Como podemos volvernos santos

 

VEAMOS NUESTRA VIDA

1. ¿Cómo podemos volvernos santos?

2. Compartan experiencias positivas y negativas en su esfuerzo por seguir el camino de Jesucristo, esto es, el camino de la santidad

PENSEMOS: ILUMINEMOS NUESTRA VIDA

?Ideas Distorsionadas

* La palabra «santo» fácilmente nos recuerda a señores vestidos con largas túnicas, propias de otras épocas, que llevaron una vida bastante distinta de la de sus contemporáneos (a veces con muchas rarezas) y que, en muchos casos, eran obispos, frailes o monjas.

* Esta lamentable idea se saca sin dificultad de cierta imaginería religiosa, no poco frecuente, y de las «vidas de santos» catalogados en el santoral oficial.

* Nos cuesta imaginarnos un santo con pantalón vaquero y una vida tan normal como la nuestra. Ser santo lo hemos identificado con ser raro, aburrido o absurdamente sacrificado. Naturalmente esta figura de santo tiene poco atractivo.

* En otras ocasiones identificamos al santo con el ser perfecto y concluimos que deben ser cosas de otras épocas, porque hoy en día hay gente buena y hasta muy buena pero perfecto es algo que no podemos decir de nadie que hayamos conocido.

?Ser santos como el Señor

* San Pedro, citando el A.T., nos dice: «sean santos en toda su conducta como el que los llamó es santo».

* San Pablo insiste en que la voluntad de Dios es nuestra santificación.

* El mismo Conc. Vat. II, en varias ocasiones, recuerda que «los fieles de cualquier condición y estado son llamados por Dios, cada uno por su camino, a la perfección de la santidad por la cual el mismo Padre es perfecto».

* Con este llamamiento a la santidad no se nos invita a ninguna forma absurda de vida o a caminar hacia una meta imposible. Aspirar a la santidad es aspirar a la felicidad total que todo hombre bajo distintas formulaciones busca. «Mi corazón está inquieto hasta que descanse en Ti», decía S.Agustín.

* El Dios de la paz, de la felicidad nos llama a la plenitud, a la felicidad. Los hombres somos seres incompletos, inacabados.

* Somos, según frase del filósofo, «lo que somos y lo que nos falta». Nuestro destino es Dios, la felicidad, lo que nos falta.

* Retratar a este Dios como el del aburrimiento o el de los absurdos es sustituirlo por un ídolo. No se trata de rezos extraordinarios, ni de reprimir la alegría, ni de sufrir mucho («¡Cuánto sufrió la pobre. Era una santa!»), ni siquiera en ser moralmente perfectos.

* La parábola de los talentos nos indica que responder a la gracia de Dios en la proporción en que se nos dio, es el listón que cada uno debe saltar. (...) Cada uno de nosotros es consciente de lo que Dios puso en sus manos y de lo que en cada momento debe ser el fruto de ese don.

* Hombres y mujeres así no sólo existieron en el pasado remoto o cercano, sino también hoy andan por nuestras calles, trabajan en nuestras fábricas o sufren en nuestros hospitales.

?Vivimos entre santos

* En este mundo de hoy desmitificador y desacralizador parece un hallazgo de anticuario tropezar con un santo. Sin embargo, estamos muy cerca de hombres y mujeres que son santos de verdad: hombres y mujeres que andan con nosotros el mismo camino y que se esfuerzan por conseguir una vida auténticamente cristiana, fieles al Evangelio de Jesús; hombres y mujeres que luchan por ser justos y pacificadores, pobres y compasivos, limpios de corazón y de corazón compasivo, según el espíritu de las bienaventuranzas.

* Hoy hay santos que viven entre nosotros.

 

Quizá nos cuesta descubrirlos. Pero ahí están. Lo que ocurre es que son silenciosos. Y por eso pasan desapercibidos entre nosotros, aunque nos crucemos con ellos en la tienda o en el mercado, en el trabajo o en el bar. Son los santos de hoy y de aquí que aún debemos descubrir.

?El camino de la Santidad

* El camino de la santidad es el camino de las bienaventuranzas. Supone una actitud básica en la vida del cristiano: la apertura a Dios, la humildad del que sabe que de Él viene la salvación, la disponibilidad, la pureza de corazón, la misericordia, los sentimientos de paz, el hambre de justicia, la entereza ante la persecución...

* El ejemplo de la Virgen María es transparente: «he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra».

* Ser santos no es hacer necesariamente milagros, ni dejar obras sorprendentes para la historia. Es difícil definir lo que es la santidad , pero todos los santos nos demuestran que seguir a Cristo es posible, y que eso es la santidad. Tuvieron defectos. No eran perfectos. Cometieron pecados. Fueron «normales». Pero creyeron en el Evangelio y lo cumplieron. Algunos han dejado huella profunda. Otros han pasado desapercibidos. Y aceptamos su invitación a seguir su camino.

?Cristo, camino y  modelo de santidad

(LG 40)

* Nuestro Señor Jesucristo predicó la santidad de vida, de la que El es Maestro y Modelo, a todos y cada uno de sus discípulos, de cualquier condición que fuesen. «Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto» (Mt., 5, 48).

* Envió a todos el Espíritu Santo, que los moviera interiormente, para que amen a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas (cf. Mc., 12,30), y para que se amen unos a otros como Cristo nos amó (cf. Jn., 13,34; 15,12).

* Los seguidores de Cristo, llamados por Dios, no en virtud de sus propios méritos, sino por designio y gracia de El, y justificados en Cristo Nuestro Señor, en la fe del bautismo han sido hechos hijos de Dios y partícipes de la divina naturaleza, y por lo mismo santos; conviene, por consiguiente, que esa santidad que recibieron sepan conservarla y perfeccionarla en su vida, con la ayuda de Dios.

* Les amonesta el Apóstol a que vivan «como conviene a los santos» (Ef., 5,3, y que «como elegidos de Dios, santos y amados, se revistan de entrañas de misericordia, benignidad, humildad, modestia, paciencia» (Col., 3,12) y produzcan los frutos del Espíritu para santificación (cf. Gal., 5,22; Rom., 6,22).

* Pero como todos tropezamos en muchas cosas (cf. Sant., 3,2), tenemos continua necesidad de la misericordia de Dios y hemos de orar todos los días: «Perdónanos nuestras deudas» (Mt., 6, 12).

* Fluye de ahí la clara consecuencia que todos los fieles, de cualquier estado o condición, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, que es una forma de santidad que promueve, aun en la sociedad terrena, un nivel de vida más humano.

* Para alcanzar esa perfección, los fieles, según la diversas medida de los dones recibidos de Cristo, siguiendo sus huellas y amoldándose a su imagen, obedeciendo en todo a la voluntad del Padre, deberán esforzarse para entregarse totalmente a la gloria de Dios y al servicio del prójimo. Así la santidad del Pueblo de Dios producirá frutos abundantes, como brillantemente lo demuestra en la historia de la Iglesia la vida de tantos santos.

NUESTRO COMPROMISO

¿Qué debemos hacer para encaminarnos hacia la santidad?