Hoy Sábado, 11 de octubre de 2008 | 20:27

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Marco Referencial

N.B. El presente documento engloba los contenidos del Marco Referencial de nuestro futuro IV plan diocesano de pastoral. Ahora presentamos esta primera redacción para que los Consejos Parroquiales y Decanales tengan a la vista los elementos necesarios para elaborar nuestro Diagnóstico Pastoral, previsto para las reuniones del mes de mayo del presente. Este documento está siendo revisado desde el punto de vista histórico, teológico, canónico y pastoral. No creemos que vaya a tener variaciones significativas en cuanto al contenido, sino en cuanto a la forma y a la redacción. De cualquier modo después se hará la redacción definitiva como aparecerá el documento final.

 

Marco Teórico

PRESENTACIÓN

1. La providencia infinita del Señor ha ido configurando nuestra diócesis de San Juan de los Lagos como un espacio de salvación donde, desde hace treinta y dos años, cuatro obispos han pastoreado esta porción de la Iglesia que peregrina hacia la casa del Padre.

2. Tres planes diocesanos atestiguan los esfuerzos por seguir construyendo el Reino de Dios de manera orgánica y planificada. Hoy presentamos el resultado de nuestro proceso hacia la elaboración de nuestro IV plan Diocesano de Pastoral.

3. En esta parte del Marco Referencial, o Marco Teórico, deseamos presentar el conjunto de elementos globales que caracterizan la situación actual de nuestra diócesis y el proyecto salvador de Dios sobre ella.

4. Este Marco Teórico describe la situación actual de nuestra diócesis en torno a cinco apartados o ejes de reflexión desde nos sentimos llamados a ser: promotores de la comunión; proclamadores de la verdad y anunciadores del Evangelio; celebradores del misterio cristiano; testigos solidarios del amor de Dios y colaboradores en la misión universal de la Iglesia.

5. En los apartados antes mencionados se describen las luces y sombras que nuestra diócesis presenta en cada uno de ellos (Marco de Realidad); tratamos de descubrir lo que Dios pide de nosotros ante esa realidad (Marco Doctrinal); señalamos los desafíos pastorales que deberemos afrontar y algunas conclusiones relevantes.

6. Estos cinco apartados están precedidos por una breve reseña histórica de nuestra región (Marco Histórico), señalando los acontecimientos que vemos necesario tener presentes en nuestro caminar diocesano.

 

1. De la mano de maría,
caminamos hacia Dios

Marco Histórico

"Cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, que nació de mujer y fue sometido a la ley, con el fin de rescatar a los que estaban bajo la ley, para que así recibiéramos nuestros derechos como hijos" (Gal 4, 4 – 5).

Deseamos tener una "visión pastoral retrospectiva de las etapas más significativas de nuestra historia, considerada como Historia de Salvación" (III Plan Diocesano de Pastoral, 13).

1.1 Elaboramos nuestro Plan
desde la Historia

7. Reconocemos que a nuestras tierras llegó "la plenitud de los tiempos" de salvación cuando, desde sus primeras correrías evangelizadoras, los franciscanos nos ofrecieron a María Inmaculada junto con Jesús, como el "fruto bendito de su vientre", con el único fin de rescatarnos de las tinieblas de la idolatría y hacernos, por el bautismo, hijos de Dios.

8. Al contemplar este pasado, concluimos que somos un pueblo con una historia singular que ha marcado nuestro acontecer y definido nuestra identidad, donde Dios ha ido manifestándonos su designio salvador en Jesucristo.

9. Ahora queremos "escudriñar los signos de los tiempos nuevos para ser fermento y alma de una sociedad renovada y transformada en familia de Dios". Como agentes de pastoral deseamos hacer una "atenta consideración del curso de los acontecimientos de la historia, para discernir hoy las exigencias de la evangelización".

10. Desde esta intención, pues, pretendemos elaborar nuestro IV Plan de Pastoral, recogiendo "los valores y tradiciones de nuestro pueblo y conscientes de que somos un eslabón más de la historia", responsables del curso que tome hoy.

1.2 Conquista y Evangelización

11. "Venimos de indios nómadas y aventureros españoles". Nuestros antepasados próximos indígenas surgen de pueblos nómadas, cuya pobreza cultural se manifiesta en la diversidad de lenguas y la escasez de asentamientos humanos. Desaparecieron prácticamente de estas tierras a raíz de la conquista con sus guerras y exterminio mutuo, enfermedades nuevas y destierros de los indios, forzados por los colonizadores.

12. Debido a la mala convivencia de indios con españoles, los pocos indios que cohabitaron en estas tierras, vivieron en lugares separados y se mezclaron muy poco sus sangres, resultando ser, la mayoría de nuestros habitantes, criollos españoles.

1.3 Colonización y Cristianización

13. "Cristianos mexicanos, a imagen y semejanza de España". A lo largo de toda la época colonial, nuestros pueblos criollos, organizados en Encomiendas (que luego se transformaron en Haciendas), se ocuparon principalmente de cultivar la tierra y de criar ganado. De aquí nació su gran amor y apego a la tierra y al cuidado de los animales.

14. Con el tiempo, fueron convirtiendo el trabajo agropecuario en una diversión y competencia, hasta llegar a ser el deporte más mexicano de todos los deportes: "la Charreada".

15. En el campo de la fe, muy a semejanza de los pueblos españoles, primero los sacerdotes religiosos y después los diocesanos, centraron su atención pastoral en una permanente evangelización y catequesis impartida, sobre todo, en las fiestas litúrgicas y patronales, así como la celebración y recepción de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía (los muchos templos dan fe de esto).

16. Para todo ello se organizaron los fieles cristianos en cofradías y patronazgos, que mucho se empeñaron también en las diversas obras de misericordia. La escuela, el hospital y los pobres, nunca faltaron como apostolado de los laicos y responsabilidad de los sacerdotes.

17. Desde entonces el sacerdote fue, y sigue siendo, cabeza, fundamento y alma de nuestros pueblos. El templo parroquial se convirtió en un monumento a la fe católica, en el corazón de la comunidad y en el lugar de encuentro de todos.

1.4 Nuestra Señora de San Juan de los Lagos

18. "Fieles hijos y devotos de la Virgen de San Juan". Desde el inicio de la evangelización, Nuestra Señora de San Juan de los Lagos fue nuestra estrella y la aurora de Jesucristo, el verdadero sol de justicia y salvación en estas tierras.

19. Aunque estuvo con nosotros desde 1541, no fue reconocida e invocada por los cristianos de todo el país, sino a partir del primer milagro (1623), al reanimar a la niña cirquera española. Desde entonces su imagen, pequeñita de tamaño pero de gran poder ante su Hijo, no ha dejado de ser visitada y de prodigar sus gracias y favores a todos. Esta presencia ha hecho todavía más marianos a nuestros pueblos, desde siempre también guadalupanos.

1.5 Independencia y Reforma

20. "Españoles de corazón, conservadores de pensamiento y siempre amantes de las libertades". Nuestros antepasados, siempre libres, en las luchas insurgentes por las libertades políticas, fueron espectadores atentos y actores eventuales, forzados a dar paso franco a todos los combatientes que pasaban por estas tierras, aunque sus simpatías se inclinaran más a favor de la monarquía española. Simpatías que luego serían para el Partido Conservador, y después para el Porfirismo.

21. El nacionalismo liberal mexicano impulsado por Juárez, desembocó en la separación de la Iglesia y el Estado, en un Estado laico y en un despojo frecuente de los bienes eclesiásticos. Todo esto se acató en nuestros pueblos con poca fuerza contra la Iglesia católica y con mucha protestas contra estas leyes de reforma.

22. Pero no decayó la fe, ni la Iglesia desistió en el campo de la educación, ni los grupos organizados de fieles dejaron de socorrer a los menesterosos. Más bien, surgieron las misiones populares para acrisolar la fe del pueblo sencillo.

1.6 Revoluciones mexicanas

23. "Más cristeros que revolucionarios". Nuestros pueblos no participaron prácticamente en las luchas revolucionarias, salvo cuando fueron obligados a dar de comer al ejército desbalagado en su paso por estas tierras.

24. Con las revoluciones mexicanas surge la reflexión sobre los problemas sociales de nuestro pueblo. Por eso, bajo el Magisterio del Papa, las cuestiones sociales encontraron fervientes promotores de la Doctrina Social de la Iglesia, llegando a ser algunos de nuestros laicos, como el Lic. Anacleto González Flores (hoy en proceso de beatificación), los mejores líderes de opinión en todo el país.

25. Los laicos florecieron en su compromiso social como una nueva primavera para la Iglesia mexicana y, como ellos, florecieron también nuevas congregaciones religiosas con abundantes vocaciones para la vida consagrada.

26. Pero ante el acoso y opresión crecientes de los sucesivos gobiernos postrevolucionarios, con leyes altamente antirreligiosas en su formulación y puesta en práctica, nuestra gente, que fue mera espectadora en las pasadas luchas civiles, ahora será actora y protagonista en esta lucha religiosa.

27. Los cristeros y los cristianos de estas tierras, más que un ejército, fueron un pueblo católico que buscaba hacer valer sus derechos y libertades religiosas negadas. Más que un ejército de ataque, su activismo fue una defensa y una protesta donde, pastores y fieles, no queriendo llegar a las armas para defender la fe católica, se vieron obligados a tomarlas como último recurso.

28. En esta lucha nadie quedó fuera, porque todos sufrieron los horrores de la guerra con las concentraciones y la suspensión del culto. Por eso todos colaboraron a favor de la Santa Causa.

29. La sangre de nuestros mártires cristeros, como los sacerdotes Román Adame Rosales, Julio Álvarez Mendoza, Pedro Esqueda Ramírez, Sabás Reyes Salazar, Toribio Romo González y Tranquilino Ubiarco, canonizados por el Papa Juan Pablo II con otros 19 mártires el 21 de mayo de 2000, ha sido la semilla de nuestros cristianos adultos que perseveran firmes en la fe, conservando las tradiciones cristianas que heredaron de sus padres y de las que ellos, de alguna manera, fueron testigos.

30. También destacamos el protagonismo que tuvo la Acción Católica, entendida en su sentido amplio y específico, donde los laicos de nuestros pueblos fueron los brazos de los sacerdotes y verdaderos apóstoles de nuestras comunidades que, en México y en nuestra región, prepararon la visión pastoral de la Iglesia que se expresaría como Pueblo de Dios en el Vaticano II.

1.7 Nuestra Iglesia Diocesana

31. "Para una región particular, una Iglesia particular". La erección de la Diócesis de San Juan de los Lagos en 1972, marcó un acierto pastoral en nuestra historia particular contemporánea.

32. Cuatro obispos han encabezado al pueblo de Dios que peregrina por esta región, conduciendo nuestro acontecer como Iglesia y como Sociedad, impulsando acciones pastorales concretas que en su momento les tocó vivir.

33. Mons. Francisco Javier Nuño Guerrero (1972 – 1981), creó las estructuras básicas de la incipiente diócesis como el Seminario Diocesano, la Curia, el Consejo Presbiteral, la Escuela Catequística y 9 comunidades erigidas en parroquias.

34. Mons. José López Lara (1981 – 1987), creó el Colegio de Consultores y el Consejo de Asuntos Económicos. Asimismo, impulsó la pastoral orgánica, logrando la elaboración y puesta en marcha del Primer Plan Diocesano de Pastoral (1985 – 1988). Impulsó la creación de las estructuras pastorales a nivel decanal y parroquial. Tras una larga enfermedad, murió el 25 de abril de 1987, quedando como Administrador Apostólico el Sr. Cango. Luis Navarro Romero, quien prolongó la vigencia del Plan por un año más.

35. Mons. José Trinidad Sepúlveda Ruiz-Velasco (1988 – 1999), Impulsó la construcción de la Casa de Pastoral Juan Pablo II, que ha prestado un invaluable servicio para nuestra diócesis y para otras diócesis del país. Asimismo, impulsó la elaboración y puesta en marcha del Segundo (1989 – 1995) y Tercer (1995 – 2000) Planes Diocesanos de Pastoral. Encabezó la Visita del Papa Juan Pablo II a nuestra diócesis (8 de mayo de 1990). En esta etapa se empezaron a realizar Asambleas a nivel decanal y parroquial.

36. A partir de 1999 Mons. Javier Navarro Rodríguez inicia su ministerio episcopal como cuarto obispo de nuestra diócesis. Impulsó el proceso de elaboración de nuestro IV Plan Diocesano de Pastoral. Durante este proceso se ha elaborado el manual de decanos y la Guía para la Visita Pastoral. Asimismo se inició el proceso de elaboración del manual de párrocos.

37. En el ámbito social hemos vivido la alternancia en la Presidencia de la República, con los logros y desilusiones que hemos presenciado.

1.8 Conclusiones relevantes

38. Desde la visión histórica que hemos descrito, tratamos de elaborar nuestro IV Plan Diocesano de Pastoral. Bajo esta luz mencionamos los siguientes desafíos históricos que a todos nos interpelan y nos invitan a darles respuesta aquí y ahora.

39. Evangelizar al pueblo de Dios que peregrina en la Iglesia de San Juan de los Lagos, siendo fieles a su historia particular y al Plan salvífico de Dios en su Hijo Jesucristo.

40. Profundizar en la memoria histórica de nuestro pueblo para corregir actitudes deficientes y conservar los valores más genuinos de nuestra gente.

41. Fundamentar nuestra tarea pastoral planificada en los dinamismos y necesidades que, a lo largo de la historia, van presentando los pueblos de nuestra región.

42. Asumir la pastoral planificada como la mejor manera de configurar, desde la fe, nuestra Iglesia diocesana.

43. Promover en nuestras comunidades el estudio, la reflexión y la sistematización de la historia de nuestros pueblos y de nuestra región.

44. Inspirar nuestro trabajo pastoral en las mejores líneas de la gesta cristera que nos dieron muchos mártires y cristianos ejemplares, tanto sacerdotes como laicos.

45. Institucionalizar el estudio atento y diario de los signos de los tiempos, especialmente ahora que nuestra patria mexicana respira nuevos aires de democracia.

46. Enfrentar el nuevo siglo y nuevo milenio desde un pasado que se hace presente en nosotros, exigiéndonos una Iglesia diocesana fiel a Dios, al hombre y al Magisterio de la Iglesia.

 

2. Todos llamados a ser promotores de comunión

Pastoral Orgánica

"Pues, así como nuestro cuerpo, en su unidad, posee muchos miembros, y no desempeñan todos los miembros la misma función, así también nosotros, siendo muchos, no formamos más que un solo cuerpo en Cristo, siendo cada uno por su parte los unos miembros de los otros". (Rm 12, 4-5)

«Antes de programar iniciativas concretas, hace falta promover una espiritualidad de la comunión, proponiéndola como principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y la comunidades» ( NMI, 43).

2.1 Iglesia Diocesana, Escuela de Comunión y Participación

47. En consonancia con el Papa Juan Pablo II, descubrimos que el desafío principal que tenemos es hacer de nuestra Iglesia diocesana una escuela de comunión y participación. Solo así podremos ser un signo claro ante el mundo en los comienzos del tercer milenio.

48. En este empeño descubrimos muchos signos esperanzadores que nos impulsan a seguir construyendo la unidad querida por Cristo. Agentes de todo tipo y en todos los niveles de nuestra Iglesia diocesana están consolidando los espacios y mecanismos que nos permiten consensar nuestros proyectos, aglutinando los diversos carismas en una pastoral orgánica que tenga mayor incidencia en la comunidad humana y eclesial.

49. Reconocemos también que son muchos los obstáculos y dificultades que frenan este avance, dadas las debilidades personales y estructurales que, no resueltas satisfactoriamente, deterioran la eficacia de los mecanismos de comunión y participación establecidos en nuestra diócesis.

50. No obstante, reafirmamos nuestra fe en Jesucristo que, a través de su Espíritu y el amor del Padre, sabrá infundir en nuestras mentes y corazones las convicciones más profundas que posibiliten la búsqueda en común de la unidad querida para la Iglesia que él fundó.

51. Estamos dispuestos a afrontar los desafíos que el mundo nos impone, siendo dóciles a las mociones del Espíritu y en armonía con la Iglesia universal.

2.2 Luces y sombras de nuestra Comunión y Participación (Marco de la Realidad)

a) Luces – Aspectos Positivos

52. Agradecemos a Dios, Señor de la historia que, en el pasado y en el presente haya suscitado la presencia de hombres y mujeres lúcidos que, por la vivencia de los valores humanos y cristianos en el ámbito social, fortalecieron la cultura de nuestro pueblo, consolidando el sentido de pertenencia al mismo.

53. No obstante los fenómenos de la modernidad, la globalización y el urbanismo, son muchas las personas que se esfuerzan por testimoniar su fe, consolidando sus creencias, siendo asiduos en sus prácticas religiosas y modelando sus conductas. De este modo actúan como fermento en la masa para unir a la comunidad en un mismo sistema de valores.

54. Observamos que la sucesión y alternancia de los acontecimientos tristes, como la pérdida de un ser querido, y gozosos, como la celebración de las fiestas patronales, son espacios donde se manifiesta la unidad solidaria de nuestros pueblos, testimoniando que las alegrías y tristezas de unos son las alegrías y tristezas de todos.

55. Reconocemos el papel protagónico que desde antaño han tenido las mujeres, especialmente las madres de familia, al ser las principales promotoras de valores sociales y religiosos, logrando al mismo tiempo ser el principal factor de comunión familiar y social.

56. Constatamos que los jóvenes, como sector social, están haciendo esfuerzos por integrarse lo mejor posible a la sociedad, preparándose en las escuelas y formando agrupaciones de todo tipo, haciendo evidente su presencia y participación en la construcción de un mundo mejor.

57. Nos alegra constatar que son muchos los sacerdotes, religiosas(os) y laicos que, conociendo sus carismas y funciones en la Iglesia, han sabido integrarse a la misión evangelizadora a través de los planes y proyectos a nivel diocesano, decanal y parroquial.

58. Destacamos la cercanía y acompañamiento de nuestro obispo, así como la entrega y testimonio de sacerdotes, religiosas(os) y laicos que, desde sus espacios de participación, han sido verdaderos agentes de comunión fraterna en nuestra comunidad diocesana.

59. Es de alabar la comunión y participación, responsable y creativa, que ha mostrado el seminario al integrarse decididamente en todas las etapas y eventos del proceso pastoral. A través de sus labores apostólicas están conociendo la situación que viven las comunidades de la diócesis para, en un futuro, integrarse adecuadamente en ellas como pastores de las mismas.

60. Se están haciendo esfuerzos, sobre todo a nivel decanal y de ciudades, por conseguir la unidad de criterios en la preparación, celebración y registro de los sacramentos. De este modo se valora el carácter comunitario de los sacramentos, siendo un signo más de la unidad que buscamos.

61. Descubrimos que las asambleas sacerdotales y los cursos de actualización para párrocos, empiezan a consolidarse como espacios de discernimiento y búsqueda de criterios comunes que, asumidos en todos los niveles de Iglesia, inciden más significativamente en el ámbito diocesano.

62. Debemos agradecer a Dios que en nuestra diócesis no se han dado rupturas graves en la comunión eclesial. En general hay unidad en lo esencial y esfuerzo de todos los agentes de pastoral por conservarla.

63. Desde la elaboración de nuestro primer plan diocesano de pastoral se han ido integrando y consolidando los consejos, equipos y asambleas de pastoral a nivel diocesano, decanal y parroquial. Actualmente reconocemos estas instancias como verdaderos mecanismos de comunión y participación, que funcionan aceptablemente en los niveles de Iglesia correspondientes.

64. Se han celebrado varias asambleas diocesanas, decanales y parroquiales, impulsadas por estos mecanismos de comunión y participación corresponsable. Gracias a ellos hemos elaborado ya tres planes diocesanos de pastoral, que constituyen una rica herencia de valores comunitarios expresados en su preparación y ejecución.

65. Agradecemos a nuestro obispo, decanos, párrocos, vicarios, religiosos(as), asesores y coordinadores de equipos, grupos, asociaciones y movimientos existentes de nuestra diócesis que, a través del buen desempeño de sus funciones y carismas, han sido verdaderos agentes de comunión y participación en nuestra comunidad diocesana.

66. La mayoría de los pastores de nuestras comunidades están plenamente convencidos de la necesidad de una pastoral planificada, y se ha avanzado mucho en la realización de programas comunes en algunas ciudades y decanatos.

67. Se ha procurado integrar equipos, consejos y asambleas, no sólo en los distintos niveles de Iglesia, sino también en las principales áreas de pastoral (Formar comunidad, Tareas fundamentales, Tareas diversificadas y Agentes de pastoral).

68. Reconocemos la gran riqueza de carismas que aportan las comunidades religiosas de nuestra diócesis, así como su testimonio de fraternidad al interno de sus congregaciones y en los pueblos donde prestan sus servicios.

69. Ha sido un gran avance el haber elaborado un manual de funciones para los decanos y uno para la preparación, realización y evaluación de las visitas pastorales. Sin duda que este esfuerzo redundará en la claridad de funciones de cara a lograr un trabajo más unificado.

b) Sombras – Aspectos Negativos

70. Hemos de reconocer que, al lado de quienes se esfuerzan por vivir la coherencia evangélica, coexisten quienes se han dejado arrastrar por una cultura de muerte manifestada en los fenómenos de la corrupción, adicciones, violencia intrafamiliar, divorcios, abortos, así como la influencia negativa de los medios de comunicación social y la migración. Con frecuencia esto ha sido motivo de división al interno de las familias y comunidades.

71. Sentimos que la institución familiar, como un centro natural de comunión y participación, está sufriendo un grave deterioro propiciado por situaciones como padres divorciados vueltos a casar, convivencia de hermanos y medios hermanos, familias que cuentan con uno solo de los padres, etc. Sin duda que esto representa una gran dificultad para integrar y educar a los miembros como una sola familia.

72. De parte de las instituciones y agentes de la educación como la escuela, la familia, los medios de comunicación social y el ambiente mismo, estamos recibiendo modelos de comportamientos muy fragmentados, incapaces de unirnos en un mismo sistema de valores que garantice la integración de la sociedad.

73. El pluralismo ideológico y valorial, aunado a la rapidez con que se dan los cambios, ha debilitado nuestra capacidad de discernimiento de tal modo que las diversas maneras de entender tareas tan nobles como la política, la economía, la educación, el medio ambiente, etc., lejos de enriquecernos, han sido un factor más de disgregación social.

74. Reconocemos que un amplio sector juvenil, heredero o promotor de una cultura de lo pasajero, no logra del todo integrarse a la sociedad y menos participar activamente en los proyectos encaminados a construir una sociedad fuerte.

75. La búsqueda del placer y los bienes materiales, aunados al fenómeno del urbanismo, han debilitado el sentido de pertenencia a una comunidad y, por tanto, se incrementa el individualismo y se está perdiendo de vista la construcción del bien común desde la política, la economía, la educación, la ética y la moral.

76. Sentimos que los valores evangélicos, proclamados por la Iglesia, inciden cada vez menos para tomar las decisiones más cruciales en la vida de las personas y comunidades. Esta situación conduce a un relativismo moral que dificulta el diálogo y siembra de desunión en la manera de afrontar los problemas que nos aquejan.

77. Las situaciones irregulares como uniones libres y madres solteras, aunadas al fenómeno migratorio, suelen ser motivo de conflicto, desintegración y división familiar, que más tarde se traduce también en un alejamiento de la comunidad eclesial.

78. En algunas comunidades no están bien integrados los mecanismos de equipos, consejos y asambleas de pastoral. Este hecho viene en detrimento de algunas acciones pastorales.

79. Reconocemos que algunos grupos, asociaciones y movimientos eclesiales, así como algunas comunidades religiosas, no están representados adecuadamente en alguno de estos mecanismos de comunión y participación. Esto provoca acciones pastorales paralelas o repetitivas que debilitan la eficacia de las acciones planeadas a un nivel superior.

80. Existen algunos equipos diocesanos que no han logrado contar con la representatividad y corresponsabilidad requerida a nivel decanal y parroquial, lo cual resta la incidencia de las acciones en esos niveles. La legítima autonomía de los equipos de trabajo a menudo ha dado la impresión no de una pastoral de conjunto, sino de un conjunto de pastorales, provocando que algunos campos se vayan quedando descuidados de la acción pastoral.

81. El número de equipos de trabajo, así como la representatividad por ellos requerida, ha provocado que nuestra estructura eclesial se haga tan compleja que, con frecuencia, resulta prácticamente imposible integrar y hacer funcionar adecuadamente los mecanismos de comunión en todos los niveles.

82. Somos conscientes de que el activismo pastoral ha disminuido nuestro entusiasmo por lograr una verdadera espiritualidad de comunión y participación. Tal parece que nos hemos preocupado más por organizar nuestro quehacer pastoral y hemos olvidado impulsar un proyecto que organice y oriente nuestra vida.

83. Observamos que la falta de disponibilidad de algunos agentes por un lado, y el descuido por formar los relevos en los sacerdotes y laicos por otro, aunado a la falta de formación para trabajar en equipo, ha provocado que el trabajo se concentre en unos pocos, lo cual repercute en un deficiente acompañamiento de asesores y responsables de las tareas pastorales.

84. Constatamos que en muchos agentes, así como grupos, asociaciones y movimientos en los diversos niveles, no han logrado clarificar la identidad y estructura de los equipos, consejos y asambleas. Esto disminuye la proyección de dichos organismos en el ser y quehacer de los agentes que llevarán a cabo las tareas pastorales.

85. No obstante el convencimiento de la mayoría de los párrocos en cuanto a la necesidad de llevar una pastoral orgánica a nivel diocesano, y los logros reconocidos en este sentido a nivel decanal, hemos de reconocer que sólo un poco más de la mitad de nuestras parroquias ha logrado aterrizar los proyectos diocesanos en el nivel parroquial.

2.3 Lo que nos pide Dios (Marco Doctrinal)

86. Por nuestra adhesión a Cristo en el Bautismo nos sentimos llamados a situar el mensaje evangélico en la cultura de nuestro pueblo; en su sistema de valores, en sus criterios de juicio y en sus directrices de acción, para llegar a formar una comunidad humana abierta a los valores trascendentes.

87. Nuestro ser de cristianos no nos aleja del mundo, antes bien, deseamos compartir los gozos y esperanzas de nuestros pueblos que, entre las angustias de los hombres y los consuelos de Dios, se esfuerzan por cumplir su vocación humana y cristiana.

88. Comprendemos que la Iglesia debe ser siempre un espacio de comunión y participación, más allá de las condiciones económicas, políticas y sociales de los hombres y mujeres que la componen.

89. Creemos que el Misterio de la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica, es el sacramento de la comunión de Dios al servicio de su Reinado en toda la humanidad, y se concreta en un Pueblo de Dios que es el Cuerpo de Cristo habitado por el Espíritu, vínculo de comunión de todos sus miembros, que son fundamentalmente iguales, y sólo funcionalmente cumplen diversidad de servicios con variedad de formas de vida y carismas que enriquecen la comunión y la unidad al servicio del Reino en la Iglesia y en toda la humanidad. La constitución primaria de la Iglesia es nuestra condición básica de creyentes bautizados en Cristo por el Espíritu.

90. Asumimos que el valor de la comunión encarna y manifiesta la esencia misma de la Iglesia. La comunión es el fruto y la manifestación de aquel amor que, surgiendo del corazón del Padre, se derrama en nosotros a través del Espíritu que Jesús nos da para hacer de todos nosotros un solo corazón y una sola alma.

91. Entendemos que la comunión entre Dios y los hombres se manifestó de un modo admirable en el hecho de la alianza y alcanzó su plenitud en el misterio de Encarnación. Creemos que esta comunión deberá también manifestarse en nuestra Iglesia diocesana a través de la comunión y participación de quienes la componemos.

92. Sabemos que la comunión y participación entre los miembros de nuestra Iglesia local, sólo será posible si logramos vivir un auténtico encuentro con Jesucristo vivo, y nos dejamos guiar por el Espíritu, constructor de la unidad en la diversidad entre los miembros de una comunidad. Deseamos tener como ejemplo a la Virgen María, la perfecta discípula que vivió mejor la comunión con su Hijo Jesucristo.

93. Confesamos que el factor de unidad más importante para nuestra comunidad eclesial es la Palabra de Dios estudiada, meditada y vivida como el criterio de referencia seguro en el que todos debemos coincidir.

94. Reconocemos que, más allá de los carismas, ministerios y funciones con que Dios ha dotado a su pueblo, está el amor de Cristo, cabeza del Cuerpo Místico, que todo lo ubica y le da coherencia y unidad.

95. Apreciamos y asumimos las directrices que el Magisterio universal y local de la Iglesia ponen en nuestras manos, para que la tarea evangelizadora se convierta en un signo claro de unidad eclesial.

96. Compartimos con nuestros obispos latinoamericanos la convicción de que la pastoral planificada y orgánica es el camino adecuado, consciente e intencional, para llevar a cabo la misión evangelizadora de la Iglesia.

97. Aspiramos a hacer realidad los deseos de Cristo, esforzándonos por realizar la misión de la Iglesia de un modo orgánico, respondiendo así a los imperativos de la Nueva Evangelización que nos invita a buscar formas siempre nuevas que respondan a las necesidades de la evangelización.

98. Estamos ciertos de que el ejercicio práctico de la comunión se realiza en la corresponsabilidad, la cual, a su vez, se hace más evidente en el buen funcionamiento de los mecanismos establecidos para ello. Estos mecanismos son las Asambleas, los Consejos y los Equipos que, a nivel diocesano, decanal y parroquial, ofrecen un espacio de discernimiento comunitario y de fraternidad eclesial para bien del trabajo pastoral.

99. Esperamos de los sacerdotes un empeño creciente por convertirse en los primeros factores, por su palabra y su testimonio, de la comunión y participación.

100. Estamos convencidos de que, sólo en un ambiente de comunión fraterna, pueden florecer las vocaciones para todos los servicios que la Iglesia necesita en el desempeño de su misión.

101. Creemos que las sanas relaciones humanas, cultivadas en todos los niveles y espacios de discernimiento comunitario, serán la clave para abrir las puertas hacia un diálogo fecundo con el obispo, sacerdotes religiosas(os), laicos y seminaristas, que nos permita construir los consensos necesarios para avanzar en el camino de la unidad, superando los conflictos y críticas destructivas.

2.4 Desafíos Pastorales

102. Nos urge testimoniar un estilo de vida capaz de iluminar y unir, con los valores humanos y cristianos, todos los ambientes e instituciones sociales en los cuales realizamos nuestra vocación humana y cristiana. Para lograrlo será necesario un conocimiento más profundo de la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, pues es allí donde se encuentran los principios fundamentales, los criterios de discernimiento y el estilo de vida de quienes se sienten llamados a ser luz del mundo y sal de la tierra.

103. Necesitamos que los valores de la comunión y la participación sean más evidentes desde la vida familiar. Muy poco podríamos avanzar en la construcción del bien común, si no nos sentimos parte de la comunidad humana y nos sumamos a los esfuerzos de todos por conseguirlo.

104. Ante una incidencia cada vez menor de la Iglesia en la sociedad, especialmente en una cultura urbana, hemos de redoblar esfuerzos para empeñarnos en la construcción de la comunidad humana, para luego dar el paso a la construcción de la comunidad eclesial.

105. Asumimos las palabras del Papa Juan Pablo II cuando dice que debemos hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: este es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo.

106. Vemos necesario vivir un proceso permanente de conversión pastoral, que nos haga capaces de dialogar fraternalmente en todos los niveles y sectores de nuestra Iglesia, para buscar y encontrar juntos los principios unificadores, los criterios de discernimiento y las directrices de acción pastoral, dando así un testimonio de unidad ante el mundo, a ejemplo de la comunidad primitiva.

107. Empezamos a sentir un cierto conflicto generacional entre sacerdotes. Las diferencias en la formación recibida, manifestadas en las formas de hacer la pastoral, hemos de convertirlas en factor de enriquecimiento mutuo y no en motivo de división.

108. Si el centro primario y natural de la comunión y participación es la familia, necesitamos, como Iglesia, atender pastoralmente la diversidad de situaciones de hecho y de derecho que están viviendo muchas familias de nuestras comunidades.

109. Nos urge revalorar y potenciar los mecanismos de comunión y participación previstos en la legislación canónica, como el Consejo Presbiteral y pastoral, y aquellos que surgen del magisterio ordinario de nuestro obispo, como primer responsable de promover la comunión y participación en su diócesis.

110. Es indispensable contar con una estructura organizativa que permita a todos los sectores de personas, grupos asociaciones, movimientos y agentes de pastoral de nuestra diócesis, sentirse representadas en los mecanismos de comunión y participación establecidos en los diversos niveles de nuestra Iglesia. Esto se logrará cuando todos tengamos claro el servicio que ofrecemos en la pastoral, así como la identidad y funcionamiento de los mecanismos en los que participamos.

111. En materia de pastoral de conjunto debemos luchar para que los planes y proyectos pastorales a nivel diocesano y decanal, se concreticen también en el nivel parroquial, siendo la parroquia un espacio clave para vivir la comunión y la participación con Dios y con los hermanos. Sin la participación de este nivel correremos el riesgo de formular planes alejados de la realidad.

2.5 Conclusiones Relevantes
(Compromisos – Líneas de Acción)

112. Sentimos la necesidad de contar con normas y criterios diocesanos sobre la preparación, celebración y registro de los sacramentos, que unifique a los pastores y ayude a los fieles a recibirlos con mayor provecho.

113. Buscamos que nuestra estructura pastoral, lejos de ser una complicación más de nuestro trabajo, exprese la comunión, el sentido de pertenencia y corresponsabilidad de todos los miembros de nuestra diócesis, representados en las distintas comisiones.

114. Como miembros de nuestra Iglesia local, y guiados por nuestro obispo, pondremos todo nuestro empeño para formular y asumir los criterios pastorales que más sintonicen con el plan de Dios, y respondan mejor a las necesidades de nuestro pueblo.

 

3. LLAMADOS A SER EVANGELIZADORES DEL REINO

Evangelización y Catequesis

"El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a libertar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor. (Lc 4, 18-20).

"El misterio de la santa Iglesia se manifiesta en su fundación. Pues nuestro Señor Jesús dio principio a su Iglesia con la predicación de la buena nueva, es decir, del Reino de Dios prometido muchos siglos antes en las Escrituras: Porque el tiempo está cumplido, y se acera el reino de Dios (Mc 1, 15; Mt 4,17). Ahora bien, este Reino comienza a manifestarse como una luz delante de los hombres por la Palabra, por las obras y por la presencia de Cristo". (LG. 5) (GS 54) (AA 6)

"Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda". (EN 14)

3.1 El hombre es el camino hacia a Dios

115. Una atenta consideración al acontecer contemporáneo nos lleva afirmar que estamos viviendo un cambio de época que cuestiona fuertemente la manera de vivir de las personas y de nuestros pueblos. No se trata sólo de la aceleración de la vida ni de los nuevos descubrimientos tecnológicos que se adentran en el misterio de la vida y en el amplio campo de las comunicaciones. Hay un cambio de paradigmas, y hasta de lo que se percibe o no como un valor. Es decir emerge – está emergiendo- una nueva civilización que propone desafíos y puntos de referencia también nuevos a la acción pastoral de la Iglesia. Esa es quizá la intuición de fondo que hay tras el llamado insistente del Papa a inaugurar los tiempos de una "Nueva Evangelización: nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión", proceso que implica simultáneamente un reencuentro con el Jesús evangelizador y una encarnación en la humanidad de nuestra época (ChL 34; RMi 33). El antiguo adagio decía: "Lo que no se encarna no se redime". Quisiéramos acoger este tiempo presente como un Kairós en que podamos anunciar resueltamente, y en un lenguaje inteligible, que el tiempo se ha cumplido, que el Reino está cerca y que nos espera un tiempo de gracia del Señor (Cfr. Mc 1,14; Lc 4, 19).

116. Juan Pablo II ha presentado como opción preferente para toda la Iglesia la nueva evangelización. Pero nos ha hecho una advertencia sabia: el hombre es el camino hacia Dios. Si queremos que se nos tome en serio cuando presentemos a Jesucristo, debemos partir del hombre concreto: de sus desengaños, de sus preguntas, de sus conquistas, sueños y realizaciones históricas. Y desde ahí, asumiendo el mundo como creación divina y lugar donde habita el Espíritu, la tarea hoy prioritaria es la Evangelización.

3.2 Luces y sombras de nuestra Evangelización (Marco de la Realidad)

a) Luces - Aspectos Positivos

117. Hay muchas personas que estudian y escuchan la Palabra de Dios, la ponen en práctica y son sensibles a las necesidades de los demás.

118. La catequesis se alimenta de la Palabra de Dios para fortalecer nuestra fe. Hay Mayor conciencia de la necesidad de la tarea evangelizadora. Hay presencia activa de agentes comprometidos, valerosos y corresponsables en la evangelización, de manera especial en la catequesis de niños y adolescentes.

119. En las comunidades rurales el profetismo del laico es bien aceptado. La familia es evangelizadora de la misma familia, fuente de valores y semillero de vocaciones. La mayoría de los padres de familia tienen conciencia de la importancia de la catequesis para sus hijos en la etapa de iniciación cristiana.

120. El Espíritu Santo está suscitando en la Iglesia diversidad de ministerios al servicio de evangelización. Es clara y permanente la asesoría y formación continua de catequistas. La mayoría de las personas que viven en nuestra diócesis son católicos por tradición pero ya muchos por evangelización.

121. La evangelización de los jóvenes ha suscitado en ellos más inquietud por conocer su fe. Es innegable que la valiente profesión de fe de nuestros mártires cristianos son hoy un ejemplo a seguir. Nuestro pueblo, a pesar de sus deficiencias, sigue siendo muy religioso.

122. Es alentador saber que son muchos los laicos comprometidos en los diversos niveles de Iglesia, en los diversos campos de la sociedad, y que se están dando signos fuertes de vivencia en la fe, de práctica religiosa y sacramental. Nuestras familias siguen siendo la principal escuela donde se aprende a amar y vivir los valores humanos y cristianos.

123. Los medios de comunicación social favorecen la difusión de la cultura; son utilizados rectamente para ayudar al género humano y propagar y fortalecer el Reino de Dios. La Iglesia predica el mensaje salvación con estos medios.

124. Hay más mujeres involucradas en la pastoral, la mayoría de los agentes activos son mujeres. La mujer está más al pendiente en la educación cristiana de la familia y ha sido formadora de valores cristianos.

b) Sombras – Aspectos Negativos

125. En general no estamos habituados al estudio de la Biblia y es un simple adorno. Falta vivir como verdadera comunidad cristiana, esto se nota en falta de compromiso con los trabajos pastorales de nuestras parroquias.

126. Poco esfuerzo por evangelizar los MCS y con los MCS. Existe apatía de los padres de familia por la tarea evangelizadora, rehuyen al compromiso evangelizador de ser educadores de sus hijos, se respaldan en las catequistas y les exigen demasiado.

127. Aceptamos que la falta de continuidad en la evangelización propicia incoherencia, miedo al compromiso y pérdida de valores. Se ha descuidado la catequesis de adultos. Los agentes buscan una pastoral cómoda, no comprometida y falta una suficiente preparación.

128. Los constantes ataques a la Iglesia han propiciado algunos malestares e inquietudes en la feligresía. La Iglesia debilita su influencia en la sociedad debido a la incoherencia entre la fe y la vida de los bautizados. Esta nueva cultura emergente tiene mucha influencia y tiende a crear un mundo sin Dios, es decir, dejarnos envolver por el secularismo, haciendo a un lado los valores evangélicos para darle más importancia al placer, al tener y al poder, produciendo una vida carente de sentido y de profundo vacío y llena de los nuevos ídolos.

129. Cada día son más los fieles que van alejándose de la fe recibida teniendo como causas: El ambiente paganizado, los ataques a la fe y a la moral cristiana, la presión de las sectas, la superstición, la ignorancia y la difusión de conductas incompatibles al catolicismo.

130. Los que viven en situaciones irregulares (unión libre, divorcio, drogadicción, madres solteras) se sienten relegados de la vida eclesial. Así mismo hay resentidos por antitestimonios, y quienes que por motivos de trabajo o descanso no participan en los sacramentos.

131. No se ha atendido suficientemente a los emigrantes, los cuales en el encuentro con la cultura liberal de Estados Unidos, entran en crisis de valores. Falta atender a los que celebran en modo pagano las fiestas patronales y los que acuden solo eventualmente a pedir sacramentos o ceremonias, entre otros.

132. Incoherencia entre la fe, la religiosidad y la vida, así como el hacer de la religión un asunto de gustos donde cabe una fe sin compromiso. El permisivismo moral, dar prioridad a lo material, buscar solo lo extraordinario, mero ritualismo y la exclusión de la fe en los ámbitos político, económico y educativo.

133. Los contenidos de violencia, sexo y consumismo en los M.C.S. son cada vez más agresivos, están provocando una fuerte crisis en los valores tradicionales, culturales, familiares y cristianos, tales como: diálogo intrafamiliar, unidad y convivencia de la familia, el buen uso del tiempo, respeto y religiosidad, austeridad, responsabilidad y compromiso con la verdad y la paz, la castidad, la inocencia, la autenticidad e identidad, el orden y la obediencia de los hijos, y el crecimiento intelectual, y oración familiar, la participación en la misa dominical y el poner a Dios al centro de la vida social, familiar y personal.

134. Se ha hecho poco para formar en el uso correcto de los MCS y para crear conciencia crítica ante sus contenidos. Muchos jóvenes han tenido una evangelización y catequesis superficial que no los ha llevado a un encuentro con Cristo.

3.3 Lo que nos pide Dios
(Marco Doctrinal)

135. Creemos que evangelizar constituye la dicha y vocación propia de la Iglesia.

136. Creemos que Cristo sigue evangelizando en la Iglesia por medio del Espíritu Santo en comunión con el Padre.

137. Creemos que Cristo es el primero y más grande evangelizador del Padre.

138. Creemos que Cristo es el centro y fuente principal de toda catequesis.

139. Creemos que la Iglesia es continuadora de la misión de Jesucristo y ha sido enviada para ser maestra de la fe.

140. Proclamamos que el Espíritu Santo es el protagonista en la tarea evangelizadora.

141. Proclamamos que la Iglesia siempre ha tenido la Sagrada Escritura como tesoro de la revelación y alimento eficaz para la vida como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo pues ella nos lleva al conocimiento de Dios, a vivir como El nos manda y nos guía en el proceso de pastoral.

142. Proclamamos que María es Madre de la Iglesia, Modelo de santidad, intercesora y Maestra de Evangelización que nos lleva a Cristo.

143. Creemos que los laicos deben ser promotores de comunión y participación y protagonistas de la nueva evangelización.

144. Proclamamos que los padres de familia deben ser los primeros evangelizadores mediante la palabra y el testimonio de vida.

145. Reconocemos que el seminario ha de vivir de un modo interior y profundo la comunión con la diócesis y que el apostolado es un espacio privilegiado para el crecimiento de la vocación.

146. Reconocemos que todos los miembros de la Iglesia tenemos la misión de anunciar el Evangelio.

147. Creemos que la catequesis debe ser dinámica, sencilla y comprensible a toda persona.

148. Creemos que no basta con predicar, sino acompañar la predicación con el testimonio de vida.

149. Proclamamos que la Iglesia está llamada a dar testimonio de Cristo, asumiendo posiciones valientes y proféticas.

150. Anunciamos nuestra fe, primordialmente con el testimonio de vida, como primer medio de evangelización, porque se cree más al testigo de Cristo.

151. Creemos que para que la familia cristiana sea verdaderamente Iglesia doméstica, lo padres deben trasmitir la fe por medio de la palabra, ejemplo y oración.

152. Sabemos que el papel de la mujer es decisivo en la familia, en la sociedad y en la evangelización.

153. Entendemos que la catequesis pone los primeros cimientos de la fe, por eso es importante que se reciba en todas las etapas de la vida.

154. Reconocemos que los MCS rectamente utilizados son una valiosa ayuda para evangelizar el mundo.

155. Creemos y proclamamos que el encuentro con Jesucristo transforma, ayuda a madurar en la fe y promueve la evangelización y la catequesis.

156. Proclamamos que el evangelio debe proclamarse con amor, método y expresión.

3.4 Desafíos Pastorales

157. Reconocemos que aún falta que los laicos sean testigos de los valores evangélicos en todos los niveles y aspectos de la vida social y política. Necesitamos promover líderes cristianos en el campo político-social.

158. Reconocemos la urgencia de la nueva evangelización integral en todos los ambientes, especialmente en lo político.

159. Es necesario seguir haciendo conciencia en los padres de familia sobre la cultura de la vida, la responsabilidad de la procreación y la educación de los hijos.

160. Es preciso seguir enseñando a los fieles que la Iglesia es defensora de la vida desde su concepción hasta la muerte natural.

161. Es necesario reforzar esfuerzos para que en las parroquias, especialmente los jóvenes y adolescentes conozcan, vivan y amen la fe y la Sagrada Escritura a partir del encuentro con Cristo.

162. Necesitamos seguir promoviendo una adecuada preparación próxima a la celebración de los sacramentos así como intensificar una evangelización más profunda que lleve a una verdadera fidelidad y santificación.

163. Lograr una mejor formación y capacitación permanente de los agentes de pastoral y promover su corresponsabilidad.

164. Hacer más dinámica la evangelización para contrarrestar la apatía, indiferencia y divisiones.

165. Urge que nuestra Diócesis elabore un catecismo sobre la doctrina y normas de los sacramentos.

166. Promover el diálogo en las familias y conscientizarlas de su tarea evangelizadora como primer lugar en la educación de la fe.

167. Implementar y unificar textos de catequesis para todos los grados, tanto para catequistas como para catequizandos en todas las edades.

168. Necesitamos que la evangelización no quede en meros conocimientos, sino que lleve a una experiencia con Cristo.

169. Urge preparar y abrir más espacios de participación a evangelizadores competentes y santos.

170. Debemos impulsar en nuestras parroquias la evangelización a las personas más alejadas y resentidas.

171. Unir más sacerdotes y laicos para una mejor evangelización.

172. Los agentes de pastoral seamos primero discípulos y después maestros.

173. No hay que perder de vista que somos una diócesis muy mariana y que María es estrella de la evangelización.

174. Necesitamos seguir promoviendo una lectura creyente de la Biblia que desencadene procesos de conversión.

175. Nos urge un estilo de vida según las exigencias cristianas del evangelio.

176. Nos falta conocer más y mejor nuestra religión y profundizar la vivencia de la fe para poder ser luz del mundo y sal de la tierra.

177. Sentimos la urgencia de vivir la fe en permanente conversión y continuo crecimiento.

178. Necesitamos seguir evangelizando y catequizando nuestra religiosidad popular.

179. Debemos impulsar en nuestras comunidades la evangelización con las personas más alejadas.

180. Necesitamos impulsar más a la familia como Iglesia domestica y a los padres de familia como los primeros responsables de la formación cristiana de sus hijos.

181. Queremos que se mejore la educación impartida en las escuelas, más calidad en los maestros y enseñanza sea más integral.

182. Necesitamos proyectos educativos inspirados en los valores del evangelio.

183. Necesitamos que la Iglesia se haga más presente en el campo de la educación a través de la pastoral educativa.

184. Necesitamos impulsar más la educación en los valores de manera integral y que llegue a todos.

185. Necesitamos despertar el interés por la lectura, el estudio y la preparación constante.

186. Debemos seguir impulsando los valores de religiosidad y unidad en nuestras familias.

187. Reconocemos que nos hemos dejado manipular, desorientar e influir negativamente por los MCS y que nos hemos dedicado más a condenarlos que a orientarlos.

188. Debemos valorar e impulsar lo positivo que nos ofrecen los MCS (estudio, documentales, información, internet, solidaridad en desastres, conciencia comunitaria, sana diversión, etc), y no satanizarlos por completo.

189. Creemos que el más grande comunicador y el mejor mensaje que debemos comunicar es JESUCRISTO y su evangelio nuestro mayor aporte al mundo de la comunicación.

190. Creemos y predicamos que la Virgen María es el prototipo de mujer libre, digna y fiel a Dios y al hombre.

191. Necesitamos que nuestra evangelización con jóvenes y adolescentes sea nueva y diversificada, atractiva para ellos, que responda a la problemática e interrogantes de su vida.

192. Necesitamos lograr que más jóvenes y adolescentes conozcan más y mejor su fe; partir del encuentro vivo con Cristo que cambia sus vidas.

193. Necesitamos seguir impulsando, en la palabra y las acciones evangelizadoras, la opción preferencial por los jóvenes y adolescentes en nuestra pastoral.

3.5 Conclusiones Relevantes (Compromisos – Líneas de Acción)

194. "La ruptura entre evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas" ( EN 20). Los aportes de nuestra diócesis en el campo de la cultura indican la vigencia actual de este drama de nuestro tiempo. Desde 1992, los obispos latinoamericanos en el documento conclusivo de su IV Conferencia Episcopal Latinoamericana en Santo Domingo, acentuaron en su pensar y actuar la urgencia de evangelizar la cultura: "La Nueva Evangelización tiene que inculturarse más en el modo de ser y de vivir de nuestras culturas" (SD 30). El llamado de Cristo es actual y, en los desafíos de nuestro pueblo, reclama nuestra respuesta. "Ustedes son la luz del mundo... brille su luz delante de los hombres, de modo que, al ver sus buenas obras, den Gloria a su Padre que está en los cielos" (Mt. 5, 13.16).

195. Necesitamos mejorar las propuestas de evangelización que buscan responder a la compleja realidad religiosa que vivimos. En las diversas acciones y experiencias parroquiales, en los grupos, asociaciones y movimientos, en todas las tareas fundamentales y diversificadas de nuestro proceso pastoral, debe buscarse y cuidarse la integridad de la fe que incluye, necesariamente, el encuentro con Jesucristo, la conversión personal y social, el sentido de pertenencia y comunión eclesial, el compromiso misionero y la permanente solidaridad con todos, especialmente con los más pobres (CPCEM 115).

196. Los pastores deben escuchar atentamente a todo el pueblo de Dios teniendo en cuenta la advertencia de San Paulino de Nola: "en cada fiel sopla el Espíritu de Dios" (NMI 45b). La Iglesia del tercer milenio debe impulsar a todos los bautizados y confirmados a formar conciencia de la propia responsabilidad activa en la vida eclesial (NMI 46a). Cada vez es más urgente en nuestras comunidades, religiosas sí, pero poco evangelizadas y evangelizadoras, buscar y tener nuevos retos, nueva expresión y nuevo ardor en nuestra evangelización para cumplir la gran comisión que Jesús nos dejó: "Vayan y hagan discípulos míos a todos los pueblos..." (Mt 28,19).

197. Las grandes carencias del entorno educativo que tenemos hoy, deben hacernos procurar, como objetivo pastoral inmediato, impulsar la preparación de laicos que sobresalgan en el campo de la educación, la política, de los MCS, de la cultura y del trabajo (SD 99b).

198. Tenemos el compromiso de pronunciarnos, con las palabras y hechos, por una educación cristiana desde y para la vida en el ámbito individual, familiar y comunitario y en el ámbito del ecosistema; que fomente la dignidad de la persona humana y la verdadera solidaridad; educación a la que se integre un proceso de formación cívico-social inspirado en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia. Debemos comprometernos con una educación evangelizadora (SD 271): "Capacita así a los creyentes... hasta que logremos ser hombres perfectos, hasta que consigamos la madurez conforme a Cristo" (Ef. 4, 12-13).

199. El panorama familiar que vivimos nos pide incrementar continuamente las iniciativas pastorales dirigidas a las familias. Necesitamos hacer de la pastoral familiar una prioridad básica, sentida (=acogida y asumida por toda la comunidad), real (en el respaldo de los agentes de pastoral) y operante (porque debe estar inserta en la pastoral orgánica). Esta pastoral debe estar al día en instrumentos pastorales y científicos (SD 64).

200. La familia debe tomar conciencia y renovar su misión de vivir, crecer y perfeccionarse como comunidad de personas... Ser como el santuario de la vida, servidora de la vida ya que el derecho a la vida es la base de todos los derechos humanos... Ser célula primera y vital de la sociedad... Ser Iglesia doméstica que acoge, vive, celebra y anuncia la Palabra de Dios (SD 214).

201. Como la Sagrada Familia en Nazareth (Lc 2), las familias de hoy deben leer, meditar y hacer vida constantemente el mensaje de la Palabra de Dios que las construye poco a poco como Iglesia doméstica y las hace fecundas en humanismo y virtudes cristianas; allí se constituye como la fuente de las vocaciones (IA 46a). Tampoco deben faltar en las familias los momentos de oración y vida espiritual en común (IA 46c).

202. Los MCS contribuyen a modelar la cultura y mentalidad de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, por ello, quienes trabajan en este campo, deben ser destinatarios de una especial acción pastoral (IA 72a).

203. Es necesario que los MCS fortalezcan aquellos valores que les permitan servir a las personas, favoreciendo sus derechos y su libertad. Así mismo, es indispensable que cuiden su independencia de cualquier instancia de poder político y económico que pueda limitarlos en su imparcialidad y transparencia (CPCEM 385).

204. La presencia y acción de los fieles laicos, llamados a ser y vivir como "luz del mundo" (Mt 5, 14) con su estilo de vida, dentro de los MCS es urgente no solo porque así lo reclama el deber de anunciar a Jesucristo, sino para cumplir con su vocación de afirmar en el mundo los valores del evangelio (CPCEM 386).

205. El Creador confía al hombre, coronación de toda la obra de la Creación, el cuidado de la tierra (Gn 2,15). Su cumplimiento supone la apertura a una perspectiva espiritual y ética que supere las actitudes y los estilos de vida conducidos por el egoísmo que llevan al agotamiento de los recursos naturales. Es muy importante la intervención de los creyentes, es necesaria la colaboración de todos los hombres de buena voluntad con toda instancia civil o gubernamental para conseguir una protección eficaz del medio ambiente, considerado como don de Dios (IA 25).

206. Se debe ayudar, propiciar y motivar a las mujeres a tomar parte activa y responsable en la vida y misión de la Iglesia (IA 45ac), sin olvidar que fueron ellas precisamente, las primeras testigos de la resurrección de Jesús (Mc 16, 1-8; Jn 20, 1-2). Por estos hechos se le llamó a María Magdalena "la apóstol de los apóstoles" (IA 8b).

207. Con los padres conciliares, debemos estar convencidos de que para atraer a los jóvenes, la Iglesia, la parroquia, nuestra pastoral, deben caminar en continua renovación de su ser y quehacer para el mundo de hoy (Mensaje del Concilio a los jóvenes).

208. El proceso de formación de los jóvenes y adolescentes debe ser constante, dinámico e integral, adecuado para ayudarles a encontrar su lugar en la Iglesia y en el mundo. Por tanto, la pastoral juvenil ha de ocupar un puesto privilegiado entre las preocupaciones de los pastores y de las comunidades (IA 47 a).

209. No olvidemos el consejo de San Benito que el Papa Juan Pablo II cita en su carta para el Nuevo Milenio: "Dios inspira a menudo al más joven lo que es mejor" (NMI 45b), la efectiva opción por los jóvenes exige mayores recursos personales y materiales por parte de las parroquias y de las diócesis (SD 114).

210. Muchos jóvenes, especialmente los que sufren diversas formas de pobreza, quedan fuera del campo de la actividad pastoral.

 

4. CONVOCADOS
PARA CELEBRAR A CRISTO

liturgia

«Ustedes son una estirpe elegida, un reino de sacerdotes, una nación consagrada, un pueblo que Dios hizo suyo, para proclamar sus maravillas, pues El los llamó de las tinieblas a su admirable luz» (1 Pedro 2,9).

"Vi una multitud enorme que nadie podía contar. Gentes de toda nación, raza, pueblo y lengua; estaban de pie ante el trono y ante el Cordero. Vestían de blanco, llevaban palmas en las manos, y clamaban con fuerte voz diciendo: ‘A nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero, se debe la salvación’. Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono y de los cuatro seres vivientes cayeron rostro en tierra ante el trono y adoraron a Dios diciendo: ‘Amén. Alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén» (Apocalipsis 7,9-12).

4.1 Pueblo que rinde Culto a Dios

211. Cristo, Sumo y eterno Sacerdote, nos hizo partícipes de su Sacerdocio, para que seamos el pueblo que le rinde culto.

212. Así que la liturgia no sólo es una de las tareas fundamentales de la Iglesia, sino precisamente la función central, la cumbre y la fuente de todas sus actividades. En la celebración ejercemos realmente nuestro Sacerdocio en la Iglesia.

213. La Iglesia se realiza a sí misma en cuanto sacramento de Cristo para la salvación de la humanidad en la celebración de los sacramentos.

214. El anuncio de la Palabra le precede, para provocar la fe y la conversión. La caridad activa y orgánica le sigue como fruto del encuentro vivo con Cristo y su Misterio.

215. Sin embargo, la liturgia no se agota en el momento ritual, sino se extiende a toda la vida personal y comunitaria. Pretende renovar la existencia entera, personal y comunitaria. No es alienante, aunque en un momento nos meta en una dimensión de eternidad.

4.2 Luces y Sombras en la Liturgia (Marco de la Realidad)

a) Luces – Aspectos Positivos

216. Forman parte de nuestra cultura muchos rasgos de piedad, abundantes prácticas religiosas: devoción a los santos, algunos sacramentos, peregrinaciones, imágenes y mandas.

217. Gran parte de la religiosidad se centra en María y la Eucaristía.

218. Se respeta al sacerdote como guía espiritual y moral, y como impulsor del desarrollo del pueblo.

219. La Misa dominical es la actividad de la Iglesia más concurrida.

220. Mucha gente asiste a Misa y comulga como fuerza para luchar y comprometerse en la Iglesia.

221. Se vive el encuentro con Cristo a través de las celebraciones.

222. Se nota y aplica la renovación litúrgica, en los equipos de liturgia y los ministros, y muchos laicos comprometidos.

223. En la parroquia se crece en la fe y se viven los sacramentos.

224. Las celebraciones en los barrios, como parte de la pastoral parroquial, forman comunidad y son más auténticas.

225. Hay un despertar religioso, con muchas búsquedas de experiencia sobrenatural.

226. Se favorece más la variedad de carismas del Espíritu Santo en favor de la comunidad, y florecen ministerios.

227. En general se prepara la celebración y colaboran diferentes actores.

228. Los ministros extraordinarios de la Comunión han mejorado considerablemente la atención de los enfermos.

229. Se organizan horarios de Confesiones.

230. Se organiza una celebración comunitaria de la unción de Enfermos en muchas comunidades.

231. Los fieles desean conocer el sentido de los ritos y gestos litúrgicos.

232. Se coordinan mejor los equipos de las tareas fundamentales.

233. Hay religiosos que apoyan la animación y formación litúrgica.

234. Todas las comunidades cuentan con catequesis presacramentales.

235. En los mártires encontramos testimonio de vida centrada en Cristo.

b) Sombras – Aspectos Negativos

236. Se han introducido en las celebraciones algunas prácticas de culturas ajenas, a través de los medios de comunicación social, como formas de vestir, ceremonias y elementos espectaculares.

237. El testimonio de vida no corresponde a la práctica religiosa, pues existe corrupción e injusticia.

238. Aun en la oración hay individualismo, competencias, intereses de grupos, afán de protagonismo, por encima del bien común.

239. La familia ya no es el primer espacio de culto como Iglesia doméstica.

240. No hay unidad de criterios para la celebración de los sacramentos.

241. Las generaciones jóvenes no tienen los mismos valores que las generaciones mayores. No se interesan por la Misa, a veces ni los domingos. La población más practicante es la tercera edad.

242. Son menos los varones participan activamente en las celebraciones, servicios y ministerios litúrgicos.

243. Va influyendo en la mentalidad la ridiculización que los medios de comunicación hacen de los sacramentos, y sus sistemáticas críticas, burlas y ataques contra la Iglesia.

244. Los sacramentos se celebran más bien como evento social o espectáculo sagrado.

245. Aun la celebración de los sacramentos se pide con una mentalidad supersticiosa, buscando suerte y protección, para contrarrestar brujería, acudiendo también a adivinación, horóscopos, etc.

246. Disminuye la práctica del viernes primero.

247. Se está perdiendo el sentido del pecado en cuanto ofensa a Dios.

248. La mayoría no tiene conciencia de pertenecer a la Iglesia. Hay quienes solicitan actos religiosos fuera de la comunidad o al margen de ella.

249. La cultura materialista, hedonista y consumista hace que se alejen de la práctica religiosa, o la tomen como pasatiempo o evasión.

250. No se acude al equipo de Arte Sacro para las construcciones y remodelaciones de templos.

251. Hay anarquía en el uso de cantos en la liturgia.

252. La religiosidad va perdiendo su sentido, y se convierte en algo práctico, rutinario, aislado, que se practica más por tradición que por convicción.

253. Algunas personas acaparan los ministerios, los hacen medios de poder, no dan participación.

254. Se busca una religiosidad sin compromisos ni convicciones firmes.

255. La familia da importancia a la recepción del sacramento, pero no a su acompañamiento espiritual.

256. Crece el número de alejados.

257. Muchos migrantes abandonan la Confesión y Comunión, y las reciben sólo cuando van a ser padrinos.

4.3 Lo que nos pide Dios (Marco Doctrinal)

258. Creemos que Cristo es el fundamento de nuestra vida, y quiere que la Iglesia sea sacramento universal de salvación.

259. Proclamamos que los sacramentos santifican los momentos de la vida, nos incorporan al Cuerpo de Cristo y nos dan crecimiento y salud.

260. Estamos convencidos que la oración es una comunicación viva con Dios y un medio indispensable de salvación.

261. Creemos que la Palabra de Dios y la Eucaristía alimentan a la Iglesia.

262. Reconocemos en María un modelo de existencia y piedad.

263. La Iglesia nos comunica la vida de Cristo en un proceso sacramental comunitario.

264. En la liturgia se encierra el misterio de la Encarnación, la Redención y Pentecostés.

265. Creemos que el testimonio cristiano es fruto de maduración en la fe, forjado en la Eucaristía.

266. Reconocemos al Espíritu Santo como animador y santificador de la liturgia.

267. Los mártires son ejemplo de fidelidad y amor a Cristo, haciendo una auténtica ofrenda al entregar su vida.

268. La liturgia es anuncio, fiesta, misión y comunión.

4.4 Desafíos Pastorales

269. Vivimos una cultura audiovisual que nos hace pasivos, y la actividad que proponen está predeterminada.

270. Hacer que los sacramentos sean celebrados como encuentro con Cristo, superando lo espectacular.

271. Hacer de los sacramentos medios para vivir la comunión y construir la unidad.

272. Acordar los criterios mínimos para unificar nuestra pastoral sacramental.

273. Capacitar a los agentes de pastoral litúrgica y piedad popular.

274. Formar sentido de comunidad y participación.

275. Transmitir vivencia de fe eclesial a los jóvenes.

276. Hacer de la Palabra y de la Eucaristía un verdadero banquete.

277. Entusiasmar por el Sacramento de la Penitencia y organizar su pastoral.

278. Hacer que la Eucaristía sea centro de comunión con Dios y con los hermanos.

279. Mejorar la celebración de la Liturgia de las Horas, como oración de la Iglesia.

280. Sólo celebrar sacramentos con su debida evangelización, como encuentro con Cristo y vivencia de Iglesia.

281. Hacer de la Misa dominical un signo de identidad católica y escuela de comunión y participación.

282. Proyectar la Eucaristía a una vida eucarística, sostenida por la adoración al Santísimo.

283. Hacer de la familia una Iglesia doméstica, con momentos de oración y vida espiritual común, y con la frecuencia de los sacramentos.

284. Con la Palabra de Dios iluminar las conciencias para desterrar confusiones y supersticiones.

285. Hacer de cada celebración una verdadera manifestación de la Iglesia local.

286. Profundizar en la dimensión social de la celebración.

287. Preparar, organizar y coordinar mejor las celebraciones, para que sean vivas y dinámicas y nos unifiquen en la fe.

288. Instituir ministerios en las comunidades: lector instituido, acólito instituido.

289. Atraer a los alejados y resentidos.

290. Ofrecer mejores celebraciones y promover la participación consciente, como ejercicio del sacerdocio común..

291. Purificar la religiosidad popular.

292. Procurar medios adecuados para la participación de jóvenes, profesionistas y migrantes en la celebración de la comunidad.

293. Purificar e intensificar la devoción mariana para mejorar la vida cristiana.

4.5 Conclusiones Relevantes
(Compromisos – Líneas de Acción)

294. Debemos esforzarnos por no celebrar sacramento sin catequesis debida.

295. Atenerse a los criterios de los Prenotandos de los Rituales y la Institución del Misal y de la Liturgia de las Horas.

296. El modelo para la celebración no es el seminario u otra comunidad, sino el proyecto que la Iglesia ofrece en los libros litúrgicos.

297. Dejar suficiente tiempo disponible en la programación de todas las celebraciones, para realizarlas sin prisas.

298. Preparar a los equipos