Nuestros deberes cívicos

 

OBJETIVO:

Descubrir, a la luz de la fe, cuáles son nuestros deberes como ciudadanos, para que seamos más responsables en el cumplimiento de nuestra vocación personal y social.

ORACION:

Salmo 58   (Dios juzga a los gobernantes)

Canto:   "Todos unidos"

VEAMOS NUESTRA VIDA

El deber de votar

•Toda sociedad democrática se caracteriza, entre otras cosas, por un reconocimiento generoso y amplio de derechos y libertades para los ciudadanos que la integran. Ahora bien, cuanto más grande sea el progreso de una sociedad, cuanto más altas sean las cotas de civilización que alcance, mayores serán las obligaciones y deberes cívicos de sus miembros, en virtud de esas libertades y derechos reconocidos.

•Hace años, en un ensayo sobre los deberes olvidados, afirmaba don Gregorio Marañón que uno de los problemas principales de nuestro tiempo consiste en que padecemos una crisis del deber y una hipertrofia del derecho. ¿No podemos decir hoy lo mismo? ¿Acaso no sigue siendo uno de los mayores males de   la sociedad la falta de una auténtica y verdadera conciencia pública?

•Exija el trabajador sus derechos, pero no olvide el fundamental deber de trabajar y, sobre todo, no impida que los demás lo hagan; pidan el funcionario y el profesional mayores reconocimientos para sus labores, pero trabaje lealmente el uno al servicio de una Administración eficaz y cumpla éticamente el otro en el ejercicio de sus funciones. Inviertan el empresario y el industrial, pero respeten el medio que les rodea. Así, ¿cuántos ejemplos podríamos poner?

¿A qué precio?

•Pues bien, han bastado dos años de política llamada de consenso para que la productividad de España sea las más baja de Europa, para que hayamos batido auténticas marcas mundiales en horas de trabajo perdidas, para tener una Administración semi-paralizada, para que nadie invierta y cree nuevas empresa y mejores puestos de trabajo.

•Se dirá, y no faltará razón en ello, que la transición de un régimen autoritario a un sistema democrático es un sendero lleno de dificultades, que se han ganado libertades, que se ha elaborado una Constitución por todos los grupos políticos, etc... etc. Pero todo esto ¿a qué precio?

•Hay una enorme masa de españoles que esperanzados ante el cambio político se sienten hoy decepcionados y defraudados; existen zonas del territorio nacional cuyos habitantes viven amedrentados por terroristas sin control, y, en cuanto a la Constitución, ¿cuántos de sus artículos fueron debatidos en el Parlamento que cabalmente, existe para eso? ¿Es este el precio de la democracia? ¿No será más bien el de una mala gestión de los asuntos públicos?

•Nos hemos acostumbrado a las huelgas, al terrorismo, al asesinato casi diario, a la inseguridad, como a algo que fuese normal e inevitable, y ello no indica otra cosa que la salud de nuestra sociedad no es buena, que nos hemos olvidado otra vez de nuestros deberes.

•Todas estas cosas y el desarrollo de la Constitución entera, con temas tan importantes como el de la organización territorial de España, la familia, la enseñanza y tantos otros, deben hacemos pensar a quienes afrontamos la vida desde una concepción humanista y cristiana de la misma que el próximo día uno de marzo, no solamente debemos ejercitar un derecho, sino cumplir un inexcusable deber. El deber de votar.

¿Y nosotros cómo calificamos el cumplimiento de nuestros deberes cívicos?

¿Los conocemos?

 

PENSEMOS: ILUMINEMOS NUESTRA VIDA

?Colaboración de todos en la vida pública  (GS 75)

?Es perfectamente conforme con la naturaleza humana que se constituyan estructuras político-jurídicas que ofrezcan a todos los ciudadanos posibilidades efectivas de tomar parte libre y activamente en la fijación de los fundamentos jurídicos de la comunidad política, en el gobierno de la cosa pública, en la determinación de los campos de acción y de los límites de las diferentes instituciones y en la elección de los gobernantes.

?Recuerden, por tanto, todos los ciudadanos el derecho y al mismo tiempo el deber que tienen de votar con libertad para promover el bien común. La Iglesia alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la cosa pública y aceptan las cargas de este oficio.

?Para que la cooperación ciudadana responsable pueda lograr resultados felices en la vida pública, es necesario un orden jurídico positivo que establezca la adecuada división de las funciones institucionales de la autoridad política, así como también la protección eficaz e independiente de los derechos.

?Reconózcanse, respétense y promuévanse los derechos de las personas, de las familias y de las asociaciones, así como su ejercicio, no menos que los deberes cívicos de cada uno. Entre estos últimos es necesario mencionar el deber de aportar a la vida pública el concurso material y personal requerido por el bien común.

?Cuiden los gobernantes de no entorpecer las asociaciones familiares, sociales o culturales, los cuerpos o las instituciones intermedias, y de no privarlos de su legítima y constructiva acción, que más bien deben promover con libertad y de manera ordenada.

?Los ciudadanos por su parte, individual o colectivamente, eviten atribuir a la autoridad política todo poder excesivo y no pidan al Estado de manera inoportuna ventajas o favores excesivos, con riesgo de disminuir la responsabilidad de las personas, de las familias y de las agrupaciones sociales.

?Cultiven los ciudadanos con magnanimidad y lealtad el amor a la patria, pero sin estrechez de espíritu, de suerte que miren siempre al mismo tiempo por el bien de toda la familia humana, unida por toda clase de vínculos entre las razas, pueblos y naciones.

?Los cristianos todos deben tener conciencia de la vocación particular y propia que tienen en la comunidad política; en virtud de esta vocación están obligados a dar ejemplo de sentido de responsabilidad y de servicio al bien común, así demostrarán también con los hechos cómo pueden armonizarse la autoridad y la libertad, la iniciativa personal y la necesaria solidaridad del cuerpo social, las ventajas de la unidad combinada con la provechosa diversidad.

?El cristiano debe reconocer la legítima pluralidad de opiniones temporales discrepantes y debe respetar a los ciudadanos que, aun agrupados, defienden lealmente su manera de ver. Los partidos políticos deben promover todo lo que a su juicio exige el bien común; nunca, sin embargo, está permitido anteponer intereses propios al bien común.

?Hay que prestar gran atención a la educación cívica y política, que hoy día es particularmente necesaria para el pueblo, y, sobre todo para la juventud, a fin de que todos los ciudadanos puedan cumplir su misión en la vida de la comunidad política.

?Quienes son o pueden llegar a ser capaces de ejercer este arte tan difícil y tan noble que es la política, prepárense para ella y procuren ejercitarla con olvido del propio interés y de toda ganancia venal.

?Luchen con integridad moral y con prudencia contra la injusticia y la opresión, contra la intolerancia y el absolutismo de un solo hombre o de un solo partido político; conságrense con sinceridad y rectitud, más aún, con caridad y fortaleza política, al servicio de todos.

GS 76

?La comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno. Ambas, sin embargo, aunque por diverso título, están al servicio de la comunidad

?Ciertamente, las realidades temporales y las realidades sobrenaturales están estrechamente unidas entre sí, y la misma Iglesia se sirve de medios temporales en cuanto su propia misión lo exige. No pone, sin embargo, su esperanza en privilegios dados por el poder civil; más aún, renunciará al ejercicio de ciertos derechos legítimamente adquiridos tan pronto como conste que su uso puede empañar la pureza de su testimonio o las nuevas condiciones de vida exijan otra disposición.

?Con su fiel adhesión al Evangelio y el ejercicio de su misión en el mundo, la Iglesia, cuya misión es fomentar y elevar todo cuanto de verdadero, de bueno y de bello hay en la comunidad humana, consolida la paz en la humanidad para gloria de Dios.

?El amor a la Patria ¿es un deber cristiano?

?La Patria debe ser para ti la cosa más grande después de Dios y de la Religión. Patria no es sólo el territorio en el que se ha nacido. Abarca también un entramado de ideas, historia, tradiciones, costumbres, religión, etc., que identifican la personalidad de un pueblo.

?El amor a la Patria es uno de los amores más puros y más dignos que puedes encerrar en tu pecho. «Cultiven los ciudadanos con magnanimidad y lealtad el amor a la Patria, pero sin estrechez de espíritu, de suerte que miren siempre también por el bien de toda la familia humana». (Vaticano II: Gaudium et Spes: nº 75)

?«El amor a la Patria es legítimo, como es legítimo el amor al hogar y a la propia madre. Es, mejor, una exigencia ineludible de todo corazón bien nacido. El que desprecia a su madre o desprecia a su hogar es un descastado. El que desprecia a su Patria o la injuria es también un mal nacido. El cristianismo prescribe y fomenta el amor a la Patria y lo sobrenaturaliza. El amor ordenado a la Patria es un deber moral para todo cristiano». (Vicente Tarancón: La incógnita de la juventud)

?Todos debemos esforzarnos por el engrandecimiento de la Patria con nuestro servicio, con nuestra colaboración, con nuestro trabajo y hasta con el sacrificio de la vida, si esto es necesario para defenderla, cuando está en peligro.

?Dice el P. Royo, O.P. en su Teología Moral para Seglares, que son cuatro las virudes cristianas que se relacionan con la Patria:

a. La piedad, que nos inspira formalmente el culto y veneración a la Patria en cuanto a principio secundario de nuestro ser, educación y gobierno. En este sentido se dice rectamente que la Patria es nuestra madre.

b. La justicia legal, que nos relaciona con la Patria, considerando el bien de la misma como un bien común a todos los ciudadanos, que tienen todos ellos obligación de fomentar.

c. La caridad, cuyo recto orden obliga, en igualdad de condiciones, a preferir al compatriota antes que al extranjero.

d. La gratitud, por los inmensos bienes que la patria nos ha proporcionado y los servicios inestimables que continuamente nos presta.

?Nuestros deberes para con la Patria son: amarla, defenderla, cumplir sus leyes y contribuir al bien común.

?Debemos estar orgullosos de nuestra Patria. De sus cualidades y de sus virtudes. Pero también debemos darnos cuenta de los defectos de nuestra raza, y trabajar para corregirlos; contribuyendo así a su engrandecimiento. No debemos ser fanáticos nacionalistas creyendo que lo nuestro es siempre lo mejor. Pero tampoco ingenuos admiradores del extranjero, creyéndolo siempre y en todo superior.

 

NUESTRO COMPROMISO

No se olvide que es propio de pueblos fuertes, aceptar las criticas, pero sobre todo es propio de pueblos inteligentes asimilarlas y meditemos que todos y cada uno de nosotros debemos afanamos diariamente en el cumplimiento de nuestros deberes para ayudar a construir una verdadera conciencia nacional pública.

De hoy en adelante, ¿Cómo voy a actuar para conocer mejor mis deberes cívicos y llevarlos a la práctica?