Hoy Miércoles, 03 de diciembre de 2008 | 14:10

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¡Qué durio es aceptar!

Qué fácil sería, Señor, vivir con
gente sumisa,
gente que obedece,
gente que ejecuta,
gente que se dejase ayudar, agasajar, salvar.

Lo haría por todos ellos, Señor,
sería bueno, entregado,
sería útil, necesario, indispensable.
Ellos podrían ser felices si aceptasen
abandonarse a mí,
fiarse de mí.

Si aceptasen...renunciar a crecer,
a crecer ellos mismos, por ellos mismos,
a crecer juntos, con sus hermanos.

¡Qué duro es, Señor, aceptar
que se levanten,
que piensen solos,
que se organicen,
que luchen... y combatan... y que me combatan!

Y, ante los adolescentes, lo que tú me pides
es precisamente esto:
que lleguen a ser hombres y mujeres,
hombres y mujeres responsables,
hombres y mujeres en pie.

No es cosa fácil; preferiría que estuviesen sentados,
que estuviesen postrados,
¡... y yo los guiaría!

Ayúdame, Señor, a desear con todas mis fuerzas
que ante mí,
¡los adolescentes sean hombres, verdaderos hombres! y...
¡las adolescentes sean mujeres, verdaderas mujeres!.