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TEMA:
1
Llamados
al Amor
LEMA: “Los esposos, los solteros y los consagrados,
una misma vocación de amor”
(Mt 16,24: “Si alguno quiere venir detrás de
mí, que renuncie a sí mismo, cargue con
su cruz y me siga”)
.
0.- PRELIMINARES
0.1.- AMBIENTACIÓN DEL LUGAR
Sugerimos hacer un cartel con el título del tema.
Además, pueden representarse los 4 estados de
vida, mediante un signo: ejemplo, el matrimonio con
dos anillos entrelazados; sacerdocio con una estola
y un cáliz; los religiosos con una lámpara
encendida y una azucena; y la soltería una mano
que cura, que enseña, etc.
0.2 SALUDO
Con estas u otras palabras semejantes:
Nuevamente nos volvemos a encontrar para celebrar una
semana más de la familia. Los saludamos con alegría.
Y con afecto de hermanos les damos la bienvenida.
En este año 2005, siguiendo con el plan de reflexionar
durante varios años un temario completo sobre
el matrimonio y la familia, ahora en este segundo año,
nos ocuparemos en reflexionar sobre el fin del matrimonio.
El tema de hoy se titula: LLAMADOS AL AMOR.
Concretamente en este primer tema, antes de hablar expresamente
del fin del matrimonio, presentamos el llamado que Dios
hace a cada uno de los hombres para que vivan todos
una vocación de amor, a través de dos
caminos solamente: el matrimonio y el celibato (que
puede vivirse: unos como sacerdotes, otros como consagrados
y otros como solteros).
0.3 OBJETIVO:
CONOCER Y VALORAR LAS DIVERSAS VOCACIONES AL AMOR PARA
QUE CADA UNO SE REALICE Y VIVA SU VOCACIÓN EN
UNA DONACIÓN TOTAL Y EN UNA FIDELIDAD PLENA,
SIENDO FECUNDOS Y FORMANDO UNA COMUNIDAD DE VIDA Y DE
AMOR.
Se explica el qué y el para qué del objetivo
1.- ORACIÓN DESDE LA PALABRA DE DIOS
Se trata de una breve lectio divina que introduzca al
tema directamente
Lectura de LA CARTA A LOS ROMANOS 12, 3-13.
"Queridos hermanos, quiero que sepan, que nadie
que hable movido por el Espíritu de Dios puede
decir: “Maldito sea Jesús”. Como tampoco nadie
puede decir: “Jesús es Señor”, si no está
movido por el Espíritu Santo.
Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu
es el mismo. Hay diversidad de servicios, pero el Señor
es el mismo. Hay diversidad de actividades, pero uno
mismo es el Dios que activa todas las cosas en todos.
A cada cual se le concede la manifestación del
Espíritu para bien de todos.
Porque a uno Dios, a través del Espíritu,
le concede hablar con sabiduría, mientras que
a otro, gracias al mismo Espíritu, le da un profundo
conocimiento. Por el mismo Espíritu de Dios concede
a uno el don de la fe, a otro el carisma de curar enfermedades,
a otro el poder de realizar milagros, a otro el hablar
de parte de Dios, a otro el distinguir entre espíritus
falsos y verdaderos, a otro el hablar un lenguaje misterioso
y a otro, en fin, el don de interpretar ese lenguaje.
Todo esto lo hace el mismo y único Espíritu
que reparte a cada uno sus dones como él quiere.
Del mismo modo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros,
y todos los miembros del cuerpo, por muchos que sean,
no forman más que un solo cuerpo, así
también Cristo. Porque todos nosotros: judíos
o no judíos, esclavos o libres, hemos recibido
un mismo Espíritu en el bautismo, a fin de formar
un solo cuerpo; y también todos participamos
del mismo Espíritu".
Palabra de Dios.
Silencio
Canto Responsorial:
Respuesta Cantada o leída:
Y CANTAN LOS PRADOS, CANTAN LAS FLORES
CON ARMONIOSA VOZ;
Y MIENTRAS CANTAN PRADOS Y FLORES
YO SOY FELIZ PENSANDO EN DIOS.
Estrofas cantadas o proclamadas:
1.- Los caminos de este mundo te conducen con amor,
hasta el cielo prometido donde siempre brilla el sol.
2.- Los caminos de esta vida son caminos de amistad;
siempre hay alguien que te quiere con cariño
y verdad.
3.- Los caminos recorridos y los que hay que recorrer,
en un gran camino unidos a la patria van también.
4.- Los caminos de esta vida te conducen en verdad
al buen Dios, que te convida a entrar en la eternidad.
RETROALIMENTACIÓN:
¿Cuáles son las enseñanzas principales
que nos ofrece la Palabra de Dios que acabamos de escuchar?
2.- SOCIODRAMA:
ELIGIENDO CAMINO.
JORGE.- Quisiera que no terminara la Prepa para no tener
que decidir qué voy a hacer.
MARIANA.- Hombre, Jorge, pues nada. Hay que vivir la
vida. Pasársela bien. Entrarle al reventón.
Yo sueño pensando en la fiesta que viene; en
los chavos que irán; y en el vestido que me voy
a poner.
LUCHA.- Pues, yo no estoy loca para sólo ocuparme
de eso. Vivir el momento y no pensar para nada en el
futuro, es perder el tiempo. A mí, sí
me preocupa qué será de mí, el
día de mañana. Tengo ganas de muchas cosas:
Quiero estudiar una carrera, pero también mi
novio me insiste que nos casemos terminando la prepa.
Me dice, ¿para qué esperar más,
si nos queremos mucho? Y yo, la verdad, que no hallo
qué hacer.
PEDRO.- Lucha, lo que pasa es que tu novio tiene miedo
que otro te agandalle. Como acabas de ganar el concurso
para Reina de nuestro pueblo, ¿quién no
quisiera ser tu novio? Además, tu novio tiene
mucha lana; qué le apura casarse ya mañana.
Tú, puede ser que seas sólo un lujo que
él, sí se puede dar.
JORGE.- Dirás tú, Pedro, que es un lujo
que le puede comprar su papi, porque ese cuate ¿en
qué trabaja?
PEDRO.- Entonces, no hay pierde Lucha, el nene tiene
dinero, de seguro que te vas a casar, y muy pronto.
LUCHA.- Eso era antes, cuando las mujeres no pensábamos
más que en arreglarnos para apantallar a los
bobos. Pero, ahora, tenemos las mujeres muchos planes,
el matrimonio puede esperar, o ¿qué dices,
Mariana?
MARIANA.- Yo tengo horror de quedarme de solterona.
Con mis tías, basta y sobra. Por eso, al terminar
la prepa, para mí que... sigue el matrimonio.
Con lo que me gusta cocinar y lo niñera que soy,
no cabe duda de que lo que sigue, para mí, es
el matrimonio.
PEDRO.- Pues, yo no quiero casarme. Eso ya pasó
de moda. Pero, la que guste tener niños, aquí
estoy a su servicio. En serio, yo pienso que casarse
no es un buen negocio. Imagínense, tener que
mantener a una que no es nada tuyo...
MARIANA.- Pedro, he oído a otros que piensan
como tú, y están ya casados. Hasta gorditos
están porque tienen una mujer que los consciente
y los cuida. Los hombres no pueden vivir sin nosotras
las mujeres. Ya verás que terminarás casándote.
JORGE.- Yo creo, Mariana, que no hay que casarse chicos.
Luego al rato se quieren descasar. El matrimonio no
es un jueguito. Es para toda la vida.
LUCHA.- Sí, Jorge, estoy de acuerdo contigo,
ahorita puros besitos y luego puros gritos y golpes.
Yo digo que primero hay que prepararse, madurar. A mí
no me asusta la soltería. Si me caso, quiero
hacerlo a los 25 años más o menos. Prefiero,
bien casada o bien quedada.
JORGE.- Yo, aunque tengo mi novia, a ratos siento muchas
ganas de ser sacerdote. Otras veces siento ganas de
estudiar algo bien perrón. De plano, que de todo
tengo ganas, pero menos de casarme. Lo que más
me gusta es ser un sacerdote pero muy fregonazo.
PEDRO.- Mariana, órale, aliviánate, ya
tienes curita para tu boda.
MARIANA.- Y tú, Pedrito, ya tienes a quien consolar,
a la novia del curita que va a quedarse muy solita y
abandonada. Oye, Jorge, pensándolo bien, por
tu culpa habrá una solterona más en el
mundo, de por sí que somos más mujeres
que hombres. ¿No te parece que irse al seminario
es como un desperdicio?.
JORGE.- Calmados, dije que a ratos me daban ganas. Todavía
hay que pensar mucho las cosas y elegir bien. Tan bueno
se me hace casarme, como ser sacerdote pero primero
hay que seguir estudiando. Y si Dios quiere,... y yo
me lo propongo,.. seré... Supermán. (Se
ríen todos).
RETROALIMENTACIÓN
2.1.- ¿De qué están hablando los
muchachos?
2.2.- ¿Qué te parece la opinión
de cada uno?
2.3.- ¿Cuál es tu opinión?
3.- CONTEMPLACIÓN
A LA LUZ DE LA FE
1.- SOMOS IMAGEN DE DIOS AMOR.
Al leer las primeras páginas de la Biblia que
nos relatan la creación del ser humano, descubrimos
admirados y agradecidos que “Dios ha creado al hombre
a su imagen y semejanza: llamándolo a la existencia
por el amor, y al mismo tiempo al amor” (FC 11).
Y es que Dios es amor (1 Jn 4,8) y vive en comunión
de amor como Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Al crear al ser humano ha querido que sea y viva, “a
su imagen y semejanza”. Es decir, quiere que formemos
una comunidad viva de amor con Él. Escribió
en nuestra misma naturaleza humana esta gran necesidad
de amar y ser amado, al crearnos hombre y mujer y al
pedir que los dos fueran “una sola carne”.
De esta manera, tanto los hombres como las mujeres,
tenemos una misma vocación, capacidad y responsabilidad
de vivir el amor en comunión (GS 12), como el
mismo Dios lo vive en su admirable Trinidad de Personas.
Hacia adentro, Dios es una familia. Y cuando crea al
ser humano, lo hace como Familia Trinitaria, pues dice:
“hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gn
), porque quiere que los seres humanos imitemos su forma
de vivir y su forma de amar.
“El amor es, por tanto, la vocación fundamental
e innata de todo ser humano” (FC 11). Y todos estamos
llamados al amor.
2.- LLAMADOS AL AMOR, EN CUERPO Y ALMA.
Cuando hablamos de esta vocación universal, entendemos
que el ser humano la realiza a través de toda
su persona, porque el alma se expresa en el cuerpo y
a través del cuerpo, pero también, a este
cuerpo lo anima un espíritu inmortal.
Estamos, pues, llamados al amor, en cuerpo y alma; con
todo lo que somos, sentimos, pensamos y queremos.
Si bien es cierto que “de la vista nace el amor”, también
es cierto que “nada es amado si primero no es conocido”.
Es, pues, la atracción del cuerpo el camino por
el que experimentamos la seducción del espíritu.
Y cuando unimos nuestros pensamientos, afectos y voluntades,
es entonces cuando nos amamos." Con frecuencia
los esposos se quedan en las exterioridades y no dejan
espacio para crecer en un amor de amistad, más
espiritual".
3.- DOS MODOS DE VIVIR UNA MISMA VOCACIÓN.
Pudiéramos pensar que el matrimonio es la única
vocación que tiene como fin principal vivir el
amor. Y que, tanto los sacerdotes como los consagrados
(ellos y ellas), renunciaron al amor, por el Reino de
los cielos.
Quien así piensa, está empobreciendo el
amor humano y está confundiendo el amor en todas
sus formas, con una de ellas, que es el amor conyugal.
“La revelación cristiana sólo conoce dos
modos específicos de realizar integralmente la
vocación humana al amor, -dice el Papa Juan Pablo
II- : EL MATRIMONIO Y LA VIRGINIDAD” (FC 11). Esto significa
que sólo podemos escoger entre casarnos o consagrarnos
(incluyendo aquí la soltería). Tal y como
lo propone la Iglesia, la vida consagrada es una vocación
tan valiosa como el matrimonio.
La virginidad no es, pues una negación, ni tampoco
es una frustración del matrimonio que no fue.
La virginidad es otro amor diferente al matrimonial;
es un amor al Reino de Dios (Mt. 19,11-12). Y ambos
amores: el amor conyugal y el amor por el Reino de Dios,
no se contradicen, muy al contrario, se presuponen y
se confirman (FC 16) porque “son los dos modos de expresar
y de vivir el único Misterio de la alianza de
Dios con su pueblo” (Ibid).
4.- ¿LA SOLTERÍA ES UNA VOCACIÓN?
La Iglesia, al afirmar que: “aquellos que, por motivos
independientes de su voluntad, no han podido casarse
y han aceptado posteriormente su situación en
espíritu de servicio, las reflexiones sobre la
virginidad los pueden iluminar y ayudar” (FC 16), está
reconociendo la soltería como una forma más,
de una misma vocación a la virginidad.
Este mismo pensamiento lo encontramos en el Vaticano
II. Cuando habla de la Vocación universal a la
santidad, dice: “Es completamente claro que todos los
fieles de cualquier estado o condición, están
llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección
por la caridad” (LG 40). Esta afirmación la hace,
después de hablar de la vocación matrimonial,
cuando habla de los laicos no consagrados.
La soltería, pues, aceptada como un servicio
de amor, realiza a la persona humana y cristianamente,
y está llamada a la plenitud y perfección,
como en el matrimonio o en la virginidad consagrada.
La diferencia de forma, entre soltería y virginidad
consagrada, está en la radicalidad y el tiempo
completo que dedican los consagrados a servir a la Iglesia
por causa del Reino de Dios. Unos desde el mundo y otros
desde la Iglesia sirven a sus hermanos y cumplen su
misión de amor.
Para todos, pues: hombres y mujeres, solteros o casados,
al servicio de los hermanos desde la Iglesia o del mundo,
tenemos la misma vocación al amor que consiste
“en dar gloria a Dios con toda el alma y servir a nuestro
prójimo, como al mismo Dios en persona” (Cf.
LG 40-41).
Los solteros, pues, no son personas frustradas en su
vocación al matrimonio. La frustración
la puede vivir cualquiera (casado, consagrado o soltero)
que no se abra al amor y no acepte al mismo tiempo la
forma concreta que Dios le está proponiendo para
vivirla.
5.- LLAMADOS AL MATRIMONIO.
En el mismo relato creador, después de hacerlos
a su imagen y semejanza, Dios les indica expresamente
al hombre y a la mujer, cómo vivir su vocación
al amor matrimonial: “Se unirán el hombre y la
mujer y serán los dos una sola carne” (Gn 2,18-24).
La dimensión sexual del amor matrimonial.
Con claridad resalta Dios que el amor matrimonial implica
la sexualidad mediante la cual el hombre y la mujer
se dan uno al otro (Cf. FC 11). Pero no es algo puramente
biológico, ya que afecta al núcleo íntimo
de la persona humana en cuanto tal. La sexualidad es
parte integral del amor con el que el hombre y la mujer
se comprometen totalmente entre sí hasta la muerte.
"Pero la unión sexual no es el objeto único
ni el más importante ni debe estar al principio
del amor conyugal, ni debe ser el centro de este amor,
debe siempre anteceder la unión de las mentes
y los corazones, para que sea un acto verdaderamente
humano y por amor".
La unión sexual, en una donación física
total, solamente puede ser el signo y el fruto, el coronamiento,
de esta donación en la que deberá estar
presente toda la persona y para siempre (incluyendo
su futuro).
La dimensión de comunión.
El mandato divino para el hombre y la mujer en el matrimonio
es hacer de los dos una sola carne; Es decir, unirse
en comunión; formar una comunidad de vida y de
amor. Es, pues, la comunidad, el único lugar
posible para una donación total de los esposos.
Para realizar un proyecto de amor, es necesaria esta
comunidad. Y para que esta comunidad sea de vida, será
necesario que sea permanente, como lo exige la misma
vida. Y para que sea comunidad de amor, será
necesario que sea en plena fidelidad, porque el amor
total exige exclusividad.
Desde esta perspectiva, el matrimonio como comunidad
de vida y de amor, pueden explicarse mucho mejor sus
exigencias de fidelidad e indisolubilidad.
"Si planteamos el matrimonio como un pacto o una
alianza, parece más fácil romper ese lazo
por motivos jurídicos". En tanto que si
planteamos el matrimonio como una comunidad de vida,
fácilmente entendemos que una vida no se puede
romper, ni el amor total se puede acabar, sino por la
muerte, mientras que los compromisos pareciera que sí
se pueden disolver, anular o terminar. La comunidad
se fija en las personas y la Alianza se fija en los
términos de la alianza.
La dimensión de los hijos.
También es muy claro el mandato de Dios al primer
matrimonio para que sean fecundos. Es decir, el amor
conyugal, Dios quiere que sea un amor abierto a la vida;
a una fecundidad responsable, puesto que se les encomienda
a los mismos esposos.
La comunidad que quiere Dios, va más allá
de los esposos, quiere un nosotros, para formar una
familia, a imagen y semejanza de Dios.
Engendrar una persona humana, según la mente
de Dios, debe ser un acto de amor que trascienda siempre
al acto biológico. Ha de entenderse como un acto
divino en el que participa el mismo Dios e invita a
participar a los esposos.
6.- LLAMADOS A LA VIRGINIDAD CONSAGRADA.
Pudiéramos pensar que el matrimonio Dios lo estableció
para remedio de la concupiscencia y que el camino ideal
de santificación para un fiel cristiano será
siempre la Virginidad Consagrada. O por el contrario,
pudiéramos pensar que la única vocación
del ser humano sea el matrimonio y toda renuncia a él
frustra a quien renuncia y le impide realizarse plenamente.
Sin embargo, porque sabemos que la única vocación
del ser humano es el amor por encima de cualquiera de
los estados de vida o condición en que viva,
los anteriores pensamientos sobre el matrimonio y sobre
la virginidad no dejan de querer valorarse a base de
empobrecer a uno para enriquecer al otro.
Por eso, la Iglesia insiste en que se debe valorar el
matrimonio para poder valorar la virginidad consagrada.
La renuncia al matrimonio que hacen los consagrados
por el Reino de Dios, no es una renuncia al amor, sino
una opción por un amor más excelente.
San Juan Crisóstomo, con toda exactitud, dice:
“Quien condena el matrimonio, priva también la
virginidad de su gloria; en cambio, quien lo alaba,
hace la virginidad más admirable y luminosa.
Lo que aparece un bien solamente en comparación
con un mal, no es un gran bien; pero lo que es mejor
aún que bienes por todos considerados tales,
es ciertamente un bien en grado superlativo” (San Juan
Crisóstomo, La Virginidad, X: PG 48, 540).
Los sacerdotes y consagrados (ellos y ellas) aspiran
a un amor sobrenatural (por eso, más excelente),
que rebasa las fronteras del amor a una familia, para
entregar su corazón, sin ninguna división,
al servicio de la Iglesia.
Se trata de una donación total y en plena fidelidad,
como la de los esposos, pero buscando servir a todos
los hermanos siendo más universales; abiertos
a todas las familias.
El amor de los consagrados, busca desposarse con Jesucristo
en las bodas celestiales, de las que ya, desde ahora,
aún corporalmente, ya están anunciando.
Su persona y su vida, han de ser para los cristianos,
un testimonio y una bandera que anuncia las realidades
celestiales en el más allá.
7.- LAS ANALOGÍAS BÍBLICAS DEL AMOR: COMO
COMUNIDAD DE VIDA Y DE AMOR, COMO ALIANZA.
Comunidad de vida y de amor.
Una de las mejores comparaciones para entender el amor,
sin duda la encontramos en la Encarnación del
Hijo de Dios en el seno de la Virgen María.
Encarnación cuyo único fin fue poner su
casa en medio de nosotros; formar una comunidad de vida
y de amor con todos los humanos.
Encarnación que estableció en la misma
humanidad de su Hijo, compartida con nosotros, una comunión
permanente, hasta hacernos partícipes de su misma
divinidad.
Encarnación que nos hizo una sola carne, constituyéndose
Él, cabeza y esposo, y nosotros, cuerpo y esposa.
Alianza.
El amor de los esposos o de los consagrados, puede entenderse
también como las alianzas de amor que a lo largo
de la historia hizo Dios con su pueblo.
Alianzas que fueron rotas con frecuencia por el pueblo
y volvieron a reanudarse, a iniciativa de Dios, siempre
con un amor fiel y dispuesto a perdonar.
Alianzas que se realizaban poniendo a los que pactaban,
una serie de derechos y de deberes que, según
quedaba estipulado, cada uno debía cumplir. Cuando
la alianza era entre iguales, a ambos tocaban los mismos
derechos y las mismas obligaciones, como sería
el caso del matrimonio.
Ambas imágenes y signos sacramentales, dan mucha
luz para comprender cómo deba de ser la comunión
de vida y de amor y cómo deban vivirse las alianzas,
tanto de los esposos entre si, como de los consagrados
con Cristo.
El mismo San Pablo, en diversas ocasiones llama a Jesucristo,
esposo y cabeza de la Iglesia, así como también
llama a la Iglesia, esposa y cuerpo de Cristo. Y estas
relaciones matrimoniales las aplica a las relaciones
que debe haber, de manera semejante entre los esposos.
(Cf. FC 13)
RETROALIMENTACIÓN
3.1.- ¿Qué nos dice la Palabra de Dios?
3.2.- ¿Qué nos dice la enseñanza
de la Iglesia?
4.- CONFRONTANDO NUESTRA FE
CON LA REALIDAD
LO MALO
Hay en nuestros pueblos poca conciencia de lo que es
una vocación. Ordinariamente creemos que se refiere
a las personas que deciden ocupar su vida al servicio
de Dios. Así, comúnmente decimos que tienen
vocación solo las personas que se van al convento
o al seminario.
La vocación al matrimonio se ve más como
un camino que sigue la mayoría, pero que nada
tiene que ver con Dios.
Muchos piensan que la gente se casa para satisfacer
sus pasiones carnales y para formar una familia.
En las jornadas vocacionales que se organizan en nuestros
pueblos claramente se ve que son para captar vocaciones
al sacerdocio y a la vida consagrada.
El matrimonio, en dichas jornadas, no aparece como una
verdadera vocación o se percibe como una vocación
de segunda (como un servicio a Dios de segunda).
En los grupos juveniles poco se habla a los novios sobre
el matrimonio como una gran vocación.
Hay poca catequesis sobre la vocación al matrimonio
y poca preparación al matrimonio. Ordinariamente
dicha preparación es incompleta e insuficiente
porque se da de forma intensiva, obligatoria y cuando
los novios ya tienen la firme determinación de
casarse.
Poco reflexionan los padres con los hijos sobre su vocación
y sobre la vocación al matrimonio.
Los solteros son considerados como frustrados en su
vocación. Se les ve con desprecio y compasión.
Se les apoda “cotorros", en burla.
Los jóvenes tienen miedo terminar quedándose
de solteros. Algunos no se casan por egoístas
y por miedo al compromiso.
No pocos creyentes ven con desprecio las vocaciones
al servicio de Dios; las juzgan como un desperdicio;
consideran antinatural renunciar al matrimonio; insisten
que los sacerdotes deben casarse para que no caigan
en vicios sexuales como: la fornicación, la pedofilia
y otras faltas a la castidad y al celibato.
Crece el número de los que fracasan en su vocación
por una mala elección. Los padres poco acompañan
a sus hijos en el discernimiento vocacional, ni después
de haber elegido camino.
Algunos se condenan al fracaso al optar por vivir su
vida con una persona de su mismo sexo.
Crece el número de novios que, sin decirlo, quieren
un matrimonio “ligth”; es decir para un tiempo determinado,
con un hijo o dos a lo más, dándole prioridad
a su realización personal mediante el trabajo
fuera de casa.
LO BUENO
Hay inquietud en los jóvenes por recibir orientación
vocacional.
Los padres de familia se muestran más interesados
en los noviazgos de sus hijos.
El buen ejemplo de los papás ha sido la mejor
preparación remota para los hijos que aspiran
al matrimonio.
Las mujeres solteras dan a la comunidad parroquial el
mejor servicio apostólico, sobre todo en la catequesis
infantil.
Hay más preocupación de los pastores para
promover eventos de reflexión vocacional.
Sigue siendo valioso el testimonio sacerdotal porque
muchos de nuestros fieles consideran la vocación
sacerdotal, sobre todo, como una vocación admirable
que vale la pena seguir.
El estudio ha hecho que los jóvenes retrasen
cada vez más el matrimonio, a una edad más
madura.
RETROALIMENTACIÓN
¿Qué hechos positivos y negativos de los
mencionados se dan en nuestra comunidad y cuáles
positivos faltan?
5.- LOS DESAFIOS
Y COMPROMISOS
QUE NOS PLANTEA
5.1.- ¿Qué desafíos, como Iglesia
diocesana, nos está planteando esta situación
que hemos reflexionado?
5.2.- ¿Qué debemos hacer en nuestra parroquia
para responder adecuadamente?
5.3.- ¿A qué compromiso personal nos lleva?
6.- CELEBRANDO NUESTRA FE
Indicaciones para la celebración conclusiva:
Se sugiere que sea lo más participada posible
y que vuelvan a utilizarse los materiales de ambientación
del tema
CATEQUISTA: Padre del cielo y de la tierra, que nos
amaste hasta el extremo de enviarnos a tu Hijo para
que fuera nuestro Salvador; y le pediste que por amor
a nosotros y por nuestra salvación, diera su
vida, escucha nuestra oración.
Respuesta:
QUE VIVAMOS TODOS NUESTRA VOCACIÓN DE AMOR
PADRE DE FAMILIA: Señor, Tú que hiciste
al hombre y a la mujer para formar una comunidad de
vida y de amor, y les pediste ser los dos un solo corazón,
y les mandaste ser fecundo, y poblar la tierra, ahora
te pedimos que bendigas a nuestras familias, las santifiques
y las hagas permanecer hasta el final. Oremos.
VARON (SACERDOTE): Señor, que constituiste a
tu Hijo Jesucristo, Padre y Pastor de tu pueblo, y quisiste
que actuaran en su persona los sacerdotes, te pedimos
les des un corazón sin divisiones y capaces de
una donación total por amor al reino. Oremos.
SOLTERO: Señor, que llamas a la vida del amor
a todos tus hijos y que, con especial predilección,
invitas algunos de nosotros a seguirte en el mundo,
voluntariamente, abrazando gozosos el celibato, para
servir mejor a nuestros hermanos, te pedimos hagas fuerte
el amor de los solteros y solteras, que sea inagotable
su generosidad y no se apague el ardor de su caridad.
Oremos.
MUJER (RELIGIOSA): Señor, que multiplicaste en
dones tu infinita caridad, y llamaste a una consagración
más radical a muchos de tus hijos y de tus hijas,
mediante los votos de pobreza, castidad celibataria
y obediencia, te pedimos sean el rostro bondadoso de
Dios y testigos desde ahora, de las realidades celestiales
que nos esperan. Oremos.
Terminemos con la oración del Padre Nuestro.
CANTO FINAL:
Tú has venido a la orilla.
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