
|
||