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Viernes, 05 de diciembre de 2008 | 02:35
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T E M A 6 Los rostros olvidados de Jesús Mateo 25, 31-46 Con este tema se pretende presentar el rostro de Jesús que se descubre
en el otro, aquel que es diferente: el pobre, hambriento, sediento, desnudo,
encarcelado y enfermo. Es la única manera de seguir a Jesús, comprometiéndose con los
más desprotegidos. a) ¿Qué dice el texto? El pasaje del Evangelio que hemos escuchado está ubicado en lo
que se conoce como el discurso escatológico (24,1-25,46) precedido por una amplia
sección en la que un tema dominante es la proximidad del reino de los cielos (19,
1-23,39). ¿Qué elementos son importantes para comprender mejor este
Evangelio? En primer lugar, es un discurso escatológico; esto no significa que su
contenido y mensaje tengan que ver con los últimos días de la vida o con las
manifestaciones posteriores de Jesús. En la cultura mediterránea cuando algo se desplaza
al final es, entre otras cosas, para enfatizar su seriedad e importancia para la vida
presente. En segundo lugar, llama la atención el tipo de necesidades
humanas que se mencionan: tener hambre, estar sediento, ser forastero, estar desnudo,
estar enfermo, ser encarcelado; todas ellas representan los espacios que, de acuerdo a
muchísimos textos del Antiguo Testamento, reflejan cuándo alguien es verdaderamente
justo (Job 22, 6-7; 31,32; Is 58,7; Ez 18,7.16; Tob 4,16; Prov 25,21; Si 7,35). Sorprende
además que casi todas las necesidades las pueda solucionar el hombre justo: sacia el
hambre y la sed, acoge y viste; sin embargo, en el caso de los enfermos se habla de
preocupación, de cuidado; en el de los encarcelados, de cercanía, de hacer presencia
eficaz. Hay necesidades que se deben solucionar pero, aún en las que rebasan la capacidad
humana, la solidaridad efectiva no debe estar ausente. En tercer lugar, es de gran importancia la identificación que
hace el Hijo del Hombre de sí mismo con quienes padecen estas necesidades. Él mismo se
atribuye las necesidades (vv. 35-36.42-43) y ante la pregunta de unos y otros confirma
tajantemente esta identificación: cuanto le hicieron a uno de estos hermanos míos
más pequeños, a mí me lo hicieron (v. 40). De acuerdo a otros textos de Mateo
(especialmente Mt 18) los más pequeños no son únicamente los buenos. Los
pequeños pueden ser los más débiles y sencillos (18,6.10) pero también son los
extraviados (vv. 12-14), los que fallan (vv. 15ss). El olvido de los más pequeños es tan
grave que quien no les dé importancia sería mejor que se muriera (v. 6) pues Dios no
quiere que se pierdan (v. 14). La cercanía o la indiferencia con estos más pequeños es
cercanía o indiferencia con Jesús (Mt 25,40.45). Es posible que la comunidad de Mateo
haya tenido serios problemas para convencerse de esta identificación; ambos, los justos y
los injustos, se sorprenden de que lo que hicieron o dejaron de hacer a aquellos más
pequeños haya sido al mismo Jesucristo. Por último, a partir de las parábolas de las vírgenes y de los
talentos (25, 1-30) se refuerza el significado de nuestro texto: la atención al novio, el
cuidado y la administración de los talentos del patrón no son cosas, son personas, los
más pequeños; ahí está en juego la participación en la fiesta del Señor y su
confianza en nosotros, o la eterna soledad que provoca la falta de solidaridad. Es la
única manera de que Dios reconozca a quienes lo invoquen y lo llamen insistentemente
Señor, Señor (Mt 7,21). b) ¿Qué nos dice el texto? Lo que hemos leído y reflexionado en el momento anterior puede
ayudarnos considerar lo siguiente: en todas las personas, pero sobre todo, en los más
pequeños y necesitados está Jesucristo; ellos son sus representantes. En la indiferencia
o cercanía con ellos nos jugamos la fidelidad y la cercanía con el Señor; ahí se nota
si somos verdaderos discípulos. La predicación de Jesús sobre el Reino de Dios, no se quedó en
palabras interesantes, novedosas. La predicación del Reino se hizo actitudes concretas.
Tal vez, una de las más controvertidas actitudes de Jesús es su predilección por los
pobres, enfermos y pecadores. Y esto más allá de un simple gesto de solidaridad o de
compasión, sino como un signo de lo que el Padre es y de su proyecto de cercanía en el
mundo. Según la concepción tradicional, ellos estaban en esa condición por malos y
pecadores. Lo tenían bien merecido, Dios les rechazaba, y por lo tanto, el buen judío
tenía también que rechazarles. Sin embargo, para Jesús son sus vicarios, sus
representantes privilegiados; Es más, una comunidad no puede tener buenos cimientos si o
trabaja en favor de los más débiles, de los más pequeños y sencillos. El discípulo de Jesús reconoce en esta actitud de Jesús, su
mandamiento. En la convivencia y el servicio a los necesitados se expresa con toda
radicalidad su voluntad de seguirle. Servir a los pobres, aquellos quienes no pueden
devolver la paga, hace entrar en el ámbito de la gratuidad. Es una obra de resurrección,
vale por ella misma (Lc 14,12). Es además el espacio privilegiado de encuentro con el Señor.
Cuando el discípulo ayuda a alguien, en realidad está sirviendo al mismo Jesús. No es
como si se encontrara con Él, sino ayudando al pobre y al necesitado, se está sirviendo
a Jesús en persona. Es, pues, el servicio al pobre, el criterio definitivo en el
encuentro final con el Señor. Y, por eso, el criterio más efectivo para medir la calidad
de nuestro seguimiento a Jesús. c) ¿Qué nos hace decirle Señor te encontramos a cada paso de nuestro camino. Una multitud
de Cristos deambula por las calles de nuestros pueblos y ciudades. El rostro
indígena que mendiga ofreciendo sus productos. La cara desfigurada del drogadicto o
pordiosero. Un ejército de niños de la calle que procuran un lugar para vivir y morir.
Una cantidad de desempleados que tejen su vida en el ocio y en la angustia. En todos ellos
estás tú, para hablarnos y recordarnos tu presencia. No siempre hemos creído tu Palabra. Nos cuesta trabajo creer que
Tú estás en ellos y que todo lo que hagamos a un insignificante te lo hacemos a Ti. Si
no, ¿de qué manera se entiende la injusticia y la soledad de muchos hermanos en nuestras
comunidades cristianas? ¿Cómo entender la soledad de los hombres y mujeres de nuestro
tiempo en el corazón de los pueblos creyentes? ¿Cómo explicar el abandono de los
encarcelados o el hambre de los necesitados en pueblos cristianos? No Señor,
no hemos dado crédito a tu Palabra. La hemos escuchado sin hacerla vida, sin asumir las
exigencias que ella representa. Jesús, Tú nos has llamado a estar contigo. Nos convocas a dar
testimonio del amor que Tú nos has tenido hasta entregar la vida por nosotros.
Concédenos la gracia de saber reconocerte en los rostros desfigurados, en los hermanos
señalados o marginados, en los que tienen poco valor ante los ojos del mundo. Que nuestro
amor tenga una acción eficaz, que ayude y levante a todos aquellos hombres y mujeres de
nuestro tiempo que han caído, o que ni siquiera han tenido la oportunidad de empezar a
caminar y a vivir su dignidad de hombres o mujeres. Que la esperanza de tu gloria nos
anime a la construcción de tu Reino. Un reino de paz, justicia y fraternidad. Que en tu
manifestación gloriosa podamos estar a tu derecha, no sólo por nuestros actos, sino
sobre todo por tu inmensa bondad. d) ¿A qué me compromete La Palabra de Dios nos urge a vivir de acuerdo a su mensaje. ¿De
qué manera vivo mi compromiso cristiano en las realidades sociales de mi comunidad?
¿Cómo manifiesta nuestra comunidad la exigencia de su fe en los rostros sufrientes que
hay dentro de ella? El contacto con Jesús en su Palabra y en la Eucaristía, ¿tiene
realmente un compromiso con los más necesitados? ¿En qué lugares de nuestra sociedad se
hace presente nuestra comunidad cristiana para ayudar a los necesitados?
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