Hoy Viernes, 05 de diciembre de 2008 | 01:12

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Solemnidad del
Cuerpo y la Sangre de Cristo

Monición inicial:

Es importante esta solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, en este Año de la Eucaristía.

Vuelve nuestra mente al Jueves Santo, cuando Jesús instituyó la Eucaristía, relacionada con el Sacrificio de la Cruz. Ahora acentuamos la presencia real de Cristo para nosotros, y completamos nuestro homenaje popular con la procesión.

Esta fiesta nació en el siglo XIII, tiempo de invasiones, pestes, crisis de los gremios, pleitos entre feudos, y grandes pensadores.

Se habían multiplicado las Misas privadas; el pueblo tenía un afán de ver la Hostia consagrada; se multiplicaron los milagros eucarísticos; pero la comunión era escasa.

Sor Juliana de Mont-Cornillon, monja agustina, en una visión de 1208, sintió que había una laguna en el año litúrgico, pues faltaba una fiesta en honor del Santísimo Sacramento.

Estuvo insistiendo al obispo de Lieja, hasta lograr su celebración en 1247, gracias al apoyo del arcediano de la catedral Jacques Pantaleon. Sor Juliana murió en 1258, pero la fiesta continuó.

En 1264, Urbano IV (el antiguo arcediano de Lieja), ante el milagro eucarístico de Orvieto, mediante la Bula "Transiturus" estableció para toda la Iglesia la solemnidad, el jueves posterior a la octava de Pentecostés. Era la primera fiesta impuesta por un papa. Pero éste murió a los dos meses.

Tanto Clemente V en el Concilio de Viena (1311) como Juan XXII en 1317, la volvieron a poner en vigor, y así se extendió a toda la Iglesia.

La Nueva Alianza sellada por Cristo nos urge a vivir en unidad, convirtiéndonos en Cuerpo de Cristo, y la comunión eucarística nos exige comunión eclesial efectiva. Participemos en esta Eucaristía.

PALABRA DE DIOS:

Primera Lectura:

Monición: Mediante el recuento de las pruebas del desierto y la salvación mostrada por Dios, el pueblo elegido, antes de entrar en la tierra prometida, se va reeducando en la fe. Nosotros también agradecemos el don de la Eucaristía, síntesis de la obra salvadora.

Salmo responsorial:

Monición: La Jerusalén de la tierra es anuncio de la Jerusalén del cielo, anticipada en la Iglesia, fortificada por el Señor y alimentada con la Eucaristía, flor del trigo de los campos divinos.

Segunda Lectura:

Monición: San Pablo nos explica el sentido de la Fracción del Pan y la relación de la Eucaristía con la comunidad.

Secuencia:

Monición: Recitemos el poema doctrinal que Santo Tomás de Aquino compuso para esta solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, y que el Espíritu Santo nos disponga para creer con el corazón en este Misterio de la Eucaristía.

Evangelio:

Monición: Escuchamos la última parte del discurso del Pan de Vida que Jesús pronuncia en Cafarnaúm anunciando la Eucaristía, que provocó: en unos la fe, y en otros el alejamiento.

Oración universal:

Hermanos: Reunidos en el nombre del Señor para el banquete eucarístico, cumpliendo el mandato del Señor y esperando en sus promesas, pidamos al Padre de las misericordias que sepamos aprovechar y apreciar este don con ánimo alegre, y supliquemos por las necesidades de toda la humanidad, diciendo:

R. Únenos, Señor, en una misma ofrenda.

1. Por todos los sacerdotes, para que al ofrecer la Víctima inmaculada, dispongan su mente, su ánimo y su corazón para entregarse enteramente al servicio de su grey, en la disponibilidad y el sacrificio. Oremos.

2. Por todos los cristianos, para que la celebración eucarística sea fuente viva de caridad y de unidad, y repitamos el gesto de Jesús de amar hasta dar la vida. Oremos.

3. Por los agentes de pastoral, para que encuentren en la Eucaristía el alimento de su alma, la fuente inagotable de vida espiritual, y las energías para un apostolado siempre renovado. Oremos.

4. Por la sociedad civil, para que nuestra participación en una misma Eucaristía redunde en un mayor compromiso en favor de la paz, la justicia, la solidaridad y el progreso auténtico. Oremos.

5. Por los niños y niñas que en estos días hacen su Primera Comunión, para que de la Eucaristía saquen fuerzas para su maduración cristiana, sean constantes en el bien, estimen este don del amor de Dios, y no abandonen la comunión eucarística y eclesial. Oremos.

6. Por los agonizantes, para que el viático robustezca su esperanza, sea consuelo y fuerza en su angustia, y prenda de resurrección en su tránsito. Oremos.

7. Por nuestra asamblea, para que, puesta su esperanza en el retorno glorioso de Cristo, celebre en la Eucaristía la prenda del Reino futuro. Oremos.

Padre de bondad, que no cesas de alimentar a tu Iglesia con los misterios del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo Jesucristo, escucha nuestras oraciones, despierta en nosotros el deseo de estar siempre unidos vitalmente a tí y a nuestros hermanos, y haz que encontremos siempre nuestro gozo en la riqueza de tus dones. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

Moniciones a la Comunión:

1. Vamos a acercarnos a recibir el Pan de Vida, que es el mismo Cristo, pan de fraternidad que nos une en un mismo amor con nuestros hermanos. En este Pan no sólo hay un poder natural de comunicar vida como cualquier otro alimento, sino que es el Cuerpo de Jesús resucitado que viene a comunicarnos vida sin fin. Pero solamente quien comulga con fe participa realmente de la vida de Cristo y queda libre de la muerte del pecado, para vivir una fraternidad espiritual con lazos sacramentales. Preparémonos para vivir este don.

2. No podemos acercarnos a recibir la Eucaristía sin discernir su valor. Hay que tener fe para comprender y vivir su significado. Sólo así será realmente pan de vida para nosotros. Confiemos en el Señor, que pone la comida en nuestras manos en tiempo oportuno. Recibamos el Pan de vida con actitud de servicio a nuestros hermanos. El cuerpo de Cristo realiza el cuerpo de la Iglesia, y su vida es la vida de sus miembros. Que vivamos como quien ha comido el Pan de vida, y nuestro servicio generoso sea el testimonio elocuente de que Cristo resucitado vive entre nosotros, para compartirse con los más necesitados.

3. Jesucristo, en el Pan y Vino de la Eucaristía, ha dejado el memorial de su Pasión, Muerte y resurrección. Al actualizar sus gestos sobre el pan y el vino, hacemos presente su obra salvadora entre nosotros. Cuando comemos su Cuerpo y su Sangre, anunciamos su Muerte hasta que vuelva. Que no seamos reos de su Cuerpo y de su Sangre por comulgar sin reconocer su valor y tener las disposiciones necesarias. Que descubramos las exigencias de servicio humilde y sacrificado que tiene la Comunión eucarística y eclesial

Monición a la Exposición del Santísimo:

(Si se hace dentro del templo).

Cristo, en la Eucaristía, se nos ofrece durante todo el año. Pero hoy, como el jueves santo, lo recordamos particularmente.

Nuestro homenaje no queda encerrado en el templo, sino que sale por las calles. Nuestra comunidad cristiana dedica su atención contemplativa y adoradora a ese Cristo salvador, que ha querido ser alimento para nosotros, y nos da en este sacramento su Cuerpo y su Sangre para que compartamos esa vida nueva, brotada de su Pascua.

Nuestra procesión es una pública profesión de fe en la presencia de Jesús en la Eucaristía, un símbolo de nuestro compromiso de seguirlo en su camino pascual, un acto de reparación por las faltas cometidas en nuestras calles, y el testimonio de que viviremos su dinámica de amor hacia los demás.

(Se prepara la salida de la procesión a cada uno de los puntos cardinales. Precede una Cruz, niñas alma en gracia o angelitos con pétalos, adultos con campanitas, incensarios y antorchas, hasta el lugar señalado).

PROCESION DEL CORPUS:

Monición antes de que salga el Santísimo:

(Cuando se hace la Misa dentro del templo, y hay personas fuera esperando la procesión).

La solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo es un desdoblamiento del jueves santo, institución de la Eucaristía.

La procesión que ha caracterizado a esta fiesta no se menciona al inicio. A fines del siglo XIII se hacía en Angers, Colonia y otros lugares. Pronto se fue propagando. Roma la aceptó hasta el siglo XV. Tomaron elementos de la procesión de ramos o del traslado al altar la mañana de Pascua.

Dispongámonos a recibirlo al salir del templo. Y acompañémoslo después, en un testimonio de nuestra fe eucarística, por nuestras calles, hasta llegar al momento de la Bendición final. Que aparezca como un signo de la Iglesia que peregrina hacia el cielo, y un homenaje público a Jesús en este Año de la Eucaristía, en reparación por todas las faltas cometidas en este año.

Monición al salir la procesión:

Arrodillémonos, porque el Señor sale triunfante de su templo. La persona de Jesucristo está realmente presente en la Eucaristía y merece todos nuestros respetos. Elevemos nuestras aclamaciones, elogios, cánticos de piedad, junto con los adornos, monumentos y signos exteriores. Que cielo y tierra se unan para ensalzar su nombre bendito. Arrodillémonos, porque Jesucristo está realmente presente en la Eucaristía y merece todos nuestros respetos. Que cielo y tierra se unan para ensalzar su nombre bendito. Acompañémoslo, caminando con devoción detrás del Santísimo Sacramento.

5. ESTACIONES CON EL SANTISIMO:

Moniciones al ir saliendo las procesiones:

(Una custodia queda en el altar; las otras 4, salen en procesión hacia los cuatro puntos cardinales)

Cuando Jesús entra triunfalmente en un alma por la Comunión, es algo interior, de lo cual sólo Dios y el alma son testigos. Se necesita un triunfo más público y manifiesto.

Ahora Cristo sale glorioso de los límites físicos de su templo, se manifiesta a su pueblo, recorre nuestras calles para ir tomando simbólicamente posesión de todo el territorio parroquial, y descansa en su carrera en los altares que, en dirección a los cuatro puntos cardinales, le hemos preparado para recibirle.

Rendimos homenaje a personajes de la política o del espectáculo; con mayor razón a Cristo. Las cuatro procesiones, irán trazando una gran señal de la Cruz sobre nuestro pueblo. Quienes no puedan acompañar ninguna de las procesiones, se quedarán aquí, en el centro de nuestra comunidad parroquial, adorando al Señor presente en la Eucaristía, en compañía de su Madre María, que es también madre nuestra y modelo de contemplación adorante.

Desde los cuatro puntos cardinales, ponemos nuestra actividad y trabajo a los pies de Jesús Sacramentado, suplicándole que los bendiga con la fuerza de la Cruz, para que el Evangelio sea la norma de la vida de sus habitantes, y guía del quehacer cristiano de toda la comunidad que peregrina en este territorio, simbólicamente representado por esta área del pueblo.

PRIMERA ESTACION

EUCARISTIA, COLUMNA DE FUEGO,
LUZ DEL ALMA
.

Lectura:

Del libro de la Sabiduría (18,3):

En vez de oscuridad, diste a tu pueblo una columna de fuego para que los guiara en su viaje de aventura: su gloriosa migración se iba a hacer bajo un sol que no los quemaría. Palabra de Dios.

Preces:

Jesús Eucaristía, columna de fuego que nos guías, luz de nuestras almas, escucha nuestra oración. Vamos a responder: Señor, guíanos con tu luz.

Señor, qué admirable fue tu providencia para Israel, tu pueblo elegido. Si maravillosamente lo liberaste de Egipto, más grandes fueron los prodigios para guiarlo y sostenerlo durante los cuarenta años del desierto. R.

Te damos gracias por la columna de nube durante el día y de fuego durante la noche. Sólo así pudo tu pueblo recorrer ese difícil camino, pasando, en despoblado, noches y días, enmedio de peligros. R.

Nosotros también, Señor, pasamos por el camino de la vida, en nuestra aventura hacia la Patria del cielo. No nos falta la columna directora que nos da tu Providencia: tu augusto sacramento. R.

La Eucaristía es columna de fuego, luz increada, presencia escondida tras la nube de las apariencias del pan y del vino, es la orientación providencial que nos ofreces para no perdernos. R.

Gracias, porque en la Eucaristía se contiene la verdadera luz que disipa las tinieblas de nuestro espíritu. Ayúdanos a recibirla dignamente, para que disipe nuestras tinieblas. R.

Tú eres la verdadera luz que viene a este mundo (Jn 1,9). Tú dijiste: "Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas" (Jn 8,12). Disipa las tinieblas del error, de la cerrazón y de la confusión. R.

Tú eres la luz que nos dirige. Sin la columna conductora, los israelitas no hubieran atinado el camino, pereciendo perdidos en el desierto. Así ahora tu pueblo, se perderá en el consumo de drogas y sexo, en la violencia y desesperación, en la degradación moral y la corrupción, si no nos ofreces tu luz. R.

En la Eucaristía hallamos una fuente de luz que nos revela la grandeza de tu compañía, de tu alimento, de la fuerza que nos infundes, de la certeza para dar testimonio de tí. Por eso es el sacramento de nuestra fe, frente a los errores y horrores del mundo. R.

Aun sabiendo el camino y avanzando por él, hay nieblas qué disipar, escollos y malos pasos qué descubrir. Y tú nos acompañas en el camino de la vida, como a los peregrinos de Emaús. Haz que arda nuestro corazón mientras nos explicas las Escrituras, y nuestros ojos se abran en la Fracción del Pan. R.

Haz que tengamos abiertos los oídos a tu voz que nos anuncia la Buena Noticia. Que estemos seguros que tú nos das vida en abundancia. R.

Haz que no cerremos nuestros ojos, ofuscados con tanta luz, o cansados de no hallar respuesta en los sentidos y la ciencia, sino que seamos capaces de ver el mundo con tus propios ojos. R.

Que si nuestros ojos son ocasión de pecado, hoy los arrojemos hasta tí, a fin de que los purifiques, y no nos distraigan las cosas de la tierra ni el pecado. R.

Haz que nos acerquemos a este Sacramento, y en la lámpara del Santísimo, y en las luces que acompañan tu presencia, nos descubramos a nosotros mismos, y nos animemos a acercarnos a la luz. R.

Gracias, Jesús Eucaristía, por ser la luz de la vida que nos prometes y ofreces. Queremos estar siempre en torno a esta luz, para ser iluminados y no perdernos. R.

Canto: El Señor es mi fuerza, mi roca y salvación.

Oración: Ilumínanos, Señor, con la luz de la fe, y enciende nuestro corazón con el fuego de tu amor, para que aceptemos que Cristo, nuestro Dios y Señor, está realmente presente en este sacramento y lo adoremos verdaderamente con amor y con fe. Por Jesucristo nuestro Señor.

SEGUNDA ESTACION

EUCARISTIA, FUENTE DEL PARAISO,
MEDIO PARA CALMAR LAS PASIONES
.

Lectura:

Del libro del profeta Isaías (55,1-2):

Ustedes, los que padecen sed, ¡vengan a las aguas! No importa que no tengan dinero, ustedes vengan, pidan trigo sin pagar y coman, pidan vino y leche gratis. ¿Para qué gastar en lo que no es pan y dar su salario por cosas que no alimentan? Si me hacen caso, comerán comidas nutritivas, y su paladar se deleitará en alimentos exquisitos. Palabra de Dios.

Preces:

Jesús Eucaristía, fuente viva del paraíso, que calmas nuestras pasiones, escucha nuestra oración. Vamos a responder: Señor, tenemos sed de tí.

Señor, enmedio del Paraíso había una copiosa fuente que formaba un río, el cual se dividía en cuatro grandiosos brazos para refrigerar y fertilizar la tierra. Qué admirable providencia tuviste para disponer esa fuente, y otras muchas que dieron agua a la tierra. R.

Señor, hoy el mundo sufre escasez de agua, hemos agotados los manantiales, desperdiciamos ese recurso, y se presagian guerras por el agua. Que nunca se nos agote la fuente de tu amor y de tu vida. R.

No te pudiste mostrar más generoso con los mortales, sino abriendo la fuente prodigiosa que brota de enmedio del paraíso de la Iglesia. R.

De tu costado abierto en la Cruz surgió la sangre y el agua, el Bautismo y la Eucaristía. Y de cada altar sigue brotando esa fuente sacramental que se difunde en espirituales ríos. R.

Haz que no seamos estériles sauces, sino grandes árboles, plantados junto al agua, que alcanzan el cielo, siempre cubiertos de frutos buenos. Que la vida que nos das germine como testimonio contagioso. R.

Cuando nos esté quemando la fiebre de nuestra pasiones desordenadas, haz que corramos a la fuente de la Eucaristía para encontrar refrigerio. R.

Gracias porque estas aguas limpian las manchas del espíritu y mitigan los ardores, no del sol ni del cáncer, sino de las armas de alto poder que usa el demonio. R.

Señor, en este sacramento se halla la fuente abundan te capaz de refrigerar el ardor de la lujuria, de la envidia, de la ira, del rencor, de la adicción. Nos invade la fiebre de la avaricia y del sexo posesivo. Haz que acudamos a tí en tiempo oportuno. R.

Líbranos de la concupiscencia de los ojos, es decir, de la desordenada afición a los bienes materiales, la sed de oro y comodidades, una fiebre que en lugar de mitigarse se acrecienta, sin que nada pueda calmarla. Sólo tú, pobre en el pesebre, pobre en la Cruz, y pobre bajo estos sencillos signos, puedes sanarnos. R.

Líbranos de la concupiscencia de la carne. A medida que se aleja la mente y el corazón de lo espiritual, crece nuestra sensualidad y deseo de placeres prohibidos, que nada puede calmar. R.

Sólo tu Eucaristía, como rocío, desciende del cielo, para calmar nuestras calenturas y apagar nuestros incendios pasionales. Haz que creamos en el valor y la posibilidad de la castidad. R.

Líbranos de la soberbia de la vida, es decir, el hambre calenturienta de reconocimientos, imagen y fama. Si la humildad tuya en la Eucaristía no calma nuestra hinchazón, no hay remedio que nos cure. Que como María te digamos: sólo soy tu esclava. R.

Que acudamos a tí cuando tengamos sed de bienes terrenos, para extinguirla. Cuando estemos áridos y secos para lo bueno, y nos invada la codicia de tener mucho, antes que arraigue la pasión, haz que corramos hasta tí. R.

Cuando la sed de gloria vana nos esté quemando, haz que corramos a tí para convertirla. Que ese afán por ganarnos la estimación de los demás nos lleve a buscar el servicio desinteresado y el valor personal, y nos desvivamos en la alabanza de tu nombre. R.

Cuando nos invada la sed de ser santos, haz que corramos a tí para que esa flamita se convierta en un incendio de amor divino, y bebamos hasta la saciedad del premio a los que tienen hambre y sed de justicia. R.

Que no busquemos excusas para faltar al banquete preparado para nosotros. Que en tí hallemos remedio contra nuestras pasiones desordenadas. Que bebamos en las fuentes, y brotarán aguas abundantes de las fuentes de la salvación. R.

Canto: Señor, ven a nuestras almas

Del Señor Dios de los cielos

tiene sed mi corazón,

¿cuándo al fin podrá este siervo

ver tu rostro, Gran Señor?

Oración: Infúndenos, Señor, tu Espíritu de caridad, para que vivamos siempre unidos en tu amor los que en este sacramento participamos de la Muerte y Resurrección de tu Hijo Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

TERCERA ESTACION

LA EUCARISTIA, BUEN SAMARITANO,
MEDICINA DEL PECADO
.

Lectura:

Del Evangelio de San Lucas (10,34):

El samaritano se acercó al herido, curó sus heridas con aceite y vino y se las vendó; después lo montó sobre su cabalgadura y lo llevó a la posada y se encargó de cuidarlo. Palabra del Señor.

Preces:

Jesús Eucaristía, buen samaritano, medicina contra el pecado y sus consecuencia, escucha nuestra oración. Vamos a responder: Sánanos, Señor.

Señor, nosotros somos ese hombre que se alejó de tí y cayó en manos de salteadores que nos dejaron caídos en la culpa y heridos en el alma. No había quien remediara nuestra funesta agonía, pero viniste del cielo tú, como gran médico. R.

Si dondequiera yacía un gran enfermo, tú, Señor, eres el médico y la medicina. El Pan consagrado y tu Sangre preciosa son medicamentos para curar las enfermedades del alma. R.

En tu Eucaristía encontramos al médico y la medicina eficaz para curar las heridas que dejó en nosotros el ataque del pecado. Haz que tomemos este remedio que nos ofreces, con las debidas condiciones. R.

Tú te hiciste nuestro médico, cuando nos viste heridos de muerte, y lograste nuestro alivio con tres diligencias, que repites en la Eucaristía: viertes aceite, aplicas vino, y vendas la herida. R.

Pon en nosotros aceite de misericordia y suavidad. Divididos y apartados de tí por la culpa, llagados y heridos por nuestras rebeldías, no nos quedan ánimos para invocarte, ni para volver a tí, porque te tememos como juez. R.

Necesitamos tu aceite medicinal que nos calme. Porque se ciernen sobre nosotros castigos y amenazas, abriendo más la herida y acrecentando sus dolores. R.

Por eso, infunde en nosotros el bálsamo consolador de tu misericordia, en el óleo de los santos sacramentos, y en tu Sangre preciosa, derramada para el perdón de los pecados. Que gustemos los suaves atractivos de la Eucaristía, y te tengamos cerca cuando nos persiga la amargura. R.

Derrama en nosotros el vino de caridad y la multitud de tus beneficios realizados en la historia de la salvación. Tú nos amaste, y te entregaste a tí mismo por nosotros. Tu Sangre eucarística es nuestra medicina. R.

Nuestros amores terrenos y pecaminosos abrieron en nosotros llagas y heridas infectadas. Sólo un amor divino se toma el esfuerzo de curarnos. Porque cuando el mal está en el corazón, sólo se gana con amor. R.

Pon las vendas de tu gracia sobre nuestras heridas, para que no se infecten. Abiertas las llagas del espíritu, sin que nadie pueda detener la sangre de nuestras contradicciones, corremos peligro de muerte y condenación. R.

Pero tú nos vendas las heridas con la única venda que nos mantiene sanos: tu gracia. Tu Eucaristía es gracia, la excelencia y abundancia de tu gracia, gustada, tocada y vivida. R.

Señor, no son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos (Mt 9,12). Pero las medicinas, por más eficaces que sean, para que surtan sus efectos, es necesario aplicarlas. Que busquemos tomar debidamente la medicina de tu Eucaristía. R.

Que comulguemos examinando nuestro espíritu. El enfermo toma la medicina siguiendo las prescripciones del médico para que no le haga daño. Que en el sacramento de la Reconciliación te manifestemos las enfermedades de nuestro espíritu, para que la Comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre sea provechosa para nosotros. R.

Que comulguemos con buena disposición, para que la medicina de tu Eucaristía obre con eficacia salvadora. Que nos traiga aumento de gracia, tranquilidad y paz, limpieza y fuerza, fe viva y confianza firme. R.

Que nos acerquemos a tí con frecuencia, pues no basta una sola toma de medicina para sanar, ni nos aprovecha tomarla de vez en cuando. Menos aún cuando estamos heridos de muerte o la enfermedad está muy avanzada. R.

Gracias, Jesús, porque este sacramento es antídoto contra el veneno de la serpiente del mal, que nos preserva de seguir cayendo en pecados mortales. R.

Canto: Sáname, Señor (Hoy, Señor Jesús).

Oración: Dios nuestro, cuyo Hijo es para nosotros el camino, la verdad y la vida, mira bondadoso a quienes confiamos en tus promesas, y haz que fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, lleguemos a la paz de tu Reino. Por Jesucristo nuestro Señor.

CUARTA ESTACION

LA EUCARISTIA,
MANA DEL DESIERTO, COMUNION
.

Lectura:

Del libro de la Sabiduría (16,20):

A tu pueblo, sin embargo, le distribuías pan de los ángeles, le enviabas desde el cielo incansablemente un pan ya preparado, que contenía en sí todas las delicias y se adaptaba al gusto de cada persona. Palabra de Dios.

Preces:

Jesús Eucaristía, maná del desierto, pan del cielo, que te nos das en alimento para unirnos íntimamente contigo, escucha nuestra oración. Vamos a responder:    Señor, dános siempre de este Pan.

Señor, entre los grandes prodigios que obró tu Providencia en favor de tu pueblo, los alimentaste durante cuarenta años en el desierto de muerte con el maná, pan del cielo. Todos los días, al salir de sus tiendas de campaña, esa multitud de gente hallaba sobre el campamento, como rocío o escarcha granujienta, el prodigioso alimento que le dabas (Ex 16,11; Nm 11,7). Por eso Israel conservó una muestra de maná en el arca de la alianza. R.

Ese maná anunciaba la Eucaristía, donde tú te nos das como pan del cielo. Señor, en el santísimo sacramento de la Eucaristía se halla el Pan de vida que eres tú, el único que sacia nuestra alma. Haz que tengamos hambre de tí, te tomemos con las debidas disposiciones, y nunca desfallezcamos de hambre. R.

Tú eres el verdadero pan vivo bajado del cielo (Jn 6,51). El maná era sólo un anuncio, una figura, una tenue anticipación. Ambos son alimento, pero de muy diversa manera. Señor, si la Eucaristía es un alimento espiritual, haz que lo comamos espiritualmente. R.

En la Eucaristía, tú reparas nuestras fuerzas. El alimento material sostiene nuestras fuerzas corporales y restablece nuestras energías gastadas para que no decaiga el ánimo. R.

Quieres que tu pueblo, como los primeros cristianos, se halle siempre fuerte y vigoroso para seguirte y evangelizar. Te necesitamos, para superar nuestra apatía y flaqueza para obrar el bien. R.

Tu Eucaristía es un alimento que satisface nuestros gustos y llena y remedia las necesidades de la vida. Nos asocias a tu Pascua redentora, haciéndonos pasar de la muerte a la vida. El alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la futura gloria. El que viene a tí nuca padecerá hambre, ni nunca tendrá sed (Jn 6,35). R.

La Eucaristía, como todo alimento, hace crecer y desarrolla nuestra vida. Crecemos en la vida espiritual, desarrollando las virtudes y eliminando las toxinas de los vicios. Hasta llegar a tu madurez, capaces de amar hasta dar la vida. R.

Haz que te comamos en estado de gracia, detestando el pecado. Los israelitas comieron el maná después de pasar el Mar Rojo. Los apóstoles comieron tu Cuerpo y tu Sangre después del lavatorio de los pies. Nosotros te comemos incorporados a tu cuerpo místico por la fe y la caridad. R.

Señor, haz que te comamos con ferviente deseo. Que no murmuremos, con los judíos, porque ya nos fastidió tu Pan de vida. Que al contrario, se ensanche nuestro deseo y nuestra capacidad de desearte con amor y confianza. R.

Señor, haz que te recibamos con gratitud. Los israelitas perecieron, ingratos frente el beneficio del maná. Eucaristía significa acción de gracias. Que estemos realmente agradecidos contigo, porque en la Eucaristía nos robusteces, sacias, das crecimiento, y nos haces pan para los demás. R.

Canto: Tú eres, Señor, el Pan de Vida.

Oración: Señor Padre santo, que en tu Hijo Jesucristo nos diste el verdadero Pan que descendió del cielo, fortalécenos con este alimento de vida eterna, para que nunca nos apartemos de tí y podamos resucitar para la gloria en el último día. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

QUINTA ESTACION

PAN DE ELIAS, AUXILIO EN LA LUCHA.

Lectura:

Del Salmo 22,5:

Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis adversarios, con aceite perfumas mi cabeza, y llenas mi copa hasta los bordes. Palabra de Dios.

Preces:

Jesús Eucaristía, viático para nuestro camino hacia tí, auxilio en la dura lucha contra el mal, escucha nuestra oración. Vamos a responder: Sosténnos, Señor, en el camino.

Perseguido Elías por la reina Jesabel, andaba errante y agobiado por la fatiga en el atroz desierto. Vencido de cansancio y depresión se durmió. Pero un ángel lo despertó diciendo: "Levántate y come". Tu Providencia dispuso un pan y agua, pero, rendido, se durmió otra vez. Una vez más le despertó el ángel, mandándole lo mismo, pues le faltaba mucho por caminar. Y con la fuerza de ese alimento anduvo cuarenta días con sus noches hasta llegar al Monte de Dios. Ese pan le dio valor para resistir a las potestades enemigas. R.

Señor, en el santísimo sacramento de la Eucaristía se halla especial y poderosa fuerza contra los enemigos del alma. Es nuestro deber aprovechar tu auxilio, para combatir legítimamente contra el mal. La presente vida es una lucha continua (Jb 8,1). Necesitamos las armas ofensivas y defensivas que en la Eucaristía encontramos. R.

La Eucaristía es un arma defensiva para no sucumbir. Interpone niebla entre nosotros y el ejército enemigo mientras estamos ante tí en oración. Nos robustece con tu gracia y nos protege como armadura. Nos esconde en una fortaleza inexpugnable, una ciudad fuerte, abastecida de víveres para la vida eterna. R.

La Eucaristía es un arma ofensiva para vencer al enemigo. Tú has vencido al mundo (Jn 16,33), y te tenemos a nuestro favor. Ahuyentas al demonio como al león que acecha, y lo destruyes, neutralizando su ataque. R.

La Eucaristía es un arma para destruir los imperios del mal, como el narcotráfico, las mafias, y los poderíos del capital. Desde tu trono, tanto el altar como el sagrario, riges al mundo y contemplas la caída de los imperios, sin perturbarte ni mudarte. R.

Como los israelitas derrotaban a los enemigos y conquistaban las ciudades llevando consigo el arca de la alianza, así nosotros portamos la Eucaristía y se disipan los enemigos o huyen derrotados. Si tú estás con nosotros ¿quién estará contra nosotros? (Rm 8,31). R.

Haz que nos armemos de este sacramento, celebrando mejor tu memorial, recibiendo la Comunión digna y frecuentemente, adorando tu presencia amorosa y silenciosa. R.

Haz que no desertemos en la lucha, ni nos cansemos de pelear contra el mal, ni le cedamos terreno mediante componendas desiguales. Sé el pan de los fuertes, para arrancar y arrasar, para destruir, para edificar y plantar. R.

Canto: Altísimo Señor.

Oración: Concédenos, Señor, celebrar dignamente al Cordero Pascual, muerto por nosotros en la Cruz y oculto en este sacramento, para que, terminada nuestra peregrinación en la tierra, podamos contemplarlo cara a cara en la gloria del cielo. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

SEXTA ESTACION

ARBOL DE VIDA,
PRENDA DE RESURRECCION
.

Lectura:

Del Evangelio de San Juan (6,57-58):

Jesús dijo: "Como el Padre que me envió vive, y yo vivo por El, así también el que me come vivirá por mí. Este es el Pan que ha bajado del cielo. No es como el maná que comieron sus padres en el desierto, pues murieron. El que come de este Pan vivirá para siempre". Palabra del Señor.

Preces:

Jesús Eucaristía, árbol de la vida, prenda de nuestra resurrección, escucha nuestra oración. Vamos a responder:   Señor, sácianos de tí.

Señor, cuando llegó la plenitud de los tiempos, por el amor que nos tienes, nos diste el regalo más precioso posible, y realizaste la obra más grandiosa e impensable. En la Eucaristía, principio de vida para nosotros, y destructor de la muerte, se realiza plenamente el árbol de la vida. R.

Ya desde la creación, antes de crear el hombre a tu imagen y semejanza, en justicia y santidad, ideaste el paraíso terrenal para su habitación y tarea, figura de tu Iglesia. Entre sus frondosos árboles estaba el árbol de la vida, cuyos frutos tenían la virtud de conservar sin menoscabo nuestra vida (Gn 2,9; 3,22). R.

Tú eres el Pan de la vida. Tú eres el Pan vivo. Tú eres la resurrección y la vida. Tú eres la fuente de agua viva. Tú nos levantas de entre los muertos y nos iluminas. R.

La Eucaristía nos hace vivir: da la vida al mundo, da vida eterna. En el paraíso el hombre comió del árbol prohibido y se sumergió en la maldición. En la Eucaristía el hombre come la vida, bebe la vida, tiene la vida, una vida íntegra e interminable. R.

La Eucaristía propicia que la vida actué y se manifieste. La vida es acción y dinamismo. Sólo unidos a tí podemos dar fruto abundante )Jn 14,4). Sin fuerzas, sin energía, sin impulso, no podríamos trabajar. Tú eres el impulso, el calor y la fuerza de nuestro espíritu. Viniste a traer fuego a la tierra, y deseas que seamos tus incendiarios de amor. R.

La Eucaristía nos preserva de morir. Aun después del pecado, para que no se volvieran inmortales comiendo del árbol de la vida, Adán y Eva fueron expulsados del paraíso (Gn 3,22). No es como el maná del desierto que no libraba de la muerte. R.

Si nos pudiéramos prevenir contra toda dolencia, limitación, achaque y accidente imprevisto, nunca moriríamos. La Eucaristía es el árbol de la vida que da vida al alma y al cuerpo, y es prenda de resurrección para una vida inmortal. R.

Con este fruto del árbol de la vida, debemos morir al mundo. No es posible vivir contigo y estar comiendo frutos de nuestro propio conocimiento y poder. Hemos muerto contigo, y nuestra vida está escondida contigo en Dios (Col 3,3). R.

Haz que muramos al pecado, muerte del alma, para no compararte con Belial (2 Co 6,15) ni con Dagón (1 Re 3). Que al acercarnos a tu Mesa vengamos limpios, y este alimento nos ayude a combatir el mal. Quien arriesga su vida por tí y el Evangelio, la salvará (Lc 9,24). R.

Haz que muramos a nosotros mismos, mortificándonos, dominando nuestros instintos, siendo dueños de nuestras decisiones, venciéndonos frente a las tentaciones seductoras. Si el gran de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, produce mucho fruto (Jn 12,24). R.

Señor, amamos mucho la vida, por eso te buscamos a tí, que eres la vida y nos das la vid verdadera. Tú has venido para que tengamos vida, y la tengamos en abundancia (Jn 10,10). No nos dejes caer en las garras de la muerte eterna. R.

Canto: Yo soy el Pan de Vida (Yo lo resucitaré).

Oración: Dios de poder y de bondad, que por medio de la Muerte y Resurrección de Jesucristo nos redimiste a todos, prosigue en nosotros la obra de tu amor, a fin de que el recuerdo constante del misterio de nuestra salvación nos impulse a conseguir plenamente sus frutos. Por Jesucristo nuestro Señor.

SEPTIMA ESTACION

CORDERO PASCUAL,
PRENDA DE LA GLORIA
.

Lectura:

De la primera carta de San Pablo a los corintios (5,7).

Hermanos: Echen fuera la vieja levadura y purifíquense, pues ustedes han de ser una masa nueva, para unos ázimos nuevos. Porque Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado, y ustedes son los panes sin levadura. Palabra de Dios.

Preces:

Jesús Eucaristía, nuestro cordero pascual inmolado y viviente, prenda de la futura gloria, escucha nuestra oración. Vamos a responder: Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Próximos los israelitas a partir de Egipto hacia la tierra prometida, habiendo atravesado el Mar Rojo, sacrificaron en familia un tierno cordero sin mancha, y lo comieron con ciertas ceremonias, en traje de caminantes. Habían marcado sus casas con la sangre del cordero, para que fueran preservadas de la muerte y el exterminio. R.

La Eucaristía es la Pascua cristiana. Librados de la esclavitud, habiendo pasado por las aguas bautismales, pasamos de la muerte a la vida, al conquistar tú la tierra prometida de la gloria divina compartida. Tú eres el cordero pascual que quita el pecado del mundo. R.

Señor, en la Eucaristía tenemos una prenda segura de la gloria, si la aprovechamos, con las debidas disposiciones. En ella se nos da una prenda de la futura gloria. ¿Quién no buscaría un alimento que le prolongara la vida por un siglo? La Eucaristía nos da vida eterna. R.

En la Eucaristía se nos dan los medios para obtener la gloria. No hay prenda más segura para alcanzar un fin, que los medios eficaces para lograrlo. Para alcanzar el cielo se necesita limpieza del alma, participación en tus méritos, perseverancia en la Iglesia. Todo eso se nos da en este sacramento. R.

En la Eucaristía se nos da derecho a la gloria. Te nos das como un cheque en blanco, como una escritura de una propiedad, como las arras de una donación. Nos diste el cáliz de la nueva alianza, y nos dijiste que quien te come tiene vida eterna. R.

En la Eucaristía se nos da lo mismo que en la gloria. Aunque proporcionado a nuestra condición de peregrinos por el mundo, te nos das tú mismo. En este sacramento se hermanan la Iglesia militante, la Iglesia purgante y la Iglesia triunfante. R.

Haz que acudamos a tu divino banquete, sin excusarnos con pretextos vanos. Haz que tengamos el vestido digno de la gracia, dispuestos a la fiesta de las bodas, para no ser excluidos al llanto y la desesperación. R.

Gracias, porque mediante la Eucaristía tu Reino está enmedio de nosotros, te haces contemporáneo a nosotros, nos haces conciudadanos de los santos y familiares tuyos, y tenemos el camino, la prenda, la semejanza de la gloria. R.

Canto: Es mi Cuerpo, tomad y comed.

Oración: Dios de poder y misericordia, que en la Resurrección de Jesucristo nos has devuelto la esperanza de la vida eterna, aumenta en nosotros la eficacia del Misterio Pascual con la fuerza de este sacramento de salvación. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

LADO NORTE:

Monición: Consagramos al Señor las comunidades y actividades de el punto cardinal llamado norte.

Lectura: Del profeta Amós (2,6-7): Así dice el Señor: Por tres crímenes de Israel y por cuatro seré inflexible: porque venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; pisan contra el polvo de la tierra la cabeza de los débiles y tuercen el camino de los humildes; hijo y padre acuden a la misma prostituta para profanar mi santo Nombre. Palabra de Dios.

Reflexión:

a) El norte en la Biblia: "El Señor extiende el norte sobre el vacío, suspende la tierra sobre la nada" (Job 26,7). Dice el Señor: le diré al Norte: entrégame a mis hijos y a mis hijas, devuélvemelos, desde el lejano fin del mundo, a todos aquellos que llevan mi apellido y que yo he creado y formado" (Isaías 43,6-7). Así habla el Señor: "Miren cómo llega un pueblo del norte, es una gran nación que se levanta de los límites de la tierra. Están armados de arcos y espadas, son crueles e inhumanos, ordenados para la guerra contra tí, la hija de Sión" (Jeremías 6,22-23).

b) El norte en el mundo: Está formado por los países ricos, poderosos, capitalistas, los que deciden por el mundo, abundando en prosperidad, provocadores del sistema económico injusto e inhumano.

c) El norte en la Iglesia: De ascendencia protestante, han sido golpeados por el ateísmo materialista, y la pérdida de valores humanos. Nos evangelizaron, y ahora requieren re-evangelización.

d) El norte en nuestra diócesis: Muchos van al país del norte buscando mejores oportunidades de vida, pero desarraigándose de su ambiente. El norte de nuestra diócesis está formado por tierras áridas, erosionadas como nuestra fe, lomeríos llenos de mezquites, nopales, huizaches, y algunas partes granjenos, cedros, madroños. Se destinan al ganado. Hubo grandes haciendas y hoy son pequeñas propiedades.

e) El norte en nuestra comunidad: El norte de nuestra parroquia tiene las siguientes comunidades y problemas que hoy encomendamos al Señor...

Canto: Oh buen Jesús, yo creo firmemente.

Oración: Señor y Dios nuestro, dígnate conservarnos los frutos de nuestro trabajo, para que nos alegremos con tus beneficios temporales y sintamos el aumento de los dones espirituales. Por Jesucristo nuestro Señor.

LADO SUR:

Monición: Consagramos al Señor las comunidades y actividades de el punto cardinal llamado sur.

Lectura: Del Evangelio de San Lucas (14,13-14). Dice Jesús: Cuando des un banquete llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos, y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, ya que se te recompensará en la resurrección de los justos. Palabra del Señor.

Reflexión:

a) El sur en la Biblia: Me llegó la Palabra del Señor: Habla contra el Bosque del sur, voy a prenderte fuego, que devorará tus árboles verdes y secos" (Ezequiel 21,1-2). Dice el Señor: le diré al Su: no retengas más a mis hijos y a mis hijas, devuélvemelos, desde el lejano fin del mundo, a todos aquellos que llevan mi apellido y que yo he creado y formado" (Isaías 43,6-7). "El rey del sur se hará poderoso, uno de sus jefes se hará fuerte contra él y tendrá un imperio mayor que el suyo" (Daniel 11,5). Habiendo partido del Horeb, pasamos por aquel horrible y temible desierto (Deuteronomio 1,19). Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, en la estepa tracen una senda para Dios" (Isaías 40,3).

b) El sur en el mundo: Está formado por los países pobres, subdesarrollados, dependientes, satélites de los poderosos, despojados, explotados, víctimas del sistema económico injusto e inhumano.

c) El sur en la Iglesia: Es la Iglesia de la esperanza: América Latina y Africa. Buscan formas nuevas de unir el Evangelio a la promoción humana.

d) El sur en nuestra diócesis: Algunos van a misiones a los estados del sur del país. El sur de la diócesis está formado por el plan del Lerma y la ciénaga de Chapala, tierra negra fértil, que da cereales, cítricos y verduras. Muchos alteños bajaron y viven ahí. Hay muchos ejidos.

e) El sur en nuestra comunidad: El sur de nuestra parroquia tiene las siguientes comunidades y problemas...

Canto: Señor ¿a quién iremos?

Oración: Te rogamos, Señor y Dios nuestro, que mires nuestros confines con ojos serenos y rostro alegre y envíes sobre ellos tu bendición, para que la crisis económica no nos afecte, la tempestad no nos arrase, las sequías no nos debiliten, las plagas no nos dañen, ni las divisiones internas malogren nuestras frutos, sino que sean abundantes para nuestra utilidad y sean portados a la madurez de la caridad cristiana. Por Jesucristo nuestro Señor.

LADO ORIENTE:

Monición: Consagramos al Señor las comunidades y actividades de el punto cardinal llamado oriente.

Lectura: Del profeta Amós (5,10.24): Así dice el Señor: ¡Ay de aquellos que detestan al censor en la puerta y aborrecen al que habla con sinceridad! Que fluya, sí, el juicio como el agua, y la justicia como arroyo perenne. Palabra de Dios.

Canto: Juntos como hermanos.

Reflexión:

a) El oriente en la Biblia: Como dista el oriente del ocaso, así el Señor aleja de nosotros nuestros delitos (Salmo 103,12). Dice el Señor: "Del Este haré venir a tu descendencia; le diré: entrégame a mis hijos y a mis hijas, devuélvemelos, desde el lejano fin del mundo, a todos aquellos que llevan mi apellido y que yo he creado y formado" (Isaías 43,6-7). "Hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido a adorar al Señor" (Mateo 2,2). Muchos vendrán de oriente y del poniente y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos (Mateo 8,11).

b) El oriente en el mundo: Está formado por los países donde nace el sol, mundo fascinante, de grandes culturas y religiones, con gran patrimonio de sabiduría. Han desarrollado una importante economía.

c) El oriente en la Iglesia: En el oriente medio está Israel, la tierra prometida, Jerusalén, sede de las grandes religiones monoteístas, llenos de conflictos y fanatismos. Al extremo oriente están las grandes religiones del mundo. Hacia el oriente, se dirigían las iglesias y la oración, y se hacía la profesión de fe bautismal, esperando el regreso del Señor.

d) El oriente en nuestra diócesis: Tierra roja, fértil por el esfuerzo de su gente, muy piadosa. Es el típico ranchero alteño, apegado a su tierra, que emigra al norte para superarse.

e) El oriente en nuestra comunidad: Nuestra comunidad tiene, al oriente, las siguientes comunidades y problemas...

Canto: Cantad, cantad, la patria se arrodilla.

Oración: Escucha, Señor, nuestras súplicas, y preserva nuestros confines de toda adversidad, para que lo que suceda en ellos sirva a tu majestad y remedie nuestras necesidades. Por Jesucristo nuestro Señor.

LADO PONIENTE:

Monición: Consagramos al Señor las comunidades y actividades de el punto cardinal llamado poniente.

Lectura: Del Deuteronomio (5,6-7.9-10). Así dice el Señor: Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué del país de Egipto, de la casa de servidumbre. No tendrás otros dioses delante de mí. No te postrarás ante ellos ni les darás culto. Porque Yo, Yahveh, soy un Dios celoso, que castiga la culpa de los padres en los hijos hasta la tercera o cuarta generación de los que me odian, y tengo misericordia por mil generaciones con los que me aman y cumplen mis mandamientos. Palabra de Dios.

Reflexión:

a) El poniente en la Biblia: Dice el Señor: Desde donde sale el sol hasta su ocaso se respeta mi nombre, y en todo el mundo se ofrece una ofrenda pura" (Malaquías 1,11). Dice el Señor: "Del Oeste reuniré a mis hijos. Le diré: devuélveme a mis hijos y a mis hijas, desde el lejano fin del mundo, a todos aquellos que llevan mi apellido y que yo he creado y formado" (Isaías 43,6-7). Como al mediodía el sol se ocultó y el mundo quedó en tinieblas; el velo del templo se rasgó en dos" (Lucas 23,44-45).

b) El poniente en el mundo: Lo formamos los países de cultura occidental, de matriz greco-latina y bárbara, configurados por Europa.

c) El poniente en la Iglesia: Formamos la Región Pastoral de Occidente en la Iglesia de México. Las renuncias a satanás se hacían mirando hacia el oriente con desprecio, símbolo de la maldad.

d) El poniente en nuestra diócesis: Es también tierra roja, habitada por gente piadosa, emprendedora, progresista, el típico alteño, ahorrador, apegado a su tierra. Ha desarrollado la avicultura.

e) El poniente en nuestra comunidad: En esa parte de nuestra parroquia están las siguientes comunidades y existen los siguientes problemas...

Canto: Más allá del sol (Aunque en esta vida).

Oración: Dios todopoderoso y eterno, autor y conservador de todos los bienes, ante quien se dobla toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el abismo; confiados en tu misericordia, te suplicamos humildemente que apartes de nuestros confines toda calamidad, demos gracias a tu majestad y tengamos el ánimo mejor dispuesto para poder servirte. Por Jesucristo nuestro Señor.

ESTACION EN EL CENTRO:

Monición: Consagramos al Señor las comunidades y actividades de toda nuestra parroquia, representadas en el centro de nuestra población, sobre la cual se va trazando una gran señal de la Cruz con las cuatro procesiones eucarísticas hacia cada punto cardinal. Adoremos a Cristo que renueva el don de sí mismo para nosotros.

Guía: Te adoramos, Cristo, porque te has quedado para nosotros en la Eucaristía.

1. Tú continúas siendo el don del Padre a nosotros por el Espíritu Santo y por María. La Eucaristía es tu Encarnación continuada.

2. Tú cuerpo, nacido de María, ahora resucitado en la gloria del Padre, baja al pan y al vino por obra del Espíritu Santo.

1. Tú, nacido de María por obra del Espíritu Santo, eres quien consagra ese pan y ese vino, y te haces presente en ellos.

2. Si María no te hubiera dado carne real a tí, el Hijo de Dios, no habría Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre.

1. Si tú, Cristo, no fueras Dios, no estarías en la Eucaristía, ni podrías hacer el milagro de convertir el pan en tu Cuerpo.

2. Ni podríamos adorarte en la Eucaristía, ni podrías ser para nosotros pan de vida, pues una creatura no puede salvar.

1. Si no fueras hombre, no nos podrías haber redimido, ni dejado tu Carne en el sacramento de la Eucaristía.

2. Cuando nos reunimos para celebrar el memorial del Santo Sacrificio que ofreciste en el Calvario, toda la Iglesia se ofrece a Dios en tu sacrificio.

1. También es el sacrificio de la Iglesia triunfante, donde está la Virgen María como su miembro más sublime.

2. María participa de tu sacerdocio, ofreciéndose al Padre junto con toda la Iglesia, e intercediendo por ella desde su Asunción.

1. El Papa la llama "mujer eucarística" (EdE 53), no sólo por su participación en la Fracción del Pan de las primeras comunidades cristianas, sino sobre todo por sus actitudes.

2. La Eucaristía es misterio de fe. Y María es apoyo y guía en el abandono confiado a tu Palabra. Tú dices: "Hagan ésto como memorial de mí"; y María dice: "Hagan lo que El les diga".

1. Antes que instituyeras la Eucaristía, María ya practicaba su fe eucarística, al ofrecer su seno virginal para tu Encarnación, y tener en sí tu Cuerpo.

2. Ella respondió con un rotundo: "Hágase en mí según tu Palabra", como el fiel comulgante responde con un creyente "Amén" al comulgar.

1. María, por su fe, concibió por obra del Espíritu Santo; y nosotros creemos en tu Misterio eucarístico, Dios, hecho hombre en María, se hace presente en las especies eucarísticas.

2. María en la visitación, llevándote en su seno, era el primer Sagrario de la historia, realizando la primera procesión del Corpus, irradiando luz y amor.

1. No solamente en el Calvario, sino durante toda su vida, hizo suya la dimensión sacrificial de la Eucaristía.

2. Al presentarte al templo, se preanunció el drama del Calvario, al que se fue preparando cada día.

1. María vivía una Eucaristía anticipada, en una especie de comunión espiritual de deseo y ofrecimiento, hasta la llegada de tu Hora.

2. Cuando participaba en la Fracción del Pan celebrada por los apóstoles, ¡cuántos sentimientos embargaban su alma!

1. "Aquel Cuerpo entregado como sacrificio y presente en los signos sacramentales ¡era el mismo Cuerpo concebido en su seno!" (EdE 56).

2. "Recibir la Eucaristía debía significar para María como si acogiera de nuevo en su seno el corazón que había latido al unísono con el suyo, y revivir lo que había experimentado en primera persona al pie de la Cruz" (Ibidem).

1. En el memorial de la Eucaristía está presente todo tu Misterio, que culminó en tu Pasión, Muerte y Resurrección; incluyendo lo que realizaste en María para beneficio nuestro.

2. Nuevamente escuchamos de tus labios la orden de recibirla: "Mujer, ahí tienes a tu hijo"; "Hijo, ahí tienes a tu madre". Recibir la Eucaristía implica también recibir el don de María.

1. Significa asumir el compromiso de conformarnos a tí, aprendiendo de tu Madre, y dejándonos acompañar de ella.

2. "María está presente con la Iglesia y como madre de la Iglesia en todas nuestras celebraciones eucarísticas. Así como la Iglesia y la Eucaristía son un binomio inseparable, lo mismo se puede decir de María y la Eucaristía" (EdE 57).

1. "En la Eucaristía, la Iglesia se une plenamente a Cristo y a su Sacrificio, haciendo suyo el espíritu de María" (EdE 58).

2. La Eucaristía es un Magnificat continuado, una continua alabanza y acción de gracias, rememorando las maravillas de Dios en la historia de la salvación.

1. "Cada vez que el Hijo de Dios se presenta bajo la pobreza de las especies sacramentales, se pone en el mundo el germen de la nueva historia" (ibidem).

2. "María canta el cielo nuevo y la tierra nueva que se anticipan en la Eucaristía, y deja entrever su diseño programático" (ibidem).

Guía: "Puesto que el Magnificat expresa la espiritualidad de María, nada nos ayuda a vivir mejor el Misterio eucarístico que esta espiritualidad. ¡La Eucaristía se nos ha dado para que nuestra vida sea, como la de María, toda ella un Magnificat" (EdE 58). Queremos que su intercesión nos consiga apreciar más el gran don de la Eucaristía.

Canto: Mi alma glorifica al Señor mi Dios.

ESTACION FINAL

Guía: Señor Jesucristo, confesamos que, con tu Padre Dios y el Espíritu Santo, eres creador de todas las cosas y que por tu Encarnación te nos has hecho cercano, concebido de María Virgen por obra del Espíritu Santo, para ser nuestra garantía de vida eterna, para mostrarnos el rostro de tu Padre.

Monición: Hemos llegado al final de nuestro recorrido triunfal con Jesús. Recibiremos la bendición desde el centro de esta comunidad cristiana. Consolemos al Señor por todas las profanaciones, irreverencias, indiferencia y sacrilegios, que se han cometido durante este año. Y que nuestra vida entera tenga el estilo de la Eucaristía.

Canto: (Un Misterio eucarístico). Mientras el sacerdote inciensa el Santísimo.

Oración:

V. Les diste el Pan bajado del cielo, aleluya.

R. Que contiene en sí todo deleite, aleluya.

Oremos: A quienes creemos y confesamos que en este sacramento está realmente presente Jesucristo, quien por redimirnos nació de la Virgen María, padeció muerte de Cruz y resucitó de entre los muertos, concédenos, Señor, obtener de El nuestra salvación eterna. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

Monición: Pongámonos de pie y rindamos nuestro último homenaje público de adoración a Jesús presente en el Sacramento de la Eucaristía, al clausurar esta estación eclesial. Démonos unos a otros ejemplo de fervor; ofrezcamos un signo de unanimidad en la confesión de nuestra fe. Que nuestra fe adormecida se despierte; que nuestra caridad resfriada se entusiasme, que nuestra esperanza enfermiza se rejuvenezca, que nuestro compromiso tibio adquiera firmeza y actividad. Acompañémosle hoy y siempre, no como los esclavos amarrados a la carroza, sino como la Esposa amada que, con una fidelidad inquebrantable, toma partido en todos los sucesos de su Esposo. Despedimos con un aplauso a Cristo Eucaristía que desde la azotea de su templo bendice a toda nuestra comunidad. Al regresar, se dará también aquí la bendición.

Aclamaciones:

- Haz que amemos lo que tú amas.

- Haz que amemos a tu Madre la Virgen María.

- Haz que amemos tus mandamientos.

- Haz que amemos a los hermanos más necesitados.

- Haz que amemos y defendamos la vida.

- Haz que amemos a los enfermos y ancianos.

- Haz que amemos a los marginados.

- Haz que amemos a los tristes y afligidos.

- Haz que amemos a los que el mundo desprecia.

- Haz que amemos a nuestra Iglesia católica.

- Haz que amemos nuestra misión evangelizadora.

- Haz que amemos el sacrificio que salva.

- Haz que amemos tu voluntad y providencia.

Repitamos ahora las frases más significativas de esta experiencia:

- Jesucristo Eucaristía, luz y vida para el nuevo milenio.

- Queremos ver tu rostro, Jesús Eucaristía.

- La Eucaristía es comida y bebida del peregrino.

- Eucaristía, misterio de comunión.

- Eucaristía, centro de la vida de la Iglesia.

- Eucaristía, centro de la vida de la familia.

- Eucaristía, centro de la vida de la sociedad.

- Eucaristía, centro de la vida de la parroquia.

- Eucaristía, centro de la vida de la diócesis.

- Eucaristía, centro de la vida de los grupos.

- Eucaristía, exigencia de compartir.

- Eucaristía, fuente de evangelización renovada.

- La Eucaristía edifica a la Iglesia.

- La Eucaristía, como la Iglesia, es apostólica.

- La Iglesia vive de la Eucaristía.

- La Eucaristía, sacramento de nuestra fe.

- En la escuela de María, mujer eucarística.

- Desde la Eucaristía, construyamos el reinado social de Cristo.

Ahora digamos: Te damos gracias, Señor.

- Por el misterio Pascual de tu Muerte y Resurrección.

- Por quedarte sacramentalmente entre nosotros.

- Por invitarnos a celebrar tu Eucaristía, sacramento del Sacrificio de la Cruz.

- Por darnos tu Cuerpo y tu Sangre como alimento.

- Porque nos concedes adorarte en este sacramento.

- Porque la Eucaristía se celebra en todo el mundo.

- Por tu presencia sacramental que nos estimula a celebrar la Misa y comulgar.

- Porque eres el Emmanuel, Dios con nosotros.

- Porque nos amas y quieres que nos amemos unos a otros.

- Porque sacias a tu Iglesia con el Pan de Vida, alimento para la vida nueva.

- Porque eres luz y vida del nuevo milenio.

- Porque nos enseñas a adorarte en espíritu y en verdad.

- Porque actualizas tu Muerte y Resurrección en la Eucaristía.

- Porque tu Cuerpo y tu Sangre son vida para nosotros.

- Porque con la Eucaristía nos dispones para el Banquete eterno.

- Porque tu Eucaristía nos alienta en la fe, esperanza y caridad.

- Porque tu Eucaristía es memorial de tu muerte y resurrección.

- Porque sacias nuestra sed con tu Sangre.

- Porque nos das tu sangre para perdón de nuestros pecados.

Aclamaciones:

- Viva Cristo, Pan de vida eterna.

- Viva Cristo Eucaristía, fuerza en la tentación y el dolor.

- Viva Cristo Eucaristía, nuestro compañero y sostén del camino.

- Viva Cristo Eucaristía, que nos da paz enmedio del combate.

ANEXOS:

Altar del oriente (donde termina la calle Barba González en la ceja): Cristo, Hijo de María, presente en el Sacramento (Responsables: Centro Funeraria-Cornejo, grupo de Catecismo de adultos).

Altar del poniente (donde termina Abasolo): Eucaristía, luz y vida del nuevo milenio (Centro Puentecito, grupos: Refugianas y Catequistas).

Altar del norte (esquina Iturbide - García Armas): Queremos ver el rostro de Cristo (Responsables: Centros: García Armas, Fraccionamiento, Privada Iturbide, y grupo de ANSPAC).

Altar del sur (Lugar de reunión del Centro Nuestra Señora de San Juan en Tepetates): Eucaristía, fuerza de los mártires (Responsables: Centros de San Juan Bosco y de San José).

Acto penitencial:

Hermanos, pidamos perdón al Señor, porque, mientras que El ha dejado todo su amor en el Sacramento de la Eucaristía, sólo halla en nosotros indiferencia.

- Tú nos invitas a tu fiesta. Pero nuestras reuniones eucarísticas son celebraciones frías, que no se entienden, o con un gozo subjetivo e individualista; muchos no participan en la Misa dominical y poco aprecian la comunión de tu Cuerpo y tu Sangre; Señor, ten piedad.

- Tú dejaste la Eucaristía como sacramento de unidad. Pero hay muchas divisiones y oposiciones entre quienes celebramos la Eucaristía sin que nos pongamos en crisis de conciencia; mientras una minoría vive en la abundancia, a las mayoría les va faltando hasta lo más indispensable; mientras unos derrochan en diversiones, otros cambian el pan por vicios; Cristo, ten piedad.

- Tú nos das tu Cuerpo en alimento para la vida del mundo. Pero no nos hemos sentido verdaderamente ser parte de tu Cuerpo juntamente con los demás; ni estamos dispuestos a amar hasta dar la vida como tú; hemos separado nuestras prácticas religiosas de nuestras decisiones diarias; hacemos oración sin deseo de cambiar; buscamos que sacies nuestras hambres materiales y muchas veces pecaminosas y poco deseo sentimos de nuestra unión vital contigo; Señor ten piedad.

Dios todopoderoso, que nos entregó a su Hijo, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

PALABRA DE DIOS (Ciclo C):

Primera Lectura:

Monición: Melquisedec, sacerdote y rey de Salem, figura de Cristo, recibe las primicias de Abraham, padre del pueblo de Dios, y ofrece un sacrificio de pan y vino, anuncio de la Eucaristía.

Salmo responsorial:

Monición: En la entronización del rey y en la ofrenda de los sacrificios, Israel proclamaba la participación de la función divina sacerdotal que tenían sus ministros.

Segunda Lectura:

Monición: Escuchemos el más antiguo relato bíblico de la Cena del Señor, donde la celebración de la Eucaristía se nos presenta como parte del patrimonio cristiano heredado de Cristo.

Secuencia:

Monición: Recitemos el poema doctrinal que Santo Tomás de Aquino compuso para esta solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, y que el Espíritu Santo nos disponga para creer con el corazón en este Misterio de la Eucaristía.

Evangelio:

Monición: Cristo sigue multiplicando el Pan de vida para nosotros, los hambrientos, en la celebración de la Eucaristía, de un extremo a otro del desierto de la vida.

Aclamaciones:

- Viva Cristo, Pan de vida eterna.

- Viva Cristo, Pan que da fuerza en la tentación.

- Viva Cristo, Pan que da fortaleza en el dolor.

- Viva Cristo, Pan que da fuerza para llevar la Cruz cada día.

- Viva Cristo, Pan de los hijos de Dios.

- Viva Cristo, nuestro compañero y sostén del camino.

- Viva Cristo, el Vino que nos da la verdadera alegría.

- Viva Cristo, el Vino que nos da entusiasmo en la lucha.

- Viva Cristo, el Vino que nos da paz enmedio del combate.

- Viva Cristo, el Vino que nos da fervor en nuestra entrega a Dios.

- Viva Cristo, el Vino que incita nuestro amor hasta la muerte.

Motivación a los cantos:

CANTEMOS AL AMOR DE LOS AMORES: Jesús, en su amor hacia nosotros, buscó la manera de quedarse enmedio de nosotros. Por eso alabemos al que es el amor de los amores, y démosle nuestra gloria y nuestro honor en correspondencia al suyo.

NO PODEMOS CAMINAR: Jesús es el alimento que nos sostiene en el caminar hacia el cielo, la casa de nuestro Padre Dios. Pidamos tener hambre y sed de Eucaristía, que nos sostenga en nuestro destierro.

Motivación a los cantos:

BENDITO SEA DIOS: Alabemos a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, unidos a los coros de los ángeles, por la acción salvadora que realiza por nosotros en la Eucaristía, donde Jesús se nos entrega en alimento para la vida eterna.

QUE BUENO ES EL PAN QUE TU NOS DAS: Alabemos al Padre por lo que ha hecho a través de Jesucristo. Jesús entregó su vida en oblación espiritual, y nos dejó su sacrificio en la Eucaristía. No nos da cosas externas a El, sino se nos da El mismo. Y con su entrega en la Cruz y en la Eucaristía, nos trae su amor y su paz en nuestro caminar por el desierto de la vida.

ALTISIMO SEÑOR: Jesús no sólo nos guía, sino que nos da el alimento para seguirlo. No sólo es el buen pastor, sino también es el Cordero Pascual que expía nuestros pecados y nos libera para la comunión con El. Aclamémosle y sintamos que nos sostiene.

Aclamaciones:

Señor Sacramentado, te adoramos con espíritu de fe como verdaderos adoradores, y te decimos: Señor, adoramos tu presencia eucarística.

- Tú instituiste la Eucaristía como memorial de tu Muerte y Resurrección.

- Tú has querido permanecer con nosotros en el sacramento de la Eucaristía.

- Tú nos mandaste celebrar la Eucaristía en memorial tuyo.

- Tú diste de comer al pueblo en el desierto, multiplicando los panes y los peces.

- Tú prometiste en Cafarnaúm en Pan que nos alimenta para la vida eterna.

- Tú te ofreciste en la Cruz para gloria del Padre y salvación nuestra.

- Tú nos ofreces cada día la mesa de tu Palabra y de tu sacramento.

- Tú nos diste en mandamiento de amarnos unos a otros.

- Tú has querido permanecer con nosotros bajo las especies de pan y de vino.

- Tú explicaste las Escrituras a los discípulos de Emaús y te reconocieron al partir el pan.

- Tú confirmaste la fe de tus apóstoles con tus apariciones de resucitado.

1: Creemos que por la fuerza del Espíritu, el pan y el vino se transforman en tu cuerpo y tu sangre, flor de harina que aligera el hambre del camino.

2: Creemos, Señor Jesús, que tu encarnación se prolonga en la simiente de tu cuerpo Eucaristía, para dar de comer a los hambrientos de luz y de verdad, de amor y de perdón, de gracia y salvación.

1: Creemos que en la Eucaristía te prolongas en la historia, para alimentar la debilidad del peregrino, y el sueño del que anhela dar fruto en su trabajo. Sabemos que Belén, la “Casa del Pan”, tu Padre Eterno nos regaló, en el vientre de María Virgen, el pan que ofrece a los hambrientos de infinito, y ese pan vivo eres tú..

2: Creemos, Jesús Eucaristía, que estás real y verdaderamente presente en el pan y vino consagrados, prolongando tu presencia salvadora y ofreciendo a tus ovejas pastos abundantes y aguas claras.

1: Creemos que los ojos se engañan al ver el pan y nuestra lengua se equivoca al probar el vino, porque estás tu todo entero, ofrecido en sacrificio y dando vida al mundo, de paraíso siempre hambriento.

2: Aquella noche del Cenáculo, al tomar, Señor, el pan y el vino entre tus manos, estabas ofreciéndolos a todos, por los años y siglos infinitos.

1: Contigo, Cordero de la Alianza, se elevan en cada altar, donde te ofreces al Padre, los frutos de la tierra y del trabajo del hombre, la vida del creyente, la duda del que busca, la sonrisa del los niños, los proyectos de los jóvenes, el dolor de los que sufren y la ofrenda del que da y se da a sus hermanos.

2: Creemos, Señor Jesús, que tu bondad ha preparado una mesa para el grande y el pequeño, y que en tu mesa hermanos nos hacemos hasta dar la vida unos por otros, como tu lo hiciste por todos.

1: Creemos, Jesús, que sobre el altar del sacrificio, recuperamos la fuerza de una débil carne, que no responde siempre a los anhelos del Espíritu, pero que Tú transformarás a imagen de tu Cuerpo.

2: Creemos que en la mesa preparada para todos, siempre habrá un lugar para el que busca, un espacio para el marginado de la vida, superando los signos de la muerte, inaugurando cielos nuevos y una tierra nueva.

1: Creemos, Jesús, que no has dejado a tus hermanos solos, permaneces discreto en el sagrario de la conciencia y en pan y el vino de tu mesa, como luz y fuerza del débil peregrino.

2: Creemos, en fin, que en los inicios del tercer milenio, te haces compañero en el camino. Remar mar adentro es la consigna, en este momento de tu Iglesia, para construir llenos de esperanza, una nueva etapa de la historia.

Guía: Gracias, Jesús Eucaristía, por impulsarnos a la Nueva Evangelización por Ti fortalecida. Que tu Madre acompañe a los que aceptan vivir y anunciar tu Palabras, y que su intercesión haga fecunda tu semilla. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Arriamiento de la Bandera:

Monición: Hagamos nuestro signo de saludo militar a la bandera que sintetiza nuestros ideales eucarísticos, y que ha sido el signo que nos unificó en un mismo espíritu en todos los eventos eucarísticos, y que nos seguirá uniendo de generación en generación, en todos los eventos eucarísticos, sobre todo los siguientes Congresos Eucarísticos.

Monición al canto del Himno:

Prometimos en el Bautismo renegar de Satanás, de sus pompas y vanidades y seguir a Cristo. Frente a la bandera eucarística renovamos ahora aquellas promesas, entonando el Himno eucarístico. Queremos ser buenos soldados de Cristo para luchar contra el pecado, y por su soberanía sobre los pueblos.

Para la retirada de la Bandera:

Juramos, como los antiguos legionarios romanos, ser fieles a los ideales expresados en la inmaculada bandera, dispuestos a dar nuestra vida por todos y por cada uno de los Artículos de Fe Católica, de que esa bandera es símbolo. Y Diremos: Jesucristo Eucaristía, luz y vida para el nuevo milenio. ¡Venga a nosotros, Señor, tu Reino Eucarístico! Proclamamos a Cristo Sacramentado como nuestro soberano Rey e invicto Capitán.

Monición: Hemos recibido la bendición del Señor. Si guardamos la bandera, no guardemos nuestros sentimientos religiosos dentro del corazón. Estamos rodeados de la gloria del Señor, y no podemos callar lo que hemos visto y oído. Regresaremos a nuestras casas, con el corazón lleno de entusiasmo renovado. Saquemos nuestros pañuelos y despidámonos ondeándolos al aire. Demostremos nuestras convicciones de fe, gritando desde el fondo del corazón nuestra ovación a Cristo, que una vez más visitado a su pueblo. Sólo hasta el cielo nuestra alabanza logrará ser perfecta.