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Domund

22 de Octubre de 2006

INTRODUCCION:

Antes de acercarnos al texto sagrado, nos preparamos personal y comunitariamente; nos ponemos en presencia del Señor en oración: con oración de alabanza, con un canto y pidiéndole al Señor nos envíe su Espíritu y prepare nuestros corazones para comprender su Palabra.

1.- LECTURA DEL TEXTO.
(Conocer, respetar, situar).

(Se proclama en voz alta el texto. Todos leen el texto ayudados de las notas de la Biblia. Se leen y comentan los siguientes subsidios).

Mateo 28, 16-20.

El fragmento nos sitúa en el lugar clave de Mateo, la Galilea de los paganos: signo de la universalidad del acontecimiento Jesús. Desde aquí Jesús proclama su último discurso, articulado en tres sentencias:

1. Una declaración sobre su autoridad (exousia) universal, en indicativo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.

2. Un mandamiento a los discípulos sobre su misión a todos los pueblos, en imperativo, y dos principios con el mismo valor: “Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo cuanto yo les he mandado”.

3. Una palabra de garantía, de seguridad, en indicativo: “... y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

Nos encontramos, pues, ante un típico esquema literario bíblico de misión o investidura profética. 1) palabra de revelación: presentación de Dios; 2) mandato-instrucción; 3) promesa-garantía.

La misión actual de los discípulos a los pobres y a la vida de la comunidad eclesial están bajo el signo de esta presencia del Señor Jesús. La eficacia de la misión de los discípulos y la autoridad de su enseñanza se fundamentan en esa promesa-seguridad de Jesús. La fidelidad y perseverancia de los que son de Jesús por el bautismo y la obediencia al Evangelio, derivan de esta promesa-garantía del Señor resucitado.

Para Mateo, la comunidad eclesial, si actúa con fidelidad al Evangelio de Jesús, se convierte en signo de la presencia liberadora y salvadora de Dios en la historia humana.

La primera misión consistía en anunciar, como Jesús, que el reino de los cielos está cerca: la nueva misión, inaugurada por la Pascua, consiste en hacer discípulos del Señor Jesús en todos los pueblos de la tierra. La mención explícita del bautismo confirma el carácter eclesial del hecho de ser discípulo y de la misión inaugurada por la Pascua. El bautismo es dado “en el nombre de”, es decir, “en relación con” el Padre, el Hijo y el Espíritu.

El discípulo no tiene que hacer discípulos exclusivamente, sino que debe observar también “la enseñanza” de Jesús.

El término “exousia” indica “aquella autoridad” que caracteriza tanto la acción como la palabra de Jesús en conexión con su misión reveladora de la voluntad de Dios y de protagonista de su proyecto salvífico.

(Se puede comentar con los demás lo siguiente: Personajes del texto; sus actitudes; el género literario; se aclara lo que no se ha entendido y se manifiesta lo que nos ha sorprendido).

2.- MEDITACION
(Rumiar, dialogar, actualizar)

(En este segundo momento la preocupación debe ser descubrir el mensaje del texto, tomando en cuenta la situación personal, comunitaria, social, etc. Ayuda para la comprensión traer a la memoria otros textos bíblicos con la misma temática).

Se responde a las siguientes preguntas:

1.- ¿Qué datos sabes sobre la población mundial y qué porcentaje de entre ellos somos católicos?.

2.- ¿Por qué la Iglesia se preocupa por la Evangelización de todos los pueblos de la tierra?.

3.- ¿De qué forma puedo colaborar yo al trabajo misionero?.

4.- ¿Qué exigencia trae para mí esta fiesta del Domund?.

3.- ORACION
(Suplicar, alabar, recitar)

(Este es el momento de responder personal y comunitariamente a la Palabra de Dios. Cada uno expresa a Dios aquello que el pasaje bíblico le sugiere).

4.- CONTEMPLACION
(Ver, saborear, actuar, compromiso)

(Es el momento de la respuesta agradecida para con Dios. Lo hacemos concretizando nuestro compromiso personal, y si se puede, uno comunitario).

CONCLUSION
(Plegaria comunitaria)

(Se puede recitar la siguiente oración. Se puede hacer en grupo o recitada por uno sólo).

PLEGARIA COMUNITARIA.

Señor, tú has dicho que debemos ser la sal de la tierra.

La sal da sabor a los alimentos.

Ella impide que la corrupción penetre o sea extendida.

Pero, si ha de ser útil, tiene que conservar su fuerza.

Señor, yo debo ser la sal de la tierra; debo comunicar a los hombres gusto por la vida, atrayéndolos a tu servicio; debo enseñarles que el trabajo, unido al tuyo, no es amargo, ni el sufrimiento ni la pobreza, ni la incomprensión.

Debo impedir que el pecado sea corrupción del alma, penetre todavía más en el mundo, he de combatirlo, eliminarlo, si fuera posible.

Mas para que mi acción sea eficaz, Señor, dame

la fuerza del reactivo, que yo no sea como esa sal desabrida que hay que tirar porque no sirve para nada. Amén.