Santos en concreto:
SAN JUAN DIEGO

 

VEAMOS NUESTRA VIDA

1. ¿Qué sabemos de este nuevo santo?

2. ¿Por qué es importante San Juan Diego?

PENSEMOS: ILUMINEMOS NUESTRA VIDA

?Su historia

-Juan Diego nació en 1474. Originario del barrio de Tlayácac en Cuautitlán.

-Su nombre pagano fue Cuauhtlatóhuac que con terminación tzin (Cuauhtlatoatzin) en náhuatl significa un trato reverencial.

-Su esposa se llamaba María Lucía, quien falleció en 1529. No tuvieron hijos Juan Diego y María Lucía, pero adoptaron un hijo.

-En 1526, junto con su esposa María Lucía y su tío Juan Bernardino, recibió el sacramento del Bautismo en el Templo de Santiago Tlaltelolco.

-A la muerte de su esposa, en 1529, Juan Diego decidió trasladarse a Tulpetlac para vivir con su tío Juan Bernardino.

-En la presentación que se hace de Juan Diego, se dice de él: «Ce Ma-cehualtzintli», es decir que era un «macehualli» que bien puede traducirse como un «indiecito», o mejor aún, como «un honorable hombre de pueblo».

-Su trabajo consistía en tejer petates que vendía junto con otros productos elaborados con Tule.

-Tenía algunas propiedades, entre ellas la casa donde habitaba con su tío (hoy Templo de Nuestra Señora de la Salud) y otros bienes los cuales regaló después de su encuentro con María en el Tepeyac.

-Las tradiciones refieren que el mismo día que se trasladó la Sagrada Imagen a la primitiva Ermita, Juan Diego dejó su casa y su pueblo y, con licencia del Obispo se trasladó a vivir y a servir en la de María Santísima.

-Desempeñó los oficios de cuidar, barrer, cargar y llevar todo lo necesario para la Ermita; todo con humildad, prontitud y devoción.

-Ocupaba largos ratos de tiempo en oración ante la Santa Imagen.

-Con permiso del Obispo comulgaba tres veces por semana, cosa muy rara entonces, y se ejercitaba en la mortificación y en ayunos. Además, atendía con gran amabilidad a los peregrinos a hora y deshora.

-Falleció el día 12 de junio de 1548, a la edad de 74 años. Fue sepultado junto con su tío Juan Bernardino en la primera ermita dedicada a la Vírgen de Guadalupe.

-Desde antes de las apariciones ya era tenido Juan Diego entre los que le conocían como un hombre bueno y justo. Después de sus encuentros con la Vírgen llevó una vida muy ejemplar y las gentes lo tenían por santo.

-A partir de su muerte y hasta nuestros días se ha extendido el culto y veneración. Muchas familias han puesto a sus hijos el nombre de Juan Diego por la devoción que le tienen. Y algunos padres al bendecir a sus hijos, todavía dicen: «Que Dios te haga como Juan Diego».

-El Papa Juan Pablo II, en una solemne ceremonia en la Basílica de Guadalupe de México, lo reconoció oficial y solemnemente como Beato el día 6 de mayo de 1990. Lo canonizó el miércoles 31 de julio del año 2002 en la Basílica de Guadalupe.

-El 9 de diciembre ha sido declarado como fiesta del San Juan Diego.

?Significado, Testimonio

-Conocer a Juan Diego «puede servir a todos nuestros hermanos de México, aún a los no católicos o no creyentes, para conocer mejor y amar más las raíces de nuestra Patria».

-El caminaba cada sábado y domingo a la iglesia, partiendo a la mañana muy temprano, antes que amaneciera, para llegar a tiempo a la Santa Misa y a las clases de instrucción religiosa. Caminaba descalzo, como la gente de su clase macehualli, ya que solo los miembros de las clases superiores de los aztecas usaban cactlis, o sandalias, confeccionadas con fibras vegetales o de pieles. En esas frías madrugadas usaba para protegerse del frío una manta, tilma o ayate, tejida con fibras del maguey, el cactus típico de la región. El algodón era solo usado por los aztecas mas privilegiados.

-Durante una de sus caminatas camino a Tenochtitlán, caminatas que solían tomar unas tres horas y medias a través de montañas y poblados, ocurre la primera aparición de Nuestra Señora, en el lugar ahora conocido como «Capilla del Cerrito», donde la Santísima Virgen le habló en su idioma, el náhuatl. Ella se refirió a él con grandísimo cariño, llamándolo «Juanito, Juan Dieguito», «el mas pequeño de mis hijos», «hijito mío».

-Juan Diego tenía 57 años en el momento de las apariciones, ciertamente una edad avanzada en un lugar y época donde la expectativa de vida masculina apenas sobrepasaba los 40 años.

-Luego del milagro de Guadalupe Juan Diego fue a vivir a un pequeño cuarto pegado a la capilla que alojaba la santa imagen, luego de dejar todas sus pertenencias a su tío Juan Bernardino, pasando el resto de su vida completamente dedicado a la difusión del relato de las apariciones entre la gente de su pueblo.

-Juan Diego muere el 30 de mayo de 1548, a la edad de 74 años.

?Homilia del Papa en la Canonización

•¿Cómo era Juan Diego? ¿Por qué Dios se fijó en él? El libro del Eclesiástico nos enseña que sólo Dios «es poderoso y sólo los humildes le dan gloria» (3, 20). También las palabras de San Pablo iluminan este modo divino de actuar la salvación: «Dios ha elegido a los insignificantes y despreciados del mundo; de manera que nadie pueda presumir delante de Dios»(1 Co 1, 28.29).

•Es conmovedor leer los relatos guadalupanos, escritos con delicadeza y empapados de ternura. En ellos la Virgen María, la esclava «que glorifica al Señor» (Lucas 1, 46), se manifiesta a Juan Diego como la Madre del verdadero Dios. Ella le regala, como señal, unas rosas preciosas y él, al mostrarlas al Obispo, descubre grabada en su tilma la bendita imagen de Nuestra Señora.

•«El Acontecimiento Guadalupano significó el comienzo de la evangelización con una vitalidad que rebasó toda expectativa. El mensaje de Cristo a través de su Madre tomó los elementos centrales de la cultura indígena, los purificó y les dio el definitivo sentido de salvación» (14.05.2002, n. 8). Así pues, Guadalupe y Juan Diego tienen un hondo sentido eclesial y misionero y son un modelo de evangelización perfectamente inculturada.

•Juan Diego, al acoger el mensaje cristiano sin renunciar a su identidad indígena, descubrió la profunda verdad de la nueva humanidad, en la que todos están llamados a ser hijos de Dios en Cristo. Así facilitó el encuentro fecundo de dos mundos y se convirtió en protagonista de la nueva identidad mexicana, íntimamente unida a la Virgen de Guadalupe, cuyo rostro mestizo expresa su maternidad espiritual que abraza a todos los mexicanos.

•Por ello, el testimonio de su vida debe seguir impulsando la construcción de la nación mexicana, promover la fraternidad entre todos sus hijos y favorecer cada vez más la reconciliación de México con sus orígenes, sus valores y tradiciones.

•Esta noble tarea de edificar un México mejor, más justo y solidario, requiere la colaboración de todos. En particular es necesario apoyar hoy a los indígenas en sus legítimas aspiraciones, respetando y defendiendo los auténticos valores de cada grupo étnico. ¡México necesita a sus indígenas y los indígenas necesitan a México!

•Amados hermanos y hermanas de todas las etnias de México y América, al ensalzar hoy la figura del indio Juan Diego, deseo expresarles la cercanía de la Iglesia y del Papa hacia todos ustedes, abrazándolos con amor y animándolos a superar con esperanza las difíciles situaciones que atraviesan.

•En este momento decisivo de la historia de México, cruzado ya el umbral del nuevo milenio, encomiendo a la valiosa intercesión de San Juan Diego los gozos y esperanzas, los temores y angustias del querido pueblo mexicano, que llevo tan adentro de mi corazón.

•¡Bendito Juan Diego, indio bueno y cristiano, a quien el pueblo sencillo ha tenido siempre por varón santo! Te pedimos que acompañes a la Iglesia que peregrina en México, para que cada día sea más evangelizadora y misionera. Alienta a los Obispos, sostén a los sacerdotes, suscita nuevas y santas vocaciones, ayuda a todos los que entregan su vida a la causa de Cristo y a la extensión de su Reino.

•¡Dichoso Juan Diego, hombre fiel y verdadero! Te encomendamos a nuestros hermanos y hermanas laicos, para que, sintiéndose llamados a la santidad, impregnen todos los ámbitos de la vida social con el espíritu evangélico.

•Bendice a las familias, fortalece a los esposos en su matrimonio, apoya los desvelos de los padres por educar cristianamente a sus hijos. Mira propicio el dolor de los que sufren en su cuerpo o en su espíritu, de cuantos padecen pobreza, soledad, marginación o ignorancia. Que todos, gobernantes y súbditos, actúen siempre según las exigencias de la justicia y el respeto de la dignidad de cada hombre, para que así se consolide la paz.

•Amado Juan Diego, «el águila que habla»! Enséñanos el camino que lleva a la Virgen Morena del Tepeyac, para que Ella nos reciba en lo íntimo de su corazón, pues Ella es la Madre amorosa y compasiva que nos guía hasta el verdadero Dios. Amén.

NUESTRO COMPROMISO

¿A qué actitudes nos compromete el ejemplo y la vida de San Juan Diego?