Hoy Viernes, 05 de diciembre de 2008 | 00:26

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Sexto Tema

Palabra y Eucaristía,
un mismo banquete de Vida

El documento “Dei Verbum” reafirma la veneración que la Iglesia tiene por las Sagradas Escrituras. Eso no es novedad, ¿cómo no tener veneración por una Palabra que viene de Dios?.

Lo que tal vez sea una provocación interesante para nuestra reflexión es la manera de describir el papel de esa palabra en la vida de la Iglesia. El texto trata, en el mismo nivel, la Eucaristía y la Biblia: las dos son presentadas como “Pan de Vida”, que debe ser distribuida a los fieles. En la mesa para la cual la Iglesia nos congrega, el pan de la Vida tiene dos formas: la Eucaristía y la Escritura (DV 21). Las dos merecen la misma veneración, pues Cristo se hace presente tanto en la Palabra como en la Eucaristía.

Tanto el ministerio de la Palabra como el de la Eucaristía abren un amplio camino para el ministerio de los laicos. El Ministro de la Palabra puede ir lejos, haciendo crecer la Iglesia, llevando el Pan de la Palabra en las casas, en los locales de trabajo, en la vida de aquellas personas que por algún motivo no viven la suficiente comunión con la Iglesia participando en la Eucaristía. Hoy existen los ministros extraordinarios de la Eucaristía, y pueden existir también los Ministros de la Palabra.

La DV dice otras cosas importantes sobre la Escritura en la Vida de la Iglesia:

* Juntamente con la Tradición, ella es la regla suprema de la Fe;

* La predicación y la religión toda tienen que ser alimentadas y orientadas por la Sagrada Escritura;

* Ella es el vigor y sustento de la Iglesia;

* Es alimento para la fe y fuente de vida espiritual.

Como consecuencia lógica:

“Es preciso que el acceso a la Sagrada Escritura sea ampliamente abierto a los fieles” (DV 21).

Para eso es necesario estimular y facilitar, para todas la personas, la lectura de la Palabra de Dios. Pero como la Biblia fue escrita originalmente en hebreo, arameo y griego, debe ser traducida en las diversas lenguas, a fin de que sea comprendida por todos en cualquier idioma. Las traducciones, es claro, deben ser cuidadosas, bien hechas.

Dentro del espíritu ecuménico introducido por el Concilio Vaticano II, el texto dice que habiendo oportunidad y con el consentimiento de las autoridades, pueden hacerse “traducciones hechas inclusive en colaboración con los hermanos separados, para que puedan ser utilizadas por todos los cristianos” (DV 22).

Una evolución del lenguaje.

Cuando los documentos del Concilio Vaticano II fueron escritos, llamar a los otros cristianos “Hermanos separados” era un avance. En las décadas siguientes, a propósito del crecimiento de las relaciones ecuménicas estimuladas por el Concilio, esta expresión fue pareciendo incómoda a muchos, por lo cual la Iglesia habla hoy de “hermanos cristianos”, o “cristianos de otras iglesias” o expresiones equivalentes.

Por parte de Dios, la Biblia está completa, pero de nuestra parte, la comprensión de su mensaje necesita crecer más, necesitamos profundizar. La Iglesia nos ayuda en este proceso de profundización y actualización es allí el lugar y la forma privilegiados. Por esto el texto de la DV recomienda que se de valor a:

* El estudio de los llamados “Santos Padres” (que fueron los primeros estudiosos que tuvieron influencia en el comienzo de la Iglesia). Ellos interpretaron la Biblia de un modo muy interesante y representan una gran ayuda para la lectura y aplicación pastoral de la Biblia.

* El estudio de la Liturgia: la celebración de la Palabra es fundamental. La homilía, de manera especial debe ayudar a comprender, amar y vivir la Palabra.

* El trabajo de los exegetas ( que son los que estudian la interpretación de la Biblia). Ellos no estudian solo para si mismos. Tienen la gran responsabilidad de abrir caminos para que todo el pueblo pueda entender mejor la Biblia (DV 23).

Corresponde a las autoridades velar para que todo esto sea llevado a la práctica en un espíritu de fidelidad y de modo adecuado. No basta que esas reflexiones sean correctas: ellas precisan ser instrumentos para que el pueblo comprenda mejor las Sagradas Escrituras.

También la Teología, ella no es algo independiente “… el estudio de las Sagradas Páginas sea como el alma de la teología. De la misma palabra de la Sagrada Escritura se nutre también la instrucción cristiana, es la Escritura sobre todo por la homilía, alimento saludable por el que se dan frutos de santidad” (DV 24).

Esto que hemos dicho, vale para todos, para sacerdotes, diáconos, catequistas y agentes de pastoral. El mismo testo de la Dei Verbum nos da la motivación más profunda: “para no volvernos predicadores vacíos de la Palabra, que no la escuchan por dentro” (DV 25). O sea, que quien escucha a Dios en las escrituras se disponga a anunciar el mensaje que allí se encuentra. El texto refuerza esta idea con una cita de San Jerónimo “Ignorar las Escrituras, es ignorar a Cristo” (DV 25).

Y, como ignorar a Cristo sería negación de nuestra propia existencia cristiana, no queda más que profundizar y acercarnos continuamente a la Escritura. Por eso:

* Que el contacto personal con el propio Texto Sagrado, se tenga en la liturgia, en el estudio personal o por otros medios.

* Promoción de cursos de formación Bíblica.

* Lectura orante de la Biblia (“Lectio Divina”), para que se establezca un diálogo con Dios.

* Instrucción de los fieles, como obligación indispensable del clero.

* Orientación para el uso correcto de los Libros Divinos.

* Ofrecer medios para que los fieles se familiaricen con la Escritura.

* Ediciones de la Sagrada Escritura con anotaciones apropiadas, y que puedan ser entendidas hasta por los no cristianos.

* Divulgación y glorificación de la Palabra de Dios.

Para reflexionar.

En nuestra comunidad, ¿Qué estamos haciendo para que todos tengan contacto con la Sagrada Escritura?

* ¿En qué debemos mejorar?

Personalmente, ¿tenemos el hábito de la lectura diaria de la Palabra de Dios?.