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Las Opciones Fundamentales
del Proceso de Formación
Son, por así decir, los principios fundamentales que iluminan y orientan nuestro camino con los jóvenes:
OPCION POR EL GRUPO
¿Por qué se opta por el grupo? En primer lugar, porque el grupo es una respuesta a la sed que tiene el joven de afirmarse personal y socialmente. En el grupo el joven afirma su propia personalidad, ya que ahí se siente conocido, aceptado, estimado y realizado. En el grupo el joven se relaciona con otras personas de su misma edad y aprende a comunicarse, a convivir, a participar y comprometerse en algunas actividades comunes. En el grupo se satisfacen las necesidades básicas de toda persona: afecto, aprobación, seguridad, apoyo y solidaridad.
Pero el grupo no ayuda sólo para eso, sino que también, el grupo es algo más: es una experiencia de Iglesia. En el grupo el joven experimenta vitalmente a la Iglesia como una comunidad que cree en Cristo, que comparte y celebra la fe, que vive el amor fraterno. El grupo es, por tanto, el ámbito ideal de la experiencia de fe y del inicio de la vivencia comunitaria de la Iglesia.
OPCION POR LA PARROQUIA
El proceso supone la existencia de una comunidad inmediata y cercana que promueva, apoye y acompañe el camino formativo de los jóvenes. Esa comunidad es la parroquia.
La comunidad parroquial puede ser algo significativo y determinante para los jóvenes, ya que en ella se hace visible y próxima la única Iglesia de Jesucristo. En la parroquia, efectivamente, los jóvenes pueden descubrir y experimentar la presencia y cercanía de Cristo, de su Evangelio y de su Iglesia.
La parroquia ofrece, también, un espacio adecuado para que los jóvenes puedan encontrarse, reunirse y vivir la fraternidad. En ella los jóvenes pueden alimentar, compartir, celebrar y vivir su fe. Ahí se les ofrecen posibilidades de acción y creatividad, de colaboración, de compromiso, de corresponsabilidad eclesial.
Nuestra propuesta juvenil, por todo lo anterior, se expresa y realiza desde la parroquia y tiende a la misma. En este sentido los grupos juveniles, que surgen desde la parroquia, están llamados a vivir integrados y comprometidos con su comunidad parroquial. La parroquia se convierte así en un centro de animación y coordinación de los grupos juveniles. Es una comunidad de comunidades.
OPCION POR LA ENCARNACION
Jesucristo, al encarnarse, asumió plenamente la vida humana para llevarla hacia la salvación. La Encarnación, por tanto, es el «método pastoral» que escogió Dios para salvar a los hombres.
La fidelidad al principio de la Encarnación exige los siguientes criterios de acción pastoral: partir de¡ joven concreto, asumir su vida ordinaria, evangelizar en «diálogo» con la experiencia humana y crear las actitudes de búsqueda, de encuentro personal y de presencia activa con los jóvenes.
La opción por la Encarnación, por tanto, nos recuerda que la vida ordinaria de los jóvenes es el lugar privilegiado para encontrar a Dios y para seguir a Cristo. Optar por la Encarnación es, en definitiva, optar por una pastoral que sea fiel al «hombre-en-situación».
OPCION POR LA EVANGELIZACION
Optar por la evangelización significa anunciar explícitamente la Persona viva de Cristo: un Cristo encarnado, muerto, resucitado y presente en la vida de la Iglesia. Optar por la evangelización, significa, también, suscitar y cultivar la fe, ayudando al joven a madurarla y a saber integrarla en su vida diaria.
Todo esto supone una catequesis sistemática que acompañe gradualmente a los jóvenes en el camino de su educación en la fe, en el descubrimiento y seguimiento de Cristo.
OPCION POR UNA PEDAGOGIA ACTIVA
La opción por una pedagogía activa implica varios aspectos. Supone, en primer lugar, el que los jóvenes sean protagonistas de su propia formación, de tal manera que ellos puedan descubrir y desarrollar creativamente todas sus posibilidades para alcanzar la total madurez humana y cristiana.
En segundo lugar, la pedagogía activa exige que los jóvenes sean «los principales e inmediatos evangelizadores de los jóvenes, ejerciendo el apostolado personal entre sus propios compañeros» (AA 12). Pablo Vi expresaba este tipo de protagonismo juvenil con las siguientes palabras: que «los jóvenes, bien formados en la fe y arraigados en la oración, se conviertan cada vez más en los apóstoles de la juventud» (EN 72).
La pedagogía activa exige, también, formar a los jóvenes por y para la acción. La experiencia nos ha demostrado que por medio de la acción planeada -acción que no se reduce al activismo-, los jóvenes van asumiendo progresivamente su proceso de formación integral.
La pedagogía activa, por último, exige que los encuentros entre los jóvenes sean vivos, dinámicos y participativos. Para ello se requiere la utilización de técnicas nuevas, como los videos, los sonoramas, las dinámicas de grupo, etc.
OPCIÓN POR EL COMPROMISO
Nuestra propuesta juvenil no pretende «entretener» a los jóvenes, sino formar cristianos comprometidos que estén convencidos de que su fe los lanza a ser fermento en la masa, a construir el Reino de Dios en medio del ambiente en el que se desenvuelven. No optamos, por tanto, por una pastoral de «entretenimiento». Optamos por una pastoral de compromiso.
El compromiso al que nos referimos abarca, en primer lugar, el aspecto socio-político. Para lograr esto se necesita, entre otras cosas, fomentar el sentido crítico de los jóvenes y su capacidad de analizar y transformar la realidad, de acuerdo a los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.
Pero el compromiso de los grupos juveniles no se reduce a lo socio-político; es, sobre todo, un compromiso evangelizador, apostólico. Se trata de comprometer a los jóvenes en la acción evangelizadora de la Iglesia, realizando apostolados concretos en su comunidad parroquial.
Queremos, de esta manera, formar jóvenes comprometidos con la Iglesia y con la sociedad. Jóvenes que hagan de su propia vida una «lucha y contemplación». Jóvenes que den razón de su fe. Jóvenes que se comprometan a transformar evangélicamente la realidad en que viven.