ROSARIO VIVIENTE

MISTERIOS LUMINOSOS

-Pbro.  Jaime E. Gutiérrez G.-

 

 

PRESENTACION

         Rezar el rosario es meditar el Evangelio y hacer la Palabra de Dios, oración. En el rosario nos acercamos a los misterios del Hijo de Dios y de María, no como verdades ocultas, incomprensibles a la mente humana que se reciben desde la fe y aceptan ciegamente, sino como manantiales de luz que iluminan diáfanamente y dan ilación y pleno sentido al acontecimiento de Jesucristo Salvador.

 

         Son, pues, misterios para meditar, mejor entender y mejor aplicar a nuestra vida, como súplica y petición insistente.

 

         El rosario, como oración diaria, ha dividido en 4 misterios todo el hecho divino de Jesucristo, desde su gozosa encarnación hasta su gloriosa resurrección.

 

         En efecto, los lunes y sábados meditamos el misterio de su encarnación que nos llena de gozo, ya desde el alegre anuncio del Ángel a María,  para comunicarle si aceptaba ser la Madre de Dios; como el alegre anuncio que la misma María hace a su prima Isabel, a quien sirve generosamente en su parto. 

 

         Alegría que no termina en el nacimiento de Jesús, y que celebran gozosos los pastores.  Alegría que envuelve a los justos y pobres de Israel como Simeón y Ana que Dios les concede la dicha de tener en sus brazos al infante Jesús, cuando es presentado al templo.  Y, alegría en fin, que permanece en la santa casa de Nazareth, después de la primera manifestación mesiánica del niño Jesús ante los sabios del templo de Jerusalén.

 

         Los martes y viernes, meditamos el misterio de su dolorosa pasión y muerte, que nos invita, con María, a padecer junto con Cristo, en el huerto de los olivos, cuando lleno de angustia y de dolor, suda sangre y ora a su Padre celestial para beber el cáliz amargo que le espera.  Dolor que, en la noche de su pasión, lo expone a las burlas y azotes de la soldadesca judía y romana.  Dolor que, como a rey y al mismo tiempo, varón de dolores, lo corona, pero de espinas, para después entronizarlo en la cruz.  Dolor, echo cruz que, a cuestas sobre sus espaldas, deberá cargar hasta el final del cruento suplicio.  Dolor que llega a su plenitud y universalidad cuando es fijado y levantado en la cruz, hasta experimentar el profundo dolor de la muerte.

 

         Los miércoles y domingos, meditamos el misterio de su gloriosa exaltación que nos llena de esperanza en la vida eterna.  Gloria que rompe el maleficio de la muerte, resucitando por sí mismo y para todos nosotros.  Gloria que arranca de la tierra al Señor Resucitado y asciende hasta lo más alto de los cielos, para sentarse a la derecha del Padre.  Gloria que llena de su Espíritu Santo a la primera Iglesia para que anuncie, a través de los tiempos,  a todos los hombres el Evangelio que salva.  Gloria que comparte con su amada Madre María, resucitándola y ascendiéndola, antes que a nadie, hasta el mismo cielo.  Y gloria que la corona como Madre nuestra y omnipotente intercesora, que busca llevar a todos sus hijos de la tierra en pos de sí. 

 

         Coronar a María es aclamarla como reina.  Entronizarla como reina, es hacerla intercesora ante Dios, uno y trino, supremo rey del universo.  Invocarla como Intercesora es pedirle como Madre Nuestra, su poderoso auxilio ante Dios, de tal manera que ella sea nuestra omnipotencia suplicante y nuestro mejor camino para llegar a Dios.

 

         El pasado 16 de octubre del año 2002, al celebrar Juan Pablo II su 24avo. aniversario de Papa, siendo gran devoto de la Virgen María y celoso apóstol del rosario, nos regaló los misterios luminosos, para meditarlos todos los jueves.  Misterios que hoy queremos representarlos, rezando el santo rosario. 

 

         En esa misma ocasión, nos regaló una carta apostólica: EL ROSARIO DE LA VIRGEN MARIA, declarando el año 2003, el año del rosario y pidiendo orar por la paz y la familia.  Así dice el Papa: "Queridos hermanos y hermanas: Una oración tan fácil, y al mismo tiempo tan rica, el rosario, merece de veras ser recuperada por la comunidad cristiana.  Hagámoslo sobre todo en este año.  Continúa diciendo:  Además de oración por la paz, el Rosario es también, desde siempre, una oración de la familia y por la familia...  Se ha de volver a rezar en familia y a rogar por las familias.  No olvidemos, dice, que la familia que reza unida, permanece unida.  El Santo Rosario, por antigua tradición es una oración que se presta particularmente para reunir a la familia.  Contemplando a Jesús, cada uno de sus miembros recupera también la capacidad de volverse a mirar a los ojos, para comunicar, solidarizarse, perdonarse recíprocamente y comenzar de nuevo con un pacto de amor renovado por el Espíritu de Dios.  Y dirigiéndose a los jóvenes, les dice: “Jóvenes, tomad con confianza entre las manos el rosario, descubriéndolo de nuevo a la luz de la Escritura, en armonía con la Liturgia y el en el contexto de la vida cotidiana“.

 

         Iniciemos, pues, el rosario, con esta plegaria: "Oh Rosario bendito de María, dulce cadena que nos une con Dios, vínculo de amor que nos une a los Ángeles, torre de salvación contra los asaltos del infierno, puerto seguro en el común naufragio, no te dejaremos jamás.

 

         Tú serás nuestro consuelo en la hora de la agonía.  Para ti el último beso de la vida que se apaga.  Y el último susurro de nuestros labios será tu suave nombre, ¡oh Reina del Rosario, oh Madre nuestra querida, oh Refugio de los pecadores, oh Soberana consoladora de los tristes!. Que seas bendita por doquier, hoy y siempre, en la tierra y en el cielo" Amén.

 

 

 

PRIMER MISTERIO:

JESUS ES BAUTIZADO EN EL JORDAN (Mt 3, 13-17)

 

Narrador.- En aquellos días, un extraño hombre, venido del desierto de Judea, cubierto apenas con una pobre piel de animal, se puso a predicar en medio de la gente, a las orillas del río Jordán.

 

Narradora.- Hablaba de conversión para preparar el camino del Mesías que estaba por llegar.

 

Narrador.- Mucha gente lo escuchaba con simpatía, por la fuerza de su palabra y por el anhelo tan vivo que sentían de que apareciese por fin el Mesías anunciado.

 

Narradora.- Un buen día, confundido entre los muchos que escuchaban a Juan, se presentó Jesús a las riveras del río Jordán.

 

Jesús.- Vengo a ser bautizado.

 

Juan.- ¿Cómo es que viene el Señor a su siervo, cuando el Espíritu de Dios me dice que soy yo quien debe ser bautizado por ti?

 

Jesús.- Hermano, es necesario que tú me bautices.  Esa es la voluntad de mi Padre.

 

Juan.- Yo no soy digno, ni siquiera de desatarte las correas de tu sandalia.  Yo soy un hombrecillo del desierto, llamado por Dios para anunciar a tu pueblo el bautismo de penitencia, que los prepare a recibirte.  Señor, yo soy quien debe estar postrado a tus pies, de rodillas.  Insisto, yo soy quien necesita de tu bautismo para recibir al Espíritu Santo.

 

Jesús.- Lo que te pido, no es por mi, ni es por ti, Juan.  Conviene que cumplamos el mandato de mi Padre, para que Él pueda presentarme ante su pueblo como al Ungido de Dios, el Mesías. (Se pone de rodillas Jesús y es bautizado)

 

Voz del Padre.- Este es mi Hijo amado en quien me complazco (Se oye el revolotear de una paloma y el currucuteo).  Escúchenlo.

 

Juan.- Sí, hermanos y hermanas, escúchenlo:  Este es el enviado del Padre, el Mesías prometido.  De ahora en adelante, solo Él es el maestro y todos nosotros sus discípulos.  Síganlo, porque Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

 

Narrador.- Esta fue la primera manifestación pública que hizo el mismo Padre celestial de su Hijo divino como el Ungido de Dios, el Mesías prometido.

 

Narradora.- Y esta fue la unción visible del hombre Jesús, por el Espíritu Santo, en figura de paloma, que lo hace el Profeta de Dios, predicador del Evangelio.

 

Narrador.- En aquel día, consagró la Santísima Trinidad, en el agua del Jordán, todas las aguas del bautismo, que luego pedirá Jesús, como signo eficaz de salvación.

 

Narradora.- Y también, es el día, en que, a todos los hombres, nos predestinó a ser hijos de Dios.

 

 

SEGUNDO MISTERIO:

JESUS EN LAS BODAS DE CANA TRANSFORMA EL AGUA EN VINO (Jn 2,1-12)

 

Narradora.- Se realizaba un boda en Caná de Galilea, y la Madre de Jesús estaba invitada.

 

Narrador.- También Jesús y sus discípulos fueron invitados.  Pero, aún faltaban días para que terminara el festejo y ya se había acabado el vino.

 

Narradora.- María se dio cuenta de la pena que estaba pasando aquella familia y quiso interceder por ellos ante su Hijo, quien apenas iniciaba su nueva vida pública y buscaba seguidores.

 

María.- Hijo, ya no tienen vino.

Jesús.- Mujer, aún no ha llegado la hora de manifestarme abiertamente.  Ya no debo ocuparme de los problemas domésticos, sino de la gran misión a la que me envió mi Padre celestial.

 

María.- (Aparte, dirigiéndose a los sirvientes que la acompañaban) Muchachos, acérquense a mi Hijo y háganle personalmente su petición.  Él sabrá qué hacer.  Estoy segura de que los escuchará favorablemente.  Ustedes cumplan todo lo que él les diga.

 

Sirviente.- (Acercándose a Jesús) Señor, los novios están muy afligidos porque se acabó el vino.

 

Jesús.- Lo sé, así me lo contó mi Madre.  Quiero ayudarlos.  ¿Tienen algunas cántaras vacías?

 

Sirviente.- Están las 6 que teníamos llenas de vino.  Son de cien litros cada una.

 

Jesús.- Vayan, pues, y llénenlas de agua.

 

Sirviente.- ¿Agua? Señor, si ya los ritos de purificación ya han pasado,  ¿para qué queremos más agua?

 

Ayudante.- (Aparte) Amo, recuerde que su Madre María, nos dijo que cumpliéramos todo lo que Él nos diga.  Si nos pide que las llenemos de agua, nada malo pasará si lo obedecemos.

 

Sirviente.- Tienes razón.  Vamos, muchachos.  Vamos a llenar de agua las cántaras.

 

Ayudante.-  (Volviendo de haberlas llenado aparte) Señor, tal y como Tú lo ordenaste, las llenamos hasta arriba.  Ven para que veas.

 

Jesús.- No es necesario, tu palabra me basta.  Dile a tu amo, que le lleve a probar al Maestresalas.

 

Ayudante.- Sí, Señor, haré puntualmente todo lo que me pides.

 

Narrador.- Luego que lo probó el Maestresalas, sin saber el origen de ese vino, muy sorprendido fue a reclamarle al novio, por haber dejado el mejor vino para el final.

 

Narradora.- Pronto se corrió la voz del milagro.  Los primeros en atestiguarlo fueron sus discípulos quienes creyeron, desde entonces, con más seguridad, de que era el Mesías, el Cristo, anunciado por los profetas desde antiguo. 

 

Narrador.- De esta forma cerraba Jesús, todo el Antiguo Testamento, simbolizado en las tinajas vacías de la Revelación, que ahora se llenaban con abundancia, en el Nuevo Testamento, con el máximo revelador de Dios, su propio Hijo, hecho hombre.

 

Narradora.- Y de esta forma, Jesús, haciéndose presente en las Bodas de Caná, bendecía el amor matrimonial y lo aseguraba con un milagro para que nunca le faltara, de parte de Dios, el vino del amor permanente y fiel hasta el final.

   

 

TERCER MISTERIO:

JESUS ANUNCIA EL REINO DE DIOS Y

NOS INVITA A LA CONVERSION (Mc 1,15ss)

 

Narrador.- Después de permanecer en ayuno y oración por cuarenta días, en el desierto, el Espíritu lo impulsó a proclamar la Buena Nueva.

 

Narradora.- Pero no solo predicaba y enseñaba, sino que curaba a toda clase de enfermos.  Por eso, muy pronto se extendió su fama.  De todas partes venían a escucharlo y en busca de salud.

 

Narrador.- Uno de esos primeros días de su vida pública, paseándose Jesús por la ribera del Lago de Tiberíades, antes de que se le reuniera la gente, eligió, de entre sus discípulos, a sus apóstoles.

 

Jesús.- Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres.  ¿Cómo te llamas?

 

Pedro.- Yo me llamó Simón y mi hermano se llama Andrés.

 

Jesús.- Pues, ya no te llamarás Simón, sino Piedra, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.  Vengan conmigo.   Ustedes también, los invito, dejen sus redes y síganme.

 

Andrés.- ¿Qué hemos de hacer, Maestro bueno, para alcanzar la vida eterna?

 

Jesús.- Les digo a ustedes y a todos los que me escuchan: Conviértanse porque el reino de los cielos está cerca.  Cambien su corazón, enséñense a perdonar hasta amar a sus enemigos y hacerles el bien a los que les hacen el mal.

Pedro.- Enséñanos, Maestro, tú que tienes palabras de vida eterna.

 

Jesús.- Siéntense todos y escúchenme.  Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos.  Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia porque serán saciados.  Alégrense los limpios de corazón porque verán a Dios.  Gócense los que trabajan por la paz porque serán llamados hijos de Dios.  Felices serán ustedes cuando los injurien y los persigan.  Alégrense y regocíjense porque su recompensa será grande en los cielos.

 

Narrador.- Quienes lo escuchaban, asombrados se decían: ¿Qué es esto? ¿Una nueva doctrina?  Éste sí habla como quien tiene autoridad y no como los escribas y fariseos.

 

Narradora.- Mucha gente creía en él y quería ser su discípulo.

 

 

 

 

 

CUARTO MISTERIO:

JESUS SE TRANSFIGURA Y MANIFIESTA SU GLORIA A SUS APOSTOLES (Lc 9, 23-35)

 

Narrador.- Después de anunciarles, por primera vez, a sus apóstoles, su pasión y al pueblo, la exigencia de cargar cada día con la cruz y de seguirlo, a los ocho días, Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y a Santiago, y subió a la montaña para orar.

 

Narradora.- Eran los tres amigos íntimos de Jesús que luego se convertirían: Pedro en la cabeza de toda la iglesia; Juan en el máximo evangelista y testigo del Señor; y Santiago, el primo de Jesús, en el primer jefe de la iglesia naciente, en Jerusalén.

 

Narrador.- en la cima del monte Tabor estaban.  Y mientras oraba Jesús, cambió el aspecto de su rostro y su vestidura se volvió resplandeciente.

 

Narradora.- En esto, aparecieron dos hombres resplandecientes también, que conversaban con Jesús: eran Moisés y Elías.

 

Pedro.- Maestro qué bien estamos aquí.  Hagamos tres tiendas. Una para Ti; otra para Moisés y otra para Elías.

 

Narrador.- Pedro no sabía lo que decía.

 

Narradora.- Aún estaba hablando Pedro, cuando vino una nube y lo cubrió todo.

 

Voz del Padre.- Este es mi Hijo elegido; escúchenlo.

 

Narrador.- Atemorizados, los tres amigos de Jesús, a nadie vieron más que a Jesús.

 

Narradora.- Y acercándoseles Jesús, trató de serenarlos.

 

Jesús.- Nadie debe saber lo que vieron, hasta que el Hijo del Hombre muera en manos de sus enemigos y resucite al tercer día.

 

Narrador.- Ellos guardaron silencio y no le contaron a nadie, por entonces, nada de lo que habían visto.

 

Narradora.-  Bajaron confundidos, sin atreverse a preguntar, ¿por qué el camino de la gloria tiene que ser el de la pasión y muerte? ¿Por qué conviene padecer y morir?

 

 

 

QUINTO MISTERIO:

JESUS INSTITUYE LA EUCARISTÍA (Lc 22,14-21)

 

Narrador.- Se acercaba la fiesta de la Pascua en la que debía inmolarse el cordero pascual.  Por eso, mando Jesús a Pedro y a Juan para preparar esa cena.

 

Narradora.- Llegada la hora, habiendo amado Jesús a los suyos, los amó hasta el extremo.  Y mientras cenaba con ellos, sabiendo que era la última cena con ellos, tomó pan en sus santas y venerables manos, dando gracias bendijo a su Padre.

 

Jesús.- Cómo he deseado celebrar esta pascua con ustedes antes de morir.  Porque les digo que no la volveré a celebrar hasta que tenga su cumplimiento en el reino de Dios.

 

Narradora.- Después, tomó un cáliz, dio gracias y dijo.

 

Jesús.- Tomen esto y repártanlo entre ustedes; pues les digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta que llegue el reino.

 

Narrador.- Después tomó pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo:

 

Jesús.- Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes; hagan esto en memoria mía.

 

Narradora.- Y después de la cena, hizo lo mismo con el cáliz diciendo

 

Jesús.- Este es el cáliz de la nueva alianza sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes.

 

Narrador.- De esta manera establecía la cena pascual de su cuerpo y de su sangre, como la forma querida de estar con nosotros hasta el final de los tiempos y que le llamamos Fracción del Pan, Misa y Eucaristía.

 

Narradora.- Y al mismo tiempo que establecía la Misa como el máximo memorial suyo, consagraba sacerdotes de la nueva alianza a los apóstoles para que celebraran esto en memoria suya.

 

 

 

 

 

 

LAS TRES AVEMARIAS DESPUES DE LOS 5 MISTERIOS

 

MARIA HIJA DE DIOS PADRE

         Dios te salve María, hija de Dios Padre, engendrada llena de gracia y concebida sin macha de pecado original, para ser la digna morada de nuestro Salvador Jesucristo, celebramos el misterio de tu inmaculada concepción, bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús....

 

 

MARIA MADRE DE DIOS HIJO

         Dios te salve María, Madre de Dios Hijo, siempre virgen, antes y en el parto, igual que después del parto. Virgen pura, jamás tocada por ningún varón.   Tierra solo sembrada por obra del Espíritu Santo, donde germinó hombre el Hijo de Dios, celebramos tu virginidad perpetua para exaltar el máximo y definitivo don de tu Maternidad Divina. Solo tú la Madre de Dios, por eso bendita entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús...

 

MARIA ESPOSA DE DIOS ESPIRITU SANTO

         Dios te salve María, Esposa de Dios Espíritu Santo; Mujer del amor hermoso, Mujer todo corazón.  Tú fuiste la primera que creyendo, concibió al Verbo de Dios, antes de recibirlo en tu seno.  Y acatando la voluntad divina, fuiste la perfecta discípula y doblemente madre: Madre de Dios y Madre de la Iglesia.  Celebramos tu gloriosa asunción que te hace Reina y Madre de Misericordia, Abogada nuestra, bendita entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús...

 

         DIOS TE SALVE, OBRA PERFECTA DE LA SANTISIMA TRINIDAD, ROSTRO MATERNO DE DIOS, SACRAMENTO DE TERNURA Y SUPREMA INTERCESORA ANTE DIOS. DIOS TE SALVE, REINA Y MADRE....

 

         LETANIAS.....