SANTIDAD: VIVIR LAS BIENAVENTURANZAS

VEAMOS NUESTRA VIDA

¿Conocen gentes felices en la comunidad, en el barrio, entre tus amigos y compañeros?

¿Cómo llegar a ser realmente felices?

¿En qué consiste la verdadera felicidad?

PENSEMOS: ILUMINEMOS NUESTRA VIDA

Introducción

* Todos hemos sido llamados a la santidad, tenemos el compromiso de ser santos.

* La Evangelización es el fundamento, el cimiento firme y sólido de la santidad.

* La celebración de la fe (Liturgia: sacramentos, oración, religiosidad popular), alimenta y fortalece la santidad.

* Pero la santidad tiene que proyectarse en la vida, tiene que manifestarse y ser testimonio claro de nuestra fe en Jesucristo. Si el anuncio de la fe nos invita a ser santos y la liturgia nos motiva y sostiene en ese camino, el testimonio y la vida de santidad se  convierten en luz que anima. La fe ha de proyectar se a la vida en hechos de santidad.

Ser santo es vivir de acuerdo al plan de Dios y, por ello, es vivir ya desde ahora la salvación. No hay standards humanos para calificar la santidad de alguien. Pero hemos recibido guías para la santidad de parte de Nuestro Señor: Las Bienaventuranzas. Mateo 5:1-12

Las bienaventuranzas, camino de santidad y de felicidad.

Jesucristo Señor Nuestro predicó la buena nueva para todos, sin distinción alguna: mi comida es hacer la voluntad del que me ha enviado, y dar cumplimiento a su obra”.      (Jn 4, 34).

A cada uno nos llama a la santidad, de cada uno pide amor: jóvenes y ancianos, solteros y casados, sanos y enfermos, cultos e ignorantes, trabajen donde trabajen, estén donde estén». Cualesquiera que sean las circunstancias que atraviese nuestra vida, hemos de sabernos invitados a vivir la plenitud de la vida cristiana.

1) «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos...»

Más que la condición social de pobre, expresa la actitud religiosa de humildad ante Dios: es pobre el que acude a Dios sin considerar méritos propios y confía sólo en la Misericordia Divina para ser salvado (infancia espiritual). El cristiano se considera ante Dios como un niño pequeño que no tiene nada en propiedad; todo es de Dios su Padre y a El se lo debe.

La pobreza cristiana exige el desprendimiento de los bienes materiales y una austeridad en el uso de ellos. La pobreza que Jesús declaró Bienaventurada es aquella hecha a base de desprendimiento, de confianza en Dios, de sobriedad y disposición a compartir con otros. Nos enseñan que la verdadera dicha no reside ni en la riqueza o el bienestar, ni en la gloria humana o en el poder, ni en ninguna obra humana, por útil que sea; como las ciencias, la técnica, y las artes, ni en ninguna criatura. Sólo Dios es la fuente de todo bien y de todo amor.

2 ) «... Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados ...»

Nuestro Señor llama aquí Bienaventurados a todos los que están afligidos por alguna causa y, de modo particular, a quienes están verdaderamente arrepentidos de sus pecados, o apenados por las ofensas que otros hacen a Dios, y que llevan su sufrimiento con amor y deseos de reparación.

3) «...Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra...»

Es decir, los que sufren con paciencia las persecuciones injustas; los que en las adversidades mantienen el ánimo sereno, humilde y firme, y no se dejan llevar de la ira o del abatimiento. Es la virtud de la Mansedumbre muy necesaria para la vida cristiana. Normalmente las frecuentes manifestaciones internas de irritabilidad proceden de la falta de humildad y de paz interior.

«La tierra»: se entiende en sentido Trascendente, es decir, la Patria Celestial.

4) «... Bienaventurados los que tienen hambre y sed de Justicia, porque ellos serán saciados ...»

Se llama justo a quien se esfuerza sinceramente en cumplir la Voluntad de Dios, que se manifiesta en los Mandamientos, en los deberes de estado y en la unión del alma con Dios.

Comenta San Jerónimo: esta cuarta Bienaventuranza de Nuestro Señor exige no un simple deseo vago de Justicia, sino tener hambre y sed de ella, esto es, amar y buscar con todas las fuerzas aquello que hace justo al hombre delante de Dios.

El que de verdad quiere la Santidad tiene que querer los medios que la Iglesia, ofrece y enseña a vivir a todos: frecuencia de los Sacramentos, trato íntimo con Dios en la oración, fortaleza en cumplir con los deberes familiares, profesionales y sociales.

5) «... Bienaventurados los Misericordiosos porque ellos alcanzarán Misericordia ...»

La misericordia no consiste sólo en dar limosna a los pobres, sino también comprender los defectos que pueden tener los demás, disculparlos, ayudar a superarlos y querer a los otros aún con sus defectos. También forma parte de la misericordia alegrarse y sufrir con las alegrías y dolores ajenos.

6) «... Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios ...»

La Doctrina de Cristo enseña que la raíz de la calidad de los actos humanos está en el corazón, es decir, en el interior del hombre, en el fondo de su espíritu.

El corazón es considerado como el resumen y la fuente, la expresión y el fondo último de los pensamientos, de las palabras, de las acciones. La limpieza de corazón es un don de Dios que se manifiesta en la capacidad de amar, en la mirada recta y limpia para todo lo noble. El cristiano ayudado con la Gracia de Dios, debe luchar para purificar su corazón y adquirir esa limpieza, por la que se promete la Visión de Dios.

7 ) «... Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios ...»

Son los que promueven la paz en si mismos, en los demás y, sobre todo procuran reconciliarse y reconciliar a los demás con Dios. La paz con Dios es la causa y la cima de toda paz. Será vana y falaz toda paz en el mundo que no se base en esa Paz Divina.

8) «...Bienaventurados los que padecen persecución por la Justicia, porque de, ellos es el Reino dé los cielos...»

Bienaventurados serán cuando los injurien, los persigan y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Alégrense y regocígense, porque su recompensa será grande en el Cielo. Asi persiguieron a los profetas.

Es Bienaventurado el que padece persecución por ser santo o por su empeño en ser santo. Es Bienaventurado el que padece persecución por ser fiel a Cristo, y lo lleva no sólo con paciencia sino con alegría.

San Bernardo dice que esta octava Bienaventuranza era como la prerrogativa de los Santos mártires. El cristiano que es fiel a la Doctrina de Jesucristo es de hecho también un mártir (testigo) que refleja o cumple esta Bienaventuranza, aún sin llegar a la muerte temporal.

Vivir las Bienaventuranzas es descubrir que la felicidad viene de Dios. No perderemos la alegría si buscamos en todo al Señor.

Recordemos lo que alguien ha dicho: “Un santo triste es un triste santo”

 

NUESTRO COMPROMISO

=De ordinario, ¿Dónde buscamos la felicidad?

=¿Qué es lo que más nos entristece?

=De acuerdo a lo que reflexionamos, señalen tres cosas que los hacen realmente felices

=¿Es posible vivir la santidad en el mundo y en la cultura actual?