Hoy Miércoles, 07 de enero de 2009 | 11:29

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22° Domingo Ordinario

3 de Septiembre de 2006

INTRODUCCION:

Antes de acercarnos al texto sagrado, nos preparamos personal y comunitariamente; nos ponemos en presencia del Señor en oración: con oración de alabanza, con un canto y pidiéndole al Señor nos envíe su Espíritu y prepare nuestros corazones para comprender su Palabra.

1.- LECTURA DEL TEXTO.
(Conocer, respetar, situar).

(Se proclama en voz alta el texto. Todos leen el texto ayudados de las notas de la Biblia. Se leen y comentan los siguientes subsidios).

Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23.

A).- El texto está colocado en “la sección de los panes”, entre la primera y la segunda multiplicación de los panes. Es una controversia, una discusión entre Jesús y sus adversarios, iniciada como se hace normalmente en este género con una pregunta cuestionando el comportamiento de los discípulos. ¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras y no siguen la tradición de nuestros mayores? La respuesta no es una simple respuesta sino una verdadera afirmación de la doctrina de Jesús.

En el texto litúrgico se pueden distinguir dos partes: la primera (vv 6-13), Jesús dirigiéndose a los fariseos y maestros de la Ley, replicando a su pregunta con la cita de Isaías y echándoles en cara cómo dejaban a un lado el mandamiento de Dios para aferrarse a las tradiciones de los hombres. En la segunda parte (vv 14-16), Jesús se dirige a la gente para explicar que la cuestión de la pureza depende del corazón, es decir, de la opción de vida en el seguimiento evangélico, en la que Jesús se ha dirigido a los discípulos (vv 18-23).

Como hemos visto, el texto opone (mandamientos de Dios” a “tradición de los hombres”. La palabra tradición (parádosis) forma parte del mundo educativo. Es todo lo que se transmite de una generación a otra. También la fe es parádosis, es la fe recibida (de los ancianos, o de los apóstoles...). Sin embargo, la oposición está en los verbos «abandonar» y «mantener»” En el contexto veterotestamentario «abandonar los mandamientos» además de referirse al no cumplimiento de los mismo, indica el abandono del Dios que los ha dado por seguir a otros dioses. La expresión “mantener”, en el mismo contexto, suele indicar la fidelidad a la alianza, o mejor dicho, la firmeza de la alianza que Dios otorga a su pueblo.

B).- HIGIENE

- Tomar el pan con manos sucias no deja de ser una falta de higiene.

- Una de las calamidades que padece el mundo es la contaminación; el agua y los alimentos están contaminados; el aire y la tierra. Y abundan las enfermedades.

- Es comer con manos sucias, el tratar así los alimentos es vehículo de contaminación.

- Todas las autoridades sanitarias están gritando por la limpieza, por la higiene; una familia donde hay limpieza, aseo, arreglo personal es una familia sana.

- Los fariseos hipócritas de la época de Cristo querían la limpieza. Y no creo que Cristo estuviese en contra de la higiene. Lo malo era que aquellos hombres querían hacer creer que la limpieza corporal bastaba.

- Pero Cristo piensa lo contrario: el comer con manos sucias no mancha al hombre; es lo que el hombre lleva dentro de él lo que lo mancha.

- Hay una contaminación peor que la del ambiente: es la contaminación del corazón.

- Y la palabra de Dios por medio de la Iglesia clama porque se acaba esa contaminación. Pero nadie le hace caso. La palabra de Dios no es noticia de periódico o de televisión.

- El hombre contamina al hombre, el ambiente de la sociedad, de la fábrica, de los negocios, del poder gubernamental, de la familia.

- Cuando el hombre no lleva a Dios en sí, de nada le vale andar oliendo a lavanda y bañarse todos los días.

- Hay hombres que tienen asco de comer algo en la calle porque pueden “pescar” una enfermedad, pero ellos son adúlteros, ladrones, opresores, malignos.

- Hay gente en la inmundicia interna y externa.

- Pero también hay santos de la vida diaria. Procura tú ser de estos: lleva una vida de bien y de bondad, y también procura lavarte las manos para comer.

(Se puede comentar con los demás lo siguiente: Personajes del texto; sus actitudes; el género literario; se aclara lo que no se ha entendido y se manifiesta lo que nos ha sorprendido).

2.- MEDITACION
(Rumiar, dialogar, actualizar)

(En este segundo momento la preocupación debe ser descubrir el mensaje del texto, tomando en cuenta la situación personal, comunitaria, social, etc. Ayuda para la comprensión traer a la memoria otros textos bíblicos con la misma temática).

Se responde a las siguientes preguntas:

1.- ¿Quienes son los que llegan junto a Jesús? ¿En qué se fijan? ¿A quiénes critican y por qué?

2.- ¿Qué era más importante para ellos: las ‘’tradiciones’’ antiguas, o que el pueblo tenga alimento para vivir?

3.- ¿cuáles son las tradiciones religiosas que observamos en nuestra familia?... En nuestras comunidades?... En nuestro pueblo?

4.- ¿Esas tradiciones tiene relación con el proyecto de Jesús? ¿Ayudan a vivir el proyecto de vida que tiene Jesús para nosotros? ¿O lo dificultan?... ¿Por qué?

5.- ¿Qué mensaje deja este texto para tu vida?.

3.- ORACION
(Suplicar, alabar, recitar)

(Este es el momento de responder personal y comunitariamente a la Palabra de Dios. Cada uno expresa a Dios aquello que el pasaje bíblico le sugiere).

4.- CONTEMPLACION
(Ver, saborear, actuar, compromiso)

(Es el momento de la respuesta agradecida para con Dios. Lo hacemos concretizando nuestro compromiso personal, y si se puede, uno comunitario).

CONCLUSION
(Plegaria comunitaria)

(Se puede recitar la siguiente oración. Se puede hacer en grupo o recitada por uno sólo).

PLEGARIA COMUNITARIA.

Hacemos un pequeño sociodrama con el texto que hemos escuchado: lo que hacían los seguidores de Jesús, las críticas de los maestros de la Ley, la respuesta de Jesús. Ponemos en un recipiente con agua, el jabón y la toalla en el suelo, en medio del grupo.

Animador:

Señor Jesús, ayúdanos a descubrir en nuestras vidas, las actividades del amor fraterno y acogida, que son la verdadera pereza del corazón.

Todos: Señor Jesús, purifica nuestros corazones.

(Se presentan peticiones espontáneas con la respuesta anterior).

Terminamos leyendo juntos el salmo 24 (23), versículos 1 a 6.