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Hoy
Viernes, 05 de diciembre de 2008 | 02:16
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T E M A 3 El seguimiento de Jesús, Marcos 8, 34-38 El Señor no obliga a nadie a seguirle; sólo invita amorosamente. El
seguimiento de Jesús supone la libertad; quien acepte deberá asumir todas las
condiciones que pone el Maestro: negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirlo. a) ¿Qué dice el texto? El Evangelio de Marcos presenta tres anuncios de la pasión por
parte de Jesús a sus discípulos (8, 31-33; 9, 30-32; 10, 32-34); a cada uno de estos
anuncios corresponde una instrucción a sus discípulos sobre algunas exigencias que
tendrán en caso de que se decidan realmente seguirlo (8, 34-38; 9, 33-37; 10, 35-45).
Nuestro texto corresponde precisamente a las exigencias ante el primer anuncio. Jesús llama con autoridad pero en forma condicional, siempre en
tono de invitación: el que quiera... si alguno quiere.... Respeta tanto a la
gente que sólo puede invitarlos. Los llamados están en plena libertad de responder o no.
Este ambiente de llamada gratuita y de respuesta libre que hay entre Jesús y los
discípulos no significa, en absoluto, que no sea un compromiso exigente. Se es libre para
responder; una vez que se ha dado una respuesta afirmativa hay que asumir serios
compromisos. La primera exigencia es negarse a sí mismo. Esta
afirmación de ningún modo significa menospreciarse. El Evangelio insiste en que el
discípulo tiene que negarse a sí mismo. Esto, entre otras cosas, puede significar,
aceptar el proyecto de Jesús y no inventarse uno a su modo; la meta de Jesús es entregar
la vida y nadie como Pedro debe cambiar los planes de Dios (8, 27-33).
Además, negarse quiere decir, comprender que en la medida en que el discípulo se
fija más en la voluntad de Dios y en las necesidades de sus hermanos se alcanza a
apreciar a sí mismo mejor. Tomar su cruz. Esto no quiere decir aceptar los
sufrimientos. Recordemos que, varios años después de la muerte de Jesús, con
mucha seguridad la cruz se comenzó a ver como un símbolo de la entrega extrema de la
vida por amor a los hermanos. Más que con el sufrimiento sin más, tiene que ver con el
amor, con la entrega. Cargar la cruz significa pues amar hasta al extremo. El símbolo de
la cruz no debe convertirse en una justificación y aceptación sin sentido de
sufrimientos, problemas, etc., como si fuera mejor cristiano no quien mejor ama sino quien
sufre más; tampoco debe ser la cruz un pretexto para aceptar los sufrimientos de manera
absurda en lugar de trabajar por la vida. Seguir a Jesús. Esta
tercera frase de Jesús no está aparte de las anteriores. Sólo el que ve más allá de
sus propios intereses o gustos, que entrega la vida por lo que vale la pena, es quien
puede seguir a Jesús. Seguir significa ir detrás de alguien,
seguir las huellas. De este modo, seguir a Jesús significa ponerlo como punto
de referencia en nuestra vida, tratar de pensar y de actuar desde lo que Él dijo e hizo. El texto concluye con una invitación tajante: sígame.
Éste es el núcleo y el fundamento de la vida cristiana: ir detrás de Cristo.
La entrega personal y el martirio se incluyen en este llamado, así que el discípulo debe
estar plenamente consciente de estas implicaciones, pues la llamada es optativa, si
alguno quiere, pero una vez que se acepta, se debe estar dispuesto a llegar hasta el
final. b) ¿Qué nos dice el texto? La llamada de Jesús tiene un carácter definitivo, implica a
toda la persona y es radical. Por eso la respuesta sólo puede ser posible cuando se finca
sobre la fe en Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios, el único Horizonte capaz de
llenar de sentido la historia y la vida del ser humano. Con otros maestros la relación es
temporal, dura mientras se completa el ciclo enseñanza-aprendizaje, después el
discípulo tiene que irse independizando y comenzar una carrera por sí mismo.
Con Jesús no sucede así, es una relación permanente, definitiva; es para siempre y
supone compartir con Él no sólo un tiempo, sino su vida misma y su destino. Es una
relación total. Por eso, la respuesta sólo es auténtica si brota de la
libertad. El reino de Dios es un reino de hombres libres. Él no puede hacer nada para
obligarnos a responderle con generosidad, la respuesta es nuestra: Si alguno quiere
venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. La vocación es
un viaje a la libertad, el llamado de Jesús es un camino de liberación de nosotros
mismos. El camino más importante que todo ser humano tiene que recorrer
es el del egoísmo a la entrega, del aislamiento por miedo al compromiso al encuentro
amoroso con nuestros hermanos. Y esto es un proceso: ir en pos de Jesús, negarse a sí
mismo, seguir a Jesús, tres actitudes permanentes en la vida del discípulo. ¡Que el
Señor nos conceda esta libertad! Porque, aunque la respuesta al llamado es auténtica si
surge de la libertad, nuestra libertad es auténtica sólo con la gracia de Dios. La
gracia es ese impulso constante para ir en pos de Jesús, para salir de nosotros mismos,
para negar lo que nos encierra, para seguir al Señor. c) ¿Qué nos hace decirle Padre bueno y bondadoso, te alabamos y te bendecimos por el gran
regalo de tu Hijo Jesucristo. Tú lo has enviado para salvarnos y darnos a conocer tu
voluntad. Él ha querido entregar su vida como rescate por nuestros pecados, ha tomado la
cruz como signo de fidelidad a Ti y como señal del inmenso amor por nosotros. Jesús no
se ha apartado de Ti, aún en los momentos más dolorosos y difíciles de su vida, sino
que ha querido mantenerse fiel a tu bondad por todos los hombres y mujeres. Nosotros hemos sido invitados también a seguirlo. Nuestras
comodidades se ciñen a nosotros impidiendo una respuesta generosa a tu llamado. Hay
tantas cosas a nuestro alrededor que nos amarran para ir detrás de Ti. Tantas voces que
nos hablan al oído para alejarnos de tu presencia. No es fácil entre tantos gritos que
el mundo produce escuchar tu llamado, y menos aún, a una vida de entrega y exigencias. Padre bueno, la sola palabra de la cruz nos asusta. En una
sociedad que proclama la comodidad y la buena vida, la invitación a entregar la vida nos
da temor y tenemos la tentación de voltear la cara a otras invitaciones. Sólo la fuerza
de la gracia puede ayudarnos a aceptar tu invitación, a renovar nuestra vida y a enseñar
al mundo que si el grano de trigo no muere, no podrá dar fruto. Abre nuestros oídos a tu
voz. Fortalece nuestra voluntad para seguirte. d) ¿A qué me compromete Tu Palabra, Señor, es luz en mi sendero. ¿Cómo he vivido el
compromiso del seguimiento de Jesús? ¿Cuáles son aquellas situaciones que han impedido
una respuesta total a la invitación de Jesús? ¿Cómo hacer realidad en mi vida la
invitación de tomar la cruz para seguirle? ¿Cómo ayudar a nuestra comunidad
cristiana para que su respuesta al seguimiento de Jesús sea más generosa y fiel?
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