El culto a los santos
LAS FIESTAS DE LOS SANTOS
Los Santos ocupan un puesto importante
dentro de la liturgia de la Iglesia y de nuestra vida cristiana. Cada vez que
celebramos la Eucaristía, evocamos su presencia invisible: Permite, Señor, que
«con María, la Virgen Madre de Dios, los Apóstoles y cuantos vivieron en tu
amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir
la vida eterna y cantar tus alabanzas». Pero, ¿qué es un santo?, ¿cómo se inserta
el recuerdo de un santo, al correr de los días, en la celebración del misterio
de Cristo?. Conviene que reflexionemos sobre ello para comprender la importancia
que tienen las fiestas de los Santos.
«Tú sólo eres santo»
««Tú sólo eres santo, tú. sólo Señor,
Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre». Sólo Dios es
Puro. Sólo El es Transparente. Sólo El es Amor. Sólo El es Santo. Los hombres
no son santos sino en la medida en que Dios los ha convertido en sus consagrados:
«Sed santos, porque yo, el señor Dios vuestro soy Santo»
Poco a poco, a partir de la época en que, se desarrolló el culto de los mártires
(siglo IV); se fue reservando el titulo de santo de modo cada vez más exclusivo
a aquellos fieles de Cristo de los que se tenían suficientes motivos para creer
que la muerte les había introducido a la intimidad con Dios. Desde el siglo
XVII, sólo tras una minuciosa investigación canoniza el Papa a un santo: en
tal caso declara solemnemente que ese cristiano goza en el cielo de la visión
de Dios y que se le puede honrar como modelo e intercesor.
La imitación de Jesucristo
Comoquiera que un santo es un miembro
vivo de Cristo, se comprende que los cristianos más fervorosos hayan vivido
con sus miradas fijas en El, a fin de reproducir en sí mismo su imagen. Desde
Esteban -que muere perdonando a sus verdugos-hasta Francisco de Asís-que recorre
los caminos de Italia sin otro deseo que el de vivir las bienaventuranzas-,
todos los santos han tenido como único ideal el imitar a Jesús y caminar tras
las huellas de su amado.
Los primeros fieles lo comprendieron
muy pronto. La relación del martirio de los cristianos de Lyon (177) lo atestigua:
«Cristo sufría en los Santos... El cuerpo de Fotino era tan viejo como enfermo,
pero conservaba en él su espíritu, a fin de que, por medio de él, triunfara
Cristo». En cuanto a Blandina, «pequeña, débil, despreciada... se había revestido
de Cristo» y sus compañeros «veían con los ojos corporales, por medio de su
hermana, a Aquel que había sido crucificado por ellos».
El martirio constituye «la más bella
expresión de fe» y una auténtica celebración del misterio pascual. Mas, aun
cuando la santidad alcance su cúlmen en el martirio, esos mismos dos elementos
se encuentran en todas las demás formas que pueda recibir. Estas otras formas
ilustran la condición humana en cada uno de sus diversos estados de vida: hombres
y mujeres, jóvenes y adultos, casados y célibes, pobres y ricos, cultos e ignorantes,
contemplativos y hombres de acción..., todos tienen sus representantes dentro
de la multitud ingente de los santos. Lo mismo cabe decir en lo tocante a las
distintas situaciones de los bautizados en la Iglesia: obispos y sacerdotes,
laicos que llevaron la vida consagrada de los monjes y de las vírgenes o la
de los penitentes, y otros que viviendo como casados, testimoniaron el amor
de Cristo para con los hombres.
El Calendario general de la liturgia
romana, que ha sido promulgado por el papa Pablo VI en 1969. No contiene más
que un número reducido de santos (Unos 180), que son honrados en el mundo entero.
Por consiguiente, no tienen por qué estar incluidos en él por necesidad los
nombres del santo patrono de cada persona o el de algún santo popular en una
región determinada.
Al restringir el número de santos inscritos
en el Calendario general, se ha pretendido realzar que la celebración del Misterio
de salvación ocupa el primer lugar dentro del año litúrgico, en especial en
los tiempos de Cuaresma y Pascua.
El
actual Calendario es heredero de un largo pasado. Resume el testimonio de la
santidad cristiana en el transcurso de los siglos y en todas las latitudes geográficas.
Por eso se encuentran representados en él con algunos nombres todos los siglos
y todos los continentes. Pero la Iglesia de Cristo conserva con un amor de predilección
el recuerdo de sus orígenes. De ahí que el culto de la Virgen María y de los
Apóstoles, así como el de los mártires de los primeros siglos, ocupen un lugar
de privilegio entre las fiestas de los santos.
Al lado de los mártires, nos encontramos
con los grandes prelados que condujeron a la Iglesia en los momentos más difíciles,
Atanasio e Hilario, León Magno y Gregorio VII; los doctores que siguen siendo,
hoy como ayer, los guías de nuestra fe: Ireneo, Agustín y Crisóstomo, Anselmo
y Tomás de Aquino, Teresa de Ávila; los padres de la vida monástico: el gran
Abad Antonio, Basilio y Benito; los misioneros: Agustín y Bonifacio, Cirilo
y Metodio, Francisco Javier; los sembradores de vida evangélica en plena Edad
Media: Francisco de Asís y Domingo; los hombres de acción y contemplación que
han abierto a la Iglesia la senda hacia los tiempos modernos: Ignacio de Loyola
y Vicente Paúl; los soberanos que gobernaron a sus pueblos justa y rectamente:
Esteban de Hungría y Luis de Francia... Y, finalmente, repartida a lo largo
de los meses la procesión de santas mujeres que avanza al encuentro de Cristo:
las vírgenes, desde Escolástica a Clara de Asís y Teresa de Lisieux; las esposas,
desde Ana la Madre de María a Mónica y las dos Isabel.
Los nombres de los santos se han inscrito
habitualmente en el calendario en el día de su muerte, que es aquel en que entraron
«en el gozo de su Señor» (Mt. 25, .21). Unicamente algunos santos importantes,
cuyo aniversario cae de ordinario en Cuaresma, aparecen en otra fecha distinta.
Así, por ejemplo, San Gregorio Magno y San Ambrosio se conmemoran en el día
en que fueron consagrados obispos.
La celebración de las fiestas de los santos
La celebración de las fiestas de los
santos supone tres categorías: las grandes fiestas de la Virgen María (1 de
enero, 15 de agosto, 8 de diciembre), de San Juan Bautista, San José, San Pedro
y San Pablo y la de Todos los Santos, son otras tantas solemnidades. Luego vienen
las fiestas de menor importancia en honor de María (31 de mayo, 8 de septiembre)
y las de los Apóstoles y Evangelistas. Las restantes fiestas de los santos reciben
el nombre de Memorias: no suponen un día de descanso dentro de la vida cotidiana,
pero en la Misa y en la Oración de la Iglesia se evoca la memoria del Santo,
se leen eventualmente sus escritos y se reza al Señor valiéndose de su intercesión.
Nuestro Calendario
Con nuestro Santoral pretendemos dar
a conocer retazos de la vida de los seguidores de Jesús a lo largo de la historia
del cristianismo, y que los valoremos en sus dos facetas más importantes, como
imitadores de Cristo y modelos a seguir, como intercesores nuestros ante el
Señor.
Que cada cristiano conozca un poco mejor la vida de su santo personal, aquel
que le pusieron como patrono el día de su bautismo y a quien sus padres y padrinos
pusieron como intercesor y modelo especial.
Hemos incorporado aquellos santos que
están en el Calendario Universal de la Iglesia, los santos propios de Galicia
en donde está ubicada nuestra parroquia, los santos propios de España y algunas
(las que conocemos) advocaciones de María; los santos hispanoamericanos y los
santos de devoción popular.
Nos hemos guiado y ayudado del Misal
Romano, del Misal Gallego, del Calendario Litúrgico-Pastoral de España, y de
las obras: «La Casa de los Santos», de Carlos Pujol.; «Su guía diaria de meditación
con los santos» de Woodeene Koening-Bricker; «Los Santos noticia diaria» de
Valeriano Ordóñez; de la Enciclopedia Espasa-Calpe, de la Enciclopedia Rialp
y de diversos fascículos y folletos.
Deseamos que este trabajo sea provechoso
para ti y te ayude en el «Camino» hacia el Padre.