Hoy Viernes, 05 de diciembre de 2008 | 02:02

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T E M A 9

“Vayamos a sembrar
la semilla”

Lucas 10, 1-12

El seguidor de Cristo debe ser consciente de la finalidad de su llamada: la construcción del Reino, en todos sus aspectos, aún sabiendo que el Reino sufre violencia y que, en muchas ocasiones se sentirá atacado.

a) ¿Qué dice el texto?
Leamos Lucas 10, 1-12.

De Lucas se dice que es un apasionado evangelizador. Éste es uno de los textos evangélicos más desconcertantes que tumban toda argumentación para quienes consideran que no tienen los medios necesarios para compartir su experiencia de Cristo. Jesús envía a otros setenta y dos discípulos, señal que ya antes ha enviado a otros doce, que juntos hacen siete grupos de doce personas. El número siete es de los preferidos por Lucas, que utiliza frecuentemente.

Los envía de dos en dos, haciendo caso de lo que los sabios afirman: “¡Ay del que anda solo, el día de la caída no habrá quien lo levante!”; además, para que alguien tuviera credibilidad, necesitaba al menos de dos testigos. Los envía a todo pueblo o aldea por donde tenía que pasar: se trata de preparar el camino, pues el centro de la predicación no es el mismo predicador, sino Jesús.

Doble dimensión frente al proyecto: la cosecha es mucha y los trabajadores pocos, “pidan al dueño de la mies... pónganse en camino”. La tarea no es simple, van como corderos en medio de lobos; en otro momento había aconsejado presentarse mansos como las palomas, pero astutos como las serpientes (Mt 10,16); una combinación indispensable en el misionero.

No llevar absolutamente nada para el camino, ni siquiera sandalias. Tiene que haber disposición para ir al terreno donde sea necesario, porque no existe campo que no sea posible evangelizar. Más aún, la presencia de personas negativas a la predicación del Reino, no es pretexto para no evangelizar: aunque no los reciban, sacúdanse las sandalias, pero de cualquier manera digan: “El Reino de Dios ya está cerca...”.

b) ¿Qué nos dice el texto?
Meditemos.

La misión es la dirección que Jesús mismo imprime a la llamada de sus discípulos. Estar con Jesús, no puede ser el punto final de su invitación. De lo contrario, el seguimiento se convierte en algo alienante, intimista, desprovisto del servicio y la entrega que Jesús participó a quienes llamó.

Como dice el Evangelio de Marcos, les llamó para estar con Él y para enviarlos a predicar. Es más, quien ha estado con Jesús, quien se ha impregnado de sus criterios y sentimientos, no puede reservarlos sólo para sí. Siente ese fuego interior que le impulsa a compartir la buena noticia que ha recibido. Consciente además que el ser enviado no le exime de su condición de discípulo, que siempre y hasta el final seguirá necesitando de estar con Jesús.

La misión no puede separada del seguimiento; es la forma de demostrar la verdadera relación con Dios. Decía el Papa Juan Pablo II, que “la fe, se fortalece dándola”. Este principio es fundamental para el discípulo, que entiende que su participación con Jesús se hace más profunda cuando comparte su experiencia cristiana.

La misión que Jesús comparte con sus seguidores es desbordante: la invitación a la conversión de todos para entrar al Reino. Un reino que ha comenzado ya, pero que espera su plenitud, un reino que es en primer lugar don, y luego respuesta humana, un reino que requiere un compromiso personal, pero que se vive necesariamente en comunidad. La vida y las palabras del discípulo tendrán que estar orientadas a tiempo y a destiempo a este proyecto. Es la razón de su vida e incluso tendría que ser, como con Jesús, la razón de su muerte.

c) ¿Qué nos hace decirle a Dios el texto?

La misión se hace cada vez más urgente en nuestro tiempo. Nuestras familias. Los jóvenes. Los niños. Los ambientes de nuestra sociedad. Existe una gran multitud de bautizados que viven al margen de su fe, habiéndose olvidado de la gracia recibida el día que fueron llamados a vivir como parte de la familia de Dios. En un ambiente descristianizado y adverso a los valores del Evangelio, nos urges, Jesús, nuevamente a un compromiso fuerte y eficaz.

Señor Jesús, el campo será siempre abundante para el anuncio del Evangelio. Tú sigues enviando a tus discípulos a anunciar la Buena Nueva, a construir tu Reino entre todos los hombres y mujeres. No es un ambiente fácil. No hay un camino cómodo para el que carga su cruz y te sigue. Hoy nos llamas a nosotros para enviarnos como testigos fieles del Evangelio, a proclamar con valentía que Dios vive y que tiene un proyecto para cada hombre y para la humanidad.

Concédenos la humildad necesaria para que tu Palabra sea la que se abra paso en el corazón de tus hijos. Danos el desprendimiento suficiente y la generosidad precisa para cumplir nuestra misión. Infunde tu sabiduría para que seamos capaces de descubrir la inmensa necesidad de tu presencia en el mundo. Que seamos portadores de Buenas Nuevas para el mundo. Que seamos hombres de esperanza y de paz que tienen como centro y preocupación tu Reino.

d) ¿A qué me compromete este mensaje?

Habla, Señor, que tu siervo escucha. ¿De qué manera vivo el aspecto misional de mi fe cristiana? ¿Cuáles son los ambientes familiares, laborales, ambientales que necesitan de mi testimonio y del anuncio del Evangelio? ¿Cómo expresa mi comunidad cristiana su envío a llevar la Buena Nueva a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo? ¿De qué manera entiendo la construcción del Reino de Dios a partir del envío que Jesús me hace?