Hoy Viernes, 05 de diciembre de 2008 | 00:28

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T E M A 5

“Jesús:
Rostro verdadero del Padre”

Juan 3, 1-15

Presentar la vida sacramental del cristiano como una manera de mantener viva la llamada que Jesús hace al compartir la experiencia del Reino. En base al texto de Nicodemo, presentar el Bautismo como la puerta de entrada a esta vida de Dios, la oración como diálogo, la Eucaristía como alimento necesario y la reconciliación como la oportunidad de volver al Padre.

a) ¿Qué dice el texto?
Leamos Juan 3, 1-15.

La escena de Nicodemo sigue a una sección donde se ha hablado de quienes han llegado a creer en Jesús a causa de las señales que Él ha hecho. El camino de Nicodemo es el sendero que puede seguir todo discípulo, éste es un modelo de fe. De hecho le cuesta captar el sentido de la fe, pero va poco a poco entrando en ella.

No hay que perder de vista aquí, lo que siempre hay que tener en cuenta cuando leemos a San Juan, uno es el discurso histórico, es decir, lo que va contando, y otro, lo que está detrás de sus palabras, lo que va queriendo decir con lo que cuenta y cómo lo cuenta.

La parte central de este diálogo es, sin duda, lo que se refiere al misterio del nuevo nacimiento (vv. 3-10).

Precisamente cuando se toca este tema se habla con solemnidad: “yo te aseguro que el que no sea engendrado de nuevo no puede ver el Reino de Dios” (v. 3). Se traba una discusión entre Jesús y Nicodemo. Nicodemo se refiere a lo carnal y Jesús a lo espiritual.

Aquí lo importante es que el lector se va identificando con uno de los dos, y por supuesto, lo que se quiere es que entienda lo segundo.

Así el hombre para llegar a la fe adulta debe pasar por un nuevo nacimiento, debe dar un salto en calidad, experimentar una vida nueva que viene de lo alto. Por eso las preguntas de Nicodemo le sirven al Maestro para precisar el rumbo. Se trata de un nacimiento en el Espíritu, que sólo Dios puede llevar a cabo desde el corazón. Por eso es necesaria el agua, o sea, el bautismo y el Espíritu que permite que surja en nosotros la fe.

b) ¿Qué nos dice el texto?
Meditemos

En el diálogo que Nicodemo tiene con Jesús van surgiendo algunas preguntas: “¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo?”, “¿Cómo puede suceder eso?”. Nicodemo sabía muchas cosas, era un hombre ilustrado, y quería conocer el sentido de los signos realizados por Jesús, pero en el contacto con Él fue percibiendo que hacía falta una experiencia fundamental, algo de fondo: renacer en la experiencia de fe y dejarse conducir por el Espíritu. Jesús aprovecha las dudas y las inquietudes de Nicodemo para ir depositando la semilla de la adhesión de fe que puede llegar a florecer en una respuesta de discipulado.

En la vida cristiana hay experiencias básicas y fundamentales para la fe: los sacramentos. La fe es una experiencia de vida profunda, que toca la mente, el corazón, la voluntad. Y como toda experiencia básica, la fe tiene que expresarse y celebrarse. Los signos sacramentales son precisamente la expresión y celebración de nuestra fe; de lo contrario, serían meros ritos vacíos, carentes de sentido. Los sacramentos son signos que hacen presente para nosotros en la Iglesia la gracia de Dios, por medio del Espíritu Santo, la fuerza que actualiza y hace eficaz los mismos gestos proféticos de Jesús en los sacramentos. El Bautismo, fundamento de la vida sacramental, es el sacramento de la fe por excelencia, es la incorporación de la persona al Misterio Pascual de Jesucristo; con el Bautismo le pertenecemos totalmente, y nuestra vida se orienta por entero hacia Él.

Y la Eucaristía es el alimento que necesitamos para mantener vivo el camino de fe. Es la celebración de la Memoria que nos da identidad como discípulos. ¿Cómo mantener la vida sin el alimento? En la vida cristiana no puede faltar lo que es esencial, lo que está más al centro de nuestra fe. ¿Cómo es mi relación con la Eucaristía? ¿Tiene relación la Eucaristía con mi vida cotidiana? ¿En qué sentido es la Eucaristía la Memoria que me da identidad? La vida del discípulo no es una línea siempre recta, sino una experiencia con subidas y bajadas. Nuestra humanidad limitada, y la experiencia del pecado, nos hacen estar siempre necesitados de la gracia de Dios, y es Él quien sostiene y alienta nuestra vocación. El sacramento de la Reconciliación es como una oportunidad siempre presente que el Señor nos ofrece para volver a nosotros mismos cuando nos extraviamos por el egoísmo, y para volver a la casa del Padre cuando nos alejamos, atraídos por bienes que son sólo aparentes. El Padre nos espera siempre con los brazos abiertos. El discipulado es un camino habitado por signos sacramentales que nos hablan de su presencia. No los perdamos de vista.

c) ¿Qué nos hace decirle
a Dios el texto?

Señor Jesús, la noche se nos ha venido encima, donde se anidan las dudas y la confusión nos invade. La noche oscura que abre la puerta al temor y cubre con su manto los vicios y los desenfrenos. En este momento de tinieblas no podemos más que acudir a Ti, con temor, con miedo por lo que nos rodea, pero con plena seguridad de que Tú has venido de parte de Dios a mostrarnos el camino. Porque nadie puede realizar las obras que Tú realizas, Tú puedes darnos la seguridad en el camino que se nos pierde, la luz que nos guíe en momentos de incertidumbre.

Tú nos llamas a vivir una nueva vida, animada por tu Santo Espíritu. Nos has invitado a formar parte de tu familia, a la que hemos sido introducidos desde nuestro bautismo. Una vida que nos hace hijos de Dios y hermanos con todos los hombres y mujeres. Una vida que experimenta constantemente tu perdón y nos lleva vivir en plenitud tu misericordia. Una vida que se alimenta constantemente de tu Cuerpo y de tu Sangre, que nos fortalece en el camino.

Acudimos a Ti, al igual que Nicodemo en una noche oscura, para encontrar tu presencia luminosa. Que sepamos descubrir por dónde sopla el viento, ese viento que es tu Espíritu y nos enseña el camino de la fidelidad. Que aprendamos a descifrar esa presencia escondida en el diario vivir de nuestras comunidades. Que disfrutemos tu permanente presencia en los sacramentos, verdaderas fuentes de gracia y amor por nosotros.

Ven, Señor Jesús, a iluminar nuestras oscuridades, a enseñarnos los caminos del Espíritu. Ven, Espíritu de Dios, a fortalecer nuestro testimonio, a renovar nuestra vida por tu firme presencia en los manantiales de la gracia que has confiado a tu Iglesia. Has que nos dejemos guiar por tu luz y que ella nos conduzca por el camino de la fidelidad y de la entrega.

d) ¿A qué me compromete
este mensaje?

El apóstol nos dice que no nos conformemos con escuchar la Palabra, sino que nos esforcemos por vivirla. ¿Realmente los sacramentos que he recibido son fuente de santidad en mi vida cristiana? ¿Los sacramentos realizados en mi comunidad tienen efectivamente una fuerza transformadora? ¿Es el Bautismo la base de una rica vida cristiana para las personas y las comunidades? ¿La participación frecuente de la Eucaristía construye una comunidad justa y fraternal en mi comunidad? ¿Juzgamos a la luz del Espíritu Santo los acontecimientos que a diario vive la humanidad y nuestras comunidades?