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Jueves, 20 de noviembre de 2008 | 22:11
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EDPIP 140
Retiro 4:
Sr. Cura Francisco Escobar Mireles "Año de la Eucaristia" 2003-2004
I. MOTIVACION INTRODUCTORIA:
"Con la comunión eucarística, la Iglesia consolida también su unidad como Cuerpo de Cristo. San Pablo se refiere a esta eficacia unificadora de la participación en el banquete eucarístico cuando escribe a los corintios: 'Y el pan que partimos ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un mismo pan' (1 Corintios 10,16-17). El comentario de San Juan Crisóstomo es detallado y profundo: '¿Qué es, en efecto, el pan? Es el Cuerpo de Cristo. ¡En qué se transforman los que lo reciben? En cuerpo de Cristo; pero no muchos cuerpos sino un solo cuerpo. En efecto, como el pan es sólo uno, por más que esté compuesto por muchos granos de trigo y éstos se encuentren en él, aunque no se vean, de tal modo que su diversidad desaparece en virtud de su perfecta fusión; de la misma manera, también nosotros estamos unidos recíprocamente unos a otros y, todos juntos, con Cristo' (Hom. in 1 Co 12,13,27)" (EdE 23a). "La Eucaristía es sacramento de unidad en la Iglesia como lo proclama San Pablo: 'Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un mismo pan' (1 Co 10,17). Cristo mismo, en la oración que elevó al Padre por sus discípulos, después de haber instituido la Eucaristía, expresa su anhelo de que todos sean uno y permanezcan en El, como El permanece en el Padre (Jn 17,20-23). Los Hechos de los Apóstoles nos muestran la realización eficaz de una comunidad de vida y de sentimientos en torno a la fracción del Pan (Hch 2,42-47). Es la unidad que simboliza y produce la Eucaristía" (TB 44). "La participación en una única mesa es ya, por sí misma, símbolo de fraternidad y de comunión de sentimientos. El signo exterior del alimento que se consume es también, como nos recuerda la Didajé (9,4), fruto del trigo disperso por los campos y recogido en un mismo pan, como símbolo de la unidad de la Iglesia, reunida de todas las extremidades de la tierra. Este simbolismo eucarístico, en relación con la unidad de la Iglesia, ha sido suficientemente tratado por los santos Padres desde el inicio de la Iglesia, y el Concilio de Trento lo recoge cuando afirma que Cristo dejó la Eucaristía a su Iglesia 'como símbolo de su unidad y caridad, con la que quiso que todos los cristianos estuvieran entre sí unidos y estrechados' (DS 1628), y como símbolo de aquel único Cuerpo del que El mismo es la Cabeza. También el Concilio Vaticano II describe la Eucaristía como 'sacramento de amor, signo de unidad, vínculo de caridad' (SC 47, refiriéndose a San Agustín)" (TB 45).
"La Eucaristía actualiza la diakonía o servicio de Cristo, y es lugar de renovación de la misión de la Iglesia, sobre todo a favor de los más necesitados. Así, la Eucaristía es escuela, fuente de amor, y diakonía que necesariamente tiende a realizarse en la vida. Esto supone que en la Eucaristía, y por la Eucaristía, sean promovidos los valores de acogida fraterna y de comunicación de bienes. Este testimonio de amor es un elemento indispensable de la verdadera evangelización" (TB 56). ¿Qué signos de división se dan en nuestra comunidad? ¿entre nuestros grupos apostólicos? ¿entre nuestros agentes de pastoral? ¿De qué manera la Eucaristía fomenta la unidad, reconciliación, solidaridad, participación de bienes?
(Se expone el Santísimo Sacramento para la adoración. Canto Eucarístico).
Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos. Dios Padre celestial. Dios Hijo, redentor del mundo. Dios Espíritu Santo. Santísima Trinidad que eres un solo Dios. Cristo, pan de vida. Dios y hombre verdadero. Dios oculto. Dios enmedio de nosotros. Cordero Pascual. Sacrificio expiatorio ofrecido por el mundo. Fuente de toda gracia. Alimento de nuestra peregrinación. Fortaleza para los enfermos. Consuelo divino de los afligidos. Fuerza y viático de los moribundos. Esperanza nuestra para el banquete del Reino. Por tu Cuerpo, que fue ofrecido por nosotros.
R. Líbranos, Señor. Por tu Sangre, que fue derramada por nosotros. Por este signo de tu amor. Por este signo de tu fidelidad. Por tu Resurrección y Ascención. Por tu presencia real en la sagrada Hostia. Por tu segunda venida como juez. Que permanezcamos fuertes en la fe.
R. Te rogamos, óyenos. Que anunciemos tu Muerte. Que alabemos tu Resurrección. Que anhelemos ser invitados a tu banquete. Que tu mesa sea para nosotros signo de unidad. Que ninguno de nosotros te traicione. Que te reconozcamos a tí como el camino. Que vayamos por tu senda con la fuerza que nos dan tu Cuerpo y tu Sangre. Que nos conduzcas al convite de la vida eterna, Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo: perdónanos, Señor. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo: escúchanos, Señor. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo: ten misericordia de nosotros.
(Se hacen oraciones espontáneas, reconociendo la presencia viva del Señor entre nosotros). II. LA EUCARISTIA
"... La íntima relación entre los elementos invisibles y visibles de la comunión eclesial, es constitutiva de la Iglesia como sacramento de salvación. Sólo en este contexto tiene lugar la celebración legítima de la Eucaristía y la verdadera participación en la misma. Por tanto, resulta una exigencia instrínseca a la Eucaristía que se celebre en la comunión y, concretamente, en la integridad de todos sus vínculos" (EdE 35). "La Eucaristía, siendo la suprema manifestación sacramental de la comunión en la Iglesia, exige que se celebre en un contexto de integridad de los vínculos, incluso externos, de comunión. De modo especial, por ser como la consumación de la vida espiritual y la finalidad de todos los sacramentos (LG 14), requiere que los lazos de la comunión en los sacramentos sean reales, particularmente en el Bautismo y en el Orden sacerdotal. No se puede dar la comunión a una persona no bautizada o que rechace la verdad íntegra de fe sobre el Misterio eucarístico. Cristo es la verdad y da testimonio de la verdad; el Sacramento de su Cuerpo y su Sangre no permiten ficciones" (EdE 38).
"Ofrecer en verdad el Sacrificio de Cristo implica continuar este mismo Sacrificio en una vida de entrega a los demás. Así como El se ha ofrecido en sacrificio bajo la forma de pan y vino, así también debemos darnos nosotros, con fraterno y humilde servicio, a nuestros semejantes, teniendo en cuenta sus necesidades más que sus méritos, y ofreciéndoles el pan, o sea, lo más necesario para una vida digna" (TB 53). Nunca hay Misa privadas, ni aunque se celebren bajo un tejabán de misión, o por un sacerdote solo en la prisión. La Eucaristía es acción de la Iglesia y para la Iglesia. La Misa no es únicamente para los presentes; menos aún para quien ofreció el estipendio. No se puede privatizar la Misa. La Misa es siempre mundial: de todos los hombres y para todos los hombres; de Cristo Cabeza y de todo su Cuerpo místico. Se ofrece en nombre de toda la Iglesia y de toda la humanidad. En la Consagración decimos: "Este es el Cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna, derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados". Llevamos en espíritu a toda la humanidad, en sus grupos y personas. No debemos empequeñecer, ni minimizar, ni hacer egoísta, la celebración. "El Sacrificio Eucarístico es la renovación incruenta del Sacrificio de la Cruz; pues en él, Cristo se ofrece a sí mismo al Padre por su gloria y por nuestra salvación. Mas, como quiera que El, sacerdote y víctima, obra como cabeza de la Iglesia, se ofrece y se inmola, no solamente a sí mismo, sino también a todos los fieles, y en cierto modo a todos los hombres" (Pío XII, Menti nostrae). "Por el carácter mismo de la comunión eclesial y de la relación que tiene con ella el sacramento de la Eucaristía, se debe recordar que el Sacrificio Eucarístico, aun celebrándose en una comunidad particular, no es nunca celebración de esa sola comunidad: ésta, en efecto, recibiendo la presencia eucarística del Señor, recibe el don completo de la salvación, y se manifiesta así, a pesar de su permanente particularidad visible, como imagen y verdadera presencia de la Iglesia una, santa, católica y apostólica. De ésto se deriva que una comunidad realmente eucarística no puede encerrarse en sí misma, como si fuera autosuficiente, sino que ha de mantenerse en sintonía con todas las demás comunidades católicas" (EdE 39a). Es el mismo banquete sacrificial, ya se celebre como Misa estacional en una catedral del primer mundo con la participación de los grandes mandatarios, o en una capilla de rancho con la participación de una cuantas ancianas. Así se celebre en un rincón desconocido de la selva o de la sierra entre paganos que por primera vez se acercan curiosos, o se transmita por televisión. En todos los casos, todos ofrecen la misma Víctima, comen el mismo Pan y forman el mismo Cuerpo.
"Cuerpo místico" es una expresión metafórica que expresa una realidad: todos los que estamos en la verdadera Iglesia formamos un solo organismo espiritual del que Cristo es Cabeza. Los santos ya están indisolublemente unidos a Cristo en la gloria eterna. Los justos están unidos a Cristo por la gracia; los de la tierra, en estado de lucha; los del purgatorio, ya seguros aunque verificándose. Los pecadores, unidos a Cristo por la fe pero sin la vida divina de la gracia, son miembros muertos, con posibilidad de conversión. En potencia, elevados al orden sobrenatural, ordenados a la Iglesia, los que no tienen aún gracia ni fe. Por la Eucaristía nos incorporamos a Cristo; y por El nos unimos a su Cuerpo místico. "El que come mi Carne y bebe mi Sangre está en mí y yo en él" (Juan 6,56). Al recibir a Cristo, somos asimilados a su misma vida. "El que come de este Pan vivirá para siempre" (Juan 6,58). Todo miembro que se une a la Cabeza, se une también a los miembros que de ella dependen. "Yo en ellos y tú en mí, para que también sean uno en nosotros, para que sean consumados en la unidad" (Juan 17,23). "Somos muchos un solo cuerpo, porque participamos de un único Pan" (1 Corintios 10,17). La Eucaristía es el gran sacramento de la fraternidad; la concretización del mandamiento del amor como Jesús; el medio para convertirnos realmente en Cuerpo de Cristo. Nunca somos tan hermanos como cuando tenemos la misma vida, la misma Sangre, estamos en el mismo Cuerpo. Qué eficaz es nuestra ofrenda de la Eucaristía y nuestra Comunión para salvar almas, convertir pecadores, expulsar fuerzas del mal, aliviar a las almas del purgatorio. Nada se pierde en la Iglesia. Quizá, dentro de mil años, un rayo de luz, irradiado desde nuestra Eucaristía de hoy, salvará un alma y la arrojará en brazos de Dios para toda la eternidad.
"Si quieres entender el Cuerpo de Cristo, escucha al apóstol que dice a los fieles: 'Ustedes son el Cuerpo de Cristo y sus miembros'. En consecuencia, si ustedes son el Cuerpo y los miembros de Cristo, sobre la Mesa del Señor está el misterio que son ustedes. A lo que son, responden con el 'Amén', y con su respuesta lo rubrican. Se te dice: 'El Cuerpo de Cristo', y respondes: 'Amén'. Sé miembro del Cuerpo de Cristo para que sea auténtico el Amén. ¿Por qué precisamente en el pan? No aportemos nada personal al respecto, y escuchemos otra vez al apóstol, quien, hablando del mismo sacramento, dice: 'Siendo muchos, somos un solo pan, un único Cuerpo'. Compréndalo y llénense de gozo: unidad, verdad, piedad, caridad. Un solo Pan ¿quién es ese único Pan? Muchos somos un único Cuerpo. Traigan a la memoria que el pan no se hace de un solo grano, sino de muchos. Cuando recibieron los exorcismos, eran como molidos; cuando fueron bautizados, como remojados en agua; cuando recibieron el fuego del Espíritu fueron como cocidos. Sean lo que ven y reciban lo que son. Eso es lo que dijo el apóstol a propósito del pan. Lo que hemos de entender respecto al cáliz, aun sin decirlo expresamente, lo mostró con suficiencia. Para que exista esta especie visible del pan se han conglutinado muchos granos en una sola masa, como si sucediera aquello mismo que dice la Escritura a propósito de los fieles: 'Tenían un solo corazón y una sola alma hacia Dios'. Lo mismo ha de decirse del vino. Son muchas las uvas que penden del racimo, pero el zumo de las mismas se mezcla, formando un solo vino. Así también nos simbolizó a nosotros Cristo el Señor; quiso que nosotros perteneciéramos a El, y consagró en su Mesa el misterio de nuestra paz y unidad. El que recibe el misterio de la unidad y no posee el vínculo de la paz, no recibe un misterio para provecho propio, sino un testimonio contra sí" (San Agustín, Sermón 272,3). La comunión eclesial es significado y sellado por la comunión sacramental. En la Eucaristía está el Cuerpo de Cristo, su Cuerpo físico por razón de la Consagración, pero su Cuerpo místico también por razón de la Encarnación que lo hace inseparable. La unión con la Cabeza nos une también a los miembros, con una misma y única vida, para una misma y única acción.
Se reúnen en grupitos de unas cinco personas para resaltar algunas frases que hablan de comunión, unidad, fraternidad. ¿Qué relaciones hallamos entre la Eucaristía y la vida del cristiano? ¿Qué gestos de fraternidad hacen auténtica nuestra comunión sacramental? ¿Cómo se expresa la unidad de la Iglesia en la Eucaristía? ¿Cómo se vive entre los agentes de pastoral? ¿Qué necesitamos hacer para que aparezcan más claros los vínculos entre Eucaristía e Iglesia?
(Se lleva ante el Santísimo un corazón grande de unisel o en pellón, al cual cada uno le va pegando un corazoncito de papel donde ha escrito su propósito, expresando su oración). III. LA EUCARISTIA,
"El auténtico sentido de la Eucaristía se convierte de por sí en escuela de amor activo al prójimo (Dominicae Cenae 6). Comprendemos así la relación entre la Eucaristía y la luz, según la afirmación del apóstol San Juan: 'Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano está aún en las tinieblas' (1 Jn 2,9)" (TB 52). "El cristiano no ha inventado la comida, ni el banquete. Son elementos constitutivos del existir humano, necesidades vitales. Su riqueza de contenido se manifiesta no tanto en el hecho material de comer o beber, sino en el hecho de comunicar, compartir y fraternizar. Para el cristiano, con la conciencia de que es miembro del Cuerpo Místico de Cristo, el poder celebrar el banquete eucarístico es un privilegio, pero también una interpelación. El pan y el vino que presentamos en el altar, nos están remitiendo a esa comida o bebida que debiera estar en la mesa de todo ser humano, porque hay muchos hombres que no pueden disfrutar de tal derecho, bien porque no tienen qué comer o porque les falta con quién compartir, lo que representa una clamorosa injusticia" (TB 54). "... La Eucaristía, celebrada y participada como banquete, nos invita a unir la fracción del pan con la comunicación de bienes (Hch 2,42.44; 4,34), con las colectas a favor de los necesitados (Hch 11,29; 20,35), con el servicio de la mesas (Hch 6,2), con la superación de toda división y discriminación (1 Co 10,16; 11,18-22; St 2,1-13). De todo ésto se desprenden evidentes consecuencias para la evangelización en el mundo" (TB 55).
- ¿Qué signos de solidaridad se desprenden de nuestras celebraciones eucarísticas? - ¿Qué pedimos a nuestros agentes para ser constructores del Cuerpo místico desde la Eucaristía?
"Seguiremos cantando con el Doctor Angélico: 'Te adoro devotamente, Dios escondido'. Ante este misterio de amor, la razón humana experimenta toda su limitación. Se comprende cómo, a lo largo de los siglos, esta verdad haya obligado a la teología a hacer esfuerzos para entenderla. Son esfuerzos loables, tanto más útiles y penetrantes, cuanto mejor consiguen conjugar el ejercicio crítico del pensamiento con la fe vivida de la Iglesia, percibida especialmente en el carisma de la verdad del Magisterio y en la comprensión interna de los misterios a la que llegan sobre todo los santos" (EdE 15).
(Se deja tiempo de silencio adorante; y luego se pueden compartir oraciones espontáneas y cantos). III. BENDICION CON EL SANTISIMO.
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