![]() |
![]() |
![]() |
|
|
Hoy
Miércoles, 07 de enero de 2009 | 09:59
|
|||
![]() |
![]() |
|
|
|
|
REFLEXIONES 1. ENCICLICA El 25 de enero de 2006, el Papa Benedicto XVI dirige su primera Carta Encíclica a todos los cristianos «Deus caritas est» sobre el amor cristiano, con fecha del 25 de diciembre del año anterior. Tiene dos partes, con 42 números. Damos una descripción, seleccionando algunas frases o párrafos claves. Entre paréntesis señalamos los números del documento en los cuales aparece la idea. INTRODUCCION (1). El corazón del cristianismo y su camino es esta verdad: Dios nos ama. Importante esta convicción frente a un mundo violento que se justifica en un Dios vengador. PRIMERA PARTE: LA UNIDAD DEL AMOR EN LA CREACION Y EN LA HISTORIA DE LA SALVACION (El amor que Dios ofrece al hombre, y su relación con el amor humano). Un problema de lenguaje (2): Se habla de amor a la patria, al trabajo, de amigos, paternal, fraterno, al prójimo, a Dios. El arquetipo es el amor conyugal. Eros, ágape, diferencia y unidad. Hay tres estadios de amor (7): - Eros (amor mundano): ascendente, posesivo, de concupiscencia. - Philia (amor de amistad). - Agape (amor basado en la fe): descendiente, oblativo, de benevolencia. En la Escritura (3): - Eros aparece 2 veces en el Antiguo Testamento, ninguna en el Nuevo. - Juan llama philia al amor entre Jesús y sus discípulos. - El Agape es el del grano que muere (Jn 12,25). ¿El cristianismo envenenó al Eros con sus prohibiciones, convirtiéndolo en vicio? El Eros es un arrobamiento irracional que se impone, un exceso sin disciplina en el orden sensual. Se degrada en culto a la fertilidad, prostitución sagrada, orgías, compraventa del cuerpo y placer, explotándolo de modo calculador (4,5). Necesita purificación y elevación, ascesis, renuncia, recuperación. Pues el amor promete infinitud y eternidad, exclusividad y definitividad (5,6). En el Cantar de los Cantares tiene dos niveles (6): - «dodim»: amores inseguros, en búsqueda. - «ahaba»: ansia del bien amado, definitivo, exclusivo, que abarca toda la existencia, para siempre, éxtasis del yo al tú. El Agape se inserta en el Eros inicial, son inseparables (7b). Se simboliza en la escala de Jacob: el Eros sube buscando a Dios, el Agape baja transmitiendo el Don. Conclusión (8): existe un único amor con dos dimensiones. El Agape eleva el Eros Novedad de la fe bíblica. Dios, único, poderoso, creador, no está encerrado en su perfección (Aristóteles), sino ama personalmente, con un Eros que es Agape (9,10), como aparece en Oseas y Ezequiel, que lo comparan con el matrimonio. Su amor apasionado por su pueblo es un amor que perdona. En la Cruz opone su amor a su justicia (10a). No un fundirse en el océano anónimo divino, sino una unidad que crea amor: siendo ellos mismos, se hacen un solo ser (1 Co 6,17) (10b). El hombre es un ser incompleto, en camino, que busca complemento (Platón; Gn 2,24). El Eros se enraiza en la naturaleza de Adán; lo orienta a Eva para formar la humanidad completa. A un único Dios corresponde un matrimonio monógamo (11). Jesucristo, el amor de Dios encarnado. Dios actúa dramáticamente en Jesucristo, buscando a la oveja perdida. Símbolo de ese amor es su corazón traspasado (Jn 19,37) (12). Perpetúa ese acto de entrega en la Eucaristía. Nos implicamos en la dinámica de entrega, participando de su ofrenda. La Eucaristía es la realidad de las nupcias entre Dios y su pueblo (13). Tiene carácter social (14): nos hacemos Cuerpo. El Agape de Dios nos llega corporalmente para seguir actuando en nosotros y por nosotros. Se complementan la fe, el culto y la caridad. Cristo da amor, y luego lo manda. Comunión significa amar y ser amado. Prójimo no es sólo el conciudadano, sino cualquiera que tiene necesidad de ayuda en concreto (15). El amor será el criterio definitivo de valoración de la vida humana (Mt 25,40). Amor a Dios y amor al prójimo (16). ¿Podemos amar a Dios a quien no vemos? Se hizo visible en Jesús, dejó su presencia en la Iglesia y en los pobres. El amor al prójimo es un camino para encontrar a Dios (17a). ¿Se puede mandar el amor, si es un sentimiento? Los sentimientos van y vienen, son chispa inicial. El amor requiere unir sentimiento, voluntad y entendimiento, siempre en camino de maduración, hasta hacerse uno. No se diga en relación con Dios (17b). Amando como Jesús y porque Jesús ama, no nos quedamos en exterioridades, organizaciones o estrategias interesadas, sino ofrecemos la mirada de amor, gracias al encuentro eucarístico con Cristo (18). No es un mandamiento externo, sino una experiencia interior de amor que crece, se comunica a otros y forma el nosotros. SEGUNDA PARTE: «CARITAS», EL EJERCICIO DEL AMOR POR PARTE DE LA IGLESIA COMO «COMUNIDAD DE AMOR» (Cómo cumplir de manera eclesial renovada las exigencias del amor). Caridad de la Iglesia, manifestación del amor trinitario. «Ves la Trinidad se ves el amor» (San Agustín). Cristo entregó el Espíritu (Jn 19,30) que armonice nuestro corazón con el suyo, y transforme a la comunidad para que sea testiga del amor del Padre que en su Hijo quiere una sola familia. Por amor evangeliza mediante la Palabra y los sacramentos, y promueve el servicio de la caridad en los diversos ámbitos humanos (19). Caridad, tarea de la Iglesia. La caridad es tarea de cada fiel y de toda la comunidad: local, particular y universal. Necesita una organización como presupuesto para un servicio comunitario ordenado (20). Los Siete (Hch 6,5-6) ejercen el servicio de las mesas, tanto social como espiritual (21). La Palabra, los sacramentos y la caridad son los tres ámbitos esenciales de la actividad de la Iglesia (22). Las diaconías (23): - En el siglo IV la estructura monástica es responsable de toda la actividad asistencial (Egipto). - Se va formando una corporación jurídica y civil, con presupuesto en grano para la distribución (siglos IV-VI). - Es parte de la organización diocesana, tanto en oriente como en occidente: Nápoles (con Gregorio Magno), Roma (documentación del siglo VII-VIII) como San Lorenzo (+258). Juliano el apóstata (+363), para no perder el sistema de caridad de la Iglesia, dotó a su paganismo de los «Galileos» (24). Conclusiones (25): - La caridad no es optativa o ajena, sino pertenece a la naturaleza de la Iglesia. - En la Iglesia, familia de Dios, no debe haber nadie que sufra carencias, y se proyecta a todos (Ga 6,10). Justicia y caridad ¿La caridad hace que los ricos acallen su conciencia por eludir la justicia y despojar al pobre de sus derechos? Un orden justo debe garantizar a cada uno su parte de bienes comunes, respetando el principio de subsidiaridad (26). En el siglo XIX, el poder del capital en manos de pocos privó a las masas obreras. La Iglesia respondió, lentamente: por ejemplo, Ketteler, obispo de Maguncia (+1877); círculos, asociaciones, federaciones; congregaciones religiosas; encíclicas (Rerum novarum en 1891; Quadragessimo anno en 1931) (27). La globalización de la economía desvaneció la solución marxista de la revolución y la colectivización de los medios de producción (28). Hay dos situaciones (28): a) El orden justo es tarea de la política. La justicia es el objeto, origen y meta de sus ordenamientos. La Iglesia contribuye con su reflexión, desde la razón y el derecho natural, para ver sus exigencias éticas y despertar las fuerzas espirituales. b) Se necesita el amor aun en las sociedades más justas. Un Estado totalitario no responde; debe coordinar las fuerzas sociales, una de las cuales es la Iglesia. El hombre no es sólo cuerpo. El deber inmediato recae en los laicos (acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural), en cooperación. La caridad anima toda su actividad: caridad social. De las organizaciones caritativas de la Iglesia ella es el sujeto directamente responsable. Las múltiples estructuras de servicio caritativo en el contexto social actual Situación del compromiso por la justicia (30): a) El acercamiento propiciado por los medios de comunicación exige nuevas formas de prestar ayuda humanitaria global. La solidaridad por organismos del Estado y asociaciones humanitarias (con subsidios y desgravaciones fiscales) superan lo individual. b) Exige nueva colaboración de las entidades eclesiales con las instituciones civiles, para mayor eficacia y animación cristiana. Por ejemplo, las formas de voluntariado. Son escuela de vida, que educa al don de sí, frente a la anticultura de la muerte. Tienen un mismo objetivo: ayudar a vivir dignamente, como imagen de Dios. El perfil específico de la actividad caritativa de la Iglesia No sea una organización más (31). a) Responde a una necesidad inmediata en una determinada situación (como el buen samaritano), poniendo recursos necesarios, personas comprometidas, con profesionalismo y continuidad. No sólo atención técnica, sino de corazón y que humanice. b) Al margen de estrategias de partidos e ideologías. Es la iniciativa comunitaria que ve con ojos de Jesús dónde hay necesidad de amor y actúa de corazón, con programación, previsión y colaboración. c) Gratuito, sin proselitismo ni utilización para otros objetivos. Refuerza la conciencia de que la ausencia de Dios está en la raíz más honda del sufrimiento. Son así testigos creíbles de Cristo. Los responsables de la acción caritativa de la Iglesia El Pontificio Consejo «Cor unum» (32) orienta y coordina las organizaciones y actividades caritativas promovidas por la Iglesia católica. Cada obispo, por su Ordenación, prometió optar por los pobres. Por derecho, debe coordinar la actividad de la Iglesia; la caridad es parte esencial de su misión originaria, al igual que la Palabra y los sacramentos (32). No inspirados en esquemas ideológicos, sino guiados por la fe que actúa mediante el amor. Cristo conquista con su amor los corazones, y despierta en ellos el amor al prójimo (33). Sintonizar con las otras organizaciones, respetando la fisonomía específica que Cristo pidió a sus discípulos (34). No adopta posición de superioridad, pues Cristo ocupó el último puesto. Ayudar no es mérito ni motivo de orgullo, sino gracia: somos pobres siervos (Lc 10,17). Ante el exceso de necesidades y lo limitado de la propia actuación, no nos desalentamos, pues somos meros instrumentos. Dios gobierna el mundo, no nosotros. Trabajamos lo que podemos y hasta donde El nos dé fuerzas (35). La experiencia de inmensa necesidad puede inclinarnos a la ideología de solucionar ahora todos los problemas (lo que no consigue el gobierno de Dios); o a la inercia porque no se puede hacer nada. El contacto con Cristo evita la soberbia que destruye, y la resignación que impide el amor. Un ejemplo lo tenemos en la beata Teresa de Calcuta (36). Ante el activismo y secularismo, la oración tiene gran importancia. No rezamos para cambiar los planes de Dios o corregir lo previsto, sino para pedir su presencia en sus acciones, y el consuelo del Espíritu. Abandonarse a su voluntad salva de la esclavitud a doctrinas fanáticas y terroristas, evita erigirnos en jueces de Dios. Si luchamos contra El, ¿quién nos defenderá en la impotencia? (37). Si comprendiéramos a Dios, no sería Dios. No lo desafiamos, ni le achacamos errores. Cristo en la Cruz afirma nuestra fe en su poder. Dios es Padre y nos ama, aunque no comprendamos su silencio (38). La esperanza se relaciona con la paciencia, que no desfallece ni ante el aparente fracaso, y con la humildad, que se fía en Dios aun en la oscuridad. La fe nos muestra a Dios, que es amor y nos da a su Hijo (39). CONCLUSION San Martín de Tours es icono de la caridad individual. El movimiento monástico, desde San Antonio abad, creó estructuras de acogida, hospitalidad y asistencia; iniciativas de promoción humana y formación. La historia de la Iglesia está llena de ejemplos de caridad: Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, Juan de Dios, Camilo de Lelis, Vicente de Paul, Luisa de Marillac, José B. Cotolengo, Juan Bosco, Luis Orione, Teresa de Calcuta. María, la Madre del Señor, es modelo de caridad (41). Por su servicio a Isabel, su disponibilidad al servicio del Señor sin ser el centro, su esperanza. Muestra su amor delicado en Caná. Respeta la nueva familia de Jesús, y aparece al pie de la Cruz en la hora de la Madre, y en Pentecostés. Los santos experimentan el amor inagotable, son testimonio de gratitud, reconociendo el amor puro que no se busca a sí mismo (42). 2. «CARITAS» La caridad, distintivo cristiano. Cristo vino a manifestarnos el amor infinito que Dios nos tiene. En efecto, Dios nuestro Padre, para redimirnos, envió a su Hijo, quien «siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza» (2 Co 8,9). La pobreza fue para Jesús uno de los signos mesiánicos, y para nosotros es signo de autenticidad evangélica. La Iglesia, Cuerpo de Cristo, es testigo y testimonio de ese amor de caridad y de la opción por una vida pobre según el Evangelio. Los cristianos, sus miembros, debemos ser expresión viva del amor fraterno hacia los necesitados, viviendo sobriamente y compartiendo lo que somos, lo que tenemos, lo que sabemos y lo que podemos.. Precisamente el mandamiento nuevo de Jesús fue el amor: «En ésto reconocerán que ustedes son mis discípulos: en que se aman unos a otros» (Jn 13,34). El cristianismo aparece como verdadero en la medida en que vivimos la caridad. El gran testimonio de las primeras comunidades cristianas era: «Miren cuánto se aman». Y debe seguir siendo nuestra característica. Dios ama a través de nosotros. Si no damos testimonio de nuestra caridad, entonces el mundo no recibe a Cristo. Llegamos a Cristo en los pobres; socorremos a Cristo en el hermano, siendo solidarios. Una parroquia sin testimonio de caridad sería la negación de la eficacia del Espíritu Santo. Una pastoral sin caridad de obras sería una mera publicidad de ideas religiosas. Sólo cuando los neo-paganos vean nuestras buenas obras, podrán glorificar al Padre. Cáritas no es una asociación u organización más. Es la comunidad cristiana misma en su acción de caridad. No actúa en nombre propio, sino de la parroquia. Cáritas no acapara toda la acción caritativa y promocional. Pretende animar, coordinar y mejorar las iniciativas de ayuda mutua y promoción humana. Cáritas es un organismo oficial de la Iglesia católica, cuyo propósito es fomentar, desarrollar y facilitar el espíritu del compartir mediante la comunicación de bienes (materiales, morales, espirituales, económicos, culturales) y servicios entre los más necesitados, con opción preferencial a los más pobres. Actualidad de la caridad: Nos falta aún mucho para ir construyendo una comunidad cristiana que ofrezca un testimonio creíble de caridad evangélica. Lo más importante de un pueblo es su espíritu. Con él puede cambiar el mundo, usando adecuadamente sus capacidades, no dejándose ahogar por el materialismo ni el egoísmo. El materialismo invierte nuestra escala de valores. Hace de la riqueza, la fama, el poder o la sensualidad lo más importante, relegando a segundo plano valores como la fe, la familia, o el amor al prójimo. El egoísmo nos hace actuar como centro del universo al servicio de sí mismo, ignorando a los demás, o utilizándolos y explotándolos en beneficio propio. La justicia social es más bien un eslogan publicitario y demagógico, que una necesidad sentida por la cual comprometerse. Los líderes, sea elegidos, sea impuestos, buscan su interés, su imagen, sus bienes, antes que el bien social, muchas veces abusando de su posición. No se brinda a todos la posibilidad de superarse integralmente. Lo más doloroso en la Iglesia es la masa de cristianos vergonzantes. No se animan a dar testimonio de Cristo en la vida social, económica y política. Se contentan con vivir su cristianismo a puerta cerrada y con grupos afines. No tienen conciencia de su responsabilidad de compartir y de comunicar sus bienes a los demás, de acuerdo con sus capacidades. Las comunidades cristianas parecen agonizar. Vidas intrascendentes, incapaces de comunicar ni de darse. Vidas estériles que no han saboreado la superación del su propio egoísmo, para entregarse con plenitud a sus semejantes, a través de los talentos recibidos, proyectando sus obras a la eternidad. El Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, en la Encíclica «Novo millennio ineunte», nos invitó a «apostar» por la caridad, en un amor concreto y activo hacia cada ser humano. Anuncia la hora de una «nueva imaginación de la caridad», para responder, con una entrega sin miedo, a las nuevas pobrezas. Que nuestras comunidades sean «la casa y la escuela de la comunión». El mundo actual es muy complejo. La injusticia se agrava. La globalización se generaliza, dejando muchos marginados y desplazados. Hay crisis de valores e identidad, corrupción y violencia. Se ha quiebrado el valor mismo del ser humano por tanta confusión respecto al sexo, la vida, la familia, la mujer. Hay crisis del gobierno político del mundo. No se trata sólo de dar ayudas que solucionan el problema por una semana, pero que crean dependencia, no promueven su desarrollo ni los hacen protagonistas. Las falsificaciones de la caridad la han desacreditado. No es pasatiempo de ociosos; ni proselitismo calculado; ni simple remedio sin atender a las causas; ni diploma de buena conciencia para los cómplices de injusticias; ni acción aislada entre benefactores y asistidos. Toda empresa busca acciones de ascenso y promoción. También nuestra respuesta a las necesidades requiere un perfeccionamiento técnico y organizativo. Sólo así podremos dar conjunción, armonía y eficacia a nuestros servicios. A la caridad de la Iglesia debemos imprimirle sentido empresarial. La eficacia es el corolario legítimo de cualquier esfuerzo. Es necesario convertir en éxitos de eficiencia la mística del Nuevo Testamento: «El primero y mayor mandamiento es éste: Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas; el segundo es semejante a éste: amarás a tu prójimo como a tí mismo» (Mt 22,36-39). «Les doy un mandamiento nuevo: ámense unos a otros como Yo los he amado» (Jn 13,34). Deben emprenderse servicios y obras que se puedan proyectar en beneficio de las familias y de los individuos, haciéndolos descubrir sus propias aptitudes, posibilidades y capacidades para resolver sus propios problemas. Por tanto, se debe evitar los siguientes peligros: - Paternalismo: promoción de arriba hacia abajo, que crea dependencia e infantilismo. - Simple «mejoramiento», que no cambia el sistema y sólo hace proyectos que nunca se realizan. - Humanismo ingenuo: realza la dignidad humana, pero ignorando el problema de estructuras. - El estructuralismo, que se olvida de la importancia de la persona humana. - El fanatismo social que promueve enfrentamientos y es fácilmente secularizable. Debe trabajar en la promoción material, cultural y espiritual. Cáritas es un camino a recorrer, no una meta. Un proceso, no una serie de proyectos. Una utopía que vamos haciendo posible con nuestras acciones.
DATOS HISTORICOS Orígenes: Los orígenes de Cáritas se remontan al inicio mismo del cristianismo, cuando Jesús instaba a amar al prójimo como a sí mismo, y a poner en común todo cuanto poseían. También, en la práctica de la Iglesia apostólica, donde «la comunidad de creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. No llamaban propia a ninguna de sus posesiones, antes bien, todo lo ponían en común» (Hch 4,32). Históricamente, ya muy cerca de nuestro tiempo, se desarrollaría como organismo de colaboración, en Alemania, desde fines del siglo XIX, y sobre todo después de la segunda Guerra mundial. La actividad de los padres Paules en Francia y Alemania, y su contacto con León XIII, inspiraron al seminarista Lorenz Werthmann, del Colegio Germánico de Roma, una coordinación entre los grupos y organizaciones que se dedicaban a obras de caridad. Siendo sacerdote, miembro de la Curia de Limburgo, lo inició; en Francoforte, en 1884, lo confió a 5 sacerdotes en el IV Congreso práctico social de la unificación del pueblo. En 1885 se formó el primer Comité de la Caridad para la Alemania católica. El 9 de noviembre de 1897, las autoridades eclesiásticas de Friburgo y el arzobispo primado de Colonia la instituyen como «Cáritas»: una federación de asociaciones caritativas bajo la autoridad de los obispos. La idea fue acogida en Suiza (1901), Estados Unidos (1910). La crisis de los refugiados a fines de 1940 hizo que surgiera en la mayoría de países europeos. Cáritas Internacional: En las dos guerras mundiales, hubo en Alemania fuertes manifestaciones y acciones organizadas para auxiliar a otros en sus problemas, como respuesta a las emergencias que se vivían. Después de la segunda Guerra Mundial, estas acciones pasaron a constituir un organismo oficial de la caridad en la Iglesia católica. En 1947, Mons. Juan Bautista Montini intentaba una instancia internacional que coordinara los esfuerzos de asistencia y desarrollo, para intercambiar información, fomentar iniciativas, representar a la Iglesia en su función de asistencia y del desarrollo de los pueblos. En 1950 se creó la Conferencia Internacional de las Cáritas católicas, con 13 organizaciones autónomas. En 1957 cambió el nombre por «Cáritas Internacional». Desde entonces, la sede internacional se encuentra en Roma. Cuatro años después, la Santa Sede le otorgó Estatutos y le encomendó «irradiar la caridad y la justicia». En la actualidad se ha extendido a más de 190 países. Es una de las más amplias redes del mundo en el ámbito de la ayuda humanitaria después de la ONU. El colapso del bloque soviético (1989) hizo que surgiera también en la Europa del Este, la ex Unión Soviética y hasta en el mundo islámico. En 1995 decidió emprender un camino de renovación, siguiendo las directrices del Papa Juan Pablo II: «Reemprender y profundizar incesantemente las motivaciones teológicas y espirituales que orientan su acción y que distinguen a Cáritas de otras Organizaciones no gubernamentales» (Discurso a la Asamblea general, 13 sept. 1995). Cáritas en América Latina: En 1956 el CELAM autoriza al Secretario General de Cáritas Internacional, Mons. Bayer, para fomentar la fundación de Cáritas Nacionales e iniciar una coordinación en forma federativa organizada. Participó también Mons. Baldelli, Presidente. En 1958 ya existía en Argentina, Colombia, Chile y Perú; se formaba en Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay y Uruguay. En la II Conferencia general de Medellín se dice: «Cáritas es un organismo de la Iglesia integrado dentro de la Pastoral de Conjunto, no solamente será una institución de beneficencia, sino que debe insertarse de modo más operante en el proceso de desarrollo de América Latina, como una institución verdaderamente promotora» (1,22). Se creó el Secretariado Latinoamericano y del Caribe de Cáritas. Cáritas en México: En 1970 se creó Cáritas en la parroquia de San Miguel de Tacubaya, fundada por Mons. Moisés Ugalde, con el respaldo de Mons. Miguel Darío Miranda. El Episcopado Mexicano, en asamblea plenaria, el 28 de febrero de 1973, tomó el acuerdo de establecer en México la Caritas Nacional, encomendándolo a la Comisión episcopal de Pastoral Social. El 15 de junio del mismo año se fundó como una federación nacional de Cáritas diocesanas bajo la responsabilidad de Mons. Alfredo Torres y un equipo de obispos. En 1974 los obispos elaboraron la «Instrucción pastoral sobre Cáritas Mexicana». Le encomiendan «velar porque se viva lo que es esencial en la vida de la Iglesia, la caridad, cuya primera exigencia es la justicia en todo el contexto de la vida humana: religioso, cultural, económico, social y político». De 1979 a 1995 se consideró como área de asistencia social y emergencias dentro de Pastoral Social. Impulsó gestión de proyectos de asistencia y promoción, formación de agentes a través de encuentros interdiocesanos. En 1996 se reestructuró, en asamblea nacional, con su consejo permanente. En 1997 se crea la Coordinación ejecutiva, y se constituye como IAP (Institución de Asistencia Privada). Actualmente existe Cáritas en 63 diócesis de la república, presentes en 30 Estados y el DF. Pero la articulación entre ellas no se ha logrado. Se necesita determinar su papel en la construcción de una nueva sociedad. El Consejo permanente de Cáritas en 1999 emprendió una revisión a fondo, que originó en 2000 el libro «Vivamos el amor preferencial por los pobres. Identidad y misión de Cáritas en México» (México 2000). Cáritas en la diócesis de San Juan: El Sr. Francisco Javier Nuño promovió la caridad, pero sin un organismo particular. Cuando se creó la diócesis, aún no se establecía Cáritas en México. Cáritas de Guadalajara se establece hasta 1975. Se veía con cierta desconfianza, después de la crisis del Secretariado Social con el Episcopado Mexicano. Estableció el Jueves santo como «día de la caridad» desde 1978. Animaba a las Conferencias de San Vicente de Paúl, y la sección social de la Acción Católica. Apoyó primero al P. José Gutiérrez y luego al P. Mariano Ramírez para la organización de la caridad y promoción de proyectos como cooperativas y la Escuela Agropecuaria. Hacia 1980 fueron surgiendo cooperativas y organismos como FUNDETEP. Fue el Sr. José López Lara, cuyo lema episcopal era «Dichosos los pobres», quien fue dando cuerpo a la organización. En su circular del 14 de febrero de 1982 pide que se informe a la Curia sobre lo que cada parroquia ha organizado en la Jornada de la Caridad. En la circular del 12 de febrero de 1983 pide que el día de la caridad no consista sólo en una colecta, sino que las comunidades busquen mecanismos eficaces para la participación de bienes, y se destine en tres partes: a la parroquia, a la diócesis y a Cáritas mexicana. El 3 de marzo de 1984 pide que se promueva el ahorro cuaresmal, y señala los porcentajes de la cooperación económica: 30% a la comunidad, 30% a la economía diocesana para proyectos de apoyo social, 30% a la Comisión nacional de Pastoral Social, y 10% a Cáritas internacional. El 31 de enero de 1985 insiste en la comunicación cristiana de bienes, y dice que el 70% se envíe al obispado, y el 30% se deje para Cáritas parroquial. Pidió al P. José María De la Torre (ahora obispo) que organizara Cáritas en San Juan, para coordinarse en la demanda de ayudas que se piden. Con los Estatutos y Reglamentos de Cáritas del Vicariato de Roma, y la experiencia de sacerdotes y personas comprometidas en la pastoral social, se creó el organismo Cáritas interparroquial. Sus oficinas estaban en el atrio de San Juan Bautista. A partir de ahí, se intenta crear Cáritas Diocesana A.C. En noviembre de 1986, en Pegueros, se hace un proyecto para la distribución de recursos y la creación de Cáritas diocesana. Para la Campaña cuaresmal de la Caridad, a partir de 1986, la diócesis elabora sus propios materiales: alcancías, calendarios, pósters. En 1988, Pastoral Social, bajo la dirección del P. José Luis Aceves, tiene cuatro departamentos: Doctrina social de la Iglesia, grupos cooperativos, migrantes, y caridad organizada. Existen organismos con varios nombres. En 1987 Jesús Alvarez organiza el primer encuentro de coordinadores de grupos dedicados a la caridad. Y el 7 de febrero de 1988 se realizó la primera asamblea anual de organismos de caridad, dirigida por Jaime De Alba. Se seguiría realizando, en el domingo de carnaval. Ya no se hicieron trámites para solicitar licencia de recibir donativos deducibles de impuestos, ni tuvieron al corriente los informes fiscales. Cáritas como A.C. ocasionaba cargas. Por lo que el P. Pacual Avelar prefirió darlo de baja, para recrearla ahora como organismo nuevo. IDENTIDAD Y MISION DE CARITAS: Cáritas es un organismo pastoral de la Iglesia católica, que promueve la reflexión, la formación, el espíritu y el testimonio de la caridad cristiana y la justicia social, en distintas formas y expresiones, y anima una cultura solidaria con todos los hombres y mujeres, preferencialmente con las personas más pobres, marginadas y excluidas. Expliquemos algunos de sus términos: Organismo pastoral: No es un movimiento, ni un grupo apostólico. Es una expresión organizada y visible de la pastoral de caridad de una comunidad. Exige un voluntariado laical que viva su servicio desinteresado al bien de los más necesitados y olvidados por los servicios sociales. Promueve: Es un organismo promotor, animador, coordinador, antes que ejecutor de servicios. Propaga principios de juicio y acción. Procura que la comunidad sea el sujeto de la caridad operante, testimoniando el amor. Ayuda a la comunidad a asumir la dignidad humana como clave de toda institución. Colabora para construir la fraternidad universal. Invita a la conversión a partir del servicio al más pobre. Promueve los cambios de estructuras que propicien la justicia y la paz. Caridad y justicia: Apañar con limosnas lo que se debe por justicia sería una caricatura de caridad. El verdadero amor comienza por exigir lo justo. Compartir la vida por amor lleva más lejos que el deber de mera justicia. Distintas formas y expresiones: Inspira múltiples formas solidarias, genera procesos, articula proyectos para incidir con efectividad. Cultura solidaria: Una fe que no se hace cultura es una fe no suficientemente asumida. La solidaridad debe hacerse un modo habitual, que dinamice las relaciones sociales, por encima de las iniciativas momentáneas. La solidaridad «es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos» (SRS 38). Cáritas es lugar de encuentro, de diálogo, de intercambio fraterno. Los pobres son sujetos, no destinatarios, de la caridad. Requiere la cooperación organizada de múltiples grupos, para buscar el bien común de un grupo social o una comunidad, evita la duplicidad de esfuerzos, ayuda a ubicar tareas, no apropiarse funciones, continuar animando. Sin distinción de raza, credo, nacionalidad, clase social o ideología. Los más pobres: es opción evangélica, no coyuntural. No es exclusiva ni excluyente. Busca la comunicación de bienes entre todos los sectores de la sociedad. Combate la injusta pobreza extrema, fruto del egoísmo, y del acceso negado al desarrollo integral. No se ideologice, espiritualice o se reduzca a mero horizontalismo. La Iglesia de Cristo es «de» los pobres, no «para» los pobres. Propone estilo de vida austero. Su fuerza está en su debilidad, no en su estructura, cifras o balances. Testimonia, para animar. Misión de Cáritas: Contribuir a la dignidad de la persona humana: - Promoviendo la caridad, la solidaridad, la justicia y la reconciliación. - De forma orgánica, organizada, pedagógica. - Analizando la realidad social. - Sensibilizando a la comunidad eclesial y social. - Articulándose en forma de red. - Coordinando y animando iniciativas eclesiales. - Vinculándose y cooperando con los actores sociales. - Impulsando procesos, programas y proyectos. - De asistencia, promoción, liberación integral y aceptación fraterna. - Y colaborando en la construcción de México con estructuras sociales, políticas, económicas justas. CARITAS PARROQUIAL: No es una asociación, un grupo o un movimiento parroquial, ni una actividad que viene de fuera. Es la comunidad misma en su acción comunitaria de caridad. Se requiere que ésta no sea delegada a un pequeño grupo de personas, así como no se delega la oración o la participación en los sacramentos. Que sea compromiso común en diversas formas de toda la comunidad parroquial. Cáritas no actúa en nombre propio, sino de la comunidad parroquial y su(s) pastor(es). Se integra en la base de la comunidad, no entra en competencia con otros grupos, ni se dedica a realizar la caridad por otros. Responde a la llamada de la comunidad entera, fiel a su vocación evangélica. Funciones de Cáritas parroquial: - Concientizar a la comunidad parroquial de su propia realidad: política, social, económica y cultural, a través de un diagnóstico participativo. - Estimular a las familias, a los grupos, a los miembros de la comunidad parroquial, a vivir una vida caracterizada por la acogida y la solidaridad con quienes viven distintas formas de marginación y de necesidad. - Cultivar una espiritualidad conjunta desde la relectura de la Biblia y el Magisterio de la Iglesia, en la vida litúrgica, desde las implicaciones de las bienaventuranzas, en las obras de misericordia, desde la propia cultura, que anime y sostenga el proceso comunitario. - Buscar la forma de organización adecuada para enfrentar las necesidades sociales de la propia comunidad. - Promover el autosostenimiento y el voluntariado en cada una de las comunidades, para que la parroquia sea responsable de su propio proceso. - Acompañar la gestión, ejecución y evaluación de proyectos y programas de acción social de manera integral en lo inmediato y a largo plazo. - Favorecer y crear espacios de solidaridad dentro de la parroquia y con otras parroquias. - Participar en los niveles de reflexión y de decisión de la Cáritas diocesana. - Redescubrir y evangelizar las formas solidarias existentes. - Establecer mecanismos de comunicación de bienes materiales y culturales. - Conocer y denunciar a nivel local las causas que generan la pobreza y las necesidades presentes en el territorio. - Estudiar y proponer respuestas frente a las necesidades, estimulando para que intervengan las instituciones gubernamentales y la sociedad civil. - Difundir en la comunidad local estudios de la realidad nacional y mundial, así como diversos esfuerzos que se realizan en esos ámbitos. Hacer de la información una forma de participación. - Dar a conocer la realidad, reflexión, y postura parroquial de la Cáritas diocesana. - Participar y animar a nivel local de los esfuerzos conjuntos que emprenda Cáritas en sus diversos niveles: diocesano, nacional e internacional. - Mantener comunicación solidaria con las Cáritas parroquiales vecinas y los decanatos, y particularmente con Cáritas diocesana. - Ayudar a Cáritas diocesana a desarrollar su compromiso de servicio subsidiario hacia las parroquias. Misión de Cáritas parroquial: - Contribuir a la pastoral de la caridad en la diversidad de la comunidad parroquial. - Ayudar a que todos seamos responsables de todos. - Favorecer el encuentro entre los miembros de la parroquia con otras parroquia e instancias de la diócesis. - En espíritu de fraternidad, comunión y participación. - Caminar juntos a la solidaridad con la Iglesia y con la sociedad local. - Ser signo y testimonio de caridad y justicia social a nivel eclesial y social.
|
||