Hoy Jueves, 20 de noviembre de 2008 | 21:26

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EDPIP 127

 

 

El Sacerdote y la Biblia

 

 

Sr. Cura José Hernández Rojo

 

 

"Año de la Santidad"

2002-2003

 

1.- AL ENCUENTRO CON JESUCRISTO

 

¿Qué está sucediendo? ¿Qué ha pasado? El Papa nos dice: "Mar adentro"

"Abran las puertas al Redentor" "No tengan miedo". También hemos leído en el Evangelio hermosas conversiones: Zaqueo, La Samaritana Mateo y muchos más. ¿Qué sucede hoy? Las gentes, nuestras gentes católicas no manifiestan deseos de conversión, da la impresión de querer mantenerse tibias y sin aspiraciones a mayor perfección, ni a mayores conocimientos. ¿Qué fenómeno estamos viviendo?

¿Ya hemos pensado los sacerdotes si acaso nosotros tenemos alguna culpa? ¿Qué nos estará faltando a los sacerdotes del siglo XXI?

En tiempos de Cristo se vieron esos milagros que realizó él y podremos refugiarnos al decir que nosotros no somos dioses y es verdad, pero ... ¿No nos envió a predicar? Igual que a los apóstoles nos dice: "Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder, ejérzanlo gratuitamente" (Mt.10,77-88) Y en otro evangelista dice: "En mi nombre echarán los espíritus malos, hablarán nuevas lenguas, tomarán con sus manos las serpientes y, si beben algún veneno mortal, no les hará daño. Pondrán las manos sobre los enfermos y sanarán" (Mc. 16,17-19). Al ver esto ¿Qué nos hará falta a los sacerdotes?. Cada uno de nosotros hemos de examinarnos a ver qué tanto tiempo dedicamos a la oración, y cuántos sacrificios ofrecemos a Dios por nosotros mismos y por la comunidad a nosotros encomendada.

No se trata sólo de enseñar lo que hemos conocido, sino también, como la samaritana, hacer que los demás encuentren a Jesús: "Venid a ver" (Jn. 4,29), como Andrés "Hemos encontrado al Mesías"

El resultado será el mismo como el que se verificó en el corazón de los samaritanos que decían a la mujer: "Ya no creemos por tus palabras; nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo" (Jn, 4,44).

La Iglesia que vive de la presencia permanente y misteriosa de su Señor resucitado, tiene como centro de su misión "llevar a todos los hombres al encuentro con Jesucristo". Esa es nuestra misión de sacerdotes. Somos presbíteros para llevar los hombres a Cristo, pero ¡Cómo se nos está dificultando!

¿Acaso nos faltará imitar al santo Cura de Ars quien para convertir a aquella gente tosca de ese pueblecito se dedicó al ayuno y a la oración profunda? ¿Cuánto tiempo dedicamos a la lectura meditada de la Biblia?

2.- CRISTO ESTA VIVO

 

La Iglesia está llamada a anunciar que Cristo vive realmente, que murió, resucitó y que es el único salvador de la humanidad, y que continúa, como salvador de la historia, operante en la Iglesia y en el mundo por medio de su Espíritu hasta la consumación de los siglos.

La presencia del resucitado en la Iglesia, hace posible nuestro encuentro con El, gracias a la acción invisible del Espíritu Santo vivificante. Este encuentro se realiza en la fe recibida y vivida en la Iglesia, cuerpo místico de Cristo. Este encuentro, pues, tiene esencialmente una dimensión eclesial y lleva a un compromiso y lleva a un compromiso de vida. En efecto, encontrar a Cristo vivo es aceptar su amor primero, optar por él, adherir libremente a su persona y proyecto, que es el anuncio y la realización del Reino de Dios.

La pregunta sigue en el aire: ¿Por qué no somos capaces de lleva los hombres a Cristo?

Sabemos que el llamado suscita la búsqueda de Jesús: "Rabí, ¿dónde vives?. "Vengan y lo verán" les contestó. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día (Jn, 1,38-39). Ese "quedarse" se extiende a toda la vida. Seguir a Cristo es vivir como él vivió, aceptar su mensaje, asumir sus criterios, abrazar su suerte, participar su propósito que es el plan del Padre, y eso obliga a invitar a todos a la comunión trinitaria y a la comunión con los hombres en una sociedad justa y solidaria.

Leemos en Iglesia en América # 68 "Encontrarse con Jesús, invita a comunicarlo para que otros los sigan, eso es ser evangelizador, pero no hemos sido tan exitosos, no nos siguen a nosotros, y menos as Cristo". ¿Por qué?

En el dinamismo de la evangelización, aquel que acoge el Evangelio como Palabra que salva (Rom. 1, 16 y 1 Cor 1,18) lo traduce normalmente en estos gestos sacramentales: adhesión a la Iglesia, acogida de los sacramentos que manifiestan y sostienen esta adhesión por la gracia que confieren (cfr. en 23).

Pero me pregunto ¿No hemos tenido dinamismo evangelizador? ¿Por qué los que reciben el mensaje no se adhieren a la Iglesia y a los Sacramentos? ¿Por qué no hay novedad de vida?

3.- NUESTRA MISION: EVANGELIZAR

 

Nosotros los sacerdotes somos hombres de Dios y nuestra misión es evangelizar, nuestros instrumentos para cumplir esta misión son ante todo: La Sagrada Escritura interpretada por el Magisterio de la Iglesia; la tradición (Cfr. D.P. 1001). Otros instrumentos son los sacramentos administrados y vividos con fe; y de una forma excelente: La Eucaristía.

San Pablo nos ha recordado que Dios nos eligió antes de crear el mundo parea que seamos santos e inmaculados en su presencia por el amor". (Ef, 1,4)

Cristo quiso escogernos por su propio gusto sin que nosotros se lo pidiéramos. "No me eligieron ustedes a mí, fui yo quien los elegí a ustedes y los he destinado para que vayan y den fruto abundante y duradero (Jn. 15,16).

Somos administradores. Así dice San Pablo: "Que se nos tenga por tanto, como ministros de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, lo que se exige a los administradores que sean fieles" (I Cor 4,1-2). De aquí se desprende el amor que el Sacerdote debe tener a la Sagrada Escritura por ser la fuente principal de la catequesis y de la inspiración espiritual sacerdotal (DP 981).

Ahora, más que nunca nos proyectan los documentos eclesiales como DP 1107 ; DV; SD 33 ; Chr.F.L. 36 ; IA 68 para que apreciemos, conozcamos y difundamos la Sagrada Escritura. La debemos aprovechar en la oración personal privada y pública, cada vez más frecuente por la unidad, en encuentros y grupos de reflexión; en trabajos conjuntos para la promoción del hombre, la defensa de los derechos humanos y la construcción de la justicia y la paz

En toda evangelización resuena la Palabra de Cristo que es a su vez Palabra del Padre. Esta Palabra busca la respuesta de la fe (Lc. 8,12)

Pero también la misma palabra proclamada por la Iglesia quiere entrar en fecundo intercambio con las manifestaciones religiosas y culturales que caracterizan nuestro mundo pluralista de hoy (DP 1114)

siempre dando testimonio (EN 21) que se note que la Palabra ha dado fruto en nuestra vida. Que manifestemos el gozo del Espíritu y la paz como frutos que actúan en la caridad, manifestado con la alegría como característica del hombre espiritual. Ya lo hemos leído: "Estad alegres, os lo repito, estad siempre alegres y orad constantemente" (I Tes 5,16).

Preguntémonos:

1.- ¿Cuánto tiempo he dedicado a orar con la Biblia en mano, yo que soy sacerdote?

2.- ¿He aprovechado el movimiento bíblico con nuevos métodos de oración contemplativa y por el movimiento de grupos de oración? ( DP 905)

3.- He orado juntamente con la comunidad, sabiendo que al unirme a ella la evangelizo y le proporciono fuerza evangelizadora? (DP 906)

4.- LA PALABRA DE DIOS PRESENTE EN LA VIDA DE LA IGLESIA

 

Si la identidad más profunda de la Iglesia es la evangelización y constituye la dicha y vocación, (EN 13) eso mismo ha de decirse del sacerdote.

La tarea evangelizadora o se debe, ni se puede dar al margen de la Sagrada Escritura. Esta, sin una comunidad eclesial que le dinamice, no pasa de ser un libro. Y cuando la Iglesia camina al margen de la Palabra de Dios, disimulando o tergiversando su exigencia, no va más allá de aparecer como un grupo o club.

El sacerdote debe unir la Palabra de Dios y la Comunidad porque son dos realidades intrínsecamente unidas

La Sagrada Escritura es algo imprescindible en la vida de la Iglesia. No se entiende su identidad, ni se hace efectiva su misión sin la escucha atenta y la proclamación auténtica de la Palabra. Es indispensable esta relación entre Comunidad y Palabra, pues se ubica en el punto de identidad más profunda de la Comunidad eclesial: La Evangelización (Ideario- Guía para la Pastoral Bíblica en M. Pág. 14) y ( EN 15)

1.- ¿Estas afirmaciones me ayudan a pensar en algo?

2.- ¿Soy sacerdote evangelizador usando la Biblia o cómo soy?

3.- ¿He aprovechado Biblia y Comunidad para identificar una comunidad evangelizando?

5.- LA BIBLIA ALIENTA Y EDIFICA LA IGLESIA

 

El sacerdote encargado de hacer una labor como la hizo Cristo, debe tener una gran motivación para insertar la Biblia en la Iglesia. Sabemos que la Biblia nació de la comunidad, pero debe volver a ella para edificarla, alimentarla y acompañarla en la misión permanente de dar testimonio de su fe hasta el final de los tiempos.

Que la Biblia vuelve a la Iglesia porque a alguien se le tenía que confiar, no es cierto; más bien, porque los seguidores de Jesús sin la Biblia no podrían ser tales, sin hacer referencia permanente al proyecto histórico y salvífico de Dios para la Humanidad expresado en ella. Con otras palabras: La Biblia ha sido confiada a la Iglesia parea hacerla vida y así conservarla con autenticidad: Palabra viva de Dios.

Por eso la DV dice: "Es tan grande el poder y la fuerza de la Palabra de Dios que constituye el sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual" (# 21)

1.- ¿Medito fervorosamente leyendo la Biblia?

2.- ¿Me siento seguidor fiel de Cristo siguiendo el proyecto salvífico de Dios para los hombres?

3.- ¿Hago vida lo que leo en la Biblia?