LLAMADOS A SER SANTOS

 

VEAMOS NUESTRA VIDA

1. Para la gente, ¿quiénes son los santos?

2. ¡Qué piensa la gente sobre la vida y las actitudes de los santos?

PENSEMOS: ILUMINEMOS NUESTRA VIDA

Introducción

Santidad no significa en el hebreo tanto pureza como cortado (apartado para). Apartado de lo impuro y apartado para lo sagrado.

La santidad de Dios no es sólo un atributo misterioso del ser de Dios, sino su perfección moral. Cristo personifica la santidad. La santidad de todas las demás personas o cosas derivan de  El y dependen de su voluntad.

Ser santo es participar de la santidad de Dios. Jesucristo es el Santo de los santos y el Espíritu Santo es el Santificador. Todos fuimos creados por Dios para ser santos, en la tierra y entonces plenamente en la eternidad en el cielo. Perdimos la vida de gracia por el pecado, pero Jesucristo nos reconcilió con el Padre por medio de la Cruz. Por el bautismo recibimos los méritos de Cristo y somos liberados del pecado e injertados en Cristo para ser Hijos de Dios y participar de su santidad. San Pablo usa la palabra «santos» para referirse a los fieles (2 Cor. 13,12; Ef. 1,1).

El mundo de hoy parece resistirse a la santidad. La ciencia y tecnología lo han bombardeado: Internet, telefonía celular,  Tv.... Los valores no le dice nada, el consumismo, el hedonismo y la cultura hecha moda lo han dejado sin fuerza y en un agotamiento que tiene al fatalismo. Nadie le lleva a las fuentes ni le da sabiduría.

Nuestro mundo se nos presenta desilusionado, desorientado, globalizado. Vivimos en un mundo donde solo se busca la producción sin tener en cuenta a la persona, en donde solo importa la economía y no la ecología.

Se ha perdido el ideal y el propósito de vivir cristianamente y el empeño de ser Santo ante la mirad de Dios, cumpliendo su voluntad.

Algunos piensa que esa perfección de santidad es un privilegio de muy pocos, que a la mayoría no se le concede, pero :

Dios desea un pueblo santo, apartado para El. Que santifique a Dios en el culto, y el ejercicio práctico y continuo de la justicia y la misericordia  (1ª Pedro 2, 9).

Jesús en el Sermón de la Montaña nos señalo que los caminos de santidad y dicha se abren para todos los que quieren seguirlo en las diferentes situación de la vida: niños, jóvenes, solteros, casados, religiosos, sacerdotes; obedeciendo los mandamientos de amor a Dios y al prójimo, motivo por la enseñanza de Cristo acerca de la pobreza espiritual, la mansedumbre, la limpieza de corazón, la paciencia y la misericordia, verdades virtudes cristianas.

Reflexión:

«La vocación a la santidad». ¡La santidad! He aquí la gracia y la meta de todo creyente, conforme nos recuerda el Libro del Levítico: «Ustedes serán santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo» (19,2).

En la Carta apostólica «Novo millennio ineunte» nos invita a poner «la programación pastoral en el signo de la santidad», para «expresar la convicción de que si el Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la inserción en Cristo y la inhabitación de su Espíritu, sería un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una religiosidad superficial… « (n° 31).

El Vaticano II, en la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nos menciona: “La Iglesia, creemos que es indefectiblemente santa, ya que Cristo, el Hijo de Dios, a quien con el Padre y el Espíritu llamamos «el solo Santo», amó a la Iglesia como a su esposa, entregándose a sí mismo por ella para santificarla. (LG 39)

Por eso, todos en la Iglesia, ya pertenezcan a la jerarquía, ya pertenezcan a la grey, son llamados a la santidad, según aquello del Apóstol: «Porque ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación» (1 Tes. 4,3; Ef. 1,4). (LG 39)

 

Nuestro Señor Jesucristo predicó la santidad de vida, de la que El es Maestro y Modelo, a todos y cada uno de sus discípulos, de cualquier condición que fuesen. «Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto» (Mt. 5, 48).

Fluye de ahí la clara consecuencia que todos los fieles, de cualquier estado o condición, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, que es una forma de santidad que promueve, aun en la sociedad terrena, un nivel de vida más humano. (LG 40)

«Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha» (Mt 9,38; Lc 10, 2) En obediencia al mandato de Cristo, nos debe caracterizar los momento de oración intensa, que compromete a la comunidad cristiana entera en una incesante y fervorosa invocación a Dios por las vocaciones. ¡Qué importante es que las comunidades cristianas lleguen a ser verdaderas escuelas de oración (Cfr. N M I, 33), capaces de educar en el diálogo con Dios y formar a los fieles a abrirse siempre más al amor con que el Padre «amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único» (Jn 3, 16)!.

?Conclusiones

Sin duda, somos llamados a navegar hacia la santidad a lo largo de toda nuestra vida. Y surcar el mar que nos rodea, en todo momento, ocasión y circunstancia, dirigiendo el timón de nuestra vida y dejándonos a la vez conducir por Aquél que sabemos que nos ama y que nos llevará, finalmente, al puerto feliz de la Vida y de la Santidad.

Y en este constante navegar hacia ese puerto, todos estamos llamados a dar testimonio de Jesucristo, con el mismo espíritu que lo hace la Iglesia. Un testimonio que puede llegar hasta la persecución y el martirio. Testimonio que debe ofrecer el fiel en su vida diaria y en su servicio a los hombres.

Nuestra Parroquia, impulsada por luz del Espíritu Santo, debe seguir navegando y ponerse en pie con una actitud decididamente a santificarse. El espíritu de Dios debe despertar en nuestra Parroquia vocaciones para la evangelización: hombres y mujeres que se incorporen a la misión y anuncien sin reservas el Evangelio.

La universalidad de la Iglesia nos empuja también a trabajar por las grandes causas de la humanidad: la paz, la justicia, la lucha contra el hambre, la enfermedad, la defensa de los derechos humanos, los mil rostros de la opresión, las desigualdades económicas, etc.

Somos llamados a ser santos. A vivir en santidad. A mantener la santidad que Cristo nos otorga por gracia. Porque eso nos ayuda a andar confiados en Dios.

Pero no debemos tomar a la ligera las cosas sagradas, pues, de lo contrario seremos quebrantados.

“El que camina sinceramente anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado”. (Prov 10, 9).

 

NUESTRO COMPROMISO

¿Qué debemos hacer para responder al llamado que Dios nos hace para que seamos santos?