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Hoy
Martes, 06 de enero de 2009 | 21:51
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13º
Domingo Ordinario INTRODUCCION: Antes
de acercarnos al texto sagrado, nos preparamos personal y comunitariamente; nos ponemos en
presencia del Señor en oración: con oración de alabanza, con un canto y pidiéndole al
Señor nos envíe su Espíritu y prepare nuestros corazones para comprender su Palabra. 1.-
LECTURA DEL TEXTO. (Se
proclama en voz alta el texto. Todos leen el texto ayudados de las notas de la Biblia. Se
leen y comentan los siguientes subsidios). Mateo 10,
37-42. A).- En estas palabras finales del discurso
de misión podemos distinguir dos pequeñas secciones: en primer lugar, la necesidad
que tiene aquel que es enviado de una adhesión personal a Cristo por encima de todo; y,
en segundo lugar, la acogida que deben recibir los que son enviados. -a) El hecho de colocar el amor a los padres y a
los hijos y el amor a Cristo uno junto al otro, no significa de ninguna manera un
desprecio para el primero. Lo que quiere subrayarse es la exigencia y el sentido de
totalidad que debe tener el amor a Cristo. La exigencia del seguimiento de Cristo es
tan fuerte que pone en juego a toda la persona, de tal modo que ésta debe estar dispuesta
a perder su propia vida, a renunciar a sí mismo. La exigencia del amor a Cristo parece que va
aumentando en intensidad en estas sentencias iniciales: en caso de conflicto, el
discípulo será lo suficientemente libre como para que el amor humano no sea un
impedimento para seguir a Cristo. Y esta vida de seguimiento es definida como tomar la
cruz juntamente con el Maestro, como signo de la actitud de entrega personal y de
sufrimiento que esto lleva consigo. Esta actitud supone, evidentemente, no tener miedo a
perder la propia vida - lo mejor que tiene el hombre por fidelidad a Cristo. Esta
actitud va acompañada de una promesa: éstos serán los únicos que verdadera y
definitivamente se apropiarán de la vida. -b) El enviado es igual que aquel que lo
envía. Las palabras de Jesús del versículo 40 (quien los recibe a ustedes,
me recibe a mí...) encajan perfectamente en esta idea corriente en el mundo judío.
La dignidad le viene al discípulo de la palabra que le ha sido confiada por el propio
Jesús, y a través de Jesús, por el Padre. Recibir al discípulo no
significará sólo ofrecerle hospitalidad, sino sobre todo aceptar la palabra de la que es
portador. La actitud que se adopte para con el enviado es reflejo de la actitud que se
tiene hacia Cristo. Este principio enunciado por Jesús queda
desarrollado en los dos últimos versículos que leemos. Se da a los apóstoles el nombre
de profeta y justo y se subraya tanto la dignidad de aquel que es
enviado como la del que lo recibe (recibirá recompensa de profeta). Estos
pequeños puede referirse directamente tanto a los apóstoles que son
explícitamente enviados por Jesús, como también a todos los discípulos en general, en
cuanto testigos de Jesús y del Reino; o quizá también se hace una referencia explícita
a los más humildes y pequeños dentro de la comunidad, que, en cuanto
discípulos de Cristo, participan de la mayor dignidad. Nada de lo que se haga a los
discípulos enviados del Cristo y a través de ellos al propio Cristo- puede
considerarse sin importancia. B).- SEAMOS DIGNOS DE CRISTO. + En una ocasión me comentaba una señora el
comportamiento de su esposo, y todo lo resumió en esta frase: "mi marido primero ama
su coche, después su casa y las antigüedades que encierra y después a mí". Y
conste que esto no es una invención. Hay gente, y mucha, que tiene sus preferencias, su
tabla de valores muy especial. + ¿No es cierto que muchos animales domésticos
comen cualitativa y cuantitativamente mejor que muchos hombres, mujeres y niños? ¿No es
cierto que un cobarde, amado apasionadamente, trae conflictos en una familia y grietas que
pueden echar por tierra un matrimonio? ¿No es cierto que "poderoso caballero, don
dinero? + Podríamos multiplicar los ejemplos, pero para
qué, si ya nos los sabemos de memoria: se ama más lo ajeno, por prohibido, que lo propio
lícito. Y pensar que esto que hemos dicho, con ser grave, no alcanza las dimensiones
infinitas. Cuando el hombre cambia el amor al Creador por el amor de las criaturas,
entonces el problema es trascendental. ¡Cambiamos a Dios por un "hueso"
(dispensen la palabrita) muy remunerativo! La riqueza frecuentemente opaca el amor divino. + Y aún lo más bajo, lo más podrido, lo más
inmundo, lo anteponemos a Dios: injusticias, robos, lujurias, vicios, toda clase de
degradaciones. ¡Y pensar que el Evangelio de Cristo no nos permite olvidarlo y amarlo
menos que las cosas más sagradas de la tierra! + El Señor no se andaba con medias tintas: No te
es permitido entregar tu corazón por entero a tu padre, a tu madre, a tus hijos. Y no es
que Cristo sea inhumano: si algo tenía, es el ser sensible a todo lo de los hombres. El
no hace otra cosa que recordarnos que el único y verdadero amor, que nunca miente, es el
de Dios. Pero el que ama verazmente a Dios y a su Hijo, tiene por necesidad que amar en
Ellos a sus seres queridos. El amor de Dios todo lo envuelve y nada excluye; en cambio el
amor de las criaturas, por sí mismas, es negador de Dios. Como ves, Cristo, por ser Dios,
era más humano que todos los hombres. (Se
puede comentar con los demás lo siguiente: Personajes del texto; sus actitudes; el
género literario; se aclara lo que no se ha entendido y se manifiesta lo que nos ha
sorprendido). 2.-
MEDITACION (En
este segundo momento la preocupación debe ser descubrir el mensaje del texto, tomando en
cuenta la situación personal, comunitaria, social, etc. Ayuda para la comprensión traer
a la memoria otros textos bíblicos con la misma temática). Se
responde a las siguientes preguntas: 1.-
¿Hay contraposición entre el seguimiento de Jesús y la vida de familia?. ¿Por qué?. 2.- ¿De
qué forma se puede colaborar con Jesús para instaurar el Reino de Dios entre nosotros?. 3.- ¿A qué
cosas o actitudes debemos renunciar si queremos ser fieles seguidores de Jesús?. 4.- ¿Qué
mensaje deja para tu vida este texto?. 3.-
ORACION (Este
es el momento de responder personal y comunitariamente a la Palabra de Dios. Cada uno
expresa a Dios aquello que el pasaje bíblico le sugiere). 4.-
CONTEMPLACION (Es
el momento de la respuesta agradecida para con Dios. Lo hacemos concretizando nuestro
compromiso personal, y si se puede, uno comunitario). CONCLUSION A pesar de nuestra decisión de seguir con
fidelidad a Jesús, somos débiles y nuestra voluntad nos lleva a hacer muchas veces lo
que no queremos. Por eso acudimos a Dios con el Salmo 40 (39) y nos ponemos en sus manos. Se
termina con el Padre Nuestro. Se
puede entonar el siguiente canto: ALELUYA, ALELU, ALELUYA, ALELUYA ALELUYA, ALELUYA (2) Busca primero el reino de Dios y su
justicia divina, y por añadidura, lo demás se te
dará
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