Hoy Martes, 06 de enero de 2009 | 20:07

INDICE

Google
 
Para recibir información de las actualizaciones contáctanos.

23º Domingo Ordinario

INTRODUCCION:

Antes de acercarnos al texto sagrado, nos preparamos personal y comunitariamente; nos ponemos en presencia del Señor en oración: con oración de alabanza, con un canto y pidiéndole al Señor nos envíe su Espíritu y prepare nuestros corazones para comprender su Palabra.

1.- LECTURA DEL TEXTO.
(Conocer, respetar, situar).

(Se proclama en voz alta el texto. Todos leen el texto ayudados de las notas de la Biblia. Se leen y comentan los siguientes subsidios).

Mateo, 18, 15-20

A).- Damos un salto en la lectura del evangelio de Mateo y pasamos a leer –entre hoy y el próximo domingo- dos partes importantes de las instrucciones sobre la vida de la comunidad que recoge el capítulo 18.

Nos encontramos en primer lugar con la posibilidad de que pueda pecar un “hermano” (un miembro de la comunidad o Iglesia: el autor del evangelio tiene presentes a los miembros de las comunidades cristianas a las que se dirige; Jesús posiblemente se refería directamente al grupo que se iba formando a su alrededor). El que peca se pone en situación de separarse de la comunidad y, si hace caso de su hermano, se recupera, mediante una actitud de conversión, para la Iglesia.

Este modo de actuar con el pecador que encontramos aquí procura por todos los medios su salvación y su nueva integración a la comunidad. El segundo paso consistirá en que dos o tres personas hablen con el pecador, según la normativa que ya estaba expresada en el Levítico. Y no debe considerarse excluido hasta que se niega a hacer caso a la comunidad reunida, es decir, de todos sus miembros vinculados y reunidos al principio en torno a un apóstol y posteriormente a un obispo o presbítero. La comunidad constata entonces su separación; por su actitud pasa a convertirse en persona extraña y forastera a la Iglesia (un “publicano” o “pecador” según el lenguaje típicamente judío). Esta decisión no es irrevocable y siempre queda abierta ante el cambio de actitud del que se separa.

Lo que hace dos semanas Jesús decía directamente a Pedro, lo dice hoy al conjunto de los discípulos, y con las mismas palabras. Cuando la Iglesia se pronuncia en el sentido de excluir o introducir a alguien o en otra decisión, esto es plenamente ratificado por Dios.

Los últimos versículos, que hablan de la presencia de Cristo entre los suyos y que leemos unidos a los anteriores, subrayan que estas decisiones eclesiales jamás deben tomarse ligeramente. Cristo está presente en su comunidad cuando ésta toma una decisión relativa a uno de sus miembros. La condición que se pone para que Dios ratifique las decisiones comunitarias es que sus miembros “ se pongan de acuerdo”. La razón última de este hecho es la presencia de Jesús en su comunidad, incluso en su mínima expresión (“dos de ustedes”), cuando tienen al mismo Cristo como motivo fundamental de su reunión.

Los tratados rabínicos hablaban ya de la presencia de Dios en los que estudian la Ley. Aquí la presencia del Señor se promete tanto para un caso determinado (en el contexto de hoy) como también en toda la vida de la comunidad, puesto que él es el Dios-con-nosotros (cfr. Mt 1,23) que promete su presencia hasta el fin de los siglos (Mt 28,20).

B).- ¿DONDE ESTA TU HERMANO?

+ Una de las preguntas más trágicas de la historia de la humanidad, nos la refiere el libro del Génesis. Caín había asesinado por envidia a su hermano Abel. Y Dios le pregunta a aquél: ¿dónde está tu hermano? Y Caín responde: Soy yo acaso ¿guardián de mi hermano?

+ Todos los hombres somos hermanos. Para Dios no hay naciones ni grupos, no hay grandes ni pequeños, no hay sabios ni ignorantes, no hay colores de piel ni lenguas. Todos somos sus hijos y todos somos hermanos. Somos los hombres los que hemos dividido a la humanidad entre Caínes y Abeles.

+ Una nación hace guerra a otra por intereses materiales. Hay millones de muertos, hay hambre y miseria, hay dolor y angustia, hay viudas y huérfanos, hay destrucción. Y sobre toda esta catástrofe, se escucha la voz de Dios: ¿dónde está tu hermano?

+ Yo tengo mucho dinero, poseo grandes extensiones de tierra, tengo la casa más hermosa en la colonia más rica, tengo varios coches, una cuenta bancaria muy abultada, con frecuencia emprendo largos y costosos viajes. Pero no me doy cuenta de que no lejos de mí hay miseria, hambre, frío, necesidades, chozas inmundas. Y yo no oigo nada a pesar de aquella voz molesta "¿dónde está tu hermano?

+ Ejemplos como estos se dan por millones. Y sin embargo todavía no nos acostumbramos a tener hermanos, de apreciar a los hermanos, de acudir en su ayuda, de levantarlos, de echarlos a caminar dignamente. Todavía no nos damos cuenta de que el hermanos es cosa sagrada, es la manifestación de Dios. Y la única ley de Dios es amarlo a El y al hermano.

(Se puede comentar con los demás lo siguiente: Personajes del texto; sus actitudes; el género literario; se aclara lo que no se ha entendido y se manifiesta lo que nos ha sorprendido).

2.- MEDITACION
(Rumiar, dialogar, actualizar)

(En este segundo momento la preocupación debe ser descubrir el mensaje del texto, tomando en cuenta la situación personal, comunitaria, social, etc. Ayuda para la comprensión traer a la memoria otros textos bíblicos con la misma temática).

Se responde a las siguientes preguntas:

1.- ¿Qué opinas de los que dicen: "lo único que me importa es estar yo bien con Dios"?.

2.- ¿Tenemos responsabilidad del comportamiento de los demás?. ¿Por qué?.

3.- ¿Has tenido la experiencia de perdonar o ser perdonado a alguna persona?. ¿Cómo te has sentido?.

4.- ¿Has experimentado el perdón de Dios en el Sacramento de la Reconciliación?.

5.- ¿Que exigencia deja para tu vida este pasaje?.

3.- ORACION
(Suplicar, alabar, recitar)

(Este es el momento de responder personal y comunitariamente a la Palabra de Dios. Cada uno expresa a Dios aquello que el pasaje bíblico le sugiere).

4.- CONTEMPLACION
(Ver, saborear, actuar, compromiso)

(Es el momento de la respuesta agradecida para con Dios. Lo hacemos concretizando nuestro compromiso personal, y si se puede, uno comunitario).

CONCLUSION
(Plegaria comunitaria)

El Rey David fue un escogido de Dios. Sacado de detrás del rebaño y elevado a la dignidad de rey del pueblo de Israel, aprovecha su autoridad para cometer gravísimos desórdenes contra Dios y contra los hombres. Regañado por el profeta Natán, reconoce su pecado y, con el arrepentimiento expresado en el Salmo 50, limpia su conciencia. No hay pecado, por grave que sea, que se resista a la misericordia de Dios: El perdona y renueva al pecador arrepentido. Expresemos en este Salmo nuestro propio arrepentimiento. Pidamos al Señor que también sepamos perdonar.

(Recitamos alternadamente cada estrofa del salmo 50).

Se puede entonar el siguiente canto:

AL REUNIRNOS EN NOMBRE

 

Al reunirnos en nombre del Señor,

Cristo está entre de nosotros.

 

Vamos a oir la Palabra del Señor

nuestra fuerza y salvación.