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Hoy
Viernes, 05 de diciembre de 2008 | 01:11
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Cuarto Tema El
Antiguo El Pueblo de la Biblia ha percibido su propia
misión, viéndose como escogido por Dios, por causa de la salvación de toda la
humanidad. Era un pueblo destinado a ser mensajero, quien preparara el camino de la
salvación. Para eso fue hecha la alianza con Abrahán, con Moisés, para eso fue dada la
Palabra a los profetas. Ese pueblo aprendió a percibir el mensaje de Dios en su historia:
Dios se le revelaba en palabras y acontecimientos. En todo esto, en toda la Biblia, se ve clara
esta condescendencia de Dios, aquella Acomodación de lenguaje que ha sido
mencionada en el tema anterior: el pueblo del Antiguo Testamento habla de Dios del modo en
que él podía comprenderlo dentro de las circunstancias de cada momento histórico y de
su manera de expresarse. Esto no desvaloriza al Antiguo Testamento,
la economía de la salvación, preanunciada, narrada, explicada por los autores
sagrados, se encuentra como verdadera Palabra de Dios en los libros del Antiguo
Testamento, y es por eso que esos libros inspirados conservan un valor perene (DV
14). ¿Qué es economía de Salvación? Tal vez
la gente extrañe esta expresión, que se usa muy seguido en la Teología. Nada tiene que
ver con el dinero, es una forma de referirse al modeo de cómo Dos organiza, planea y hace
acontecer la salvación. La función principal de todo lo que
encontramos en el Antiguo Testamento, es preparar la venida de Cristo. Es Él el que está
al centro de todo lo que dice la Biblia, desde el comienzo hasta el fin. Es como si Cristo
fuese un faro en un determinado punto de la historia, iluminando lo que se ve antes y lo
que está después. La Dei Verbum afirma que el Antiguo
Testamento estaba de acuerdo con la condición del género humano de los tiempos
anteriores a la salvación realizada por Cristo (DV 15). Pero no por eso deja de ser
revelación de Dios, teniendo en cuenta que la revelación se adapta sabiamente a quien la
ha de recibir. El texto, en tanto explica que estos libros aunque contienen cosas
imperfectas y transitorias, nos enseñan la verdadera pedagogía divina (DV 15). Un buen profesor, ayuda al alumno a crecer y
desarrollarse de tal modo que el alumno consiga entender. Simplifica el lenguaje y lo
adapta, de tal manera que lleva al alumno a descubrir cosas nuevas
esto mismo hace
Dios con su pueblo. Un maestro dedicado, también comprende que los errores son posibles.
Permite que el alumno se equivoque, pero no lo abandona, sino que lo disculpa, corrige,
estimula a intentar de nuevo, siempre que una cosa no ha sido del todo acertada. Dios hace
todo esto con mucho amor por su pueblo y por la humanidad entera en él representada. Dios
eligió ese pueblo para dar a todos los hombres y mujeres el Mensaje de la salvación. Los cristianos recibimos el Antiguo
Testamento con devoción y cariño, porque habla de un pueblo que tiene un deseo profundo
de servir a Dios, a pesar de todas las faltas. En estos libros encontramos cánticos y
preces, confesiones de fe, palabras de sabiduría.. y también expresiones de angustia y
desasosiego, aciertos y desaciertos de la humanidad en busca del sentido de la vida. En
todo está presente el misterio de la salvación: en las virtudes, en los pecados, en las
equivocaciones y en los aciertos
así es la inagotable y paciente misericordia de
Dios. Dios es inspirador y autor de los
libros de ambos Testamentos (DV 16). En cierta manera ya el Nuevo Testamento está
presente en el Antiguo Testamento. Los dos se interrelacionan y se clarifican el uno al
otro. Se entiende más el segundo Testamento cuando se conoce bien el primero. La nueva
alianza es la culminación de una historia testimoniada en el Antiguo Testamento. Leyendo
los dos Testamentos en mutua relación, como lo ha hecho la comunidad cristiana desde
antiguo, vamos a comprender mejor el desenvolvimiento del proyecto de salvación de
Jesús, y continuado en la Iglesia.
Para reflexionar ¿Que sabemos de la historia del
pueblo del Antiguo Testamento? ¿Cómo entendemos la pedagogía de Dios en el camino de
ese pueblo? * Jesús era un Judío fiel a las
tradiciones de su pueblo. María, José, los apóstoles eran también judíos, educados en
las tradiciones de los profetas, de los patriarcas
. Las comunidades cristianas,
desde el inicio, se abrieron al mundo entero. * ¿Nos damos cuenta que somos
hermanos de ese pueblo que comienza en Abrahán?. * ¿Nos damos cuenta que nuestra fe
tiene sus raíces en la fe de Abrahán?.
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