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Marco Referencial
N.B. El presente documento engloba los contenidos
del Marco Referencial de nuestro futuro IV plan diocesano
de pastoral. Ahora presentamos esta primera redacción
para que los Consejos Parroquiales y Decanales tengan
a la vista los elementos necesarios para elaborar nuestro
Diagnóstico Pastoral, previsto para las reuniones del
mes de mayo del presente. Este documento está siendo
revisado desde el punto de vista histórico, teológico,
canónico y pastoral. No creemos que vaya a tener variaciones
significativas en cuanto al contenido, sino en cuanto
a la forma y a la redacción. De cualquier modo después
se hará la redacción definitiva como aparecerá el documento
final.
Marco Teórico
PRESENTACIÓN
1. La providencia infinita del Señor
ha ido configurando nuestra diócesis de San Juan de
los Lagos como un espacio de salvación donde, desde
hace treinta y dos años, cuatro obispos han pastoreado
esta porción de la Iglesia que peregrina hacia la
casa del Padre.
2. Tres planes diocesanos atestiguan
los esfuerzos por seguir construyendo el Reino de
Dios de manera orgánica y planificada. Hoy presentamos
el resultado de nuestro proceso hacia la elaboración
de nuestro IV plan Diocesano de Pastoral.
3. En esta parte del Marco Referencial,
o Marco Teórico, deseamos presentar el conjunto de
elementos globales que caracterizan la situación actual
de nuestra diócesis y el proyecto salvador de Dios
sobre ella.
4. Este Marco Teórico describe la
situación actual de nuestra diócesis en torno a cinco
apartados o ejes de reflexión desde nos sentimos llamados
a ser: promotores de la comunión; proclamadores de
la verdad y anunciadores del Evangelio; celebradores
del misterio cristiano; testigos solidarios del amor
de Dios y colaboradores en la misión universal de
la Iglesia.
5. En los apartados antes mencionados
se describen las luces y sombras que nuestra diócesis
presenta en cada uno de ellos (Marco de Realidad);
tratamos de descubrir lo que Dios pide de nosotros
ante esa realidad (Marco Doctrinal); señalamos los
desafíos pastorales que deberemos afrontar y algunas
conclusiones relevantes.
6. Estos cinco apartados están precedidos
por una breve reseña histórica de nuestra región (Marco
Histórico), señalando los acontecimientos que vemos
necesario tener presentes en nuestro caminar diocesano.
1. De la mano de maría,
caminamos hacia Dios
Marco Histórico
"Cuando llegó la plenitud de
los tiempos, Dios envió a su Hijo, que nació de mujer
y fue sometido a la ley, con el fin de rescatar a
los que estaban bajo la ley, para que así recibiéramos
nuestros derechos como hijos" (Gal 4, 4
5).
Deseamos tener una "visión pastoral
retrospectiva de las etapas más significativas de
nuestra historia, considerada como Historia de Salvación"
(III Plan Diocesano de Pastoral, 13).
1.1 Elaboramos nuestro Plan
desde la Historia
7. Reconocemos que a nuestras tierras
llegó "la plenitud de los tiempos" de salvación
cuando, desde sus primeras correrías evangelizadoras,
los franciscanos nos ofrecieron a María Inmaculada
junto con Jesús, como el "fruto bendito de su
vientre", con el único fin de rescatarnos de
las tinieblas de la idolatría y hacernos, por el bautismo,
hijos de Dios.
8. Al contemplar este pasado, concluimos
que somos un pueblo con una historia singular que
ha marcado nuestro acontecer y definido nuestra identidad,
donde Dios ha ido manifestándonos su designio salvador
en Jesucristo.
9. Ahora queremos "escudriñar
los signos de los tiempos nuevos para ser fermento
y alma de una sociedad renovada y transformada en
familia de Dios". Como agentes de pastoral deseamos
hacer una "atenta consideración del curso de
los acontecimientos de la historia, para discernir
hoy las exigencias de la evangelización".
10. Desde esta intención, pues, pretendemos
elaborar nuestro IV Plan de Pastoral, recogiendo "los
valores y tradiciones de nuestro pueblo y conscientes
de que somos un eslabón más de la historia",
responsables del curso que tome hoy.
1.2 Conquista y Evangelización
11. "Venimos de indios nómadas
y aventureros españoles". Nuestros antepasados
próximos indígenas surgen de pueblos nómadas, cuya
pobreza cultural se manifiesta en la diversidad de
lenguas y la escasez de asentamientos humanos. Desaparecieron
prácticamente de estas tierras a raíz de la conquista
con sus guerras y exterminio mutuo, enfermedades nuevas
y destierros de los indios, forzados por los colonizadores.
12. Debido a la mala convivencia
de indios con españoles, los pocos indios que cohabitaron
en estas tierras, vivieron en lugares separados y
se mezclaron muy poco sus sangres, resultando ser,
la mayoría de nuestros habitantes, criollos españoles.
1.3 Colonización y Cristianización
13. "Cristianos mexicanos, a
imagen y semejanza de España". A lo largo de
toda la época colonial, nuestros pueblos criollos,
organizados en Encomiendas (que luego se transformaron
en Haciendas), se ocuparon principalmente de cultivar
la tierra y de criar ganado. De aquí nació su gran
amor y apego a la tierra y al cuidado de los animales.
14. Con el tiempo, fueron convirtiendo
el trabajo agropecuario en una diversión y competencia,
hasta llegar a ser el deporte más mexicano de todos
los deportes: "la Charreada".
15. En el campo de la fe, muy a semejanza
de los pueblos españoles, primero los sacerdotes religiosos
y después los diocesanos, centraron su atención pastoral
en una permanente evangelización y catequesis impartida,
sobre todo, en las fiestas litúrgicas y patronales,
así como la celebración y recepción de los sacramentos,
especialmente de la Eucaristía (los muchos templos
dan fe de esto).
16. Para todo ello se organizaron
los fieles cristianos en cofradías y patronazgos,
que mucho se empeñaron también en las diversas obras
de misericordia. La escuela, el hospital y los pobres,
nunca faltaron como apostolado de los laicos y responsabilidad
de los sacerdotes.
17. Desde entonces el sacerdote fue,
y sigue siendo, cabeza, fundamento y alma de nuestros
pueblos. El templo parroquial se convirtió en un monumento
a la fe católica, en el corazón de la comunidad y
en el lugar de encuentro de todos.
1.4 Nuestra Señora de San Juan de los Lagos
18. "Fieles hijos y devotos
de la Virgen de San Juan". Desde el inicio de
la evangelización, Nuestra Señora de San Juan de los
Lagos fue nuestra estrella y la aurora de Jesucristo,
el verdadero sol de justicia y salvación en estas
tierras.
19. Aunque estuvo con nosotros desde
1541, no fue reconocida e invocada por los cristianos
de todo el país, sino a partir del primer milagro
(1623), al reanimar a la niña cirquera española. Desde
entonces su imagen, pequeñita de tamaño pero de gran
poder ante su Hijo, no ha dejado de ser visitada y
de prodigar sus gracias y favores a todos. Esta presencia
ha hecho todavía más marianos a nuestros pueblos,
desde siempre también guadalupanos.
1.5 Independencia y Reforma
20. "Españoles de corazón, conservadores
de pensamiento y siempre amantes de las libertades".
Nuestros antepasados, siempre libres, en las luchas
insurgentes por las libertades políticas, fueron espectadores
atentos y actores eventuales, forzados a dar paso
franco a todos los combatientes que pasaban por estas
tierras, aunque sus simpatías se inclinaran más a
favor de la monarquía española. Simpatías que luego
serían para el Partido Conservador, y después para
el Porfirismo.
21. El nacionalismo liberal mexicano
impulsado por Juárez, desembocó en la separación de
la Iglesia y el Estado, en un Estado laico y en un
despojo frecuente de los bienes eclesiásticos. Todo
esto se acató en nuestros pueblos con poca fuerza
contra la Iglesia católica y con mucha protestas contra
estas leyes de reforma.
22. Pero no decayó la fe, ni la Iglesia
desistió en el campo de la educación, ni los grupos
organizados de fieles dejaron de socorrer a los menesterosos.
Más bien, surgieron las misiones populares para acrisolar
la fe del pueblo sencillo.
1.6 Revoluciones mexicanas
23. "Más cristeros que revolucionarios".
Nuestros pueblos no participaron prácticamente en
las luchas revolucionarias, salvo cuando fueron obligados
a dar de comer al ejército desbalagado en su paso
por estas tierras.
24. Con las revoluciones mexicanas
surge la reflexión sobre los problemas sociales de
nuestro pueblo. Por eso, bajo el Magisterio del Papa,
las cuestiones sociales encontraron fervientes promotores
de la Doctrina Social de la Iglesia, llegando a ser
algunos de nuestros laicos, como el Lic. Anacleto
González Flores (hoy en proceso de beatificación),
los mejores líderes de opinión en todo el país.
25. Los laicos florecieron en su
compromiso social como una nueva primavera para la
Iglesia mexicana y, como ellos, florecieron también
nuevas congregaciones religiosas con abundantes vocaciones
para la vida consagrada.
26. Pero ante el acoso y opresión
crecientes de los sucesivos gobiernos postrevolucionarios,
con leyes altamente antirreligiosas en su formulación
y puesta en práctica, nuestra gente, que fue mera
espectadora en las pasadas luchas civiles, ahora será
actora y protagonista en esta lucha religiosa.
27. Los cristeros y los cristianos
de estas tierras, más que un ejército, fueron un pueblo
católico que buscaba hacer valer sus derechos y libertades
religiosas negadas. Más que un ejército de ataque,
su activismo fue una defensa y una protesta donde,
pastores y fieles, no queriendo llegar a las armas
para defender la fe católica, se vieron obligados
a tomarlas como último recurso.
28. En esta lucha nadie quedó fuera,
porque todos sufrieron los horrores de la guerra con
las concentraciones y la suspensión del culto. Por
eso todos colaboraron a favor de la Santa Causa.
29. La sangre de nuestros mártires
cristeros, como los sacerdotes Román Adame Rosales,
Julio Álvarez Mendoza, Pedro Esqueda Ramírez, Sabás
Reyes Salazar, Toribio Romo González y Tranquilino
Ubiarco, canonizados por el Papa Juan Pablo II con
otros 19 mártires el 21 de mayo de 2000, ha sido la
semilla de nuestros cristianos adultos que perseveran
firmes en la fe, conservando las tradiciones cristianas
que heredaron de sus padres y de las que ellos, de
alguna manera, fueron testigos.
30. También destacamos el protagonismo
que tuvo la Acción Católica, entendida en su sentido
amplio y específico, donde los laicos de nuestros
pueblos fueron los brazos de los sacerdotes y verdaderos
apóstoles de nuestras comunidades que, en México y
en nuestra región, prepararon la visión pastoral de
la Iglesia que se expresaría como Pueblo de Dios en
el Vaticano II.
1.7 Nuestra Iglesia Diocesana
31. "Para una región particular,
una Iglesia particular". La erección de la Diócesis
de San Juan de los Lagos en 1972, marcó un acierto
pastoral en nuestra historia particular contemporánea.
32. Cuatro obispos han encabezado
al pueblo de Dios que peregrina por esta región, conduciendo
nuestro acontecer como Iglesia y como Sociedad, impulsando
acciones pastorales concretas que en su momento les
tocó vivir.
33. Mons. Francisco Javier Nuño Guerrero
(1972 1981), creó las estructuras básicas de
la incipiente diócesis como el Seminario Diocesano,
la Curia, el Consejo Presbiteral, la Escuela Catequística
y 9 comunidades erigidas en parroquias.
34. Mons. José López Lara (1981
1987), creó el Colegio de Consultores y el Consejo
de Asuntos Económicos. Asimismo, impulsó la pastoral
orgánica, logrando la elaboración y puesta en marcha
del Primer Plan Diocesano de Pastoral (1985
1988). Impulsó la creación de las estructuras pastorales
a nivel decanal y parroquial. Tras una larga enfermedad,
murió el 25 de abril de 1987, quedando como Administrador
Apostólico el Sr. Cango. Luis Navarro Romero, quien
prolongó la vigencia del Plan por un año más.
35. Mons. José Trinidad Sepúlveda
Ruiz-Velasco (1988 1999), Impulsó la construcción
de la Casa de Pastoral Juan Pablo II, que ha prestado
un invaluable servicio para nuestra diócesis y para
otras diócesis del país. Asimismo, impulsó la elaboración
y puesta en marcha del Segundo (1989 1995)
y Tercer (1995 2000) Planes Diocesanos de Pastoral.
Encabezó la Visita del Papa Juan Pablo II a nuestra
diócesis (8 de mayo de 1990). En esta etapa se empezaron
a realizar Asambleas a nivel decanal y parroquial.
36. A partir de 1999 Mons. Javier
Navarro Rodríguez inicia su ministerio episcopal como
cuarto obispo de nuestra diócesis. Impulsó el proceso
de elaboración de nuestro IV Plan Diocesano de Pastoral.
Durante este proceso se ha elaborado el manual de
decanos y la Guía para la Visita Pastoral. Asimismo
se inició el proceso de elaboración del manual de
párrocos.
37. En el ámbito social hemos vivido
la alternancia en la Presidencia de la República,
con los logros y desilusiones que hemos presenciado.
1.8 Conclusiones relevantes
38. Desde la visión histórica que
hemos descrito, tratamos de elaborar nuestro IV Plan
Diocesano de Pastoral. Bajo esta luz mencionamos los
siguientes desafíos históricos que a todos nos interpelan
y nos invitan a darles respuesta aquí y ahora.
39. Evangelizar al pueblo de Dios
que peregrina en la Iglesia de San Juan de los Lagos,
siendo fieles a su historia particular y al Plan salvífico
de Dios en su Hijo Jesucristo.
40. Profundizar en la memoria histórica
de nuestro pueblo para corregir actitudes deficientes
y conservar los valores más genuinos de nuestra gente.
41. Fundamentar nuestra tarea pastoral
planificada en los dinamismos y necesidades que, a
lo largo de la historia, van presentando los pueblos
de nuestra región.
42. Asumir la pastoral planificada
como la mejor manera de configurar, desde la fe, nuestra
Iglesia diocesana.
43. Promover en nuestras comunidades
el estudio, la reflexión y la sistematización de la
historia de nuestros pueblos y de nuestra región.
44. Inspirar nuestro trabajo pastoral
en las mejores líneas de la gesta cristera que nos
dieron muchos mártires y cristianos ejemplares, tanto
sacerdotes como laicos.
45. Institucionalizar el estudio
atento y diario de los signos de los tiempos, especialmente
ahora que nuestra patria mexicana respira nuevos aires
de democracia.
46. Enfrentar el nuevo siglo y nuevo
milenio desde un pasado que se hace presente en nosotros,
exigiéndonos una Iglesia diocesana fiel a Dios, al
hombre y al Magisterio de la Iglesia.
2. Todos llamados a ser promotores de
comunión
Pastoral Orgánica
"Pues, así como nuestro cuerpo,
en su unidad, posee muchos miembros, y no desempeñan
todos los miembros la misma función, así también nosotros,
siendo muchos, no formamos más que un solo cuerpo
en Cristo, siendo cada uno por su parte los unos miembros
de los otros". (Rm 12, 4-5)
«Antes de programar iniciativas concretas,
hace falta promover una espiritualidad de la comunión,
proponiéndola como principio educativo en todos los
lugares donde se forma el hombre y el cristiano, donde
se educan los ministros del altar, las personas consagradas
y los agentes pastorales, donde se construyen las
familias y la comunidades» ( NMI, 43).
2.1 Iglesia Diocesana, Escuela de Comunión y Participación
47. En consonancia con el Papa Juan
Pablo II, descubrimos que el desafío principal que
tenemos es hacer de nuestra Iglesia diocesana una
escuela de comunión y participación. Solo así podremos
ser un signo claro ante el mundo en los comienzos
del tercer milenio.
48. En este empeño descubrimos muchos
signos esperanzadores que nos impulsan a seguir construyendo
la unidad querida por Cristo. Agentes de todo tipo
y en todos los niveles de nuestra Iglesia diocesana
están consolidando los espacios y mecanismos que nos
permiten consensar nuestros proyectos, aglutinando
los diversos carismas en una pastoral orgánica que
tenga mayor incidencia en la comunidad humana y eclesial.
49. Reconocemos también que son muchos
los obstáculos y dificultades que frenan este avance,
dadas las debilidades personales y estructurales que,
no resueltas satisfactoriamente, deterioran la eficacia
de los mecanismos de comunión y participación establecidos
en nuestra diócesis.
50. No obstante, reafirmamos nuestra
fe en Jesucristo que, a través de su Espíritu y el
amor del Padre, sabrá infundir en nuestras mentes
y corazones las convicciones más profundas que posibiliten
la búsqueda en común de la unidad querida para la
Iglesia que él fundó.
51. Estamos dispuestos a afrontar
los desafíos que el mundo nos impone, siendo dóciles
a las mociones del Espíritu y en armonía con la Iglesia
universal.
2.2 Luces y sombras de nuestra Comunión y Participación
(Marco de la Realidad)
a) Luces Aspectos Positivos
52. Agradecemos a Dios, Señor de
la historia que, en el pasado y en el presente haya
suscitado la presencia de hombres y mujeres lúcidos
que, por la vivencia de los valores humanos y cristianos
en el ámbito social, fortalecieron la cultura de nuestro
pueblo, consolidando el sentido de pertenencia al
mismo.
53. No obstante los fenómenos de
la modernidad, la globalización y el urbanismo, son
muchas las personas que se esfuerzan por testimoniar
su fe, consolidando sus creencias, siendo asiduos
en sus prácticas religiosas y modelando sus conductas.
De este modo actúan como fermento en la masa para
unir a la comunidad en un mismo sistema de valores.
54. Observamos que la sucesión y
alternancia de los acontecimientos tristes, como la
pérdida de un ser querido, y gozosos, como la celebración
de las fiestas patronales, son espacios donde se manifiesta
la unidad solidaria de nuestros pueblos, testimoniando
que las alegrías y tristezas de unos son las alegrías
y tristezas de todos.
55. Reconocemos el papel protagónico
que desde antaño han tenido las mujeres, especialmente
las madres de familia, al ser las principales promotoras
de valores sociales y religiosos, logrando al mismo
tiempo ser el principal factor de comunión familiar
y social.
56. Constatamos que los jóvenes,
como sector social, están haciendo esfuerzos por integrarse
lo mejor posible a la sociedad, preparándose en las
escuelas y formando agrupaciones de todo tipo, haciendo
evidente su presencia y participación en la construcción
de un mundo mejor.
57. Nos alegra constatar que son
muchos los sacerdotes, religiosas(os) y laicos que,
conociendo sus carismas y funciones en la Iglesia,
han sabido integrarse a la misión evangelizadora a
través de los planes y proyectos a nivel diocesano,
decanal y parroquial.
58. Destacamos la cercanía y acompañamiento
de nuestro obispo, así como la entrega y testimonio
de sacerdotes, religiosas(os) y laicos que, desde
sus espacios de participación, han sido verdaderos
agentes de comunión fraterna en nuestra comunidad
diocesana.
59. Es de alabar la comunión y participación,
responsable y creativa, que ha mostrado el seminario
al integrarse decididamente en todas las etapas y
eventos del proceso pastoral. A través de sus labores
apostólicas están conociendo la situación que viven
las comunidades de la diócesis para, en un futuro,
integrarse adecuadamente en ellas como pastores de
las mismas.
60. Se están haciendo esfuerzos,
sobre todo a nivel decanal y de ciudades, por conseguir
la unidad de criterios en la preparación, celebración
y registro de los sacramentos. De este modo se valora
el carácter comunitario de los sacramentos, siendo
un signo más de la unidad que buscamos.
61. Descubrimos que las asambleas
sacerdotales y los cursos de actualización para párrocos,
empiezan a consolidarse como espacios de discernimiento
y búsqueda de criterios comunes que, asumidos en todos
los niveles de Iglesia, inciden más significativamente
en el ámbito diocesano.
62. Debemos agradecer a Dios que
en nuestra diócesis no se han dado rupturas graves
en la comunión eclesial. En general hay unidad en
lo esencial y esfuerzo de todos los agentes de pastoral
por conservarla.
63. Desde la elaboración de nuestro
primer plan diocesano de pastoral se han ido integrando
y consolidando los consejos, equipos y asambleas de
pastoral a nivel diocesano, decanal y parroquial.
Actualmente reconocemos estas instancias como verdaderos
mecanismos de comunión y participación, que funcionan
aceptablemente en los niveles de Iglesia correspondientes.
64. Se han celebrado varias asambleas
diocesanas, decanales y parroquiales, impulsadas por
estos mecanismos de comunión y participación corresponsable.
Gracias a ellos hemos elaborado ya tres planes diocesanos
de pastoral, que constituyen una rica herencia de
valores comunitarios expresados en su preparación
y ejecución.
65. Agradecemos a nuestro obispo,
decanos, párrocos, vicarios, religiosos(as), asesores
y coordinadores de equipos, grupos, asociaciones y
movimientos existentes de nuestra diócesis que, a
través del buen desempeño de sus funciones y carismas,
han sido verdaderos agentes de comunión y participación
en nuestra comunidad diocesana.
66. La mayoría de los pastores de
nuestras comunidades están plenamente convencidos
de la necesidad de una pastoral planificada, y se
ha avanzado mucho en la realización de programas comunes
en algunas ciudades y decanatos.
67. Se ha procurado integrar equipos,
consejos y asambleas, no sólo en los distintos niveles
de Iglesia, sino también en las principales áreas
de pastoral (Formar comunidad, Tareas fundamentales,
Tareas diversificadas y Agentes de pastoral).
68. Reconocemos la gran riqueza de
carismas que aportan las comunidades religiosas de
nuestra diócesis, así como su testimonio de fraternidad
al interno de sus congregaciones y en los pueblos
donde prestan sus servicios.
69. Ha sido un gran avance el haber
elaborado un manual de funciones para los decanos
y uno para la preparación, realización y evaluación
de las visitas pastorales. Sin duda que este esfuerzo
redundará en la claridad de funciones de cara a lograr
un trabajo más unificado.
b) Sombras Aspectos Negativos
70. Hemos de reconocer que, al lado
de quienes se esfuerzan por vivir la coherencia evangélica,
coexisten quienes se han dejado arrastrar por una
cultura de muerte manifestada en los fenómenos de
la corrupción, adicciones, violencia intrafamiliar,
divorcios, abortos, así como la influencia negativa
de los medios de comunicación social y la migración.
Con frecuencia esto ha sido motivo de división al
interno de las familias y comunidades.
71. Sentimos que la institución familiar,
como un centro natural de comunión y participación,
está sufriendo un grave deterioro propiciado por situaciones
como padres divorciados vueltos a casar, convivencia
de hermanos y medios hermanos, familias que cuentan
con uno solo de los padres, etc. Sin duda que esto
representa una gran dificultad para integrar y educar
a los miembros como una sola familia.
72. De parte de las instituciones
y agentes de la educación como la escuela, la familia,
los medios de comunicación social y el ambiente mismo,
estamos recibiendo modelos de comportamientos muy
fragmentados, incapaces de unirnos en un mismo sistema
de valores que garantice la integración de la sociedad.
73. El pluralismo ideológico y valorial,
aunado a la rapidez con que se dan los cambios, ha
debilitado nuestra capacidad de discernimiento de
tal modo que las diversas maneras de entender tareas
tan nobles como la política, la economía, la educación,
el medio ambiente, etc., lejos de enriquecernos, han
sido un factor más de disgregación social.
74. Reconocemos que un amplio sector
juvenil, heredero o promotor de una cultura de lo
pasajero, no logra del todo integrarse a la sociedad
y menos participar activamente en los proyectos encaminados
a construir una sociedad fuerte.
75. La búsqueda del placer y los
bienes materiales, aunados al fenómeno del urbanismo,
han debilitado el sentido de pertenencia a una comunidad
y, por tanto, se incrementa el individualismo y se
está perdiendo de vista la construcción del bien común
desde la política, la economía, la educación, la ética
y la moral.
76. Sentimos que los valores evangélicos,
proclamados por la Iglesia, inciden cada vez menos
para tomar las decisiones más cruciales en la vida
de las personas y comunidades. Esta situación conduce
a un relativismo moral que dificulta el diálogo y
siembra de desunión en la manera de afrontar los problemas
que nos aquejan.
77. Las situaciones irregulares como
uniones libres y madres solteras, aunadas al fenómeno
migratorio, suelen ser motivo de conflicto, desintegración
y división familiar, que más tarde se traduce también
en un alejamiento de la comunidad eclesial.
78. En algunas comunidades no están
bien integrados los mecanismos de equipos, consejos
y asambleas de pastoral. Este hecho viene en detrimento
de algunas acciones pastorales.
79. Reconocemos que algunos grupos,
asociaciones y movimientos eclesiales, así como algunas
comunidades religiosas, no están representados adecuadamente
en alguno de estos mecanismos de comunión y participación.
Esto provoca acciones pastorales paralelas o repetitivas
que debilitan la eficacia de las acciones planeadas
a un nivel superior.
80. Existen algunos equipos diocesanos
que no han logrado contar con la representatividad
y corresponsabilidad requerida a nivel decanal y parroquial,
lo cual resta la incidencia de las acciones en esos
niveles. La legítima autonomía de los equipos de trabajo
a menudo ha dado la impresión no de una pastoral de
conjunto, sino de un conjunto de pastorales, provocando
que algunos campos se vayan quedando descuidados de
la acción pastoral.
81. El número de equipos de trabajo,
así como la representatividad por ellos requerida,
ha provocado que nuestra estructura eclesial se haga
tan compleja que, con frecuencia, resulta prácticamente
imposible integrar y hacer funcionar adecuadamente
los mecanismos de comunión en todos los niveles.
82. Somos conscientes de que el activismo
pastoral ha disminuido nuestro entusiasmo por lograr
una verdadera espiritualidad de comunión y participación.
Tal parece que nos hemos preocupado más por organizar
nuestro quehacer pastoral y hemos olvidado impulsar
un proyecto que organice y oriente nuestra vida.
83. Observamos que la falta de disponibilidad
de algunos agentes por un lado, y el descuido por
formar los relevos en los sacerdotes y laicos por
otro, aunado a la falta de formación para trabajar
en equipo, ha provocado que el trabajo se concentre
en unos pocos, lo cual repercute en un deficiente
acompañamiento de asesores y responsables de las tareas
pastorales.
84. Constatamos que en muchos agentes,
así como grupos, asociaciones y movimientos en los
diversos niveles, no han logrado clarificar la identidad
y estructura de los equipos, consejos y asambleas.
Esto disminuye la proyección de dichos organismos
en el ser y quehacer de los agentes que llevarán a
cabo las tareas pastorales.
85. No obstante el convencimiento
de la mayoría de los párrocos en cuanto a la necesidad
de llevar una pastoral orgánica a nivel diocesano,
y los logros reconocidos en este sentido a nivel decanal,
hemos de reconocer que sólo un poco más de la mitad
de nuestras parroquias ha logrado aterrizar los proyectos
diocesanos en el nivel parroquial.
2.3 Lo que nos pide Dios (Marco Doctrinal)
86. Por nuestra adhesión a Cristo
en el Bautismo nos sentimos llamados a situar el mensaje
evangélico en la cultura de nuestro pueblo; en su
sistema de valores, en sus criterios de juicio y en
sus directrices de acción, para llegar a formar una
comunidad humana abierta a los valores trascendentes.
87. Nuestro ser de cristianos no
nos aleja del mundo, antes bien, deseamos compartir
los gozos y esperanzas de nuestros pueblos que, entre
las angustias de los hombres y los consuelos de Dios,
se esfuerzan por cumplir su vocación humana y cristiana.
88. Comprendemos que la Iglesia debe
ser siempre un espacio de comunión y participación,
más allá de las condiciones económicas, políticas
y sociales de los hombres y mujeres que la componen.
89. Creemos que el Misterio de la
Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica, es el
sacramento de la comunión de Dios al servicio de su
Reinado en toda la humanidad, y se concreta en un
Pueblo de Dios que es el Cuerpo de Cristo habitado
por el Espíritu, vínculo de comunión de todos sus
miembros, que son fundamentalmente iguales, y sólo
funcionalmente cumplen diversidad de servicios con
variedad de formas de vida y carismas que enriquecen
la comunión y la unidad al servicio del Reino en la
Iglesia y en toda la humanidad. La constitución primaria
de la Iglesia es nuestra condición básica de creyentes
bautizados en Cristo por el Espíritu.
90. Asumimos que el valor de la comunión
encarna y manifiesta la esencia misma de la Iglesia.
La comunión es el fruto y la manifestación de aquel
amor que, surgiendo del corazón del Padre, se derrama
en nosotros a través del Espíritu que Jesús nos da
para hacer de todos nosotros un solo corazón y una
sola alma.
91. Entendemos que la comunión entre
Dios y los hombres se manifestó de un modo admirable
en el hecho de la alianza y alcanzó su plenitud en
el misterio de Encarnación. Creemos que esta comunión
deberá también manifestarse en nuestra Iglesia diocesana
a través de la comunión y participación de quienes
la componemos.
92. Sabemos que la comunión y participación
entre los miembros de nuestra Iglesia local, sólo
será posible si logramos vivir un auténtico encuentro
con Jesucristo vivo, y nos dejamos guiar por el Espíritu,
constructor de la unidad en la diversidad entre los
miembros de una comunidad. Deseamos tener como ejemplo
a la Virgen María, la perfecta discípula que vivió
mejor la comunión con su Hijo Jesucristo.
93. Confesamos que el factor de unidad
más importante para nuestra comunidad eclesial es
la Palabra de Dios estudiada, meditada y vivida como
el criterio de referencia seguro en el que todos debemos
coincidir.
94. Reconocemos que, más allá de
los carismas, ministerios y funciones con que Dios
ha dotado a su pueblo, está el amor de Cristo, cabeza
del Cuerpo Místico, que todo lo ubica y le da coherencia
y unidad.
95. Apreciamos y asumimos las directrices
que el Magisterio universal y local de la Iglesia
ponen en nuestras manos, para que la tarea evangelizadora
se convierta en un signo claro de unidad eclesial.
96. Compartimos con nuestros obispos
latinoamericanos la convicción de que la pastoral
planificada y orgánica es el camino adecuado, consciente
e intencional, para llevar a cabo la misión evangelizadora
de la Iglesia.
97. Aspiramos a hacer realidad los
deseos de Cristo, esforzándonos por realizar la misión
de la Iglesia de un modo orgánico, respondiendo así
a los imperativos de la Nueva Evangelización que nos
invita a buscar formas siempre nuevas que respondan
a las necesidades de la evangelización.
98. Estamos ciertos de que el ejercicio
práctico de la comunión se realiza en la corresponsabilidad,
la cual, a su vez, se hace más evidente en el buen
funcionamiento de los mecanismos establecidos para
ello. Estos mecanismos son las Asambleas, los Consejos
y los Equipos que, a nivel diocesano, decanal y parroquial,
ofrecen un espacio de discernimiento comunitario y
de fraternidad eclesial para bien del trabajo pastoral.
99. Esperamos de los sacerdotes un
empeño creciente por convertirse en los primeros factores,
por su palabra y su testimonio, de la comunión y participación.
100. Estamos convencidos de que,
sólo en un ambiente de comunión fraterna, pueden florecer
las vocaciones para todos los servicios que la Iglesia
necesita en el desempeño de su misión.
101. Creemos que las sanas relaciones
humanas, cultivadas en todos los niveles y espacios
de discernimiento comunitario, serán la clave para
abrir las puertas hacia un diálogo fecundo con el
obispo, sacerdotes religiosas(os), laicos y seminaristas,
que nos permita construir los consensos necesarios
para avanzar en el camino de la unidad, superando
los conflictos y críticas destructivas.
2.4 Desafíos Pastorales
102. Nos urge testimoniar un estilo
de vida capaz de iluminar y unir, con los valores
humanos y cristianos, todos los ambientes e instituciones
sociales en los cuales realizamos nuestra vocación
humana y cristiana. Para lograrlo será necesario un
conocimiento más profundo de la Sagrada Escritura
y el Magisterio de la Iglesia, pues es allí donde
se encuentran los principios fundamentales, los criterios
de discernimiento y el estilo de vida de quienes se
sienten llamados a ser luz del mundo y sal de la tierra.
103. Necesitamos que los valores
de la comunión y la participación sean más evidentes
desde la vida familiar. Muy poco podríamos avanzar
en la construcción del bien común, si no nos sentimos
parte de la comunidad humana y nos sumamos a los esfuerzos
de todos por conseguirlo.
104. Ante una incidencia cada vez
menor de la Iglesia en la sociedad, especialmente
en una cultura urbana, hemos de redoblar esfuerzos
para empeñarnos en la construcción de la comunidad
humana, para luego dar el paso a la construcción de
la comunidad eclesial.
105. Asumimos las palabras del Papa
Juan Pablo II cuando dice que debemos hacer de la
Iglesia la casa y la escuela de la comunión: este
es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el
milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio
de Dios y responder también a las profundas esperanzas
del mundo.
106. Vemos necesario vivir un proceso
permanente de conversión pastoral, que nos haga capaces
de dialogar fraternalmente en todos los niveles y
sectores de nuestra Iglesia, para buscar y encontrar
juntos los principios unificadores, los criterios
de discernimiento y las directrices de acción pastoral,
dando así un testimonio de unidad ante el mundo, a
ejemplo de la comunidad primitiva.
107. Empezamos a sentir un cierto
conflicto generacional entre sacerdotes. Las diferencias
en la formación recibida, manifestadas en las formas
de hacer la pastoral, hemos de convertirlas en factor
de enriquecimiento mutuo y no en motivo de división.
108. Si el centro primario y natural
de la comunión y participación es la familia, necesitamos,
como Iglesia, atender pastoralmente la diversidad
de situaciones de hecho y de derecho que están viviendo
muchas familias de nuestras comunidades.
109. Nos urge revalorar y potenciar
los mecanismos de comunión y participación previstos
en la legislación canónica, como el Consejo Presbiteral
y pastoral, y aquellos que surgen del magisterio ordinario
de nuestro obispo, como primer responsable de promover
la comunión y participación en su diócesis.
110. Es indispensable contar con
una estructura organizativa que permita a todos los
sectores de personas, grupos asociaciones, movimientos
y agentes de pastoral de nuestra diócesis, sentirse
representadas en los mecanismos de comunión y participación
establecidos en los diversos niveles de nuestra Iglesia.
Esto se logrará cuando todos tengamos claro el servicio
que ofrecemos en la pastoral, así como la identidad
y funcionamiento de los mecanismos en los que participamos.
111. En materia de pastoral de conjunto
debemos luchar para que los planes y proyectos pastorales
a nivel diocesano y decanal, se concreticen también
en el nivel parroquial, siendo la parroquia un espacio
clave para vivir la comunión y la participación con
Dios y con los hermanos. Sin la participación de este
nivel correremos el riesgo de formular planes alejados
de la realidad.
2.5 Conclusiones Relevantes
(Compromisos Líneas de Acción)
112. Sentimos la necesidad de contar
con normas y criterios diocesanos sobre la preparación,
celebración y registro de los sacramentos, que unifique
a los pastores y ayude a los fieles a recibirlos con
mayor provecho.
113. Buscamos que nuestra estructura
pastoral, lejos de ser una complicación más de nuestro
trabajo, exprese la comunión, el sentido de pertenencia
y corresponsabilidad de todos los miembros de nuestra
diócesis, representados en las distintas comisiones.
114. Como miembros de nuestra Iglesia
local, y guiados por nuestro obispo, pondremos todo
nuestro empeño para formular y asumir los criterios
pastorales que más sintonicen con el plan de Dios,
y respondan mejor a las necesidades de nuestro pueblo.
3. LLAMADOS A SER EVANGELIZADORES DEL
REINO
Evangelización y Catequesis
"El espíritu del Señor está
sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena
noticia a los pobres; me ha enviado a proclamar la
liberación a los cautivos, a dar vista a los ciegos,
a libertar a los oprimidos y a proclamar un año de
gracia del Señor. (Lc 4, 18-20).
"El misterio de la santa Iglesia
se manifiesta en su fundación. Pues nuestro Señor
Jesús dio principio a su Iglesia con la predicación
de la buena nueva, es decir, del Reino de Dios prometido
muchos siglos antes en las Escrituras: Porque el tiempo
está cumplido, y se acera el reino de Dios (Mc 1,
15; Mt 4,17). Ahora bien, este Reino comienza a manifestarse
como una luz delante de los hombres por la Palabra,
por las obras y por la presencia de Cristo".
(LG. 5) (GS 54) (AA 6)
"Evangelizar constituye, en
efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia,
su identidad más profunda". (EN 14)
3.1 El hombre es el camino hacia a Dios
115. Una atenta consideración al
acontecer contemporáneo nos lleva afirmar que estamos
viviendo un cambio de época que cuestiona fuertemente
la manera de vivir de las personas y de nuestros pueblos.
No se trata sólo de la aceleración de la vida ni de
los nuevos descubrimientos tecnológicos que se adentran
en el misterio de la vida y en el amplio campo de
las comunicaciones. Hay un cambio de paradigmas, y
hasta de lo que se percibe o no como un valor. Es
decir emerge está emergiendo- una nueva civilización
que propone desafíos y puntos de referencia también
nuevos a la acción pastoral de la Iglesia. Esa es
quizá la intuición de fondo que hay tras el llamado
insistente del Papa a inaugurar los tiempos de una
"Nueva Evangelización: nueva en su ardor, en
sus métodos, en su expresión", proceso que implica
simultáneamente un reencuentro con el Jesús evangelizador
y una encarnación en la humanidad de nuestra época
(ChL 34; RMi 33). El antiguo adagio decía: "Lo
que no se encarna no se redime". Quisiéramos
acoger este tiempo presente como un Kairós en que
podamos anunciar resueltamente, y en un lenguaje inteligible,
que el tiempo se ha cumplido, que el Reino está cerca
y que nos espera un tiempo de gracia del Señor (Cfr.
Mc 1,14; Lc 4, 19).
116. Juan Pablo II ha presentado
como opción preferente para toda la Iglesia la nueva
evangelización. Pero nos ha hecho una advertencia
sabia: el hombre es el camino hacia Dios. Si queremos
que se nos tome en serio cuando presentemos a Jesucristo,
debemos partir del hombre concreto: de sus desengaños,
de sus preguntas, de sus conquistas, sueños y realizaciones
históricas. Y desde ahí, asumiendo el mundo como creación
divina y lugar donde habita el Espíritu, la tarea
hoy prioritaria es la Evangelización.
3.2 Luces y sombras de nuestra Evangelización (Marco
de la Realidad)
a) Luces - Aspectos Positivos
117. Hay muchas personas que estudian
y escuchan la Palabra de Dios, la ponen en práctica
y son sensibles a las necesidades de los demás.
118. La catequesis se alimenta de
la Palabra de Dios para fortalecer nuestra fe. Hay
Mayor conciencia de la necesidad de la tarea evangelizadora.
Hay presencia activa de agentes comprometidos, valerosos
y corresponsables en la evangelización, de manera
especial en la catequesis de niños y adolescentes.
119. En las comunidades rurales el
profetismo del laico es bien aceptado. La familia
es evangelizadora de la misma familia, fuente de valores
y semillero de vocaciones. La mayoría de los padres
de familia tienen conciencia de la importancia de
la catequesis para sus hijos en la etapa de iniciación
cristiana.
120. El Espíritu Santo está suscitando
en la Iglesia diversidad de ministerios al servicio
de evangelización. Es clara y permanente la asesoría
y formación continua de catequistas. La mayoría de
las personas que viven en nuestra diócesis son católicos
por tradición pero ya muchos por evangelización.
121. La evangelización de los jóvenes
ha suscitado en ellos más inquietud por conocer su
fe. Es innegable que la valiente profesión de fe de
nuestros mártires cristianos son hoy un ejemplo a
seguir. Nuestro pueblo, a pesar de sus deficiencias,
sigue siendo muy religioso.
122. Es alentador saber que son muchos
los laicos comprometidos en los diversos niveles de
Iglesia, en los diversos campos de la sociedad, y
que se están dando signos fuertes de vivencia en la
fe, de práctica religiosa y sacramental. Nuestras
familias siguen siendo la principal escuela donde
se aprende a amar y vivir los valores humanos y cristianos.
123. Los medios de comunicación social
favorecen la difusión de la cultura; son utilizados
rectamente para ayudar al género humano y propagar
y fortalecer el Reino de Dios. La Iglesia predica
el mensaje salvación con estos medios.
124. Hay más mujeres involucradas
en la pastoral, la mayoría de los agentes activos
son mujeres. La mujer está más al pendiente en la
educación cristiana de la familia y ha sido formadora
de valores cristianos.
b) Sombras Aspectos Negativos
125. En general no estamos habituados
al estudio de la Biblia y es un simple adorno. Falta
vivir como verdadera comunidad cristiana, esto se
nota en falta de compromiso con los trabajos pastorales
de nuestras parroquias.
126. Poco esfuerzo por evangelizar
los MCS y con los MCS. Existe apatía de los padres
de familia por la tarea evangelizadora, rehuyen al
compromiso evangelizador de ser educadores de sus
hijos, se respaldan en las catequistas y les exigen
demasiado.
127. Aceptamos que la falta de continuidad
en la evangelización propicia incoherencia, miedo
al compromiso y pérdida de valores. Se ha descuidado
la catequesis de adultos. Los agentes buscan una pastoral
cómoda, no comprometida y falta una suficiente preparación.
128. Los constantes ataques a la
Iglesia han propiciado algunos malestares e inquietudes
en la feligresía. La Iglesia debilita su influencia
en la sociedad debido a la incoherencia entre la fe
y la vida de los bautizados. Esta nueva cultura emergente
tiene mucha influencia y tiende a crear un mundo sin
Dios, es decir, dejarnos envolver por el secularismo,
haciendo a un lado los valores evangélicos para darle
más importancia al placer, al tener y al poder, produciendo
una vida carente de sentido y de profundo vacío y
llena de los nuevos ídolos.
129. Cada día son más los fieles
que van alejándose de la fe recibida teniendo como
causas: El ambiente paganizado, los ataques a la fe
y a la moral cristiana, la presión de las sectas,
la superstición, la ignorancia y la difusión de conductas
incompatibles al catolicismo.
130. Los que viven en situaciones
irregulares (unión libre, divorcio, drogadicción,
madres solteras) se sienten relegados de la vida eclesial.
Así mismo hay resentidos por antitestimonios, y quienes
que por motivos de trabajo o descanso no participan
en los sacramentos.
131. No se ha atendido suficientemente
a los emigrantes, los cuales en el encuentro con la
cultura liberal de Estados Unidos, entran en crisis
de valores. Falta atender a los que celebran en modo
pagano las fiestas patronales y los que acuden solo
eventualmente a pedir sacramentos o ceremonias, entre
otros.
132. Incoherencia entre la fe, la
religiosidad y la vida, así como el hacer de la religión
un asunto de gustos donde cabe una fe sin compromiso.
El permisivismo moral, dar prioridad a lo material,
buscar solo lo extraordinario, mero ritualismo y la
exclusión de la fe en los ámbitos político, económico
y educativo.
133. Los contenidos de violencia,
sexo y consumismo en los M.C.S. son cada vez más agresivos,
están provocando una fuerte crisis en los valores
tradicionales, culturales, familiares y cristianos,
tales como: diálogo intrafamiliar, unidad y convivencia
de la familia, el buen uso del tiempo, respeto y religiosidad,
austeridad, responsabilidad y compromiso con la verdad
y la paz, la castidad, la inocencia, la autenticidad
e identidad, el orden y la obediencia de los hijos,
y el crecimiento intelectual, y oración familiar,
la participación en la misa dominical y el poner a
Dios al centro de la vida social, familiar y personal.
134. Se ha hecho poco para formar
en el uso correcto de los MCS y para crear conciencia
crítica ante sus contenidos. Muchos jóvenes han tenido
una evangelización y catequesis superficial que no
los ha llevado a un encuentro con Cristo.
3.3 Lo que nos pide Dios
(Marco Doctrinal)
135. Creemos que evangelizar constituye
la dicha y vocación propia de la Iglesia.
136. Creemos que Cristo sigue evangelizando
en la Iglesia por medio del Espíritu Santo en comunión
con el Padre.
137. Creemos que Cristo es el primero
y más grande evangelizador del Padre.
138. Creemos que Cristo es el centro
y fuente principal de toda catequesis.
139. Creemos que la Iglesia es continuadora
de la misión de Jesucristo y ha sido enviada para
ser maestra de la fe.
140. Proclamamos que el Espíritu
Santo es el protagonista en la tarea evangelizadora.
141. Proclamamos que la Iglesia siempre
ha tenido la Sagrada Escritura como tesoro de la revelación
y alimento eficaz para la vida como lo ha hecho con
el Cuerpo de Cristo pues ella nos lleva al conocimiento
de Dios, a vivir como El nos manda y nos guía en el
proceso de pastoral.
142. Proclamamos que María es Madre
de la Iglesia, Modelo de santidad, intercesora y Maestra
de Evangelización que nos lleva a Cristo.
143. Creemos que los laicos deben
ser promotores de comunión y participación y protagonistas
de la nueva evangelización.
144. Proclamamos que los padres de
familia deben ser los primeros evangelizadores mediante
la palabra y el testimonio de vida.
145. Reconocemos que el seminario
ha de vivir de un modo interior y profundo la comunión
con la diócesis y que el apostolado es un espacio
privilegiado para el crecimiento de la vocación.
146. Reconocemos que todos los miembros
de la Iglesia tenemos la misión de anunciar el Evangelio.
147. Creemos que la catequesis debe
ser dinámica, sencilla y comprensible a toda persona.
148. Creemos que no basta con predicar,
sino acompañar la predicación con el testimonio de
vida.
149. Proclamamos que la Iglesia está
llamada a dar testimonio de Cristo, asumiendo posiciones
valientes y proféticas.
150. Anunciamos nuestra fe, primordialmente
con el testimonio de vida, como primer medio de evangelización,
porque se cree más al testigo de Cristo.
151. Creemos que para que la familia
cristiana sea verdaderamente Iglesia doméstica, lo
padres deben trasmitir la fe por medio de la palabra,
ejemplo y oración.
152. Sabemos que el papel de la mujer
es decisivo en la familia, en la sociedad y en la
evangelización.
153. Entendemos que la catequesis
pone los primeros cimientos de la fe, por eso es importante
que se reciba en todas las etapas de la vida.
154. Reconocemos que los MCS rectamente
utilizados son una valiosa ayuda para evangelizar
el mundo.
155. Creemos y proclamamos que el
encuentro con Jesucristo transforma, ayuda a madurar
en la fe y promueve la evangelización y la catequesis.
156. Proclamamos que el evangelio
debe proclamarse con amor, método y expresión.
3.4 Desafíos Pastorales
157. Reconocemos que aún falta que
los laicos sean testigos de los valores evangélicos
en todos los niveles y aspectos de la vida social
y política. Necesitamos promover líderes cristianos
en el campo político-social.
158. Reconocemos la urgencia de la
nueva evangelización integral en todos los ambientes,
especialmente en lo político.
159. Es necesario seguir haciendo
conciencia en los padres de familia sobre la cultura
de la vida, la responsabilidad de la procreación y
la educación de los hijos.
160. Es preciso seguir enseñando
a los fieles que la Iglesia es defensora de la vida
desde su concepción hasta la muerte natural.
161. Es necesario reforzar esfuerzos
para que en las parroquias, especialmente los jóvenes
y adolescentes conozcan, vivan y amen la fe y la Sagrada
Escritura a partir del encuentro con Cristo.
162. Necesitamos seguir promoviendo
una adecuada preparación próxima a la celebración
de los sacramentos así como intensificar una evangelización
más profunda que lleve a una verdadera fidelidad y
santificación.
163. Lograr una mejor formación y
capacitación permanente de los agentes de pastoral
y promover su corresponsabilidad.
164. Hacer más dinámica la evangelización
para contrarrestar la apatía, indiferencia y divisiones.
165. Urge que nuestra Diócesis elabore
un catecismo sobre la doctrina y normas de los sacramentos.
166. Promover el diálogo en las familias
y conscientizarlas de su tarea evangelizadora como
primer lugar en la educación de la fe.
167. Implementar y unificar textos
de catequesis para todos los grados, tanto para catequistas
como para catequizandos en todas las edades.
168. Necesitamos que la evangelización
no quede en meros conocimientos, sino que lleve a
una experiencia con Cristo.
169. Urge preparar y abrir más espacios
de participación a evangelizadores competentes y santos.
170. Debemos impulsar en nuestras
parroquias la evangelización a las personas más alejadas
y resentidas.
171. Unir más sacerdotes y laicos
para una mejor evangelización.
172. Los agentes de pastoral seamos
primero discípulos y después maestros.
173. No hay que perder de vista que
somos una diócesis muy mariana y que María es estrella
de la evangelización.
174. Necesitamos seguir promoviendo
una lectura creyente de la Biblia que desencadene
procesos de conversión.
175. Nos urge un estilo de vida según
las exigencias cristianas del evangelio.
176. Nos falta conocer más y mejor
nuestra religión y profundizar la vivencia de la fe
para poder ser luz del mundo y sal de la tierra.
177. Sentimos la urgencia de vivir
la fe en permanente conversión y continuo crecimiento.
178. Necesitamos seguir evangelizando
y catequizando nuestra religiosidad popular.
179. Debemos impulsar en nuestras
comunidades la evangelización con las personas más
alejadas.
180. Necesitamos impulsar más a la
familia como Iglesia domestica y a los padres de familia
como los primeros responsables de la formación cristiana
de sus hijos.
181. Queremos que se mejore la educación
impartida en las escuelas, más calidad en los maestros
y enseñanza sea más integral.
182. Necesitamos proyectos educativos
inspirados en los valores del evangelio.
183. Necesitamos que la Iglesia se
haga más presente en el campo de la educación a través
de la pastoral educativa.
184. Necesitamos impulsar más la
educación en los valores de manera integral y que
llegue a todos.
185. Necesitamos despertar el interés
por la lectura, el estudio y la preparación constante.
186. Debemos seguir impulsando los
valores de religiosidad y unidad en nuestras familias.
187. Reconocemos que nos hemos dejado
manipular, desorientar e influir negativamente por
los MCS y que nos hemos dedicado más a condenarlos
que a orientarlos.
188. Debemos valorar e impulsar lo
positivo que nos ofrecen los MCS (estudio, documentales,
información, internet, solidaridad en desastres, conciencia
comunitaria, sana diversión, etc), y no satanizarlos
por completo.
189. Creemos que el más grande comunicador
y el mejor mensaje que debemos comunicar es JESUCRISTO
y su evangelio nuestro mayor aporte al mundo de la
comunicación.
190. Creemos y predicamos que la
Virgen María es el prototipo de mujer libre, digna
y fiel a Dios y al hombre.
191. Necesitamos que nuestra evangelización
con jóvenes y adolescentes sea nueva y diversificada,
atractiva para ellos, que responda a la problemática
e interrogantes de su vida.
192. Necesitamos lograr que más jóvenes
y adolescentes conozcan más y mejor su fe; partir
del encuentro vivo con Cristo que cambia sus vidas.
193. Necesitamos seguir impulsando,
en la palabra y las acciones evangelizadoras, la opción
preferencial por los jóvenes y adolescentes en nuestra
pastoral.
3.5 Conclusiones Relevantes (Compromisos Líneas
de Acción)
194. "La ruptura entre evangelio
y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo,
como lo fue también en otras épocas" ( EN 20).
Los aportes de nuestra diócesis en el campo de la
cultura indican la vigencia actual de este drama de
nuestro tiempo. Desde 1992, los obispos latinoamericanos
en el documento conclusivo de su IV Conferencia Episcopal
Latinoamericana en Santo Domingo, acentuaron en su
pensar y actuar la urgencia de evangelizar la cultura:
"La Nueva Evangelización tiene que inculturarse
más en el modo de ser y de vivir de nuestras culturas"
(SD 30). El llamado de Cristo es actual y, en los
desafíos de nuestro pueblo, reclama nuestra respuesta.
"Ustedes son la luz del mundo... brille su luz
delante de los hombres, de modo que, al ver sus buenas
obras, den Gloria a su Padre que está en los cielos"
(Mt. 5, 13.16).
195. Necesitamos mejorar las propuestas
de evangelización que buscan responder a la compleja
realidad religiosa que vivimos. En las diversas acciones
y experiencias parroquiales, en los grupos, asociaciones
y movimientos, en todas las tareas fundamentales y
diversificadas de nuestro proceso pastoral, debe buscarse
y cuidarse la integridad de la fe que incluye, necesariamente,
el encuentro con Jesucristo, la conversión personal
y social, el sentido de pertenencia y comunión eclesial,
el compromiso misionero y la permanente solidaridad
con todos, especialmente con los más pobres (CPCEM
115).
196. Los pastores deben escuchar
atentamente a todo el pueblo de Dios teniendo en cuenta
la advertencia de San Paulino de Nola: "en cada
fiel sopla el Espíritu de Dios" (NMI 45b). La
Iglesia del tercer milenio debe impulsar a todos los
bautizados y confirmados a formar conciencia de la
propia responsabilidad activa en la vida eclesial
(NMI 46a). Cada vez es más urgente en nuestras comunidades,
religiosas sí, pero poco evangelizadas y evangelizadoras,
buscar y tener nuevos retos, nueva expresión y nuevo
ardor en nuestra evangelización para cumplir la gran
comisión que Jesús nos dejó: "Vayan y hagan discípulos
míos a todos los pueblos..." (Mt 28,19).
197. Las grandes carencias del entorno
educativo que tenemos hoy, deben hacernos procurar,
como objetivo pastoral inmediato, impulsar la preparación
de laicos que sobresalgan en el campo de la educación,
la política, de los MCS, de la cultura y del trabajo
(SD 99b).
198. Tenemos el compromiso de pronunciarnos,
con las palabras y hechos, por una educación cristiana
desde y para la vida en el ámbito individual, familiar
y comunitario y en el ámbito del ecosistema; que fomente
la dignidad de la persona humana y la verdadera solidaridad;
educación a la que se integre un proceso de formación
cívico-social inspirado en el Evangelio y en la Doctrina
Social de la Iglesia. Debemos comprometernos con una
educación evangelizadora (SD 271): "Capacita
así a los creyentes... hasta que logremos ser hombres
perfectos, hasta que consigamos la madurez conforme
a Cristo" (Ef. 4, 12-13).
199. El panorama familiar que vivimos
nos pide incrementar continuamente las iniciativas
pastorales dirigidas a las familias. Necesitamos hacer
de la pastoral familiar una prioridad básica, sentida
(=acogida y asumida por toda la comunidad), real (en
el respaldo de los agentes de pastoral) y operante
(porque debe estar inserta en la pastoral orgánica).
Esta pastoral debe estar al día en instrumentos pastorales
y científicos (SD 64).
200. La familia debe tomar conciencia
y renovar su misión de vivir, crecer y perfeccionarse
como comunidad de personas... Ser como el santuario
de la vida, servidora de la vida ya que el derecho
a la vida es la base de todos los derechos humanos...
Ser célula primera y vital de la sociedad... Ser Iglesia
doméstica que acoge, vive, celebra y anuncia la Palabra
de Dios (SD 214).
201. Como la Sagrada Familia en Nazareth
(Lc 2), las familias de hoy deben leer, meditar y
hacer vida constantemente el mensaje de la Palabra
de Dios que las construye poco a poco como Iglesia
doméstica y las hace fecundas en humanismo y virtudes
cristianas; allí se constituye como la fuente de las
vocaciones (IA 46a). Tampoco deben faltar en las familias
los momentos de oración y vida espiritual en común
(IA 46c).
202. Los MCS contribuyen a modelar
la cultura y mentalidad de los hombres y mujeres de
nuestro tiempo, por ello, quienes trabajan en este
campo, deben ser destinatarios de una especial acción
pastoral (IA 72a).
203. Es necesario que los MCS fortalezcan
aquellos valores que les permitan servir a las personas,
favoreciendo sus derechos y su libertad. Así mismo,
es indispensable que cuiden su independencia de cualquier
instancia de poder político y económico que pueda
limitarlos en su imparcialidad y transparencia (CPCEM
385).
204. La presencia y acción de los
fieles laicos, llamados a ser y vivir como "luz
del mundo" (Mt 5, 14) con su estilo de vida,
dentro de los MCS es urgente no solo porque así lo
reclama el deber de anunciar a Jesucristo, sino para
cumplir con su vocación de afirmar en el mundo los
valores del evangelio (CPCEM 386).
205. El Creador confía al hombre,
coronación de toda la obra de la Creación, el cuidado
de la tierra (Gn 2,15). Su cumplimiento supone la
apertura a una perspectiva espiritual y ética que
supere las actitudes y los estilos de vida conducidos
por el egoísmo que llevan al agotamiento de los recursos
naturales. Es muy importante la intervención de los
creyentes, es necesaria la colaboración de todos los
hombres de buena voluntad con toda instancia civil
o gubernamental para conseguir una protección eficaz
del medio ambiente, considerado como don de Dios (IA
25).
206. Se debe ayudar, propiciar y
motivar a las mujeres a tomar parte activa y responsable
en la vida y misión de la Iglesia (IA 45ac), sin olvidar
que fueron ellas precisamente, las primeras testigos
de la resurrección de Jesús (Mc 16, 1-8; Jn 20, 1-2).
Por estos hechos se le llamó a María Magdalena "la
apóstol de los apóstoles" (IA 8b).
207. Con los padres conciliares,
debemos estar convencidos de que para atraer a los
jóvenes, la Iglesia, la parroquia, nuestra pastoral,
deben caminar en continua renovación de su ser y quehacer
para el mundo de hoy (Mensaje del Concilio a los jóvenes).
208. El proceso de formación de los
jóvenes y adolescentes debe ser constante, dinámico
e integral, adecuado para ayudarles a encontrar su
lugar en la Iglesia y en el mundo. Por tanto, la pastoral
juvenil ha de ocupar un puesto privilegiado entre
las preocupaciones de los pastores y de las comunidades
(IA 47 a).
209. No olvidemos el consejo de San
Benito que el Papa Juan Pablo II cita en su carta
para el Nuevo Milenio: "Dios inspira a menudo
al más joven lo que es mejor" (NMI 45b), la efectiva
opción por los jóvenes exige mayores recursos personales
y materiales por parte de las parroquias y de las
diócesis (SD 114).
210. Muchos jóvenes, especialmente
los que sufren diversas formas de pobreza, quedan
fuera del campo de la actividad pastoral.
4. CONVOCADOS
PARA CELEBRAR A CRISTO
liturgia
«Ustedes son una estirpe elegida,
un reino de sacerdotes, una nación consagrada, un
pueblo que Dios hizo suyo, para proclamar sus maravillas,
pues El los llamó de las tinieblas a su admirable
luz» (1 Pedro 2,9).
"Vi una multitud enorme que
nadie podía contar. Gentes de toda nación, raza, pueblo
y lengua; estaban de pie ante el trono y ante el Cordero.
Vestían de blanco, llevaban palmas en las manos, y
clamaban con fuerte voz diciendo: A nuestro
Dios que está sentado en el trono, y al Cordero, se
debe la salvación. Y todos los ángeles que estaban
de pie alrededor del trono y de los cuatro seres vivientes
cayeron rostro en tierra ante el trono y adoraron
a Dios diciendo: Amén. Alabanza, gloria, sabiduría,
acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro
Dios por los siglos de los siglos. Amén» (Apocalipsis
7,9-12).
4.1 Pueblo que rinde Culto a Dios
211. Cristo, Sumo y eterno Sacerdote,
nos hizo partícipes de su Sacerdocio, para que seamos
el pueblo que le rinde culto.
212. Así que la liturgia no sólo
es una de las tareas fundamentales de la Iglesia,
sino precisamente la función central, la cumbre y
la fuente de todas sus actividades. En la celebración
ejercemos realmente nuestro Sacerdocio en la Iglesia.
213. La Iglesia se realiza a sí misma
en cuanto sacramento de Cristo para la salvación de
la humanidad en la celebración de los sacramentos.
214. El anuncio de la Palabra le
precede, para provocar la fe y la conversión. La caridad
activa y orgánica le sigue como fruto del encuentro
vivo con Cristo y su Misterio.
215. Sin embargo, la liturgia no
se agota en el momento ritual, sino se extiende a
toda la vida personal y comunitaria. Pretende renovar
la existencia entera, personal y comunitaria. No es
alienante, aunque en un momento nos meta en una dimensión
de eternidad.
4.2 Luces y Sombras en la Liturgia (Marco de la Realidad)
a) Luces Aspectos Positivos
216. Forman parte de nuestra cultura
muchos rasgos de piedad, abundantes prácticas religiosas:
devoción a los santos, algunos sacramentos, peregrinaciones,
imágenes y mandas.
217. Gran parte de la religiosidad
se centra en María y la Eucaristía.
218. Se respeta al sacerdote como
guía espiritual y moral, y como impulsor del desarrollo
del pueblo.
219. La Misa dominical es la actividad
de la Iglesia más concurrida.
220. Mucha gente asiste a Misa y
comulga como fuerza para luchar y comprometerse en
la Iglesia.
221. Se vive el encuentro con Cristo
a través de las celebraciones.
222. Se nota y aplica la renovación
litúrgica, en los equipos de liturgia y los ministros,
y muchos laicos comprometidos.
223. En la parroquia se crece en
la fe y se viven los sacramentos.
224. Las celebraciones en los barrios,
como parte de la pastoral parroquial, forman comunidad
y son más auténticas.
225. Hay un despertar religioso,
con muchas búsquedas de experiencia sobrenatural.
226. Se favorece más la variedad
de carismas del Espíritu Santo en favor de la comunidad,
y florecen ministerios.
227. En general se prepara la celebración
y colaboran diferentes actores.
228. Los ministros extraordinarios
de la Comunión han mejorado considerablemente la atención
de los enfermos.
229. Se organizan horarios de Confesiones.
230. Se organiza una celebración
comunitaria de la unción de Enfermos en muchas comunidades.
231. Los fieles desean conocer el
sentido de los ritos y gestos litúrgicos.
232. Se coordinan mejor los equipos
de las tareas fundamentales.
233. Hay religiosos que apoyan la
animación y formación litúrgica.
234. Todas las comunidades cuentan
con catequesis presacramentales.
235. En los mártires encontramos
testimonio de vida centrada en Cristo.
b) Sombras Aspectos Negativos
236. Se han introducido en las celebraciones
algunas prácticas de culturas ajenas, a través de
los medios de comunicación social, como formas de
vestir, ceremonias y elementos espectaculares.
237. El testimonio de vida no corresponde
a la práctica religiosa, pues existe corrupción e
injusticia.
238. Aun en la oración hay individualismo,
competencias, intereses de grupos, afán de protagonismo,
por encima del bien común.
239. La familia ya no es el primer
espacio de culto como Iglesia doméstica.
240. No hay unidad de criterios para
la celebración de los sacramentos.
241. Las generaciones jóvenes no
tienen los mismos valores que las generaciones mayores.
No se interesan por la Misa, a veces ni los domingos.
La población más practicante es la tercera edad.
242. Son menos los varones participan
activamente en las celebraciones, servicios y ministerios
litúrgicos.
243. Va influyendo en la mentalidad
la ridiculización que los medios de comunicación hacen
de los sacramentos, y sus sistemáticas críticas, burlas
y ataques contra la Iglesia.
244. Los sacramentos se celebran
más bien como evento social o espectáculo sagrado.
245. Aun la celebración de los sacramentos
se pide con una mentalidad supersticiosa, buscando
suerte y protección, para contrarrestar brujería,
acudiendo también a adivinación, horóscopos, etc.
246. Disminuye la práctica del viernes
primero.
247. Se está perdiendo el sentido
del pecado en cuanto ofensa a Dios.
248. La mayoría no tiene conciencia
de pertenecer a la Iglesia. Hay quienes solicitan
actos religiosos fuera de la comunidad o al margen
de ella.
249. La cultura materialista, hedonista
y consumista hace que se alejen de la práctica religiosa,
o la tomen como pasatiempo o evasión.
250. No se acude al equipo de Arte
Sacro para las construcciones y remodelaciones de
templos.
251. Hay anarquía en el uso de cantos
en la liturgia.
252. La religiosidad va perdiendo
su sentido, y se convierte en algo práctico, rutinario,
aislado, que se practica más por tradición que por
convicción.
253. Algunas personas acaparan los
ministerios, los hacen medios de poder, no dan participación.
254. Se busca una religiosidad sin
compromisos ni convicciones firmes.
255. La familia da importancia a
la recepción del sacramento, pero no a su acompañamiento
espiritual.
256. Crece el número de alejados.
257. Muchos migrantes abandonan la
Confesión y Comunión, y las reciben sólo cuando van
a ser padrinos.
4.3 Lo que nos pide Dios (Marco Doctrinal)
258. Creemos que Cristo es el fundamento
de nuestra vida, y quiere que la Iglesia sea sacramento
universal de salvación.
259. Proclamamos que los sacramentos
santifican los momentos de la vida, nos incorporan
al Cuerpo de Cristo y nos dan crecimiento y salud.
260. Estamos convencidos que la oración
es una comunicación viva con Dios y un medio indispensable
de salvación.
261. Creemos que la Palabra de Dios
y la Eucaristía alimentan a la Iglesia.
262. Reconocemos en María un modelo
de existencia y piedad.
263. La Iglesia nos comunica la vida
de Cristo en un proceso sacramental comunitario.
264. En la liturgia se encierra el
misterio de la Encarnación, la Redención y Pentecostés.
265. Creemos que el testimonio cristiano
es fruto de maduración en la fe, forjado en la Eucaristía.
266. Reconocemos al Espíritu Santo
como animador y santificador de la liturgia.
267. Los mártires son ejemplo de
fidelidad y amor a Cristo, haciendo una auténtica
ofrenda al entregar su vida.
268. La liturgia es anuncio, fiesta,
misión y comunión.
4.4 Desafíos Pastorales
269. Vivimos una cultura audiovisual
que nos hace pasivos, y la actividad que proponen
está predeterminada.
270. Hacer que los sacramentos sean
celebrados como encuentro con Cristo, superando lo
espectacular.
271. Hacer de los sacramentos medios
para vivir la comunión y construir la unidad.
272. Acordar los criterios mínimos
para unificar nuestra pastoral sacramental.
273. Capacitar a los agentes de pastoral
litúrgica y piedad popular.
274. Formar sentido de comunidad
y participación.
275. Transmitir vivencia de fe eclesial
a los jóvenes.
276. Hacer de la Palabra y de la
Eucaristía un verdadero banquete.
277. Entusiasmar por el Sacramento
de la Penitencia y organizar su pastoral.
278. Hacer que la Eucaristía sea
centro de comunión con Dios y con los hermanos.
279. Mejorar la celebración de la
Liturgia de las Horas, como oración de la Iglesia.
280. Sólo celebrar sacramentos con
su debida evangelización, como encuentro con Cristo
y vivencia de Iglesia.
281. Hacer de la Misa dominical un
signo de identidad católica y escuela de comunión
y participación.
282. Proyectar la Eucaristía a una
vida eucarística, sostenida por la adoración al Santísimo.
283. Hacer de la familia una Iglesia
doméstica, con momentos de oración y vida espiritual
común, y con la frecuencia de los sacramentos.
284. Con la Palabra de Dios iluminar
las conciencias para desterrar confusiones y supersticiones.
285. Hacer de cada celebración una
verdadera manifestación de la Iglesia local.
286. Profundizar en la dimensión
social de la celebración.
287. Preparar, organizar y coordinar
mejor las celebraciones, para que sean vivas y dinámicas
y nos unifiquen en la fe.
288. Instituir ministerios en las
comunidades: lector instituido, acólito instituido.
289. Atraer a los alejados y resentidos.
290. Ofrecer mejores celebraciones
y promover la participación consciente, como ejercicio
del sacerdocio común..
291. Purificar la religiosidad popular.
292. Procurar medios adecuados para
la participación de jóvenes, profesionistas y migrantes
en la celebración de la comunidad.
293. Purificar e intensificar la
devoción mariana para mejorar la vida cristiana.
4.5 Conclusiones Relevantes
(Compromisos Líneas de Acción)
294. Debemos esforzarnos por no celebrar
sacramento sin catequesis debida.
295. Atenerse a los criterios de
los Prenotandos de los Rituales y la Institución del
Misal y de la Liturgia de las Horas.
296. El modelo para la celebración
no es el seminario u otra comunidad, sino el proyecto
que la Iglesia ofrece en los libros litúrgicos.
297. Dejar suficiente tiempo disponible
en la programación de todas las celebraciones, para
realizarlas sin prisas.
298. Preparar a los equipos |