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Hoy
Miércoles, 07 de enero de 2009 | 14:15
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ENCUENTRO 4 María, la Primera y la más En esto conocerán todos que sois
discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros (Jn 13, 35). OBJETIVO: Contemplar a Santa María de Guadalupe que
viene a nuestras tierras como discípula de Cristo, a mostrarnos el amor del Dios por
quien se vive, para fortalecer nuestro seguimiento y testimonio de discípulos de Cristo
en nuestras actuales circunstancias. AMBIENTACIÓN: Preparamos: Una imagen de la Virgen de Guadalupe, la
Biblia entronizada a los pies de la imagen. Letreros con las palabras que la Virgen
dirigió a Juan Diego: * Yo soy la Madre del verdadero Dios por
quien se * ¿No estoy Yo aquí que soy tu Madre? * ¿No estás por ventura en mi regazo y
corres por mi cuenta? ORACIÓN: Se invita a los presentes a contemplar la
imagen de la Virgen de Guadalupe, se motiva a su contemplación con algunas preguntas,
como: ¿Quién es María para mí? ¿Cuáles son las cualidades que conozco de ella?
¿Qué me dice la presencia de María de Guadalupe en mi patria? ¿Por qué la Palabra de
Dios está junto a ella? Luego se invita a los presentes a entonar: Desde
el cielo una hermosa mañana
, terminado ese estribillo alguien lee con
detenimiento la siguiente oración: Acuérdate, Señora y Niña nuestra, que un
día nos dijiste a los mexicanos que era nada lo que nos afligía y asustaba, que no se
turbara nuestro corazón y que no temiéramos ninguna enfermedad y angustia, porque tú,
que eres nuestra Madre, estabas aquí y que nosotros estábamos en tu regazo. Animados con estas palabras, santa Madre de
Dios y Madre nuestra, acudimos hoy a ti, seguros de que remediarás todas nuestras
miserias, penas y dolores. Amén. Se concluye con un: Gloria al Padre, y
al Hijo, y al Espíritu Santo
Santa María de Guadalupe, reina de
México. Conserva nuestra fe y salva nuestra Patria. INTRODUCCIÓN: * En este cuarto
encuentro queremos contemplar a la Santísima Virgen como la primera y más perfecta
discípula de Cristo, así como dice nuestro tema. * El discípulo de Cristo
es el que sigue e imita los pasos y la vida de Cristo. * María, la Madre de
Jesús, estuvo siempre junto a Jesús y también hizo su experiencia de discipulado. * Queremos fijarnos,
también, en la respuesta fiel y generosa de María a la voluntad de Cristo de Id
por todo el mundo y proclamad la buena noticia a toda criatura (Mc 16, 15). * Cuando ella, como
María de Guadalupe, vino a nuestras tierras, hace 475 años, se presentó como discípula
y enviada, ella es la Madre del verdadero Dios por quien se vive, y su
voluntad es mostrarnos todo su amor, compasión, auxilio y defensa, como fiel discípula
de Cristo. * Queremos, pues,
animados por el ejemplo de María de Guadalupe, fortalecer nuestro ser discípulos de
Cristo. * Como discípulo de
Cristo, ¿qué debo hacer y vivir? CONTEMPLEMOS: Se lee Juan 13, 34-35: En aquel tiempo Jesús
dijo a sus discípulos: Les doy un mandamiento nuevo: Amense los unos a los otros.
Como yo los he amado, así también amense los unos a los otros. Por el amor que se tengan
los unos a los otros reconocerán todos que son discípulos míos. Vamos a partir de lo que nos dice el
Evangelio: En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis
amor los unos a los otros (Jn 13, 35). Esto quiere decir que, los discípulos de
Jesús tenemos que ser testigos del amor, nuestra vida tiene que inspirarse en el mandamiento
nuevo que Él nos dio: Que, como yo os he amado, así os améis también
los unos a los otros (Jn 13, 34). Cristo es el maestro por
excelencia, el revelador y la revelación. No se trata de comprender las cosas que Él ha
enseñado, sino de comprenderle a Él. Pero en esto, ¿qué maestra más experta
que María? Si en el ámbito divino el Espíritu es el Maestro interior que nos lleva
a la plena verdad de Cristo (cf. Jn 14, 26; 15, 26; 16, 13), entre las criaturas nadie
mejor que Ella conoce a Cristo, nadie como su madre puede introducirnos en un conocimiento
profundo de su misterio (El Rosario de la Virgen María, n. 14). Ante todo, la Virgen María ha sido propuesta
siempre por la Iglesia a la imitación de los fieles porque en sus condiciones concretas
de vida Ella se adhirió total y responsablemente a la voluntad de Dios (cf. Lc 1, 38);
porque acogió la Palabra y la puso en práctica; porque su acción estuvo animada por la
caridad y por el espíritu de servicio: porque, fue la primera y la más perfecta
discípula de Cristo: lo cual tiene un valor universal y permanente (El Culto a la
Santísima Virgen, n. 35). María, además de
Madre, es también discípula de Jesucristo: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis
hermanos? Y señalando con la mano a los discípulos dijo: estos son mi madre y mis
hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano y mi hermana
y mi madre (Mt 12, 48-50). Como discípulos de
Cristo y a ejemplo de María, alimentarnos de la Palabra para ser servidores de la
Palabra en el compromiso de la evangelización es una tarea permanente (Al Inicio
del Nuevo Milenio, n. 40). María es aurora
luminosa y guía segura de nuestro camino (Al Inicio del Nuevo Milenio, n. 58);
así se nos presenta Santa María de Guadalupe en los inicios de nuestra patria, como
aurora luminosa que viene a traernos la alegría de la reconciliación a un pueblo que
intenta surgir de la ruptura, ella guía a vencidos y vencedores a la unidad de un mismo
amor: En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los
unos a los otros (Jn 13, 35). Ella es la discípula y estrella de la
evangelización, portadora del Evangelio, que nos educa con su presencia y nos enseña a
ser discípulos de Cristo. Como decía el Papa Paulo VI: La
santidad ejemplar de la Virgen mueve a los discípulos de Cristo a levantar los ojos
a María, porque ella brilla como modelo de virtud ante toda la Iglesia.
Veamos cuáles son esas virtudes sólidas, evangélicas: la fe y la dócil
aceptación de la palabra de Dios (cf. Lc 1, 26-38; 1, 45); la obediencia generosa
(cf. Lc 1, 38); la humildad sencilla (cf. Lc 1, 48); la caridad solícita
(cf. Lc 1, 39-56); la sabiduría reflexiva (cf. Lc 1, 29. 34; 2, 19. 33. 51); la
piedad hacia Dios, pronta al cumplimiento de los deberes religiosos (cf. Lc 2, 21.
22-40. 41); agradecida por los bienes recibidos (cf. Lc 1, 46-49); que ofrece en
el templo (cf. Lc 2, 22-24); que ora en la comunidad apostólica (cf. Hch 1,
12-14), fortaleza en el dolor (cf. Lc 2, 34-35; Jn 19, 25); la pureza virginal
(cf. Mt 1, 18-25). De estas virtudes de la Madre se adornarán los hijos, que con tenaz
propósito contemplan sus ejemplos para reproducirlos en la propia vida (El Culto
a la Santísima Virgen, n. 57). El discípulo de Cristo
tiene el Rosario como un medio para imitar el ejemplo de Cristo; recorrer con María las
escenas del Rosario es como ir a la escuela de María para leer a Cristo, para penetrar
sus secretos, para entender su mensaje (El Rosario de la Virgen María, n. 14). El discípulo sabe que
encontrar a Cristo vivo es aceptar su amor primero, optar por Él, adherir libremente a su
persona y proyecto, que es anuncio y realización del Reino de Dios (La Iglesia en
América, n. 68). Seguirle es vivir como
Él vivió, aceptar su mensaje, asumir sus criterios, abrazar su suerte, participar su
propósito que es el plan del Padre: invitar a todos a la comunión trinitaria y a la
comunión con los hermanos en una sociedad justa y solidaria (La Iglesia en América, n.
68). Cristo resucitado,
envió a los Apóstoles a anunciar el Evangelio al mundo entero (cf. Mc 16, 15). La tarea fundamental a
la que Jesús envía a sus discípulos es el anuncio de la Buena Nueva, es decir, la
evangelización (cf. Mc 16, 15-18). Cada cristiano podrá
llevar a cabo eficazmente su misión en la medida en que asuma la vida del Hijo de Dios
hecho hombre como el modelo perfecto de su acción evangelizadora (La Iglesia en
América, n. 67). Cada cristiano será
más discípulo de Jesucristo en la medida en que siga el ejemplo de la confianza de
María, la primera y más perfecta discípula de Cristo, que nos dice como en Caná de
Galilea: Haced lo que él os diga (Jn 2, 5). El Catecismo de la
Iglesia Católica nos presenta a María como la que realiza de manera más perfecta la
obediencia y la realización más pura de la fe (cf. nn. 148-149). CONFRONTEMOS NUESTRA VIDA: En seguida se sugiere interpretar el
siguiente pasaje del Nican Mopohua, previamente preparado (V: Virgen de
Guadalupe; N: Narrador; JD: Juan Diego): * V: Juanito, el
más pequeño de mis hijos, ¿a dónde vas? * N: Él le respondió: * JD: Señora y
Niña mía, tengo que llegar a tu casa de México Tlaltilolco, a seguir las cosas divinas,
que nos dan y enseñan nuestros sacerdotes, delegados de nuestro Señor. * N: Ella luego le habló
y le descubrió su santa voluntad: le dijo: * V: Sabe y ten entendido, tú el más
pequeño de mis hijos, que soy la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios
por quien se vive, del Creador cabe quien está todo, Señor del cielo y de la tierra.
Deseo vivamente que se me erija aquí un templo, para en él mostrar y dar todo mi amor,
compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa Madre, a ti, a todos vosotros
juntos, los moradores de esta tierra y a los demás amados míos que me busquen, invoquen
y en mí confíen; oír allí sus lamentos, y remediar todas las miserias, penas y
dolores. Y para realizar lo que mi clemencia pretende, ve al palacio del Obispo de México
y dirás cómo yo te envío a manifestarle lo mucho que deseo, que aquí en el llano me
edifiquen un templo; le contarás puntualmente cuanto has visto y admirado, y lo que has
oído. Ten por seguro que lo agradeceré bien y lo pagaré, porque te haré feliz y
merecerás mucho que yo recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te
encomiendo. Mira que ya has oído mi mandato, hijo mío el más pequeño; anda y pon todo
tu esfuerzo. * N: Al punto se inclinó
delante de ella y le dijo: * JD: Señora mía,
ya voy a cumplir tu mandato; pero ahora me despido de ti, yo tu humilde siervo. * N: Luego bajó para ir
a hacer su mandado; y salió a la calzada que va en línea recta a México. Después se invita a
los presentes a la participación. Hemos reflexionado en algunos aspectos en los
que María, fiel a Dios y a su Palabra, vive intensamente cada momento de su vida,
enunciando una serie de virtudes, que deben ser las virtudes de todo discípulo de Cristo.
María es nuestro ejemplo, ella nos motiva, nos anima, ella nos invita a ver nuestra
realidad con ojos de fe. Por eso hoy nos preguntamos: * ¿Cuál es el mensaje
de Santa María de Guadalupe? * ¿Qué cualidades de
María necesito vivir? * Como discípulo de
Jesús, ¿qué debo vivir y hacer? * Según lo que hemos
contemplado de María, ¿qué virtudes tendríamos que ejercitar más en nuestra
situación actual para ser, como discípulos de Cristo, constructores de un mundo mejor? * ¿A qué me compromete
esta reflexión sobre María? Se deja que cada uno
de los participantes comparta su reflexión de manera espontánea, sin interrumpirlo. RESPUESTA PERSONAL: Se hace la motivación
para que cada uno haga su compromiso personal; se deja un momento de silencio y luego se
puede invitar a que, quien desee comparta su respuesta personal con la pregunta: ¿Qué me
hace decirle a Dios esta palabra que hoy hemos contemplado? Puede ser una petición, una
oración, un deseo
ENCUENTRO CON DIOS: * Se toma la Biblia de
los pies de la imagen de la Virgen de Guadalupe y se proclama la lectura de Lc 1, 39-47.
Antes se hace la siguiente monición: * El encuentro de María
con Isabel nos recuerda e ilumina el encuentro de María de Guadalupe con Juan Diego. En
aquellos días llevó las primicias de la Encarnación a un pueblo de las montañas de
Judea, en 1531 se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas del Anáhuac y nos
trajo las primicias de la evangelización. * Dejamos un momento de silencio y expresamos
nuestra oración de alabanza a María por ser la primera y más perfecta discípula de
Cristo. Cantamos: Desde el cielo una hermosa mañana
* Terminamos
consagrándonos a la Santísima Virgen María: Oh, Señora mía
. EVALUEMOS: ¿Qué nos gustó de este encuentro? ¿Qué no nos gustó? ¿Qué
podemos mejorar?
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