Hoy Miércoles, 07 de enero de 2009 | 10:37

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ENCUENTRO 5

Viva Cristo Rey
y Santa María de Guadalupe

«Lleva escrito en la capa y en el muslo este título: «Rey de reyes y Señor de señores». (Ap 19, 16)

OBJETIVO:

Reflexionar en la fe defendida por nuestros mártires, afianzando nuestra pertenencia a Jesucristo, como rey de nuestras vidas y aumentar nuestro amor por la santísima virgen de Guadalupe para comprometernos en la construcción del reino de Dios en nuestra patria.

AMBIENTACIÓN:

Se colocan en el lugar, la imagen de Cristo Rey así como de la Santísima virgen de Guadalupe, y algunas fotografías de nuestros hermanos recientemente beatificados por proclamar su fe en Cristo y Santa María de Guadalupe (Anacleto González Flores, Luis Magaña Servín. Se puede escribir la frase final del Beato Anacleto González Flores: “Yo muero, pero Dios nunca muere”: la misma frase título de nuestro tema: “¡Viva Cristo Rey y santa María de Guadalupe”. Se sugiere iniciar con el canto “Que viva mi Cristo”, y “Desde el cielo una hermosa mañana”. Se sugiere repetir varias veces:

 

QUE VIVA MI CRISTO

 

Que viva mi Cristo, que viva mi Rey

que impere doquiera triunfante su ley,

que impere doquiera triunfante su ley.

¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey!

 

Mexicanos un Padre tenemos

que nos dio de la patria la unión

a ese Padre gozosos cantemos,

empuñando con fe su pendón.

 

 

Quien dirige: -Viva Cristo Rey,

Todos:  En mi corazón, en mi patria y en mi casa

INTRODUCCIÓN:

Fue el Papa Pío XI, el 11 de diciembre de 1925, quien instituyó la solemnidad de la fiesta de Cristo Rey. Su propósito era recordar la soberanía universal de Jesucristo. Es esta una verdad que siempre la Iglesia ha profesado.

Cristo es rey del universo porque es Dios. El Padre lo puso todo en sus manos y debemos obedecerle en todo. No es justo apelar al amor, como pretexto para ser laxo en la obediencia a Dios. En nuestra relación con Dios, la obediencia y el amor son inseparables.

«El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.» -Juan 14,21

Nadie y ninguna ley está por encima de Dios. El Pontífice León XIII enseñaba en la «Inmortale Dei» la obligación de los Estados en rendir culto público a Dios, homenajeando su soberanía universal.

Diferente a los hombres, Dios ejerce siempre su autoridad para el bien. Quien confía en Dios, quien conoce su amor no dejará de obedecerle en todo, aunque no comprenda las razones de Dios.

Este fue el contexto en el que se realizó el conflicto religioso 1926-9, en gran parte de nuestra patria. Al “Cesar” no le agradó que el pueblo le diera su parte a Dios y varios creyentes se alzaron en lucha por los derechos de Dios y de la libertad de creencias. Su Lema: “Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe”. Era necesario proclamar con las palabras, y con la Sangre, que dos amores, así fundamentales, no podían arrancarse por decreto, del corazón del pueblo Mexicano. Al celebrar el 475 aniversario de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe, reflexionemos a la luz de la Escritura y el magisterio, sobre estos grandes valores y comprometámonos a seguirlos cultivando.

CONTEMPLEMOS:

Nuestra fe parte del dato revelado en la Escritura, por esto contemplemos con atención estos textos.

Quien tenga a la mano el texto de la Sagrada Escritura, haga las lecturas directamente del la Biblia.

Jesús es Rey (Jn 18, 36-37) 

«Mi realeza no procede de este mundo; si fuera rey como los de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reinado no es de acá. «Pilato le preguntó: Entonces ¿tú eres rey?» Jesús contestó: «Tú lo has dicho: Yo soy Rey. Para esto nací, para esto vine al mundo, para ser testigo de la Verdad». Palabra del Señor.

Preguntémonos: .-Según este texto, ¿Qué tipo de reinado es el de Cristo?. ¿De dónde procede su reinado?. ¿Qué relación hay entre el ser “REY”, de Jesús y su misión de ser testigo de la verdad

María figura de la Iglesia, mujer coronada de Sol.

Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab

“Apareció una figura portentosa en el cielo. Y se abrió el Santuario de Dios en el cielo, y apareció el arca de su alianza en el Santuario, y se produjeron relámpagos, y fragor, y truenos, y temblor de tierra y fuerte granizada. Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; Y apareció otra señal en el cielo: un gran Dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. Su cola arrastra la tercera parte de - las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra. - El Dragón se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su Hijo en cuanto lo diera a luz.

La mujer - dio a luz un - Hijo - varón, - el que ha de - regir a todas las naciones con cetro de hierro; - y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para ser allí alimentada 1.260 días. Oí entonces una fuerte voz que decía en el cielo: «Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios”. Palabra de Dios.

Preguntémonos:

- ¿Encuentras alguna semejanza entre el retrato de la virgen de Guadalupe y el texto leído?. Señala algunos detalles del texto, que aparezcan en la imagen de la virgen. ¿Cómo está coronada la mujer del Apocalipsis?.

El Reinado de Cristo en el Orden Temporal.

Carta Encíclica QUAS PRIMAS del Sumo Pontífice PÍO XI sobre la Fiesta de Cristo Rey. 15-19.

15. Por otra parte, erraría gravemente el que negase a Cristo-Hombre el poder sobre todas las cosas humanas y temporales, puesto que el Padre le confiríó un derecho absolutísimo sobre las cosas creadas, de tal suerte que todas están sometidas a su arbitrio. Sin embargo, mientras vivió sobre la tierra se abstuvo enteramente de ejercitar este poder, y así como entonces despreció la posesión y el cuidado de las cosas humanas, así también permitió, y sigue permitiendo, que los poseedores de ellas las utilicen.

Acerca de lo cual dice bien aquella frase: No quita los reinos mortales el que da los celestiales. Por tanto, a todos los hombres se extiende el dominio de nuestro Redentor, como lo afirman estas palabras de nuestro predecesor, de feliz memoria, León XIII, las cuales hacemos con gusto nuestras: El imperio de Cristo se extiende no sólo sobre los pueblos católicos y sobre aquellos que habiendo recibido el bautismo pertenecen de derecho a la Iglesia, aunque el error los tenga extraviados o el cisma los separe de la caridad, sino que comprende también a cuantos no participan de la fe cristiana, de suerte que bajo la potestad de Jesús se halla todo el género humano.

En los individuos y en la sociedad

16. El es, en efecto, la fuente del bien público y privado. Fuera de El no hay que buscar la salvación en ningún otro; pues no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo por el cual debamos salvarnos.

El es sólo quien da la prosperidad y la felicidad verdadera, así a los individuos como a las naciones: porque la felicidad de la nación no procede de distinta fuente que la felicidad de los ciudadanos, pues la nación no es otra cosa que el conjunto concorde de ciudadanos (30). No se nieguen, pues, los gobernantes de las naciones a dar por sí mismos y por el pueblo públicas muestras de veneración y de obediencia al imperio de Cristo si quieren conservar incólume su autoridad y hacer la felicidad y la fortuna de su patria. Lo que al comenzar nuestro pontificado escribíamos sobre el gran menoscabo que padecen la autoridad y el poder legítimos, no es menos oportuno y necesario en los presentes tiempos, a saber: «Desterrados Dios y Jesucristo —lamentábamos— de las leyes y de la gobernación de los pueblos, y derivada la autoridad, no de Dios, sino de los hombres, ha sucedido que... hasta los mismos fundamentos de autoridad han quedado arrancados, una vez suprimida la causa principal de que unos tengan el derecho de mandar y otros la obligación de obedecer. De lo cual no ha podido menos de seguirse una violenta conmoción de toda la humana sociedad privada de todo apoyo y fundamento sólido».

17. En cambio, si los hombres, pública y privadamente, reconocen la regia potestad de Cristo, necesariamente vendrán a toda la sociedad civil increíbles beneficios, como justa libertad, tranquilidad y disciplina, paz y concordia. La regia dignidad de Nuestro Señor, así como hace sacra en cierto modo la autoridad humana de los jefes y gobernantes del Estado, así también ennoblece los deberes y la obediencia de los súbditos. Por eso el apóstol San Pablo, aunque ordenó a las casadas y a los siervos que reverenciasen a Cristo en la persona de sus maridos y señores, mas también les advirtió que no obedeciesen a éstos como a simples hombres, sino sólo como a representantes de Cristo, porque es indigno de hombres redimidos por Cristo servir a otros hombres: Rescatados habéis sido a gran costa; no queráis haceros siervos de los hombres.

18. Y si los príncipes y los gobernantes legítimamente elegidos se persuaden de que ellos mandan, más que por derecho propio por mandato y en representación del Rey divino, a nadie se le ocultará cuán santa y sabiamente habrán de usar de su autoridad y cuán gran cuenta deberán tener, al dar las leyes y exigir su cumplimiento, con el bien común y con la dignidad humana de sus inferiores. De aquí se seguirá, sin duda, el florecimiento estable de la tranquilidad y del orden, suprimida toda causa de sedición; pues aunque el ciudadano vea en el gobernante o en las demás autoridades públicas a hombres de naturaleza igual a la suya y aun indignos y vituperables por cualquier cosa, no por eso rehusará obedecerles cuando en ellos contemple la imagen y la autoridad de Jesucristo, Dios y hombre verdadero.

19. En lo que se refiere a la concordia y a la paz, es evidente que, cuanto más vasto es el reino y con mayor amplitud abraza al género humano, tanto más se arraiga en la conciencia de los hombres el vínculo de fraternidad que los une. Esta convicción, así como aleja y disipa los conflictos frecuentes, así también endulza y disminuye sus amarguras. Y si el reino de Cristo abrazase de hecho a todos los hombres, como los abraza de derecho, ¿por qué no habríamos de esperar aquella paz que el Rey pacífico trajo a la tierra, aquel Rey que vino para reconciliar todas las cosas; que no vino a que le sirviesen, sino a servir; que siendo el Señor de todos, se hizo a sí mismo ejemplo de humildad y estableció como ley principal esta virtud, unida con el mandato de la caridad; que, finalmente dijo: Mi yugo es suave y mi carga es ligera.

¡Oh, qué felicidad podríamos gozar si los individuos, las familias y las sociedades se dejaran gobernar por Cristo! Entonces verdaderamente —diremos con las mismas palabras de nuestro predecesor León XIII dirigió hace veinticinco años a todos los obispos del orbe católico—, entonces se podrán curar tantas heridas, todo derecho recobrará su vigor antiguo, volverán los bienes de la paz, caerán de las manos las espadas y las armas, cuando todos acepten de buena voluntad el imperio de Cristo, cuando le obedezcan, cuando toda lengua proclame que Nuestro Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre.

La Santísima Virgen de Guadalupe, Reina de compasión, amor y auxilio.

Ella le dijo: «¿Juanito, el mas pequeño de mis hijos, dónde vas?»

El respondió: Señora y Niña mía, tengo que llegar a tu casa de México Tlatilolco, a seguir las cosas divinas, que nos dan y enseñan nuestros sacerdotes, delegados de Nuestro Señor».  Ella luego le habló y le descubrió su santa voluntad. Le dijo: «Sabe y ten entendido, tú el más pequeño de mis hijos, que yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios por quien se vive: del Creador cabe quien está todo: Señor del cielo y de la tierra. Deseo vivamente que se me erija aquí un templo, para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre, a ti, a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mi confíen; oír allí sus lamentos y remediar todas sus miserias, penas y dolores.

Y para realizar lo que mi clemencia pretende, ve al palacio del Obispo de México y le dirás cómo yo te envío a manifestarle lo que deseo, que aquí me edifique un templo: le contarás puntualmente cuanto has visto y admirado, y lo que has oído. Ten por seguro que te lo agradeceré bien y lo pagaré, porque te haré feliz y merecerás mucho que yo recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo. Mira que ya has oído mi mandato hijo mío el mas pequeño, anda y pon todo tu esfuerzo.»

Juan Diego contestó: Señora mía, ya voy a cumplir tu mandato; por ahora me despido de ti, yo tu humilde siervo.»

Luego bajó, para ir a hacer su mandato; y salió a la calzada que viene en línea recta a México.»

Lo Sumos pontífices alaban a Nuestra Señora de Guadalupe.

* 1751 El Papa Benedicto XIV recibe de manos del P. Juan López, una pintura, copia de la Imagen, hecha por Miguel Cabrera. Quedó sorprendido el Papa a la vista de la Santa Imagen y enternecióse hasta las lágrimas; y después de un breve silencio pronunció las palabras del Salmo 147 que las aplicó a las apariciones: «non fecit taliter omni nationi»: no ha hecho cosa igual con ninguna nación.

* En 1895 Junto con un nuevo texto para la Misa de la Fiesta -12 de diciembre- el Papa León XIII dirige al Episcopado y al pueblo de México una preciosa carta que, entre otras cosas dice: «con todo el amor de nuestro corazón, exhortamos por vuestro medio, a la nación mexicana a que mire siempre y conserve esta veneración y amor a la Divina Madre, como la gloria más insigne y fuente de los bienes más apreciables como es su Fe Católica -el tesoro más precioso- que corre el riesgo de perderse en estos tiempos. Persuádanse todos y estén hondamente convencidos que permanecerá esta Fe en toda su integridad, mientras mantengan esa piedad, como hicieron sus antepasados. Por tanto, procuren todos, con el mayor afecto, amarla y venerarla.»

* En 1966 En las palabras que pronunció el Papa Pablo VI al bendecir la Rosa de Oro antes de enviarla a México, destacó: «la ternura de la devoción mariana llena las páginas de la historia cristiana de vuestro país, dando fisonomía peculiar a las empresas patrias, a vuestra vida colectiva y social; penetra en la intimidad de los hogares y la vida personal de todos. En las horas de prueba y de dolor, los nombres de Cristo Rey y María de Guadalupe han templado la fibra católica de un pueblo que no ha retrocedido ante el heroísmo que compone la fidelidad al Evange­lio.» Paulo VI

CONFRONTEMOS NUESTRA VIDA:

Una vez que el Papa Pío XI había instituido la solemnidad litúrgica de Cristo Rey para la Iglesia Católica universal. El arzobispo Francisco Orozco y Jiménez, haciendo eco de la doctrina del Papa, mandó se consagraran las familias, los pueblos, las comunidades, a Cristo rey, colocando en la imágenes de Jesús un corona sobre la cabeza y un cetro a sus pies. El 31 de octubre de 1926 era la fecha para celebrar por primera vez en México la Fiesta de Cristo Rey. Nuestros antepasados, no pudieron celebrar tal fiesta debido al conflicto Iglesia estado. Ante esta falta de libertad, el pueblo católico se rebeló para exigir sus derechos. Centenares dieron su vida, por ganarnos la libertad para proclamar el poderío espiritual de Cristo Rey, y Santa María de Guadalupe.

¿Cuáles son los signos de que hemos sido responsables de este legado espiritual?, ¿seguimos viviendo con fervor el evangelio de Cristo, y acogiéndonos a la especial intercesión de la Santísima virgen de Guadalupe?. ¿Qué antivalores en nuestra persona, familia y sociedad han hecho decrecer el reinado de Cristo y María?.

RESPUESTA PERSONAL:

Esta doctrina del Reinado de Cristo y María Santísima, fue defendida por nuestros mártires. Cada uno de nosotros preguntémonos. ¿Cuáles son los espacios donde estamos comprometidos a hacer que viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe?. ¿Cuáles son los deberes del ciudadano católico para con el estado, y para con Dios? ¿Cómo puede y debe combinar estos dos tipos de deberes?.

ENCUENTRO CON DIOS:

Se presentan a continuación dos oraciones, pueden leerse a dos coros, o por un lector solo. Estas nos recuerdan la naturaleza del reinado de Jesús y de María.

Oración a Cristo Rey. 

¡Oh Cristo Jesús! Os reconozco por Rey universal. Todo lo que ha sido hecho, ha sido creado para Vos. Ejerced sobre mí todos vuestros derechos.

Renuevo mis promesas del Bautismo, renunciando a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y prometo vivir como buen cristiano. Y muy en particular me comprometo a hacer triunfar, según mis medios, los derechos de Dios y de vuestra Iglesia. 

¡Divino Corazón de Jesús! Os ofrezco mis pobres acciones para que todos los corazones reconozcan vuestra Sagrada Realeza, y que así el reinado de vuestra paz se establezca en el Universo entero. Amén.

Oración a Nuestra Señora de Guadalupe del Papa Juan Pablo II

¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia!

Tú, que desde este lugar manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.

Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos en este día todo nuestro ser y todo nuestro amor.

Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.

Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y Madre nuestra.

Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa. Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos por todos los Obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.

Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorgue abundantes vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe, y celosos dispensadores de los misterios de Dios.

Concede a nuestros hogares la gracia de amar y de respetar la vida que comienza, con el mismo amor con el que concebiste en tu seno la vida del Hijo de Dios. Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias, para que estén siempre muy unidas, y bendice la educación de nuestros hijos.

Esperanza nuestra, míranos con compasión, enséñanos a ir continuamente a Jesús y, si caemos, ayúdanos a levantarnos, a volver e El, mediante la confesión de nuestras culpas y pecados en el Sacramento de la Penitencia, que trae sosiego al alma. Te suplicamos que nos concedas un amor muy grande a todos los santos Sacramentos, que son como las huellas que tu Hijo nos dejó en la tierra. Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia, con nuestros corazones libres de mal y de odios podremos llevar a todos la verdadera alegría y la verdadera paz, que vienen de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que con Dios Padre y con el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos, Amén.

Su Santidad Juan Pablo II

México, enero de 1979.

EVALUEMOS:

(Por ser día último de nuestros temas, podemos dar opiniones más globales, sobre toda la semana y sería interesante recopilar las opiniones por escrito, aquellas que sirvan al equipo diocesano de evangelización y catequesis, en cuanto a contenidos, y aquellas que ayuden al equipo parroquial, responsable de llevar a cabo la dinámica de la exposición de los temas)

¿Qué fue lo que más te gustó de este(os) tema(s)?

¿Qué aspectos habrá que mejorar?

¿Qué sugieres para la Celebración final?