Hoy Viernes, 05 de diciembre de 2008 | 02:45

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T E M A 2

“Compañeros
para el Reino”

Marcos 3, 13-15

A partir de Marcos 3, 13-15 resaltar dónde se encuentra la raíz del llamado y cuál es la finalidad del mismo. Ser discípulo de Jesús consiste en aceptar su llamada y estar dispuesto a compartir aquello que se va aprendiendo. Seguir a Jesús y aceptar el envío son dos realidades de una misma vocación.

a) ¿Qué dice el texto?
Leamos Marcos 3, 13-15.

El evangelista nos cuenta que de la multitud que lo seguía escogió a sus discípulos, y de los discípulos, separó a los Doce Apóstoles. El número de los Apóstoles no es casualidad, ni una cifra caprichosa, sino que guarda relación con las doce tribus de Israel y del inicio de la segunda y definitiva etapa de la revelación fundando sobre los Doce; son el nuevo pueblo de Dios, la nueva comunidad que tendrá la responsabilidad de hacer presente la realidad de la Alianza.

El texto, en su brevedad, señala tres elementos importantísimos en la misión: la elección, el sentido de ésta y la misión.

El Señor llamó a “los que él quiso”. Es una elección libre, gratuita y personal de Dios, pues se dan los nombres y se les distingue de entre la multitud y de los discípulos mismos. Este detalle de parte de Jesús encierra un profundo significado. Con mucha seguridad en aquel tiempo los discípulos elegían al Maestro; en cambio, Jesús hace lo contrario: elige a quienes desea que lo sigan. Esto significa, entre otras cosas, que Él es quien pone las “reglas del juego”; es Jesús quien pone las condiciones. El discípulo no puede hacer el seguimiento como se le ocurra ni a su antojo; tendrá que hacerlo de acuerdo a las condiciones y exigencias del Maestro.

“Para que estuvieran con Él”. En dos ocasiones el Evangelio hace mención de este mismo convencimiento: una, diciendo que los llamados se “vinieron junto a él” (v. 13) y otra, indicando que Jesús “instituyó a los Doce para que estuvieran con él” (v. 14). No hay duda de que un elemento insistente en el llamado es la cercanía con el Maestro; el discípulo no puede vivir lejos de Jesús. Elemento inseparable del llamado es el compartir la vida con el Maestro, hasta correr la misma suerte. La primera afirmación expresa la decisión de los discípulos; la segunda, manifiesta un deseo del Maestro. Ambas afirmaciones dejan claro que no es posible ser verdadero discípulo sin una seria cercanía entre discípulo y Jesús.

“Para enviarlos”. La otra finalidad del llamado está en el envío a predicar y a expulsar demonios; es decir, a compartir la Buena Noticia del Reino como había iniciado Jesús (Mc 1,14) trabajando para que el mal disminuya (“con poder de expulsar a los demonios”). Es un excelente resumen de lo que tendría que ser la tarea de todo discípulo: hablar buenas noticias y hacer cosas que disminuyan el mal.

b) ¿Qué nos dice el texto?
Meditemos

A Jesús lo seguía una gran muchedumbre, gente venida de muchas partes, con distintas necesidades, queriendo escuchar su voz y ser tocados por Él. Después de una intensa actividad, viendo a aquella gente, escuchándolos, curando a muchos de sus dolencias (Mc 3, 10-12), Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso. Desde aquella situación, un grupo de personas escuchando su voz lo siguieron. Éste era el panorama y la situación desde los cuales Jesús los llamó.

La llamada es totalmente gratuita: “a los que Él quiso”. No había en ellos alguna característica, cualidad especial, que los hiciera por eso mismo dignos del llamado. Simplemente porque Jesús quiso y los consideró útiles para el trabajo del Reino. Es una decisión que surge del corazón del Señor, a los que amaba los llamó; porque Jesús ama por eso llama. Éste es el origen de la vocación, el amor del Señor y el descubrirse amados por Él. Y la finalidad primera de este llamado es “estar con Él”, hacer experiencia de vida junto a Jesús, una relación de intimidad basada en la fe y en el amor: ser capaces de compartir lo que está más al interior de nosotros mismos con Jesús, así como Él abrió su corazón a sus discípulos. ¡Cuánto tendríamos que contar al Señor estando con Él! Necesitamos una experiencia viva de encuentro personal con Él, dejar que Jesús esté junto a nosotros y nos eduque, nos haga discípulos.

Y de esta experiencia de vida con Jesús surge la misión: no puede haber auténtico encuentro con el Señor sino se da, al mismo tiempo, la búsqueda y el encuentro con los hermanos. Son dos cosas profundamente unidas entre sí: estar con el Maestro y estar con los demás, aceptar la llamada del Señor y oír las voces de los hermanos... De ningún modo, el hecho de estar con el Señor debe provocar el más mínimo olvido y descuido de nuestros hermanos; es más, podríamos decir que los llamó para que estuvieran con Él predicando la Buena Noticia y trabajando para que el mal disminuyera. Sólo se puede estar verdaderamente con el Señor cumpliendo fielmente esta doble tarea.

c) ¿Qué nos hace decirle
a Dios el texto?

Señor Jesús, queremos agradecerte el inmenso don de nuestra vocación cristiana. El bautismo es aquel hermoso momento donde has puesto tu mirada sobre nosotros para seguirte, ahí nace también para nosotros el deseo de ir detrás de Ti. No podemos decir que somos los mejores entre los hermanos, ni los más santos, ni los más sabios, ni siquiera los más dispuestos; sin embargo, Tú has querido llamarnos por tu libre y plena voluntad. Nuestro nombre y nuestra historia están escritos en tu corazón, Tú nos conoces y sabes de nuestras limitaciones, pero aún así nos llamas a seguirte.

Nos llamas para estar contigo, que eres la fuente de toda gracia. Para escuchar atentos tus enseñanzas divinas que nos dan vida. Nos acercas a Ti, para aprender cada día a descubrir la voluntad del Padre que traza el camino de la fidelidad. Nos quieres cerca de Ti para descubrir que no hay un camino fácil cuando se trata del anuncio del Reino, sino que es un camino de entrega diaria. Nos llamas a estar contigo para hacer fecunda nuestra vida, sabiendo que la rama que se desprende del árbol se seca y muere. Pides que estemos junto a Ti para formar una comunidad de hermanos, donde descubramos el amor del Padre y estemos unidos con la misma fuerza de tu Espíritu.

Pero nuestro llamado es PARA ESTAR CONTIGO COMPROMETIÉNDONOS CON NUESTROS HERMANOS. Aquél que ha conocido y experimentado tu presencia, no puede permanecer callado y sin actuar. El llamado que nos has hecho es para ser compañeros de la misión que el Padre te ha confiado. Ser llamado es, a la vez, ser enviado. La semilla de la fe está hecha para desbordarse, para ir más allá del que la recibe, nadie puede guardarla para sí mismo, es la fuente que da vida y frescura a los demás.

d) ¿A qué me compromete
este mensaje?

La escucha y meditación de la Palabra me lleva a la comunicación con Dios, ella me invita al compromiso. ¿Soy consciente del llamado que Jesús me ha hecho para seguirle? ¿Tengo una relación permanente con Él en la oración, los sacramentos, los acontecimientos diarios de mi vida, fuente de mi alegría cristiana? ¿Estoy comprometido en anunciar a los demás el tesoro de mi fe en Jesús? ¿Valoro mi comunidad como un lugar privilegiado de la presencia de Jesús? ¿Qué podemos hacer para ser mejores proclamadores de la Buena Noticia del Reino y para ir colaborando en la disminución del mal?