![]() |
![]() |
![]() |
|
|
Hoy
Miércoles, 07 de enero de 2009 | 04:01
|
|||
![]() |
![]() |
|
|
|
|
La
Santísima Trinidad INTRODUCCION: Antes
de acercarnos al texto sagrado, nos preparamos personal y comunitariamente; nos ponemos en
presencia del Señor en oración: con oración de alabanza, con un canto y pidiéndole al
Señor nos envíe su Espíritu y prepare nuestros corazones para comprender su Palabra. 1.-
LECTURA DEL TEXTO. (Se
proclama en voz alta el texto. Todos leen el texto ayudados de las notas de la Biblia. Se
leen y comentan los siguientes subsidios). Juan 3, 16-18 A).- A través de este fragmento tan corto
del diálogo de Jesús con Nicodemo se nos da a conocer quién es el Padre y cuál es
su voluntad salvífica, cuál es la misión recibida por el Hijo y, finalmente, qué respuesta
dan los hombres al ofrecimiento salvador que el Padre nos hace en su Hijo Jesús. Se habla en primer lugar del gran amor del Padre
como la explicación última de la realidad del Mesías. Dios es el sujeto y el que
tiene la iniciativa de actuar en la historia de los hombres, y esto lo hace entregando lo
que para El es más valioso y a quien más ama: a su Hijo. El amor generoso y desprendido
del Padre halla su referencia veterotestamentaria en Abraham, que no se opuso al sacrifico
de su hijo amado y único; el gesto de Abraham se convirtió en fuente de bendición para
todas las naciones; el amor del Padre es fuente de vida y de salvación universales. El don que el Padre hace al mundo es universal y
eminentemente positivo: que todos tengan vida eterna por la fe en su Hijo. Esta voluntad
positiva y salvífica queda subrayada sobre todo en el versículo 17: Dios no envió
a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. Si el
amor fue el móvil del Padre al enviar el Hijo al mundo y razón de que el Hijo hiciera el
camino que, pasando por la cruz, lo condujo a la gloria, la finalidad única fue la
salvación del mundo; una salvación que se define como la posesión de la vida eterna
por la fe en Jesucristo (para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga
la vida eterna). Manteniendo la idea fundamental de que Dios ama al
mundo y quiere la salvación de los hombres, el último versículo habla de la actitud del
hombre. Ante el amor de Dios no hay más que dos actitudes posibles: la de los que
responden a este amor (el que cree en el) y la de los que se niegan a
aceptarlo (el que no cree). Creer en el Hijo significa aceptarlo como Salvador
y dador de vida eterna. Quien así lo hace, participa ya ahora de la vida eterna que él
ofrece a todos los hombres. El vino a ofrecer a todos la vida eterna; la sentencia de
condena se la da el que rechaza la vida y la salvación que el Hijo ofrece: éste
permanece en la muerte y, por lo tanto, él mismo e condena. B).- No vivimos solos. + A veces nos sentimos inmensamente solos. Vivimos
en una ciudad grande, en un pueblo populoso, dentro de una familia numerosa, y sin
embargo, nos sentimos solos, abandonados. No nos conocemos unos a otros, no hay verdadera
comunicación. Tu problema y mi problema es la falta de una íntima comunicación. + Tú y yo nos hacemos egoístas. Pensamos sólo en
nosotros y poco a poco nos vamos secando y ya no somos vida para los demás. Aún más,
comenzamos a ser un problema para los otros. Tú te quieres, yo me quiero: pero tú y yo
no nos queremos, ni nos comprendemos. Esta es la realidad de nuestra soledad. + Pero si yo me ofrezco a mí mismo, me importan
poco los demás. No tengo en cuenta sus derechos, no los respeto, no me interesa
solucionar sus problemas, no quiero ni recibir ni dar. Soy orgulloso, ni hablo ni me
hablan, ni sufro por ellos, ni sufren por mí. + Así vivo contento y tranquilo. Así vives
tranquilo y contento. ¿Será esto cierto? El egoísmo mata el amor; donde no hay amor no
hay paz; donde no hay paz hay guerra, odio, desconfianza, injusticia. + Pero tú y yo pertenecemos a una familia donde no
hay no guerra, ni odio, ni injusticia. Pertenecemos a la Familia del Amor y de la Unidad.
¡Pero qué poco nos parecemos a esa Familia! Dios es Padre, es Providencia; Dios es Hijo,
la Palabra eterna: Dios es el Amor dimanante del Padre y del Hijo. + En nuestra Familia no hay ni mayor ni menor, ni
más sabio ni menos sabio, ni más justo ni menos justo. Hay una unidad perfectísima de
amor, no hay una diferencia, no un conflicto no una palabra disonante. Entonces, ¿Por
qué tú y yo, la humanidad, somos tan diferentes, si pertenecemos a esa familia Divina? (Se
puede comentar con los demás lo siguiente: Personajes del texto; sus actitudes; el
género literario; se aclara lo que no se ha entendido y se manifiesta lo que nos ha
sorprendido). 2.-
MEDITACION (En
este segundo momento la preocupación debe ser descubrir el mensaje del texto, tomando en
cuenta la situación personal, comunitaria, social, etc. Ayuda para la comprensión traer
a la memoria otros textos bíblicos con la misma temática). Se
responde a las siguientes preguntas: 1)
¿Cómo entendemos la Trinidad en Dios?. 2) ¿Qué
acciones en nuestra vidas manifiestan nuestra Fe en Dios uno y Trino?. 3) ¿En qué
beneficia o afecta mi vida la existencia de Dios Uno y Trino?. 4) ¿Qué
mensaje deja para tu vida esta fiesta?. 3.-
ORACION (Este
es el momento de responder personal y comunitariamente a la Palabra de Dios. Cada uno
expresa a Dios aquello que el pasaje bíblico le sugiere). 4.-
CONTEMPLACION (Es
el momento de la respuesta agradecida para con Dios. Lo hacemos concretizando nuestro
compromiso personal, y si se puede, uno comunitario). CONCLUSION Invocación a la Santísima Trinidad: L.- Santísima Trinidad, tú eres mi Dios, mi
Señor lleno de grandeza y de majestad. Cuánto me pesa no haberte honrado siempre, siendo
mi Dios; no haberte obedecido mejor, siendo mi Señor; no haberte amado más, siendo Tú
mi única felicidad. T.- Por eso me arrojo a tus pies, rogando que me
perdones y olvides mis pecados, y que me dirijas una mirada de misericordia y bondad. L.- Dios uno y Trino, te consagro de nuevo mi
cuerpo y mi alma, y te ofrezco, con sincera intención, todos mis pensamientos, palabras,
obras y sufrimientos. T.- Quiero agradarte y honrarte dignamente, quiero
agradecerte todas tus gracias y desagraviarte por todos los ultrajes, hasta verte y
adorarte, Santísima Trinidad, en tu gloria, por los siglos de los siglos. L.- Bendigamos al Padre, y al Hijo con el Espíritu
Santo. T.- Alabémosle y ensalcémoslo por todos los
siglos. L.- Bendito eres, Señor, en el firmamento del
cielo. T.- Laudable, glorioso y sobremanera sublime por
los siglos. L.- Dios nuestro, cuya misericordia no tiene
límites y cuyo tesoro de bondad es infinito. T.- Doy gracias a tu piadosa majestad por los dones
recibidos, rogando a tu clemencia que al tiempo de concedernos lo que te pedimos, nos
dispongas para los premios futuros. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén. Se
puede entonar el siguiente canto: Bendito Bendito, bendito , bendito sea Dios los ángeles cantan y alaban a Dios
(2)
|
||