Hoy Martes, 06 de enero de 2009 | 20:11

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6º Domingo de Pascua

INTRODUCCION:

Antes de acercarnos al texto sagrado, nos preparamos personal y comunitariamente; nos ponemos en presencia del Señor en oración: con oración de alabanza, con un canto y pidiéndole al Señor nos envíe su Espíritu y prepare nuestros corazones para comprender su Palabra.

1.- LECTURA DEL TEXTO.
(Conocer, respetar, situar).

(Se proclama en voz alta el texto. Todos leen el texto ayudados de las notas de la Biblia. Se leen y comentan los siguientes subsidios).

Juan 14, 15-21

A).- Continuamos leyendo un fragmento del discurso de despedida de Jesús. Si en la lectura evangélica del domingo anterior dominaba el tema de la fe, hoy se insiste en el amor del discípulo para con Jesús, un amor que va acompañado por la promesa de la presencia divina en el discípulo. Esto se desarrolla en dos pequeñas partes: una en la que se habla sobre todo de la presencia del Espíritu y otra que trata del retorno de Jesús.

1. Jesús es el mediador de los hombres ante Dios. Cuando se va, pide al Padre que les envíe “otro Consolador” (El lo ha sido hasta ese momento). “El Espíritu de verdad” (Cfr. domingo anterior: “yo soy el camino, la verdad y la vida”) va a mantener viva la presencia de Jesús en medio de la comunidad de los suyos, les comunicará un conocimiento de Jesús cada vez más profundo y hará que se mantengan en la observancia de los mandamientos y en el amor. Además, cara al exterior, el Espíritu les dará seguridad en un mundo adverso guiándolos e interpretando los acontecimientos.

Después de su muerte y resurrección, Jesús –en el Espíritu y por medio del Espíritu- seguirá viviendo por siempre en medio de su comunidad y en cada uno de sus miembros, mientras que para el “mundo” va a estar muerto (“El mundo no puede recibirlo”).

La presencia del Espíritu es siempre fruto de la plegaria; en este caso, de la plegaria del propio Jesús. Y la condición que posibilita esta presencia es el amor a Jesús y guardar sus mandamientos: dos aspectos que indican el único estilo de vida de los cristianos, puesto que el núcleo y el mandamiento principal de Jesús es el amor, y es el amor lo que mueve a guardar los mandamientos.

2. La segunda parte del texto está centrada en la nueva presencia de Jesús desde el día de su glorificación (esto es lo que indica la expresión “en aquel día”). Se empieza afirmando que los discípulos no van a quedar solos o abandonados (“huérfanos”, dice el original, usando un término de fuertes resonancias bíblicas). La estructura de esta segunda parte es muy parecida a la primera. La referencia al amor y a los mandamientos cierra la perícopa de modo casi idéntico a como había sido iniciada. Jesús y el Padre son uno (Cfr. evangelio del domingo pasado) y ambos se manifiestan al mismo tiempo y se hacen presentes en la vida del creyente (“lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”).

B).- ¡Vivos.... pero muertos!.

+ Muerte y vida. Vida y muerte. Es lo natural, lo de todos los días. Nos da miedo la muerte, porque con ella entramos a lo desconocido, porque dejamos aquello que con trabajo hemos acumulado. A veces, cuando se muere alguien a quien queremos, nos quejamos y nos dolemos y nos rebelamos contra todo el mundo, incluso contra Dios. ¡Pero si no somos inmortales!

+ Lo dicho: nos da miedo la muerte. Pero, ¿y a la vida? Vivir es más peligroso; vivir es comenzar a caminar por un camino que no conocemos y que tenemos que ir haciendo con nuestras propias obras. ¿Y si erramos? ¿Y si nos desviamos? ¿Y si en lugar de ir derechos, vamos "chuecos"?

+ ¡Cuántos creen vivir y van más muertos que una momia! Es cierto, tienen una salud a prueba de balas; el corazón, los riñones, el sufrido hígado, funcionan a la perfección. Pero espiritualmente están bien muertos y apestan. Para el cuerpo hay perfumes, pero para el alma... el único perfume es Cristo.

+ El es el Viviente. Murió corporalmente, resucitó corporalmente para que nosotros viviésemos espiritualmente y el día señalado de nuestra muerte corporal tuviéramos esperanza de la vida sin fin.

+ El hombre no está desamparado. Fue creado para vivir y Cristo es nuestro compañero de viaje. Nunca se aparta de nosotros. Somos nosotros los que no nos preocupamos de vivir en El. Nos gusta la muerte, y no nos inquieta el perder la vida eterna. Todo lo que nos inquieta es ese momento del tránsito del tiempo a la eternidad, y nos inquieta por lo que dejamos, no por lo que vamos a perder. ¡Cristo resucitado es tu única vida, aquí y allá!

(Se puede comentar con los demás lo siguiente: Personajes del texto; sus actitudes; el género literario; se aclara lo que no se ha entendido y se manifiesta lo que nos ha sorprendido).

2.- MEDITACION
(Rumiar, dialogar, actualizar)

(En este segundo momento la preocupación debe ser descubrir el mensaje del texto, tomando en cuenta la situación personal, comunitaria, social, etc. Ayuda para la comprensión traer a la memoria otros textos bíblicos con la misma temática).

Se responde a las siguientes preguntas:

1) ¿Qué importancia tiene el Espíritu Santo para la comunidad cristiana?.

2) ¿Cómo se manifiesta que el Espíritu no viene a realizar una tarea distinta de la de Jesús?.

3) ¿Cómo entiendes los distintos nombres dados al Espíritu Santo: Paráclito, Consolador, Intercesor?.

4) ¿Cómo debemos prepararnos para recibir al Espíritu Santo?.

5) ¿Qué cosas positivas encuentras en los grupos de "Renovación cristiana en el Espíritu Santo?.

6) ¿Qué mensaje deja para tu vida este texto?.

3.- ORACION
(Suplicar, alabar, recitar)

(Este es el momento de responder personal y comunitariamente a la Palabra de Dios. Cada uno expresa a Dios aquello que el pasaje bíblico le sugiere).

4.- CONTEMPLACION
(Ver, saborear, actuar, compromiso)

(Es el momento de la respuesta agradecida para con Dios. Lo hacemos concretizando nuestro compromiso personal, y si se puede, uno comunitario).

CONCLUSION
(Plegaria comunitaria)

(Se puede recitar la siguiente oración. Se puede hacer en grupo o recitada por uno sólo).

Señor Jesús, nosotros creemos que Tú nos amas y deseamos amarte: danos el Espíritu de la verdad para que nos haga comprender y poner en práctica todas tus palabras de vida, esas has traído para nosotros del corazón del Padre Eterno. Tú estás siempre con nosotros y no nos dejas huérfanos: también nosotros queremos permanecer contigo. Sostén y aumenta en nosotros este deseo. Ruega por nosotros al Padre, para que nos envíe al "Otro Consolador", el que nos defiende del maligno y nos hace recordar lo mucho que somos amados de modo totalmente gratuito. De esta forma seremos conducidos a la verdad completa, a la dulzura de la comunión, a la seguridad de la paz. Y el mundo, al verlo, sabrá que Tú amas al Padre y cumples su voluntad, y que precisamente este amor salva el mundo. Amén.

Se termina con el Padre Nuestro.

Se puede entonar el siguiente canto:

UN MANDAMIENTO NUEVO

 

UN MANDAMIENTO NUEVO NOS DIO EL SEÑOR:

QUE NOS AMEMOS TODOS, COMO EL NOS AMO.

 

La señal de los cristianos

es amarse como hermanos.