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Hoy
Miércoles, 07 de enero de 2009 | 01:40
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Tema 1: Contexto del Concilio Vaticano II Reflexiones: El mundo actual parece ir
despreocupadamente a la deriva. La Iglesia, por el contrario, sabe perfectamente hacia
dónde va. Desde el Concilio Vaticano II descubrió
el rumbo que debía tomar para llegar a la meta que Dios le señalaba. El 8 de diciembre
de 2005 se cumplirán 40 años de su Clausura. Fue el gran acontecimiento eclesial del
siglo XX. Sólo comparable al Concilio de Trento, en el siglo XVI, que también afectó
todos los sectores de su vida. Nada ni nadie quedó igual después. Fue una gran gracia con que Dios
benefició a la Iglesia, brújula segura para el caminar de la Iglesia. Sigue siendo el
punto de referencia para la evangelización del tercer milenio, como lo pidió Juan Pablo
II (TMA 18, NMI 57,2-3). Los concilios responden a una necesidad
fundamental del Cuerpo de Cristo y del pueblo de Dios. Por voluntad de Cristo, la Iglesia está
estructurada jerárquicamente. Jesús escogió a los Doce, con Pedro a la cabeza, para ser
columna del nuevo Israel. Junto a ellos están los 72 discípulos. En Pentecostés el
Espíritu se derramó sobre los 120 hermanos reunidos (Hch 1,13-15). Jesús había dado un valor muy
particular de presencia y asistencia a la reunión unánime e varios de los suyos
(Mt,18,20). El régimen colegial traducía bien la voluntad de Cristo. La Iglesia es una comunión, donde todos
sus miembros están asociados, en consentimiento vivo, a las decisiones que les atañen
(cf. Hch 2,1; 6,5; 11,22; 15). La
infalibilidad personal de que gozaban los apóstoles no era obstáculo a que, frente a un
problema que interesaba de modo decisivo a la Iglesia en su presente o futuro, hicieran
una consulta más amplia, en vistas a tomar una decisión sobre fe y costumbres. El Concilio
Vaticano II es un acto jerárquico, por voluntad de Cristo, con asistencia peculiar del
Espíritu Santo, en el que de manera colegial los obispos y el papa, en comunión con toda
la Iglesia y de frente a los problemas que interesan a la Iglesia, se consultan y toman
una serie de decisiones, no cada uno por su cuenta, sino como colegio entero, para buscar
la renovación de toda la Iglesia, abriéndola al diálogo con el mundo y los hermanos
separados, en una dimensión pastoral que proyecte mejor el Evangelio. Es preciso
que sus textos no pierdan su valor ni su esplendor; que sean conocidos y asimilados como
textos cualificados y normativos del Magisterio, dentro de la Tradición de la Iglesia. El Concilio
Vaticano II es citado por todos, conocido por pocos, comprendido por poquísimos, y
resulta ajeno a la vida de nuestras comunidades. Es preciso alargar sus confines,
redescubrir su mensaje, renovar su espíritu, rectificar los errores en su aplicación.
Sus principios, doctrina y propósitos animan y aplican la transmisión del mensaje
cristiano. Después de
cuarenta años, urge una segunda recepción por parte de las generaciones del
post-concilio. Para medir el grado de aceptación, contextualizarlo en nuestro tiempo, y
hacer una lectura pastoral de su totalidad. No sólo sus
16 documentos (4 Constituciones, 9 decretos, y 3 declaraciones), sino su espíritu,
sus opciones y su dinamismo para construir un futuro. En el
último trimestre del 2005 cumplen un aniversario más sus acontecimientos y documentos.
El 11 de octubre es el 43º aniversario de su inicio. El 25 de diciembre, 44º aniversario
de su convocación. El 28 de
octubre es el 40º aniversario de los Decretos: «Perfectae charitatis» y «Optatam
Totius», y de las Declaraciones: «Nostra aetate» y «Gravissimum educationis». El 18 de
noviembre es el 40º aniversario de la Constitución «Dei Verbum» y el Decreto
«Apostolicam actuositatem». El 21 de
noviembre es el 41º aniversario de la Constitución «Lumen gentium» y los Decretos
«Unitatis redintegratio» y «Orientalium ecclesiarum». El 4 de
diciembre es el 42º aniversario de la Constitución «Sacrosantum Concilium» y el
Decreto «Inter mirifica». Y el 7 de
diciembre es el 40º aniversario de la Constitución «Gaudium et spes», los Decretos
«Ad gentes» y «Presbiterorum Ordinis», y la Declaración «Dignitatis humanae». A todos nos
incumbe un consentimiento vivo de las decisiones tomadas en el Concilio, cada uno según
su propia condición. No podemos prescindir del Concilio en el modo de vivir nuestra fe. Queremos
valorar ese paso del Espíritu Santo por nuestra historia, renovando a su Iglesia.
Queremos repasar sus temas, para colaborar en el proyecto de Dios, que nos pide
transformar este acelerado mundo. Propuestas para la liturgia: Motivación: Los gozos y las esperanzas, las tristezas
y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos
sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de
Cristo. Nasa hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. La comunidad
cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el
Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de
la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente
solidaria del género humano y de su historia (GS 1). Lecturas Ef 2, 19-22 Sal 121 Mt 28,16-20 Oración Universal Unidos a la Iglesia entera, como piedras
vivas que formamos el verdadero templo, oremos al Padre del cielo llenos de confianza
diciendo: Escúchanos, Padre 1.- Que la
Iglesia de Dios reunida en Roma en torno a su obispo el Papa Benedicto XVI, se enriquezca
con los dones del Espíritu Santo y realice su misión de presidir en el amor a las demás
comunidades cristianas dispersas por el mundo. Oremos al Señor. 2.- Que
todos los que viven bajo el peso de la miseria y del sufrimiento, o ahogados por el
materialismo, descubran el cielo nuevo y la tierra nueva, de los que es imagen y primicia
la Iglesia que todavía peregrina en el mundo. Oremos al Señor. 3.- Que
nuestra Iglesia diocesana de San Juan de los Lagos, por medio de sus palabras y obras, se
manifieste como luz resplandeciente que ayude a descubrir a los hombres el Reino de Dios. Oremos
al Señor. 4.- Que todos nosotros, incorporados por el Bautismo al pueblo de
Dios, nos alegremos constantemente de formar parte de la Iglesia y confesemos con
valentía en el mundo la fe que de ella recibimos. Oremos al Señor. 5.- Que en
esta comunidad cristiana y en las de todo el mundo los pobres hallen misericordia, los
oprimidos la libertad, los tristes el consuelo, y todos experimentemos la misericordia
divina. Oremos al Señor. Padre bueno, que edificaste tu Iglesia
sobre la roca de tus apóstoles, bendice a tu Iglesia, y concede al colegio de los
obispos, en comunión con el Papa, ser principio de la comunión de todos los cristianos.
Por Jesucristo nuestro Señor.
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