Hoy Miércoles, 07 de enero de 2009 | 01:33

INDICE

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TEMA: 1

Llamados al Amor

LEMA: “Los esposos, los solteros y los consagrados,
una misma vocación de amor”


(Mt 16,24: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga”)

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0.- PRELIMINARES

0.1.- AMBIENTACIÓN DEL LUGAR
Sugerimos hacer un cartel con el título del tema. Además, pueden representarse los 4 estados de vida, mediante un signo: ejemplo, el matrimonio con dos anillos entrelazados; sacerdocio con una estola y un cáliz; los religiosos con una lámpara encendida y una azucena; y la soltería una mano que cura, que enseña, etc.

0.2 SALUDO
Con estas u otras palabras semejantes:
Nuevamente nos volvemos a encontrar para celebrar una semana más de la familia. Los saludamos con alegría. Y con afecto de hermanos les damos la bienvenida.
En este año 2005, siguiendo con el plan de reflexionar durante varios años un temario completo sobre el matrimonio y la familia, ahora en este segundo año, nos ocuparemos en reflexionar sobre el fin del matrimonio.
El tema de hoy se titula: LLAMADOS AL AMOR.
Concretamente en este primer tema, antes de hablar expresamente del fin del matrimonio, presentamos el llamado que Dios hace a cada uno de los hombres para que vivan todos una vocación de amor, a través de dos caminos solamente: el matrimonio y el celibato (que puede vivirse: unos como sacerdotes, otros como consagrados y otros como solteros).

0.3 OBJETIVO:
CONOCER Y VALORAR LAS DIVERSAS VOCACIONES AL AMOR PARA QUE CADA UNO SE REALICE Y VIVA SU VOCACIÓN EN UNA DONACIÓN TOTAL Y EN UNA FIDELIDAD PLENA, SIENDO FECUNDOS Y FORMANDO UNA COMUNIDAD DE VIDA Y DE AMOR.
Se explica el qué y el para qué del objetivo
1.- ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS
Se trata de una breve lectio divina que introduzca al tema directamente
Lectura de LA CARTA A LOS ROMANOS 12, 3-13.
"Queridos hermanos, quiero que sepan, que nadie que hable movido por el Espíritu de Dios puede decir: “Maldito sea Jesús”. Como tampoco nadie puede decir: “Jesús es Señor”, si no está movido por el Espíritu Santo.
Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo. Hay diversidad de servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diversidad de actividades, pero uno mismo es el Dios que activa todas las cosas en todos. A cada cual se le concede la manifestación del Espíritu para bien de todos.
Porque a uno Dios, a través del Espíritu, le concede hablar con sabiduría, mientras que a otro, gracias al mismo Espíritu, le da un profundo conocimiento. Por el mismo Espíritu de Dios concede a uno el don de la fe, a otro el carisma de curar enfermedades, a otro el poder de realizar milagros, a otro el hablar de parte de Dios, a otro el distinguir entre espíritus falsos y verdaderos, a otro el hablar un lenguaje misterioso y a otro, en fin, el don de interpretar ese lenguaje. Todo esto lo hace el mismo y único Espíritu que reparte a cada uno sus dones como él quiere.
Del mismo modo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, por muchos que sean, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque todos nosotros: judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos recibido un mismo Espíritu en el bautismo, a fin de formar un solo cuerpo; y también todos participamos del mismo Espíritu".
Palabra de Dios.

Silencio

Canto Responsorial:
Respuesta Cantada o leída:
Y CANTAN LOS PRADOS, CANTAN LAS FLORES
CON ARMONIOSA VOZ;
Y MIENTRAS CANTAN PRADOS Y FLORES
YO SOY FELIZ PENSANDO EN DIOS.

Estrofas cantadas o proclamadas:

1.- Los caminos de este mundo te conducen con amor,
hasta el cielo prometido donde siempre brilla el sol.

2.- Los caminos de esta vida son caminos de amistad;
siempre hay alguien que te quiere con cariño y verdad.

3.- Los caminos recorridos y los que hay que recorrer,
en un gran camino unidos a la patria van también.

4.- Los caminos de esta vida te conducen en verdad
al buen Dios, que te convida a entrar en la eternidad.

RETROALIMENTACIÓN:
¿Cuáles son las enseñanzas principales que nos ofrece la Palabra de Dios que acabamos de escuchar?

2.- SOCIODRAMA:

ELIGIENDO CAMINO.
JORGE.- Quisiera que no terminara la Prepa para no tener que decidir qué voy a hacer.
MARIANA.- Hombre, Jorge, pues nada. Hay que vivir la vida. Pasársela bien. Entrarle al reventón. Yo sueño pensando en la fiesta que viene; en los chavos que irán; y en el vestido que me voy a poner.
LUCHA.- Pues, yo no estoy loca para sólo ocuparme de eso. Vivir el momento y no pensar para nada en el futuro, es perder el tiempo. A mí, sí me preocupa qué será de mí, el día de mañana. Tengo ganas de muchas cosas: Quiero estudiar una carrera, pero también mi novio me insiste que nos casemos terminando la prepa. Me dice, ¿para qué esperar más, si nos queremos mucho? Y yo, la verdad, que no hallo qué hacer.
PEDRO.- Lucha, lo que pasa es que tu novio tiene miedo que otro te agandalle. Como acabas de ganar el concurso para Reina de nuestro pueblo, ¿quién no quisiera ser tu novio? Además, tu novio tiene mucha lana; qué le apura casarse ya mañana. Tú, puede ser que seas sólo un lujo que él, sí se puede dar.
JORGE.- Dirás tú, Pedro, que es un lujo que le puede comprar su papi, porque ese cuate ¿en qué trabaja?
PEDRO.- Entonces, no hay pierde Lucha, el nene tiene dinero, de seguro que te vas a casar, y muy pronto.
LUCHA.- Eso era antes, cuando las mujeres no pensábamos más que en arreglarnos para apantallar a los bobos. Pero, ahora, tenemos las mujeres muchos planes, el matrimonio puede esperar, o ¿qué dices, Mariana?
MARIANA.- Yo tengo horror de quedarme de solterona. Con mis tías, basta y sobra. Por eso, al terminar la prepa, para mí que... sigue el matrimonio. Con lo que me gusta cocinar y lo niñera que soy, no cabe duda de que lo que sigue, para mí, es el matrimonio.
PEDRO.- Pues, yo no quiero casarme. Eso ya pasó de moda. Pero, la que guste tener niños, aquí estoy a su servicio. En serio, yo pienso que casarse no es un buen negocio. Imagínense, tener que mantener a una que no es nada tuyo...
MARIANA.- Pedro, he oído a otros que piensan como tú, y están ya casados. Hasta gorditos están porque tienen una mujer que los consciente y los cuida. Los hombres no pueden vivir sin nosotras las mujeres. Ya verás que terminarás casándote.
JORGE.- Yo creo, Mariana, que no hay que casarse chicos. Luego al rato se quieren descasar. El matrimonio no es un jueguito. Es para toda la vida.
LUCHA.- Sí, Jorge, estoy de acuerdo contigo, ahorita puros besitos y luego puros gritos y golpes. Yo digo que primero hay que prepararse, madurar. A mí no me asusta la soltería. Si me caso, quiero hacerlo a los 25 años más o menos. Prefiero, bien casada o bien quedada.
JORGE.- Yo, aunque tengo mi novia, a ratos siento muchas ganas de ser sacerdote. Otras veces siento ganas de estudiar algo bien perrón. De plano, que de todo tengo ganas, pero menos de casarme. Lo que más me gusta es ser un sacerdote pero muy fregonazo.
PEDRO.- Mariana, órale, aliviánate, ya tienes curita para tu boda.
MARIANA.- Y tú, Pedrito, ya tienes a quien consolar, a la novia del curita que va a quedarse muy solita y abandonada. Oye, Jorge, pensándolo bien, por tu culpa habrá una solterona más en el mundo, de por sí que somos más mujeres que hombres. ¿No te parece que irse al seminario es como un desperdicio?.
JORGE.- Calmados, dije que a ratos me daban ganas. Todavía hay que pensar mucho las cosas y elegir bien. Tan bueno se me hace casarme, como ser sacerdote pero primero hay que seguir estudiando. Y si Dios quiere,... y yo me lo propongo,.. seré... Supermán. (Se ríen todos).

RETROALIMENTACIÓN
2.1.- ¿De qué están hablando los muchachos?
2.2.- ¿Qué te parece la opinión de cada uno?
2.3.- ¿Cuál es tu opinión?
3.- CONTEMPLACIÓN

A LA LUZ DE LA FE

1.- SOMOS IMAGEN DE DIOS AMOR.
Al leer las primeras páginas de la Biblia que nos relatan la creación del ser humano, descubrimos admirados y agradecidos que “Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza: llamándolo a la existencia por el amor, y al mismo tiempo al amor” (FC 11).
Y es que Dios es amor (1 Jn 4,8) y vive en comunión de amor como Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Al crear al ser humano ha querido que sea y viva, “a su imagen y semejanza”. Es decir, quiere que formemos una comunidad viva de amor con Él. Escribió en nuestra misma naturaleza humana esta gran necesidad de amar y ser amado, al crearnos hombre y mujer y al pedir que los dos fueran “una sola carne”.
De esta manera, tanto los hombres como las mujeres, tenemos una misma vocación, capacidad y responsabilidad de vivir el amor en comunión (GS 12), como el mismo Dios lo vive en su admirable Trinidad de Personas.
Hacia adentro, Dios es una familia. Y cuando crea al ser humano, lo hace como Familia Trinitaria, pues dice: “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gn ), porque quiere que los seres humanos imitemos su forma de vivir y su forma de amar.
“El amor es, por tanto, la vocación fundamental e innata de todo ser humano” (FC 11). Y todos estamos llamados al amor.

2.- LLAMADOS AL AMOR, EN CUERPO Y ALMA.
Cuando hablamos de esta vocación universal, entendemos que el ser humano la realiza a través de toda su persona, porque el alma se expresa en el cuerpo y a través del cuerpo, pero también, a este cuerpo lo anima un espíritu inmortal.
Estamos, pues, llamados al amor, en cuerpo y alma; con todo lo que somos, sentimos, pensamos y queremos.
Si bien es cierto que “de la vista nace el amor”, también es cierto que “nada es amado si primero no es conocido”. Es, pues, la atracción del cuerpo el camino por el que experimentamos la seducción del espíritu. Y cuando unimos nuestros pensamientos, afectos y voluntades, es entonces cuando nos amamos." Con frecuencia los esposos se quedan en las exterioridades y no dejan espacio para crecer en un amor de amistad, más espiritual".

3.- DOS MODOS DE VIVIR UNA MISMA VOCACIÓN.
Pudiéramos pensar que el matrimonio es la única vocación que tiene como fin principal vivir el amor. Y que, tanto los sacerdotes como los consagrados (ellos y ellas), renunciaron al amor, por el Reino de los cielos.
Quien así piensa, está empobreciendo el amor humano y está confundiendo el amor en todas sus formas, con una de ellas, que es el amor conyugal.
“La revelación cristiana sólo conoce dos modos específicos de realizar integralmente la vocación humana al amor, -dice el Papa Juan Pablo II- : EL MATRIMONIO Y LA VIRGINIDAD” (FC 11). Esto significa que sólo podemos escoger entre casarnos o consagrarnos (incluyendo aquí la soltería). Tal y como lo propone la Iglesia, la vida consagrada es una vocación tan valiosa como el matrimonio.
La virginidad no es, pues una negación, ni tampoco es una frustración del matrimonio que no fue. La virginidad es otro amor diferente al matrimonial; es un amor al Reino de Dios (Mt. 19,11-12). Y ambos amores: el amor conyugal y el amor por el Reino de Dios, no se contradicen, muy al contrario, se presuponen y se confirman (FC 16) porque “son los dos modos de expresar y de vivir el único Misterio de la alianza de Dios con su pueblo” (Ibid).

4.- ¿LA SOLTERÍA ES UNA VOCACIÓN?
La Iglesia, al afirmar que: “aquellos que, por motivos independientes de su voluntad, no han podido casarse y han aceptado posteriormente su situación en espíritu de servicio, las reflexiones sobre la virginidad los pueden iluminar y ayudar” (FC 16), está reconociendo la soltería como una forma más, de una misma vocación a la virginidad.
Este mismo pensamiento lo encontramos en el Vaticano II. Cuando habla de la Vocación universal a la santidad, dice: “Es completamente claro que todos los fieles de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección por la caridad” (LG 40). Esta afirmación la hace, después de hablar de la vocación matrimonial, cuando habla de los laicos no consagrados.
La soltería, pues, aceptada como un servicio de amor, realiza a la persona humana y cristianamente, y está llamada a la plenitud y perfección, como en el matrimonio o en la virginidad consagrada.
La diferencia de forma, entre soltería y virginidad consagrada, está en la radicalidad y el tiempo completo que dedican los consagrados a servir a la Iglesia por causa del Reino de Dios. Unos desde el mundo y otros desde la Iglesia sirven a sus hermanos y cumplen su misión de amor.
Para todos, pues: hombres y mujeres, solteros o casados, al servicio de los hermanos desde la Iglesia o del mundo, tenemos la misma vocación al amor que consiste “en dar gloria a Dios con toda el alma y servir a nuestro prójimo, como al mismo Dios en persona” (Cf. LG 40-41).
Los solteros, pues, no son personas frustradas en su vocación al matrimonio. La frustración la puede vivir cualquiera (casado, consagrado o soltero) que no se abra al amor y no acepte al mismo tiempo la forma concreta que Dios le está proponiendo para vivirla.

5.- LLAMADOS AL MATRIMONIO.
En el mismo relato creador, después de hacerlos a su imagen y semejanza, Dios les indica expresamente al hombre y a la mujer, cómo vivir su vocación al amor matrimonial: “Se unirán el hombre y la mujer y serán los dos una sola carne” (Gn 2,18-24).
La dimensión sexual del amor matrimonial.
Con claridad resalta Dios que el amor matrimonial implica la sexualidad mediante la cual el hombre y la mujer se dan uno al otro (Cf. FC 11). Pero no es algo puramente biológico, ya que afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal. La sexualidad es parte integral del amor con el que el hombre y la mujer se comprometen totalmente entre sí hasta la muerte.
"Pero la unión sexual no es el objeto único ni el más importante ni debe estar al principio del amor conyugal, ni debe ser el centro de este amor, debe siempre anteceder la unión de las mentes y los corazones, para que sea un acto verdaderamente humano y por amor".
La unión sexual, en una donación física total, solamente puede ser el signo y el fruto, el coronamiento, de esta donación en la que deberá estar presente toda la persona y para siempre (incluyendo su futuro).
La dimensión de comunión.
El mandato divino para el hombre y la mujer en el matrimonio es hacer de los dos una sola carne; Es decir, unirse en comunión; formar una comunidad de vida y de amor. Es, pues, la comunidad, el único lugar posible para una donación total de los esposos. Para realizar un proyecto de amor, es necesaria esta comunidad. Y para que esta comunidad sea de vida, será necesario que sea permanente, como lo exige la misma vida. Y para que sea comunidad de amor, será necesario que sea en plena fidelidad, porque el amor total exige exclusividad.
Desde esta perspectiva, el matrimonio como comunidad de vida y de amor, pueden explicarse mucho mejor sus exigencias de fidelidad e indisolubilidad.
"Si planteamos el matrimonio como un pacto o una alianza, parece más fácil romper ese lazo por motivos jurídicos". En tanto que si planteamos el matrimonio como una comunidad de vida, fácilmente entendemos que una vida no se puede romper, ni el amor total se puede acabar, sino por la muerte, mientras que los compromisos pareciera que sí se pueden disolver, anular o terminar. La comunidad se fija en las personas y la Alianza se fija en los términos de la alianza.
La dimensión de los hijos.
También es muy claro el mandato de Dios al primer matrimonio para que sean fecundos. Es decir, el amor conyugal, Dios quiere que sea un amor abierto a la vida; a una fecundidad responsable, puesto que se les encomienda a los mismos esposos.
La comunidad que quiere Dios, va más allá de los esposos, quiere un nosotros, para formar una familia, a imagen y semejanza de Dios.
Engendrar una persona humana, según la mente de Dios, debe ser un acto de amor que trascienda siempre al acto biológico. Ha de entenderse como un acto divino en el que participa el mismo Dios e invita a participar a los esposos.

6.- LLAMADOS A LA VIRGINIDAD CONSAGRADA.
Pudiéramos pensar que el matrimonio Dios lo estableció para remedio de la concupiscencia y que el camino ideal de santificación para un fiel cristiano será siempre la Virginidad Consagrada. O por el contrario, pudiéramos pensar que la única vocación del ser humano sea el matrimonio y toda renuncia a él frustra a quien renuncia y le impide realizarse plenamente.
Sin embargo, porque sabemos que la única vocación del ser humano es el amor por encima de cualquiera de los estados de vida o condición en que viva, los anteriores pensamientos sobre el matrimonio y sobre la virginidad no dejan de querer valorarse a base de empobrecer a uno para enriquecer al otro.
Por eso, la Iglesia insiste en que se debe valorar el matrimonio para poder valorar la virginidad consagrada. La renuncia al matrimonio que hacen los consagrados por el Reino de Dios, no es una renuncia al amor, sino una opción por un amor más excelente.
San Juan Crisóstomo, con toda exactitud, dice: “Quien condena el matrimonio, priva también la virginidad de su gloria; en cambio, quien lo alaba, hace la virginidad más admirable y luminosa. Lo que aparece un bien solamente en comparación con un mal, no es un gran bien; pero lo que es mejor aún que bienes por todos considerados tales, es ciertamente un bien en grado superlativo” (San Juan Crisóstomo, La Virginidad, X: PG 48, 540).
Los sacerdotes y consagrados (ellos y ellas) aspiran a un amor sobrenatural (por eso, más excelente), que rebasa las fronteras del amor a una familia, para entregar su corazón, sin ninguna división, al servicio de la Iglesia.
Se trata de una donación total y en plena fidelidad, como la de los esposos, pero buscando servir a todos los hermanos siendo más universales; abiertos a todas las familias.
El amor de los consagrados, busca desposarse con Jesucristo en las bodas celestiales, de las que ya, desde ahora, aún corporalmente, ya están anunciando. Su persona y su vida, han de ser para los cristianos, un testimonio y una bandera que anuncia las realidades celestiales en el más allá.

7.- LAS ANALOGÍAS BÍBLICAS DEL AMOR: COMO COMUNIDAD DE VIDA Y DE AMOR, COMO ALIANZA.
Comunidad de vida y de amor.
Una de las mejores comparaciones para entender el amor, sin duda la encontramos en la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María.
Encarnación cuyo único fin fue poner su casa en medio de nosotros; formar una comunidad de vida y de amor con todos los humanos.
Encarnación que estableció en la misma humanidad de su Hijo, compartida con nosotros, una comunión permanente, hasta hacernos partícipes de su misma divinidad.
Encarnación que nos hizo una sola carne, constituyéndose Él, cabeza y esposo, y nosotros, cuerpo y esposa.
Alianza.
El amor de los esposos o de los consagrados, puede entenderse también como las alianzas de amor que a lo largo de la historia hizo Dios con su pueblo.
Alianzas que fueron rotas con frecuencia por el pueblo y volvieron a reanudarse, a iniciativa de Dios, siempre con un amor fiel y dispuesto a perdonar.
Alianzas que se realizaban poniendo a los que pactaban, una serie de derechos y de deberes que, según quedaba estipulado, cada uno debía cumplir. Cuando la alianza era entre iguales, a ambos tocaban los mismos derechos y las mismas obligaciones, como sería el caso del matrimonio.
Ambas imágenes y signos sacramentales, dan mucha luz para comprender cómo deba de ser la comunión de vida y de amor y cómo deban vivirse las alianzas, tanto de los esposos entre si, como de los consagrados con Cristo.
El mismo San Pablo, en diversas ocasiones llama a Jesucristo, esposo y cabeza de la Iglesia, así como también llama a la Iglesia, esposa y cuerpo de Cristo. Y estas relaciones matrimoniales las aplica a las relaciones que debe haber, de manera semejante entre los esposos. (Cf. FC 13)

RETROALIMENTACIÓN
3.1.- ¿Qué nos dice la Palabra de Dios?
3.2.- ¿Qué nos dice la enseñanza de la Iglesia?

4.- CONFRONTANDO NUESTRA FE

CON LA REALIDAD

LO MALO
Hay en nuestros pueblos poca conciencia de lo que es una vocación. Ordinariamente creemos que se refiere a las personas que deciden ocupar su vida al servicio de Dios. Así, comúnmente decimos que tienen vocación solo las personas que se van al convento o al seminario.
La vocación al matrimonio se ve más como un camino que sigue la mayoría, pero que nada tiene que ver con Dios.
Muchos piensan que la gente se casa para satisfacer sus pasiones carnales y para formar una familia.
En las jornadas vocacionales que se organizan en nuestros pueblos claramente se ve que son para captar vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.
El matrimonio, en dichas jornadas, no aparece como una verdadera vocación o se percibe como una vocación de segunda (como un servicio a Dios de segunda).
En los grupos juveniles poco se habla a los novios sobre el matrimonio como una gran vocación.
Hay poca catequesis sobre la vocación al matrimonio y poca preparación al matrimonio. Ordinariamente dicha preparación es incompleta e insuficiente porque se da de forma intensiva, obligatoria y cuando los novios ya tienen la firme determinación de casarse.
Poco reflexionan los padres con los hijos sobre su vocación y sobre la vocación al matrimonio.
Los solteros son considerados como frustrados en su vocación. Se les ve con desprecio y compasión. Se les apoda “cotorros", en burla.
Los jóvenes tienen miedo terminar quedándose de solteros. Algunos no se casan por egoístas y por miedo al compromiso.
No pocos creyentes ven con desprecio las vocaciones al servicio de Dios; las juzgan como un desperdicio; consideran antinatural renunciar al matrimonio; insisten que los sacerdotes deben casarse para que no caigan en vicios sexuales como: la fornicación, la pedofilia y otras faltas a la castidad y al celibato.
Crece el número de los que fracasan en su vocación por una mala elección. Los padres poco acompañan a sus hijos en el discernimiento vocacional, ni después de haber elegido camino.
Algunos se condenan al fracaso al optar por vivir su vida con una persona de su mismo sexo.
Crece el número de novios que, sin decirlo, quieren un matrimonio “ligth”; es decir para un tiempo determinado, con un hijo o dos a lo más, dándole prioridad a su realización personal mediante el trabajo fuera de casa.

LO BUENO
Hay inquietud en los jóvenes por recibir orientación vocacional.
Los padres de familia se muestran más interesados en los noviazgos de sus hijos.
El buen ejemplo de los papás ha sido la mejor preparación remota para los hijos que aspiran al matrimonio.
Las mujeres solteras dan a la comunidad parroquial el mejor servicio apostólico, sobre todo en la catequesis infantil.
Hay más preocupación de los pastores para promover eventos de reflexión vocacional.
Sigue siendo valioso el testimonio sacerdotal porque muchos de nuestros fieles consideran la vocación sacerdotal, sobre todo, como una vocación admirable que vale la pena seguir.
El estudio ha hecho que los jóvenes retrasen cada vez más el matrimonio, a una edad más madura.

RETROALIMENTACIÓN
¿Qué hechos positivos y negativos de los mencionados se dan en nuestra comunidad y cuáles positivos faltan?

5.- LOS DESAFIOS
Y COMPROMISOS
QUE NOS PLANTEA

5.1.- ¿Qué desafíos, como Iglesia diocesana, nos está planteando esta situación que hemos reflexionado?

5.2.- ¿Qué debemos hacer en nuestra parroquia para responder adecuadamente?

5.3.- ¿A qué compromiso personal nos lleva?

6.- CELEBRANDO NUESTRA FE
Indicaciones para la celebración conclusiva: Se sugiere que sea lo más participada posible y que vuelvan a utilizarse los materiales de ambientación del tema
CATEQUISTA: Padre del cielo y de la tierra, que nos amaste hasta el extremo de enviarnos a tu Hijo para que fuera nuestro Salvador; y le pediste que por amor a nosotros y por nuestra salvación, diera su vida, escucha nuestra oración.

Respuesta:
QUE VIVAMOS TODOS NUESTRA VOCACIÓN DE AMOR

PADRE DE FAMILIA: Señor, Tú que hiciste al hombre y a la mujer para formar una comunidad de vida y de amor, y les pediste ser los dos un solo corazón, y les mandaste ser fecundo, y poblar la tierra, ahora te pedimos que bendigas a nuestras familias, las santifiques y las hagas permanecer hasta el final. Oremos.

VARON (SACERDOTE): Señor, que constituiste a tu Hijo Jesucristo, Padre y Pastor de tu pueblo, y quisiste que actuaran en su persona los sacerdotes, te pedimos les des un corazón sin divisiones y capaces de una donación total por amor al reino. Oremos.

SOLTERO: Señor, que llamas a la vida del amor a todos tus hijos y que, con especial predilección, invitas algunos de nosotros a seguirte en el mundo, voluntariamente, abrazando gozosos el celibato, para servir mejor a nuestros hermanos, te pedimos hagas fuerte el amor de los solteros y solteras, que sea inagotable su generosidad y no se apague el ardor de su caridad. Oremos.

MUJER (RELIGIOSA): Señor, que multiplicaste en dones tu infinita caridad, y llamaste a una consagración más radical a muchos de tus hijos y de tus hijas, mediante los votos de pobreza, castidad celibataria y obediencia, te pedimos sean el rostro bondadoso de Dios y testigos desde ahora, de las realidades celestiales que nos esperan. Oremos.
Terminemos con la oración del Padre Nuestro.

CANTO FINAL:
Tú has venido a la orilla.