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Hoy
Viernes, 05 de diciembre de 2008 | 01:35
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Procesión de la Minerva 1. INTRODUCCION: El pueblo cristiano da testimonio público de fe y piedad hacia el
santísimo Sacramento con la procesión en que se lleva la Eucaristía por las calles con
solemnidad y con cantos (Ritual, 101). Entre las procesiones eucarísticas tiene especial
importancia y significación en la vida pastoral de la parroquia o de la ciudad la que
suele celebrarse todos los años en la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, o
en algún otro día más oportuno, cercano a esta solemnidad (Ritual, 102). Es conveniente que la procesión del viernes primero y del domingo
tercero se haga después de la Misa en la cual se consagra la Hostia que se lleva en la
procesión. Pero nada impide que la procesión se efectúe también después de una
pública y prolongada adoración que siga a la Misa. Se hace en el interior del templo o
en sus anexos, de ordinario Durante el recorrido, según lo aconseja la costumbre y el bien pastoral,
pueden hacerse algunas estaciones o paradas, aún con la bendición eucarística para
lo cual se presentan aquí cuatro esquemas opcionales-. Los cantos y oraciones que se
tengan se ordenarán a que todos manifiesten su fe en Cristo y se dediquen solamente al
Señor. El sacerdote que lleva el Sacramento puede conservar las vestiduras
litúrgicas de la Misa, o bien ponerse la capa pluvial de color blanco. Utilícense, según los usos y costumbre de
la región, cirios, antorchas, incienso y palio, bajo el cual irá el sacerdote que lleva
el Sacramento (Ritual, 06). Prepárese además en el presbiterio: antes de la Misa la
hostia que será consagrada para la procesión; la custodia; el velo humeral; otro
incensario con naveta. Y prepárese también en un lugar conveniente: la capa pluvial de
color blanco o festivo; velones y cirios; el palio. 2. HISTORIA: A fines del siglo XVI, los seguidores de Lutero y Calvino, muertos ya
décadas antes, se volvieron cada día más anti-romanos. Para ellos valía más la predicación que la vida litúrgica y
sacramental. Blasfemaban contra la presencia real de Cristo, cometían toda clase de
profanaciones, sacrilegios y atropellos. Además, había descuido y negligencia de parte de los católicos en la
atención del Santísimo Sacramento. El Papa Pablo III se lamenta: "El venerable Sacramento se guarda en
muchas iglesias sin veneración alguna, sin decoro, ni reverencia, ni
acompañamiento". Un número notable de fieles, viendo la audacia con que los sectarios se
levantaron contra la Eucaristía, reaccionaron positivamente. Muchos pechos cristianos y generosos se constituyeron en adoradores,
custodios y promotores del culto eucarístico. Procuraron diligencia en la veneración y respeto a la sagrada
Eucaristía, creando asociaciones y confraternidades sacramentales, que luego serían
aprobadas por los Papas, y enriquecidas con gracias espirituales y privilegios. La más notable y prestigiada Hermandad eucarística de Roma estaba en la
iglesia de Santa María "supra minerva", a cargo de los dominicos. Minerva había sido una de las principales divinidades romanas, adorada
en el Capitolio, junto a Jupiter y Juno. Se le consideraba diosa de la sabiduría y
patrona de las artes y oficios; más tarde se convirtió en diosa de la guerra. Los
paganos le construyeron luego un templo junto al Pantheon (templo dedicado a todos los
dioses). Después de las persecuciones, sobre las ruinas del templo idolátrico a
Minerva, los cristianos levantaron una hermosa iglesia dedicada a la Santísima Virgen.
Para distinguirla de las otras iglesias marianas de Roma le llamaron: "Sancta Maria
super Minervam". La Cofradía del Santísimo Sacramento de esa iglesia celebraba, entre
otros actos, Misa solemne con exposición del Santísimo cada tercer domingo de mes, y al
final hacía una procesión, bajo palio, al toque de las campanas de los templos vecinos,
invitando a los fieles a congregarse para acompañar al Señor, llevando cirios o hachones
en sus manos. En muchas partes se fue realizando también esa procesión de desagravio,
y se le llamó "Procesión de Minerva". Con la Bula "Dominus noster Iesus
Christus" el mismo Papa Pablo III la reglamentó y la enriqueció con privilegios
espirituales. Veamos algunos puntos de dicha Bula: El fin que pretende la procesión: incrementar el culto al Santísimo y
propagar su devoción en todos los fieles. Tiene carácter expiatorio y de desagravio.
Acompaña a Jesús en su ayuno y agonía de Getsemaní. Pide acompañarla de Confesión y Comunión, de visitas a enfermos para
amonestarlos a recibir los sacramentos, llevar un distintivo especial, y fundar otros
grupos de cofrades. Se ponga especial énfasis en los días de carnaval. Se ofrezca un
reconocimiento a los que perseveran por diez años. A las señoras no les es lícito
divagar por toda la ciudad. Quienes no puedan asistir, pero al oír el sonido de las
campanas se arrodillan y hacen las oraciones, pueden lucrar las indulgencias. Uno de los artículos de los estatutos de la Adoración Nocturna Mexicana
les concede el privilegio de conducir en procesión solemne el Santísimo Sacramento todos
los penúltimos domingos de mes. Además del domingo tercero, en muchos lugares se acostumbra realizar una
procesión con los mismos fines el viernes primero. Ofrecemos algunas orientaciones para mejorar o revivir esta práctica
cristiana, en este Año de la Eucaristía y la Palabra. Así nos convertimos en testigos de la presencia real, defensores del
Misterio eucarístico, apóstoles de la Eucaristía, germen de vida cristiana en la
familia y en la sociedad, elegidos del Señor. 3. INDICACIONES: Se sugiere seguir el siguiente orden para la procesión a continuación
de la Misa conforme a los ordenamientos del Ritual nn. 101-108, y en base a las
indicaciones del Ceremonial de Obispos, CELAM 1991, nn. 387-394 y 1093-1101. monición previa a la conclusión de la misa Dentro de la liturgia de la Eucaristía al concluir de la comunión de
los fieles, el monitor hace la siguiente monición: Hemos proclamado el Misterio de Cristo en la liturgia de la Palabra, lo
hemos invocado en las preces, nos ha sido comunicado por el Espíritu Santo en la
Eucaristía, a continuación lo veneramos y damos testimonio público de nuestra fe en
esta Misterio de Cristo Eucaristía. Acompañémoslo con profundo respeto y cantando
durante la procesión que tendrá lugar a continuación. Y anunciemos al mundo que hay una
vida más excelente, un amor más sublime, una presencia continua de Dios en medio de su
pueblo por medio de Cristo, quien dijo: Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en
abundancia. Oración después de la comunión Se pone la custodia sobre el altar después de la Comunión antes de la
Oración después de la comunión. El sacerdote o el diácono toma la Hostia consagrada en la Misa para la
exposición, y la pone en la custodia sobre el altar cubierto con el mantel, después de
la Comunión. En seguida hace genuflexión con los ministros y luego, de pie, concluye la
Misa con la Oración después de la comunión, omitiéndose el rito de despedida. Luego, el turiferario (si está) se le acerca y otro ministro presenta la
naveta. El sacerdote pone incienso y enseguida, de rodillas, recibe del turiferario el
incensario, hace junto con los ministros reverencia al santísimo Sacramento y lo
inciensa. Renovada la inclinación al Santísimo, devuelve el incensario al turiferario. La procesión El palio bajo el cual el sacerdote lleva el Sacramento se usará según
las costumbres de los lugares. El sacerdote o diácono recibe el velo humeral y se dirige al altar, hace
genuflexión y toma la custodia; si lo auxilia un diácono, el sacerdote recibe el de él
la custodia. Entonces se ordena la procesión: - precede al acólito con la cruz, acompañado por los acólitos que
llevan candeleros con cirios encendidos; - los sigue el pueblo, y si hay otros clérigos presentes siguen ellos; - dos turiferarios con incienso humeantes; - el ministro que lleva el santísimo Sacramento; - un poco detrás, si lo hay, el diácono que lo asiste; - luego los acólitos. Todos llevan celas encendidas. Alrededor del Sacramento se pueden llevar
antorchas. Durante el trayecto se cantan himnos eucarísticos, y si así lo aconseja el
bien pastoral, puede hacerse alguna estación e impartirse la bendición
eucarística. Puede acompañar la Banda de Guerra y saludar con una Marcha en cada
estación. Las estaciones con la bendición eucarística Al llegar al lugar de la estación el sacerdote o el diácono, se acerca
al altar preparado para la ocasión, y coloca sobre él la custodia. Cuando está
presente, el diácono asistente recibe por la derecha la custodia de manos del sacerdote y
la coloca sobre el altar. Enseguida el sacerdote o el diácono, juntamente con los
ministros, hace la genuflexión y, dejado el velo humeral, se arrodilla ante el altar. Después de poner el incienso recibe el incensario, hace reverencia con
los ministros asistentes, e inciensa el Santísimo con tres movimientos de incensario.
Reiterada la inclinación el sacramento, devuelve el incensario el ministro. Enseguida se lleva a cabo el Esquema para la estación como está
indicado, y después del Padre nuestro, se levanta y dice: Oremos. Hace una breve pausa de
silencio. Un ministro, si fuere necesario, sostiene el libro ante el sacerdote o el
diácono, mientras este prosigue diciendo la Oración. Dicha la oración, el sacerdote recibe el velo humeral, se acerca al
altar, hace genuflexión y toma la custodia. O el diácono la entrega al sacerdote. La
sostiene elevada con ambas manos cubiertas con el velo, se vuelve hacia el pueblo y con la
custodia hace el signo de la cruz sin decir nada. Terminada la bendición coloca la custodia sobre el altar. El diácono
asistente recibe la custodia del sacerdote y la coloca sobre el altar. El sacerdote o el
diácono, con los ministros, hace genuflexión y luego reverentemente traslada el
Sacramento. Todos se ponen de pie para continuar la procesión. Primera
estación De rodillas. Se coloca la custodia con el
Santísimo sobre el altar de la estación y se inciensa. Invocación V. Alabemos y demos gracias en todo instante y momento. R. Al Santísimo y divinisimo Sacramento. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
Lectura breve Jn 10, 27-28: Dice Jesús: Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas
me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi
mano. Palabra del Señor. Momento de adoración en silencio. Se entona un canto. Se concluye
con el Padre nuestro. Oración para la bendición Oremos Te rogamos humildemente, Padre todopoderoso, que nos mantengas en tu amor y caminemos siempre como hombres nuevos en una vida nueva Por Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. Segunda
estación Exposición Todos se arrodillan, mientras se
coloca la custodia con el Santísimo sobre el altar de la estación y se inciensa. V. Alabemos y demos gracias en todo instante y momento. R. Al Santísimo y divinisimo Sacramento. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
lectura
breve Jn 3, 16 Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para
que todo el que crea en él tenga vida eterna. Palabra de Dios. Momento de adoración en silencio. Se entona un canto. Se concluye
con el Padre nuestro y se hace la oración. Oración para la bendición Oremos Te damos gracias, Padre todopoderoso porque al darnos en este sacramento el Cuerpo glorioso de tu Hijo nos haces partícipes, ya en este mundo, de los bienes eternos de tu Reino. Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. R. Amén. Tercera
estación Todos se arrodillan, mientras se coloca la custodia con el Santísimo
sobre el altar de la estación y se inciensa. Invocación V. Alabemos y demos gracias en todo instante y momento. R. Al Santísimo y divinisimo Sacramento. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
lectura breve Jn 5, 25-26 Dice Jesús: les aseguro que viene la hora, y ya está aquí, en
que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la hayan oído vivirán. Pues
así como el Padre tiene vida en sí mismo, también le ha dado al Hijo tener la vida en
sí mismo. Palabra del Señor Después de un momento de adoración en silencio, se entona un canto
o se dice de nuevo la invocación. Se concluye con el Padre nuestro y la oración. Oración para la bendición Oremos Dios todopoderoso y eterno, que en la resurrección de Jesucristo nos has hecho renacer a la vida eterna, haz que los sacramentos pascuales den en nosotros fruto abundante y fortalezcan nuestras vidas. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén cuarta
estación Todos se arrodillan, mientras se coloca la custodia con el Santísimo
sobre el altar de la estación y se inciensa. Invocación V. Alabemos y demos gracias en todo instante y momento. R. Al Santísimo y divinisimo Sacramento. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
lectura breve Ap. 5, 9 Tú eres digno, Señor, de tomar el libro y abrir sus sellos, porque
fuiste sacrificado y con tu sangre nos compraste para Dios. Palabra de Dios Después de un momento de adoración en silencio, se entona un canto
o se dice de nuevo la invocación. Se concluye con el Padre nuestro y se hace la siguiente
oración. Oración para la bendición Oremos Concédenos, te rogamos, Señor y Dios nuestro, celebrar siempre con dignas alabanzas al Cordero que fue inmolado por nosotros y que está oculto en el Sacramento. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén bendición final Al final de la procesión se imparte la Bendición con el santísimo
Sacramento, en el altar mayor, o en la iglesia a la cual se llegó, o en otro lugar más
apropiado. Los ministros y diáconos, al entrar al presbiterio se dirigen directamente a
sus puestos. Terminada la bendición coloca la custodia sobre el altar. El diácono
asistente recibe la custodia del sacerdote y la coloca sobre el altar. El sacerdote o el
diácono, con los ministros, hace genuflexión y luego reverentemente traslada el
Sacramento al lugar de la reserva. Entretanto, el pueblo puede, si se juzga
oportuno, decir alguna aclamación o entonar un canto como Bendito, bendito sea Dios, o
algún otro. Bendito sea Dios. Bendito sea su santo nombre. Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre. Bendito sea el santo nombre de Jesús. Bendito sea sus sacratísimo Corazón. Bendita sea su preciosísima Sangre. Bendito sea Jesús en el santísimo Sacramento del altar. Bendito sea el Espíritu Santo Consolador. Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. Bendita sea su santa e Inmaculada Concepción. Bendita sea su gloriosa Asunción. Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre. Bendito sea San José su castísimo esposo. Bendito sea Dios, en sus ángeles y en sus
santos. La procesión a la sacristía se hace de manera acostumbrada.
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