Hoy Miércoles, 07 de enero de 2009 | 10:26

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Lugar de la V CELAM

1. Santuario
de la Aparecida

El Río Paraiba forma una «M» natural en el valle donde se levanta el trono de la Patrona de Brasil. «Paraiba» viene del tupi y significa «río poco valioso». Recorre más de mil kilómetros, desde la «Serra do Mar».

Los habitaron tupis, guaraníes, moramoníes, puríes; y después, colonos portugueses buscando riquezas de Subarabucu. Tabauté creció por el descubrimiento de las Minas Gerais. En Guaratinguetá estaba la iglesia.

Los portugueses llevaron la devoción a «Nossa Senhora da Conceiçao». En Sao Paulo esculpían sus imágenes en madera, cerámica y barro.

Hacia el año 1717, el conde de Assumar Don Pedro de Almeida Portugal pasaba por la región con un séquito de indios y negros, soldados, animales y pertenencias, comandados por los mestres Joao Payo Veloso y Joan Ferrerira. Quería poner orden y ley entre las gentes mineras, enzarzadas en vicios y delincuencia. Llegó a la villa de Guararinguetá el 17 de octubre, y la Cámara del pueblo le ofreció un gran banquete.

Para ello, organizaron una gran pesca en el río. Desde el pequeño puerto fluvial de José Correia, en Tetegûera, Domingos Martins García, Joao Alves y Filipe Pedroso recorrieron casi seis kilómetros sin pescar nada.

En Itaguacú rogaron a Dios que cayera algo y tiraron la red. Joao Alvez sacó una imagencita de la Inmaculada, sin cabeza. Lanzó de nuevo la red, y sacó entre sus mallas la cabecita de la Purísima. Por tercera vez echó la red, sacando gran cantidad de peces, temiendo naufragar a causa del peso.

Filipe Pedroso, el más anciano, ofreció su choza para venerar la imagen, pegándola con cera, y su hijo Atanasio le hizo un altarcito. La gente la llamó la «Conceiçao Aparecida». A donde se mudaba la familia, llevaba la Imagencita.

Una noche de cielo sereno los cirios de la imagen se apagaron, no pudieron encenderlos, y al final se encendieron solos. Por la región se extendió la noticia del prodigio de la Concepción Aparecida de Itaguacú.

La Imagen mide unos 35 cm., tiene rostro de tez negra, como los descendientes de los negros traídos como esclavos.

Dos versiones circulan sobre el origen de la Imagencita hallada en la pesca milagrosa. Unos dicen que su dueño, cuando se rompió la Imagen , la arrojó al agua. Otros hablan de una piadosa mujer que la arrojó para librar a los vecinos de Jacareí de una terrible serpiente.

En 1745 se edificó la primera iglesia, y la diócesis de Rio de Janairo aprobó el culto. Fue agrandado en 1760 y en 1800 para acoger a los peregrinos. En 1845, el monje benedictino Fray Joaquín del Monte Carmelo inició las obras de la «Basílica vieja», inaugurada en 1888.

En 1894 el obispo de Sao Paulo pidió a los Redentoristas hacerse cargo del santuario. En 1951 comenzó a funcionar Radio Aparecida, con 6 horas diarias de transmisión. Hace casi un siglo que se estableció una editorial.

La fiesta se celebraba el 8 de diciembre. El Concilio Plenario de Brasil en 1939 determinó hacerlo el 7 de septiembre, fiesta nacional. En 1953 la Conferencia Nacional de Obispos la transfirió al 12 de octubre.

San Pío X la elevó a Basílica menor. Pío XII eligió la arquidiócesis de Aparecida. La Imagen había sido coronada en 1904 con la corona que regaló la princesa Doña Isabel de Portugal, libertadora de los esclavos de Brasil. Pió XI la declaró en 1930 patrona de Brasil.

La actual catedral-basílica se eligió el barrio da Ponte Alta, en el verde Morro das Pitas, uno de los sitios primitivos donde la Virgen moró junto a los devotos pescadores. Se alza el majestuoso santuario, con su imponente y altísima torre. Un bello puente-calzada, la «passarela da Fe», permite la llegada de los peregrinos por encima del tráfico. Tiene una decomunal explanada donde caben miles de vehículos. Es la basílica más grande del orbe católico. Mide 1,800 metros cuadrados, para un cupo de 80,000 personas.

El 16 de mayo de 1978, Rogerio Marcos de Oliveira, protestante de 19 años, arrojó la Imagen al suelo haciéndola pedazos. Maria Elena Chartuni, restauradora del Museo Assis Chateubriand, reunió los más de 165 pedacitos, devolviendole de belleza y su sonrisa.

El Papa Juan Pablo II la visitó el 4 de julio de 1980, y renovó la consagración de Brasil a Nuestra Señora de La Aparecida.

Este será el lugar donde se realice la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, del 13 al 31 de mayo de 2007. Inicia con la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, y termina con la fiesta de la Visitación de María. Expresa el carácter mariano del cristianismo latinoamericano y del Caribe.

Que como aquellos pescadores llevaron, gracias a su hallazgo, la mejor pesca al representante del rey, nosotros presentemos lo mejor de nosotros al Señor, gracias a la presencia evangelizadora de Santa María Virgen.

2. UNA TRADICION
DE COLEGIALIDAD EPISCOPAL

El miércoles 18 de mayo de 2005, en la Misa de clausura de la 30º Asamblea ordinaria del CELAM, el Cardenal Giovanni Battista Re, prefecto de la Congregación para los obispos y de la Pontificia Comisión para América Latina, invitó a los obispos miembros a continuar con los preparativos de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, con el acuerdo del Papa Benedicto XVI.

Los obispos, con el Papa y en dependencia de él, tienen la función de enseñanza auténtica, en nombre de Cristo, en materia de fe y de costumbres, pues el Espíritu hace que todos conserven, practiquen y profesen la fe, guiados por sus pastores (LG 25; DV 10). Innumerables iniciativas produjeron originales síntesis de evangelización y promoción humana, y conjugaron las artes con creatividad y audacia.

La acción de los obispos ha sido clave en nuestro continente. Tenemos ejemplos heroicos, como Santo Toribio de Mogrovejo, Antonio de Valdivieso, Juan de Zumárraga, Tata Vasco de Quiroga. Su potestad de magisterio auténtico les viene del llamado de Cristo, de la misión que la Iglesia les confía, y de su consagración por el Espíritu Santo en el sacramento del Sumo Sacerdocio. En su eficacia depende de su asimilación a Cristo y de su conocimiento, del nivel ético de la comunidad, de sus familias, y de sus consejeros.

Desde los inicios de la historia de nuestro continente, los pastores buscaron coordinar esfuerzos en una temprana muestra de colegialidad episcopal, buscando soluciones comunes a los desafíos. Por ejemplo, las Juntas eclesiásticas de la Nueva España y el Caribe, en 1524, 1536, 1539, 1541 y 1544 (la de 1539, participando Zumárraga y Vasco de Quiroga, preparó el I Concilio Provincial de México). En Perú, el dominico Jerónimo de Loaysa, arzobispo de Lima, en 1545 lanzó una Instrucción.

Los Concilios Provinciales en México y en Lima fueron encuentros episcopales más orgánicos, para organizar la labor de la Iglesia, reglamentar jurídicamente su acción y plantear caminos comunes de evangelización. En Lima se realizaron en 1552, 1567 (para aplicar el Concilio de Trento), 1582-1583 (presidido por Santo Toribio de Mogorvejo). En México se realizaron en 1555 (defensa del indio), 1565 (ordenado por Felipe II para aplicar Trento), 1585 (encomiendas, levantamientos chichimecas). Brasil esperará hasta 1707 para organizar un Sínodo en la Arquidiócesis de San Salvador de Bahía, para una planificación común.

El Concilio Plenario de la América Latina, celebrado en Roma en 1899, convocado por León XIII con la Carta «Cum diuturnum», convocó más de 50 obispos. Al conocer las necesidades y comunicarse unos a otros, hacía más efectivos sus esfuerzos para apartar a los fieles de los peligros, orbustecer la disciplina y proveer al bientar del clero y del pueblo. Era la primera vez que se reunían obispos de todos los países latinoamericanos.

Los desafíos que planteaba a la Iglesia el cambiante mundo de mediados del siglo XX, al paso de una cultura rural a una urbano-industrial, originó nuevas manifestaciones del espíritu de colegialidad de los obispos latinoamericanos, en las Conferencias Generales. Hay toda una línea de magisterio pastoral latinoamericano: Rio de Janeiro (1955), Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992).

En un gesto de comunión, nuestros obispos proponen la dinámica de la fe, escrutan los signos de los tiempos, disciernen y proponen criterios de acción. Descubren los apelos de Dios en nuestras situaciones y, en comunión, van construyendo una comunidad solidaria. Han sellado hondamente la manera de ser de la Iglesia en el continente. Son obligadas referencias para entender el peregrinar de la Iglesia.

Le han dado una identidad a nuestro continente, y han permitido ofrecer nuestro aporte a la Iglesia universal. El magisterio pastoral intenta sintetizar gracia y tarea, verdad y camino. En sus documentos se recogen las inquietudes y esperanzas de los cristianos en América Latina; se descubren pistas y horizontes para sumir los desafíos.

Desde 2001 viene preparándose la V Conferencia General, sobre todo tras la decisión del Papa Juan Pablo II el 27 de mayo de 2004, la confirmación del Papa Benedicto XVI, y el estudio del Documento de Participación.

Será una reunión de obispos representantes de las 22 Conferencias Episcopales existentes en Latinoamérica y el Caribe, convocada por el Papa, para reflexionar el momento que vive la Iglesia en este espacio geográfico, y discernir, en oración y a la luz del Evangelio, los acentos de su conducción y servicio ante los cambios de la sociedad y en la cultura vigente, para ayudarse mutuamente con orientaciones comunes y apoyos solidarios.


3. CONFERENCIA GENERAL,
NO SINODO CONTINENTAL

Había un interrogante fundamental acerca de la identidad del encuentro episcopal. Lo han planteado miembros de la Curia y otros obispos.

Algunos optaban por que se celebrara como asamblea especial del Sínodo de los Obispos, y no como Conferencia general, que no tiene entidad jurídica.

Card. Angelo Sodano, Secretario de Estado, escribió: «También hay qué reflexionar sobre si todavía es oportuno o no el recurso a la fórmula de las Conferencias Generales del episcopado latinoamericano, tal como se hicieron en el pasado. Como es sabido, este tipo de reuniones son una fórmula preter-canónica no prevista por la actual legislación eclesiástica. A esto hay qué añadir la reflexión sobre si no es más conveniente recurrir a alguno de los recursos existentes, como podría ser una Asamblea general del CELAM, o una Asamblea especial del Sínodo de los Obispos».

Otros pedían hacer un balance sobre la utilidad de los documentos que han producido estos encuentros episcopales, ratificando el propósito de celebrar la V Conferencia. Consideraban que con 200 participantes se aseguraba repercusión en los países y fácil conducción. La Conferencia misma votará si sus decisiones son base para elaborar posteriormente el texto del documento. De todas formas, el texto final se somete a la aprobación del Papa.

Constataron los impulsos poderosos de las anteriores Conferencias a la vida y misión de la Iglesia, y han acrecentado la comunión afectiva y efectiva. Creyeron conveniente no concluir con un documento, sino organizar a continuación una Gran Misión Continental con los temas tratados. Sería un gran encuentro episcopal para preparar esa misión, con un nuevo trabajo permanente en las diócesis.

Para obtener un parecer más amplio, Card. Sodano optó por consultar a los 24 cardenales latinoamericanos y a los Presidentes de las 22 Conferencias Episcopales. El 75% en ambos grupos fue favorable a que la asamblea prevista fuera una Conferencia General. Llegó tarde la respuesta de un cardenal, y sólo una Conferencia Episcopal no respondió.

Dejaban claro muchos que ésto no significa rechazo a las asambleas del Sínodo de los Obispos, ni distanciamiento con la Santa Sede. El espíritu del CELAM se ha caracterizado por la comunión afectiva y efectiva con el Papa y sus colaboradores, y por la valoración de los Sínodos y los documentos postsinodales.

Pero no quieren que se pierda la forma de trabajo colegial de las Conferencias generales. Estiman grandemente la preparación viva y participativa, la aplicación del Concilio a nuestra realidad, y sus hondas repercusiones pastorales. Valoran esta expresión de la colegialidad, considerándola válida y fecunda, como un segundo modelo junto al Sínodo de los Obispos.

Se han realizado Conferencias Generales aún después del nuevo Código. El nombre tiene ya medio siglo de tradición. Tiene su fundamento en Christus Dominus 4: «La misma potestad colegial pueden ejercerla conjuntamente con el Papa los obispos dispersos en toda la tierra, con tal que la Cabeza del Colegio los convoque a una acción colegial o, a lo menos, apruebe o reciba libremente la acción unida de los obispos dispersos, de forma que se constituya un verdadero acto colegial.

¿Qué diferencias hallamos entre un Sínodo y una Conferencia General?

El Sínodo Episcopal es convocado por el Papa para una consulta sobre ciertos puntos o temas, por eso es consultivo, no deliberativo.

Una Conferencia general es convocada por el Papa, y con un Documento aprobado por él, refleja el sentir de los obispos sobre el estado de sus Iglesia; su tema general los obispos lo eligen y el Papa lo acepta.

El Sínodo fue concebido por el Concilio con un fin diferente: es un organismo de consejo que el Papa convoca en forma autónoma (ChD 5). Como es consultivo, no elabora conclusiones, sino sólo presenta proposiciones. Hacer «proposiciones» para que el Papa apruebe se introdujo en los Sínodos hasta después del Sínodo de la evangelización (1974).

Una Conferencia General del Episcopado tiene un carácter eminentemente pastoral. Los obispos analizan la vida de la Iglesia, identifican los problemas comunes, deliberan de común acuerdo las líneas de acción pastoral, salvando el derecho de cada obispo en su diócesis, a no ser que el Papa apruebe un punto como obligatorio.

En una Conferencia van elaborando un documento final entre todos, el cual se somete a la revisión y autorización del Papa. En un Sínodo no se elabora documento, sino sólo entregan sus propuestas al Papa, el cual podría asumirlas en un documento pontificio.

Una Conferencia, con una buena dinámica, gracias a la unidad de la lengua, puede ir elaborando un documento, que sólo afina en su asamblea, y luego somete a la aprobación del Papa.

La Conferencia General no es un acto del CELAM (éste es sólo un instrumento para realizarla, en coordinación con la CAL). Es un acto eclesial, presidido por el Papa, con la participación representativa de los obispos de todas las naciones.

Card. Giovanni Battista Re veía con buenos ojos que se realizara así, como «un cenáculo» (Hch 1,12-14; 2,1-4), una reunión de comunión y ayuda.

Pero Card. Angelo Sodano, Secretario de Estado, insistía que se hiciera con carácter de Sínodo, lo cual cambia completamente el carácter y la metodología.

Así que decidieron presentar el caso al Papa. La audiencia fue una comida de trabajo con el Papa Juan Pablo II, el 27 de mayo de 2004. Pidió el Santo Padre que le relataran la historia de esta iniciativa.

Comenzaron desde la proposición de Card. Oscar Andrés Rodríguez en Caracas, mayo de 2001 hasta la consulta reciente.

Le expusieron los nuevos graves desafíos que mueven a buscar juntos respuestas evangelizadoras.

Le presentaron el núcleo temático elaborado en Puebla en febrero de 2004: «Discípulos de Jesucristo en la Iglesia católica, para la Nueva Evangelización de América Latina y el Caribe al inicio del tercer milenio».

Le comunicaron el deseo de concluir no sólo con un documento sino también con una Gran Misión.

Por fin, llegaron a la cuestión clave: si se realizaba en forma de Sínodo o de Conferencia General. Le expusieron la decisión favorable a una Conferencia General. El Papa respondió: «Mantenete la vostra forma».

Siguió la larga exposición con enorme interés. Con su resolución, mantuvo la validez de esta expresión de la comunión episcopal entre obispos y conferencias episcopales, con Pedro y bajo Pedro. Nacida en nuestro continente, ha recibido muestras de aprecio de los Sumos Pontífices. Fue planteado en el ´ámbito amplio de la colegialidad.

En el Sínodo de los Obispos el Papa toma la iniciativa, y propone una materia, en orden al ejercicio del ministerio petrino. Una Conferencia General del episcopado latinoamericano canaliza la intención de un grupo de Conferencias Episcopales que preparan en común el encuentro, envían representantes suyos, convocados por el Santo Padre, tratan juntos urgentes desafíos, y en fraterno discernimiento elaboran en comunión respuestas pastorales compartidas, en su ámbito episcopal.

Todo este esfuerzo fraterno de correspon­sabilidad pastoral ocurre en profunda comunión con el Papa.

Pidió que no se hiciera en Quito, sino en Roma, con el fin de que el Papa pueda estar presente. Y aprobó a grandes líneas las actividades para proponerle el tema, los participantes y la organización.

Con la muerte del Papa Juan Pablo II se cancelaron todas las actividades, hasta contar con la aprobación del nuevo sucesor de Pedro. Se esperaba, en abril, tener la aprobación del tema.

El 28 de abril de 2005, el Presidente y el Secretario del CELAM se entrevistaron con el Papa Benedicto XVI, y le presentaron el proyecto.

El nuevo Pontífice aceptó la celebración de la V Conferencia General como tal, no como asamblea del Sínodo. Pidió le entregaran la documentación para estudiar el tema antes de proceder a la aprobación, e iría ofreciendo respuesta a través de la CAL.

Card. Giovanni Battista Re, en su homilía del 18 de mayo, comunicó la aprobación global por parte del Papa. Pero deben esperar, para la definición de la fecha y del lugar, hasta después del verano boreal.

El 7 de julio de 2005 Benedicto XVI recibió al Presidente del CELAM Card. Francisco Javier Errázuriz, le entregó el tema, aprobó la fase de preparación, y ultimó los detalles de su celebración.

Envió más tarde la oración para pedir por la V Conferencia, y se anotó para inaugurar personalmente la misma, aunque queda pendiente el programa de su viaje.

En la Secretaría de Estado se está revisando el Reglamento, para unificar los procedimientos.

4. A QUINCE AÑOS
DE SANTO DOMINGO

Los escenarios mundiales presentan situaciones muy complejas y cambiantes.

La globalización y la comunicación inmediata a todas partes acentúa las injusticias y los desplazados, exigiendo reforzar vínculos y rescatar valores.

La corrupción, la devaluación del ser humano, la crisis política mundial, exigen preguntar al Señor qué quiere que haga su Iglesia.

Necesitamos un impulso nuevo, sabio y vigoroso, si queremos mantener el substrato católico de la cultura.

No se trata de enfrentar unos desafíos, sino una realidad global. Se van debilitando las convicciones cristianas, y hay poderosas corrientes que quieren apartar al pueblo de la Iglesia católica.

El último decenio había descendido el número de católicos en un 10%, aunque hubo una ligera recuperación con el Gran Jubileo (4%).

La Iglesia no ha sido capaz de llegar con su acción evangelizadora a innumerables bautizados. Es un fenómeno continental el proselitismo a veces agresivo, y los grupos pentecostales.

Un gran número de católicos no reaccionan ni saben reaccionar ante el pluralismo religioso. Los medios de comunicación social presentan al catolicismo como una religión más, una opción individual entre tantas, en el mercado mundial de ofertas religiosas.

Ya no se respeta y protege a la Iglesia y a sus representantes, sino hay una agresividad nueva, abierta o larvada, bien concertada. La liberación de costumbres y leyes quiere acallar la autoridad moral de la Iglesia, y desdibujar su realidad,

Difunden los medios de comunicación graves delitos de personas consagradas, produciendo el escándalo que destruye credibilidades y confianzas. Es un llamado a la responsabilidad de los pastores, a su solidaridad con las víctimas, y a la selección y formación de los seminaristas.

La globalización asimétrica de antivalores es preocupante, pues altera la identidad de los pueblos, y atenta contra el respeto a la vida, matrimonio, familia, diferenciación sexual, noción bíblica de libertad, etc. La noción de familia se destruye con la legitimación de múltiples modelos, no basados en la unión permanente de un hombre y una mujer; con la irrelevancia del respeto a la vida humana, dejada al arbitrio del hombre.

Entre los grupos que influyen en la sociedad y los medios de comunicación, la agresiva secularización se une a un agnosticismo intelectual desencantado del cristianismo, a un desinterés por la verdad, también cuando se trata de valores, sin pasión por buscarla para dar sentido a la vida, como si todo se resolviera por la crítica, la tolerancia y los acuerdos coyunturales. Estas tendencias no encuentran en el ámbito público una oportuna resistencia de parte de los laicos.

En general, son débiles las convicciones valóricas de los constructores de la sociedad e influyentes católicos (políticos, economistas, empresarios y comunicadores). Desconocen la Doctrina Social de la Iglesia. El compromiso en el mundo de los bautizados se ha cultivado poco en los últimos decenios, por una insistencia unilateral.

Hay síntomas de grave ingobernabilidad y corrupción. Muchos políticos católicos han antepuesto sus opciones y antagonismos políticos a sus deberes fraternos. No hay credibilidad en las instituciones, partidos políticos y servidores públicos. Hay indolencia en los jóvenes para reaccionar, y desinterés para prepararse.

La pobreza y el desempleo han aumentado, y es imposible superarlos por el tipo de globalización. Los Tratados de Libre Comercio entre países son muy desiguales, empobreciendo a grupos con poco acceso a la información, educación y avances tecnológicos.

Las reformas educacionales se centran en la adquisición de conocimientos, no logran desplegar los mejores valores de los jóvenes, ni ayudarlos a descubrir el sentido trascendente de su vida, a enfrentar su responsabilidad en el mundo, a adquirir las actitudes queden estabilidad a su hogar y los haga constructores solidarios de la sociedad del futuro.

El aumento de embarazos adolescentes, el consumo de droga y de alcohol, la violencia intraescolar, son resultado de programas educacionales que propician factores contrarios a la vida, la familia, la solidaridad y una sana sexualidad.

Es escasa la consolidación y desarrollo de los procesos democráticos e instituciones. Son débiles las redes de la sociedad civil. Aparecen caudillismos, dolorosas heridas del pasado. Parecemos ser un satélite o apéndice de la economía, política y cultura de otros grandes bloques.

Agradecemos la unidad de la Iglesia en el continente, sin perder la originalidad y autonomía de las Iglesias particulares, ni el espíritu de comunidad.

Todos estos factores configuran un hecho nuevo, un desafío gigantezco, que exige con urgencia un discernimiento, unas metas pastorales, una respuesta que considere la metodología y pedagogía necesarias.

Fundados en la primacía de la gracia, adheridos a la verdad, alentados por el testimonio profético, necesitamos elaborar una estrategia pastoral adecuada que no sea mezquina en generosidad ni en audacia.

Somos conscientes de la inconmensurable riqueza de valores y el dinamismo evangélico que Dios sembró en nuestro pueblo. La fe en Dios pertenece al patrimonio del pueblo. Crecen las manifestaciones de religiosidad popular; se ama a la santísima Virgen y al Papa, hay nuevos santos y beatos.

Se mantiene vitalidad en comunidades y movimientos eclesiales. Se trabaja con una pastoral más orgánica la Nueva Evangelización, en sus grandes consignas.

Deseamos construir una Iglesia que sea casa y escuela de la comunión; globalizar la solidaridad; evangelizar la cultura; desplegar la imaginación de la caridad.

Es notable el compromiso incontable de tantos laicos, catequistas, y el aumento de vocaciones.

Los planes pastorales han originado procesos de acompañamiento espiritual y formación permanente, también para los períodos críticos, estableciendo etapas de seguimiento de Cristo.

Hay espíritu de participación y corresponsa­bilidad para lograr el autofinanciamiento de gastos ordinarios.

5. EL TEMA DE LA
V CONFERENCIA:
"DISCIPULOS Y MISIONEROS"

Los presidentes de las Conferencias Episcopales, en febrero de 2004, en Puebla, y también los encuentros de las cuatro regiones, confirmaron el tema central sobre la identidad, formación y comunidad de discípulos de Cristo, su envío misionero, y su misión como constructores de la comunión en la Iglesia y la sociedad.

Elaboraron la siguiente propuesta: «Discípulos de Jesucristo en la Iglesia católica, para evangelizar Latinoamérica y el Caribe, al inicio del III milenio».

Cada elemento es un núcleo temático, con una serie importante de subtemas:

- «Discípulos de Jesucristo»: vocación, formación, misión, profecía, testimonio, servicio, esperanza, María (modelo, madre y educadora).

- «Evangelización de América Latina y el Caribe»: Evangelio: encuentro con Cristo vivo. Discipulado: llamado a la santidad. Necesidad de formar cristianos. Antropología cristiana (frente al quiebre postmoderno: devaluación del sexo, la mujer, la vida, la familia) que inspire transformaciones culturales, sociales, económicas y políticas.

En este tiempo de religiosidad ambigua y sin compromiso, era necesario ir a lo esencial: el discipulado. Recupera así muchos elementos que se habían relegado.

Pero parece muy espiritual, genérico y abstracto, válido para cualquier tiempo y lugar, sin concretarse a la situación actual del continente.

Toca aspectos que miran hacia el interior de la Iglesia, no en cuanto servidora de la humanidad y transformadora del mundo. En una línea espiritual más bien individualista, donde no está tan clara la dimensión comunitaria y estructural de la santidad.

Deja de lado las respuestas históricas de la Iglesia en este momento crítico. No parece generar los procesos de cambio que urgen.

No toma en cuenta los valores y líneas de acción que hemos adquirido a lo largo de nuestro caminar como continente: la opción por el pobre y desde el pobre; la liberación integral; el discernimiento pastoral de la realidad social y eclesial; la cultura de la solidaridad frente a la injusticia y la pobreza institucionalizadas; los cambios estructurales; etc.

Se desea simplificarlo, y ponerle más claramente los aportes de las anteriores Conferencias generales. Las distintas Regiones le fueron simplificando, cambiando, añadiendo o glosando. Por ejemplo: Centroamérica añadía: «misioneros de esperanza». Y Brasil: «Comprometidos en la transformación del mundo con los criterios del Evangelio».

La Secretaría general trató de resumir en la siguiente propuesta: «Discípulos de Jesucristo en la Iglesia católica, misioneros de esperanza para la nueva Evangelización de Latinoamérica y el Caribe, al inicio del III milenio».

La Conferencia Episcopal Mexicana, entre los muchos desafíos, consideró los siguientes como los principales: problemas de la familia, sectas, formación en la fe; dicotomía entre fe y vida, desintegración familiar y desorientación en los jóvenes, influjo de los medios de comunicación.

La redacción del tema presentada al Papa Benedicto XVI. Dice así:

«Por el encuentro con Jesucristo,

discípulos y misioneros,

en la comunión de la Iglesia católica,

al inicio del tercer milenio,

para que nuestros pueblos tengan vida».

El Papa entregó la redacción final del tema, enriqueciendo y simplificando a la vez la propuesta, quedando el tema de la siguiente manera:

«Discípulos y misioneros de Jesucristo,

para que nuestros pueblos

en El tengan vida».

E inmediatamente le añadió como lema:

«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6).

Somos discípulos y misioneros de Jesucristo cuando nuestro testimonio y nuestra misión evangelizadora se realiza verdaderamente por El, con El y en El. Nuestra vocación es configurarnos con Cristo, construir la comunión, y evangelizar.

Dice la Oración que compuso el Papa Benedicto XVI para pedir por la V Conferencia:

Señor Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, rostro humano de Dios y rostro divino del hombre, enciende en nuestro corazones el amor al Padre que está en el cielo y la alegría de ser cristianos.

Ven a nuestro encuentro y guía nuestro pasos para seguirte y amarte en la comunión de tu Iglesia, celebrando y viviendo el don de la Eucaristía, cargando con nuestra cruz, y urgidos por tu envío.

Danos siempre el fuego de tu Santo Espíritu, que ilumine nuestras mentes y despierte en nosotros el deseo de contemplarte, el amor a los hermanos, sobretodo a los afligidos, y el ardor por anunciarte al inicio de este siglo.

Discípulos y misioneros tuyos, queremos remar mar adentro, para que nuestros pueblos tengan en Ti vida abundante, y con solidaridad construyan la fraternidad y la paz.

Señor Jesús, ¡Ven y envíanos!

María, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros.

Amén.

6. LOS ORGANISMOS PROMOTORES
DE LA V CONFERENCIA

EL CELAM

Antecedentes:

1858: Fundación del Colegio Pio Latinoamericano de Roma.

1899: Concilio Plenario Latinoamericano, convocado por León XIII. Pide reunirse periódicamente en Conferencias episcopales nacionales.

1945: I Congreso latinoamericano de educación católica, en Bogotá.

1945: Pío XII hace una consulta sobre la conveniencia de celebrar un II Concilio Plenario Latinoamericano. Viene la II Guerra Mundial y la guerra fría.

Desplazamiento de América Latina de los planes norteamericanos, la lucha por la industrialización, el marxismo.

Ya sufría escasez de clero local por el anticlericalismo de los ilustrados.

1951: Pío XII, en la Encíclica «Evangelii preconium» invita misioneros europeos a América Latina.

1952: Congreso coordinador de Obras católicas, en Bogotá, convocado por el Nuncio Mons. Antonio Samoré.

1953: Congreso Latinoamericano de vida rural en Manizales, Colombia. Hubo 625 delegados de 16 países, 24 obispos, 274 sacerdotes.

1955: I Semana de estudios apologéticos, en Bogotá.

Mons. Antonio Samoré, como Sustituto de Estado, promueve la creación de un organismo latinoamericano con proyección pastoral. Por eso es enviado a la I Conferencia de Rio de Janeiro, con Card. Adeodato Piazza.

Creación:

Del 25 de julio al 4 de agosto de 1955: Conferencia de Rio de Janeiro, convocada por Pío XII. Reúne 96 obispos.

En la Conclusión 97 pide al Papa instituir un Consejo Episcopal que represente a todos los obispos para el programa formulado. 32 piden que tenga su sede en Roma, 30 en Bogotá, 16 en Rio de Janeiro, 6 en Lima y 2 en Santiago.

24 de septiembre de 1955: Card. Adeodato Giovanni Piazza, secretario de la Congregación consistorial, expresa en carta la aceptación del Papa, y promete enviar pronto Estatutos y Reglamento del Consejo y su secretariado. El Papa prefiere que tenga sede en el continente, dadas las funciones que tiene, por lo que pide nueva consulta y votación. Así queda como sede Bogotá.

25 de noviembre de 1955: Se firma la documentación final.

El CELAM es un organismo de comunión, reflexión, colaboración y servicio, creado como signo e instrumento del afecto colegial, en perfecta comunión con la Iglesia universal y con el papa, su cabeza visible. Tiene función de animar y ayudar a la reflexión y acción pastoral de la Iglesia en América Latina y el Caribe.

Camino posterior:

Juan XXIII le llamó «órgano de contacto y colaboración».

Durante el Concilio Vaticano II (1962-1965) ofrecía conferencias con expertos, debates sobre los temas del aula, intercambio de informaciones, y tenía un módulo de orientación en San Pedro para los obispos latinoamericanos.

1965, en su X aniversario, Pablo VI le pide servir e integrar las comunidades del continente, para llevar al pueblo de Dios a su madurez cristiana.

Los Planes Globales, las publicaciones de expertos, y acciones de colaboración, son señales de su vitalidad.

Ha originado la creación de otros organismos. Así, 10 de marzo de 1959, se crea la CLAR (Confederaciòn de religiosos). El 30 de diciembre de 1958, OSLAM (Organización para seminarios).

Ha preparado y coordinado las tres últimas Conferencias generales.

LA CAL

El mismo Pío XII creó en Roma el 19 de abril de 1958 la CAL (Pontificia Comisión para América Latina).

Tiene el oficio de estudiar de manera conjunta los problemas fundamentales de la vida católica en América Latina, favoreciendo la estrecha colaboración de los Dicasterios de la Curia Romana interesados en la solución.

Desde julio de 1969 forma parte de la Congregación para los Obispos. Coordina las actividades del CELAM y otros organismos en este nivel.

La línea del CELAM es más bien pastoral y de comunión, con el valor de estar en el continente. La línea de la CAL es más administrativa y jurídica, para la relación con la Santa Sede, y lejos del continente, geográfica, y a veces psicológicamente.

Por eso, mientras la CAL pide un Sínodo, el CELAM pide una Conferencia General.

Lugares donde se han celebrado las CELAM



1. Conferencia
de Río de Janeiro

Contexto:

Era tiempo de cambios, lucha hegemónica entre URSS y USA, descolonización, surgimiento del «tercer mundo», tensiones sociales por el subdesarrollo y progreso.

Realización:

La Primera Conferencia general se realizó en Rio de Janeiro, del 25 de julio al 4 de agosto de 1955, al terminar el Congreso Eucarístico Internacional.

La convocó Pío XII mediante la Carta apostólica «Ad Ecclesiam Christi» (29 junio), donde le ofrece el esquema. Participaron 96 obispos.

Presidió Card. Adeo­dato Giovanni Piazza, secretario de la S. Congregación Consistorial. Asistió Mons. Antonio Samoré, secretario de la Congregación para asuntos eclesiásticos.

Buscaba impulsar una renovada evangelización y fortalecer la fe.

Vio los puntos más urgentes del problema religioso, desde la defensa de la fe y la conquista apostólica, y propuso resoluciones prácticas para su eficacia.

Documento:

El documento se divide en 11 títulos, cada uno de los cuales trae orientaciones, verificaciones, normas y recomendaciones.

Se refieren a los agentes: seminarios (1), clero (2), religiosos (3) y auxiliares (4). Sobre la evangelización: organización de la cura de almas (5) y medios de propaganda (6). Problemas: protestantes (7), situaciones sociales (8), misiones internas (9), migrantes (10).

Emprende una campaña vocacional, de instrucción religiosa, y una acción social en tres pasos: iluminación, educación y acción. Pide colaboración de laicos y coordinación.

Proyección:

Habla de la injusta distribución de bienes y problemas sociales como parte de la misión de la Iglesia: misiones, indios y gente de color, inmigrantes y gentes del mar.

Deja una triple tarea: iluminación, educación y acción.

2. Conferencia General
de Medellín

Contexto:

La Iglesia se hallaba entre Estados militares, desarrollismos reformistas, violencias sociales, crisis sacerdotales, e injusticias.

La década de los 60 fue de guerra fría, e ingerencia de la revolución cubana en los círculos universitarios y políticos. No había un Estado de derecho que sostuviera la democracia.

Realización:

La segunda Conferencia general se realizó en Medellín, Colombia, del 26 de agosto al 6 de septiembre, también unido al Congreso Eucarístico Internacional.

Su tema: «Presencia de la Iglesia en la actual transformación de América Latina, a la luz del Concilio». Presidió Mons. Larraín. Hubo una enorme movilización.

El Documento Base adoptó el método profético de ver, pensar y actuar (realidad, reflexión, proyecciones).

El Documento de Trabajo lo tuvieron sólo los participantes.

Pablo VI la inauguró, ofreciendo las líneas, sobre el Concilio y la «Populorum progressio».

Siguió el método profético de ver-pensar-actuar. Fue la aplicación del Concilio Vaticano II al continente, y un reencuentro del Evangelio en la realidad.

Hubo presiones de grupos ideológicos. 16 comisiones trabajaron 16 documentos finales, sobre promoción humana, evangelización e Iglesia institución.

Cada documento sigue los pasos del método profético: interpretación de la realidad, reflexión doctrinal, y trabajo pastoral.

Documento:

Los cinco primeros se refieren a la promoción humana: justicia, paz, familia y demografía, educación, juventud.

Los siguientes cuatro se agrupan bajo el título de «Evangelización y crecimiento en la fe»: pastoral popular, pastoral de élites, catequesis y liturgia.

Los últimos llevan por título: «La Iglesia y sus estructuras»: movimientos de laicos, sacerdotes, religiosos, formación del clero, pobreza de la Iglesia, pastoral de conjunto, medios de comunicación.

Proyección:

La Iglesia se reafirma como Iglesia de los pobres (Pobreza de la Iglesia 8-11; cf Juan XXIII, radiomensaje de septiembre de 1962).

Se tomó como punto de partida para la teología de la liberación, propia de nosotros.

La pobreza y miseria hacen ver la necesidad de nuevas estructuras (Justicia 3). Las actuales generan injusticia (Educación 4; Justicia 7-23).

Pide a los militares respeto a las libertades y educación participativa (Elites 20).

Pide ser antivio­lentos en una sociedad violenta.

La autonomía de los documentos y la falta de una línea común permitió que se mal interpretaran algunos documentos.

3. Conferencia General
de  Puebla

Contexto:

Los golpes de Estado, las crisis estudiantiles, los mártires por causas del pueblo, la derrota de Vietnam, el Watergate y la creciente dependencia, fueron modificando la situación.

Con pretexto de Castro y el Che, hubo muchas represiones para sofocar intentos revolucionarios.

La década de los 70 está marcada por graves violaciones a los derechos humanos.

La economía cayó en un bache: recesión internacional, precio del petróleo, lucha contra el comunismo, endeudamientos por préstamos de los mandatarios.

Se hacen proyectos ilusorios de desarrollo para todos. El armamentismo es injusticia y riesgo.

La «Evangelii Nuntiandi» abrió nuevos caminos, al considerar la promoción humana como parte integral de la evangelización.

Realización:

El Documento de Consulta habla del paso de una sociedad rural a una urbano-industrial, y es desarrollista. El Documento de Trabajo descubre la dependencia como el problema básico.

La muerte de Pablo VI retardó la celebración, permitiendo la profundización entre el pueblo.

La Conferencia general se realizó en Puebla del 27 de enero al 13 de febrero de 1979. Su tema: «La evangelización en el presente y en el futuro de América Latina».

Juan Pablo II la inauguró, marcando los tres pilares doctrinales (Cristo, Iglesia, hombre) y las líneas de evangelización (defensa de la dignidad humana, dimensión social de la propiedad privada, justicia social, derechos humanos y liberación integral).

21 comisiones fueron trabajando un documento único, en sistema de reja. Había tensiones entre dos tendencias: una conservadora rígida y otra liberal de izquierda.

Se centra en una evangelización liberadora, cuyos ejes son la comunión y participación: comunión y participación para la liberación, liberación para la comunión y participación.

De esos ejes derivan las grandes opciones: pobres, jóvenes, constructores de la sociedad, derechos humanos.

Presenta una Iglesia misionera, profética, liberadora, sacramento de comunión, que forma al hombre nuevo: conciencia social, sentido crítico evangélico, espíritu comunitario, compromiso social.

Documento:

En sistema de reja, 21 comisiones fueron trabajando un documento único, en continuos intercambios.

Había tensiones entre dos claras tendencias: una de tipo conservador, más rígida respecto a lo doctrinal y canónico; y otra más liberal, abiertamente de izquierda.

El Documento de Puebla se estructura siguiendo los pasos del método profético:

Visión de la realidad: socio-cultural, eclesial, tendencias.

Designio de Dios: teología pastoral de la evangelización; temas o valores de la comunión y participación, que como los ejes de una elipse dominan todo el documento y dan su clave de lectura; sus centros, agentes, medios y diálogo.

Misión: opción por los pobres, los jóvenes, acción con los constructores de la sociedad plural.

Proyección:

Critica la ideología de la Seguridad nacional (DP 547). El poder es participación y la autoridad fuerza moral (DP 498-506).

Los pobres pagan un costo inhumano (DP 47-50). Pide conversión para la opción preferencial por los pobres en vistas a su liberación integral (DP 1134). No es violenta (531-534).

Halla la clave de inculturación del Evangelio (DP 385-443).

Al elaborar un solo documento, impide interpretaciones parciales. Fue muy estudiado y citado.


4. Conferencia
de  Santo Domingo

Contexto:

Los 80 fue una década perdida para el desarrollo, con alta inflación, y ajustes del FMI.

Se abre la libertad de mercado, con poca intervención del Estado, que pasó de benefactor a eficiente.

Los 90 iniciaron con optimismo. Se derribó el Muro de Berlín (Apartheid ideológico USA-URSS).

CEPAL hace proyectos de transformación productiva con equidad.

La economía neoliberal favorece sólo a la minoría dueña del capital especulativo.

Primero trajo mucho empleo, pero tras la competencia salvaje creció la marginación y el empobrecimiento.

Las corrientes liberacionistas perdieron su atractivo. Los nuevos movimientos religiosos tendían a un replegamiento espiritual.

Realización:

Con motivo del V centenario de la evangelización del continente, se realizó la IV Conferencia general en Santo Domingo, del 21 al 21 de octubre de 1992.

Su tema: «Nueva evangelización, promoción humana, cultura cristiana». El papa Juan Pablo la II inauguró el 12 de octubre, recalcando sus temas.

Aunque se habían elaborado tres documentos preparatorios, la CAL puso de base las ponencias magistrales, y quería tuviera carácter de sínodo.

Entre ciertas tensiones lograron incorporarse los dinamismos y las necesidades, y unas líneas más pastorales que jurídicas.

Cambió el acostumbrado método profético, ajustándose, de compromiso, a uno contemplativo: iluminación, desafíos, líneas de acción.

No apoya, en continuidad con las Conferencias anteriores, temas como CEBs, mártires actuales, teología de la liberación, diaconado permanente, religiosidad popular, celibato sacerdotal, Ordenación de casados.

Es poco crítico ante divisiones en la Iglesia, sincretismos, problemas socio-económicos, cambios estructurales, ecología, inculturación afro-amerindia, terrorismo, narcotráfico, la mujer, sectas.

Documento:

Se estructura sobre los temas de las ponencias magistrales acerca de los temas.

Parte de una profesión de fe: Jesucristo, evangelio del Padre, y evangelizador viviente en su Iglesia.

La Nueva evangelización habla de la santidad, los niveles de Iglesia, los ministerios, la misión y las sectas.

La promoción humana, dimensión privilegiada de la Nueva Evangelización, presenta 9 signos de los tiempos: derechos humanos, ecología, el don de la tierra, empobrecimiento y solidaridad, trabajo, movilidad, democracia, economía, integración. Presenta el especial desafío de la familia y la vida.

La cultura cristiana, tras hablar de los valores, cuya medida es Cristo, menciona a los indígenas y afros, la nueva cultura, la educación y la comuicación.

Las líneas pastorales las presenta bajo el título de Jesucristo vida y esperanza.

Proyección:

Pide una genuina democracia pluralista, justa y participativa (SD 193).

Relee los actuales signos de los tiempos, descubriendo valores y ambigüedades. Por ejemplo, en la propiedad de la tierra (SD 172-176).

Pide una economía de solidaridad y participación (SD 201), de comunión y participación de bienes (SD 206).

Cristo, Evangelio del Padre (SD 8), sale a nuestro encuentro y acompaña (SD 14-17), anima a la solidaridad y a la comunión sellada en la Eucaristía (23,24,26).

El pueblo de Dios conoce y usa poco su documento, que fue suplantado pronto por otros documentos programadores.

No hubo instrumento de verificación, ni se completaron los temas dejados en el tintero.

La preparación del Sínodo de América y del Gran Jubileo, y la «Novo millennio ineunte», marcó el camino de evangelización para el III milenio, dejando en el olvido Santo Domingo.

Había un movimiento en la Iglesia más bien de cerrar puertas abiertas y limitar libertades otorgadas, por el largo fin de pontificado y la posibilidad de Sede vacante, dadas las condiciones precarias de salud del papa Juan Pablo II.

La globalización, los efectos de la postmo­dernidad y del neolibera­lismo, han creado una nueva realidad, que es preciso discernir a la luz del Evangelio.

SINODO DE AMERICA

El 12 de octubre de 1992, al inaugurar la IV Conferencia general, Juan Pablo II anunció una Asamblea especial del Sínodo de los Obispos.

La Confirmó en la Encíclica «Tertio millennio adveniente».

En 1994 se celebró el Sínodo de Africa; en 1997 el de América; en 1998 en Asia y Australia, y en 1999 la II de Europa.

No se llamó Asamblea Panamericana, ni Asamblea de las Américas, sino asamblea especial de América. Su unidad proviene de la fe católica concreta.

Preparación:

En 1995 se publicó la lista de 19 personas del Consejo pre-sinodal. En Roma estudió los temas e hizo las Orientaciones o Lineamenta.

A comienzos de 1996 Juan Pablo II determinó el tema: «Encuentro con Jesucristo vivo, camino para la conversión, comunión y solidaridad en América».

Se envió un cuestionarios a los gremios sinodales, con cuya respuesta se hicieron las Orientaciones en agosto de 1996, en 4 partes, de acuerdo al tema.

Un cuestionario adjunto explicitaba temas críticos, como sectas, divisiones en la Iglesia, sincretismos religiosos, problemas sociales y económicos.

Abundaban citas de documentos papales, pero no el magisterio pastoral latinoamericano. No se apoyaban las comunidades eclesiales de base, ni el diaconado permanente. Estaban ausentes los mártires, las teologías de la liberación. Era poco trinitario.

A mediados de noviembre de 1997 se publicó el Documento de Trabajo.

No valora el influjo evangelizador hispano-portugués, ni la acción de las Ordenes religiosas. Minimiza temas como los nuevos ministerios laicales. No se recuerda a los mártires ni la teología de la liberación. No se analizan las causas de la proliferación de sectas, ni las reformas agrarias.

En vísperas salió la Instrucción interdicasterial «Algunas cuestiones sobre la colaboración del laico en el ministerio de los sacerdotes», que con sus restricciones condicionó algunas intervenciones.

Realización:

Se llevó a cabo del 16 de noviembre al 12 de diciembre de 1997.

Sólo se acreditaron 130 informadores, 50 de habla española.

Participaron gremios de: Iglesias orientales, delegados de las Conferencias Episcopales, 23 Presidentes de las mismas, 27 cardenales americanos, curiales romanos, 41 oyentes, 18 consultores y 5 representantes de confesiones cristianas.

La relación histórica no aludió al influjo misionero luso-hispano, ni las congregaciones religiosas, ni las teologías de la liberación, ni la presencia de mujeres. Faltó análisis de causas de sectas.

Casi todos intervinieron oralmente. Brasileños y colombianos fueron más críticos. En gran ambiente de fraternidad.

Unos eran genéricos y espiritualistas. Otros se centraban en puntos que requerían rectificación. Otros pedían actitudes solidarias y colegiales.

Los temas de mayor incidencia: apoyo a la familia, actualización de la parroquia, medios de comunicación, aunque sin análisis estructurales.

Mayoría insistió en la opción por los pobres, migrantes, globalización económica, deuda externa.

No se habló de profetismo, celibato, y sólo uno habló de mártires recientes.

La segunda relación olvidó temas como Espíritu Santo, mártires, ecumenismo, ministerios laicales, ecología, inculturación afroamericana, diaconado permanente, terrorismo y corrupción, narcotráfico.

Las 7 preguntas por grupos lingüísticos permitió intercambio auténtico, aunque luego controló secretaría. Los boletines de prensa se seguían por internet, pero no hubo más comunicación. Las ruedas de prensa se quedaron en generalidades, sobre tomas como condonación de deuda o diferencias norte-sur.

Documento:

El Mensaje al mundo fue aprobado por la asamblea, optimista, cordial. Decía las preocupaciones, hacía llamado a los distintos sectores, presentaba los desafíos.

Las 75 proposiciones alcanzaron 210 votos (de 216 padres). Curiosamente se filtraron a la prensa.

Se quedó en lo genérico y abstracto, aplicable a cualquier tiempo y lugar. Sólo las 10 últimas: solidaridad, derechos humanos, opción por los pobres, globalización, condonación parcial de la deuda.

El aula pidió al Papa hacer pública su exhortación postsinodal el 12 de diciembre de 1998.

En su discurso final, el Papa subrayó temas como pobreza, violencia, explotación, migrantes y analfabetismo, pidiendo más solidaridad y generosidad.

El Papa personalmente entrega las conclusiones en la Basílica de Guadalupe, en su Exhortación «Ecclesia in America» (22 enero 1999).

Declara fiesta continental el 12 de diciembre: Nuestra Señora de Guadalupe.

Pasos hacia la V CELAM:


a) Primeros Ecos
de una V Conferencia

En mayo de 2001, en la 28º asamblea ordinaria del CELAM en Caracas, se decidió pedir al Papa aprobar la idea de una V asamblea general del episcopado latinoamericano, con motivo de los 50 años del CELAM.

Estaban presentes: el Card. Giovanni Battista Re, Presidente de la CAL, el Vicepresidente Mons. Cipriano Calderón; los Presidentes de las Conferencias Episcopales, sus delegados al Consejo Episcopal y demás miembros del CELAM.

En carta del 30 de noviembre del mismo año llegó la respuesta: «El Santo Padre ha visto con atención el asunto, como lo han hecho también la Secretaría de Estado de Su Santidad y la Presidencia de esta Pontificia Comisión para América Latina. La propuesta ha sido considerada favorablemente».

Indicaba que no era fácil dar respuesta a una iniciativa a realizarse 5 años después. Encomendaba al Consejo de Presidencia del CELAM seguir profundizando y presentar proyecto al año.

En 2002, la directiva saliente encomienda su organización a la nueva directiva, como respuesta a los retos actuales: «Animar y coordinar, en comunión con la Santa Sede, la participación de las Conferencias Episcopales en la preparación y la celebración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano».

Varios cardenales que colaboran con el Papa en la Santa Sede dieron palabras de aliento. La hora actual de América Latina lleva a abordar desafíos nuevos y urgentes. La fe del Continente está amenazada y sería una enorme pérdida para la Iglesia perder su identidad. La vida cristiana necesita un nuevo impulso.

Card. Re, en el discurso inaugural de la asamblea del CELAM, en mayo de 2003, invitó a reflexionar sobre el tema de la V Conferencia general, la fecha y el lugar. Mostró la conveniencia de centrarse en la Iniciación Cristiana. Pidió no se celebrara en octubre o noviembre del 2005 debido a la Asamblea del Sínodo de los Obispos. Y la conveniencia de celebrarla en Roma.

Fue deseo mayoritario celebrarlo en América Latina. Quito ofrecía las instalaciones y el ambiente de sobriedad. Pero había la disponibilidad de celebrarla en Roma para contar con la presencia del Santo Padre.

Observaciones críticas:

Desde la petición en 2001, fueron llegando observaciones, peticiones, objeciones, señalando los problemas de su celebración.

Unas recogen las experiencias difíciles de la Conferencia de Santo Domingo: número excesivo, difícil conducción, tensiones entre la CAL y el CELAM.

Otros señalan los inconvenientes de elaborar en la misma Conferencia un documento conclusivo. ¿Vale la pena esperar cuatro años, para al final publicar lo que ya estaba escrito? Y si se escribiera entonces sólo lo operativo ¿sería capaz de provocar un proceso de cambio? ¿Se tienen los elementos suficientes, o se pierde tiempo en la redacción?

Otros hablan de la vastedad del tema de la evangerlización del continente, que no alcanza a profundizarse, y prefieren un tema parcial único, como en los Sínodos.

Otros optan por que se celebre como asamblea especial del Sínodo de los Obispos, y no como Conferencia general, que no tiene entidad jurídica.

Otros piden hacer un balance sobre la utilidad de los documentos que han producido estos encuentros episcopales.

En la reunión de los Presidentes de las Conferencias Episcopales de Puebla en febrero de 2004 se analizaron las observaciones.

Ratificaron el propósito de celebrar la V Conferencia. Consideraron que con 200 participantes se aseguraba repercusión en los países y fácil conducción.

La Conferencia misma votará si sus decisiones son base para elaborar posteriormente el texto del documento. De todas formas, el texto final se somete a la aprobación del Papa.

Prefirieron tratar una materia más específica, prescindiendo de una reflexión global sobre evangelización.

Constataron los impulsos poderosos de las anteriores Conferencias a la vida y misión de la Iglesia, y han acrecentado la comunión afectiva y efectiva.

Creyeron conveniente no concluir con un documento, sino organizar a continuación una Gran Misión Continental con los temas tratados.

Sería un gran encuentro episcopal para preparar esa misión, con un nuevo trabajo permanente en las diócesis.

Discutieron también la fecha. Consideraron que la exhortación apostólica postsinodal debería iluminar los trabajos de la V Conferencia. Pero las Conclusiones de ésta deben iluminar la programación de la próxima Presidencia del CELAM, elegida en mayo de 2007.

En mayo de 2004, Card. Francisco Javier Errázuriz Ossa, arzobispo de Santiago de Chile, Presidente del CELAM, y el Secretario, Mons. Andrés Stanovnik, en su visita de informe a la CAL en Roma, presentan el proyecto de dicha Conferencia general, a realizarse en 2007 en Quito, y un curso de acción, si el Papa aprobara.

b) Preparación

El 17 de octubre de 2003, en la celebración del 25º aniversario de Pontificado de Juan Pablo II, se dio información a todos los Presidentes de Conferencias Episcopales y Cardenales.

Del 12 al 13 de febrero, en Puebla de los Angeles, en los 25 años de la III Conferencia, se avanzó el discutido tema de la V Conferencia.

El CELAM es una familia de Conferencias Episcopales, expresión privilegiada de la comunión con Dios, con el Santo Padre y con toda la familia de Dios. Como continente, compartimos un substrato cultural católico, grandes esperanzas y dolorosos problemas.

Mons. Jorge Jiménez Carbajal dibujó el itinerario histórico y pastoral de las Conferencias anteriores. Card. Claudio Hummes resaltó la nueva situación, los cambios profundos en las coordenadas religiosas, de valores, políticas y económicas.

Se complementó el proyecto y se trató el horizonte de tiempo o curso de acción:

Antes de la Conferencia: Anuncio, animación y definición de la propuesta del tema (2004); elaboración del Documento de Participación (dP) para la consulta a las diócesis y conferencia episcopales (2005); retroalimentación y Documento Síntesis (dS) (2006).

Durante la Conferencia: la asamblea va afinando el mismo dS, hasta producir el documento final (2007), sometiéndolo a la autorización del Papa.

Después de la Conferencia: organización de una gran Misión continental (2007-2011).

Se envió a las Conferencias Episcopales una encuesta de 6 preguntas, pidiendo que en asamblea respondieran al menos a las primeras, y dejando a una comisión el resto. Las preguntas son las siguientes:

a) Su aceptación y observaciones acerca del tema central: vocación, formación, unidad y misión de los discípulos de Jesucristo.

b) Si desea proponer otros temas centrales.

c) Tres temas que puedan ser materia de un seminario o congreso preparatorio (estudio bíblico sobre discipulado, congreso mariológico sobre acción pastoral, trabajos con la Santa Sede: Pontificios Consejos para la cultura y para los laicos, encuentro de movimientos eclesiales sobre formación de discípulos e inserción en las Iglesias particulares.

d) Indicaciones y elementos para el documento de participación o consulta.

e) Aportaciones sobre aspectos olvidados, gérmenes de vida en los cambios culturales, voz de Dios en las voces el tiempo, que aparezcan en nuestra realidad social y eclesial.

f) Sugerencias para la preparación de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.

c) Hacia la
V Conferencia General

Las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano han permitido que esta Iglesia, en este contexto, descubra sus signos de identidad y adquiera un estilo propio.

Nuestra Iglesia latinoamericana es una Iglesia atenta a los signos de los tiempos, que hace opción por los pobres, y aplica la Doctrina Social de la Iglesia.

Las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano han tenido tres características:

a) Evangelización: contante tarea (anuncia a Cristo, dialoga, lleva a experiencias).

b) Discernir, por la complejidad, no tiene precio la salvación, hay esperanza.

c) Respuesta orgánica y planificada a los desafíos.

Hay valores constantes: comunión, participación, opción por los pobres, discernimiento evangélico de la realidad, solidaridad. En nuestra acción latinoamericana hay a la vez ruptura y continuidad.

No ha cambiado la injusticia social, sino que se ha agravado. Pero ha aparecido la globalización, que se generaliza, con su secuela de marginados, desplazados y discapacitados.

Es un cambio de época, por la intercomunicación inmediata, que permite intera­cción e intercambio a distancia. Hay nueva búsqueda del sentido de identidad.

La globaliza­ción en la cual apenas transitamos, los efectos de la postmodernidad y el neoliberalismo, sin saber sus sutiles confines entre bien y mal, obligan a emprender una V Conferencia general.

Exige a la Iglesia reconstruir los vínculos y responsabilidades de pertenencia social mutua, por su encarnación e inserción; ser sacramento de unidad, reflejo de la comunión trinitaria, por su catolicidad, y la vocación del hombre a la comunión; ser casa y escuela de comunión, al servicio de una globalidad humana y la globalización de la solidaridad cristiana.

Hay muchas sombras tenebrosas: la crisis de valores, la corrupción y violencia, la globalización del desempleo, el empobrecimiento, el supermercado de ofertas religiosas, el quiebre antropoló­gico que se manifiesta en actitudes frente al sexo, la vida, la mujer, la familia, la crisis de gobierno político en el mundo.

Estados Unidos, con el ALCA (área de libre comercio en las Américas) quiere un gran supermercado. Barrerá con sus exportaciones si no se unen los países. Se requiere simetría en intercambio de bienes y servicio.

Se debe buscar eficiencia y éxito económico, utilizar bien los instrumentos informáticos y comunicacionales. Las instituciones han perdido autoridad moral.

El terrorismo ha originado un gran deseo de paz. El empobrecimiento ha producido muchas iniciativas de solidaridad.

Hay un pluralismo religioso e invasión de sectas. Los sectores intelectuales y comunicadores han caído en nuevo agnosticismo, hay nuevos movimientos laicos no abocados a la transformación del mundo.

Se requiere que la Iglesia sea realmente casa y escuela de comunión y solidaridad en un mundo globalizado.

América Latina es compleja e inédita, con distintos escenarios simultáneos:

- esclavitud (desempleo, explotación laboral y de niños).

- feudalismo (posesión de campos y vidas).

- capitalismo (mercado sin control estatal para masas consumistas).

- nichos de apogeo (élites, agentes de globalización, transnacionales, burocracias).

Responder pastoralmente a una realidad que nos rebasa parece que nos ha cansado. El anhelado nuevo rostro de la Iglesia parece nunca hacerse realidad. Los temas pastorales parecen vacíos y gastados.

Cristo nos pidió vigilancia y oración para no sucumbir en el momento de la prueba. Necesitamos llenarnos de una viva esperanza. Cristo es el señor de la historia, y ya ha triunfado. Es preciso tener mentalidad de triunfadores, y una fortaleza de ánimo para comprometernos.

Es el momento de no perder nuestra confianza en Dios, que no dejará sin recompensa lo que hagamos por los demás. Es el momento de trabajar y aguantar, de esperar y de recordar que el creyente vive de fe, que los cobardes lo echan todo a perder.

Nos ha tocado vivir un momento difícil de la historia. Los problemas que nos golpean son una exigencia para salir del egoísmo, de la mediocridad, del conformismo, de la evasión fácil.


Con la fuerza del Espíritu Santo, en comunión y participación, podremos rehacer el tejido de nuestra Iglesia renovada y restablecer las ilusiones pastorales y la unidad de acciones.

Es el momento de abrir los ojos y mirar las acciones de tantos evangelizadores que, a lo largo del pasado, superaron los problemas de su tiempo, y ahora nos invitan a sacudir nuestros lastres y superar la prueba. Nos invitan a reconstruir nuestro cristianismo, no sólo con la indispensable gracia de Dios, sino también con los preciosos materiales humanos que todavía poseemos.

Es la oportunidad de levantar la mirada, por encima del maremoto cultural y religioso, hasta el cielo. El hombre se distingue del animal por tener los ojos por encima del agua del tiempo. No nos arrastra la historia, sino podemos mirar fuera de la corriente y dominar el tiempo.

Proclamemos sin miedo ni complejos que el futuro es de Dios. Ni el mal ni la muerte son nuestro destino ni la última verdad. Sabemos y creemos que Dios tiene la última palabra sobre la historia.

El futuro es para la novedad y la vida, para la invención y el progreso. El futuro es de Dios, pero la responsabilidad presente es del hombre, de nosotros.

Abrámonos al futuro que Dios nos ofrece, como espacio libre donde todos se realicen, en la alegría y en la fiesta de la vida y la solidaridad.

La mirada del creyente no deja lugar, ni a la oscuridad, ni al oscuro pesimismo. Trabajamos para la eternidad, luchando por hacer realidad una nueva época en la plenitud de los tiempos.

d) El Documento
de Participación

Tiene cinco capítulos, en 195 números, con 3 anexos. Pretende despertar la participación de los distintos organismos eclesiales del continente.

I. El anhelo de felicidad, de verdad, de fraternidad y de paz.

Somos buscadores y peregrinos. «En lo más honde de nuestro ser hay hambre de amor y de justicia, de libertad y de verdad, sed de contemplación, de belleza y de paz, ambición de plenitud humana, ansias de hogar y fraternidad, deseos de vida y felicidad» (1).

«En nuestras búsquedas se abre camino nuestra sed de Dios y late la vocación al cielo» (2). «Somos cada vez más felices en la medida en que vivimos con mayor plenitud nuestra vocación al amor, a la verdad, a la libertad y a la felicidad, y realizamos lo que da sentido a nuestra vida: ser imagen y semejanza de Dios (3).

Pero muchos «se desvían, persiguiendo su cumplimiento por caminos errados» (4).

«La revelación ilumina los anhelos más profundos que Dios puso en nuestro corazón al crearnos» (5).

En el Antiguo Testamento Dios se manifestó como Padre y pastor, señor de la historia, legislador y juez (6). De los mandamientos floyó la legislación: el hombre es administrador de los bienes de Dios (9).

Por la Encarnación, se hace nuestro hermano y salvador, camino y verdad (10). El sacia nuestra sed, pues es la vida (11).

Proclama el código de felicidad que son las bienaventuranzas (13), en las que somos testigos, apóstoles, colaboradores de Cristo (14), abrazando la Cruz (15).

El cristianismo es buena noticia para la humanidad (16) y originó las comunidades cristianas (17). Las persecuciones y el martirio ocasionaron su expansión (18).

Los apóstoles recibieron el mandato: «Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos» (Mt 28,18). Y fueron más allá del Imperio Romano (19), testigos de la Encarnación y la Pascua del Señor (20).

II. Desde la llegada del Evangelio a América Latina y el Caribe vivimos nuestra fe con gratitud.

Nuestros pueblos recibieron la bendición del encuentro con Jesucristo vivo, por un sabio y bondadoso designio de la providencia divina (21). Ya había semillas del Verbo (22). Dios quiso valerse del hecho guadalupano para encarnar el Evangelio.

«Nuestro radical sustrato católico con sus vitales formas vigentes de religiosidad, fue establecido y dinamizado por una vasta legión misionera de obispos, religiosos y laicos. Está ante todo la labor de nuestros santos, como Toribio de Mogrovejo, Rosa de Lima, Martín de Porres, Pedro Claver, Luis Beltrán y otros» (24).

La evangelización fue dramática, sometida a las viscicitudes históricas, envuelta en luces y sombras. «Recordamos con gratitud a los intrépidos luchadores por la justicia, evangelizadores de la paz, como Antonio de Montesinos, Bartolomé de las Casas, Juan de Zumárraga, Vasco de Quiroga, Juan del Valle, Julián Garcés, José de Anchieta, Manuel Nóbrega y tantos otros» (25).

«Compartimos el dolor de quienes fueron testigos de aquellas jornadas de la conquista que se caracterizaron por abusos de los conquistadores sin escrúpulos. Y nos duelen con intensidad no menor los sufrimientos de quienes fueron arrancados de sus familias y de su patria y sometidos a esclavitud», Juan Pablo II pidió perdón en Gorea por este «holocausto desconocido» (27).

La evangelización fundante fue tan fuerte, que la Iglesia resistió las crisis, persecuciones y conflictos (28).

Una Iglesis viva, fermentada por la experiencia de la gracia de Dios.

Crece el número de quienes se encuentran con Cristo y se comprometen con El (31). El dinamismo del Evangelio nos hace ser el continente de la esperanza (32). El testimonio, magisterio y viajes a nuestros pueblos del papa Juan Pablo II marcan hitos imborrables de nuestra historia (33).

Hay varios signos de la vitalidad que palpita en nuestro continente (34):

La fe en Dios pertenece al patrimonio del pueblo: cree un 90%, somos cristianos, celebramos la semana santa, el domingo, tenemos parroquias y movimientos, que son escuelas de discipulado, una gran piedad y religiosidad populares, beatos y santos (a-d).

Seguimos una Nueva Evangelización, con las consignas entregadas por Juan Pablo II: «ir al encuentro de Jesucristo vivo, contemplar su rostro, recorrer sus caminos unidos a la Virgen María, construir una Iglesia que sea casa y escuela de la comunión, la oración, el espíritu misionero, aspirar a la santidad y hacer de la Eucaristía la fuente y la cumbre de la vida... globalizar la solidaridad, evangelizar la cultura y desplegar la imaginación de la caridad (f).

Crece el número de agentes de pastoral: Delegados de la Palabra, catequistas, diáconos permanentes que requieren selección, formación y acompañamiento también familiar (gh).

La pastoral juvenil gire en torno a Jesucristo (i). La pastoral vocacional se inserte en la pastoral orgánica diocesana, vinculada a la pastoral familiar y juvenil.

«El fundamento de la eficacia de la pastoral está en la oración, en la frecuencia de los sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación, la catequesis de la Confirmación, la devoción mariana, el acompañamiento con la dirección espiritual y un compromiso misionero concreto» (j).

La pastoral familiar, que todavía no es una dimensión transversal de todos los esfuerzos pastorales, se ve asediada por ideología y costumbres que minan los fundamentos del matrimonio y la familia (k).

«La Iglesia se ha visto enriquecida con una pastoral social que busca responder a las necesidades urgentes de nuestros pueblos. De hecho, en ella ha tenido una gran influencia la opción preferencial por los pobres... y el conteindo evangélico y teológico de la liberación, que ha abierto un nuevo horizonte a la acción evan­gelizadora... Ha buscado norte en las opciones de Jesús, y su campo de aplicación también en las nuevas formas de pobreza, incluyendo toda suerte de marginación y adicciones» (m).

Se ha despertado espíritu de comunión, participación y corresponsabilidad, manifestado en comunidades eclesiales de base, ministerios laicales, consejos pastorales, participación activa de laicos (n).

Se expresa en el autofinan­ciamiento de las Iglesias particulares, reconociendo el señorío de Dios, expresando un sentido de pertenencia y compromiso con la comunidad, poniendo a disposición talento, tiempo y bienes (o).

Surgen iniciativas para trabajar con personas de creencias diversas (p).

III. Discípulos y misioneros de Jesucristo.

Dios nos ha regalado este tiempo de cambio como casa, atmósfera, parte de nosotros y desafío. Cambian instituciones, personas, comunidades, leyes, costumbres, sentimientos, ideas, identidades y valores (36).

Nos preguntamos sobre nuestra identidad, vocación y misión cristianas, enmedio de expectativas, pobrezas, adelantos científicos y técnicos, apertura al mundo corrientes culturales, enfrentamientos de valores, megatendencias, la globalización como desafío a la economía, la vida y la identidad (37). Un horizonte «lleno de realidades nuevas, de investigaciones asombrosas, de vacilaciones éticas, de sufrimientos y búsquedas esperanzadas, de nuevas propuestas religiossas, de inequidades y corrupciones, pero también de ansias de solidaridad, lleno de desafíos seculares» (38).

Por eso el tema de la V Conferencia General: «Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en El tengan vida» (38).

a) Por el encuentro con Jesucristo vivo, discípulos y misioneros suyos.

«El encuentro con Jesucristo es la raíz, la fuente y la cumbre de la vida de la Iglesia y el fundamento del discipulado y de la misión» (39).

«Cristo es y será siempre la verdadera novedad que supera todas las expectativas de la humanidad. Por el encuentro con El, los seres humanos sabemos quiénes somos, de dónde venimos y hacia donde vamos. Por eso el mejor servicio que podemos hacer al mundo contemporáneo es dar testimonio de El y anunciarlo vivo, resucitado y presente, y que con su Espíritu dirige la historia hacia el cumplimiento de sus promesas» (40).

Será ocasión de discernir sobre la calidad de nuestra vida, nuestras celebraciones litúrgicas, el trabajo catequístico, la acción social y solidaria: si conducen al encuentro vivo con Jesús, lo celebran, lo prolongan, lo anuncian a quienes están lejos o no lo conocen. La riqueza mariana y otros lugares propician el encuentro con Jesús (41).

Cristo es el «sí» del Padre, y el camino del cumplimiento de nuestros anhelos (42). Transforma nuestra vida, dándole una identidad católica, autenticidad de vida cristiana, intensidad de ardor misionero (43).

b) Discí