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Viernes, 05 de diciembre de 2008 | 02:09
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CUARESMA
2005 RETIRO PARA CATEQUISTAS Tema: Los catequistas nos
alimentamos de la Palabra y de la EucaristíaObjetivo: Reflexionar como
catequistas en la importancia de alimentarnos de la
Palabra de Dios y de la Eucaristía, para
que orientados con la carta encíclica (La Iglesia vive
de la Eucaristía), nuestra tarea tome mayor fuerza
nutriéndose de este doble banquete. Ambientación Algunos
carteles con frases alusivas al tema, motivos Eucarísticos
y de la Biblia. 1. Motivación a) Lo que queremos con este retiro: - Actuar decididamente en la escucha de la Palabra. - Motivarnos a comulgar siempre, sabiendo que solo a través
de la Eucaristía nos configuramos con Cristo. - Vivir mejor esta cuaresma b) Ambientación. Cantos: v
Tu Palabra me da vida. v
Eucaristía milagro de amor. v
Mi pensamiento eres Tú Señor. 2. Celebración Preparar anticipadamente el altar para
colocar: la Biblia; sobres que contengan cada uno frases
alusivas a la Palabra de Dios, y un cesto con
pan para cada uno de los participantes. Monición
inicial Hermanos nos hemos reunidos para dar Gracias
a Dios, por el don de la Palabra y por la Eucaristía,
Cuerpo de Cristo. Que la Palabra de Dios, nos ayude
a comprender sus designios y que el Cuerpo y la Sangre
de Cristo nos transforme en Testigos Auténticos. Catequistas, recordemos que nuestra Madre
la Iglesia nunca ha dejado de repartir a sus hijos,
el alimento de la vida eterna: La Palabra y el
Cuerpo de Cristo. Este paso se hace en dos momentos: a) platicar
por parejas y b) compartirlo en el grupo en general: Se invita a que cada participante tome
un pan, dando un espacio y motivando a la reflexión,
para que relacionen el pan que tienen en su mano
con la Palabra y con la Eucaristía. (Sugerimos,
que cada quien le de la aplicación conveniente de acuerdo
a su realidad.) Quien
preside proclama la siguiente oración. Señor, Dios Nuestro que nos has dejado tu Palabra, en la
Sagrada Biblia y nos alimentas con el pan que es Cristo,
Infunde en cuantos hemos participado en esta Celebración
la Alegría de tu Luz y tu Verdad, para seguir el camino
hasta la plenitud de tu Visión, te lo pedimos por Jesucristo
Nuestro Señor. Todos:
Amén. 3. Salgamos al encuentro Se integran grupos de catequistas para
una mejor participación, los cuales leen los siguientes
párrafos. a) (segunda carta a Timoteo 3, 16-17). En primer lugar, San Pablo dice a Timoteo
que toda Escritura ha sido inspirada por Dios y es útil
para enseñar, para persuadir, para corregir, para educar
en la virtud, de modo que el ministro de Dios se prepare
bien para toda obra buena. b) Directorio General para la Catequesis
No. 70. En la comunidad cristiana, los discípulos
de Jesucristo se alimentan en una doble mesa: «La de
la Palabra de Dios y la del Cuerpo de Cristo».
Cf. DV 21. El Evangelio y la Eucaristía son su
constante alimento en el peregrinar hacia la casa del
Padre. La acción del Espíritu Santo hace que el don
de la «comunión» y el compromiso de la «misión» se ahonden
y se vivan de manera cada vez más profunda. Todos somos servidores de la Palabra.
Nadie está por encima de ella sino todos a su servicio.
Todo oyente y proclamador de la Palabra debe
tener amor a la Verdad, pues la verdad que transmite
y profundiza es la Verdad primera (Cf. Jn. 14, 6) el
mismo Dios. (Cf. EN 78). Todos estamos llamados a ser verdaderos discípulos y proclamadores auténticos
de la Palabra Viva. c) La Eucaristía es
el compendio y la suma de nuestra fe: Nuestra manera
de pensar armoniza con la Eucaristía y a su vez
la Eucaristía confirma nuestra manera de pensar
(San Ireneo). Carta Encíclica
de S.S. Juan Pablo II Ecclesia de Eucaristía (La Iglesia vive de la Eucaristía). CAPITULO I d) No. 11 «El Señor Jesús, la noche en que fue entregado»
(Icor 11, 23), instituyó el Sacrificio eucarístico de
su cuerpo y de su sangre. Las Palabras del Apóstol
Pablo nos llevan a las circunstancias dramáticas en
que nació la Eucaristía. En ella está inscrito
de forma indeleble el acontecimiento de la pasión y
muerte del Señor. No sólo lo evoca sino que lo hace
sacramentalmente presente. Es el Sacrificio de la Cruz
que se perpetúa por los siglos. Esta verdad la expresan
bien las Palabras con las cuales, en el rito
latino, el pueblo responde a la proclamación del «misterio
de la fe» que hace el Sacerdote: «Anunciamos tu muerte,
Señor». La Iglesia ha recibido la Eucaristía
de Cristo, su Señor, no sólo como un don entre otros
muchos, aunque sean muy valiosos, sino como el don por
excelencia, porque es don de sí mismo, de su persona
en su santa humanidad y, además, de su obra de salvación.
Ésta no queda relegada al pasado, pues» todo lo que
Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres
participa de la eternidad divina y domina así todos
los tiempos... Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía,
memorial de la muerte y resurrección de su Señor, se
hace realmente presente este acontecimiento central
de salvación y «se realiza la obra de nuestra redención»
Este sacrificio es tan decisivo para la Salvación del
género humano, que Jesucristo lo ha realizado y ha vuelto
al Padre sólo después de habernos dejado el medio para
participar de él, como si hubiéramos estado presentes.
Así, todo fiel puede tomar parte en él, obteniendo frutos
inagotablemente. Ésta es la fe de la que han vivido
a lo largo de los siglos las generaciones cristianas.
Ésta es la fe que el Magisterio de la Iglesia ha reiterado
continuamente con gozosa gratitud por tan inestimable
don. Deseo, una vez más, llamar la atención sobre esta
verdad, poniéndome con vosotros, mis queridos hermanos
y hermanas, en adoración delante de este Misterio: Misterio
grande, Misterio de misericordia. ¿Qué más podía hacer
Jesús por nosotros? Verdaderamente, en la Eucaristía
nos muestra un amor que llega «hasta el extremo» (Jn
13,1), mi amor que no conoce medida. CAPITULO II e) No. 24 El don de Cristo y de su Espíritu que recibimos
en la comunión eucarística colma con sobrada plenitud
los anhelos de unidad fraterna que alberga el corazón
humano y, al mismo tiempo, eleva la experiencia de fraternidad,
propia de la participación común en la misma mesa eucarística,
a niveles que están muy por encima de la simple experiencia
convival humana. Mediante la comunión del cuerpo de
Cristo, la Iglesia alcanza cada vez más profundamente
su ser «en Cristo como unidad de todo el género humano». A los gérmenes de disgregación entre los
hombres, que la experiencia cotidiana muestra tan arraigada
en la humanidad a causa del pecado, se contrapone la
fuerza generadora de unidad del cuerpo de Cristo. La
Eucaristía, construyendo la Iglesia, crea precisamente
por ello comunidad entre los hombres. La Iglesia celebra y experimenta en la
Palabra y en la Eucaristía al Dios con
nosotros que cumple sus promesas: «Y sepan que yo estaré con ustedes
todos los días hasta el final de los tiempos» (Mt. 28, 20) La Iglesia continúa celebrando
con la esperanza gozosa de la venida definitiva de su
Señor en la escucha de la Palabra y en el alimento
glorioso de nuestro Señor Jesucristo. (MR.404). f) Directorio General para la Catequesis
No. 128. La Sagrada Escritura y el Catecismo de
la Iglesia Católica se presentan como dos puntos de
referencia para inspirar toda la acción catequizadora
de la Iglesia en nuestro tiempo: v En efecto, la Sagrada Escritura, como
«Palabra de Dios escrita bajo la inspiración
del Espíritu Santo» DV 9 y el Catecismo de la Iglesia Católica,
como expresión relevante actual de la Tradición viva
de la Iglesia y norma segura para la enseñanza de la
fe, están llamados, cada uno a su modo y según su especifica
autoridad a fecundar la catequesis en la Iglesia contemporánea. v La catequesis transmite el contenido
de la Palabra de Dios según las dos modalidades
con que la Iglesia lo posee, lo interioriza y lo vive:
como narración de la Historia de la Salvación y como
explicitación del Símbolo de la fe. La Sagrada Escritura
y el Catecismo de la Iglesia Católica han de inspirar
tanto la Catequesis Bíblica como la Catequesis Doctrinal,
que canalizan ese contenido de la Palabra de
Dios. En este empeño por escuchar y hacer propia
la Palabra de Dios encontramos en María nuestra
madre, un modelo a seguir: «necesitamos, como María
nos enseña, tener la capacidad de escucha y hacer silencio.
Abrir todos los días el oído para escuchar como discípulos
(Cf Is. 50, 4) y que esa escucha se convierta en disponibilidad
total. 4. Para reflexionar y compartir
1. ¿Qué dices tu, catequista de estos textos o enseñanza de la Iglesia,
cuál te impresionó más? 2.
¿Qué papel ha desempeñado en tu vida de catequista la
Sagrada Escritura? 3.
¿Qué puede hacer un catequista para amar más la Sagrada
Escritura y la Eucaristía y que al mismo tiempo
lleguen a ser sustento y vigor en su vida? 4.
¿Qué relación existe entre la Sagrada Escritura y la
catequesis? 5.
¿La Santísima Virgen María, cómo se relacionó con la
Palabra de Dios? 6.
¿Cuáles son los signos visibles de la presencia de Dios
entre nosotros? Se
hace plenario Aquí
se deja un momento de descanso. 5. Celebremos el encuentro Se
preparan para el encuentro con Jesús en la misa. (Se
sugiere tomar las lecturas del tiempo de cuaresma. - Llevar la Sagrada Escritura en Alto en
la procesión. Eucaristía + Monición Inicial: Hermanos catequistas: la Iglesia venera
de igual modo la Sagrada Escritura como lo hace con
el cuerpo de Cristo. Nunca a cesado de tomar y repartir
a sus fieles el pan de vida que ofrece la mesa de la
Palabra de Dios y el Cuerpo de Cristo. Dispongámonos a participar en esa doble
mesa de la Palabra de Dios y de la Eucaristía
como culmen de nuestro retiro espiritual para que vivamos
más intensamente esta cuaresma y salgamos iluminados
por la Palabra de Dios y fortalecidos con el
Cuerpo y la Sangre del Señor Jesús. Se sugiere darle realce a la liturgia de
la Palabra, por ejem. Poniendo la Biblia en el altar,
para que acompañe toda la celebración. Después de la
escucha de la Palabra se de un espacio de reflexión.
Etc. En lugar de peticiones se sugiere sea acción
de gracias Vamos a expresar a Jesús nuestro agradecimiento
por darnos su Palabra y la Eucaristía
como centro, fuente y culmen de nuestra vida cristiana,
con las siguientes aclamaciones: Todos
responden: Gracias Señor, ¡Gracias Jesús, por que en la Palabra
y en la Eucaristía, eres centro fuente y culmen
de nuestra vida cristiana! ¡Gracias Jesús, por que nos invitas a escuchar
tu Palabra y a comer de tu Cuerpo y a beber de
tu Sangre para seguir caminando y trabajando por la
construcción de tu reino en nuestro mundo! ¡Gracias Jesús, porque tu Palabra
nos instruye y nos muestra el camino que todo cristiano,
y, sobre todo, que todo catequista debe seguir! ¡Gracias Jesús, porque con tu Palabra,
tú enseñaste a los apóstoles, fuiste el mejor maestro,
enséñanos a proclamar tu Palabra con fidelidad! ¡Gracias Jesús, porque al alimentarnos
de tu Palabra, de tu Cuerpo y tu Sangre, nos
das los medios necesarios para lograr la finalidad de
la catequesis, que es: tener ese contacto íntimo contigo! ¡Gracias Jesús, porque nos das tu Palabra,
camino seguro y obligado para todo catequista. (Quien
preside proclama la siguiente oración) Señor Jesucristo, concédenos vivir de acuerdo a lo que escuchamos
en tu Palabra y de acuerdo a lo que celebramos
en la Eucaristía para que seamos signos
de amor en nuestro mundo, tú que vives y reinas por
los siglo de los siglos. Amén. + Monición a las ofrendas Te presentamos Señor el pan
y el vino, que se convertirán en el alimento
de nuestro diario caminar de cristianos catequistas;
y juntamente con ellos te presentamos la Biblia
con el compromiso de hacer de ella el alimento de nuestra
vida espiritual y así mejorar en nuestra labor de sembradores
de la Palabra de Dios. El Cirio. Te lo presentamos
Señor como signo de que en nuestro Bautismo recibimos
la luz, con ella tú nos guías y nos invitas a guiar
a nuestros hermanos. Conclusiones de los trabajos de equipo, como signo de que queremos comprometernos y hacer vida lo que en este retiro hemos reflexionado.
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