Hoy Miércoles, 07 de enero de 2009 | 11:03

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Retiro para Catequistas

CUARESMA-PASCUA 2006

CONVERSIÓN Y SEGUIMIENTO DE CRISTO,
GUIADOS POR SANTA MARÍA DE GUADALUPE

OBJETIVO:

Retomar nuestro proceso de conversión como catequistas, para consolidar nuestro seguimiento a Cristo, como discípulos y profetas del verdadero Dios por quien se vive, al estilo de Santa María de Guadalupe.

Ambientación:

Música de fondo (suave) como preparación antes de que se diga algo.

1. Motivación: En este retiro queremos lograr

- Clarificar en nuestra mente y corazón “lo que significa, y lo que implica una verdadera conversión”

- Comprometernos a empezar hoy y continuar toda la vida, en clave de “salvación”.

- Descubrir los problemas del apóstol, que nos impiden vivir el seguimiento de Cristo.

2. Integración y ambientación: Hacer frases del Mensaje Guadalupano en dos partes, para que se busquen en parejas quienes coincidan y completen la frase, y en un minuto dialogar, qué me dice esta frase, a qué me invita, igual por parejas. Y al grito de ¡Viva Cristo Rey! (del coordinador), todos contestan “Y Santa María de Guadalupe” y comenzamos todos a pasar a nuestros lugares cantando: “Desde el cielo una hermosa...

 Frases: “Sabe y ten entendido, que yo soy la Siempre Virgen María” “Yo soy la Madre del verdadero Dios, por quien se vive” “Deseo vivamente, que se me erija aquí un templo” “Para en él mostrar todo mi amor, compasión auxilio y defensa” “ Pues yo soy, vuestra piadosa madre” “Ve al Obispo de México y le dirás como yo te envío” “Ten por seguro que lo agradeceré bien, y lo pagaré”

3. Monición inicial

Hermanos catequistas, nos hemos reunido para hacer una pausa en nuestro caminar, guiados por la acción del Espíritu Santo.

La cuaresma es una oportunidad para mirarnos con humildad y descubrirnos necesitados de conversión; en esta ocasión tendremos que preguntarnos y reflexionar más concretamente: cómo hemos vivido nuestro seguimiento a Cristo; hasta dónde llega nuestro compromiso; conscientes de que nuestros mártires laicos (recientemente beatificados) son un impulso que nos compromete a darlo todo.

Además, en el contexto eclesial de México, queremos seguir el ejemplo admirable de Nuestra Madre Santísima de Guadalupe, que se acerca tiernamente a nosotros, y nos ofrece el amor incondicional de una madre, la seguridad y protección de un hogar espiritual que es su regazo, y el remedio en las necesidades de cada uno de sus pequeños, nosotros sus hijos. Ella, la Madre del verdadero Dios por quien se vive, modelo de discípula y profeta de nuestra tierra, nos enseña a contemplar al Hijo amado del Padre y a servirle con alegría.

4. SALGAMOS AL ENCUENTRO:

En ambiente de oración, recibimos a la Palabra de Dios en forma procesional y se lee solemnemente:

Lectura bíblica Marcos 1, 14-20

5. PROFUNDICEMOS EL ENCUENTRO:

* NOTA: Se sugiere que se agrupe a los catequistas en 3 bloques y cada uno de ellos tomen sólo una de las siguientes reflexiones, con su respectiva cita. Reflexionar y compartir en grupos y después que pasen tres de cada bloque a compartir alguna resonancia a manera de plenario.

a) Primer subgrupo: Reflexión del Predicador del Papa sobre la conversión

¡Convertíos y creed en el Evangelio!

“Después de que Juan fue arrestado, Jesús se acercó a Galilea predicando el Evangelio de Dios y decía: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva».

Debemos eliminar inmediatamente los prejuicios. Primero: la conversión no se refiere sólo a los no creyentes, o a aquellos que se declaran «ateos»; todos indistintamente tenemos necesidad de convertirnos; segundo: la conversión, entendida en sentido genuinamente evangélico, no es sinónimo de renuncia, esfuerzo y tristeza, sino de libertad y de alegría; no es un estado regresivo, sino progresivo.

Antes de Jesús, convertirse significaba siempre un «volver atrás» (el término hebreo, shub, significa invertir el rumbo, regresar sobre los propios pasos). Indicaba el acto de quien, en cierto punto de la vida, se percata de estar «fuera del camino»; entonces se detiene, hace un replanteamiento; decide cambiar de actitud y regresar a la observancia de la ley y volver a entrar en la alianza con Dios. Hace un verdadero cambio de sentido, un «giro en U». La conversión, en este caso, tienen un significado moral; consiste en cambiar las costumbres, en reformar la propia vida.

En labios de Jesús, este significado cambia: Convertirse ya no quiere decir volver atrás, a la antigua alianza y a la observancia de la ley, sino que significa más bien dar un salto adelante y entrar en el Reino, aferrar la salvación que ha venido a los hombres gratuitamente, por libre y soberana iniciativa de Dios.

Conversión y salvación se han intercambiado de lugar. Ya no está, como lo primero, la conversión por parte del hombre y por lo tanto la salvación como recompensa de parte de Dios; sino que está primero la salvación, como ofrecimiento generoso y gratuito de Dios, y después la conversión como respuesta del hombre. En esto consiste el «alegre anuncio», el carácter gozoso de la conversión evangélica. Dios no espera que el hombre dé el primer paso, que cambie de vida, que haga obras buenas, casi que la salvación sea la recompensa debida a sus esfuerzos. No; antes está la gracia, la iniciativa de Dios. En esto, el cristianismo se distingue de cualquier otra religión: no empieza predicando el deber, sino el don; no comienza con la ley, sino con la gracia.

«Convertíos y creed»: esta frase no significa por lo tanto dos cosas distintas y sucesivas, sino la misma acción fundamental: ¡Convertíos, esto es, creed! ¡Convertíos creyendo! La fe es la puerta por la que se entra en el Reino. Si se hubiera dicho: la puerta es la inocencia, la puerta es la observancia exacta de todos los mandamientos, la puerta es la paciencia, la pureza, uno podría decir: no es para mí; yo no soy inocente, carezco de tal o cual virtud. Pero se te dice: la puerta es la fe. A nadie le es imposible creer, porque Dios nos ha creado libres e inteligentes precisamente para hacernos posible el acto de fe en Él.

La fe tiene distintas caras: está la fe-asentimiento del intelecto, la fe-confianza. En nuestro caso se trata de una fe-apropiación. O sea, de un acto por el que uno se apropia, casi por prepotencia, de algo. San Bernardo hasta utiliza el verbo usurpar: «¡Yo, lo que no puedo obtener por mí mismo lo usurpo del costado de Cristo!».

«Convertirse y creer» significa hacer propiamente un tipo de acción repentina e ingeniosa. Con ella, antes aún de habernos fatigado y adquirido méritos, conseguimos la salvación, nos apropiamos incluso de un «reino». Y es Dios mismo quien nos invita a hacerlo; le encanta ver este ingenio, y es el primero en sorprenderse de que «tan pocos lo realicen».

«¡Convertíos!» no es, como se ve, una amenaza, una cosa que ponga triste y obligue a caminar con la cabeza agachada y por ello a tardar lo más posible. Al contrario, es una oferta increíble, una invitación a la libertad y a la alegría. Es la «buena noticia» de Jesús a los hombres de todos los tiempos.

b) Segundo subgrupo: Reflexión sobre las tentaciones que influyen en nuestras actividades como apóstoles (de Segundo Galilea)

Preocupación por actuar más que por ser. Pensar que el apostolado consiste en hacer muchas cosas y no en primer lugar en hacer lo que Dios quiere. Hacer lo que Dios quiere supone un “Ser” apostólico y un “estar” enraizado en la verdadera misión. No hay que remplazar la pobreza de nuestro ser con la multiplicación de palabras, de discursos y actividades. Por lo tanto, el apóstol tiene que dedicar momentos a la contemplación, a la oración, de lo contrario no puede “ser”. La actividad no es la medida del apostolado, el ser muy trabajador no es medida ni del amor, ni del compromiso.

El mesianismo. El mesías-apóstol, es aquel que se cree indispensable en todo. Que centra en si cualquier actividad. Esto viene como una actitud inconsciente que va influyendo en nuestra vida. Todos pensamos que delegamos, que somos muy abiertos a otras ideas, etc. Y llega el momento de que en cierta edad, uno no confía en nadie. Cuesta mucho delegar cosas. Es la tendencia a pensar que uno es el piloto y Dios es el copiloto, “ayudante”.

Siendo real que el apostolado es al revés: es la acción de Cristo en la cual yo colaboro ciento por ciento, pero en otra dimensión, en la función de “siervo inútil”.

No ir al ritmo de Dios. El ritmo de Dios es un ritmo que no se sobrepone a la naturaleza o a la historia; es el ritmo de las personas.

Si uno estudia la historia de la salvación, la historia del cambio, de la toma de conciencia del cristianismo, ésta se realiza con ritmos que siguen la naturaleza del hombre. Este ritmo nosotros muchas veces no lo respetamos. El apresuramiento surge del choque entre la realidad y los ideales. Y este choque puede determinar una frustración. Si nosotros queremos ir más rápido que Dios, podemos reventar a una persona, podemos quemarla para siempre. En el fondo es una actitud que viene de trabajar para uno mismo.

No consultar ni escuchar. Esto es grave en especial para quien tiene algún cargo de autoridad, porque tiene el peligro de dejar las decisiones en manos de muy pocos. Como si el Espíritu estuviera en manos de una sola persona, o en un grupo solamente.

Escuchar” no significa atender a muchas personas en el día, oír a todo el mundo y no escuchar a nadie; sino de integrar todo lo bueno en su pensamiento y decisiones, venga de donde venga.

Perder el sentido de las personas. Cuanto más se organiza y se hace ciencia la Pastoral, se va perdiendo el sentido de las personas. Partir de ideas, de estructuras y no de personas. A veces hay agentes tan ocupados en lo que tienen que hacer y organizar para las personas que ya no tienen tiempo de tener contacto con ellas. No se parte de las personas con sus situaciones muy concretas, con su realidad. Se da doctrina o se dan orientaciones desconectadas de la realidad, eso es ineficaz apostólicamente.

La envidia pastoral. Se expresa en todo aquello que sale de lo ordinario. Porque es un poco creador o nuevo, o porque ha sido promovido por alguien que se sale del sistema tradicional, tiende a ser criticado. Son escasas las personas que acogen al nuevo con una forma francamente positiva. Todo lo sobresaliente se tiende a aplanar a la altura de los demás. Entonces vienen las interpretaciones más o menos ambiguas, o los cinismos. Es notorio cómo todos nos defendemos de lo sobresaliente mediante el cinismo, que hace sospechosas las iniciativas.

La improvisación. No estar reflexionando y pensando lo que estamos haciendo por Cristo. Por lo regular no se preparan próxima las catequesis, lo que vamos a hacer o en lo que vamos a intervenir. Pero sobre todo no hay una preparación remota, saber dónde vamos, saber lo que estamos haciendo, evaluar, y evitar la improvisación. La pastoral supone una permanente revisión de vida personal y funcional y depende de ella la fidelidad a la misión apostólica.

c) Tercer subgrupo: La Espiritualidad del Seguimiento:

Este es uno de los temas centrales de la vida y espiritualidad cristiana, porque incluye otros temas como la liberación, la opción por los pobres, la oración, la cruz, la pobreza, etc.

Este tema es un tema bíblico, teológico, espiritual y pastoral a la vez. En una compleja trama va urdiendo los hilos que dan vida al cristianismo. En palabras de Segundo Galilea, el seguimiento de Jesús es “la noción que nos lleva a la raíz del cristianismo, y debería estar en la base de los movimientos de renovación espiritual”.

El seguimiento es la esencia de la vida cristiana, de la conversión. El seguimiento pone en crisis, rompe con la estabilidad. Es un itinerario lleno de sorpresas, cuestionamientos y decisiones. Es un proyecto de vida, una situación de vida. Y la crisis es camino de madurez, plenitud y liberación.

Es por ello que toda reflexión cristiana, desde cualquier ángulo, debe abordar necesariamente esta categoría del “seguimiento de Jesús”.

LA PALABRA “SEGUIMIENTO”:

En el NT los vocablos que pertenecen al área conceptual del seguimiento se refieren ante todo a la relación respecto a Jesús. Akolouqew = designa la acción del hombre, con la que él responde al llamamiento de Jesús. Akoloutheo significa hacer un camino con alguien, acompañar, ir detrás de, ir en pos de, seguir.

Definitivamente esta categoría no tiene nada que ver con “imitar”, que es calcar un modelo. Esto es mecánico, fundamentalista. Más bien el término bíblico habla de “seguir”, que es asumir un destino, caminar con... En palabras de Jhon Sobrino, “Jesús debe ser seguido, proseguido, actualizado en la historia, no imitado”