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Hoy
Miércoles, 07 de enero de 2009 | 11:01
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LA VENERACION La santa es sepultada en el cementerio del propio monasterio. El 13 de junio de 1864, ante el obispo de Autun, Mons. Borgui y unos 200 sacerdotes, se saca del profundo hoyo la caja de nogal con los restos de la Venerable. Todos los huesos están secos y las carnes consumidas; sólo el cerebro está intacto, habiéndose resistido a la corrupción. Los restos se colocarían en el templo expiatorio del Sagrado Corazón en París. Y desde ahí se han difundido múltiples reliquias de sus ropas y objetos. Ahora los restos de la santa hacen un recorrido por nuestra patria. A nuestra diócesis, por petición de Mons. Javier Navarro, le dejaron disponible los días martes 20 y miércoles 21 de junio, dentro de la misma novena del Sagrado Corazón de Jesús, cuya fiesta este año cae el viernes 23 de junio. Las Reliquias de los cuerpos de los santos son testimonio de muchas verdades: - Ponen de relieve el dogma de la resurrección de los cuerpos, basada en la de Jesucristo. - El respeto debido al cuerpo, templo de Dios, aspecto visible de la persona humana, con la necesidad de penitencia, vigilancia de los sentidos y dominio de los impulsos desordenados. - El mérito sobrenatural del sufrimiento, inevitable en esta vida de desterrados. Ya desde los primeros cristianos se daban muestras de veneración a los restos de mártires. El «Martirio de Policarpo» (18,2-3) da testimonio de cómo recogen los huesos «como oro y piedras preciosas». Visitan los sepulcros y sobre ellos celebran su «natalicio» (aniversario de la muerte). De los mártires, se extiende a vírgenes, confesores, anacoretas, pastores. Y Dios ha concedido por su medio muchos beneficios, como abundaron testimonios en el II Concilio ecuménico de Nicea (887). Los israelitas, al salir de Egipto, llevaron consigo los huesos de José (Ex 13,19). Por el contacto con los huesos de Eliseo un muerto recobró la vida (2 Re 13,21). Eliseo obró milagros con el manto de Elías (2 Re 2,13-14). En Efeso se daban curaciones y liberaciones aplicando pañuelos de Pablo (Hch 19,12). Vigilancio acusó como idolatría la veneración de las reliquias. Varios Padres le respondieron, considerando que es un culto de veneración relativa, encaminado a la persona del mártir. Por ejemplo: San Jerónimo (Epístola 109,1; Contra Vigilio 4-5); Teodoreto de Ciro (Curación de afectos de los griegos 8); San Juan Damasceno (Fe ortodoxa 4,15). Santo Tomás sintetizó y desarrolló esta doctrina (STh 3,25,6). Y el Concilio de Trento la reafirma, contra Lutero y los reformadores (Dz 985; cf. 998, 440, 304). La razón para venerarlos es que los cuerpos de los santos fueron miembros vivos de Cristo y templos del Espíritu Santo, que un día resucitarán, pues han sido redimidos por Cristo y en El serán glorificados. El culto que les tributamos no es a los huesos áridos o restos secos en sí mismos, sino a la persona misma de Santa Margarita María, de quien fueron miembros, y colaboraron en el ejercicio de su fidelidad a Cristo. Nos motiva a una imitación en el seguimiento del Señor, y nos beneficia de su intercesión fraterna. Por eso desde Francia nos hacen las siguientes indicaciones en la visita de los Restos de Santa Margarita María: «Es importante estar unidos trabajando por el Reinado del Corazón de Jesús en México, con espíritu de oración, humildad y obediencia». Y piden catequesis sobre lo que significa en la Iglesia de hoy la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. La veneración de las reliquias de la mensajera del Corazón de Jesús se orienta más bien a la aceptación del amor de Dios, y a su vivencia enmedio de un mundo individualista, egoísta y materializado.
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