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Miércoles, 07 de enero de 2009 | 15:07
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encuentro 3 En su Amor Dios nos
Salva Dios trabaja con su actividad salvadora
en nosotros por medio de la fe (Rm. 1, 16ss) OBJETIVO: Descubrir el amor de
Dios en los gestos, acciones y palabras de Jesús, nuestro salvador, para optar por Cristo
y vivir sus enseñanzas en la construcción del reino. AMBIENTACIÓN DEL LUGAR: Un Cristo unido por
lazos a distintas imágenes de personas en vicios, o familias, etc, sacándolos de su
situación de pecado. (Canto: Cristo nos
da la libertad, Cristo nos da la Salvación). O Salva Jesús el Señor
CANTO Yo no soy nada y del polvo nací, pero Tú me amas y moriste por mí; ante la cruz sólo puedo exclamar: ¡Tuyo soy! ¡Tuyo soy! Toma mis manos, te pido. Toma mis labios, te amo. Toma mi vida, ¡oh Padre! ¡Tuyo soy! ¡Tuyo soy! Cuando de rodillas te miro Jesús, veo tu grandeza y mi pequeñez, ante la cruz sólo puedo exclamar: ¡Tuyo soy! ¡Tuyo soy! INTRODUCCIÓN: ¡Dios te ama y quiere
lo mejor para ti! Dios te ha creado por amor gratuito de su providencia y en su infinito
amor desea que todos y cada uno de los seres humanos vivamos eternamente junto a Él.
Nuestro Dios es un Dios que gratuitamente nos comparte su existencia, y de la nada nos
creó con la finalidad de que gocemos de su amor eternamente (cf. Jn 10,10). Dios ama a
cada uno personalmente, Dios quiere lo mejor para el hombre y con su infinito poder le
pone todo en sus manos. Dios te llama personalmente por tu nombre a
la existencia: no temas, te he llamado por tu nombre, tú eres mío. Eres precioso a
mis ojos, eres estimado y Yo te amo. No temas que yo estoy contigo (Is. 43, 1-5) y
te quiero llevar a la realización plena de su plan de amor para tengan vida y la
tengan en abundancia (Jn 10,10). Todo cuanto existe ha
sido creado por Dios y ha sido creado bueno, muy bueno (Cf. Gn. 1,4.10.12. 18.21.31), pero
su amor por nosotros no sólo se muestra en la creación (Cf. CEC 299), sino ante todo en
la nueva creación (redención), haciéndonos criaturas nuevas por los méritos de
Jesucristo, su hijo amado (Cf. Ef 2,5). Dios es amor y nos lo ha manifestado enviando al
mundo a su Hijo único para que vivamos por él (Cf. 1 Jn 4,8-9). Se trata de un amor que
es eterno con amor te he amado (Jr 31,3); es más, Dios mismo es una
eterna comunicación de amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo y nos ha destinado a
participar de Él (CEC 221): Dios invita al ser
humano a realizarse plenamente y le promete un camino, una ruta que lo llevará a
participar de la misma vida de Dios. Dios explica al hombre sus orígenes y le da las
bases para vivir el presente abierto al futuro con gran paz y gozo, pues el hombre en
amor, habla a los hombres como amigos y trata con ellos a fin de invitarlos y recibirlos
en su compañía... Por meditación de Cristo, la Palabra hecha carne y en el Espíritu
Santo, los hombre pueden llegar al Padre y participar de la naturaleza divina (DV
2). El amor de Dios es un
amor que origina mi vida y mi destino Me ama de manera
íntima: donde yo soy más yo (tal como soy) Me ama de manera fiel:
siempre y jamás me abandona. Me ama de modo
respetuoso: no me manipula ni me chantajea. Me ama de modo gratuito;
con un amor mayor de lo que imagino y merezco. Me ama de modo personal:
se me da a conocer en plenitud a través de su Hijo. Me ama de modo paternal:
es Padre misericordioso y providente que nos trata como hijos. ¡Si lo comprendiéramos
y sintiéramos este Amor! CONTEMPLEMOS: Leer desde la Biblia Rm. 1. 16-25 Hermanos no me avergüenzo de predicar el
Evangelio, que es una fuerza de Dios para salvar a todos los que creen, a los judíos
primeramente y también a los no judíos. Pues en el Evangelio se nos revela que Dios
trabaja con su actividad salvadora en nosotros por medio de la fe, de principio a fin,
como dice la Escritura: El vivirá por medio de la fe. En efecto, Dios manifiesta desde el
cielo su reprobación contra los hombres impíos e injustos, que por la injusticia
mantienen cautiva a la verdad. Porque las cosas de Dios que se pueden conocer, las tienen
a la vista. Dios mismo se las ha manifestado, pues las perfecciones invisibles de Dios,
como su poder y su divinidad, resultan visibles desde la creación del mundo para quien
reflexiona sobre sus obras, de modo que no tiene disculpa. Han conocido a Dios, pero no lo
han glorificado como a Dios ni le han dado gracias; antes bien, se han ofuscado con
razonamiento inútiles, y su insensata inteligencia se ha llenado de oscuridad.
Pretendían ser sabios, pero se volvieron insensatos, pues cambiaron la gloria de Dios
inmortal por imágenes de hombres mortales, de aves, cuadrúpedos y reptiles. Por eso,
Dios los entregó a los deseos impuros de su corazón, y llegaron a tal inmortalidad, que
deshonraron sus cuerpos unos con otros, porque cambiaron a Dios verdadero por dioses
falsos y dieron culto y adoración a la criatura en vez de al creador, el cual merece
alabanza por siempre, Amén. Palabra de Dios. Comentarios al texto: Quien salvará al hombre
será un Dios de amor y de misericordia, no ya la ley con sus frías prescripciones; un
Dios que se nos manifiesta desde la creación del mundo y se plenifica en Jesucristo,
rostro misericordioso del Padre. Dios, desde antiguo
existe, desde siempre, y vive para siempre; su presencia entre nosotros es manifestación
máxima de su amor. El amor de Dios llega
hasta el extremo de darnos a su propio Hijo que nos reconcilia con el Padre y nos hace
hijos adoptivos. Leer la siguiente cita: Ef 1,1-12. El Plan de
salvación de Dios: 3 Bendito
sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de
bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; 4 por
cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e
inmaculados en su presencia, en el amor; 5 eligiéndonos
de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito
de su voluntad, 6 para
alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado. 7 En
él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la
riqueza de su gracia 8 que
ha prodigado sobre nosotros en toda sabiduría e inteligencia, 9 dándonos
a conocer el misterio de su voluntad según el benévolo designio que en él se propuso de
antemano, 10 para
realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que
está en los cielos y lo que está en la tierra. 11 A
él, por quien somos herederos, elegidos de antemano según el previo designio del que
realiza todo conforme a la decisión de su voluntad, 12 para
ser nosotros alabanza de su gloria, los que ya antes esperábamos en Cristo. 13 En
él también vosotros, tras haber oído la Palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra
salvación, y creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la
promesa, 14 que
es prenda de nuestra herencia, para la redención del pueblo de su posesión, para
alabanza de su gloria. La salvación es una
obra ya realizada y consumada por Jesús. Él ha muerto por nosotros, en nuestro lugar y a
favor nuestro; resucitó para que todos seamos criaturas nuevas (Cf. Col 3,10) y tengamos
vida en abundancia (Cf. Jn 10,10); nos envío su Espíritu para cambiarnos el corazón,
capacitarnos para ser fieles a Alianza y darnos el poder de ser sus testigos. (Cf. He
1,8). La salvación que ofrece
Cristo da sentido a todas las aspiraciones y realizaciones humanas. Es liberación de todo
y de todos los hombres. Jesús es el salvador no sólo de la persona individual, de todo
el hombre, cuerpo alma, espíritu, sino también de todas las situaciones del hombre:
familia, sociedad, estructuras (Cf. DP 353-354). Dios, por medio de Cristo ha
reconciliado consigo todas las cosas, tanto las de la tierra como las del cielo, trayendo
la paz por medio de su sangre derramada en la cruz (Col 1,20). Es una salvación que
incluye la supresión total del pecado, sus causas y sus consecuencias, pero no sólo para
después de la muerte sino desde ahora (Cf. Lc 4,21). Es el mismo Cristo quien
nos llama y nos invita a estar con él (Cf. Mc 3,13-14), a escuchar su palabra (Cf. Lc
8,21), a seguirlo (Cf. Mt 9,9), a dar testimonio a todas las gentes (Cf. Mt 28,19). Dios quiere que el
hombre responda al amor con que lo ha creado, que el hombre voluntariamente quiera amarlo.
Con frecuencia el hombre no se da cuenta de que lo más importante para él, el sentido
pleno de su existencia está sólo en Dios, encontrarse con Él, reconocerlo, amarlo y
obedecerlo como hijo. No podemos experimentar
el amor de Dios y la vida abundante que Jesús nos da, porque el pecado nos ha separado de
Dios, única fuente de vida Todos pecaron y todos están privados de la gloria de
Dios (Rm 3, 23). Aunque el hombre haya
pecado, no fue abandonado por Dios, al contrario, Dios lo sigue amando y llamando a vivir
según su querer en Cristo; pues donde abundó el pecado sobreabunda la gracia y la
misericordia (Cf. CEC 410, 420). En Cristo somos liberados de la esclavitud del pecado y
renovados por la gracia, así el hombre reencuentra su identidad y su libertad, viviendo
en la comunión interpersonal con Dios y con el prójimo, y superando todo egoísmo y
soledad. La salvación consiste
en entrar en comunión personal con Jesucristo vivo porque sólo Él puede
conducirnos al amor del Padre en el Espíritu y hacernos partícipes de la vida de la
Santísima Trinidad (CEC 26). Ahora es el tiempo de la salvación
(2 Cor 6,2). CONFRONTEMOS NUESTRA VIDA: Gravedad del
pecado Si contemplamos el mundo
vemos que, por más que el hombre hable de paz y de justicia, y pretenda vivir en un mundo
feliz, las guerras, las enfermedades y los desastres naturales, nos recuerdan que el dolor
está a la puerta; quienes viven en las grandes ciudades, viven con el miedo de ser
asaltados, quienes viven en el campo están preocupados por la falta o por la abundancia
de lluvias; el que está sano tiene miedo de enfermarse y el enfermo tiene miedo de morir. Ya sea que contemplemos el mundo, nuestro
país, nuestra comunidad, nuestra familia o nuestra vida personal, es imposible negar que
el mal nos acecha en cada momento. Ante esta situación,
algunos hombres y mujeres trabajan por colaborar con el plan de Dios, para ayudar al mundo
a encontrar en Él, la felicidad y la salvación que buscan. Otros sólo se preocupan,
pero permanecen sin hacer nada; mientras que otros más, ni siquiera quieren pensar en
ello. No podemos ignorar la
presencia del pecado en la vida de los hombres, pero para entender verdaderamente la
gravedad del pecado, necesitamos reconocer el amor y la unión en la que Dios quiere vivir
con los hombres (Cf. CEC 386) pues, pecar es rechazar a Dios, que es el padre bueno que
quiere la felicidad para sus hijos. El pecado es una desobediencia y una ofensa a Dios, y
una falta de confianza en su bondad (Cf. CEC 397, 1440). Es despreciar a Dios y preferir a
las criaturas, ya sea alguna cosa material, alguna persona o incluso a sí mismo. Pecar es, por tanto,
rechazar, desobedecer y despreciar a Dios que nos ama. Al pecar, el hombre se elige a sí
mismo y se pone en contra de Dios (Cf. CEC 398). El sentido del pecado En la Biblia conocemos
el amor de Dios por el hombre, sabemos que el hombre fue creado en estado de santidad y
que vivía feliz en el paraíso disfrutando de la amistad con Dios (Cf. CEC 384), pero el
hombre se apartó de Dios libremente; prefirió vivir su vida sin Dios. Después de la
narración de la creación, leemos en (Gn 3,1-6) el pecado de Adán y Eva. Nuestros
primeros padres habían sido creados por Dios en un jardín donde tenía todo lo que
necesitaban; no conocían el sufrimiento ni la muerte, pero engañados por el demonio
decidieron desobedecer a Dios. Aparece así, el primer pecado. El pecado se va
convirtiendo en una realidad en la vida de todos los hombres; el asesinato de Abel de
manos de su hermano Caín (Gn 4,1-8); Israel que adoró al becerro de oro en el desierto
después de que fue liberado de Egipto por la intervención de Dios (Ex 32, 1-6); la
narración del pecado de David que se queda con la mujer de su servidor Urías (2 S11),
son ejemplos de cómo el pecado ha alcanzado a todos los hombres. Consecuencias del pecado Adán había recibido,
no sólo para él, sino para toda la humanidad, los dones que Dios le había otorgado y,
al pecar, los pierde para todos; por eso el hombre, que nace en estado del pecado, sufre
las consecuencias de este pecado y posteriormente de sus pecados personales. El pecado aparta al
hombre de Dios, que es la única fuente de felicidad verdadera; por eso, aparece en la
vida de los hombres el sufrimiento y la muerte, pues el salario del pecado es la
muerte (Rm 6,23ª). Al pecar el hombre, no
sufre solamente en su persona las consecuencias de su pecado pues, además se convierte
él mismo en un esclavo (Cf. Jn 8,34). Al apartar su corazón de Dios, lesiona también la
unidad que Dios quiere para toda la humanidad y atenta contra la solidaridad, de manera
que, mientras permanece en pecado, nada puede hacer realmente bueno para sí mismo, ni
para sus hermanos. Cuando el hombre ha pecado, cada vez se hace más fácil pecar (Cf. CEC
1865), lo cual va haciendo que los daños que se producen en la vida de los hombres por el
pecado sean cada vez mayores. Dios nunca
abandona al hombre en su pecado Dios llama al hombre a
una vida plenamente feliz, pero el pecado le impide alcanzarla. Para liberarse del pecado
y de sus consecuencias, el hombre necesita de la acción de Dios, pues no puede con sus
propias fuerzas vencer al pecado en su vida y alcanzar la vida eterna junto a Dios (Cf.
CEC 1949). Ante el pecado del
hombre, la respuesta de Dios es sorprendente, no ha querido dejar al hombre a su suerte
sino que lo salva. El profeta Óseas nos enseña cómo trata Dios al Pecador,
comparándolo con una esposa infiel. Dios hace todo por reconquistar su amor (Cf. Os
2,16-19). Ante el pecado del hombre, Dios siempre responde con un mayor acto de amor. Ante el pecado de Adán,
Dios hace la promesa de un salvador (Cf. Gn 3,15). Posteriormente cuando el mundo parece
que se ha corrompido totalmente decide acabar con los hombres por medio del diluvio, pero
salva a Noé y a su familia para que la humanidad no sea exterminada de la tierra. Los hombres perseveran en el pecado y Dios
decide establecer una alianza llamando a un hombre, Abraham, del cual se formará un
pueblo de su propiedad. Este pueblo, Israel, peca y se aleja de Dios y Él, por medio de
los profetas, les recuerda la esperanza de la salvación. El pueblo experimenta el dolor y
el sufrimiento cada vez que se aparta de Dios, y Dios, nuevamente sale en su auxilio hasta
que, llegada la plenitud de los tiempos, decide enviar a su Hijo como Salvador de la
humanidad (Cf. Gal 4,4). Jesús nos llama a la conversión Jesucristo nos muestra
la misericordia de Dios por los pecados. Donde abundó el pecado sobreabundó la
gracia (Rm 5, 20); Jesucristo murió para remisión de los pecados y la salvación
de todos. La respuesta definitiva
de Dios ante nuestro pecado es Jesucristo, quien, por el misterio de su encarnación,
pasión, muerte y resurrección, borra la ofensa cometida contra Dios y nos devuelve la
gracia que habíamos perdido. Nos reconcilia con Dios y con nuestros hermanos. Esta respuesta de Dios,
requiere de una nueva respuesta del hombre. Jesucristo nos invita a romper definitivamente
la relación con el pecado: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca;
conviértanse y crean en la Buena Nueva (Mc 1, 15). En las palabras que dirige a la
mujer adúltera, podemos escuchar cada uno de nosotros lo que nos pide con relación al
pecado: No peques más (Jn 8, 11). Después de encontrarnos con Jesús tenemos
necesidad de un cambio de actitudes y conductas. RESPUESTA PERSONAL: Cuando hablamos del mal que existe en el
mundo, no podemos olvidar que el mal procede del pecado, y que para acabar con el mal y
con el sufrimiento, debemos luchar por acabar con el pecado empezando por nuestra vida
personal pues, Dios ama al pecador pero aborrece el pecado. Él se acerca a nuestra vida y
a nuestra comunidad para devolvernos la gracia y con ella, la esperanza de la felicidad
verdadera, la vida eterna. · -¿Qué respuesta se
dan a los males que hay en el mundo, la familia y el ambiente? · -¿Logras reconocer
que el mal que hay en tu vida, en tu comunidad, es consecuencia del pecado y que para
acabar con él, es necesaria la gracia de Dios? · -¿Cuándo he
experimentado el perdón de Dios? · -¿Por qué mucha
gente no tiene conciencia de pecado? Ante el pecado en el
mundo y en mi propia persona, tengo que reafirmar mi fe en Dios, él me sigue amando y me
demuestra su amor enviando a Jesucristo para que yo pueda tener vida (Cf. 1Jn 4,9). Debo
creer que a pesar de mi pecado, Dios me sigue amando y me invita a vivir una vida nueva
junto a Él, porque el pago del pecado es la muerte, mientras que Dios nos ofrece
como don la vida eterna por medio de Cristo Jesús, nuestro señor (AM 6, 23). ENCUENTRO CON DIOS: Leemos la Parábola del
hijo pródigo Lc 15,11-32 -¿Qué imagen de
Dios recibimos es esta parábola? -¿Con
qué personaje me identifico? -¿Qué
espera Dios de mí? Para terminar
podemos leer meditar el Salmo 51, y podemos entonar un canto de perdón O el canto: vaso nuevo. Se termina proclamando,
de pie y tomados de la mano, el Padre Nuestro. Sería muy laudable
concluir con una Eucaristía o un momento significativo ante Jesús Sacramentado, ambos
que estén cuidadosamente preparados y que incluyan las renuncias (Cf. RICA 80
y 217) y donde se invitaría a proseguir profundizando este encuentro en el siguiente
momento de la catequesis kerigmática El coordinador,
después de despedirlos amablemente les invita a los participantes a encontrarse
nuevamente el día de mañana. EVALUEMOS: Expresemos los puntos
positivos del encuentro de este día, así como los negativos que tenemos que superar en
nuestros siguientes encuentros. Felicitamos al equipo. Quedar de acuerdo en los
responsables de cada momento en los siguientes días y horarios más adecuados.
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