EVANGELIZACION, FUNDAMENTO DE LA SANTIDAD
VEAMOS NUESTRA VIDA
¿Sin evangelización se entendería la santidad?
¿Quienes tienen que realizar la tarea de anunciar el
Evangelio?
PENSEMOS: ILUMINEMOS NUESTRA VIDA
La
evangelización es la tarea fundamental de la Iglesia: «Nosotros queremos afirmar
una vez más dice Paulo VI- que la tarea de la evangelización de todos
los hombres constituye la misión esencial
de la Iglesia.... Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia
de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar». (E.N.
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Evangelizar
significa llevar a cabo el mandato de Jesús: «Por eso vayan y hagan que todos
los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo.» (Mat. 28,19).
Por
lo tanto, toda evangelización parte del mandato de Cristo a sus apóstoles y
sucesores, se desarrolla en la comunidad de los bautizados, en el seno de las
comunidades vivas que comparten su fe y se orienta a fortalecer la vida de adopción
filial en Cristo, que se expresa principalmente en el amor fraterno.... Sólo
una Iglesia evangelizada es capaz de evangelizar (SD 23).
1.- LA EVANGELIZACION LLEVA A LA CONVERSIÓN.
Jesús
empieza su ministerio llamando a la conversión: «El plazo está vencido y el
reino de Dios se ha acercado. Tomen otro camino y crean en la Buena Nueva» (
Mc. 1,15).
Los
apóstoles anuncian a Jesús resucitado y también invitan a la conversión: Sepa
entonces con toda seguridad toda la gente de Israel, que Dios ha hecho Señor
y Cristo a este Jesús a quien ustedes crucificaron.
Al
oír esto, se afligieron profundamente, Dijeron, pues, a Pedro y a los demás
apóstoles: Hermanos, ¿qué debemos hacer?.
Pedro les contestó: conviértanse y háganse bautizar cada uno de ustedes
en el Nombre de Jesucristo, para que sus pecados sean perdonados. Y Dios les
dará el Espíritu Santo. ( Hech. 2, 36-38)
El
Papa Juan Pablo II comenta en la Exhortación Apostólica Iglesia en América:
Para hablar de conversión, el Nuevo testamento utiliza la palabra metanoia,
que quiere decir cambio de mentalidad. No se trata sólo de un modo de pensar
distinto a nivel intelectual, sino de la revisión del propio modo de actuar
a la luz de los criterios evangélicos (NO. 26)
2.- LA CONVERSIÓN ES EL CAMINO QUE LLEVA A LA SANTIDAD.
Escuchemos
al Papa: La santidad es la meta del camino de la conversión, pues esta
no es un fin en sí misma, sino un proceso
hacia Dios que es santo. Ser santos es imitar a Dios y glorificar su nombre
en las obras que realizamos en nuestra vida. En el camino de la santidad Jesucristo
es el punto de referencia y el modelo a imitar. El es el santo de Dios y fue
reconocido como tal. El mismo nos enseña que el corazón de la santidad es el
amor, que conduce incluso a dar la vida por los otros Iglesia en América
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Juan
Pablo II nos advierte: «La conversión favorece, por tanto, una vida nueva, en
la que ya no haya separación entre la fe y las obras en la respuesta cotidiana
a la universal llamada a la santidad» (Iglesia en América 26)
Es
el mismo Juan Pablo II el que nos dice estas palabras luminosas: «No cabe duda
que esta primacía de la santidad y de la oración sólo se puede concebir a partir
de una renovada escucha de la Palabra de Dios....... Es necesario, en particular,
que la escucha de la Palabra se convierta en un encuentro vital, en la antigua
y siempre válida tradición de la lectio divina, que permite encontrar en el
texto bíblico la palabra viva que interpela, orienta y modela la existencia.»
( NMI 39)
Esto
ya lo habían vivido los cristianos de la Iglesia primitiva quienes escucharon
la palabra de Jesús, se convirtieron y vivían una vida de santidad (Hech. 5,
32-35)
3.-LA EVANGELIZACION NOS HACE VIVIR LA SALVACIÓN EN LA IGLESIA.
Veamos
dos citas del Vaticano II: «Es tan grande el poder y la fuerza de la Palabra
de Dios que constituye firmeza en la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente
límpida y perenne de la vida espiritual». (D. V. 21)
«Entre
todas las ayudas espirituales descuellan aquellos actos por los que se nutren
los fieles de Cristo en la Palabra de Dios y de la doble mesa de la Sagrada
Escritura y de la Eucaristía.» ( P. O. 18)
En
el libro de los Hechos de los Apóstoles el Evangelio como Palabra de salvación
es dirigido primero a los judíos, y luego a las otras naciones. Pero se invita
a todos los hombres a librarse de la generación extraviada ( 2, 40). La condición
de la salvación es la fe en el Señor Jesús ( 16, 30; Mc. 16, 16). Pero nadie
se salva a sí mismo. Es la gracia de Dios la que salva ( 15, 11).
También
para san Pablo la fe es necesaria para la salvación, pero esa fe es alimentada
por la Palabra de Dios: Porque si confiesas con tu boca que Jesús es Señor
y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo....
La fe nace de la predicación, y la predicación se arraiga en la palabra de Cristo
(Rom. 10, 9.17)
4.- UNA EVANGELIZACION QUE PRODUZCA FRUTOS DE SANTIDAD.
De
nuevo escuchamos la voz de Juan Pablo II: Alimentarnos de la Palabra para ser
«servidores de la Palabra» en el compromiso de la evangelización es indudablemente
una prioridad para la Iglesia del comienzo del nuevo milenio. Ha pasado ya ,
incluso en los Países de antigua evangelización la situación de una «sociedad
cristiana», la cual, aún con las múltiples debilidades humanas, se basaba explícitamente
en los valores evangélicos. Hoy se ha de ha de afrontar con valentía una situación
que cada vez es más variada y comprometida, en el contexto de la globalización
y de la nueva y cambiante situación de pueblos y culturas que la caracteriza.
He repetido muchas veces en estos años la «llamada» a la nueva evangelización.
La reitero ahora, sobre todo para indicar que hace falta reavivar en nosotros
el impulso de los orígenes, dejándonos impregnar por el arador de la predicación
apostólica después de Pentecostés. Hemos de revivir el sentimiento apremiante
de Pablo, que exclamaba: «¡ay de mí si no predicara el Evangelio!» (1 Cor. 9,
16).
Esta
pasión suscitará en la Iglesia una nueva acción misionera, que no podrá ser
delegada a unos pocos «especialistas», sino que acabará por implicar la responsabilidad
de todos los miembros del pueblo de Dios.
Quien
ha encontrado verdaderamente a Cristo no puede tenerlo sólo para sí, debe anunciarlo.
Es necesario un nuevo impulso apostólico que sea vivido, como compromiso cotidiano
de las comunidades y de los grupos cristianos. Sin embargo, esto debe hacerse
respetando debidamente el camino siempre distinto de cada persona y atendiendo
a las diversas culturas en las que ha de llevar el mensaje cristiano, de tal
manera que no se nieguen los valores peculiares de cada pueblo, sino que sean
purificados y llevados a su plenitud (NMI 40)
Que
nos ayude y oriente, en esta acción misionera confiada, emprendedora y creativa,
el ejemplo esplendoroso de tantos testigos de la fe que el Jubileo nos ha hecho
recordar .
NUESTRO COMPROMISO
=¿Por qué no puede haber santidad sin
Evangelio?
=¿Qué pasos habría que dar en la evangelización
para llegar a la santidad?
=¿Habrá razón para realizar la evangelización
con pesimismo?