Hoy Miércoles, 07 de enero de 2009 | 12:15

INDICE

Google
 
Para recibir información de las actualizaciones contáctanos.

 

EDPIP 149

 

Jesucristo Eucaristía,

Luz y Vida
para el
Nuevo Milenio

 

(Parte II)

 

 

 

 

 

Pbro. Francisco Escobar Mireles

LA VIDA SE HA MANIFESTADO

 

"Yo he venido para que tengan vida".

Desde nuestras raíces más hondas deseamos la vida, la amamos, la cuidamos, la aceptamos.

Nuestra vida es tan importante, que la salvación es vida nueva ofrecida a nosotros.

En efecto, la vida es una palabra tan clave en la Biblia que aparece más de 700 veces.

El Dios viviente crea la vida (Salmo 32,29). Nuestra vida es aliento divino (Génesis 2,7).

En los escritos del Papa Juan Pablo II aparece cerca de 1000 veces el tema.

Yaveh es el Dios viviente (Salmo 42,39; Josué 3,10) creador de la vida (Génesis 2,7; Deuteronomio 32,37; Isaías 42,5; Salmo 104,28; Sabiduría 15,11; Job 34.14; Sirácide 12,7).

No se complace en la muerte (Ezequiel 18,32; 33,11; Sabiduría 1,13-14; 2,23). Antes bien, libra de la muerte (Salmo 33,18-19), resucita los cadáveres (Ezequiel 37,11-14; 2 Macabeos 7,26-33).

La vida es sagrada, por eso la respetamos (Génesis 4,11-15; 9,5-6; Exodo 20,13). Está en la sangre (Levítico 17,11; Génesis 9,4).

El justo vive por su fidelidad (Habacuc 2,4). El que cumple la Ley tiene larga vida (Levítico 18,5; Deuteronomio 4,1.40; Exodo 23,26; Baruc 3,14; Proverbios 1,19). Los impíos serán borrados del libro de la vida (Salmo 69,29).

Hay relación entre la muerte y el pecado. Los malos ven la muerte (Daniel 12,2-3; Sabiduría 5,13); los buenos, la vida (Sabiduría 3,1; 5,15-16).

Dios es la fuente de agua viva (Jeremías 2,13; 17,13; Salmo 36,10; Proverbios 14,27; Juan 4,14; antífona de la Comunión de la semana I del tiempo ordinario).

Jesús es el Verbo de la Vida, mediante el cual todo fue hecho, y en quien estaba la vida (cf. Juan 1,1-5).

Nos presenta a un Dios que es Dios de vivos, no de muertos (Marcos 12,27). Ha venido para que tengamos vida en abundancia (Juan 10,10).

Por eso sana a los enfermos, perdona a los pecadores, muestra la cercanía del Padre a los alejados. Presenta al Padre compasivo y misericordioso, dispuesto a alegrarse porque el hijo o la hija alejados estaban muertos y han vuelto a la vida, estaban perdidos y han sido encontrados.

Jesucristo es el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6). "En El estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres" (Juan 1,4). Es el Pan vivo bajado del cielo que da la vida al mundo (Juan 6,33).

Es el Siervo de Yaveh que ofrece su vida en expiación (Isaías 53,8-10).

Tiene poder para dar la vida (Juan 11,15.21.25; 5,26; 10,10). "Todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre" (Juan 11,26).

Es el buen pastor que da la vida por sus ovejas (Juan 10,11.15.17-18; 1 Juan 3,16).

Resucitado, es espíritu que da vida (1 Corintios 15,45) y príncipe de la vida (Hechos 3,15).

El libre don de Dios es vida eterna en Cristo Jesús (Romanos 6,23): "Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás" (Juan 10,28).

La Iglesia tiene la misión de anunciar la vida (Hechos 5,20).

 

"La vida y la Eucaristía".

El tema de la vida recorre también la eucología de la Eucaristía durante todo el año:

Adviento: Colecta del miércoles I; del miércoles III; del 21 de diciembre; antífona de entrada del miércoles.

Navidad: Antífona de entrada del jueves de la octava; Colecta y Post-Comunión del 1° de enero; Sobre las ofrendas del domingo II; Post-Comunión del lunes; antífona de la Comunión del martes y jueves.

Cuaresma: El miércoles de ceniza aparece en la bendición de la ceniza. Post-Comunión del sábado después de la ceniza. Sobre las ofrendas del miércoles I; Post-Comunión del jueves I; Colecta del sábado II; antífona de la Comunión del domingo III y martes III; Sobre las ofrendas del lunes IV; Post-Comunión del jueves V; Sobre las ofrendas del sábado V.

Semana Santa: Monición del domingo de ramos; Sobre las Ofrendas del lunes; Post-Comunión del martes y miércoles; renovación de las promesas sacerdotales y Prefacio de la Misa Crismal; antífona de entrada y Colecta de la Cena del Señor; petición por la Iglesia y por los no creyentes de la Oración universal del viernes.

Cincuentena pascual: Abunda en la Vigilia Pascual, sobre todo la monición inicial, la bendición del agua bautismal, y las promesas bautismales. Colecta de Resurrección; Post-Comunión del jueves de la octava; Post-Comunión y antífona de la Comunión del domingo V; Post-Comunión del domingo VI; y del lunes II-IV-VI; Colecta y post-Comunión del martes IV.

 

El Señor quiso quedarte sacramentalmente con nosotros: "Mi delicia es estar entre los hijos de los hombres" (Proverbios 8,31). Es el Emmanuel, Dios con nosotros.

Es Jesús, el salvador, y el mesías ungido para redimirnos. Es el oriente que siempre está naciendo (Zacarías 6,12).

La Eucaristía celebra la vida.

 

No es un rito vacío, tampoco mágico. Hay una relación recíproca entre Eucaristía y vida.

Nuestra Pascua, Cristo muerto y resucitado, es el acontecimiento celebrado en la Eucaristía. Celebramos la vida, la victoria, la libertad, la resurrección.

Hay coincidencia entre la vida que recibimos como don en la Eucaristía, y la vida que llevamos como ofrenda.

No celebramos algo fuera de nosotros, sino nuestra vida en el Espíritu de Cristo, nuestra salvación.

Los signos expresan y actualizan la vida de Dios y la nuestra. Encierra lo que vivimos, le da sentido, y proyecta lo que vamos a vivir.

Vamos a la celebración eucarística con lo que somos y tenemos, para, en Cristo, ser y tener lo que debemos ser y tener.

La vida celebra la Eucaristía.

 

Nuestra vida no puede prescindir de la Eucaristía, pues es su cumbre y su fuente. La Eucaristía la programa cristianamente.

La Eucaristía tiene la capacidad de transformar la vida. Es punto central de referencia, foco iluminador, estímulo, fuerza.

La vida se convierte en ofrenda, amor, testimonio, servicio. Lo cotidiano sale de su vanidad y anonimato, y existe de modo nuevo.

Es cierto que no cambia automáticamente la vida, pero la Eucaristía la re-expresa y le da sentido.

La celebración se proyecta en una vida eucarística, que consiste en compartir, como Jesús.

La Eucaristía es sustancia de vida, motor de acción, actitud que abarca la existencia.

No puede ser una añadidura. Es la misma vida en fiesta, una acción compartida en símbolos que la plenifican. Es la misma vida expresada y vivida a partir de Cristo.

 

"Es mi Sangre derramada por la vida del mundo"

La intención de Jesús se manifiesta por las cosas que eligió en su gesto sacramental: el pan y el vino.

Un pan que no se come es un pan no realizado; un vino que no se bebe es un vino desperdiciado.

Una vida no donada es una vida que falla en su finalidad, como una uva que no se convierte en vino por no dejarse machacar.

Cristo se ha entregado hasta la muerte, y lo encierra en esos dones, para que, participando de ellos, hagamos lo mismo.

El hombre no sólo tiene necesidad de alimento, sino también de bebida. El pan da la fuerza, pero el vino da la alegría.

Se llevan al altar, se ofrecen, se consagran y se comen juntos el pan y el vino. Sin ese binomio de pan y vino no hay Eucaristía.

El binomio vino-pan refleja nuestra composición de cuerpo y espíritu. Igualmente, nuestra necesidad de comer y beber.

Además de su valor para saciar la sed, el vino tiene un rico simbolismo. Es la bebida festiva. No es tan primordial como el agua, pero es más significativa de vitalidad humana, de la alegría, de la inspiración, de la amistad y de alianza.

Basta ver la comunión que se pone de relieve en los brindis. Signo de la felicidad, de prosperidad.

Tomar una copa juntos, brindar por una victoria, servir un vino de honor: Es un lenguaje de sintonía y participación en un mismo destino. Habla de amistad y comunión con los demás, porque crea una atmósfera de solidaridad y comunicación.

El vino es la plenitud de la vida, que expresa el aspecto agradable de la vida, el amor, la exaltación.

El pueblo de Dios fue comparado muchas veces con la viña (Isaías 5,1-7; Jeremías 2,21-22; Juan 15,1-8).

El vino, sobre todo el tinto, nos recuerda también la sangre: lo más íntimo y sagrado de un viviente, que se identifica con la misma vida.

Las uvas deben ser exprimidas, trituradas, hasta la última gota, para regalarnos ese líquido precioso. Este proceso es símbolo de sufrimiento y de muerte. "La sangre roja de la uva" (Deuteronomio 32,14).

Beber el cáliz significa compartir la suerte, sufrir el martirio (Mateo 20,22; Lucas 22,42). Ofrecer vino puede significar la donación de la propia vida.

Una vida que se comparte hasta la exaltación, la plenitud de vida en el gozo, el amor, el aspecto agradable de la existencia.

Todos los días celebramos la Eucaristía, y tal vez no nos damos cuenta que ahí estamos nosotros mismos victimándonos con Jesús.

Somos víctima nueva en cada Eucaristía, transformados por los pasos de la Cena del Señor.

PARA EL NUEVO MILENIO

 

"Caín, ¿qué has hecho de tu hermano?"

La Iglesia es el pueblo de la vida y para la vida. Nuestra misión es amar, servir, defender, promover y celebrar el don de la vida (Evangelium Vitae n. 6).

Estamos para crear espacios de humanidad. Que las culturas creadas por los humanos no se conviertan en tenazas que nos aprisionen y destruyan por habernos apartado de Cristo, de su Evangelio y sus valores.

Dios es el dueño de la vida. No ama la muerte, sino entregó a su Hijo para que tengamos vida en abundancia. Toda vida es suya; sólo El marca el límite.

No vivimos en un mundo de perros contra gatos, sino de hermanos, imágenes e hijos de Dios. La vida no es un campo de batalla, sino de solidaridad.

La violencia no resuelve los problemas, sino el diálogo y la colaboración. La muerte trae lágrimas, y deseos de revancha.

La muerte es cesación de la vida. Entró en el mundo por causa del pecado. Pero es a la vez un llamado de Cristo hacia El, ya que El la vivió en su hondura, como un acto de obediencia al Padre. Si morimos con Cristo, viviremos con El.

Dios le dice: "Caín ¡dónde está tu hermano?". La actitud hacia el hermano no es la indiferencia, ni el ataque, sino la mano tendida. Fraternidad viene de frater, palabra compuesta de dos palabras: fare alter = hacerse otro.

Se ha destruido el proyecto de Dios, y El llama a juicio. La conciencia, como la furia griega, perseguirá al asesino, y el remordimiento le atormentará, aunque lo acalle muchas veces.

La tierra enrojece con la sangre de tantas víctimas del odio y la injusticia. El asesinato a sueldo es una profesión. La guerra se llega a justificar. Las torturas y pena de muerte son parte de las cárceles. Los accidentes viales y las drogas asesinan a más personas que las dos guerras mundiales.

Y cada gota de sangre clama venganza al cielo. El Señor hará beber esa sangre de castigo en que estamos hundidos a todos los asesinos, y los perros la beberán.

A pocos Judas les quema el precio de sangre que traen en las manos.

 

"He oído el clamor de mi pueblo".

Cristo Eucaristía, desde este lugar alto, nos invita a escuchar el clamor del pueblo, que vive una grave esquizofrenia.

Vivimos un mundo de grandes transformaciones globales, que afectan profundamente la comprensión y las percepciones de las personas, originando un profundo cambio cultural.

Cambios en relación con la naturaleza.

 

Pocos se asombran ante los descubrimientos científicos y técnicos. Pero se está tomando conciencia de los límites de la ciencia y la tecnología. Y se está gestando una nueva relación con el ambiente ecológico.

Cambios en la relación con la sociedad.

 

El carácter transnacional de la economía y los medios de comunicación moldea nuestras aspiraciones, intereses y modelos de consumo.

También los acelerados procesos de urbanización, y la influencia económica y cultural del primer mundo.

La crisis de las ideologías y el fracaso de los proyectos históricos de transformación social dio paso al imperio del pragmatismo y la ideología neoliberal con su política de mercado.

Hoy no es tan claro que el poder radique en el Estado, en los políticos o en los grupos económicos, sino también en quienes manejan la tecnología y la información.

La pobreza de las mayorías convive al lado del desarrollo, del consumo y de la modernidad. Los sectores están cada vez menos unidos en un proyecto común de solución.

La sociedad se manifiesta cada vez más plural y crece la valoración de las diferencias. Se acrecientan las posturas subjetivistas, creando sincretismo y gran confusión.

Cambios en la relación con Dios.

 

Contra todos los pronósticos, se han mantenido expresiones de la religiosidad donde el pueblo recrea sus vivencias enmedio de la sociedad moderna.

Hay una mística muy profunda, frente al individualismo, la competitividad y la lógica mercantil de la dominación.

Crecen las sectas, se acude a lo esotérico y lo mágico buscando sentido. Existen diversas ofertas religiosas, entre las cuales la Iglesia Católica aparece como una alternativa más.

Ya no se viven las grandes esperanzas revolucionarias ni de cambios de los años setenta.

Tampoco la confrontación violenta, de represión y muerte, de los setenta y ochenta. Ni la recuperación de la democracia de los ochenta y noventa.

Hemos dejado a las nuevas generaciones un estilo de vida hastiado, desilusionado, desactivado. Y lo descubrimos desde la zarza.

 

Claves de lectura de la realidad actual:

a) Neoliberalismo.

Después de varias décadas de intentos frustrados por salir del subdesarrollo, surgió el neoliberalismo.

Postula la preeminencia del mercado y de la libre competencia. Y ampara políticas económicas desreguladoras, privatizadoras y liberalizadoras de las economías nacionales del tercer mundo, impuestas por los organismos internacionales dominados por Estados Unidos. No hay pasado ni futuro, sólo cuenta la acción inmediata.

 

En lo económico significa: privatizaciones y fortalecimiento del capital privado. También, la desregulación de los mercados, la orientación de la economía al mercado internacional y las exportaciones, la apertura al capital extranjero y la internacionalizacion del mercado interno.

Sus consecuencias son graves costos sociales, caída del salario real, desocupación, mayor brecha entre ricos y pobres, y multiplicación de situaciones de extrema pobreza.

 

En lo político, la función del Estado se reduce a garantizar el equilibrio social y favorecer el capital privado activo. Se reduce el papel de sindicatos y organizaciones populares y se debilita la real participación del pueblo y de la sociedad civil.

La absolutización del mercado como criterio para regular la economía agudiza la dependencia de los países hegemónicos.

Los gobiernos disminuyen el gasto social en educación, seguridad y salud.

 

En lo cultural, los máximos valores sociales con: el consumo, la producción y eficacia, el pragmatismo y el mercado.

La educación orientada a la productividad y competencia lleva a un materialismo práctico, donde se desarrollan el individualismo, utilitarismo, hedonismo. Y están ausentes las exigencias de justicia social y bien común.

 

En lo religioso, el materialismo práctico eclipsa el sentido de Dios y de la persona humana. Muchos tratan de suavizar el mensaje de Jesús y el compromiso que exige, o acomodarlo a los postulados del neoliberalismo, formulando la religión de la nueva era.

El neoliberalismo favorece el desarrollo de las transnacionales, que privilegian el modelo de vida americano.

Tienden a universalizar y uniformar una cultura del espectáculo, del tener y del aparentar, que avasalla nuestras culturas tradicionales.

Aunque proclaman triunfos, lo cierto es que sus indicadores no han generado mejores condiciones de vida ni cambiado las formas de distribución de la riqueza.

Crece el producto interno bruto, las exportaciones, las inversiones de capital extranjero, pero también la pobreza. Se está excluyendo a las mayorías de los beneficios del esfuerzo colectivo de los pueblos. El deterioro ecológico se hace sentir. Los recursos materiales, la biodiversidad, y las riquezas naturales, de que depende el futuro, se sacrifican a los grandes negocios. Se sacrifica a poblaciones enteras por el hambre, el desempleo, la violencia y el clima de guerra.

Los adolescentes y jóvenes reciben los efectos más dramáticos. Por ejemplo: sufren carencias materiales y de vida digna, falta de trabajo, empleos peligrosos, mal pagados, sin seguridad social.

Crisis del sistema educativo, incapaz de brindar una cobertura suficiente, mayor deserción, mala calidad educativa, inexistencia de espacios para lo cultural y lo recreativo.

Hay grupos sociales que legitiman el exterminio de la juventud considerándolo grupo indeseable. Criminalizan sus intentos de organización y expresión; no hay proyectos de participación juvenil social y política.

 

b) Postmodernidad:

Los progresos no han generado un mundo igualitario, libre y fraterno, sino un mundo de dominados y dominadores. Eso ha traído desencanto, y ha surgido la Postmodernidad.

La modernidad esperaba la abolición de la guerra, de la propiedad, de los colonialismos. Esperaba la alfabetización universal, el dominio de la naturaleza, la derrota de las enfermedades, el triunfo definitivo de la ciencia y la tecnología. Pero el siglo XX demostró el fracaso.

Para las grandes mayorías, ya no importan las utopías, sólo lo que se vive hoy, las experiencias inmediatas. Hay qué disfrutar hoy, y disfrutar ya, sin importar a dónde se va.

Para la modernidad importaba producir e invertir; para la postmodernidad importa consumir. El criterio último de verdad y moralidad es "lo que me gusta", "lo que se siente". Predomina el afán de darse su propio gusto, comportarse al gusto de cada quien, creer en Dios a su manera.

En la modernidad se buscaba el bienestar colectivo; en la postmodernidad, la vida privada: que cada quien solucione sus propios problemas. La postmodernidad niega la existencia de una ley universal, y cree que la sociedad se fundamenta sólo en pequeños acuerdos entre partes en conflicto, no en un pacto social. Todo son preguntas, no hay respuestas.

Como movimiento social, su mensaje es: "Todo se vale". Es posible todo tipo de movimientos: artísticos, políticos, culturales. Es una concepción de la vida basada en la eficiencia.

Consolidan estructuras de pecado y anticultura de la muerte. Estas son algunas de sus características: nuevo individualismo, aniquilación, permisividad moral, pensamiento "light".

El neo-individualismo es la afirmación de autodeterminación y desconfianza de lo colectivo y del compromiso con los demás. Reivindica la autonomía de la persona, la creatividad, la subjetividad.

Tiende a hacer personas sin sentido histórico, replegadas sobre sí mismas, inclinadas a la soledad, el aislamiento y el anonimato. Es un nihilismo, la cultura del gran vacío y de la descreencia, donde nada da sentido a la existencia. Promueve el inmediatismo, la ausencia de visiones a largo plazo, la falta de entusiasmo por querer cambiar la situación. Lleva a evitar compromisos permanentes y proyectos históricos.

La permisividad moral es consecuencia de la falta de puntos de apoyo en valores absolutos y principios universales.

Hay multiplicidad de ámbitos de vida y de comunicación, donde todos se expresan libremente. Proliferan ideas, opiniones, prejuicios, detrás de los cuales se ocultan intereses, deseos y temores, que deforman la misma realidad.

Somos un mundo en evolución, una incógnita.

 

"Construir un mundo nuevo"

Sentimos el anhelo de contemplarlo, verdadero Dios y verdadero hombre, y de dejarnos mirar por El y de experimentar su presencia.

 

Queremos ver el rostro del Señor, por medio de la contemplación. Que no nos aleja de nuestros contemporáneos ni de sus problemas. Al contrario, nos hace atentos y abiertos a los gozos y a los trabajos de los hombres. Y amplía el corazón a las dimensiones del mundo.

Preparamos así una visión de fe sobre nuestro presente. Con la certeza de que "La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron".

La Eucaristía, cumbre de toda la evangelización, es Luz y Vida del Nuevo Milenio. La Eucaristía es el testimonio más eminente de la Resurrección.

Es Luz y Vida del Nuevo Milenio para la Iglesia, que peregrina y se empeña en el trabajo de una Nueva Evangelización. Jesucristo ilumina esta nueva etapa de la historia.

Queremos ser impulsores de la vida. Dios es el dueño de la vida, y nos bendice con el don de transmitirla.

Por ser un don suyo, la vida es sagrada. Mas por el pecado entró la muerte en el mundo. Nuestra vida es frágil a causa de las consecuencias de la muerte.

Jesús es Dios de vivos y fuente de la vida. La plenitud de nuestra vida está en la eternidad.

Cristo es la vida y anuncia la vida. Habló del agua viva, del pan de vida, de la luz de vida.

Dio vida a los muertos y resucitó de la muerte. Dio a la Iglesia la misión de anunciar la vida. La posee quien vive en El. Quien quiera conservar para sí mismo su vida, la pierde; pero quien la arriesga por El, la salvará.

Nuestra vida no acaba con la muerte, ni se estrella contra el muro de la nada y el absurdo. Tenemos la certeza de que, si morimos con Cristo, resucitaremos con El.

Pero hay una gran distancia entre la vida ideal y la fatigosa e injusta vida real. Todos deseamos una vida plena y placentera para todos, pero estamos sometidos a condicionamientos e influencias de todo tipo, hasta perder el sentido de la vida.

En el mundo hemos desarrollado una anticultura de muerte. La vida es el valor más importante que tenemos, pero es también nuestro problema. Es el tesoro más apreciado, pero nos amenaza el miedo a perderla. Nos angustia la amenaza de destrucción de la vida. La falta de sentido de la vida nos ronda sin dejarnos en paz.

Jesús muere en los no nacidos y en los que los evitan. En los niños de la calle; en los viciosos y drogadictos; en los terroristas, en los asesinos y en los que buscan venganza; en los que hacen publicidad a la violencia.

Jesús muere en las parejas que buscan sólo el placer; en los hogares desavenidos; en los policías prepotentes; en los que ya no tienen ilusiones; en los medios de comunicación que nos manipulan; en los resentidos que se vengan; en los autores intelectuales de los grandes crímenes.

Que las personas no nos convirtamos en objetos, en medios, en mercancías.

Que valoremos al anciano, al enfermo, al niño, al desvalido, al desempleado, al pobre, porque ahí está Cristo, no por la productividad, la eficiencia, la calidad total, la eficacia. Que no pongamos a las cosas por encima de las personas.

JESUCRISTO EUCARISTIA

 

"La Iglesia posee dentro de sí un secreto, un tesoro escondido, un Misterio. Como un corazón interior, posee al mismo Jesucristo, su fundador, su maestro, su redentor. Presa de atención, lo posee presente. ¿Presente? sí. ¿Con la herencia de su Palabra? Sí, pero también con otra presencia... El Señor ha dado a sus sacerdotes, sus ministros cualificados, un poder extraordinario y maravilloso: el de hacerlo realmente, personalmente, presente. ¿Vivo? Sí. ¿Justamente El? Sí, justamente El. Pero ¿dónde, si no se ve? He aquí el secreto, he aquí el misterio: la presencia de Cristo es verdadera y real, pero sacramental, es decir, escondida, aunque identificable al mismo tiempo. Se trata de una presencia revestida de señales especiales, que no dejan ver su divina y humana figura, sino que solamente nos aseguran que El, el Jesús del Evangelio y el Jesús ahora viviente en la gloria del cielo, está aquí, está en la Eucaristía... ¿Para cada uno de nosotros? Sí, para cada uno de nosotros. Jesús ha multiplicado su presencia real, pero sacramental, en el tiempo y en el número, para poder ofrecer a cada uno de nosotros la fortuna, la alegría de paroximarlo, es decir: es para mí, es mío" (Pablo VI, Homilía del Corpus 1970).

Jesús volvió a hacer el milagro permanente de velarse con su carne para no abrasarlos totalmente y seguir conviviendo con los humanos, sus hermanos.

Sólo fue un instante, un momento fugaz, un signo para afrontar la última tentación. La luz no anula la sombra de la Cruz; es el viático para hacerla soportable.

Cuando vean que el objeto de sus esperanzas, por quien dejaron todo, sea objeto de burla y humillación, y muera impotente, sufrirán una tremenda crisis, sostenida por la experiencia del Tabor. Es la piedra de escándalo que puede resquebrajar su fe.

Es necesario bajar del monte, y pasar por la noche del Calvario, para recobrar esa gloria.

El pecado destruyó el proyecto divino, y es necesario redimirlo. Sin efusión de sangre no ha redención; habrá que apurar el cáliz del castigo hasta el borde; sumergirse en el bautismo de sangre que nos lave.

El fuego divino debe quemar a la naturaleza humana en lo que tiene de pecaminosa, para que la luz y la gloria hagan la ocupación de nuestra vida, sin impedimentos ni diafragmas.

Es necesario bajar del monte, para seguir aguantando, sufriendo, trabajado; no hemos llegado al descanso definitivo; habrá que esperar la Hora de Dios.

La fe no es esperar lo que no va a suceder, no es soltar la presa para querer atrapar cientos que vuelan y que jamás tendremos, sino la seguridad de lo que esperamos confiando en las promesas del Señor.

La Cruz, con lo que lleva de fracaso, negación, traición, dolor, abandono, muerte, forma parte de nuestra vida y nuestra misión. Hacernos víctimas con Cristo es el constitutivo del cristiano. Ofrecer el gran Sacrificio del Cristo místico es la finalidad última de la acción pastoral.

Llegarán los momentos de humillación y dolor, cuando parezca que todo está irremediablemente perdido, que el trabajo realizado ha sido inútil.

Que veamos nuestra realidad con los ojos de Jesús. Que descubramos su rostro en nuestras comunidades y actividades. Que de su rostro se desprenda la luz que nos ilumine.

La oración es lucha, pero también es gloria, experiencia de comunión, fruición interior, iluminación para seguir luchando.

Que se desprendan los rayos de luz necesarios para tomar las decisiones adecuadas. Que nos decidamos a entrar en la nube, en la montaña santa del silencio y la oración profunda, de la intimidad con el Maestro, y recibamos la fuerza recóndita del Espíritu Santo.

Recibamos el vigor y ayuda para hacer la voluntad del Padre, para poder entrar en la Pasión de Cristo y en el servicio a los hermanos.

 

 

P. Francisco Escobar Mireles.