Hoy Miércoles, 07 de enero de 2009 | 09:49

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12 de Diciembre

“Nuestra Señora
de Guadalupe, Madre
y Evangelizadora
de América”

Bienvenida y canto inicial.­

Ubicación.- Santa María de Guadalupe inicia, desde el Tepeyac, un nuevo estilo evangelizador y misionero, por voluntad de Dios, y nos va preparando para culminar el Plan Divino de nuestra salvación.

Hoy es el día feliz de América, y en especial, de México, porque celebra­mos, como un memorial al estilo de la Pascua Hebrea y cristiana, la conmemoración-actualización de la Gran Alianza que hizo Dios con todos nuestros pueblos, en este enorme Continente Americano. Desde la cuarta visita a México hecha por el Papa Juan Pablo II en unión con los obispos de América, celebramos a Santa María de Guadalupe como Madre Evange­lizadora de América. Como dice el Documento del Sínodo de los obispos de América: La Iglesia en América: “Ella es invocada como Patrona de toda América y Estrella de la primera y nueva evangelización” (E. In A. #11)

María, a través de todo el Acontecimiento Guada­lupano iniciado en 1531, nos evangeliza, nos hace casa, nos atiende de una manera especial en el Tepeyac y nos ayuda a obedecer el mandato misionero de Cristo para anunciar a todas partes la Buena Noticia del Reino presente ya entre nosotros. Ella, que transformó la historia de América y la seguirá encauzando, nos ayudará a cons­truir la Civilización del amor, la justicia y la paz que todos deseamos.

Vamos a terminar este Docenario de días -y de meses- con la misma esperanza que el Papa nos expresa en el mismo Documento que nos entregó a toda Amé­rica: “Abrigo en mi corazón la firme esperanza de los primeros discípulos (Jn. 2,11); que María guíe con su intercesión maternal, a la Iglesia en este Continente, alcanzándole la efusión del Espíritu Santo como en la Iglesia naciente (Hech. 1, 1 4) para que la nueva evangelización produzca un espléndido florecimiento de vida cristiana”.

Invitamos este día al Apóstol San Juan evangelista, que nos dejó páginas emocionantes en su evangelio; el que cuidó y acompañó a María varios años por encargo del Señor Jesús, el profeta del Nuevo Testamento que nos dejó el Apocalipsis en donde nos dio a conocer la Gran Señal de la Mujer-María, que está envuelta por la luz del sol y nos trae a Cristo a América. Esta descripción nos ayudará en alguna de las consideraciones de este día. (A San Juan lo celebramos el 27 de diciembre.)

Que nuestra oración de hoy se una a la de todos los creyentes devotos de Santa María de Guadalupe que la celebramos en tantas partes del mundo para agradecerle tantos favores recibidos y para pedirle que nos ayude a vivir con más fidelidad este milenio.

Puntos para meditar o Rosario del día

Primera consideración

El Acontecimiento Guadalupano es un hecho iniciado y realizado por Dios, de manera sorprendente, a través de la participación amorosa de María de Guadalupe. (N.M. 137 -142; 179-184 y 217 -218)

Dice el apóstol Santiago que “toda dadiva buena, todo regalo perfecto viene del Padre de las Luces. . . (St. 1, 17). Esto lo comprobamos de manera excepcional en las Apariciones, diálo­gos, acciones que la Virgen realiza desde el Tepeyac y en las casas del obispo y de Juan Diego para bien de todos nosotros. Con su actitud tan materna, comprensiva y cariñosa, María nos dejó un profundo mensaje de amor solidario, de piedad, de apoyo y de tantas cosas más que nos invitan a ver al Dios-Todo-Amor junto a Ella para decimos: Los amo, estoy con ustedes, me interesan... El nos mandó para que pudiéramos entender que quiere darnos su Reino, que nos ama como lo hacen las madres...los amigos, los verdaderos padres.

Repasemos estas vivencias en el corazón y agradezcamos tantos signos de estos increíbles amores...

Segunda consideración

Dios le puso casa a Santa María de Guadalupe en el Tepeyac para que allí nos atendiera de una manera muy especial (N.M. 26-32; 119; 180-184).

Dios, en su providencia divina, quiso iniciar la evangelización de América con el apoyo claro y definitivo de María. La conquista española había hecho estragos y la evangelización era lentísima; sin el apoyo de María hubiera seguido igual. La estrategia divina fue acercarse por medio de María con todo su calor maternal, su cariño y comprensión y así estableció su Reinado de solidaridad, piedad, amor tierno y servicial y para dar todo su amor, compasión, auxilio y defensa como se lo dijo y expresó maternal­mente a Juan Diego (N.M. 28). Contem­plemos a María y dejémonos llevar por el agradecimiento por el gran amor que de tantas maneras nos ha ofrecido y regalado.

Tercera consideración

María de Guadalupe es la Gran Señal de la mujer del Apocalipsis que anuncia el triunfo del Señor Jesús (Apoc. 12, 1-2).

Como en los grandes misterios de nuestra fe en que Dios anuncia con anticipación lo que vendrá para que las personas entendamos que El lleva la historia a pesar de nuestros pecados y cobardías, así lo ha hecho en México a través del Gran Acontecimiento Guadalupano. Contemplemos la imagen Guadalupana y veamos cómo coincide con la descripción del evangelista San Juan. Pero no solamente es la imagen, son las circunstancias, los elementos previos en el mundo de los indígenas, el mensaje y su presencia en el Tepeyac los que están confirmando que esta verdad está en acción mientras esperamos la segunda venida de Nuestro Salvador Jesucristo, como decimos en la Misa. Por estas razones Dios puso su poder unificador al servicio del triunfo definitivo del Señor Jesús. Demos gracias por este Gran Acontecimiento tan definitivo para toda la humanidad...

Cuarta consideración

Nosotros, como Juan Diego, Fray Juan de Zumárraga y todo el pueblo que fue testigo de este Gran Acontecimiento, seguimos aclaman­do a María como nuestra Verdadera Madre (N.M. 50, 185-190, 197 -218).

Las evidencias del amor que nuestro pueblo tiene a María están patentes por todo el territorio nacional: cuadros, imágenes, posters y mil cosas más recuerdan por todos lados la maternidad espiritual de María. Canciones, películas, videos, todo nos habla de la presencia amable y unificadora de María que nos ayuda a hacernos hermanos, a reconciliarnos, a hace un mundo nuevo como hicieron los testigos originales de este Gran Acontecimiento Divino, Mariano, humano. Igual que nuestros mayores en la fe a María de Guadalupe la saludamos de mil maneras, la reverencia­mos, le dedicamos arreglos florales, le danzamos en su honor. Somos felices con Ella teniéndola como Madre Buena, Generosa, Compasi­va, Solidaria, Servicial. Go­cemos estos momentos de devoción y aprendamos de Ella todas sus virtudes para imitarla y así glorificarla como verdaderos hijos suyos.

Quinta consideración

Santa María de Guadalupe nos envía hoy a evangelizar como lo hizo hace mucho con Juan Diego, Juan Bernardino y Fray Juan de Zumárraga y nos pide que hagamos todo lo que esté de nuestra parte para que se extienda el Reino del Señor (N.M. 33, 59-65; 70-73; 137-144; 192-193 y 198-211).

El Señor Jesús dedicó su ministerio a predicar y realizar el Reinado de Dios sobre todos. Todo su deseo ha sido que el Padre sea glorificado gracias a que todos sus hijos vayamos construyendo ese Reinado de amor, justicia, paz, solidaridad que Él nos enseñó a hacer. Que nosotros podamos vivir como hermanos es el gran deseo de Cristo nuestro Hermano Mayor. Y María no puede querer otra cosa sino lo que Dios quiere, es la Servidora de El y nos dice: “Hagan lo que Jesús les diga” (Jn. 2, 5). Ofrezcámosle nuestra colaboración y pidámosle que siempre seamos felices en la construcción de ese Reino querido por Dios.

Ella prometió quedarse con nosotros y para nosotros y lo sigue cumpliendo hasta hoy. Le dijo a Juan Diego: “Deseo que aquí me levanten mi casita sagrada... Porque allí les escuchare su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferencias penas, sus miserias, sus dolores...” (N.M. 26 y 23) Ella, la mejor y más perfecta madre de la tierra sigue cumpliendo su palabra. Agradezcá­mosle su inmenso amor y a Dios esta providen­cia suya con la que nos ha querido sanar y con­solar tan eficazmente.

Lecturas Bíblicas y comentarios.­

Deut. 10, 1-5; 2Cor. 5, 1-10; Jn. 20, 1-18; Mt. 28, 16, 20; Hech. 2, 29-47

Oración final.-

Puede ser el Magnificat, la oración misma de María (Lc 1, 45-55) o el Gloria de la Misa

Guía: ¡CON MARIA, NUES­TRA MADRE, VIVIMOS PLENAMENTE EL TERCER MILE­NIO!

Todos: ¡ELLA NOS ACOMPA­ÑARA A CONSTRUIR LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR!

Canto: Reina de la Nación.

Nota.- Es muy conveniente hacer una evaluación sobre todo el Docenario para que les quede claro qué les aportó, en qué crecieron y qué podrían seguir haciendo en adelante juntos como familia, grupo de amigos o vecinos, como asociación o Movimiento de la Iglesia. Les recomendaría que se reunieran todos los días 12 de cada mes para que no perdieran el fruto y siguieran siendo devotos y comprometidos hijos de Santa María de Guadalupe. Ella los ayude a vivir en fidelidad al Dios-Trinidad-Amor que Ella nos ha presentado con tanta elocuencia y eficacia desde el Tepeyac. Ella, Nuestra Estrella de la Evangelización, nos muestra a Jesús, el fruto Bendito de su vientre.

Con María, Nuestra Madre,

Construimos la Civilización del amor para todos.

“Este contexto de globalización, con todos los desafíos que implica para la Nación y para la Iglesia, nos ha abierto posibilidades nuevas en la comprensión del significado del acontecimiento Guadalupano de la beatificación de Juan Diego. Sentimos más imperiosa la necesidad de anunciar el Evangelio, salvaguardando la dignidad de las personas, la riqueza de las culturas y colaborando en la construcción de una cultura globalizada. El Papa Juan Pablo II nos ha hecho ver cómo Santa María de Guadalupe y el testimonio martirial de la Iglesia en México deben empeñarnos con mayor ánimo en la evangelización del Continente.” (90)

“La ‘Señora del cielo’ manifestó a Juan Diego el deseo de que se le construyera ‘una Casita’ en la que pudiera mostrarnos su amor y protección al darnos al Evangelio de Dios que llevó su seno, y acoger maternalmente tanto a los que ‘están cerca’ como a los que ‘están lejos’, para que todos seamos uno en Cristo. Este deseo expresa el misterio de la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu, que congrega a hombres y mujeres de toda raza, pueblo y Nación para alabar, celebrar y dar testimonio del Verbo de la Vida, y para responder al llamado permanente de construir desde la fe, la dignidad común en la diversidad de expresiones culturales.” (19 y 20)

“Sabemos que los mexicanos somos un pueblo que ama la vida y que tiene una admirable fe en la providencia de Dios, del que nunca ha renegado, y un profundo amor filial a Santa María de Guadalupe, cuya protección, tampoco ha dejado nunca de experimentar y agradecer. “ (92)

Fragmentos de la Carta Pastoral del Episcopado Mexicano, Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos, 25 de marzo de 2000.