![]() |
![]() |
![]() |
|
|
Hoy
Jueves, 20 de noviembre de 2008 | 23:20
|
|||
![]() |
![]() |
|
|
|
|
EDPIP 128
El Sacerdote y la Familia
Sr. Cura José Hernández Rojo
"Año de la Santidad" 2002-2003
Como miembro de una Iglesia particular, todo sacerdote debe ser signo de comunión ante todo y en primer lugar con su Obispo puesto que es su inmediato colaborador; en segundo lugar con sus hermanos en el Presbiterio; y en tercer lugar con la comunidad que le ha sido confiada puesto que debe ser signo de comunión para conducirla al encuentro con Jesucristo Buen Pastor; Por su vocación el sacerdote debe ser signo de unidad (IA 39). El sacerdote debe poner sus cinco sentidos sobre quien tiene el papel primario de <humanización>. A todas luces comprendemos que la familia es la que ocupa este lugar por ser el Matrimonio y la familia los que constituyen el primer campo para el compromiso social de los fieles laicos. Es un compromiso que sólo puede llevarse a cabo adecuadamente teniendo la convicción del valor único e insustituible de la familia para el desarrollo de la sociedad y de la misma Iglesia. Por eso el sacerdote debe pensar, planear y actuar siempre en pro de la familia, además es la célula fundamental de la sociedad, cuna de la vida y del amor en la que el hombre "nace " y "crece". Si el sacerdote se ubica bien ante la familia, puede ayudar a que ella se fortifique en la fe y crezca en los valores humanos y cristianos.
Los sacerdotes hemos de pensar en cómo llegar a la familia para que se acepte efectivamente el anuncio evangélico, y se asimile y cada familia se adhiera de corazón al mensaje salvífico. La familia como tuvo su origen en el matrimonio que es comunidad de vida y de amor, ha de estar fortificada por el sacerdote, ya que es su pastor, y éste le ha de proponer el nuevo estado de cosas, la nueva manera de ser, de vivir, de vivir juntos, que inaugura el Evangelio. (EN 23). Esta adhesión no debe quedarse en algo abstracto y desencarnado, se revela concretamente por medio de una entrada visible, en una comunidad de fieles, nos lo dice el Papa Paulo VI. Yo diría: encarnarse e la comunidad parroquial o vicarial. Así podrá el sacerdote ver un signo de transformación, signo de la novedad de vida: La Iglesia, sacramento universal de salvación . Los sacerdotes hemos de ver y constatar que una familia está suficientemente evangelizada si nota que a su vez esa familia evangeliza a otras familias. Allí está la prueba de la verdad, la piedra de toque de la evangelización. Paulo VI lo dijo: "Es impensable que un hombre haya acogido la palabra y se haya entregado al Reino sin convertirse en alguien que a su vez da testimonio y anuncia" (EN 21) Nosotros entendemos con claridad que el sacerdote ayuda a la familia presentando el mensaje con elementos variados: Renovación de la humanidad; testimonio; anuncio explícito; adhesión del corazón; entrada en la comunidad; acogida de los signos e iniciativas de apostolado. Estos elementos son complementarios y mutuamente enriquecedores y se deben integrar unos con otros. Con todo esto nos percatamos que la familia debe buscar la santificación de sus miembros, y el sacerdote, siempre atento, buscará poner en práctica esos elementos ya mencionados, pero aún más ha de poner en práctica lo dicho por del documento Novo Millennio Ineunte #32 que dice: "Es necesario un cristianismo que se distinga, ante todo, en el arte de la oración. No basta rezar, es preciso aprender a orar, como aprendiendo de nuevo este arte de los labios mismos del Divino Maestro, como los primeros discípulos, "Señor, enséñanos a orar" (Lc, 11,1). Hemos de urgirnos siempre a orar. Estos tiempos del siglo XXI nos apremian a intimar con Cristo, a invocar al Espíritu Santo para que nos regale sus Siete Dones y sus Doce Frutos. La familia que en esta época se siente tan agredida por el ambiente, por los MCS, por el Neoliberalismo, debe fortificarse, pues en la plegaria se desarrolla el diálogo con Cristo que nos lleva al Padre y nos convierte en sus íntimos: "Pensad en mi como yo en vosotros" (Jn. 15,4). Esta reciprocidad es el fundamento, el alma de la vida cristiana y un condición para toda vida espiritual auténtica, viviéndola en familia, y ante todo en la Liturgia, cumbre y fuente de la vida eclesial (SC 10) y también en forma individual personal, es el secreto de un cristianismo realmente vital. El modelo eximio para ser imitado por todas las familias cristianas es La Sagrada Familia ya que al nacer de mujer y en una familia el Hijo de Dios ha santificado la familia humana. Así que aquí y en todas partes hemos de imitar a esa sagrada familia pues el núcleo familiar es aquel espacio en el que se despliega la abundante gracia de Dios, que nos hace renacer en el bautismo. (J. Pablo II en Chihuahua). Los sacerdotes cuidarán la grandeza y la responsabilidad de la familia por ser la primera comunidad de vida y de amor; ese amor existente entre los esposos cristianos es una realidad santa y noble. Y cuando viven en gracia los asiste el Espíritu Santo y se asemejan a la Iglesia y a Cristo tal como lo dijo San Pablo: "Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella" (Ef, 5,25).
El Papa en Chihuahua también recalcó: "Quiero recordar a los esposos el grave deber que les incumbe de colaborar en las cargas del hogar con su trabajo, no dilapidando el salario, que es un bien para toda la familia, siendo al mismo tiempo fieles a su esposa con un amor único e indiviso, mostrando verdadero afecto y dedicación de los hijos. ¡La familia se conserva y fortalece gracias al amor!" 1.- EDUCACION La familia ha de ser también el ámbito donde los jóvenes sean educados en la virtud de la castidad. Ella ha e ser la primera escuela de vida para los hijos, preparándolos para la responsabilidad personal en todos sus aspectos, incluidos los que se refieren a los problemas de la sexualidad. La educación para el amor, como don de sí mismo, es premisa indispensable para una educación sexual clarea y delicada que los padres están llamados a realizar. (J. Pablo II en Chihuahua) Como señala la Exhortación Apostólica Familiaris consortio : "En este contexto es del todo irrenunciable la educación para la castidad, como virtud que desarrolla la auténtica madurez de la persona y la hace capaz de respetar y promover el significado esponsal del cuerpo (n. 37) Una información sexual que prescindiera de los valores morales constituiría un empobrecimiento de la persona y contribuirla a oscurecer su dignidad. Y es que la familia ha recibido de Dios la misión de ser "la célula primaria y vital de la sociedad" (AA 11) Como en un tejido vivo, la salud y la fuerza de la sociedad depende de la salud y la fuerza de las familias que la integran. Por ello, la defensa y promoción de la familia es también defensa y promoción de la sociedad misma. Consiguientemente, ha de ser ésta la primera interesada en el desarrollo de una cultura que tenga como base la familia. Los pastores de las familias hemos de estar siempre dispuestos a auxiliarlas as fin de que puedan realizar de la mejor manera posible esta formación en los hijos y además hemos de encomendar a todas las familias a la Sagrada familia de Nazareth para que cada familia llegue a ser !la iglesia doméstica" en la cual, mediante el amor, maduren los nuevos hombres y mujeres en su dignidad de hijos por la adopción divina. Que en cada familia se verifique lo que el Apóstol Pablo dice en su carta a los Gálatas: "La prueba de que sois hijos que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama ¡Abbá, Padre!" (Gal, 4,6) (J. Pablo II en Chihuahua
2.- YO ESTARE CON USTEDES Esa es la afirmación de Cristo que nos da fortaleza. No estamos solos, durante milenios la Iglesia ha sido acompañada por esta certeza, y la hemos de avivar ahora que estamos viviendo el Año de La Santidad. Por eso los sacerdotes que somos guías del pueblo, y se supone que los maestros de la santidad, hemos de estar seguros de la afirmación de Cristo. El no nos deja solos, por eso: DUC IN ALTUM = MAR ADENTRO. En nombre de Cristo fortifiquemos nuestra labor santificadora, y ni preguntemos para qué lo hemos de hacer, pues ya lo sabemos: Vivir el Evangelio. Encarnar a Cristo Darlo a los demás. Y si el sacerdote sabe compartir, sabe delegar, sabe relacionar a los demás en la labor profética y litúrgica, el resultado será obvio: Habrá caridad. El seminario trabaja en formar sacerdotes haciendo hincapié en l formación de jóvenes que permanentemente vivan la caridad pastoral. Sabemos que los sacerdotes solos no pueden vivir el celo pastoral, pero el Espíritu Santo inicia y acompaña al sacerdote para que conociendo más perfectamente y con mayor profundidad el misterio de Cristo, se encaucen a servir a las familias con intenso sentido pastoral. Más aún, la misma caridad pastoral empuja al sacerdote a conocer cada vez más las esperanzas, necesidades, problemas, sensibilidad de sus feligreses. Por lo mismo, para que el sacerdote cumpla con mayor atingencia su ejercicio pastoral ha de vivir en una permanente formación como exigencia intrínseca del don del ministerio sacramental que recibió, sobre todo porque le urge la Nueva Evangelización en este naciente milenio (PDV n. 70) 3.- PONER POR OBRA Es cierto: "La verdad hay que vivirla", ya Santiago apóstol no lo ha recordado: "Poned por obra la Palabra y no os contentéis con sólo oírla, engañándoos a vosotros mismos" (St, 1,22). Los sacerdotes estamos llamados a vivir la verdad de sus ser, o sea, vivir " en la caridad" (Ef. 4,15) su identidad y su ministerio en la Iglesia y por la Iglesia. Estamos llamados a tomar conciencia cada vez más viva del don de Dios y a recordarlo continuamente, como lo recordó Pablo a Timoteo: "Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros" (2 Tim 1,1-4). El sacerdote que es consciente de todo esto sabe vibrar con el ambiente familiar, sabe llegar a las familias para orientarlas dentro de los valores humanos y cristianos. Con esto el sacerdote crea un ambiente donde las familia se funde en la Iglesia "misterio" pues permanece en la verdad de su ser, ya que vive la fe con la mirada y los ojos de Cristo (PDV 74). Y el sacerdote no se queda allí, sino que da otro paso en la ayuda familiar, que es Iglesia doméstica, porque el sacerdote tiene la firme convicción de que su ministerio está radicalmente ordenado as congregar a la familia de Dios como fraternidad animada por la caridad y llevarla al Padres por medio de Cristo en el Espíritu Santo. O sea que la Iglesia "comunión" es bien entendida por el sacerdote que va creciendo en la conciencia de la profunda comunión que lo vincula al Pueblo de Dios; él no está solo >al frente de la Iglesia>, sino ante todo "en" la Iglesia. Es hermano entre hermanos. Revestido por el Bautismo con la dignidad y libertad de los hijos de Dios en el Hijo unigénito, el sacerdotes es miembro del mismo y único cuerpo de Cristo (Ef. s 44,116) (PDV 74). Aquí se ve venir la corresponsabilidad en la común y única misión de salvación con la diligente y cordial valoración de todos los carismas y tareas que el Espíritu otorga a los creyentes para la edificación de la Iglesia . El sacerdote ha de esforzarse por vivir y testimoniar su profunda comunión con todos como escribía Pablo VI: "Hace falta hacerse hermanos de los hombres en el momento mismo que queremos ser sus pastores, padres y maestros. El clima del diálogo es la amistad. Más todavía el servicio (Ecclesiam suam)
3.- ¿Me siento encarnado a Cristo para valorar humanamente y a lo cristiano las personas con sus problemas?
|
||