Hoy Jueves, 20 de noviembre de 2008 | 22:23

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EDPIP 135

 

 

"Hora Santa por la Paz"

 

 

Sr. Cura Francisco Escobar Mireles

 

 

"Año de la Santidad"

2002-2003

 

 

INTRODUCCION

Monición: Vivir en paz es una de nuestras aspiraciones más profundas. Nos estremecemos cuando la guerra rompe la paz. La paz es un bien en constante peligro. La paz está una vez más amenazada. La paz está ausente. Suena el tambor de guerra en los lugares en conflicto. Suena el tambor de guerra en el mundo entero. Y nosotros condenamos la guerra, movidos por nuestra fe cristiana. Por eso nos congregamos en torno a Jesús sacramentado. Porque necesitamos que resuenen las voces de la caridad convocando a fiesta. Porque el Evangelio anuncia reconciliación. Porque las comunidades cristianas cantan la fraternidad. Por eso, hacemos esta hora santa por la paz del mundo. Arrodillémonos para adorar al Señor presente en la Eucaristía.

 

Canto: Cantemos al Amor de los amores.

Guía: Señor, adoramos tu presencia entre nosotros, te pedimos perdón por nuestros pecados, renovamos la ofrenda de nuestra vida, y te suplicamos el don de la paz para el mundo. La paz evoca buenas relaciones, bienestar, salud individual y colectiva.

 

Coro 1: Señor, estamos rodeados de hostilidades, dispuestos a tomar las armas para amenazar y amedrentar. No sólo nos asustan las armas nucleares y bacteriológicas, sino también las desigualdades sociales que nos enfrentan unos a otros e imponen la ley del más fuerte.

 

Coro 2: Señor, dentro de nosotros se desatan mecanismos de destrucción, palabras llenas de ira o rencor. La paz que tú nos das no es la del mundo: Es la paz de la concordia, de la armonía fraternal, fruto de la justicia y regalo de la libertad.

 

Guía: Por eso, Señor Jesucristo, príncipe de la paz, te pedimos que nos perdones, diciendo (cantando): Perdón, Señor, perdón.

- Por las guerras que hay en el mundo, por las tiranías que se ejercen sobre muchos ciudadanos, por el dinero injusto que se negocia con armamentos, por los fracasos de los organismos de paz.

- Por las violencias entre nosotros, por los odios entre hermanos, por los obstáculos que dificultan una convivencia pacífica, por el negocio de la droga y del petróleo, por los conflictos entre partidos, por los atentados contra la concordia.

- Por las críticas excesivas que nos hacemos mutuamente, por las tensiones y conflictos entre los miembros de un mismo grupo o sociedad, por las disenciones entre amigos, por las agresividades que dejamos crecer en nuestro interior, por los pleitos en los barrios.

 

Guía: Dice el Señor: Yo tengo proyectos de paz y no de aflicción; ustedes me invocarán y yo los escucharé, y los haré volver de todos los lugares por donde se han dispersado (Jeremías 29,11-14). Pongámonos de rodillas para unirnos a la oración.

 

Oración: Padre de cielo, fuerte y misericordioso, que condenas las guerras y destruyes el orgullo de los poderosos, aleja el luto y los horrores de la guerra que afligen a la humanidad, para que todos los hombres, pacificados entre sí, puedan llamarse verdaderamente hijos tuyos. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

PALABRA DE DIOS

1. Santiago 3,17 - 4,3 (guerra y paz). 2. Salmo 7

3. Juan 14,27-29. (Comentarios libres).

 

Guía: La paz no es mera ausencia de guerra, ni tampoco la tranquilidad que proporciona el orden cuando no hay justicia. La paz se construye con los valores básicos de la justicia y la libertad. Es un perpetuo quehacer que intenta superar la miseria, la opresión política y la coacción moral. En la Biblia, la paz (shalom), significa bienestar, salud, felicidad, armonía cordial entre los seres humanos y con Dios, la síntesis de todas las bendiciones. No la da el hombre, sino que es un don de Dios, y es una tarea de los discípulos de Cristo. La paz es promesa divina y esperanza de una meta final. Dios se hará plenitud con la paz mesiánica. Pero al mismo tiempo es esfuerzo humano y responsabilidad moral. Profesemos nuestra fe en el Dios de la paz diciendo:

R. Creemos en el Dios de la paz.

Creemos en tí, Señor, Padre de todos, que eres un Dios pacífico, no violento. Tú creaste al hombre y a la mujer y deseas la convivencia entre todas las personas y todos los pueblos. Tus profetas anunciaron la paz y rechazaron los poderes de este mundo que tiranizan, crean injusticias y desatan guerras y odios. Por eso decimos: R.

Creemos en Jesucristo, príncipe de la paz, que nació de Santa María Virgen. En la noche de su nacimiento los ángeles anunciaron la paz. Cristo vino a traer la paz, no la división. Rechazó la espada y la violencia, y propuso como únicas armas la verdad, la justicia y la caridad. Fue condenado a muerte por haber dicho la verdad, pero el Padre lo resucitó de entre los muertos. Por eso decimos: R.

Creemos en el Espíritu Santo. La paz es un don del Espíritu de Dios, y fruto de los artesanos que la construyen bajo su impulso. Creemos en la Iglesia, en el perdón de los pecados y en la paz eterna a la que estamos llamados. Por eso decimos: R.

Oración: Señor Jesucristo, amigo de la paz: conocerte es vivir y servirte es reinar; libra de toda agresión al pueblo que confía en tí, para que, con tu defensa y protección, pueda dedicarse sin temor a tu servicio. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

 

Todos: Amén.

 

Guía: San Francisco de Asís oraba diciendo: Señor, hazme instrumento de tu paz. Y esta debe ser la oración de todo cristiano, porque en el mundo falta paz. Debe ser la oración de los niños, porque en el mundo falta paz. La oración de los jóvenes y adolescentes, porque en el mundo falta paz. La oración de los adultos y matrimonios, porque en el mundo falta paz. La oración de los ancianos y enfermos, porque en el mundo falta paz. La oración de los cristianos y también de los no cristianos que son creyentes en Dios, porque en el mundo falta paz. Pongámonos de rodillas para suplicar la paz.

 

Guía: Señor, diariamente, en todas las Misas, en todas las horas y en todos los lugares, oramos así: Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: Mi paz les dejo, mi paz les doy; no tomes en cuenta nuestros pecados sino la fe de tu Iglesia, y conforme a tu Palabra concédele la paz y la unidad; tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

 

Coro 1: Pero la paz no llega. Nuestras acciones de violencia son más fuertes que nuestras oraciones. Nuestros sentimientos de venganza son más abundantes que nuestras oraciones hechas con fe. Nuestros impulsos agresivos son más fuertes que nuestras plegarias. Las acciones de guerra son más fuertes que las oraciones de los niños. Las investigaciones en favor de la destrucción son más abundantes que las oraciones de los adolescentes y los jóvenes. Los egoísmos y las ambiciones pueden más que las oraciones de los ancianos.

 

Coro 2: Sí, Señor, hemos dejado que el poder del mal sea más poderoso que la oración de la Iglesia. Oramos una y otra vez, y la paz no llega. Porque pedimos mal, nos dice el apóstol Santiago. La oración por la paz debe ir acompañada de obras de justicia. No puede haber paz si en el propio corazón hay codicia, envidia, desprecio. La paz será fruto de un orden social y el testimonio de la caridad.

 

Canto: Hazme un instrumento de tu paz.

Guía: Y enseguida el sacerdote dice: Que la paz del Señor esté con todos ustedes. Pero tal vez la paz no llega a los corazones. La paz no llega a las familias. No paz no llega a los bandos en pleito. La paz no llega a los vecinos distanciados. La paz no llega a las instituciones en competencia. La paz no llega a las cámaras de gobierno ni a los partidos políticos. La paz no llega a las conciencias. La paz no llega a los lugares de trabajo. La paz no llega a los capitales. La paz no llega al mundo.

Y el sacerdote insiste a continuación: Dénse fraternalmente la paz. Y todo mundo se saluda, todo mundo se abraza, todo mundo se sonríe, todo mundo se dice: La paz de Cristo, amén. Pero la paz no llega.

 

Coro 1: En efecto, Señor, seguimos distanciados. Seguimos heridos. Seguimos encerrados en nosotros mismos. Seguimos deseando el desquite y la revancha. Seguimos criticando y calumniando. Seguimos insultando y desahogando nuestro veneno interno. Seguimos pisoteando a los demás. Seguimos distanciados, buscando motivos para atacarnos.

 

Coro 2: Nuestro abrazo de reconciliación es más pasajero que un suspiro. Nuestro deseo de paz es más pasajero que la hierba. Nuestras acciones de perdón son más pasajeras que el viento. Y la paz no llega.

 

Coro 1: Y nos preguntamos: ¿Qué está sucediendo? ¿Es que tú, Cristo, no cumples tu palabra? ¿O es que los hombres no vivimos lo que creemos? ¿O es que no pedimos con fe? ¿O es que no creemos lo que pedimos? ¿O es que no pedimos? ¿O es que son más fuertes los clamores de guerra que los de paz? ¿O es que el mundo ya no tiene remedio?

 

Coro 2: Es que la guerra se ha ideologizado, Señor. Toda guerra es sucia. Toda guerra es injusta. No hay guerras limpias. En toda guerra hay dolor. En toda guerra inicia una espiral de violencia que se traga a la gente del pueblo. En toda guerra se desatan odios y venganzas personales o grupales que acaban el potencial de la verdadera lucha.

 

Coro 1: Y se llega al fanatismo. Y los que mueren en la guerra son personas del pueblo. Hermanos contra hermanos se destruyen. No es cierto que se obtienen derechos a sangre y fuego. No es con sospechas y amenazas como se construye la paz. No con bombardeos ni armas nuevas podemos vivir como familia. ¿Por qué seguir abusando, Señor, de tu misericordia y paciencia?

 

Coro 2: La paz no es mera ausencia de guerra. La paz no es tenernos miedo y mantener equilibradas las fuerzas para no atacarnos. La paz no es aparentar que no hay problemas cuando estamos a punto de estallar.

 

Coro 1: «La paz es obra de la justicia», como dice el Espíritu Santo en la Sabiduría. O, como lo parodió Benito Juárez: «El respeto al derecho ajeno es la paz».

 

Coro 2: Pero, Señor, sigue habiendo violencia intrafamiliar por maridos machistas o madres solas y desesperadas. Sigue habiendo pobres que buscan comida en los basureros. Sigue habiendo soldados asesinados en emboscadas.

 

Coro 1: Sigue habiendo promotores de los derechos humanos asesinados. Sigue habiendo presos detenidos injustamente y delincuentes sociales libres y encumbrados. Siguen habiendo represalias y ajustes de cuentas en el mundo del narcotráfico y las mafias.

 

Coro 2: Sigue habiendo atracos, secuestros, terrorismo, con el dolor de madres que lloran y familias que sufren. Se siguen multiplicando los actos de violencia en las calles y entre pandillas Y siguen resonando los tambores de guerra.

 

Canto: No hay Dios tan grande como Tú, Señor.

Guía: La paz es, ante todo, obra de la justicia. Supone un orden justo en que todos podamos realizarnos como personas, con dignidad, satisfaciendo nuestras legítimas aspiraciones, teniendo acceso a la verdad, en un clima de libertad garantizada. La paz supone un orden donde no seamos objetos sino agentes de nuestra propia historia. La paz no es mera ausencia de violencias y derramamiento de sangre. Es falsa la paz mantenida por grupos de poder, pues es germen de rebeliones y desquites. El desarrollo verdadero, es el paso de condiciones menos humanas a condiciones más humanas de vida.

 

Coro 1: Pero resuenan muy fuerte en el mundo los tambores de guerra. El hecho es que muchos individuos viven sin paz. Muchas parejas de cónyuges viven sin paz. Muchas familias carecen de paz. Muchos hermanos no viven en paz.

 

Coro 2: En muchos lugares de trabajo falta la paz. Hay pueblos en discordias. Hay barrios en pleito. Hay naciones en guerra. Hay amenazas en todos los niveles. Hay conflictos a nivel mundial. Y la paz no llega. Y resuenan los tambores de la guerra. Y falta escuchar las voces de la paz.

 

Coro 1: La paz es un quehacer permanente. La comunidad humana está en continuo movimiento: cambian las estructuras, cambian las actitudes, cambian las personas en el gobierno, cambian las leyes, esperamos que también cambien los corazones.

 

Coro 2: La paz no equivale a la tranquilidad del orden. La paz no es pasividad ni conformismo. La paz no es algo que se adquiere de una vez por todas. La paz es resultado de un continuo esfuerzo de adaptación a la historia cambiante.

 

Coro 1: Con la fuerza sólo se obtiene una paz estática y aparente. Una paz auténtica implica lucha contra nuestro egoísmo. Una paz auténtica implica gran capacidad inventiva y creatividad para buscar medios. Una paz auténtica implica conquista permanente. La paz no se encuentra, se construye. El cristiano es un artesano de paz.

 

Coro 2: Cristo es nuestra paz. Jesús siempre descalificó a los que usaban la espada y la violencia. Llamó dichosos a los perseguidos y no a los perseguidores. Mostró cómo la violencia sale del corazón, no viene de fuera. Desautorizó a los jefes violentos.

 

Guía: Podemos decir alguna de las ideas que hemos hecho oración (Pausa). ¿Qué pensamiento te pareció importante?

 

Guía: Vivamos lo que nos enseña. Siguiendo el ejemplo de Cristo, el pueblo de Dios deberá hacer frente, con audacia y valentía, al egoísmo. La paz es fruto del amor. Expresión de la fraternidad aportada por Cristo, al reconciliarnos con el Padre. El amor es el alma de la justicia. Cristo nos da la verdadera paz, la paz que el mundo no puede dar.

 

Canto: Estoy pensando en Dios.

Guía: Dice el apóstol: «Cristo es nuestra paz. El ha hecho de los dos pueblos uno solo, destruyendo en su propia carne el muro que los separaba: el odio. Eliminó la Ley con sus preceptos y observancias. Hizo la paz al reunir en El a los dos pueblos, creando de los dos un solo Hombre nuevo. Destruyó el odio y los reconcilió, por medio de la Cruz, haciendo de los dos un solo Cuerpo. Vino como evangelizador de la paz. Paz para ustedes que estaban lejos. Paz para los judíos que estaban cerca. Por El llegamos al Padre los dos pueblos en un mismo Espíritu» (Efesios 2,14-18).

 

Guía: Pongámonos de pie para hacer nuestra oración comunitaria. Vamos a ir respondiendo:

R. Señor, danos la paz.

1. Señor, te pedimos la paz, que es tan necesaria como el agua y el fuego, la tierra y el aire. R.

2. Señor, te pedimos la paz, que es perdón que nos libera de la rabia y de la ira, de la envidia y de la sangre. R.

3. Señor, te pedimos la paz, que es amnistía de presos y exiliados que desean un hogar más digno y estable. R.

4. Señor, te pedimos la paz que es libertad, la vida siempre abierta en la casa, en la escuela, en el trabajo y en la calle. R.

5. Señor, te pedimos la paz, que es pan amasado cada día que se rompe en la mesa con júbilo y con hambre. R.

6. Señor, te pedimos la paz que es la flor de tu reino que esperamos y que hacemos más cercano cada tarde. R.

7. Señor, te pedimos l a paz, y a nosotros nos pedimos nuestro esfuerzo, porque somos hermanos. R.

 

Canto: Al Cordero de Dios que nos vino a salvar.

Oración: Dios de la paz: no te puede comprender quien siembra discordias, ni te puede recibir quien ama la violencia; concede a los que construyen la paz que perseveren en su propósito, y a los que la obstaculizan, que sean sanados del odio que los atormenta, para que todos se encuentren nuevamente en tí, que eres la verdadera paz. Por Jesucristo nuestro Señor.

SIGNOS: Démonos un saludo de paz.

 

Coro 1: Señor, Dios nuestro, a tí nos dirigimos.

Líbranos de quienes pretenden dominar la tierra,

henchidos de orgullo por tener en sus manos

las armas destructoras de la guerra.

Haz que no nos atrape el miedo,

la indiferencia o la resignación.

Nuestra fuerza reside en la justicia,

fruto de sembrar la paz en el amor.

 

Coro 2: Señor, Dios nuestro, el pecado nos abruma

por guardar odios en nuestro corazón.

Con humildad te pedimos nos reconcilies

y nos inundes de bondad y perdón.

 

Coro 1: Levántanos del suelo, Dios de la justicia,

y revístenos de las armas de la paz,

para erradicar del mundo el odio

y trabajar juntos en fraternidad.

 

Coro 2: Eres severo con los dominadores

y exigente con los poderosos.

Sé compasivo con los humildes

y defiende a los menesterosos.

 

Coro 1: Los que afilan sus espadas y sus dardos

jamás lograrán apagar la luz,

pues tú venciste a los amigos de la muerte

en el árbol frondoso de la Cruz.

 

(Casiano Floristán).

 

Guía: Virgen santísima: enséñanos que la paz comienza cuando una flor mira hacia el sol, cuando el arroyo corre al mar, cuando un zenzontle vuela libre, cuando el león y el cabrito comen juntos. Ayúdanos a entender que la paz comienza cuando una madre arrulla a su hijo, cuando un obrero recibe buen salario, cuando contamos con un amigo cierto, cuando el país respeta los derechos. Haz que comprendamos que la paz se inicia donde el amor comienza. Cuando una canción brota de dos conciencias claras, de dos manos estrechadas, dispuestas a saltar las diferencias, dispuestas a saltar la soledad, dispuestas a saltar el egoísmo. Acompáñanos en esta hora santa en favor de la paz, suplicando que la paz reine en nuestras familias, que la paz reine en nuestras escuelas, que la paz reine en nuestros barrios y rancherías, que la paz reine en nuestros trabajos, que la paz reine en la política, que la paz reine en las conciencias, que la paz reine en los grupos, que la paz reine en nuestra nación, que la paz reine en el mundo. Y así glorificaremos a tu Hijo Jesucristo. Amén.

 

(Pausa). Reflexionemos en silencio esta oración y hagamos un propósito personal ó familiar para ser constructores de la Paz.

 

Guía: «Que la paz de Cristo actúe de árbitro en sus corazones, y la Palabra de Cristo habite por la fe en sus corazones con toda su riqueza» (Colosenses 3,15-16). «La paz, que supera todo razonamiento, custodie su mente y sus pensamientos mediante el Mesías Jesús» (Filipenses 4,7). «Dichosos los que obran la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mateo 5,9).

 

Canto final: Altísimo Señor ó Bendito.